31 enero 2017

XVI Encuentro Nacional de Hermandades y Cofradías Trinitarias.


El XVI Encuentro Nacional de Hermandades y Cofradías Trinitarias tendrá lugar en ciudad de Granada, entre los días 3, 4 y 5 de febrero de 2017, siendo la Hermandad anfitriona la Cofradía de Nuestro Padre Jesús del Rescate.

--->Este es el programa del XVI Encuentro Nacional de Hermandades y Cofradías Trinitarias:

Viernes 3 de febrero de 2017

- 14,30 h. Almuerzo de bienvenida y Confraternidad en el entrono del Barrio del Realejo.

- 17,30 h. Visita a la Casa Hermandad y Museo de la Muy Ilustre y Comendadora Hermandad Sacramental de Santa María Madre de Dios y Cofradía de Penitencia de la Oración de Nuestro Señor en el Huerto de los Olivos y María Santísima de la Amargura Coronada.

- 20,15 h. Eucaristía - Cultos Mensuales de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús del Rescate  estando dedicada a todos los hermanos de la Confraternidad y Acción de gracias. Al finalizar la misa habrá Besapié al Señor Trinitario de Granada, como todos los primeros viernes de cada mes.

- 21,30 h. Visita a la Parroquia de San Gil y Santa Ana, donde recibe culto Nuestra Señora de la Esperanza, que se Coronará Canónicamente en 2018, donde cumplirá 300 años de devoción desde que fuese tallada en 1718. También y coincidiendo con el Centenario de la Fundación de la Cofradía Decana  de Granada, la Real Hermandad del Santo Vía Crucis, visitaremos la Iglesia ma antigua de la ciudad, el Templo de San Juan de los Reyes.
- 23,30 h. Refrigerio en "La Gran Taberna".


Sábado 4 de febrero de 2017

- 09,00 h. Bienvenida y entrega de acreditaciones en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Granada.

- 09,30 h. Presentación del XVI Encuentro Nacional de HHyCC Trinitarias de la Confraternidad de la Provincia del Espíritu Santo (España Sur), presidido por el Ministro Provincial de la Orden, Fr. Pedro J. Huerta, O.Ss.T.; el Delegado Provincial de la Confraternidad, Fr. Domingo Conesa O.Ss.T. y el Presidente de la Confraternidad de HHyCC Trinitarias, Manuel Toledo.

- 10,00 h. Cátedra Padre Fray Isidoro Hernández, a cargo de Fr. Antonio Jiménez, O.Ss.T. (Pro-Libertas) y Fr. Antonio Aurelio Fernández, O.Ss.T. (Solidaridad Internacional Trinitaria), bajo el título Gloria a Ti Trinidad y a los cautivos libertad: Las nuevas esclavitudes". Presentada y conducida por Fr. Ignacio Rojas, O.Ss.T. (Vicerrector de la Facultad de Teología)

- 12,30 h. Visita a la Basílica de la Patrona de Granada y de su Archidiócesis, Nuestra Señora de las Angustias y al Camarín de la Santísima Virgen.

- 13,30 h. Visita a la Iglesia de Santo Domingo, siendo el mayor de los Templos del granadino Barrio del Realejo. Alberga a las Hermandades de la Santa Cena y Victoria, Humildad y Soledad de Nuestra Señora y las Tres Caídas y Rosario en sus Misterios Dolorosos. También es sede de la Real Archicofradía de Nuestra Señora del Rosario Coronada, Copatrona de Granada.

- 14,15 h. Almuerzo de convivencia en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Granada.

- 18,00 h. Charla conferencia histórica: "La Huella Trinitaria en Granada", donde participaran como ponentes Fr. Pedro Aliaga, O.Ss.T. (Vicario de la Orden, Presidente del SEC para la Formación y Rector de San Carlino de Roma.) y el Padre Miguel Córdoba Salmerón, SJ. (Escritor, Investigador y Dr. en Historia del Arte), siendo moderada por Fr. Pedro Huerta Nuño, O.Ss.T. (Ministro Provincial de la O.Ss.T. para la Provincia del Espíritu Santo).

- 20,00 h. Espectáculo "...... Y líbranos del Mal" y Concierto de Marchas Procesionales a cargo de la Madre y Maestra de las agrupaciones musicales, la Agrupación Musical Santa María Magdalena de El Arahal (Sevilla), que es la banda que acompaña actualmente al Señor del Rescate. Espectáculo organizado y dirigido por Fernando Argüelles.

- 22,30 h. Cena y Descanso en los salones del Hotel Andalucía Center ****, situado cerca de las instalaciones del Palacio de Congresos y Exposiciones de Granada, donde habremos pasado casi toda la jornada del sábado.

Domingo 5 de febrero de 2017

- 09,00 h. Pleno de Hermanos Mayores. Se llevará a cabo en el Salón Parroquial de la Magdalena, donde se tratará el estado actual de la Confraternidad y la participación de nuestras HH.yCC. en la misma. También se hará la elección de la Hermandad que será la próxima sede del siguiente Encuentro Nacional.

- 09,00 h. Visita al Convento de Gracia. El resto de participantes visitaremos el que fuera Convento de los Trinitarios Descalzos de Gracia y que comenzó su construcción alrededor del año 1612.

- 10,00 h. Visita al Convento del Corpus Christi, actual sede de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús del Rescate, el Señor Trinitario de Granada. Este templo es Convento del Corpus Christi de Agustinas Recoletas y también es la actual Parroquia de Santa María de Magdalena. Alberga también a nuestra querida Hermandad hermana, la Cofradía de la Virgen de la Cabeza de Granada.

- 11,00 h. Solemne Eucaristía de Clausura. Santa y Solemne Misa de Clausura del XVI Encuentro Nacional de HH.yCC. Trinitarias en la Parroquia de Santa María Magdalena. Durante la Santa Misa se realizará la Bendición de un Guión Trinitario para dotar a nuestro cortejo del Carisma de la O.Ss.T. y de un Escapulario conmemorativo de este XVI Encuentro que posteriormente será impuesto al Señor del Rescate en presencia de todos los asistentes al mismo. A la finalización de la Santa Misa, comenzará el Besapié extraordinario de la Sagrada Imagen Trinitaria de Jesús del Rescate.

- 14,00 h. Almuerzo de Clausura, entrega de recuerdos y nombramiento público de la siguiente sede que será la organizadora del XVII Encuentro Nacional de HHyCC Trinitarias 2018. El almuerzo será en el Hotel Andalucía Center de Granada.

¿Cómo combatir la “hemorragia” que debilita la vida consagrada?.


Os alerto sobre los factores que ponen en peligro la vida consagrada que en la actualidad sufre una “hemorragia” y propuso algunas medidas para hacerle frente.

La vida religiosa vive un momento de “prueba”, como así demuestran las estadísticas. Estamos frente a una ‘hemorragia’ que debilita la vida consagrada y la vida misma de la Iglesia. Los abandonos en la vida consagrada nos preocupan mucho.

Es verdad que algunos la dejan por un acto de coherencia, porque reconocen, después de un discernimiento serio, no haber tenido nunca vocación. Pero en otros, con el paso del tiempo, va a menos su fidelidad, muchas veces solo pocos años después de haber hecho la profesión perpetua.

¿Qué ha sucedido?.
Son muchos los factores que condicionan la fidelidad en esto es que es un cambio de época y no solo una época de cambio, en la que resulta difícil asumir compromisos serios y definitivos.

A continuación, os hablo de diversos factores que afectan la vida consagrada:

- Contexto social

El contexto social y cultural en el que nos movemos no ayuda a mantener la fidelidad. Vivimos inmersos en la conocida cultura del fragmento, de lo provisional, que puede conducir a vivir a la carta’ y a ser esclavos de las modas.

Denuncio que la cultura actual introduce la necesidad de tener siempre unas ‘puertas laterales’ abiertas a otras posibilidades, alimenta el consumismo y olvida la belleza de la vida sencilla y austera, provocando muchas veces un gran vacío existencial.

También existe un fuerte relativismo práctico según el cual todo viene adjudicado en función de una auto realización muchas veces extraña a los valores del Evangelio.

Vivimos en una sociedad en la que las reglas económicas sustituyen a las morales, dictan leyes e imponen sus propios sistemas de referencia en detrimento de los valores de la vida; una sociedad donde la dictadura del dinero y del aprovecharse propugna una visión de la existencia por la cual quien no rinde es descartado.

Ante esto, está claro que uno debe primero dejarse evangelizar para después comprometerse en la evangelización.

- Los desafíos del mundo juvenil.

Otro factor es el “mundo juvenil”, un “mundo complejo, al mismo tiempo rico y desafiante. No faltan jóvenes generosos, solidarios y comprometidos a nivel religiosos y social; jóvenes que buscan una verdadera vida espiritual; jóvenes que tienen hambre de algo distinto de lo que ofrece el mundo.

Pero también hay jóvenes que son víctimas de la lógica de la mundanidad, que se puede sintetizar así: búsqueda del éxito a cualquier precio, del dinero fácil y del placer fácil.

Os aseguro que nuestra responsabilidad no debe ser otra que la de estar junto a ellos para contagiarles la alegría del Evangelio y de la pertenencia a Cristo. Esta cultura será evangelizada si queremos que los jóvenes no sucumban.

- Anti-testimonio en la vida consagrada: Algunas soluciones.

Dentro de la vida consagrada existen a veces “situaciones de anti-testimonio que hacen difícil la fidelidad.

Estas situaciones son, entre otras: la rutina, el cansancio, el peso de la gestión de las estructuras, las divisiones internas, la búsqueda de poder, una manera mundana de gobernar los institutos, un servicio de la autoridad que a veces se convierte en autoritarismo y otras veces un ‘dejar hacer’.

A este punto, si la vida consagrada quiere mantener “su misión profética” y continuar siendo una escuela de fidelidad para los cercanos y alejados, debe mantener la frescura y la novedad de la centralidad de Jesús, la atractiva espiritualidad y la fuerza de la misión, mostrar la belleza de la secuela de Cristo e irradiar esperanza y alegría.

Os pido tener atención especial a la vida fraterna en comunidad. Tiene que ir alimentada por la oración comunitaria, la lectura de la Palabra, la participación activa en los sacramentos de la Eucaristía y de la Reconciliación, así como del diálogo fraterno y de la comunicación sincera entre sus miembros.

Por otro lado, la renovación de la vida fraterna en comunidad depende mucho el resultado de la pastoral vocacional, el poder decir ‘venid y veréis’ y la perseverancia de los hermanos y hermanas jóvenes y menos jóvenes. Porque cuando un hermano o una hermana no encuentra ayuda en su vida consagrada dentro de la comunidad, irá a buscarla fuera, con todo lo que eso conlleva.

La vocación, como la misma fe, es un tesoro que llevamos en vasos de barro y por eso debemos cuidarla, como se guardan las cosas más preciosas, para que nadie nos robe este tesoro.

Y para finalizar pido a todos que tengan cuidado de “no ceder a los criterios de la mundanidad porque muchas veces las grandes infidelidades empiezan con pequeñas desviaciones o distracciones.

Os hago hincapié en el “acompañamiento” ya que es necesario que la vida consagrada invierta en preparar acompañantes cualificados para este ministerio.
Es difícil mantenerse fieles caminando solos, o caminando con la guía de hermanos y hermanas que no sean capaces de escuchar atenta y pacientemente, o que no tengan una adecuada experiencia de la vida consagrada.


(Papa Francisco. 28-1-2017)

Para ser feliz hay que llevar a cabo las Bienaventuranzas, hacerlas concretas en la propia vida.


El pobre de espíritu es el cristiano que no se confía en sí mismo, en sus riquezas materiales, no se obstina en sus propias opiniones, sino que escucha con respeto y está dispuesto a las decisiones de otros.

Jesús manifiesta la voluntad de Dios de conducir a los hombres a la felicidad. En esta predicación Jesús sigue un camino particular: comienza con el término "dichosos", es decir, felices; prosigue con las indicaciones de las condiciones para ser así y concluye haciendo una promesa.

Se parte de condiciones de desgracia para abrirse al don de Dios y acceder al mundo nuevo, el ‘reino’ anunciado por Jesús. No es un mecanismo automático, sino un camino de vida en el seguimiento al Señor, cuya realidad de dificultades y aflicciones es vista desde una perspectiva nueva y experimentada según la conversión que se realiza.

No se es dichoso si uno no se convierte en grado de apreciar y vivir los dones de Dios.

Dichosos los pobres de espíritu y dijo que el pobre de espíritu es aquel que ha asumido los sentimientos y las actitudes de esos pobres que en su condición no se rebelan, sino que saben ser humildes, dóciles, disponibles a la gracia de Dios.

La felicidad de los pobres de espíritu tiene dos dimensiones: respecto a los bienes materiales es la sobriedad, no necesariamente renuncia, sino la capacidad de vivir lo esencial, de compartir; capacidad de renovar cada día el estupor por la bondad de las cosas sin sobrecargarse en la opacidad del consumo voraz.

Cuanto más tengo, más quiero y esto mata el alma. El hombre o la mujer que haga esto no será feliz.

Por otro lado, respecto a Dios y a su alabanza, es el reconocimiento de que el mundo es bendición y que en su origen está el amor creador del Padre. Pero es también apertura a Él, docilidad a su señoría, que ha querido el mundo para todos los hombres en sus condición de pequeñez.

¡Si en nuestras comunidades hubiese pobres de espíritu habría menos divisiones, contrastes y polémicas!”, exclamó. La humildad como la caridad es una virtud esencial para la convivencia en las comunidades cristianas.


(Papa Francisco. 29-1-2017)

29 enero 2017

Evangelio. Domingo IV del Tiempo Ordinario.


Según San Mateo 5, 1 - 12.

En aquel tiempo, viendo Jesús la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros».


Reflexión.

Estas bienaventuranzas que nos propone Jesús no son, precisamente, las que nos ofrece nuestro mundo de hoy. El Señor nos dice que serán «bienaventurados» los pobres de espíritu, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de la justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que buscan la paz, los perseguidos por causa de la justicia

Reflexión IV Domingo del Tiempo Ordinario.


El domingo pasado veíamos como Jesús es la gran luz que ilumina a toda la tierra. Pero, también, nosotros podemos elegir las tinieblas, el pecado. Somos libres. Y por el hecho de ser libres, podemos optar por la luz que es Cristo o la tiniebla a la que nos lleva el pecado.

También hicimos memoria y rezamos por la Unidad de todos los Cristianos y por la Jornada de la Infancia Misionera. Ojalá que sepamos dar testimonio a los más pequeños de que un día podamos celebrar TODOS una misma Eucaristía aunque profesemos de diferentes formas. La meta es la misma: Cristo.

En este IV domingo del Tiempo Ordinario, se nos llama a ser felices.
La felicidad que dura siempre (a pesar de los tropiezos que tengamos en la vida) se llama Cristo. En nuestra vida, vamos saboreando la felicidad con toques y matices amargos. Creemos que muchas cosas “mundanas” nos dan la felicidad plena, pero, sólo somos felices por un tiempo. El único que tiene el ingrediente de la verdadera felicidad es Cristo que lo vamos a ver hoy en el Evangelio.

Esta felicidad que nos muestra Mateo en el Evangelio de las “Bienaventuranzas” es la que la Orden Trinitaria y la Familia Trinitaria quiere expresar desde hoy domingo durante un año llamado “Año Vocacional Trinitario”. Somos felices porque como dice nuestro Reformador San Juan Bautista de la Concepción: “Somos invitados a sentirnos vasos escogidos para llevar por el mundo el nombre de la Santísima Trinidad”. Una felicidad que no es nuestra, sino que procede de Dios para repartirla a las personas más desfavorecidas y cautivas de nuestro mundo.

En la Primera Lectura del Profeta Sofonías, nos da indicios que busquemos dos pilares importantes para nuestra vida: la justicia y la moderación. Sofonías significa “Dios protege” y nos enseña hoy que hay que vivir con verdaderos criterios éticos: bondad, justicia y la verdad. En nuestra vida, ¿llevamos puestas esas gafas? De lo contario, estaremos poniéndonos caretas falsas.

En la Segunda Lectura de la Carta de Pablo a los Corintios, nos muestra como en la primitiva Iglesia había diversidad de procedencias sociales, pero todos eran o intentaban ser una comunidad Eclesial acogedora. Pero en el resto de la sociedad había status. Cuánto más alto era alguien, más importante. Pero Jesús viene a cambiar toda esa mentalidad. ¿Quieres un status alto? Sirve. ¿Quieres ser el primero? Sirve al resto.
Jesús muestra un Dios que se abaja a las personas sencillas, mira la realidad de cada persona, se acerca a los que nadie quería… Se abaja a los sencillos para llegar a todos. Él no viene a pedir títulos, doctorados, cátedras importantes, puestos reservados en las Catedrales o favoritismos en los partidos políticos (eso buscamos los humanos) pero no Jesús.
El Papa Francisco lo expresa muy bien cuando dice “que la Iglesia debe tener olor a oveja”, “una Iglesia en salida a las periferias”. Si hacemos eso, seguro que hemos entendido el Evangelio.

En el Evangelio de Mateo, se nos muestra un plan de vida en el que es accesible a todas las personas: las Bienaventuranzas.
Nos podrá parecer una locura, o posiblemente nos cueste entenderlo, pero, para los seguidores de Jesús, los que se consideran cristianos, es un propósito interpersonal del cristiano con Jesús y Jesús con el cristiano. Y aquí volvemos a ver cómo Jesús prefiere a las personas sencillas, humildes, vulnerables ante el sufrimiento de nuestros más cercanos y no piedras. A veces estamos tan escarmentados del sufrimiento que existe que ni nos duele ni nos parece raro. Lo hemos adaptado a nuestra vida. Por eso, Jesús quiere cambiar con estas comodidades del sufrimiento.

Pidamos a la Virgen María, que interceda por cada uno de nosotros para que el Señor nos otorgue un corazón humilde y cercano ante tanta miseria que existe en nuestro mundo. Que no busquemos doctorados en palabras o puestos de categorías, sino, doctores de caridad, de felicidad ante tanta tristeza que hay nuestro mundo.

Y como dije al principio, pidamos a Dios Trinidad que en este “Año Vocacional Trinitario” que comenzamos la Orden y Familia Trinitaria nos ayude a darnos cuenta de tan preciada vocación que nos ha regalado para ponerla al servicio de los pobres, cautivos y jóvenes.
Y que a través de la Virgen en su advocación del Buen Remedio, mande obreros a la mies y que nuestra vida sea una continua y alabanza a la Santísima Trinidad.
Que así sea.


Más en:
http://www.revistaecclesia.com/reflexion-iv-domingo-del-tiempo-ordinario/

28 enero 2017

Con el lema "Tu llamada, mi libertad", comienza hoy el Año Vocacional Trinitario.




Octavario de Santa Inés y conmemoración de la Primera Misa de San Juan de Mata.


La jóven Inés murió mártir en Roma en la segunda mitad del siglo III o, más probablemente, a principios del siglo IV. El papa Dámaso honró su sepulcro con un poema, y muchos Padres de la Iglesia, a partir de san Ambrosio, le dedicaron alabanzas. 



En este día, Juan de Mata, fundador de la Orden de la Santísima Trinidad celebró su primera misa, y en ella fue iluminado por Dios para que fundara la Orden de la Santísima Trinidad.
En recuerdo de tal acontecimiento, santa Inés es venerada como patrona de la Orden Trinitaria junto con la Virgen del Buen Remedio.

26 enero 2017

Enhorabuena a la actriz Laura Contreras por el Premio ¡Bravo! 2016 de la Conferencia Episcopal Española.


La protagonista de “Luz de Soledad”, Laura Contreras, ha ganado el Premio ¡Bravo! de Cine 2016 por su interpretación de Santa Soledad Torres Acosta, fundadora de las Siervas de María. El jurado de los premios ha considerado que la actriz “ha encarnado con convicción y sensibilidad la figura de Madre Soledad, a menudo atravesada de dolor, pero siempre marcada por la esperanza y su amor a Cristo”.

El acto de entrega de los premios ¡Bravo! ha tenido lugar en la mañana del 25 de enero en la sede de la Conferencia Episcopal Española. La Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social otorga estos Premios con el fin de “reconocer, por parte de la Iglesia, la labor meritoria de todos aquellos profesionales de la comunicación en los diversos medios, que se hayan distinguido  por el servicio a la dignidad del hombre, los derechos  humanos y los valores evangélicos”.

El obispo de Guadix-Baza y presidente de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, Mons. Ginés García Beltrán, alabó la labor que desempeñan las Siervas de María en su atención a los enfermos cada noche.

“Luz de Soledad” vuelve a proyectarse en algunos cines de España como Madrid, Zaragoza o Sevilla (consultar todos AQUÍ) y pronto comenzará su recorrido en América y otros lugares del mundo.

Otros premiados han sido el sacerdote y periodista Antonio Pelayo por su trayectoria profesional, Pedro G. Cuartango, por su labor como columnista, Ángel Expósito por dar voz a los sin voz en los lugares de conflicto. TVE por las series históricas (Isabel, Carlos y La Corona partida), la Agencia La Machi por la iniciativa mensual “El vídeo del Papa”, el fotoperiodista Santi Palacios, por su trabajo profesional sobre los refugiados, McCann Worldgroup España, para Ikea por los anuncios “Salvemos las cenas”, el Coro de RTVE, por su especialización en la polifonía clásica y religiosa, y Txomin Pérez por su trabajo en la Oficina de Comunicación de la diócesis de Palencia.

El acto concluyó con las palabras de agradecimientos a los premiados y asistentes del Cardenal Ricardo Blázquez, arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española, que recordó que “la comunicación es  transmisión, al igual que el Evangelio, y es por eso que nos dignifica.”


http://www.luzdesoledad.com/2017/01/25/premio-bravo-de-cine-a-laura-contreras/

El Papa Francisco: “Esta es mi opinión: las mujeres son más valientes que los hombres”.


El Papa dijo estas palabras cuando ofrecía, como cada miércoles, una de sus catequesis centrada de nuevo sobre la esperanza cristiana. En concreto habló de la figura de Judit en el Antiguo Testamento, quien según él era una mujer valiente.

"Judit era “viuda, una mujer de gran belleza y sabiduría y habla al pueblo con el lenguaje de la fe. Valiente, reprocha en la cara al pueblo diciendo: Ustedes ponen a prueba al Señor todopoderoso. No, hermanos; cuídense de provocar la ira del Señor, nuestro Dios. Porque si él no quiere venir a ayudarnos en el término de cinco días, tiene poder para protegernos cuando él quiera o para destruirnos ante nuestros enemigos. […]. Por lo tanto, invoquemos su ayuda, esperando pacientemente su salvación, y él nos escuchará si esa es su voluntad.

(...) Es el lenguaje de la esperanza. Toquemos la puerta del corazón de Dios, Él es Padre, Él puede salvarnos. Esta mujer, viuda, arriesga de quedar mal ante los demás. ¡Pero es valiente! ¡Va adelante! Esta es mi opinión: las mujeres son más valientes que los hombres”."

25 enero 2017

Hoy celebramos La Conversión del Apóstol Pablo.


Su conversión fue en un día insospechado. Nada propiciaba aquel cambio. Precisamente llevaba cartas de recomendación de los judíos de Jerusalén para los de Damasco; quería poner entre rejas a los cristianos que encontrara. Hasta allí se extendía la autoridad de los sumos sacerdotes y principales fariseos; como eran costumbres de religión, los romanos las reconocían sin hacerles ascos. Saulo guiaba una comitiva no guerrera pero sí muy activa, casi furiosa, impaciente por cumplir bien una misión que suponían agradable a Dios y purga necesaria para la estabilidad de los judíos y para proteger la pureza de las tradiciones que recibieron los padres. Aquello parecía la avanzada de un ejército en orden de batalla, con el repiqueteo de las herraduras en las pezuñas de las monturas sobre el duro suelo de roca ante Damasco donde caracoleaban los caballos. Llevaban ya varios días de caminata; se daban por bien empleados si la gestión terminaba con éxito. Iba Saulo "respirando amenazas de muerte contra los discípulos del Señor". En su interior había buena dosis de saña.

Y sucedió que, al llegar cerca de Damasco, de súbito le cercó una luz fulgurante venida del cielo, y cayendo por tierra oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dijo: ¿Quién eres, Señor? Y él: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, y entra en la ciudad y se te dirá lo que has de hacer. Y los hombres que le acompañaban se habían detenido, mudos de espanto, oyendo la voz, pero sin ver a nadie. Se levantó Saulo del suelo y , abiertos los ojos, nada veía. Y llevándole de la mano lo introdujeron en Damasco, y estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió" (Act. 9, 3-9).

Tres días para rumiar su derrota y hacerse cargo en su interior de lo que había pasado. Y luego, el bautismo. Un cambio de vida, cambio de obras, cambio de pensamiento, de ideales y proyectos. Su carácter apasionado tomará el rumbo ahora marcado sin trabas humanas posibles su rendición fue sin condiciones y con el afán de llevar a su pueblo primero y al mundo entero luego la alegría del amor de Dios manifestado en Cristo.

Catequesis de hoy miércoles del Papa Francisco: Confiar en Dios sin ponerle condiciones.


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Entre las figuras de las mujeres que el Antiguo Testamento nos presenta, resalta aquella de una gran heroína del pueblo: Judit. El Libro bíblico que lleva su nombre narra la grandiosa campaña militar del rey Nabucodonosor, el cual, reinando en Nínive, expande los límites del imperio derrotando y conquistando a todos los pueblos de su alrededor. El lector entiende que se encuentra ante un gran e invencible enemigo que está sembrando muerte y destrucción y que llega hasta la Tierra Prometida, poniendo en peligro la vida de los hijos de Israel.

El ejército de Nabucodonosor, de hecho, bajo la guía del general Holofernes, sitió una ciudad de Judea, Betulia, cortando las reservas de agua y debilitando así la resistencia de la población.

La situación se vuelve dramática, al punto que los habitantes de la ciudad se dirigen a los ancianos pidiendo rendirse ante los enemigos. Sus palabras son desesperadas: «Ya no hay nadie que pueda auxiliarnos, porque Dios nos ha puesto en manos de esa gente para que desfallezcamos de sed ante sus ojos y seamos totalmente destruidos. Han llegado a decir esto: “Dios nos ha abandonado”; la desesperación era grande en esa gente. Llámenlos ahora mismo y entreguen la ciudad como botín a Holofernes y a todo su ejército» (Jdt 7,25-26). El fin parece inevitable, la capacidad de confiar en Dios se ha terminado – la capacidad de confiar en Dios se ha terminado. Y cuantas veces nosotros llegamos a situaciones extremas donde no sentimos ni siquiera la capacidad de tener confianza en el Señor. Es una fea tentación. Y, paradójicamente, parece que, para huir de la muerte, no queda más que entregarse en manos de quien asesina. Ellos saben que estos soldados entraran a saquear la ciudad, tomar a las mujeres como esclavas y luego matar a todos los demás. Esto es justamente “lo extremo”.

Y ante tanta desesperación, el jefe del pueblo intenta proponer un motivo de esperanza: resistir todavía cinco días, esperando la intervención salvífica de Dios. Pero es una esperanza débil, que les hace concluir: «Si transcurridos estos días, no nos llega ningún auxilio, entonces obraré como ustedes dicen» (7,31). Pobre hombre: no tenía salida. Cinco días les son concedidos a Dios – y está aquí el pecado – cinco días les son concedidos a Dios para intervenir; cinco días de espera, pero ya con la perspectiva del final. Conceden cinco días a Dios para salvarlos, pero saben que no tienen confianza, esperan lo peor. En realidad, ninguno más, entre el pueblo, es todavía capaz de esperar. Estaban desesperados.

Es en esta situación aparece en escena Judit. Viuda, mujer de gran belleza y sabiduría, ella habla al pueblo con el lenguaje de la fe. Valiente, reprocha en la cara al pueblo diciendo: «Ustedes ponen a prueba al Señor todopoderoso, […]. No, hermanos; cuídense de provocar la ira del Señor, nuestro Dios. Porque si él no quiere venir a ayudarnos en el término de cinco días, tiene poder para protegernos cuando él quiera o para destruirnos ante nuestros enemigos. […]. Por lo tanto, invoquemos su ayuda, esperando pacientemente su salvación, y él nos escuchará si esa es su voluntad» (8,13.14-15.17). Es el lenguaje de la esperanza. Toquemos la puerta del corazón de Dios, Él es Padre, Él puede salvarnos. Esta mujer, viuda, arriesga de quedar mal ante los demás. ¡Pero es valiente! ¡Va adelante! Esta es mi opinión: las mujeres son más valientes que los hombres.

Y con la fuerza de un profeta, Judit convoca a los hombres de su pueblo para conducirlos a la confianza en Dios; con la mirada de un profeta, ella ve más allá del estrecho horizonte propuesto por los jefes y del miedo que lo hace aún más limitado. Dios actuará ciertamente – ella lo afirma – mientras la propuesta de los cinco días de espera es un modo para tentarlo y para someterse a su voluntad. El Señor es Dios de salvación – y ella lo cree –, cualquier forma esa tome. Es salvación librar de los enemigos y hacer vivir, pero, en sus planes impenetrables, puede ser salvación también entregar a la muerte. Mujer de fe, ella lo sabe. Luego conocemos el final, como terminó la historia: Dios salva.

Queridos hermanos y hermanas, no pongamos jamás condiciones a Dios y dejemos en cambio que la esperanza venza nuestros temores. Confiar en Dios quiere decir entrar en sus designios sin ninguna pretensión, también aceptando que su salvación y su ayuda lleguen a nosotros de modos distintos a nuestras expectativas. Nosotros pedimos al Señor vida, salud, afectos, felicidad; y es justo hacerlo, pero con la conciencia que Dios sabe traer vida también de la muerte, que se puede experimentar la paz también en la enfermedad, y que puede haber serenidad también en la soledad y alegría también en el llanto. No somos nosotros los que podemos enseñar a Dios aquello que debe hacer, de lo que nosotros tenemos necesidad. Él lo sabe mejor que nosotros, y debemos confiar, porque sus vías y sus pensamientos son distintos a los nuestros.

El camino que Judit nos indica es aquel de la confianza, de la espera en la paz, de la oración y de la obediencia. Es el camino de la esperanza. Sin fáciles resignaciones, haciendo todo lo que está en nuestras posibilidades, pero siempre permaneciendo en el surco de la voluntad del Señor, porque – lo sabemos – ha orado mucho, ha hablado al pueblo y después, valerosa, se ha ido, ha buscado el modo para acercarse al jefe del ejército y ha logrado cortarle la cabeza, decapitarlo. Es valiente en la fe y en las obras. Y busca siempre al Señor. Judit, de hecho, tiene un plan, lo actúa con suceso y lleva al pueblo a la victoria, pero siempre en la actitud de fe de quien todo acepta de la mano de Dios, segura de su bondad.

Así, una mujer llena de fe y de valentía devuelve la fuerza a su pueblo en peligro mortal y lo conduce sobre la vía de la esperanza, indicándolo también a nosotros. Y nosotros, si hacemos un poco de memoria, cuántas veces hemos escuchado palabras sabias, valientes, de personas humildes, de mujeres humildes que uno piensa que – sin despreciarlas – fueran ignorantes. Pero son palabras de la sabiduría de Dios. Las palabras de las abuelas. Cuantas veces las abuelas saben decir la palabra justa, la palabra de esperanza, porque tienen la experiencia de la vida, han sufrido mucho, se han encomendado a Dios y el Señor les da este don de darnos consejos de esperanza. Y, recorriendo esas vías, será alegría y luz pascual encomendarse al Señor con las palabras de Jesús: «Padre, si quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22,42). Y esta es la oración de la sabiduría, de la confianza y de la esperanza.

Miércoles. Rezamos por la unidad de todos los cristianos.


- Génesis 19, 15-26

No mires atrás

-Salmo 77, 5-15

Dios es siempre fiel

- Filipenses 3, 7-14

Olvido lo que he dejado atrás

- Lucas 9, 57-62

Pon tu mano en el arado

- Comentario

Muchas veces vivimos desde el pasado. Mirar atrás puede ser útil y con frecuencia es necesario para sanar la memoria, pero también nos puede paralizar y nos puede impedir vivir en el presente. El mensaje de Pablo aquí es liberador: «lo viejo ha pasado».

La Biblia nos anima a tener en cuenta el pasado, a tomar fuerzas de la memoria y a recordar lo que Dios ha hecho, pero también nos pide dejar lo viejo, incluso lo que ha sido bueno, para poder seguir a Cristo y vivir una vida nueva en él.

A lo largo de este año muchos cristianos están conmemorando la labor de Martín Lutero y de otros reformadores. La Reforma cambió muchas cosas en la vida de la Iglesia de occidente. Muchos cristianos dieron un testimonio heroico y muchos fueron renovados en su vida cristiana. Al mismo tiempo, como nos muestra la Escritura, es importante que el pasado no nos limite, sino que dejemos que el Espíritu Santo nos abra a un nuevo futuro en el que se superen las divisiones y el pueblo de Dios sea salvado.

- Preguntas

¿Qué podemos aprender al leer juntos la historia de nuestras divisiones y desconfianzas?
¿Qué debe cambiar en mi Iglesia para superar las divisiones y fortalecer lo que nos une?

- Oración

Señor Jesucristo,
el mismo ayer, hoy y siempre.
Cura las heridas de nuestro pasado;
bendice hoy nuestra peregrinación hacia la unidad
y condúcenos hacia tu futuro,
en el que serás todo en todos,
con el Padre y el Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.

24 enero 2017

Un lugar santo. La habitación del P. Francisco Méndez.


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Carta del P. Francisco Méndez a sus hijas: La Comunidad un cielo anticipado.


Querida Hija: ¿Cómo entiendo yo que debe ser una Comunidad religiosa? Una Comunidad Religiosa entiendo que debe ser un cielo anticipado. Pero ¿qué se necesita para esto? Que cada una de las religiosas traten de imitar lo que en el cielo se hace.

Dios dice muchas veces: “Sed santos como yo lo soy” y a Jesucristo que dice también: “Sed perfectos como mi Padre que está en los cielos”.

Una Comunidad debe parecerse al cielo y a ella indudablemente pueden aplicarse aquellas palabras de nuestro Señor: ¡Qué bueno y que agradable es vivir reunidos los hermanos! Pues no es a los hermanos naturales a quienes se refiere, sino a aquellos que por reconocer a un mismo Padre, Dios; un mismo fin, el cielo; un mismo camino, la virtud; y una misma ley, los consejos evangélicos; deben considerarse como verdaderos hermanos y procurar con todas sus fuerzas alcanzar y gozar de esa bienaventuranza terrena, precursora de la que nos espera después para siempre en el cielo.

¿Qué ha de hacer una comunidad para ser a semejanza del cielo? Amar, sí amar en el amor está todo, el amor o sea la caridad, es el vínculo que nos ha de unir según San Pablo.

Amad vosotras, pues, Hijas mías, amad que el Señor nos lo mandó repetidísimas veces y en especial cuando estaba próximo a morir: “Hijos míos, amaos los unos a los otros”.

Amaos, Hijas, y amaos de verdad, creedme, creed que con esto que hagáis basta, así lo dice San Juan, esto es lo que yo tanto os encargo, esto es lo que yo procuro con todas mis fuerzas, amaros en Cristo y llevaros a Cristo y es lo que pido que hagáis vosotras.

Martes. Rezamos por la Unidad de todas las Iglesias.

-1 Samuel 16, 1. 6-7

Pues vosotros os fijáis en las apariencias, pero yo miro al corazón

- Salmo 19, 7-13

El mandamiento del Señor es nítido, llena los ojos de luz

- Hechos 9, 1-19

Saulo se convierte en Pablo

- Mateo 5, 1-12

Las bienaventuranzas

- Comentario

Encontrarse con Cristo cambia todo de arriba a abajo. Pablo tuvo esa experiencia de camino a Damasco. Por primera vez pudo ver a Jesús como quien era realmente: el Salvador del mundo. Su perspectiva cambió radicalmente. Tuvo que poner a un lado su juicio humano y mundano.

Encontrarnos con Cristo cambia también nuestra perspectiva. Sin embargo, muchas veces permanecemos en el pasado y juzgamos según criterios humanos. Pretendemos decir y hacer cosas «en el nombre del Señor», cuando en realidad pueden ser autorreferenciales. A lo largo de la historia, en Alemania y en muchos otros países, tanto las Iglesias como los gobernantes han abusado de su poder e influencia para perseguir fines políticos injustos.

En 1741, los cristianos de la Iglesia de Moravia (Herrnhuter), transformados por su encuentro con Cristo, respondieron al llamamiento de no valorar a nadie con criterios humanos y eligieron «someterse al gobierno de Cristo». Al someternos nosotros hoy al gobierno de Cristo, estamos llamados a ver a los demás como los ve Dios, sin desconfianza ni prejuicios.

- Preguntas

¿Dónde puedo identificar yo experiencias de Damasco en mi vida?
¿Qué es lo que cambia cuando miramos a los demás cristianos y a las personas de otras confesiones con los ojos de Dios?

- Oración

Dios trino, eres el origen y el fin de todo lo que existe.
Perdónanos cuando solo pensamos en nosotros mismos
y nos ciegan nuestros propios criterios.
Enséñanos a ser amables, acogedores y misericordiosos,
para que podamos crecer en la unidad que es un don tuyo.
A ti sea el honor y la alabanza por los siglos de los siglos. Amén.

Cuídense de los sacerdotes y congregaciones sin sabor.


¡Cuidado con una Iglesia que pierde el sabor! ¡Cuidado con un sacerdote, un consagrado o con una congregación que pierde el sabor! ¡Cuidado con la sal que pierde el sabor!
Porque si la sal pierde su sabor, no sirve para nada.

Pablo advierte a Timoteo que deberá anunciar el Evangelio en medio de un contexto donde la gente busca siempre nuevos ‘maestros’, ‘fábulas’, doctrinas diversas, ideologías”. Es el ‘carnaval’ de la curiosidad mundana, de la seducción.

La Palabra de Dios nos presenta hoy dos escenarios humanos opuestos: por una parte, el ‘carnaval’ de la curiosidad mundana, por otra, la glorificación del Padre mediante las obras buenas. Y nuestra vida se mueve siempre entre estos dos escenarios. También Santo Domingo de Guzmán, con sus primeros hermanos, hace ochocientos años, tenía que moverse entre estos dos escenarios.

Es interesante ver cómo ya entonces, hace dos milenios, los apóstoles del evangelio se encontraban ante este escenario, que en nuestros días se ha desarrollado mucho y globalizado a causa de la seducción del relativismo subjetivista.

La tendencia de la búsqueda de la novedad propia del ser humano encuentra el ambiente ideal en la sociedad del aparentar, del consumo, en el cual, muchas veces, se reciclan cosas viejas, pero lo importante es hacerlas aparecer como nuevas, atractivas, seductoras.
También se enmascara la verdad. Nos movemos en la así llamada, ‘sociedad líquida’, sin puntos fijos, desordenada, sin referencias sólidas y estables, en la cultura de lo efímero, del ‘usar y tirar’.

Ante este ‘carnaval’ mundano, destaca el escenario opuesto que encontramos en las palabras de Jesús que hemos escuchado: ‘Glorifiquen al Padre que está en el Cielo’. ¿Y cómo se da este paso de la superficialidad, casi afectuosa, a la glorificación? Se da gracias a las buenas obras de aquellos que se hacen discípulos de Jesús y se han convertido en sal y luz. ‘Así debe brillar ante los ojos de los hombres’, dice Jesús, ‘la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus obras buenas y glorifiquen al Padre que está en el Cielo’.

En medio del ‘carnaval’ de ayer y hoy, esta es la respuesta de Jesús y de la Iglesia. Esta es la base sólida en medio del ambiente ‘líquido’, las buenas obras que podemos realizar gracias a Cristo y a su Santo Espíritu, y que hacen nacer en el corazón el agradecimiento a Dios Padre, la alabanza, o al menos la maravilla y la pregunta: ¿Por qué? ¿Por qué esta persona se comporta así? La inquietud del mundo ante el testimonio del Evangelio.

Para que este ‘terremoto’ tenga lugar se necesita que la sal no pierda el sabor y la luz no se esconda. Jesús lo dice muy claramente: Si la sal pierde su sabor, no sirve para nada.

Una obra al servicio del Evangelio, predicada con la palabra y con la vida; una obra que, con la gracia del Espíritu Santo, hizo que muchos hombres y mujeres hayan recibido ayuda para no dispersarse en medio del ‘carnaval’ de la curiosidad mundana.


(Homilía Papa Francisco a los PP, Dominicos. 21-1-2017)

23 enero 2017

Entrevista del Papa Francisco al periódico El País.


El viernes, a la misma hora que Donald Trump juraba su cargo en Washington, el papa Francisco concedía en el Vaticano una larga entrevista a EL PAÍS en la que pedía prudencia ante las alarmas desatadas por el nuevo presidente de Estados Unidos —“hay que ver qué hace, no podemos ser profetas de calamidades”—, aunque advertía de que, “en momentos de crisis, no funciona el discernimiento” y los pueblos buscan “salvadores” que les devuelvan la identidad “con muros y alambres”.

Durante una hora y 15 minutos, en una sencilla habitación de la Casa de Santa Marta donde vive, Jorge Mario Bergoglio, que nació en Buenos Aires hace 80 años y se encamina a su cuarto año de pontificado, aseguró que “en la Iglesia hay santos y pecadores, decentes y corruptos”, pero que lo que más le preocupa es “una Iglesia anestesiada por la mundanidad", lejana a los problemas de la gente.

Sacando a veces a pasear el humor porteño, Francisco demuestra estar al tanto no solo de lo que ocurre dentro del Vaticano, sino en la frontera sur de España o en los barrios bravos de Roma. Dice que le encantaría ir a China —“en cuanto me inviten”— y que, aunque de vez en cuando pega “patinazos”, su única revolución es la del Evangelio.

El drama de los refugiados le ha marcado —“aquel hombre lloraba y lloraba en mi hombro, con el salvavidas en la mano, porque no había logrado rescatar a una niña de cuatro años”— tanto como las visitas a las mujeres esclavizadas por las mafias de la prostitución en Italia. Aún no sabe si se morirá de Papa u optará por el camino abierto de Benedicto XVI. Admite que a veces se ha sentido utilizado por sus compatriotas argentinos y a los españoles les pide algo que parece fácil y no lo es: “Diálogo”.

Pregunta. ¿Qué queda después de casi cuatro años en el Vaticano de aquel cura callejero que llegó de Buenos Aires a Roma con el pasaje de regreso en el bolsillo?

Respuesta. Que sigue siendo callejero. Porque en cuanto puedo, salgo a la calle a saludar a la gente en las audiencias, o viajo… Mi personalidad no cambió. No digo que me lo propuse: me salió espontáneo. No, acá no hay que cambiar. Cambiar es artificial. Cambiar a los 76 años es maquillarse. Por ahí no puedo hacer todo lo que quiero, pero el alma callejera está y ustedes lo ven.

P. En los últimos días de pontificado, Benedicto XVI dijo sobre su último periodo al frente de la Iglesia: “Las aguas bajaban agitadas y Dios parecía dormido”. ¿Ha sentido usted también esta soledad? ¿La jerarquía de la Iglesia estaba dormida con respecto a los problemas nuevos y viejos de la gente?

R. Yo, dentro de la jerarquía de la Iglesia, o de los agentes pastorales de la Iglesia (obispos, curas, monjas, laicos…) le tengo más miedo a los anestesiados que a los dormidos. A aquellos que se anestesian con la mundanidad. Entonces claudican ante la mundanidad. Y eso me preocupa. Que si está todo quieto, está tranquilo, si las cosas están bien… demasiado orden. Cuando uno lee los Hechos de los Apóstoles, las epístolas de San Pablo, ahí había lío, había problemas, la gente se movía. Había movimiento y había contacto con la gente. El anestesiado no tiene contacto con la gente. Está defendido de la realidad. Está anestesiado. Y hoy día hay tantas maneras de anestesiarse de la vida cotidiana, ¿no? Y quizás la enfermedad más peligrosa que puede tener un pastor proviene de la anestesia, y es el clericalismo. Yo acá y la gente allá. ¡Vos sos pastor de esa gente! Si vos no cuidás de esa gente, y te dejás cuidar de esa gente, cerrá la puerta y jubílate.

P. ¿Y hay una parte de la Iglesia anestesiada?

R. Todos tenemos peligros. Es un peligro, es una tentación seria. Es más fácil estar anestesiado.

P. Se vive mejor, se vive más cómodo.

R. Por eso, más que los dormidos, hay esta anestesia que da el espíritu de la mundanidad. De la mundanidad espiritual. En esto, a mí me llama la atención que Jesús en la última cena, cuando hace esa larga oración al padre por los discípulos no les pide “mirá, cuidalos del quinto mandamiento, que no maten, del séptimo mandamiento, que no roben”. No. Cuidalos de la mundanidad; cuidalos del mundo. Lo que anestesia es el espíritu del mundo. Y entonces el pastor se convierte en un funcionario. Y eso es el clericalismo, que a mi juicio es el peor mal que puede tener hoy la Iglesia.

P. Aquellos problemas que tuvo Benedicto XVI al final de su pontificado y que estaban en aquella caja blanca que le entregó en Castel Gandolfo. ¿Qué había allí dentro?

R. La normalidad de la vida de la Iglesia: santos y pecadores, decentes y corruptos. ¡Estaba todo ahí! Había gente que había sido interrogada y está limpia, trabajadores… Porque aquí en la Curia hay santos, ¿eh?. Hay santos. Eso me gusta decirlo. Porque se habla con facilidad de la corrupción de la Curia. Hay gente corrupta en la Curia. Pero muchos santos. Hombres que han pasado toda su vida sirviendo a la gente de manera anónima, detrás de un escritorio, o en un diálogo, o en un estudio para lograr... O sea, ahí adentro hay santos y pecadores. A mí ese día lo que más me impresionó es la memoria del santo Benedicto. Que me dijo: “Mirá, acá están las actas, en la caja. Acá está la sentencia, de todos los personajes”. Y acá “fulano, tanto”. ¡Todo en la cabeza! Una memoria extraordinaria. Y la conserva, la conserva.

P. ¿Se encuentra bien de salud [Benedicto XVI]?

R. De acá para arriba, perfecto. El problema son las piernas. Camina con ayuda. Tiene una memoria de elefante, hasta en los matices. Por ahí yo digo una cosa, y me responde: “No es ese año, fue en tal año”.

P. ¿Cuáles son sus mayores preocupaciones con respecto a la Iglesia y en general con la situación mundial?

R. Con respecto a la Iglesia, yo diría que la Iglesia no deje de ser cercana. O sea, que procure ser continuamente cercana a la gente. La cercanía. Una Iglesia que no es cercana no es Iglesia. Es una buena ONG. O una buena organización piadosa de gente buena que hace beneficencia, se reúne para tomar el té y hacer beneficencia… Pero lo que a la Iglesia la identifica es la cercanía: ser hermanos cercanos. Porque Iglesia somos todos. Entonces, el problema que siempre hay que evitar en la Iglesia es que no haya cercanía. Ser cercanos todos. Cercanía es tocar, tocar en el prójimo la carne de Cristo. Es curioso, cuando Cristo nos dice el protocolo con el cual vamos a ser juzgados, que es el capítulo 25 de Mateo, es siempre tocar al prójimo: "Tuve hambre, estuve preso, estuve enfermo…". Siempre la cercanía a la necesidad del prójimo. Que no es solo la beneficencia. Es mucho más. Después, en el mundo, es la guerra. Estamos en la Tercera Guerra Mundial en pedacitos. Y últimamente ya se está hablando de posible guerra nuclear como si fuera un juego de baraja: se juega a las cartas… Y eso es lo que más me preocupa. Me preocupa del mundo la desproporción económica: que un pequeño grupo de la humanidad tenga más del 80% de la fortuna, con lo que esto significa en la economía líquida, donde al centro del sistema económico está el dios dinero y no el hombre y la mujer, ¡el humano! Entonces se crea esa cultura del descarte.

Mi personalidad no cambió. Cambiar a los 76 años es maquillarse. No puedo hacer todo lo que quiero, pero el alma callejera está y ustedes lo ven.
P. Respecto a los problemas del mundo que mencionaba, precisamente a esta hora está tomando posesión como presidente de EE UU Donald Trump. Y el mundo está bastante en tensión por ese hecho. ¿A usted qué consideración le merece?

R. Ver qué pasa. Pero asustarme o alegrarme por lo que pueda suceder, en eso creo que podemos caer en una gran imprudencia. En ser profetas o de calamidades o de bienestares que no se van a dar, ni una ni otra. Se verá. Veremos lo que hace y ahí se evalúa. Siempre lo concreto. El cristianismo, o es concreto o no es cristianismo. Es curioso: la primera herejía de la Iglesia fue apenas muerto Cristo. La herejía de los gnósticos, que el apóstol Juan la condena. Y era la religiosidad de spray, de lo no concreto. Sí, yo, sí, la espiritualidad, la ley… pero todo spray. No, no. Cosas concretas. Y de lo concreto sacamos las consecuencias. Nosotros perdemos mucho el sentido de lo concreto. A mí me decía el otro día un pensador que este mundo está tan desordenado que le falta un punto fijo. Y es precisamente lo concreto lo que te da los puntos fijos. Qué hiciste, qué decidiste, cómo te movés. Por eso yo frente a eso espero y veo.

P. ¿No le preocupa lo que ha escuchado hasta ahora?

R. Espero. Dios me esperó a mí tanto tiempo, con todos mis pecados…

P. Para los sectores más tradicionales de la Iglesia, cualquier cambio, aunque solo sea en el lenguaje, es una traición. Para el otro extremo, incluso los que nunca comulgarán con la fe católica, nada será suficiente. Según ha dicho usted, todo estaba ya escrito en la esencia del Cristianismo. ¿Se trata entonces de una revolución de la normalidad?

R. Yo procuro, no sé si lo logro, hacer lo que manda el Evangelio. Eso es lo que procuro. Soy pecador y no siempre lo logro, pero eso es lo que procuro. Es curioso: la historia de la Iglesia no la llevaron adelante los teólogos, ni los curas, las monjas, los obispos… sí, en parte sí, pero los verdaderos protagonistas de la historia de la Iglesia son los santos. O sea, aquellos hombres y mujeres que se quemaron la vida para que el Evangelio fuera concreto. Y esos son los que nos han salvado: los santos. A veces pensamos en los santos como una monjita que mira para arriba y le dan vuelta los ojos. ¡Los santos son los concretos del Evangelio en la vida diaria! Y la teología que uno saca de la vida de un santo es muy grande. Evidentemente que los teólogos, los pastores, son necesarios. Y es parte de la Iglesia. Pero ir a eso: el Evangelio. ¿Y quiénes son los mejores portadores del Evangelio? Los santos. Usted utilizó la palabra “revolución”. ¡Eso es revolución! Yo no soy santo. No estoy haciendo ninguna revolución. Estoy tratando de que el Evangelio vaya adelante. Pero imperfectamente, porque pego patinazos a veces.

P. ¿No cree que entre muchos católicos puede existir algo así como el síndrome del hermano del hijo pródigo, que piensan que presta más atención a los que se fueron que a los que permanecieron dentro observando los mandamientos de la Iglesia? En uno de los viajes que un periodista alemán le preguntó por qué no hablaba nunca de la clase media, de aquellos que pagan impuestos…

R. Hay ahí dos preguntas. El síndrome del hijo mayor: es verdad que los que están cómodos en una estructura de Iglesia que no les compromete mucho, o que tienen posturas que los defienden del contacto, se van a sentir incómodos con cualquier cambio, con cualquier propuesta del Evangelio. A mí me gusta pensar mucho en el dueño del hotel al que el samaritano llevó a ese hombre al que los ladrones lo habían molido a palos después de robarlo en el camino. El dueño del hotel sabía la historia, se la contó el samaritano: había pasado un cura, miró, llegaba tarde a la misa y lo dejó tirado en el camino, no quería mancharse con la sangre porque eso le impedía celebrar según la ley. Pasó el abogado, el levita, vio y dijo: “Uy, yo no me meto acá, el tiempo que voy a perder, mañana en los tribunales haré de testigo y… No, no, mejor no te metas”. Parecía nacido en Buenos Aires, y dio la vuelta así, que es el lema de los porteños: “No te metas”. Y pasa este, que no es judío, que es un pagano, que es un pecador, considerado como de lo peorcito: se conmueve y lo levanta. El estupor que tuvo ese hotelero es enorme, porque vio algo inusual. Pero la novedad del Evangelio crea estupor porque es esencialmente escandalosa. San Pablo nos habla del escándalo de la cruz, del escándalo del Hijo de Dios hecho hombre. El escándalo bueno, porque también Jesús condena el escándalo contra los niños. Pero la esencia evangélica es escandalosa para los parámetros de la época. Para cualquier parámetro mundano, la esencia es escandalosa. Así que el síndrome del hijo mayor es un poco el síndrome del que ya está acomodado en la Iglesia, del que de alguna manera tiene todo claro, todo fijo lo que hay que hacer y que no me vengan a predicar una cosa extraña. Así se explican nuestros mártires: dieron su vida por predicar algo que molestaba. Esa es la primera pregunta. La segunda: yo no le quise contestar ahí a un periodista alemán, sino que le dije: lo voy a pensar, tiene algo de razón usted… Yo continuamente estoy hablando de la clase media sin mencionarla. Uso una palabra de Joseph Malègue, un novelista francés: él habla de "la clase media de la santidad". Yo estoy hablando continuamente de los padres de familia, de los abuelos, los enfermeros, las enfermeras, la gente que vive para los demás, que cría a los hijos, que trabaja… ¡La santidad de esa gente es enorme! Y es también la que lleva adelante la Iglesia: la gente que vive de su trabajo con dignidad, que cría a sus hijos, que entierra a sus muertos, que cuida a los abuelos, que no los encierra en un geriátrico, esa es nuestra santa clase media. Desde el punto de vista económico, hoy día la clase media tiende a desaparecer, obviamente, cada vez más, y se puede correr el riesgo de refugiarse en las cuevas ideológicas. Pero esta “clase media de la santidad”: el papá, la mamá que celebran su familia, con sus pecados y sus virtudes, el abuelo y la abuela. La familia. En el centro. Esa es la “clase media de la santidad”. Malègue tuvo una gran intuición ahí, y llega a decir una frase que puede impresionar. En una de sus novelas, en la novela Augustine, cuando en un diálogo un ateo no creyente le dice: “Pero, ¿usted cree que Cristo es Dios?” Y le plantea el problema: ¿Cree que el Nazareno es Dios? “Para mí no es un problema —le contesta el protagonista de la novela—, el problema para mí hubiera sido que Dios no se hubiera hecho Cristo”. Esa es “la clase media de la santidad".

P. Hablaba usted de las cuevas ideológicas. ¿A qué se refiere? ¿Qué es lo que le preocupa sobre ese aspecto?

Una Iglesia que no es cercana no es Iglesia. Es una buena ONG.
En el centro del sistema económico está el dios dinero y no el hombre y la mujer.
R. No es que me preocupe. Señalo una realidad. Uno siempre está más cómodo en el sistema ideológico que se armó, porque es abstracto.

P. ¿Eso se ha exacerbado, se ha potenciado en los últimos años?

R. Siempre lo hubo, siempre. No diría que se exacerbó, porque hay mucha desilusión con eso también. Creo que había más en el tiempo previo a la Segunda Guerra Mundial. Digo. No lo pensé mucho. Estoy recogiendo un poco… Siempre en el restorán de la vida te ofrecen platos de ideología. Siempre. Uno puede refugiarse en eso. Son refugios, que te impiden tocar la realidad.

P. Santo Padre, durante estos años en los viajes lo hemos visto emocionarse y emocionar a muchos de los que escuchaban sus palabras… Por ejemplo, en tres ocasiones muy especiales: en Lampedusa, cuando se preguntó si habíamos llorado con las mujeres que pierden a sus hijos; en Cerdeña, cuando habló del mundo del trabajo y del sistema financiero mundial; en Filipinas, con el drama de los niños explotados. Dos preguntas: ¿qué puede hacer la Iglesia, qué se está haciendo, y cómo están actuando los gobiernos ante esto?

R. El símbolo que propuse en la nueva oficina de Migraciones —en el nuevo esquema, el departamento de Migraciones y Refugiados, lo asumí yo directamente con dos subsecretarios— es un salvavidas anaranjado, como los que todos conocemos. En una audiencia general vino un grupo de los que trabajan en el salvamento de los refugiados en el Mediterráneo. Yo iba saludando, y este hombre agarró eso que tenía en la mano y se me puso a llorar, y se me puso en el hombro y lloraba y lloraba: “No pude, no llegué, no pude”. Y cuando se calmó un poco me dijo: “No tenía más de cuatro años la nena. Y se me fue abajo. Se lo doy a usted”. Y esto es un símbolo de la tragedia que hoy estamos viviendo. Sí.

P. ¿Están los gobiernos respondiendo a la altura?

R. Cada cual hace lo que puede o lo que quiere. Es un juicio muy difícil de dar. Pero obviamente, que el Mediterráneo se haya convertido en un cementerio nos tiene que hacer pensar.

P.. ¿Siente que su mensaje, su viaje hacia las periferias, hacia los que sufren y están perdidos, es acogido, acompañado por una maquinaria tal vez acostumbrada a caminar otro ritmo? ¿Siente usted que va a un ritmo y la Iglesia a otro? ¿Se siente acompañado?

R. Yo creo que no es así, y gracias a Dios la respuesta en general es buena. Es muy buena. Por ejemplo, cuando yo pedí a las parroquias de Roma y a los colegios, hubo quien dijo: “eso fue un fracaso”… ¡Mentira! ¡No fue nada de fracaso! Un alto porcentaje de las parroquias de Roma, cuando no tenían una casa grande a disposición o la canónica era chica, qué sé yo, pues los fieles alquilan un departamento para una familia inmigrante. En los colegios de monjas, las veces que sobraba lugar, han hecho un espacio para familias migrantes… La respuesta es más de lo que se cree, no se publicita. El Vaticano tiene dos parroquias y cada parroquia tiene una familia inmigrante. Un departamento del Vaticano para una familia, otro para otra. Se ha respondido continuamente. El 100% no. Qué porcentaje, no lo sé. Pero yo diría que el 50%. Después viene el problema de la integración. Cada inmigrante es un problema muy serio. Ellos huyen de su país. Por hambre o por guerra. Entonces, la solución se tiene que buscar allá. Por hambre o por guerra, son explotados. Pienso en África: África es el símbolo de la explotación. Incluso al darle la independencia algún país les dio la independencia del suelo para arriba, pero se reservó el subsuelo. O sea que son siempre usados y esclavizados… Entonces, la política de acogida tiene varias etapas. Hay una acogida de emergencia: vos tenés que recibirlo, y tenés que recibirlo porque si no, se ahoga. En eso Italia y Grecia han dado un ejemplo, un ejemplo muy grande. Italia, incluso ahora, con los problemas que está teniendo con el terremoto y todas estas cosas se sigue preocupando de ellos. Los reciben. Claro, llegan a Italia porque es lo más cercano que tienen. Creo que a España llegan de Ceuta también. Pero generalmente no quieren quedarse en España, la mayoría quiere ir al norte, porque buscan más posibilidades.

P. Pero en España hay un muro con Ceuta y Melilla, no pueden pasar.

R. Sí, sí, lo sé. Y quieren ir al norte. Entonces, el problema es: recibirlos sí, más o menos un par de meses, acomodarlos. Pero hay que empezar un proceso de integración. Acoger e integrar. Y el modelo mundial que va a la cabeza es Suecia. Suecia tiene nueve millones de habitantes. 890.000 habitantes de esos nueve millones son nuevos suecos, hijos de migrantes o migrantes con ciudadanía sueca. La ministra de exteriores —creo que era la que me fue a despedir—, una chica joven: era hija de madre sueca y padre de Gabón. Migrantes. Integrados. El problema es integrar. En cambio, cuando no hay integración se crean guetos, y no le echo la culpa a nadie, pero de hecho hay guetos. Que quizás en aquel momento no se dieron cuenta. Pero los chicos que hicieron el desastre en [el aeropuerto de] Zaventem eran belgas, nacieron en Bélgica. Pero vivían en un barrio cerrado de inmigrantes. O sea, es clave el segundo capítulo: la integración. Hasta el punto de que ¿cuál es el gran problema de Suecia ahora? ¡No es que no vengan los migrantes, no! ¡No estamos dando abasto en los programas de integración! ¡Se plantean qué más puedo hacer para que venga la gente! Es impresionante. Para mí es un modelo mundial. Y esto no es nuevo. Lo dije de entrada, después de Lampedusa… Yo conocía el problema de Suecia por los argentinos, uruguayos, chilenos, que en la época de la dictadura militar fueron acogidos allá, porque tengo amigos allá, y refugiados. Claro, después llegas a Suecia y te tratan ahí con organización médica y todo, papeles, y te dan un permiso para vivir… Y ya tenés una casa, y a la semana tenés la escuela para aprender el idioma, y un poquito de trabajo, y hacia delante. En eso San Egidio acá en Italia es un modelo. Los que vinieron conmigo en el avión de Lesbos, que después vinieron nueve más. Son 22 los que se hizo cargo el Vaticano, y nos estamos haciendo cargo de ellos, y lentamente se van independizando. Al segundo día los chicos iban al colegio. ¡Al segundo día! Y los padres lentamente ubicados, en un departamento, trabajo acá, medio trabajo allá... Profesores para el idioma… San Egidio tiene esa misma postura. O sea, el problema es entonces: salvamento urgente sí, ahí todos. Segundo: recibir, acoger lo mejor posible. Después, integrar. Integrar.

P. Ya hace 50 años de casi todo. Del Concilio Vaticano II, del viaje de Pablo VI y el abrazo con el patriarca Atenágoras en Tierra Santa. Hay quienes sostienen que para entenderlo a usted conviene conocer a Pablo VI. Él fue hasta cierto punto el papa incomprendido. ¿Se siente también un poco así, un Papa incómodo?

R. No. No. Yo creo que por mis pecados debería ser más incomprendido. El mártir de la incomprensión fue Pablo VI. Evangelii gaudium, que es el marco de la pastoralidad que yo quiero dar a la Iglesia ahora, es una actualización de la Evangelii nuntiandi de Pablo VI. Es un hombre que se adelantó a la historia. Y sufrió, sufrió mucho. Fue un mártir. Y muchas cosas no las pudo hacer, porque como era realista sabía que no podía y sufría, pero ofrecía ese sufrimiento. Y lo que pudo hacer lo hizo. Y qué es lo que mejor hizo Pablo VI: sembrar. Sembró cosas que después la historia fue recogiendo. Evangelii gaudium es una mezcla de Evangelii nuntiandi y el documento de Aparecida. Cosas que se fueron trabajando desde abajo. El Evangelii nuntiandi es el mejor documento pastoral postconciliar y no ha perdido actualidad. Yo no me siento incomprendido. Me siento acompañado, y acompañado por todo tipo de gente, jóvenes, viejos… Sí, alguno por ahí no está de acuerdo, y tiene derecho, porque si yo me sintiera mal porque alguien no está de acuerdo habría en mi actitud un germen de dictador. Tienen derecho a no estar de acuerdo. Tienen derecho a pensar que el camino es peligroso, que puede dar malos resultados, que… tienen derecho. Pero siempre que lo dialoguen, no que tiren la piedra y escondan la mano, eso no. A eso no tiene derecho ninguna persona humana. Tirar la piedra y esconder la mano no es humano, eso es delincuencia. Todos tienen derecho a discutir, y ojalá discutiéramos más porque eso nos pule, nos hermana. La discusión hermana mucho. La discusión con buena sangre, no con la calumnia y todo eso…

P. ¿Incómodo con el poder tampoco se siente?

R. Es que el poder no lo tengo yo. El poder es compartido. El poder es cuando se toman las decisiones pensadas, dialogadas, rezadas, la oración a mí me ayuda mucho, y me sostiene mucho. A mí no me incomoda el poder. Me incomodan ciertos protocolos, pero es porque yo soy así, callejero.

P. Lleva 25 años sin ver la televisión y según tengo entendido los periodistas nunca fueron santo de su devoción, pero se ha reinventado todo el sistema de comunicación del Vaticano, profesionalizando y elevándolo incluso a la categoría de dicasterio. ¿Tanta importancia tienen para el Papa los medios de comunicación? ¿Este interés es porque cree que existe una amenaza a la libertad de prensa? Y las redes sociales, ¿pueden causar un perjuicio a la libertad del individuo?

R. Yo no veo televisión simplemente porque en un momento sentí que Dios me pidió eso; un 16 de julio del 90 hice esa promesa, y no me falta. Solamente fui al centro televisivo que estaba al lado del arzobispado a ver una o dos películas que me interesaban, que me podían servir para el mensaje. Y eso que a mí el cine me gustaba mucho y había estudiado bastante cine, sobre todo el de la posguerra italiano, el realismo italiano, y el polaco Wajda, Kurosawa, algunos franceses... Pero no ver televisión no me quitó comunicarme. No ver la televisión fue una opción personal, nada más. Pero la comunicación es divina. Dios se comunica. Dios se comunicó con nosotros a través de la historia. Dios no quedó aislado. Es un Dios que se comunica, y nos habló, y nos acompañó, y nos retó, y nos hizo cambiar de ruta, y nos sigue acompañando. No se puede entender la teología católica sin la comunicación de Dios. Dios no está estático allá y mira a ver cómo se divierten los hombres o cómo se destruyen. Dios se involucró, y se involucró comunicándose con la palabra y con su carne. O sea que yo parto de ahí. Le tengo un poco de miedo cuando los medios de comunicación no pueden expresarse con la ética que les es propia. Por ejemplo, hay modos de comunicarse que no ayudan, que desayudan a la unidad. Pongo un ejemplo sencillo. Una familia que está cenando y no hablan, o miran la televisión o los chicos están con su teléfono mandando mensajes a otros que están fuera. Cuando la comunicación pierde lo carnal, lo humano, y se vuelve líquida, es peligrosa. Que se comunique en familia, y se comunique la gente, y también de la otra manera, es muy importante. El mundo virtual de comunicación es riquísimo, pero corres el riesgo si no vives una comunicación humana, normal, ¡de tocar! Lo concreto de la comunicación es lo que va a hacer que lo virtual de la comunicación vaya por buen camino. O sea, lo concreto es innegociable en todo. No somos ángeles, somos personas de lo concreto. La comunicación es clave y tiene que ir adelante. Hay peligros como en todas las cosas. Hay que ajustarlos, pero la comunicación es divina. Y hay defectos. Yo he hablado de los pecados de la comunicación, en una conferencia en ADEPA, en Buenos Aires, la asociación que agrupa a los editores de Argentina. Y los presidentes me invitaron a una cena donde tuve que dar la conferencia esta. Ahí marqué los pecados de la comunicación, y les dije: no caigan en esto, porque lo que ustedes tienen en sus manos en un gran tesoro. Hoy en día comunicarse es divino, siempre fue divino porque Dios se comunica, y es humano, porque Dios se comunicó humanamente. Así que funcionalmente hay un dicasterio, obviamente, para dar cauce a todo esto. Pero es una cosa funcional el dicasterio. No es porque es importante hoy comunicarse, no. ¡Porque es esencial a la persona humana la comunicación, porque también es esencial a Dios!

P. La maquinaria diplomática del Vaticano funciona a pleno rendimiento. Tanto Barack Obama como Raúl Castro agradecieron públicamente su labor en el acercamiento. Hay sin embargo otros casos como el de Venezuela, Colombia o el de Oriente Próximo que siguen bloqueados. En el primer caso, incluso, las partes critican la mediación. ¿Teme que la imagen del Vaticano se resienta? ¿Cuáles son sus instrucciones en estos casos?

R. Yo le pido al Señor la gracia de no tomar ninguna medida por imagen. Sino por honestidad, por servicio, esos son los criterios. Maquillarse un poco no creo que haga bien. Que a veces se pueden cometer errores, se va a resentir la imagen, bueno, eso es una consecuencia, pero uno lo hizo con buena voluntad. Luego la historia juzgará las cosas. Y después hay un principio, que para mí es claro, que es el que tiene que regir en toda la acción pastoral pero también en la diplomacia vaticana: mediadores, no intermediarios. O sea, hacer puentes, y no muros. ¿Cuál es la diferencia entre el mediador y el intermediario? El intermediario es el que tiene por ejemplo una oficina de compra y venta de inmuebles, busca quién quiere vender una casa y quién quiere comprar una casa, se ponen de acuerdo, cobra la comisión, hizo un buen servicio, pero gana siempre algo, y tiene derecho porque es su trabajo. El mediador es aquel que se pone al servicio de las partes y hace que ganen las partes aunque él pierda. La diplomacia vaticana tiene que ser mediadora, no intermediaria. Si, a lo largo de la historia, la diplomacia vaticana hizo una maniobra o un encuentro y se llenó el bolsillo, pues cometió un pecado muy grave, gravísimo. El mediador hace puentes, que no son para él, son para que caminen los otros. Y no cobra peaje. Hizo el puente y se fue. Para mí esa es la imagen de la diplomacia vaticana. Mediadores y no intermediarios. Hacedores de puentes.

P. ¿Esa diplomacia vaticana se puede extender a China pronto?

R. De hecho, hay una comisión que hace años está trabajando con China y que se reúne cada tres meses, una vez aquí y otra en Pekín. Y hay mucho diálogo con China. China tiene siempre ese halo de misterio que es fascinante. Hace dos o tres meses, con la exposición del museo vaticano en Pekín, estaban felices. Y ellos vienen el año que viene acá al Vaticano con sus cosas, sus museos.

P. ¿Y va a ir pronto a China?

R. Yo, cuando me inviten. Lo saben ellos. Además, en China las iglesias están llenas. Se puede practicar la religión en China.

P. Tanto en Europa como en América, las consecuencias de una crisis que no acaba, el aumento de la desigualdad, la ausencia de liderazgos sólidos están dando paso a formaciones políticas que están recogiendo el malestar de los ciudadanos. Algunas de ellas –las que se dan en llamar antisistema o populistas— aprovechan el miedo de la ciudadanía a un futuro incierto para construir un mensaje de xenofobia, de odio hacia el extranjero. El caso de Trump es el más llamativo, pero ahí están también los casos de Austria e incluso Suiza. ¿Está preocupado por este fenómeno?

R. Es lo que llaman los populismos. Que es una palabra equívoca porque en América Latina el populismo tiene otro significado. Allí significa el protagonismo de los pueblos, por ejemplo los movimientos populares. Se organizan entre ellos… es otra cosa. Cuando oía populismo acá no entendía mucho, me perdía hasta que me di cuenta de que eran significados distintos según los lugares. Claro, las crisis provocan miedos, alertas. Para mí el ejemplo más típico de los populismos en el sentido europeo de la palabra es el 33 alemán. Después de [Paul von] Hindenburg, la crisis del 30, Alemania destrozada, busca levantarse, busca su identidad, busca un líder, alguien que le devuelva la identidad y hay un muchachito que se llama Adolf Hitler y dice “yo puedo, yo puedo”. Y toda Alemania vota a Hitler. Hitler no robó el poder, fue votado por su pueblo, y después destruyó a su pueblo. Ese es el peligro. En momentos de crisis, no funciona el discernimiento y para mí es una referencia continua. Busquemos un salvador que nos devuelva la identidad y defendámonos con muros, con alambres, con lo que sea, de los otros pueblos que nos puedan quitar la identidad. Y eso es muy grave. Por eso siempre procuro decir: dialoguen entre ustedes, dialoguen entre ustedes. Pero el caso de Alemania en el 33 es típico, un pueblo que estaba en esa crisis, que buscó su identidad y apareció este líder carismático que prometió darles una identidad, y les dio una identidad distorsionada y ya sabemos lo que pasó. ¿Las fronteras pueden ser controladas? Sí, cada país tiene derecho a controlar sus fronteras, quién entra y quién sale, y los países que están en peligro –de terrorismo o cosas por el estilo-- tienen más derecho a controlarlas más, pero ningún país tiene derecho a privar a sus ciudadanos del diálogo con sus vecinos.

P. ¿Y observa, Santo Padre, signos en la Europa de hoy similares a los de esa Alemania del 33?

R. No soy un técnico en eso, pero sobre la Europa de hoy me remito a los tres discursos que di. Los dos de Estrasburgo y el tercero cuando el premio Carlomagno, que fue el único premio que acepté porque insistieron mucho por el momento que vivía Europa, y como servicio lo acepté. Esos tres discursos dicen lo que yo pienso sobre Europa.

P. ¿Es la corrupción el peor pecado de nuestro tiempo?

R. Es un gran pecado. Pero creo que no debemos atribuirnos la exclusividad en la Historia. Siempre ha existido corrupción. Siempre. Acá. Si uno lee la historia de los papas se encuentra con cada escándalo... Por nombrar mi casa, sin meterme en la del vecino. Tengo varios ejemplos de países vecinos donde hubo corrupción en la historia, pero me quedo con los míos. Acá hubo corrupción. Pesadita, eh. Basta pensar en el Papa Alejandro VI, en esa época, y doña Lucrecia con sus “tecitos” [envenenados].

P. ¿Qué le llega de España? ¿Qué le llega en cuanto a la recepción que en España tiene su mensaje, su misión, su trabajo…?

R. Hoy de España me acaban de llegar unos polvorones y un turrón de Jijona que los tengo ahí para convidar a los muchachos.

P. España es un país donde el debate sobre laicidad y religiosidad es un debate que todavía está vivo, como usted sabe…

R. Está vivo, muy vivo…

P. ¿Y qué opina de eso? ¿Puede el proceso de laicidad acabar dejando a la Iglesia católica en una situación marginal?

R. Diálogo. Es el consejo que doy a cualquier país. Por favor, diálogo. Como hermanos, si se animan, o al menos como civilizados. No se insulten. No se condenen antes de dialogar. Si después del diálogo quieren insultarse, bueno, pero por lo menos dialogar. Si después del diálogo se quieren condenar, bueno… Pero primero diálogo. Hoy día, con el desarrollo humano que hay, no se puede concebir una política sin diálogo. Y eso vale para España y para todos. Así que si usted me pide un consejo para los españoles, dialoguen. Si hay problemas, dialoguen primero.

P. Desde Latinoamérica, lógicamente, se siguen sus palabras y sus decisiones con especial atención: ¿Cómo ve el continente? ¿Cómo ve su tierra?

R. El problema es que Latinoamérica está sufriendo los efectos —que marqué mucho en la Laudato si’ — de un sistema económico en cuyo centro está el dios dinero, y entonces se cae en las políticas de exclusión muy grande. Y se sufre mucho. Y, evidentemente, hoy día Latinoamérica está sufriendo un fuerte embate de liberalismo económico fuerte, de ese que yo condeno en Evangelii gaudium cuando digo que “esta economía mata”. Mata de hambre, mata de falta de cultura. La emigración no es solo de África a Lampedusa o a Lesbos. La emigración es también desde Panamá a la frontera de México con EE UU. La gente emigra buscando. Porque los sistemas liberales no dan posibilidades de trabajo y favorecen delincuencias. En Latinoamérica está el problema de los cárteles de la droga, que sí, existen, porque esa droga se consume en EE UU y en Europa. La fabrican para acá, para los ricos, y pierden la vida en eso. Y están los que se prestan a eso. En nuestra patria tenemos una palabra para calificarlos: los cipayos. Es una palabra clásica, literaria, que está en nuestro poema nacional. El cipayo es aquel que vende la patria a la potencia extranjera que le pueda dar más beneficio. Y en nuestra historia argentina, por ejemplo, siempre hay algún político cipayo. O alguna postura política cipaya. Siempre la ha habido en la historia. Así que Latinoamérica tiene que rearmarse con formaciones de políticos que realmente den a Latinoamérica la fuerza de los pueblos. Para mí el ejemplo más grande es el de Paraguay de posguerra. Pierde la guerra de la triple alianza y prácticamente el país queda en manos de las mujeres. Y la mujer paraguaya siente que tiene que levantar el país, defender la fe, defender su cultura y defender su lengua, y lo logró. La mujer paraguaya no es cipaya, defendió lo suyo. A costa de lo que fuera, pero lo defendió, y repobló el país. Para mí es la mujer más gloriosa de América. Ahí tiene un caso de una actitud que no se entregó. Hay heroicidad. En Buenos Aires hay un barrio, a la orilla del Río de la Plata, cuyas calles tienen nombres de mujeres patriotas, que lucharon por la independencia, lucharon por la patria. La mujer tiene más sentido. Quizá exagero. Bueno, si exagero que me corrijan. Pero tiene más sentido de defender la patria porque es madre. Es menos cipaya. Tiene menos peligro de caer en el cipayismo.

P. Por eso duele tanto la violencia contra las mujeres, que es una lacra, en Latinoamérica y en tantos sitios…

R. En todos lados. En Europa… En Italia, por ejemplo, he visitado organizaciones de rescate de chicas prostitutas que son explotadas por europeos. Una me decía que fue traída de Eslovaquia en el baúl de un auto para poder pasarla. Y le dicen: tenés que traer tanto hoy, y si no traes eso, cobrás. Le pegan… ¿En Roma? En Roma. La situación de esas mujeres acá, ¡en Roma!, es de terror. En esa casa que visité yo había una que le habían cortado la oreja. Las torturan cuando no reúnen el dinero suficiente. Y las tienen agarradas porque las asustan, les dicen que les van a matar a los padres. Albanesas, nigerianas, incluso italianas. Una cosa muy linda es que estas asociaciones se dedican a ir por las calles, se acercan a ellas y, en vez de decirles “cuánto cobrás, cuánto costás”, les preguntan: "¿Cuánto sufrís?" ¡La primera vez que alguien les pregunta por el sufrimiento! Y las llevan a una colonia segura para que se recuperen. Yo visité una de esas colonias con chicas recuperadas el año pasado y había dos hombres, eran voluntarios. Y una me dijo: yo lo encontré a él. Se había casado con el hombre que le había salvado y estaban deseando tener un hijo. Y otra: este es mi novio, nos vamos a casar. El usufructo de la mujer es de las cosas más desastrosas que suceden, también aquí, en Roma. La esclavitud de la mujer.

P. ¿No cree que después del intento fallido de la teología de la liberación, la Iglesia ha perdido muchas posiciones en beneficio de otras confesiones e incluso sectas? ¿A qué se debe?

R. La teología de la liberación fue una cosa positiva en América Latina. Fue condenada por el Vaticano la parte que optó por el análisis marxista de la realidad. El cardenal Ratzinger hizo dos instrucciones cuando era perfecto de la Doctrina de la Fe. Una muy clara sobre el análisis marxista de la realidad. Y la segunda retomando aspectos positivos. La teología de la liberación tuvo aspectos positivos y también tuvo desviaciones, sobre todo en la parte del análisis marxista de la realidad.

Que el Mediterráneo se haya convertido en un cementerio nos tiene que hacer pensar.
P. Sus relaciones con Argentina. El Vaticano se ha convertido de tres años para acá en un lugar de peregrinaje de los políticos de distintos partidos. ¿Se ha sentido utilizado?

R. Ah, sí. Algunos me dicen “nos tomamos una foto de recuerdo, y le prometo que va a ser para mí y no la voy a publicar”. Y antes de salir por la puerta ya la ha publicado. [Sonríe] Bueno, si le hace feliz usarla el problema es suyo. Se disminuye la calidad de esa persona. El que usa tiene poca altura. Y qué voy a hacer. El problema es de él, no mío. Vienen muchos argentinos a la audiencia general. En Argentina siempre hubo mucho turismo, pero ahora pasar a una audiencia general del Papa es casi obligatorio. [Risas] Después los que vienen acá y que son amigos —yo viví 76 años en Argentina —, a veces mi familia, algunos sobrinos. Pero, usado, sí; hay gente que me ha usado, ha usado fotos, como si yo hubiese dicho cosas y cuando me preguntan, siempre respondo: no es problema mío, no hice declaraciones, si lo dijo él, es problema de él. Pero no entro en el juego del uso. Allá él con su conciencia.

P. Un tema recurrente es el del papel de los laicos y, sobre todo, de las mujeres en la Iglesia. Su deseo es que tengan mayores cuotas de influencia e incluso de decisión. Esos son sus deseos. ¿Hasta dónde cree que puede llegar?

R. El papel de la mujer no hay que buscarlo tanto por la funcionalidad, porque así vamos a terminar convirtiendo a la mujer, o al movimiento de la mujer en la Iglesia, en un machismo con faldas. No. Es mucho más importante que una reivindicación funcional. El camino de lo funcional está bien. La subdirectora de la sala de prensa vaticana es una mujer, la directora de los Museos Vaticanos es una mujer… Sí, lo funcional está bien. Pero a mí lo que me interesa es que la mujer nos dé su pensamiento, porque la Iglesia es femenina, es “la” Iglesia, no es "el" Iglesia, y es “la” esposa de Jesucristo, y ese es el fundamento teologal de la mujer. Y cuando me preguntan “sí, pero la mujer podría tener más…” ¿Pero qué era más importante el día de Pentecostés, la Virgen o los apóstoles? La Virgen. Lo funcional nos puede traicionar en el poner a la mujer en su sitio. Que hay que ponerla —sí, porque todavía falta mucho —, y trabajar para que pueda dar a la Iglesia la originalidad de su ser y de su pensamiento.

 El Papa, con Fidel Castro en una visita a La Habana en septiembre de 2015.
El Papa, con Fidel Castro en una visita a La Habana en septiembre de 2015. ALEX CASTRO AP
P. En algunos de sus viajes, se dirigía a los religiosos, tanto de la curia romana como de las jerarquías locales o incluso a curas y monjas, para pedirles más compromiso, más cercanía, incluso mejor humor. ¿De qué manera cree que se reciben esos consejos, esos cariñosos tirones de oreja?

R. En lo que más insisto es en la vecindad, en la cercanía. Y es bien recibido por lo general. Siempre hay grupos un poco más fundamentalistas, en todos los países, en Argentina los hay. Son grupos pequeños, yo los respeto, son gente buena que prefiere vivir así su religión. Yo predico lo que siento que el Señor me pide predicar.

P. En Europa cada vez se ven más curas y monjas procedentes del llamado tercer mundo. ¿A qué se debe este fenómeno?

R. Hace 150 años en América Latina se veían cada vez más curas y monjas europeos, y en África lo mismo y en Asia lo mismo. Las iglesias jóvenes fueron creciendo. En Europa lo que pasa es que no hay natalidad. Italia está bajo cero. Francia es la que creo que está más adelante por todas las leyes de apoyo a la natalidad. Pero no hay natalidad. El bienestar italiano de hace unos años acá cortó la natalidad. Preferimos ir de vacaciones, tenemos un perrito, un gatito…No hay natalidad, y si no hay natalidad no hay vocaciones.

P. En sus consistorios, ha creado cardenales de los cinco continentes. ¿Cómo le gustaría que fuese el cónclave que elija a su sucesor? ¿Cree que verá el próximo cónclave?

R. Que sea católico. Un cónclave católico que elija a mi sucesor.

P.- ¿Y lo verá?

R. Eso no lo sé. Que Dios lo decida. Cuando yo sienta que no pueda más, ya mi gran maestro Benedicto me enseñó cómo hay que hacerlo. Y si Dios me lleva antes, lo veré desde el otro lado. Espero que no desde el infierno… Pero que sea un cónclave católico.

P. Se le ve muy contento de ser Papa.

R. El Señor es bueno y no me quitó el buen humor.


http://internacional.elpais.com/internacional/2017/01/21/actualidad/1485022162_846725.html

Ángelus de ayer del Papa Francisco: 22-1-2017.


El comienzo de la predicación de Jesús junto al mar de Galilea, tierra de paganos, nos indica que esta no se dirigía de forma exclusiva a los judíos, sino a toda la humanidad; y que el modo como llamó a sus primeros discípulos muestra que el Señor se revela a nosotros de un modo extraordinario, pero siempre en la cotidianidad de nuestra vida.

Desde Galilea, “un lugar impensable”, se difunde la luz de Cristo que salva a la humanidad.

Jesús deja Nazaret, un pueblecito de las montañas, y se establece en Cafarnaum, un núcleo importante junto a la ribera del lago de Galilea, habitado principalmente por paganos, punto de encuentro entre el Mediterráneo y las tierras interiores de Mesopotamia. Esta elección indica que el destinatario de su predicación no son sólo sus compatriotas, sino todos los que llegaban a la cosmopolita Galilea de los gentiles.

Vista desde la capital, Jerusalén, aquella tierra era geográficamente periférica, y religiosamente impura por la mezcla que había con los que no pertenecían a Israel. “De Galilea no se esperaban grandes cosas para la historia de la Salvación. Sin embargo, desde allí mismo se difunde aquella luz, la luz de Cristo.

El mensaje de Jesús, el mensaje del Bautista, que anunciaba el Reino de los Cielos. Este reino no supone la instauración de un nuevo poder político, sino el cumplimiento de la alianza entre Dios y su pueblo que inaugurará un período de paz y justicia. Para aplicar este pacto de alianza con Dios, cada uno de nosotros está llamado a convertirse transformando nuestro particular modo de pensar y de vivir.

La relación existente entre la predicación de Jesús y la de San Juan Bautista: Lo que diferencia a Jesús de San Juan Bautista es el estilo y el método. Jesús elige ser un profeta itinerante. No se queda esperando a las personas, sino que se mueve al encuentro de ellas.

Cuando Jesús llama junto al mar de Galilea a los dos grupos de hermanos, que estaban pescando en ese momento, para ser sus discípulos, Simón y Andrés, por un lado, y Santiago y Juan, por otro, les llama diciendo: Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.

La llamada llega a ellos cuando están en medio de su actividad cotidiana: el Señor se revela a nosotros de un modo extraordinario, pero siempre en la cotidianidad de nuestra vida. La respuesta de los cuatro pescadores es inmediata: dejaron lo que estaban haciendo y le siguieron. Sabemos, de hecho, que eran discípulos del Bautista y que, gracias a su testimonio, ya habían comenzado a creer en Jesús como el Mesías.

Nosotros, los cristianos de hoy, tenemos la alegría de proclamar y testimoniar nuestra fe porque se produjo aquel primer anuncio, porque aquellos hombres humildes y valientes respondieron generosamente a la llamada de Jesús.

Junto a la orilla del lago, en una tierra impensable, nació la primera comunidad de discípulos de Cristo.

Lunes. Rezamos por la Unidad de los Cristianos.


- Miqueas 6, 6-8

Se te ha hecho conocer lo que está bien

- Salmo 25, 1-5

Señor, muéstrame tus caminos

- 1 Juan 4, 19-21

Amemos, pues, nosotros porque Dios nos amó primero

- Mateo 16, 24-26

El que entregue su vida por mi causa, ese la encontrará

- Comentario

Por medio de la muerte y la resurrección de Jesucristo hemos sido liberados de crearnos nuestro propio sentido y de vivir solo a partir de nuestras fuerzas. Por el contrario, vivimos en el poder dador de vida de Cristo, que vivió, murió y resucitó por nosotros. Cuando «perdemos» nuestra vida por él, la encontramos.

Los profetas se enfrentaron constantemente a la pregunta acerca del modo correcto de vivir cara a Dios. El profeta Miqueas encontró una respuesta muy clara a esta pregunta: «respetar el derecho, practicar con amor la misericordia y caminar humildemente con tu Dios». El autor del salmo 25 sabía que no podemos hacer esto por nuestra cuenta y clamaba a Dios para que le diera luz y fuerza.

En los últimos años, el aislamiento social y la creciente soledad se han vuelto asuntos importantes en Alemania, como también en otras sociedades contemporáneas. Los cristianos están llamados a desarrollar nuevas formas de vida comunitaria en las que compartimos nuestros medios de sustento con los demás y afianzamos la ayuda entre las generaciones. El llamamiento evangélico a no vivir para nosotros mismos sino para Cristo es también un llamamiento a abrirnos a los demás y a romper las barreras que nos aíslan.

- Preguntas

¿De qué manera nuestra cultura nos tienta a vivir solo para nosotros mismos en vez de para los demás?
¿De qué formas podemos vivir para los demás en nuestra vida de todos los días?
¿Cuáles son las implicaciones ecuménicas del llamamiento a no vivir ya para nosotros mismos?

- Oración

Dios Padre nuestro,
en Jesucristo nos has liberado para una vida que va más allá de nosotros mismos.
Condúcenos con tu Espíritu
y ayúdanos a vivir nuestras vidas como hermanos y hermanas en Cristo,
que vivió, sufrió, murió y resucitó por nosotros
y que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Ayer celebramos la Jornada de la Infancia Misionera.


¿Qué es?

Infancia Misionera forma dentro de la Iglesia forma una red de solidaridad universal cuyos principales protagonistas son los niños.

¿Qué ofrece?

Infancia Misionera da a los niños un papel protagonista en el servicio misionero
Infancia Misionera es una Escuela de formación: Educa en la fe y solidaridad misionera, y enseña a los niños a seguir a Jesús y a ayudar a otros niños del mundo.
Infancia Misionera financia proyectos: Encauza las aportaciones de estos niños, que sostienen proyectos de ayuda a la Infancia en los Territorios de Misión.

Pionera en la defensa de la Infancia

Nació en 1843 en Francia, cuando monseñor Forbin Janson recurrió a los niños de su diócesis -en vez de a grandes benefactores- para ayudar a los niños necesitados en China. Desde entonces defiende la dignidad y la aportación de los niños a la sociedad y a la Iglesia.

Infancia Misionera se adelanta 80 años a la Declaración de los Derechos del Niño de Ginebra, y 100 años al nacimiento de UNICEF.

¿Quién lo organiza?

Obras Misionales Pontificias, institución de la Santa Sede encargada de fomentar y buscar medios materiales para la actividad misionera de la Iglesia, se compone de cuatro obras. La Obra Pontificia de Infancia Misionera es la responsable de la campaña de INFANCIA MISIONERA.

Miles de niños de todos los continentes participan en la Obra Pontificia de Infancia Misionera, cuyo lema es “Los niños ayudan a los niños”.