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22 febrero 2021

Inmatriculaciones de la Iglesia.

 



Hoy celebramos la fiesta de la Cátedra de san Pedro, apóstol.





La Cátedra de san Pedro, desde el siglo IV, con esta celebración se quiere destacar el hecho de que, como un don de Jesucristo para nosotros, el edificio de su Iglesia se apoya sobre el Príncipe de los Apóstoles, quien goza de una ayuda divina peculiar para realizar esa misión. 
Así lo manifestó el Señor en Cesarea de Filipo: «Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mt 16,18). 

"Allí donde está tu tesoro está tu corazón agradecido"



 

21 febrero 2021

Reflexión. Domingo I de Cuaresma.



Este primer domingo de cuaresma, comienza con un camino en el desierto. No debemos mirarlo como un momento de tristeza, de miedo o con la sensación de que Dios nos está apuntando con el dedo para pillarnos y condenarnos.

Cuaresma es tiempo de tranquilidad. De encuentro con ese Dios AMOR que se hace hombre como nosotros. Que se abaja para compartir nuestra condición humana y que es tentado.

En este tiempo cuaresmal debemos descubrir en nuestras tentaciones y dificultades, que Dios está a nuestro lado. Nos levanta cuando nos caemos, que ilumina nuestra vida a pesar de la oscuridad, que le pone colores a nuestro día, aunque esté pintado de negro por nuestra fragilidad y nuestro pecado. Es un buen momento para poner un STOP en nuestra vida.

Reconocer mi desierto personal: Ese momento concreto que puedo estar pasando, que puede tener una dificultad, no sentirme valorado.

Ponerles nombre a mis tentaciones: Ser humilde y reconocer en que situaciones caigo, que es lo que me aparta de Dios, del Evangelio, del hermano que sufre. Pedir ayuda al Señor: Contemplar a Jesús y pedirle fuerza para mi conversión. Aunque me cueste. Confiar y fortalecer la voluntad para que pueda conseguir aquello que me propongo.

Nos pasará como le sucedió a Noé (En la Primera Lectura) que Dios le manda hacer un arca, y sus paisanos se reían. No entendían que hacía construyendo un arca porque hacía buen tiempo. Pero aparece el diluvio, y gracias a la confianza y perseverancia, después llega el momento de la tranquilidad y del buen tiempo.

No debemos tirar la toalla en momentos en los que, como Noé, tengamos que construir.

Dios hace un plan sobre cada uno de nosotros. Esto no quiere decir que todo sea color de rosas. Pero, la confianza, valentía y la seguridad de que Dios no nos abandona, debe ser nuestro oxígeno en esta escalada cuaresmal y para toda nuestra vida. Especialmente en los momentos que nos sintamos en noches oscuras. Sepamos ser constantes como Noé y actuemos en nuestro mundo como Dios quiere.

Marcos, nos enseña en su Evangelio, que Jesús es llevado al desierto. Un lugar que representa la dureza, dificultad, aridez… Y, aplicado a nuestra vida, pueden existir diferentes tipos: interior, exterior, problemas. Que nos ayudan a no tirar la toalla. A seguir adelante, aunque en algunos momentos, no sepamos a donde dirigirnos o como salir de ello. Juan el Bautista, termina su misión de precursor y da paso a Jesús. Comienza su misión de llevar a cumplimiento lo que Dios le ha confiado. Muchos pensarán que ¿por qué hizo eso? Y la respuesta, es que Jesús se hace uno de nosotros. Él tiene las mismas tentaciones, pero se deja guiar por el Espíritu. Ese mismo que nosotros recibimos en el Bautismo, pero que lo ahogamos con nuestra comodidad en el pecado.

Vemos a un Jesús humano. Que hace lo mismo que el resto, pero, con la diferencia en que no se deja vencer. La alianza que Dios ha hecho con su pueblo no la rompe nada. Ni la tentación. Por eso, el Espíritu lo empuja al desierto. Para que ahí se note que Dios no abandona a nadie.

Le pedimos a la Virgen que este comienzo de la cuaresma, no nos dejemos arrastrar por las múltiples tentaciones que tenemos a nuestro alrededor. Con Dios, toda tentación es salvada.


Evangelio. Domingo I de Cuaresma.


+ Lectura del Santo Evangelio según San Marcos.


En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?». Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas». Díceles Él: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo».

Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

17 febrero 2021

Reflexión. Miércoles de ceniza.

 

Comenzamos el tiempo de cuaresma. Esto conlleva prepararnos más íntimamente para celebrar la pasión muerte y resurrección del Señor. En la celebración del miércoles de ceniza, se nos impondrá la ceniza en nuestras cabezas mientras el sacerdote nos dice: “Conviértete y cree en el Evangelio” o también “En polvo eres y en polvo de convertirás.

En el Antiguo Testamento, ya se venía celebrando el rito de la ceniza, cuando se cubrían entero la cabeza, señal de penitencia, de duelo. Era un gesto exterior acompañado de un cambio interior de la persona.

Que esta Santa Cuaresma no nos limitemos a gestos externos. Que la conversión y el cambio sea radical desde nuestro interior, de nuestro corazón. Oración, penitencia y ayudo (no sólo deja de comer alimentos, sino de otras muchas cosas que nos tienen atados).

----------En la Primera Lectura de la Profecía de Joel,

vemos como está cargada de rituales. Un pueblo que vive una situación “inapropiada”, que ha sido infiel a Yahvé, necesita un cambio radical. Empiezan un ritual de llantos y luto, para que se asemeje a un tiempo penitencial. La idea no es cambiar a Dios, es que el pueblo se de cuenta que el camino que andan no es el correcto. Ellos necesitan un cambio para que corrijan el error. Al cambiar de actitud, vuelve a tener una oportunidad, porque Dios perdona y es misericordioso.

----------En la Segunda Lectura de la Carta de Pablo a los Corintios,

es una de las más bonitas. En ella se expresa como la reconciliación de Dios con el hombre y con la mujer ya ha tenido lugar. No es una reconciliación futura. No es una reconciliación de “si nos portamos bien, tendremos el premio al final…” no. Este premio de la reconciliación ya se nos ha dado por medio de Cristo. Otra cosa es que nosotros elijamos ser cada día mejores o hacer lo que queremos en cada momento… Pero el perdón y la salvación ya la tenemos. De nosotros depende (como dije antes) escoger ese camino, o escoger otro. Dios perdona todo, pero respeta nuestra libertad.

----------En el Evangelio de Mateo,

nos narra una de las cosas en la que solemos caer bastantes veces: practicar para que las personas nos vean, dar limosna y contarlo… Esto es lo que Jesús nos viene a decir hoy: CUIDADO. Eso que les gustan los primeros puestos, los que cuentan si dan limosna o encienden muchas luces para que vean que están rezando: Cuidado. Algo falla. Como hemos visto en la primera lectura, el pueblo de Israel hacía muchos actos rituales cara al exterior, y esto mismo en el Evangelio dice Jesús que no. Que no tenemos que hacer las cosas para que nos vean. Seguir a Jesús, es ir en silencio por la vida, pero actuando coherentemente con el Evangelio. Lo importante es ir cambiando nosotros mismos, ir haciendo una conversión radical de nuestras actitudes. Lo importante es que Dios ve en lo escondido y él nos premiará.

Le pedimos a la Virgen María, que interceda por nosotros para que nos ayude a integrar esta Santa Cuaresma en nuestro día a día y que nos ayude a desprendernos de esas cosas que nos separan del evangelio y fortalecer nuestra voluntad. Buen comienzo de Cuaresma.



https://www.revistaecclesia.com/

Evangelio. Miércoles de ceniza.


+ Lectura del Santo Evangelio según San Mateo.


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
»Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 
Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».

MIERCOLES DE CENIZA



 

16 febrero 2021

Mensaje del Papa Francisco para esta Cuaresma.






Queridos hermanos y hermanas:


Cuando Jesús anuncia a sus discípulos su pasión, muerte y resurrección, para cumplir con la voluntad del Padre, les revela el sentido profundo de su misión y los exhorta a asociarse a ella, para la salvación del mundo.

Recorriendo el camino cuaresmal, que nos conducirá a las celebraciones pascuales, recordemos a Aquel que «se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz» (Flp 2,8). En este tiempo de conversión renovemos nuestra fe, saciemos nuestra sed con el “agua viva” de la esperanza y recibamos con el corazón abierto el amor de Dios que nos convierte en hermanos y hermanas en Cristo. En la noche de Pascua renovaremos las promesas de nuestro Bautismo, para renacer como hombres y mujeres nuevos, gracias a la obra del Espíritu Santo. Sin embargo, el itinerario de la Cuaresma, al igual que todo el camino cristiano, ya está bajo la luz de la Resurrección, que anima los sentimientos, las actitudes y las decisiones de quien desea seguir a Cristo.

El ayuno, la oración y la limosna, tal como los presenta Jesús en su predicación (cf. Mt 6,1-18), son las condiciones y la expresión de nuestra conversión. La vía de la pobreza y de la privación (el ayuno), la mirada y los gestos de amor hacia el hombre herido (la limosna) y el diálogo filial con el Padre (la oración) nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante.

1. La fe nos llama a acoger la Verdad y a ser testigos, ante Dios y ante nuestros hermanos y hermanas.

En este tiempo de Cuaresma, acoger y vivir la Verdad que se manifestó en Cristo significa ante todo dejarse alcanzar por la Palabra de Dios, que la Iglesia nos transmite de generación en generación. Esta Verdad no es una construcción del intelecto, destinada a pocas mentes elegidas, superiores o ilustres, sino que es un mensaje que recibimos y podemos comprender gracias a la inteligencia del corazón, abierto a la grandeza de Dios que nos ama antes de que nosotros mismos seamos conscientes de ello. Esta Verdad es Cristo mismo que, asumiendo plenamente nuestra humanidad, se hizo Camino —exigente pero abierto a todos— que lleva a la plenitud de la Vida.

El ayuno vivido como experiencia de privación, para quienes lo viven con sencillez de corazón lleva a descubrir de nuevo el don de Dios y a comprender nuestra realidad de criaturas que, a su imagen y semejanza, encuentran en Él su cumplimiento. Haciendo la experiencia de una pobreza aceptada, quien ayuna se hace pobre con los pobres y “acumula” la riqueza del amor recibido y compartido. Así entendido y puesto en práctica, el ayuno contribuye a amar a Dios y al prójimo en cuanto, como nos enseña santo Tomás de Aquino, el amor es un movimiento que centra la atención en el otro considerándolo como uno consigo mismo (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 93).

La Cuaresma es un tiempo para creer, es decir, para recibir a Dios en nuestra vida y permitirle “poner su morada” en nosotros (cf. Jn 14,23). Ayunar significa liberar nuestra existencia de todo lo que estorba, incluso de la saturación de informaciones —verdaderas o falsas— y productos de consumo, para abrir las puertas de nuestro corazón a Aquel que viene a nosotros pobre de todo, pero «lleno de gracia y de verdad» (Jn 1,14): el Hijo de Dios Salvador.

2. La esperanza como “agua viva” que nos permite continuar nuestro camino

La samaritana, a quien Jesús pide que le dé de beber junto al pozo, no comprende cuando Él le dice que podría ofrecerle un «agua viva» (Jn 4,10). Al principio, naturalmente, ella piensa en el agua material, mientras que Jesús se refiere al Espíritu Santo, aquel que Él dará en abundancia en el Misterio pascual y que infunde en nosotros la esperanza que no defrauda. Al anunciar su pasión y muerte Jesús ya anuncia la esperanza, cuando dice: «Y al tercer día resucitará» (Mt 20,19). Jesús nos habla del futuro que la misericordia del Padre ha abierto de par en par. Esperar con Él y gracias a Él quiere decir creer que la historia no termina con nuestros errores, nuestras violencias e injusticias, ni con el pecado que crucifica al Amor. Significa saciarnos del perdón del Padre en su Corazón abierto.

En el actual contexto de preocupación en el que vivimos y en el que todo parece frágil e incierto, hablar de esperanza podría parecer una provocación. El tiempo de Cuaresma está hecho para esperar, para volver a dirigir la mirada a la paciencia de Dios, que sigue cuidando de su Creación, mientras que nosotros a menudo la maltratamos (cf. Carta enc. Laudato si’, 32-33;43-44). Es esperanza en la reconciliación, a la que san Pablo nos exhorta con pasión: «Os pedimos que os reconciliéis con Dios» (2 Co 5,20). Al recibir el perdón, en el Sacramento que está en el corazón de nuestro proceso de conversión, también nosotros nos convertimos en difusores del perdón: al haberlo acogido nosotros, podemos ofrecerlo, siendo capaces de vivir un diálogo atento y adoptando un comportamiento que conforte a quien se encuentra herido. El perdón de Dios, también mediante nuestras palabras y gestos, permite vivir una Pascua de fraternidad.

En la Cuaresma, estemos más atentos a «decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan», en lugar de «palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian» (Carta enc. Fratelli tutti [FT], 223). A veces, para dar esperanza, es suficiente con ser «una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia» (ibíd., 224).

En el recogimiento y el silencio de la oración, se nos da la esperanza como inspiración y luz interior, que ilumina los desafíos y las decisiones de nuestra misión: por esto es fundamental recogerse en oración (cf. Mt 6,6) y encontrar, en la intimidad, al Padre de la ternura.

Vivir una Cuaresma con esperanza significa sentir que, en Jesucristo, somos testigos del tiempo nuevo, en el que Dios “hace nuevas todas las cosas” (cf. Ap 21,1-6). Significa recibir la esperanza de Cristo que entrega su vida en la cruz y que Dios resucita al tercer día, “dispuestos siempre para dar explicación a todo el que nos pida una razón de nuestra esperanza” (cf. 1 P 3,15).

3. La caridad, vivida tras las huellas de Cristo, mostrando atención y compasión por cada persona, es la expresión más alta de nuestra fe y nuestra esperanza.

La caridad se alegra de ver que el otro crece. Por este motivo, sufre cuando el otro está angustiado: solo, enfermo, sin hogar, despreciado, en situación de necesidad… La caridad es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que suscita el vínculo de la cooperación y de la comunión.

«A partir del “amor social” es posible avanzar hacia una civilización del amor a la que todos podamos sentirnos convocados. La caridad, con su dinamismo universal, puede construir un mundo nuevo, porque no es un sentimiento estéril, sino la mejor manera de lograr caminos eficaces de desarrollo para todos» (FT, 183).

La caridad es don que da sentido a nuestra vida y gracias a este consideramos a quien se ve privado de lo necesario como un miembro de nuestra familia, amigo, hermano. Lo poco que tenemos, si lo compartimos con amor, no se acaba nunca, sino que se transforma en una reserva de vida y de felicidad. Así sucedió con la harina y el aceite de la viuda de Sarepta, que dio el pan al profeta Elías (cf. 1 R 17,7-16); y con los panes que Jesús bendijo, partió y dio a los discípulos para que los distribuyeran entre la gente (cf. Mc 6,30-44). Así sucede con nuestra limosna, ya sea grande o pequeña, si la damos con gozo y sencillez.

Vivir una Cuaresma de caridad quiere decir cuidar a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia a causa de la pandemia de COVID-19. En un contexto tan incierto sobre el futuro, recordemos la palabra que Dios dirige a su Siervo: «No temas, que te he redimido» (Is 43,1), ofrezcamos con nuestra caridad una palabra de confianza, para que el otro sienta que Dios lo ama como a un hijo.

«Sólo con una mirada cuyo horizonte esté transformado por la caridad, que le lleva a percibir la dignidad del otro, los pobres son descubiertos y valorados en su inmensa dignidad, respetados en su estilo propio y en su cultura y, por lo tanto, verdaderamente integrados en la sociedad» (FT, 187).

Queridos hermanos y hermanas: Cada etapa de la vida es un tiempo para creer, esperar y amar. Este llamado a vivir la Cuaresma como camino de conversión y oración, y para compartir nuestros bienes, nos ayuda a reconsiderar, en nuestra memoria comunitaria y personal, la fe que viene de Cristo vivo, la esperanza animada por el soplo del Espíritu y el amor, cuya fuente inagotable es el corazón misericordioso del Padre.

Que María, Madre del Salvador, fiel al pie de la cruz y en el corazón de la Iglesia, nos sostenga con su presencia solícita, y la bendición de Cristo resucitado nos acompañe en el camino hacia la luz pascual.
 

Roma, San Juan de Letrán, 11 de noviembre de 2020, memoria de san Martín de Tours.

14 febrero 2021

Reflexión. Domingo VI del Tiempo Ordinario.



En este Domingo VI del Tiempo Ordinario y a las puertas del tiempo cuaresmal, las lecturas que la Iglesia nos pone para nuestra reflexión, se centran en un verbo: Curación.

Vemos tanto en la primera lectura del Levítico como en el Evangelio de Marcos, como hablan de la enfermedad de la lepra y como trataban a los que estaban contagiados por ella. Jesús viene a superar la ley de lo impuro, puro y excluido. Jesús cura e integra a TODOS por igual. Para él no hay discriminación. Su única preocupación es que nos dejemos contagiar por su AMOR permanente y que seamos transmisores nosotros de eso que hemos recibido.
Hoy también la Iglesia celebra la Jornada de Manos Unidas.

----------La primera lectura del Levítico 

nos habla que el que está contagiado, es una persona impura, está fuera de la ciudad, nadie se puede acercar y tendrá que llevar una campana diciendo “soy impuro”.
Aquella sociedad ni en el ámbito religioso ni social, el leproso era una persona castigada y por eso no podía relacionarse con nadie. Y si se curaba, tenía que ir al sacerdote, certificarlo y así es cuando podía volver a la ciudad y relacionarse.

----------La segunda Lectura de Pablo a los Corintios 

contiene una serie de normas concretas de vida cristiana. En primer lugar, un consejo ordenado a dar a toda la existencia un valor sagrado practicando las acciones más humanas, es decir, comer, beber, trabajar, en el más alto nivel de preocupación religiosa: la gloria de Dios. También otra preocupación es la vida cristiana. Debe ser un testimonio coherente para los demás. No provocar extrañeza con la propia conducta al prójimo. Y todo esto, se encierra en la caridad. Procurar agradar a todos evitando el egoísmo, la soberbia… Lo que popularmente se llama «el siempre yo yo». Ya no es un yo. Es un nosotros. Por eso el apóstol les pide y nos pide que seamos fieles imitadores de Cristo.

----------En el Evangelio de Marcos, 

Jesús rompe con toda la tradición tanto social como religiosa. Él mira con compasión al enfermo de lepra. Lo acoge, lo toca y lo sana. Para Jesús no hay barrera que le impida acercarse a una persona. Él busca la dignidad de aquel hombre que le llama para que lo cure. Y esta actuación nos tiene que hacer pensar y preguntarnos cómo tratamos nosotros a los últimos de nuestra sociedad, a los marginados, a los que tienen una enfermedad contagiosa, etcétera. A veces actuamos desde nuestra comodidad, viendo como otros lo hacen, se acercan y ayudan. Nos llamamos cristianos y seguidores de Jesús, pero no nos machamos las manos. No queremos implicarnos. Jesús nos invita hoy a que nos impliquemos. A que no tengamos miedo de tocar, acoger y acompañar a personas que están marginadas o con alguna enfermedad. Que no juzguemos, que no nos estemos parado.

Tenemos que actuar y dejar que Dios se manifieste en nosotros a través de nuestros actos. Pero para esto, nos tendríamos que hacer varias preguntas: ¿Qué haría Jesús en mi lugar? ¿Cómo actuaría Jesús hoy frente a la marginación?

Pidamos a la Virgen María por todos los enfermos, que ella sea el consuelo para tantas personas que están desesperanzadas por alguna enfermedad o problema.



Evangelio. Domingo VI del Tiempo Ordinario.


+ Lectura del Santo Evangelio según San Marcos.


En aquel tiempo, se acerca a Jesús un leproso suplicándole, y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio». Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: «Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio». Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a Él de todas partes.

Jornada de MANOS UNIDAS

 


07 febrero 2021

Reflexión.


La Iglesia nos invita a que nos miremos a nosotros mismo y reflexionemos de qué forma evangelizamos, a quién le evangelizamos y si somos capaces de sanar, acompañar y acoger a esas personas que están a nuestro alrededor y necesitan de nuestra ayuda. 
Vemos a Jesús como el que sana los corazones que están destrozados, venda las heridas y su misión es curar a los enfermos de diferentes males y a predicar por las aldeas cercanas.

---------En la Primera Lectura de Job,

compara que su vida es peor que la del esclavo o del mercenario. Vemos como después de todo, Job, se queda sin esperanza y se dirige a Dios en una larga y profunda súplica. Su vida, al no tener sentido y estar en lo que popularmente llamaría Santa Teresa “la noche oscura” por la que pasa toda persona humana, Job, se aferra a que Dios le ayude a ver la Luz. El resultado de esta lectura es acudir a Dios en todo momento: bueno y malo.

-----------En la Segunda Lectura de la carta de Pablo a los Corintios,

el apóstol habla de la “Buena Noticia” de la salvación. Y lo hace, porque desde que se dejó encontrar por Jesús, su vida cambió. Ya no puede vivir de otra forma, sino vivir para anunciar la Buena Noticia de Jesús. Ya no hay excusas para no predicar. Todos estamos llamados desde nuestro Bautismo a ser profetas. Predicar no solo es obligación del Papa, del obispo, del sacerdote o de los consagrados. Es una obligación de todos y cada uno de los que formamos la Iglesia. Y la Iglesia la forman TODOS los bautizados. Dar a conocer a Jesús es saberse identificarse con su vida y sus actos. Para esto se necesita ser valientes.

----------En el Evangelio de Marcos,

deja claro tres verbos: Curar, Sanar y Predicar. Cura a la suegra de Pedro en contexto familiar de una casa; Sana a muchas personas de diferentes dolencias y después se va a cumplir otra de las misiones: Predicar. Jesús no busca que lo aplaudan, ni hacer curaciones sin sentido como de un mago con poderes sobrehumanos. En Jesús, curar es una expresión de la fuerza y del amor INCONDICIONAL de Dios para con la humanidad. Se acerca a las personas, las toca, les coge de la mano, les habla, les cura. No es un Jesús que guarda distante, que necesita seguridad para que nadie le toque, no busca el primer puesto, ni lleva una secretaria para organizarle a quién tiene que recibir y cuándo.
Jesús, al amarnos, nos cura. Y porque nos ama, está cerca de quién le necesita, está en medio de la gente. Y el amor, hace que no esté quieto, no le importa mancharse las manos de quién necesita una curación o una palabra de aliento.

Que María, nuestra madre, nos ayude a ser valientes como Jesús, para que podamos salir de nuestras comodidades y de nuestros “tronos de poder” y estar al lado de las personas más necesitadas. Que nuestro poder sea el servicio. Porque al servir estamos reinando.



Evangelio.



+ Lectura del Santo Evangelio según San Marcos.


En aquel tiempo, cuando Jesús salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles. Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.
De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan». Él les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido». Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

02 febrero 2021

Hoy celebramos el 136 aniversario de la fundación de Hermanas Trinitarias de Madrid.





Demos gracias a Dios por los fundadores el Padre Méndez y Madre Mariana, y por el carisma que con tanto cariño transmitieron a sus hijos e hijas hasta hoy.

Reflexión. Presentación del Señor en el templo.


Cuarenta días después del Nacimiento de Jesús, la Virgen María y San José lo llevaron al templo para presentarlo y ofrecerlo a Dios. Jesús, en ese momento, se presenta a todos nosotros como Luz para alumbrar a todas las naciones y para dar gloria.
Hoy también celebramos la Jornada de la Vida Consagrada con el lema «La vida consagrada, parábola de fraternidad en un mundo herido»

La Vida Consagrada está llamada a ser signo de Dios en medio del mundo. Cada religioso y religiosa tiene que ser reflejo y sonrisa de ese Dios que es Amor, encarnado en su Hijo Jesucristo.

Ser religioso/a es santificarse día a día siguiendo a esa persona concreta, con nombre y apellido —Jesucristo—, mediante unos votos, para poder vivir en pobreza, castidad y obediencia bajo la ayuda del carisma, y ser cada día otro Cristo en el mundo.

Ser consagrado/a es tener un estilo de vida que se asemeje en todos los momentos del día a Cristo de un modo particular, que es el carisma que ha suscitado el Espíritu Santo a cada fundador o fundadora.

Sin embargo, entregarse a Dios no es solamente cosas de religiosos y religiosas, sino de todo cristiano. Es dejarse empapar por ese óleo por el que un día fuimos ungidos en nuestro bautismo: el Santo de Crisma, y repartir ese buen olor del verdadero AMOR que es Dios a través de nuestro prójimo, especialmente, los últimos de la sociedad. Y todo esto se fundamenta en dos pilares: la Oración y la Eucaristía, donde se sostiene la vida del que se consagra por completo a Jesús.

Feliz día de la vida consagrada y que María la Virgen nos ayude a ser verdaderos testigos de ese Amor Verdadero en nuestro mundo. Un AMOR, que NO falla, perdona y se nos regala gratuitamente.



Evangelio. Presentación del Señor en el Templo.


+ Lectura del Santo Evangelio según San Lucas.


Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor» y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.
Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre Él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel». Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él.

Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción —¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!— a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones».

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él.