18 septiembre 2017

Hoy celebramos la fiesta de Santa Purísima de la Cruz.


María Isabel Salvat Romero nació el 20 de febrero de 1.926, en el que hoy es el número 25 de la calle Claudio Coello en pleno corazón del Madrid de los Austrias.
Era hija de Ricardo Salvat Albert, malagueño, y de Margarita Romero Ferrer, madrileña, siendo la tercera de ocho hermanos.

Fue bautizada en la Parroquia de la Concepción en la madrileña calle de Goya. Completó sus estudios primarios y el bachillerato en el colegio de las Madres Irlandesas de la calle Velázquez, en el que recibió su primera comunión con seis años.
Al estallar la Guerra Civil en julio de 1.936 la familia se trasladó a Figueira da Foz (Portugal), regresando un año después a España e instalándose en la capital donostiarra. Finalizada la guerra la familia volvió a Madrid.

La adolescencia de María Isabel transcurrió en un ambiente cultural y religioso muy significativo. Era una joven elegante, de alto nivel social, guapa, simpática y muy ocurrente; aunque poco habladora; su porte elegante y señorial denotaba un alma llena de Dios.

Era muy atractiva y tenía muchas amigas, todas ellas pertenecientes a un nivel social alto, entre las que Mª Isabel era muy querida. Acudió a fiestas y alternó con amigos pertenecientes a familias conocidas de sus padres.
Al mismo tiempo su vocación seguía madurando en su interior.

Con su amiga Maricar Ibáñez (que posteriormente se haría irlandesa) solía visitar conventos. Así, en 1.942, tuvo lugar su primer encuentro con las Hermanas de la Cruz.
Su vocación encontró la complicidad materna, no así la paterna que trató -por todos los medios- de evitar que se convirtiera en monja.

Al alcanzar la mayoría de edad, el 10 de diciembre de 1.943, hace la Consagración a la Virgen y recibe la medalla de hija de María de su colegio de las Irlandesas.
El 21 de julio del siguiente año aprueba el bachillerato superior en la Universidad de Madrid.
El 8 de diciembre de 1.944, con 18 años de edad ingresó como postulante en el Instituto de Hermanas de la Compañía de la Cruz en Sevilla.
El 9 de junio de 1.945, tomó el hábito bajo el nombre de Sor María de la Purísima de la Cruz.
El 27 de junio de 1.947, hizo su profesión temporal, y el 9 de diciembre de 1.952, los votos perpetuos.

Con anterioridad a ser elegida Madre General en Sevilla, estuvo destinada en diferentes conventos y ejerció como directora del colegio.
En 1.966 ostentó el cargo de Maestra de Novicias. En 1.969 el de Provincial y en 1.970 es nombrada tercera consejera general.
El 11 de febrero de 1.977 fue elegida Madre General, cargo que ostentaría durante 22 años, al ser reelegida por unanimidad en 1.983, 1.989 y 1.995.

Austera y pobre para sí misma -«De lo poco, poco», solía decir- hacía vivir a las hermanas el espíritu del Instituto en la fidelidad a las casas pequeñas y se entregó a todos los que la necesitaban, especialmente a las niñas de los internados.
También los pobres y enfermos ocupaban un lugar privilegiado en su corazón.
Así atendía con verdadero cariño a las ancianas enfermas.
Diariamente por la mañana iba para atenderlas: las lavaba, les hacía la comida, les lavaba la ropa. Y siempre se reservaba los trabajos más duros y penosos.

Gobernó la Compañía con incansable celo y gigante espíritu de Hermana de la Cruz. Su ideal fué hacer vida el carisma de la Santa Madre Fundadora y con su vida sencilla, humilde y llena de fe, supo dar ejemplo. Fue fiel seguidora de su obra, y ha dejado en el corazón de todas sus hijas deseos ardientes de imitar su amor a Dios y a su Santo Instituto. Como Madre General asistió a la beatificación de Santa Ángela de la Cruz.
El 2 de febrero de 1.997 murió su madre con 96 años de edad.


Meditar y Rezar el Salmo 50.


Ayer, Domingo XXIV del Tiempo Ordinario, para nuestra oración personal, podríamos rezar y meditar el Salmo 50: “Misericordia, Dios mío, por tu bondad”, que se reza los viernes en la Liturgia de las Horas.

Es una invocación a Dios, y pone en relieve a un Dios que tiene piedad, compasión, que se abaja tanto a la creatura, que se hace uno de ellos.
Vemos como el pecador implora confiadamente su misericordia y Dios muestra su fidelidad paterna. Este salmo, restaura la relación con Dios y el Hombre.


Salmo 50.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.
En la sentencia tendrás razón, en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero, y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío, y cantará mi lengua tu justicia.

Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.


17 septiembre 2017

Evangelio. Domingo XXIX del Tiempo Ordinario.


Según San Mateo 18, 21 - 35.

En aquel tiempo, Pedro preguntó a Jesús: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?». Dícele Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré’. Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. 

»Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes’. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré’. Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. 

»Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’. Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano».


Reflexión.

El perdón es un don, una gracia que procede del amor y la misericordia de Dios. Para Jesús, el perdón no tiene límites, siempre y cuando el arrepentimiento sea sincero y veraz. Pero exige abrir el corazón a la conversión, es decir, obrar con los demás según los criterios de Dios.

Reflexión. Domingo XXIX del Tiempo Ordinario.


¡Feliz Domingo, Día del Señor!

Hoy, las lecturas que nos propone la liturgia para este Domingo XXIV del Tiempo Ordinario, nos habla del amor y el perdón. Dos pilares que, para los que nos llamamos Cristianos, debe ser fundamental e imprescindible. No podemos ir a celebrar la Eucaristía, si no hemos perdonado de corazón al prójimo.
El perdón sincero, transforma al que he ofendido, y a mi, que he sido ofensor.
Pongámonos delante del Señor, en este domingo, y pidámosle que nos otorgue la humildad para reconocer nuestros pecados, nuestros fallos, y la valentía pedir perdón y perdonar.

En la Primera Lectura del Eclesiástico:

Nos presenta una serie de actitudes de pecado: rencor, ira, violencia… Pero, también nos enseña la otra parte que es reconocer que somos pecadores y por ello, necesitamos reconocer la culpa, perdonar, reconciliarnos con el prójimo… La idea, es que nadie está libre de pecar. De que todos hacemos el mal, conscientes o inconscientes, pero metemos la pata.
Es importante, reconocer que el mal existe (aunque ahora, está muy de moda eso de decir “que el mal, el demonio… es algo del pasado”). Dejemos que Dios actúe en nuestro corazón. Experimentemos su perdón en nuestra vida, y reconozcamos como el sabio, nuestros fallos, nuestros pecados, y así, podremos perdonar al prójimo.

En la Segunda Lectura del Apóstol Pablo a los Romanos:

Nos deja una cosa clara y que se nos tiene que gravar a fuego: “Somos del Señor”.
Y desde ahí, nos tenemos que replantear, de qué forma vivimos nuestra propia vida, cómo tratamos a los demás, y si estamos caminando al lado de Jesús.
Esta lectura, aunque es cortita en versículos, forma parte de varias cartas de Pablo que enseña a los romanos, cómo deben comportarse los unos con los otros, nuestros hermanos.
Ya no es un problema moral el que algunos coman carne y otros no, o si para algunos guardan la fiesta Judía escrupulosamente y otros no… Lo importante, dice Pablo, que lo que importa (como dije antes) es el comportamiento con el que está a tu lado que es tú prójimo.
Descentrarnos de nosotros mismos, salir de nuestras comodidades, egoísmos y que nuestro centro de vida sea el Señor, para que así, podamos ser para los demás. Aunque esto parezca utopía, se puede. Sólo falta ganas e intención de ser cada día mejores cristianos.

En el Evangelio de Mateo:

Encontramos una enseñanza sobre el tipo de relación que Jesús quiere para el grupo de sus seguidores. Lo podremos decir más alto, con menos o más parafernalia, pero el mensaje es muy claro: PERDONAR SIEMPRE. No podemos seguir a Jesús, si la característica fundamental del seguidor no la tenemos o no nos interesa.
Tenemos que aceptar al otro con sus fallos y virtudes. Debemos ser portadores de paz, de fraternidad, de acogida. No tenemos autoridad para decir “éste vale o éste no vale”.
Creer que tengo derecho a ser perdonado y amado por Dios, y sin embargo, no reconocemos que quien me hace daño no tiene derecho a que yo le perdone… Por eso, releer la parábola, nos posiciona a pensar y a ponernos en el lugar de los personajes. Ver como el rey perdona a su siervo, nos tiene que hacer emocionar y darnos cuenta, que la justica no es mala. Sino, que una verdadera, es la que ama y perdona. Gracias a Dios, la justicia de Dios, no es como entendemos nosotros la justicia.
Apartemos de nuestra vida el ser muchas veces siervo malo. Que queremos que nos perdonen, pero a la hora de la verdad, nosotros “matamos” y le hacemos pagar a los otros cosas, que (posiblemente) a nosotros, se nos haya salvado y perdonado.

Que la Virgen María, a la que tanto hemos tenido presente esta semana, en la fiesta de su “Dulce Nombre” o la hemos acompañado en sus Dolores, que interceda por cada uno de nosotros ante su Hijo Jesús, para que, fieles al Evangelio, sepamos reconocernos pecadores, y así, perdonar y amar sin demora a los demás.
Que así sea.


Más en:
http://www.revistaecclesia.com/amar-perdonar-domingo-xxiv-del-tiempo-ordinario-fray-jose-borja/

15 septiembre 2017

Fiesta de la Virgen de los Dolores.


La devoción a Nuestra señora de los dolores viene desde muy antiguo. Ya en el siglo VIII los escritores eclesiásticos hablaban de la “Compasión de la Virgen” en referencia a la participación de la Madre de Dios en los dolores del Crucificado.

Pronto empezaron a surgir las devociones a los 7 dolores de María y se compusieron himnos con los que los fieles manifestaban su solidaridad con la Virgen dolorosa.

La fiesta empezó a celebrarse en occidente durante la Edad Media y por ese entonces se hablaba de la “Transfixión de María”, de la “Recomendación de María en el Calvario”, y se conmemoraba en el tiempo de Pascua.

14 septiembre 2017

La Cruz, es la respuesta al mal.


Queridos hermanos y hermanas.

(...) La Cruz de Jesús es la palabra con la que Dios ha respondido al mal en el mundo.
A veces nos parece que Dios no responde al mal y se queda en silencio. En realidad, Dios ha hablado y respondido; y su respuesta es la Cruz de Cristo. Una a palabra que es amor, misericordia, perdón.

Y es también Juicio. Dios nos juzga amándonos, Dios nos juzga amándonos: si recibo su amor me salvo, si lo rechazo me condeno. No por Él sino por mí mismo, porque Dios no condena sino que ama y salva.

La palabra de la Cruz es la respuesta de los cristianos al mal que sigue actuando en nosotros y alrededor nuestro. Los cristianos tienen que responder al mal con el bien tomando sobre sí mismos la Cruz como Jesús.

(...) Entonces, continuemos este Vía Crucis en la vida cotidiana de todos los días, caminemos juntos en la vía de la Cruz, caminemos llevando en el corazón esta palabra de amor y de perdón. Caminemos esperando la resurrección de Jesús que nos ama tanto, que es todo amor.


(Papa Francisco. Marzo)

La Cruz es la Gloria y la Exaltación de Cristo.


Por la cruz, cuya fiesta celebramos, fueron expulsadas las tinieblas y devuelta la luz. Celebramos hoy la fiesta de la cruz, y junto con el Crucificado nos elevamos hacia lo alto, para, dejando abajo la tierra y el pecado, gozar de los bienes celestiales; tal y tan grande es la posesión de la cruz. Quien posee la cruz posee un tesoro. Y, al decir un tesoro, quiero significar con esta expresión a aquel que es, de nombre y de hecho, el más excelente de todos los bienes, en el cual, por el cual y para el cual culmina nuestra salvación y se nos restituye a nuestro estado de justicia original.

Porque, sin la cruz, Cristo no hubiera sido crucificado. Sin la cruz, aquel que es la vida no hubiera sido clavado en el leño. Si no hubiese sido clavado, las fuentes de la inmortalidad no hubiesen manado de su costado la sangre y el agua que purifican el mundo, no hubiese sido rasgado el documento en que constaba la deuda contraída por nuestros pecados, no hubiéramos sido declarados libres, no disfrutaríamos del árbol de la vida, el paraíso continuaría cerrado. Sin la cruz, no hubiera sido derrotada la muerte, ni despojado el lugar de los muertos.

Por esto la cruz es cosa grande y preciosa. Grande, porque ella es el origen de innumerables bienes, tanto más numerosos, cuanto que los milagros y sufrimientos de Cristo juegan un papel decisivo en su obra de salvación. Preciosa, porque la cruz significa a la vez el sufrimiento y el trofeo del mismo Dios: el sufrimiento, porque en ella sufrió una muerte voluntaria; el trofeo, porque en ella quedó herido de muerte el demonio y, con él, fue vencida la muerte. En la cruz fueron demolidas las puertas de la región de los muertos, y la cruz se convirtió en salvación universal para todo el mundo.

La cruz es llamada también gloria y exaltación de Cristo. Ella es el cáliz rebosante de que nos habla el salmo, y la culminación de todos los tormentos que padeció Cristo por nosotros. El mismo Cristo nos enseña que la cruz es su gloria, cuando dice: Ya ha entrado el Hijo del hombre en su gloria, y Dios ha recibido su glorificación por él, y Dios a su vez lo revestirá de su misma gloria. Y también: Glorifícame tú, Padre, con la gloria que tenía junto a ti antes que el mundo existiese. Y asimismo dice: «Padre, glorifica tu nombre.» Y, de improviso, se dejaron oír del cielo estas palabras: «Lo he glorificado y lo glorificaré de nuevo», palabras que se referían a la gloria que había de conseguir en la cruz.

También nos enseña Cristo que la cruz es su exaltación, cuando dice: Yo, cuando sea levantado en alto, atraeré a mí a todos los hombres. Está claro, pues, que la cruz es la gloria y exaltación de Cristo.


(San Andrés de Creta)

Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz.




La fiesta del Triunfo de la Santa Cruz se hace en recuerdo de la recuperación de la Santa Cruz obtenida en el año 614 por el emperador Heraclio, quien la logró rescatar de los Persas que se la habían robado de Jerusalén.

Los fragmentos de la santa Cruz se encontraban en el cofre de plata dentro del cual se los habían llevado los persas, y cuando el patriarca y los clérigos abrieron el cofre, todos los fieles veneraron las reliquias con mucho fervor, incluso, su produjeron muchos milagros.

12 septiembre 2017

Hoy celebramos el Dulce Nombre de María.


- El nacimiento de la fiesta litúrgica del Nombre de María en el siglo XVI (es menester aclarar que la reflexión teológica se remonta a la época de los Padres de la Iglesia), hunde sus raíces en la piedad mariana que caracterizaba al hombre medieval, el cual, exaltaba los privilegios de la Madre de Dios de muchísimas formas, principalmente a través del arte y la literatura. Su mayor interés era obtener la protección de la Virgen, pues ella era puerto seguro para quienes buscaban la salvación de sus almas.

San Bernardo fue uno de los más grandes propagadores de la devoción al nombre de María, para él no podía la Madre de Dios tener un nombre más propio, ni que significase mejor su excelencia, sus grandezas y su alta dignidad, que el Nombre de María. San Anselmo, por su parte, lleva a un alto grado la devoción que sentía por el Nombre de María, que puede sonar a blasfemia, pues decía que a veces es más fácil obtener la gracia y la misericordia invocando el Nombre de María, que el de Jesús. Igual que ellos, otros santos como santa Brígida, san Bernardino de Siena, san Antonio de Padua, alababan y bendecían las glorias del Nombre de María.

El reporte más antiguo que se tiene sobre la celebración litúrgica del Nombre de María, data de 1513 en Cuenca - España, cuando el papa León X, -según una antigua tradición coquense-  concede a la catedral de la ciudad dedicar una capilla con ese título. Debido a la promulgación del Misal Tridentino en 1570, se hizo necesaria una nueva petición. Por esta razón, el canónigo Juan del Pozo Palomino, pidió y obtuvo de Sixto V, el 17 de enero de 1587, poder seguir celebrando dicha fiesta en la catedral, como fiesta de la octava de la Natividad de María y en 1588, logró que se le concediera a toda la diócesis de Cuenca.

- En España, entre los siglos XVI y XVII, fue san Simón de Rojas, el principal propagador del Dulce Nombre de María. Comenzó a celebrar esta fiesta cuando era Ministro de la casa de Cuenca (1591-1594) y fue su deseo extenderla a la Iglesia Universal.

Aprovechando su influencia en la corte de Felipe IV, como embajador extraordinario ante el papa Gregorio XV, el santo Rojas pidió al mismo rey que abogase ante el Santo Padre, por la extensión de la fiesta del Nombre de María. El 31 de mayo de 1622, el Papa concedió dicha celebración a los trinitarios de Castilla y a la diócesis de Toledo. El 5 de enero de 1623, gracias a la insistencia del padre Ave María, Felipe IV logró la extensión de la fiesta a todas las provincias españolas, de tal modo que pudiesen rezar el oficio del Nombre de María, todos los sábados (menos cuaresma y adviento).

San Simón de Rojas fundó también la Real Congregación de Esclavos del Dulce Nombre de María, el 21 de noviembre de 1611 en el convento de los trinitarios calzados de Madrid. Bajo la protección de la Congregación, el santo fundó una obra social benéfica que permanece hasta nuestros días: el comedor del Ave María. A pesar de su titular, la Congregación no pudo celebrar la fiesta, puesto que ésta -como se ha dicho- estaba limitada solo a la diócesis de Cuenca, por ello, tomó como patrona a la Virgen de la Expectación. Solo hasta 1622 las dos fiestas, el Nombre de María (en septiembre) y la Expectación (en diciembre) se pudieron celebrar por los congregantes con la misma devoción.

La principal característica de la devoción del Nombre de María era el saludo Ave María, que se encontraba frecuentemente en la boca del santo Rojas. Ave María, eran sus primeras palabras en todos sus sermones, conversaciones, escritos, cartas, etc., al punto de que por muchas personas era conocido como el padre Ave María. Además, siendo Ministro Provincial de Castilla, mandó que todos los terceros domingos de cada mes se predicase sermones del Nombre de María, en todos los conventos de la provincia.

Con el tiempo se fue concediendo el privilegio de la celebración del Nombre de María a los trinitarios descalzos (1640), a varias diócesis de América regidas por obispos trinitarios, y a diversas diócesis y familias religiosas. Clemente X en 1671 la exetendió a todos los reinos de Carlos II, gracias a la petición de la reina Margarita de Austria.


(Más en
http://www.revistaecclesia.com/author/fray-jose-borja/

11 septiembre 2017

Nuestra alegría contagiosa tiene que ser el primer testimonio de la cercanía y del amor de Dios.


Queridos hermanos obispos,

Queridos sacerdotes, consagrados, consagradas, seminaristas,

Queridas familias, ¡queridos «paisas»!

La alegoría de la vid verdadera que acabamos de escuchar del Evangelio de Juan se da en el contexto de la última cena de Jesús. En ese ambiente de intimidad, de cierta tensión pero cargada de amor, el Señor lavó los pies de los suyos, quiso perpetuar su memoria en el pan y el vino, y también les habló a los que más quería desde lo hondo de su corazón.

En esa primera noche «eucarística», en esa primera caída del sol después del gesto de servicio, Jesús abre su corazón; les entrega su testamento. Y así como en aquel cenáculo se siguieron reuniendo posteriormente los Apóstoles, con algunas mujeres y María, la Madre de Jesús (cf. Hch 1,13-14), hoy también acá en este espacio nos hemos reunido nosotros a escucharlo y a escucharnos.

La hermana Leidy de San José, María Isabel y el Padre Juan Felipe nos han dado su testimonio. También cada uno de los que estamos aquí podríamos narrar la propia historia

vocacional. Y todos coincidirían en la experiencia de Jesús que sale a nuestro encuentro, que nos primerea y que de ese modo nos ha captado el corazón.

Como dice el Documento de Aparecida: «Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo» (n. 29).  El gozo de evangelizar.

Muchos de ustedes, jóvenes, habrán descubierto este Jesús vivo en sus comunidades; comunidades de un fervor apostólico contagioso, que entusiasman y suscitan atracción. Donde hay vida, fervor, ganas de llevar a Cristo a los demás, surgen vocaciones genuinas; la vida fraterna y fervorosa de la comunidad es la que despierta el deseo de consagrarse enteramente a Dios y a la evangelización (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 107).

Los jóvenes son naturalmente inquietos ¿O me equivoco?. Y aquí quiero detenerme un instante y hacer memoria dolorosa. Los jóvenes son naturalmente inquietos, inquietud tantas veces engañada destruida por los sicarios de la droga. Medellín me trae ese recuerdo, me evoca tantas vidas de jóvenes truncadas, descartadas, destruidas. Los invito a recordar a acompañar este luctuoso cortejo, a pedir perdón para quienes destruyeron las ilusiones de tantos jóvenes, pedirle perdón al Señor, que convierta sus corazones, a pedir que acabe esta derrota de la humanidad joven.

Los jóvenes son naturalmente inquietos y si bien asistimos a una crisis del compromiso y de los lazos comunitarios, son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado. Son muchos y algunos sí son católicos practicantes, otros “al agua rosa” como decía mi abuela, otros no saben si creen o no creen, pero esa inquietud los lleva a hacer algo por los demás, esa inquietud hace llenar los voluntariados de todo el mundo de rostros jóvenes. Hay que encauzar la inquietud.

Cuando lo hacen captados por Jesús, sintiéndose parte de la comunidad, se convierten en «callejeros de la fe», felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra (cf. ibíd., 107). Cuántos sin saber que lo están llevando, llevan esa riqueza de callejear sirviendo, de ser callejeros de una fe que quizás ellos mismos no terminan de entender, es testimonio que nos abre a la acción del Espíritu Santo que entra y nos va trabajando el corazón.

En uno de los viajes, la Jornada Mundial de la Juventud en Polonia, en el almuerzo que tuve con 15 jóvenes y el Arzobispo, uno me preguntó: ¿Qué le puedo decir yo a un compañero mío joven que es ateo, que no cree?, ¿Qué argumento le puedo dar?,  y a mí se me ocurrió contestarle: “Mirá, lo último que tenés que hacer es decirle algo” - se quedó mirando -  “Empezá a hacer. Empezá a comportarte de tal manera que la inquietud que él tiene adentro lo haga curioso y te pregunte, y cuando te pregunte por tu testimonio, ahí podés empezar a decir algo. Es tan importante ese callejear la fe en la vida. Esa es la vida, es a la que se refiere Jesús en el texto que hemos proclamado: la vid que es el «pueblo de la alianza».

Profetas como Jeremías, Isaías o Ezequiel se refieren a él como una vid, hasta un salmo, el 80, canta diciendo: «Tú sacaste de Egipto una vid... le preparaste terreno, echó raíces y llenó toda la región» (vv.9-10). A veces expresan el gozo de Dios ante su vid, otras su enojo, desconcierto o despecho; jamás Dios se desentiende de ella, nunca deja de padecer sus distancias. Si yo me alejo, Él sufre en su corazón. Nunca deja de salir al encuentro de ese pueblo que, cuando se aleja de Él se seca, arde y se destroza.


¿Cómo es la tierra, el sustento, el soporte donde crece esta vid en Colombia? ¿En qué contextos se generan los frutos de las vocaciones de especial consagración?

Seguramente en ambientes llenos de contradicciones, de claroscuros, de situaciones vinculares complejas. Nos gustaría contar con un mundo, con familias y vínculos más llanos, pero somos parte de este cambio de época, de esta crisis cultural, y en medio de ella, contando con ella, Dios sigue llamando.

A mi que no me vengas con el cuento, de que: “No claro, no hay tantas vocaciones de especial consagración, porque con esta crisis que vivimos…” eso ¿Sabes qué es? cuento chino, ¿Clarito? Aún en medio de esta crisis Dios sigue llamando.

Sería casi evasivo pensar que todos ustedes han escuchado el llamado de Dios en medio de familias sostenidas por un amor fuerte y lleno de valores como la generosidad, el compromiso, la fidelidad o la paciencia (cf. Exhort. ap. Amoris laetitia, 5). Algunos sí, pero no todos. Algunas familias, quiera Dios que muchas, son así.

Pero tener los pies sobre la tierra es reconocer que nuestros procesos vocacionales, el despertar del llamado de Dios, nos encuentra más cerca de aquello que ya relata la Palabra de Dios y de lo que tanto sabe Colombia: «Un sendero de sufrimiento y de sangre […] la violencia fratricida de Caín sobre Abel y los distintos litigios entre los hijos y entre las esposas de los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob, llegando luego a las tragedias que llenan de sangre a la familia de David, hasta las múltiples dificultades familiares que surcan la narración de Tobías o la amarga confesión de Job abandonado» (ibíd., 20).

Y desde el comienzo ha sido así: no piensen en la situación ideal, esta es la situación real. Dios manifiesta su cercanía y su elección donde quiere, en la tierra que quiere, y como esté en ese momento, con las contradicciones concretas, como Él quiere.

Él cambia el curso de los acontecimientos al llamar a hombres y mujeres en la fragilidad de la historia personal y comunitaria. No le tengamos miedo, a esta tierra compleja. Anteanoche una chica con capacidades especiales en el grupo que me dió la bienvenida en la Nunciatura, habló que el núcleo de lo humano está en la vulnerabilidad, y explicaba por qué.

Y a mí se me ocurrió preguntarle ¿Todos somos vulnerables? “Sí, todos”, ¿Pero hay alguien que no es vulnerable? Me contestó “Dios”. Pero Dios quiso hacerse vulnerable y quiso salir a callejear con nosotros, quiso salir a vivir nuestra historia tal como era.

Quiso hacerse hombre en medio de una contradicción, en medio de algo incomprensible, con la aceptación de una chica que no comprendía pero obedece y de un hombre justo que siguió lo que le fue mandado, pero todo eso en medio de contradicciones.

No tengamos miedo en esta tierra compleja, Dios siempre ha hecho el milagro de generar buenos racimos, como las arepas al desayuno. ¡Que no falten vocaciones en ninguna comunidad y en ninguna familia de Medellín! y cuando en el desayuno se encuentren con una sorpresa de esas lindas, ¡que lindo! y ¿Dios es capaz de hacer algo conmigo?,  pregúntenselo antes de comerlo, pregúntenselo.

Y esta vid —que es la de Jesús— tiene el atributo de ser la verdadera. Él ya utilizó este término en otras ocasiones en el Evangelio de Juan: la luz verdadera, el verdadero pan del cielo, o el testimonio verdadero. Ahora, la verdad no es algo que recibimos —como el pan o la luz— sino que brota desde adentro.

Somos pueblo elegido para la verdad, y nuestro llamado tiene que ser en la verdad. Si somos sarmientos de esta vid, si nuestra vocación está injertada en Jesús, no puede haber lugar para el engaño, la doblez, las opciones mezquinas. Todos tenemos que estar atentos para que cada sarmiento sirva para lo que fue pensado: para dar frutos. ¿Yo estoy dispuesto a dar frutos?

Desde los comienzos, a quienes les toca acompañar los procesos vocacionales, tendrán que motivar la recta intención, es decir, el deseo auténtico de configurarse con Jesús, el Pastor, el amigo, el esposo. Cuando los procesos no son alimentados por esta savia verdadera, que es el Espíritu de Jesús, entonces hacemos experiencia de la sequedad y Dios descubre con tristeza aquellos tallos ya muertos.

Las vocaciones de especial consagración mueren cuando se quieren nutrir de honores, cuando están impulsadas por la búsqueda de una tranquilidad personal y de promoción social, cuando la motivación es «subir de categoría», apegarse a intereses materiales, que llega incluso a la torpeza del afán de lucro. Lo dije ya en otras ocasiones y lo quiero repetir como algo que es verdad y es cierto: no se olviden, el diablo entra por el bolsillo, siempre.

Esto no es privativo de los comienzos, todos nosotros tenemos que estar atentos porque la corrupción en los hombres y las mujeres que están en la Iglesia empieza así, poquito a poquito, luego —nos lo dice Jesús mismo— se enraíza en el corazón y acaba desalojando a Dios de la propia vida.

«No se puede servir a Dios y al dinero» (Mt 6,21.24), Jesús dice “no se puede servir a dos señores”, como si solo hubiera dos señores en el mundo. No se puede servir a Dios y al dinero. Jesús le da categoría de “señor” al dinero, que quiere decir, que si te agarra no te suelta. Será tu Señor y el de tu corazón, ¡cuidado!

No podemos aprovecharnos de nuestra condición religiosa y de la bondad de nuestro pueblo para ser servidos y obtener beneficios materiales. Hay situaciones, estilos y opciones que muestran los signos de sequedad y de muerte: cuando es eso ¡No pueden seguir entorpeciendo el fluir de la savia que alimenta y da vida!

El veneno de la mentira, el ocultamiento, la manipulación y el abuso al Pueblo de Dios, a los frágiles y especialmente a los ancianos y niños no pueden tener cabida en nuestra comunidad; cuando un consagrado, una consagrada, una comunidad, una institución llámese parroquia o lo que sea, opta por ese estilo es una rama seca, solo hay que sentarse y esperar que el Señor la venga a cortar. Pero Dios no solo corta; la alegoría continúa diciendo que Dios limpia la vid de imperfecciones. ¡Tan linda que es la poda, duele, pero es linda!. La promesa es que daremos fruto, y en abundancia, como el grano de trigo, si somos capaces de entregarnos, de donar la vida libremente.

Tenemos en Colombia ejemplos de que esto es posible. Pensamos en Santa Laura Montoya, una religiosa admirable cuyas reliquias tenemos hoy tenemos aquí. Ella desde esta ciudad se prodigó en una gran obra misionera en favor de los indígenas de todo el país. La mujer consagrada ¡Cuánto nos enseña de entrega silenciosa, abnegada, sin mayor interés que expresar el rostro maternal de Dios!

Así mismo, podemos recordar al Beato Mariano de Jesús Euse Hoyos, uno de los primeros alumnos del Seminario de Medellín, y a otros sacerdotes y religiosas y religiosos de Colombia, cuyos procesos de canonización han sido introducidos; como también otros tantos, miles de colombianos anónimos que, en la sencillez de su vida cotidiana, han sabido entregarse por el Evangelio y que ustedes seguramente llevarán en su memoria y serán estímulo de entrega. Todos nos muestran que es posible seguir fielmente la llamada del Señor, que es posible dar mucho fruto, aun ahora en estos tiempos y en este siglo.

La buena noticia es que Él está dispuesto a limpiarnos. La buena noticia es que todavía no estamos terminados, que estamos en proceso de fabricación, que como buenos discípulos estamos en camino.

¿Cómo va cortando Jesús los factores de muerte que anidan en nuestra vida y distorsionan el llamado? Invitándonos a permanecer en Él; permanecer no significa solamente estar, sino que indica mantener una relación vital, existencial, de absoluta necesidad; es vivir y crecer en unión fecunda con Jesús, fuente de vida eterna.

Permanecer en Jesús no puede ser una actitud meramente pasiva o un simple abandono sin consecuencias en la vida cotidiana, siempre trae una consecuencia.  Permítanme proponerles, porque se está haciendo un poco largo esto, no van a decir que sí, porque no les creo, permitánme proponerles tres modos de hacer efectivo este permanecer, que los puede ayudar a permanecer en Jesús

1. Permanecemos en Jesús tocando la humanidad de Jesús:

Con la mirada y los sentimientos de Jesús, que contempla la realidad no como juez, sino como buen samaritano; que reconoce los valores del pueblo con el que camina, así como sus heridas y sus pecados; que descubre el sufrimiento callado y se conmueve ante las necesidades de las personas, sobre todo cuando estas se ven avasalladas por la injusticia, la pobreza indigna, la indiferencia, o por la perversa acción de la corrupción y la violencia.

Con los gestos y las palabras de Jesús, que expresan amor a los cercanos y búsqueda de los alejados; ternura y firmeza en la denuncia del pecado y el anuncio del Evangelio; alegría y generosidad en la entrega y el servicio, sobre todo a los más pequeños, rechazando con fuerza la tentación de dar todo por perdido, de acomodarnos o de volvernos solamente administradores de desgracias.

¡Cuántas veces escuchamos hombres y mujeres consagrados que parece que en vez de administrar gozo, alegría, crecimiento, vida, administran desgracia y se la pasan lamentándose de las desgracias de este mundo, es la esterilidad de quien es incapaz de tocar la carne sufriente de Jesús!.


2. Permanecemos contemplando su divinidad:

Despertando y sosteniendo la admiración por el estudio que acrecienta el conocimiento de Cristo porque, como recuerda San Agustín, no se puede amar a quien no se conoce (cf. La Trinidad, Libro X, cap. I, 3). Privilegiando para ese conocimiento el encuentro con la Sagrada Escritura, especialmente el Evangelio, donde Cristo nos habla, nos revela su amor incondicional al Padre, nos contagia la alegría que brota de la obediencia a su voluntad y del servicio a los hermanos.

Yo les quiero hacer una pregunta pero no me la respondan, se la responde cada uno a sí mismo ¿Cuántos minutos o cuantas horas leo el Evangelio, la Escritura por día? Se la contestan.

Quien no conoce las Escrituras, no conoce a Jesús. Quien no ama las Escrituras, no ama a Jesús (cf. San Jerónimo, Prólogo al comentario del profeta Isaías: PL 24,17). ¡Gastemos tiempo en una lectura orante de la Palabra! En auscultar en ella qué quiere Dios para nosotros y para nuestro pueblo.

Que todo nuestro estudio nos ayude a ser capaces de interpretar la realidad con los ojos de Dios, que no sea un estudio evasivo de los aconteceres de nuestro pueblo, que tampoco vaya al vaivén de modas o ideologías.

Que no viva de añoranzas ni quiera encorsetar el misterio, que no quiera responder a preguntas que ya nadie se hace y dejar en el vacío existencial a aquellos que nos cuestionan desde las coordenadas de sus mundos y sus culturas.

Permanecer y contemplar su divinidad haciendo de la oración parte fundamental de nuestra vida y de nuestro servicio apostólico. La oración nos libera del lastre de la mundanidad, nos enseña a vivir de manera gozosa, a elegir alejándonos de la superficialidad, en un ejercicio de auténtica libertad. En la oración crecemos en libertad, en la oración aprendemos a ser libres.

La oración nos saca de estar centrados en nosotros mismos, escondidos en una experiencia religiosa vacía y nos lleva a ponernos con docilidad en las manos de Dios para realizar su voluntad y hacer eficaz su proyecto de salvación.

Y en la oración, yo les quiero aconsejar una cosa también: pidan, contemplen, agradezcan, intercedan, pero también acostumbrense a adorar.  No está muy de moda adorar, acostúmbrense a adorar, a aprender a adorar en silencio. Aprendan a orar así.

Seamos hombres y mujeres reconciliados para reconciliar. Haber sido llamados no nos da un certificado de buena conducta e impecabilidad; no estamos revestidos de una aureola de santidad. ¡Ay el religioso, el consagrado, el cura o la monja que vive con cara de estampita. Por favor!

Todos somos pecadores, todos necesitamos del perdón y la misericordia de Dios para levantarnos cada día; Él arranca lo que no está bien y hemos hecho mal, lo echa fuera de la viña y lo quema, nos deja limpios para poder dar fruto. Así es la fidelidad misericordiosa de Dios para con su pueblo, del que somos parte. Él nunca nos dejará tirados al costado del camino, nunca.

Dios hace de todo para evitar que el pecado nos venza y que después nos cierre las puertas de nuestra vida a un futuro de esperanza y de gozo, Él hace de todo para evitar eso y sino lo logra se queda al lado hasta que se me ocurra mirar para arriba porque me doy cuenta que estoy cayendo, así es Él.

3. Finalmente, hay que permanecer en Cristo para vivir en la alegría:

Permanecer para vivir en alegría. Si permanecemos en Él, su alegría estará con nosotros. No seremos discípulos tristes y apóstoles amargados. Lean el final de Evangelii Nuntiandi, nos aconseja esto. Al contrario, reflejaremos y portaremos la alegría verdadera, el gozo pleno que nadie nos podrá quitar, difundiremos la esperanza de vida nueva que Cristo nos ha traído.

El llamado de Dios no es una carga pesada que nos roba la alegría. ¡Qué pesada!, a veces sí pero no nos roba la alegría, a través de ese peso también nos da la alegría. Dios no nos quiere sumidos en la tristeza, uno de los malos espíritus que se apoderaban del alma que ya anunciaban los monjes del desierto, Dios no nos quiere sumidos en el cansancio que vienen de las actividades mal vividas, sin una espiritualidad que haga feliz nuestra vida y aun nuestras fatigas.

Nuestra alegría contagiosa tiene que ser el primer testimonio de la cercanía y del amor de Dios. Somos verdaderos dispensadores de la gracia de Dios cuando transparentamos la alegría del encuentro con Él.

En el Génesis, después del diluvio, Noé planta una vid como signo del nuevo comienzo; finalizando el Éxodo, los que Moisés envió a inspeccionar la tierra prometida, volvieron con un racimo de uvas de este tamaño, signo de esa tierra que manaba leche y miel.

Dios se ha fijado en nosotros, en nuestras comunidades y familias. Están aquí presente y me parece de muy buen gusto que estén los padres y las madres de los consagrados, los sacerdotes y las religiosas.

El Señor ha puesto su mirada sobre Colombia: ustedes son signo de ese amor de predilección. Nos toca ahora ofrecer todo nuestro amor y servicio unidos a Jesucristo, que es nuestra vid. Y ser promesa de un nuevo inicio para Colombia, que deja atrás diluvios, como el de Noé, diluvios de desencuentro y violencia, que quiere dar muchos frutos de justicia y de paz, de encuentro y de solidaridad.

Que Dios los bendiga; que bendiga la vida consagrada en Colombia. Y no se olviden de rezar por mí para que me bendiga también. Gracias.


(Discurso Papa Francisco. Medellín, Colombia. 9-9-2017)

Vida, Dulzura y Esperanza nuestra.



03 septiembre 2017

Evangelio. Domingo XXII del Tiempo Ordinario.


Según San Mateo 16, 21 - 27.

En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los senadores, sumos sacerdotes y letrados y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte». Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios».

Entonces dijo a los discípulos: «El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si malogra su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del Hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta».


Reflexión.

Jesús nos enseña qué quiere decir pensar como Dios: amar, con todo lo que esto comporta de renuncia por el bien del prójimo. Por esto, el seguimiento de Cristo pasa por la cruz.

Reflexión. Domingo XXII del Tiempo Ordinario.


Después de un merecido descanso y estrenando un nuevo curso, las lecturas que nos propone la liturgia en este Domingo XXII del Tiempo Ordinario, es una gran ayuda a mirarnos a nosotros mismos y a nuestro grado de coherencia de vida.

Hoy, Jesús nos plantea en el Evangelio una serie de “ingredientes para ganar”. No va a seguir los criterios que el mundo sigue, sino que para ganar, hay que dejar ciertas cosas a un lado.
Si nos paramos a pensar, seguir a Jesús, conlleva una serie de decisiones a la que las aceptamos libres y voluntariamente, y por consiguiente, dejamos unas para acoger otras.
Por tanto, seguir a Jesús, nos hace apartar todo lo que nos impide poder ser fieles y andar el camino libre.

En la Primera Lectura del Profeta Jeremías, nos ofrece la experiencia de un hombre que vive la vocación de una forma radical y con tensión. Jeremías, no “trabaja” como “profesional” de la enseñanza de la Palabra, sino, que a pesar de su fragilidad como humano, hace que en muchos momentos, tenga la tentación de abandonar esa misión.
Pero vamos viendo en su persona, y esto es aplicable a cada uno de nosotros, que la Palabra de Dios está con nosotros, y cuando la asumimos y somos conscientes de ello, ya puede venir momentos de tentaciones, violencia o persecución, que no podremos alejarnos de ella y seguiremos anunciándola por encima de todo.

En la Segunda Lectura de la Carta de Pablo a los Romanos, vemos como Pablo se enfrenta a una comunidad de Roma, que tiene orígenes Judíos, y la mayoría eran conversos del paganismo, con lo cual, la enseñanza que les presenta es una fe, que para el creyente, se incorpora a Cristo, que nace a una nueva vida, que hace una nueva moral y unas nuevas actitudes para afrontar las controversias que puedan aparecer; Pablo exhorta a que a pesar de que el entorno no ayude y la comunidad sea frágil y con pequeñas crisis, se mantengan firmes en la fe, que luchen por ser honestos, coherentes y sobre todo, que sean verdaderos cristianos. Esta lectura, la deberíamos reflexionar una y otra vez, para darnos cuenta, que no por tener dudas, momentos de dificultad, o vivir en una sociedad de espalda a la fe, debemos dejarnos arrastrar. Al revés, ahora, debemos dar razón de nuestra fe en medio de esas dificultades. Ya no sirve hablar de moralidades, normas y cátedras. Éste es el tiempo de hablar con nuestra propia vida.

En el Evangelio de Mateo, Si retomamos el Evangelio del domingo pasado, veíamos como Jesús pone a Pedro como su Vicario. Hoy, nos presenta el lado opuesto de Pedro. Él sigue anclado en los criterios humanos. Como buen amigo, se niega y se opone a que Jesús sufra, lo maten, se burlen. Pero, estos sentimientos se vuelven en contra de Jesús. Lo toma como tentaciones que le hacen tropezar. Es duro, pero los planes de Dios van en otro sentido a lo nuestros.
Seguir los planes de Jesús es entrar en temática de: “El que gana su vida la pierde, y el que la pierde la gana”. Ante los ojos humanos, un fracaso o una frustración nunca es un éxito, al revés. El éxito se entiende de otra forma muy diferente.
Por eso, aunque a veces nosotros podamos ser Pedro, con tentaciones similares, el que realmente sigue a Jesús, aunque a los ojos del mundo “pierda cosas”, las está ganando para el Reino de Dios. Los criterios del Reino, nunca pueden ser mirados por los del mundo.
Cada cristiano, responsable de sus actos, tiene y tenemos la obligación de tomar decisiones claras por el Reino. No podemos nadar y guardar la ropa. Un proyecto de vida, revisado a la luz del Evangelio, nos puede orientar hacia que tipo de seguimiento estamos haciendo.

Que la Virgen María nos ayude abrir los ojos con valentía para ser conscientes de que tipo de seguimiento queremos hacer. Ella que es nuestra Madre, Maestra y Modelo interceda por nosotros ante Jesús, su Hijo.
Que así sea.


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01 septiembre 2017

Mensaje del Papa Francisco para este mes: "Las Parroquias deben ser casas de puertas siempre abiertas".



Mensaje del Papa Francisco al Patriarca de Constantinopla, Bartolomé:"El cuidado de la creación".


La historia de la creación nos presenta una vista panorámica del mundo. La Escritura revela que, «en el principio», Dios quiso que la humanidad cooperara en la preservación y protección del medio ambiente. En un primer momento, como se lee en el Génesis, «no había aún matorrales en la tierra, ni brotaba hierba en el campo, porque el Señor Dios no había enviado lluvia sobre la tierra, ni había hombre que cultivase el suelo» (2,5).

La tierra nos fue confiada como un don y un legado sublime, del que todos somos responsables hasta que, «al final», todas las cosas en el cielo y en la tierra serán recapituladas en Cristo (cf. Ef 1,10). Nuestra dignidad y bienestar humano están profundamente conectados con nuestro cuidado por toda la creación.

Sin embargo, «mientras tanto», la historia del mundo presenta un contexto muy diferente. Revela un escenario moralmente decadente donde nuestra actitud y comportamiento hacia la creación oscurece nuestra vocación como cooperadores de Dios.

Nuestra propensión a interrumpir los delicados y equilibrados ecosistemas del mundo, nuestro deseo insaciable de manipular y controlar los recursos limitados del planeta, y nuestra codicia ilimitada de ganancias en los mercados, todo esto nos ha alejado del sentido original de la creación. No respetamos ya la naturaleza como un regalo compartido; por el contrario, la consideramos una posesión privada. Ya no nos relacionamos con la naturaleza para sostenerla, sino que la dominamos para sostener nuestras propias invenciones.

Las consecuencias de esta cosmovisión alternativa son trágicas y duraderas. El medioambiente humano y el de la naturaleza se están deteriorando juntos, y este deterioro del planeta recae sobre las personas más vulnerables. El impacto del cambio climático afecta, ante todo y más que nada, a los que viven en la pobreza en todos los rincones del mundo.

Nuestra obligación de usar los bienes de la tierra con responsabilidad implica el reconocimiento y el respeto de todas las personas y de todos los seres vivos. La urgente llamada y el desafío de cuidar la creación son una invitación dirigida a toda la humanidad para que trabaje en favor de un desarrollo sostenible e integral.

Por tanto, unidos en un mismo interés por la creación de Dios y reconociendo la tierra como un bien a compartir, invitamos fervientemente a todas las personas de buena voluntad a que el 1 de septiembre dediquen un tiempo de oración por el medio ambiente.

Con este motivo, queremos dar las gracias al Creador amoroso por el gran don de la creación y comprometernos en su cuidado y preservación por el bien de las generaciones futuras. Después de todo, sabemos que nuestro trabajo es en vano si el Señor no está a nuestro lado (cf. Sal 126-127), si la oración no está en el centro de nuestra reflexión y celebración.

En efecto, un objetivo de nuestra oración es cambiar el modo en que percibimos el mundo para modificar la manera de cómo nos relacionamos con él. El objetivo de nuestro compromiso es el de empeñarnos en alcanzar una mayor simplicidad y solidaridad en nuestras vidas.

Hacemos un llamamiento urgente a quienes ocupan puestos de responsabilidad social y económica, así como política y cultural, para que escuchen el grito de la tierra y atiendan las necesidades de los marginados, pero sobre todo para que respondan a la súplica de millones de personas y apoyen el consenso del mundo por el cuidado de la creación herida.

Estamos convencidos de que no puede haber una solución sincera y duradera al desafío de la crisis ecológica y del cambio climático si no se da una respuesta concordada y colectiva, si la responsabilidad no es compartida y responsable, si no damos prioridad a la solidaridad y al servicio.


(Jornada de Oración por el cuidado de la creación. 1-9-2017).

SIT Informa: Por ser fieles al Evangelio, son perseguidos y asesinados.




31 agosto 2017

Hoy, el Beato Marcelo Spínola nos habla del Amor.



El Amor vincula totalmente a Dios.
El Amor lleva a desear y trabajar no por el propio bien, sino por el de Dios.
El Amor crea la pasión de Dios;
vincula a Él nuestro entendimiento;
hace que nos gocemos en El;
que nos dediquemos a El, a buscar su gloria, es decir,
que sea conocido y amado por todos;
que no sea ofendido ni por uno ni por los demás;
El Amor lleva a padecer todo lo que haga falta por el Amado.

27 agosto 2017

Evangelio. Domingo XXI del Tiempo Ordinario.


Según San Mateo 16, 13 - 20.

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?». Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas». Díceles Él: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que Él era el Cristo.


Reflexión.

La pregunta clave de este domingo es... ¿quién dice tú que es Jesús? ¿Qué es para tu vida?

Reflexión. Domingo XXI del Tiempo Ordinario.


En este último domingo de agosto, para muchos es el fin de las vacaciones y vuelta a la rutina.
Pero, deseo ardientemente, que estos dos meses de tranquilidad y desconexión, haya sido un buen momento para estar más cerca del Señor, de los sacramentos y de los hermanos más desfavorecidos.
Hoy, el Señor nos va hacer una pregunta clave para nuestra vida de cristianos.
Una pregunta, que si no vamos a ser sinceros en la respuesta, mejor, que no nos la hagamos. Porque si Él conoce todo de nosotros, no lo engañamos, ¿para que pensar nosotros en una respuesta, que no sirve para nada?.

La pregunta que nos lanza el Evangelio en este Domingo XXI del Tiempo Ordinario es ¿Quién es Jesucristo para mí?. Nos la deberíamos preguntar nosotros mismos todos los días.
Porque depende de cual respuesta demos, nuestra vida cristiana será más coherente o menos.
No andemos con medias tintas. Respondamos concretamente y sinceramente.

En la Primera Lectura del Profeta Isaías, nos presenta una profecía de condena contra Sobna, ya que Yahvé ve está viendo el puesto de poder que tiene en la corte y como abusa del pueblo. Busca el poder individual y no en favor del pueblo. Le quitan de mayordomo del templo y ponen a Eliacín, que se convertirá en un verdadero padre para todos los que viven  en Jerusalén y Judá.
Isaías nos viene a decir en este texto, que lo realmente importante es aquel que utiliza la autoridad no para ser más que nadie, sino para que los demás se sientan seguros y no con miedo.

En la Carta de Pablo a los Romanos, vemos como hace tres preguntas: ¿Quién conoció la mente el Señor?, ¿Quién fue su consejero?, ¿Quién le ha dado primero para que él de devuelva? Todas estas preguntas, se responden con una misma palabra: Dios.
Hablar de Dios, es hacernos preguntas continuamente. Porque es tanto su grandeza, que lo expresamos con asombro lo que sentimos hacia Él. Es decir, todas las palabras que intentemos utilizar para nombrar o explicar a Dios, se quedan pequeñas y vacías.
Dios es amor, misericordia, ternura, bondad… y oferta a cada uno de nosotros incesantemente misericordia para quien la acoge gratuitamente. A veces nos preocupamos más en sacrificios, renuncias, méritos propios… sin contar con los dones que él nos regala y tiene puesto en cada uno de nosotros.

En el Evangelio de Mateo, Jesús lanza una pregunta “bomba” sobre su identidad a sus discípulos: ¿Quién decís que soy yo? Esta pregunta es el pórtico a una serie de aceptación sobre el mesianismo de Jesús que culmina en la Cruz, pasando por la humillación.
Pedro, como portavoz de todos, responde a esa pregunta, no porque lo sienta como tal, sino por el don de la fe, que no se librará tampoco de las dudas. Pedro (que significa piedra) será donde esté edificada la Iglesia de Jesús. Una piedra que impedirá que las dificultades y dudas, acaben con ella. Pedro, discípulo imperfecto, que negará a Jesús en el momento de su muerte, que tendrá miedo… Con él, podemos identificarnos todos y cada uno de nosotros.

Todos llevamos en mayor o menos medida, un Pedro dentro. Pero, el camino del discipulado no acaba nunca. Estamos en continuo crecimiento, renovación y en salida.
La pregunta bomba: ¿Quién dices que soy yo? Debemos responderla hoy.
El encuentro con Cristo, transforma radicalmente la vida y nos autoriza para vivir y actuar como él. Todos estamos llamados y debemos hacer lo posible para ser signo del amor y la cercanía de Dios. Por tanto, al hacernos la pregunta y responder claramente, nuestra vida debe ir en camino a ser un acto de comunión y encuentro. Todo esto no es posible, sino tenemos encuentros con el Señor mediante la oración, en el tú a tú con quién es la fuerza, la esperanza y la reconciliación.

Pidamos a la Virgen María que interceda por nosotros, para que obtengamos de Jesús la fuerza que necesitamos para dar un giro a nuestra vida y ser verdaderos cristianos en medio de nuestro mundo. Que no necesita normas, ni cátedras, sino gestos coherentes y sencillos.
Que así sea.


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23 agosto 2017

Hoy celebramos la Solemnidad de Santa Rosa de Lima.


¿Quién es?

Nació en Lima, Perú, en 1586 fue la primera mujer americana declarada santa por la Iglesia Católica.
En el bautizo le pusieron el nombre de Isabel, pero luego la mamá al ver que al paso de los años su rostro se volvía sonrosado y hermoso como una rosa, empezó a llamarla con el nombre de Rosa. Y, el Sr. Arzobispo al darle la confirmación le puso definitivamente ese nombre, con el cual es conocida ahora en todo el mundo.

Desde pequeñita Rosa tuvo una gran inclinación a la oración y a la meditación. Un día rezando ante una imagen de la Virgen María le pareció que el niño Jesús le decía: "Rosa conságrame a mí todo tu amor". Y en adelante se propuso no vivir sino para amar a Jesucristo. Y al ir a su hermano decir que si muchos hombres se enamoraban perdidamente era por la atracción de una larga cabellera ó de una piel muy hermosa, se cortó el cabello y se propuso llevar el rostro cubierto con un velo, para no ser motivo de tentaciones para nadie. Quería dedicarse únicamente a amar a Jesucristo.

Se propuso irse de monja agustina, pero el día en que fue a arrodillarse ante la imagen de la Virgen Santísima para pedirle que le iluminara si debía irse de monja o no, sintió que no podía levantarse del suelo donde estaba arrodillada. Llamó a su hermano a que le ayudara a levantarse pero él tampoco fue capaz de moverla de allí. Entonces se dio cuenta de que la voluntad de Dios era otra y le dijo a Nuestra Señora: "Oh Madre Celestial, si Dios no quiere que yo me vaya a un convento, desisto desde ahora de su idea". Tan pronto pronunció estas palabras quedó totalmente sin parálisis y se pudo levantar del suelo fácilmente.

Seguía pidiéndole a Dios que le indicara a que asociación religiosa debería ingresar. Y de pronto empezó a llegar junto a ella cada día una mariposa de blanco y negro. Y revoloteaba junto a sus ojos. Con esto le pareció entender que debería buscar una asociación que tuviera un hábito de blanco y negro. Y descubrió que eran las terciarias dominicas, unas mujeres que se vestían con túnica blanca y manto negro y llevaban vida como de religiosas, pero vivían en sus propias casas. Y pidió ser admitida y la aceptaron.

Entonces vino a saber que la más famosa terciaria dominica es Santa Catalina de Siena (29 de abril) y se propuso estudiar su vida e imitarla en todo. Y lo logró de manera admirable. Se fabricó una túnica blanca y el manto negro y el velo también negro para la cabeza, y así empezó a asistir a las reuniones religiosas del templo.
Su padre fracasó en el negocio de una mina y la familia quedó en gran pobreza. Entonces Rosa se dedicó durante varias horas de cada día a cultivar un huerto en el solar de la casa y durante varias horas de la noche a hacer costuras, para ayudar a los gastos del hogar.

Tentaciones

El demonio la atacaba de muy diversas maneras. Y las tentaciones impuras la hacían sufrir enormemente. Además le llegaban épocas de terribles sequedades espirituales en las cuales todo lo que fuera oración, meditación ó penitencias le producía horror y asco. Y fuera de eso la gente se burlaba de su comportamiento y los mismos familiares la consideraban equivocada en su modo de vivir. Alguna vez le protestó amorosamente a Jesucristo por todo esto, diciéndole: "Señor, ¿y a dónde te vas cuando me dejas sola en estas terribles tempestades?". Y oyó que Jesús le decía: "Yo no me he ido lejos. Estaba en tu espíritu dirigiendo todo para que la barquilla de tu alma no sucumbiera en medio de la tempestad".

Es difícil encontrar en América otro caso de mujer que haya hecho mayores penitencias. No las vamos a describir todas aquí porque muchas de ellas no son para imitar. Pero sí tenemos que decir que lo primero que se propuso mortificar fue su orgullo, su amor propio, su deseo de aparecer y de ser admirada y conocida. Y en ella, como en todas las cenicientas del mundo se ha cumplido lo que dijo Jesús: "quien se humilla será enaltecido". Una segunda penitencia de Rosa de lima fue la de los alimentos. Su ayuno era casi continuo. Y su abstinencia de carnes era perpetua. Comía lo mínimo necesario para no desfallecer de debilidad. Aún los días de mayores calores, no tomaba bebidas refrescantes de ninguna clase, y aunque a veces la sed la atormentaba, le bastaba mirar el crucifijo y recordar la sed de Jesús en la cruz, para tener valor y seguir aguantando su sed, por amor a Dios.

Dormía sobre duras tablas, con un palo por almohada. Alguna vez que le empezaron a llegar deseos de cambiar sus tablas por un colchón y una almohada, miró al crucifijo y le pareció que Jesús le decía: "Mi cruz, era mucho más cruel que todo esto". Y desde ese día nunca más volvió a pensar en buscar un lecho más cómodo.

Enfermedad y Muerte

Distintas enfermedades la atacaron por mucho tiempo. Cuando algunas personas la criticaban por sus demasiadas penitencias, les respondía: "Si ustedes supieran lo hermosa que es un alma sin pecado, estarían dispuestos a sufrir cualquier martirio con tal de mantener el alma en gracia de Dios". Y ella sí que los sufrió. En sus últimos meses exclamaba: "Nunca pensé que una persona tuviera que sufrir tanto, tanto como lo que yo estoy sufriendo. Pero Jesucristo me concede valor para soportarlo todo."Los últimos años vivía continuamente en un ambiente de oración mística, con la mente casi ya más en el cielo que en la tierra. Su oración y sus sacrificios y penitencias conseguían numerosas conversiones de pecadores, y aumento de fervor en muchos religiosos y sacerdotes. En la ciudad de Lima había ya una convicción general de que esta muchacha era una verdadera santa.

El 24 de agosto del año 1617, después de terrible y dolorosa agonía, expiró con la alegría de irse a estar para siempre junto al amadísimo Salvador. Tenía 31 años.

El entierro hubo que dejarlo para más tarde porque inmensas multitudes querían visitar su cadáver, y filas interminables de fieles pasaban con devota veneración frente a él. Después la sepultaron en una de las paredes del templo.


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15 agosto 2017

Evangelio. Solemnidad de la Asunción de la Virgen María a los cielos.


Según San Lucas 1, 39 - 56.

En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

Y dijo María: «Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos». María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.


Reflexión.

En este canto hallamos los indicios para aprender cómo se funden lo humano y lo divino, lo terreno y lo celeste, y llegar a responder como Ella al regalo que nos hace Dios en su Hijo, a través de su Santa Madre: para ser un regalo de Dios para el mundo,

Reflexión. Solemnidad de la Asunción de la Virgen María.


En la mitad del mes de agosto, hoy 15, celebramos una de las fiestas más antiguas de la Iglesia y a la vez importante, ya que se celebra en  todo el mundo es “La Asunción de la Virgen a los cielos”. Para nuestros hermanos Ortodoxos la denominan “la Dormición de María”.
Hablar de María, es hablar de nuestra propia Madre, es venerarle como madre de Dios y repito, como madre nuestra. Ella, sube al cielo en cuerpo y alma, pero, no nos abandona. No nos deja huérfanos. Ella, es el cordón que une a Cristo con cada uno de nosotros.
Ella, que es camino directo al cielo, modelo de fidelidad, coherencia, sencillez, humildad, servicio y contemplación. Ella es la que nos protege bajo su manto materno y nos ayuda en los momentos de tribulación. Siempre  está atenta a nuestras necesidades.

Estamos acostumbrados a hacer de la imagen de María, una imagen lejana. Una mujer con grandes mantos, grandes coronas, anillos portentosos, tronos llenos de oros y plata… Evidentemente, que si nos ponemos a pensar cada uno en nuestra madre, queremos lo mejor para cada una de ellas, y más si es la Virgen María. Pero, no debemos olvidar, que cuanto más alta la pongamos, más alta nos costará llegar a ella.

Ella, debe ser el espejo donde cada uno de nosotros nos miremos. Porque si miramos a ella, vemos a Cristo. Ella es la ante sala a Cristo.
Repito, todos queremos lo mejor para nuestras madres, pero no podemos olvidar, que cuanto más sencilla la pongamos y la veneremos, más cerca estaremos de la verdadera María de Nazaret.
Pidamos a nuestra  Madre la Virgen, que interceda a su Hijo Jesús, para que nos ayude a ver con sus ojos a nuestros hermanos necesitados, a ser ejemplo de contemplación y meditación en medio del mundo, y que ella sea nuestra guía y amparo ante los momentos de dificultad.

En la Primera Lectura del Libro del Apocalipsis, nos habla de una mujer bellísima, coronada de doce estrellas, y como lucha contra el dragón. En ella, vemos como María toma el papel de corredentora en el plan salvífico de Dios. Ella no está al margen. La muerte y resurrección de Jesús  da lugar a una nueva forma de existir tanto para las personas como para el pueblo. Un nuevo aliento de esperanza y fortaleza para tantas personas que han sufrido y sufren en nuestros entornos. El dragón, el mal, no tienen la última palabra.

En la Segunda Lectura de la carta de Pablo a los Corintios, tiene matices con la (Primera Lectura) y habla de la muerte como enemigo del Reino de Jesús. La Palabra de Jesús es la Victoria sobre la muerte. En el Reino de Dios, no tiene lugar el sufrimiento y la muerte, porque si la tuvieran, de nada serviría la Resurrección de Jesús. Y si no sirve, “vana es nuestra fe”. La Resurrección es el pilar donde se sostiene nuestra fe.  Por eso, Pablo explica a varios miembros de la comunidad que tenían dudas, sobre el fundamento principal e importante de la Resurrección.

En el Evangelio de Lucas, vemos como María visita a su prima. Isabel, una mujer estéril, sin hijos, sin futuro, con una sensación de vida “inútil”, ya que la sociedad de aquel tiempo, si no tenías hijos no eras nada; María, una mujer paciente, llena de fe, que no ve el presente como algo negativo, sino que espera con sencillez y acepta sin prisas la voluntad de Dios. Un encuentro muy esperado, que resalta en sus palabras la alegría de una esperanza perpetua a un futuro que llena esos vacíos humanos. Muchas veces queremos que Dios lleve nuestros ritmos, el “aquí y el ahora”, sino es así, nos desesperamos, desconfiamos, inclusive a veces, decimos “no creo”. No estamos solos. En la figura de María, vemos como Dios está con nosotros. Nos invita a crear un mundo justo, donde “derriba a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos”.

Un Reino, una Iglesia, donde los necesitados están en el centro. De nada sirve arrimarse al m´s fuerte. No, ese no es el Reino ni la Iglesia que Jesús quiere.
Fuera los títulos, las normas puestas por hombres sin sentidos. Fuera los  doctorados para poder escalar y ser “trepas” y llegar a ser más que los otros. Dejemos a un lado la Iglesia que se separa del Evangelio y hace de sus normas humanas un Evangelio.
María nos presenta hoy un modelo de Iglesia, como dije antes, paciente, sencilla, humilde y sobre todo, fiel a la voluntad de Dios, a pesar de las dificultades.

María, ayúdanos a construir una verdadera Iglesia, donde el Reino sea el motor que empuje a salir y acoger a tantos necesitados y hambrientos. Que seamos humildes, sencillos y sobre todo, contemplativos para discernir los signos de los tiempos a la luz de la Palabra de tu Hijo.
Que así sea.


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Entrevista a Fray Jesús Miguel, O.S.A., predicador de la Novena a Santa María de la Victoria. Patrona de Málaga y su Diócesis.


P. ¿Quién es fray Jesús Miguel, el predicador en este año de 2017 de la novena a Santa María de la Victoria, patrona de Málaga y su diócesis?

R. Un fraile agustino, malagueño de cuna, criado y formado en Málaga, antiguo alumno del viejo colegio San Agustín, del Seminario diocesano y de la Facultad de Historia en la Universidad de Málaga, que desde El Escorial, Salamanca y Mallorca ha intentado vivir como hijo de San Agustín en la apasionante fraternidad agustiniana y servir como sacerdote allí donde la obediencia y la necesidad de la iglesia le han llevado.

P. ¿Qué significa para un malagueño predicar la novena de la Virgen de la Victoria?

R. Yo pienso que para cualquier hijo de Málaga poder cantar las glorias de la Virgen, ensalzarla, expresarle el amor filial a través de la palabra, destacando sus rasgos evangélicos tan puros y limpios, es un auténtico privilegio y una oportunidad que hay que agradecer a quienes convocan para este ministerio. Un regalo poder en la misma Málaga dejar que el corazón diga, sin atropellos, quien es la Virgen y sus lindezas de mujer y madre.

P. ¿Cómo le propusieron ser predicador?

R. No tengo ni idea quién propuso o dio mi nombre. Me llamaron por teléfono y me dijeron su podía venir. Tuve que hacer cambios a primeros de septiembre de cosas que había en la agenda, previstas de antemano. No me costó. Al principio no dudé, pero sí que sopesé circunstancias. Pudo más el amor a la Virgen de la Victoria y a Málaga. Dije que sí y me fie de Dios, que manifiesta su querer en las cosas que pasan y cómo pasan; que hay quien se gasta la vida intentando descubrir el querer de Dios en ideas y latidos y pasa de largo de lo que sucede porque sucede. Esto es más fácil de lo que nos han ido contando.

P. ¿En qué tema se centrarán las homilías de la novena?

R. En las bienaventuranzas. La Virgen María es mujer de bienaventuranzas. Las bienaventuranzas, como dice bellísimamente el Catecismo de la Iglesia católica, dibujan el rostro de Jesucristo y describen su caridad. (Cat. 1717). La Virgen María traza en su vida, en sus gestos, en sus silencios perfiles de bienaventuranzas, con las que dibuja su rostro, yo diría más exactamente: su corazón al unísono con su Hijo, describiendo con ellas la verdadera caridad. María es transparencia preciosa de evangelio. Y esto quiero cantar en la novena como Dios me dé a entender. No es poco, para un pobre fraile…

Fray José Borja. 13-08-2017.


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14 agosto 2017

El ideal de vida apostólica es la salvación y la santidad. Por San Maximiliano María Kolbe.


Me llena de gozo, querido hermano, el celo que te anima en la propagación de la gloria de Dios. En la actualidad se da una gravísima epidemia de indiferencia, que afecta, aunque de modo diverso, no sólo a los laicos, sino también a los religiosos. Con todo, Dios es digno de una gloria infinita. Siendo nosotros pobres criaturas limitadas y, por tanto, incapaces de rendirle la gloria que él merece, esforcémonos, al menos, por contribuir, en cuanto podamos, a rendirle la mayor gloria posible.

La gloria de Dios consiste en la salvación de las almas, que Cristo ha redimido con el alto precio de su muerte en la cruz. La salvación y la santificación más perfecta del mayor número de almas debe ser el ideal más sublime de nuestra vida apostólica. Cuál sea el mejor camino para rendir a Dios la mayor gloria posible y llevar a la santidad más perfecta el mayor número de almas, Dios mismo lo conoce mejor que nosotros, porque él es omnisciente e infinitamente sabio. Él, y sólo él, Dios omnisciente, sabe lo que debemos hacer en cada momento para rendirle la mayor gloria posible. ¿Y cómo nos manifiesta Dios su propia voluntad? Por medio de sus representantes en la tierra. La obediencia, y sólo la santa obediencia, nos manifiesta con certeza la voluntad de Dios. Los superiores pueden equivocarse, pero nosotros obedeciendo no nos equivocamos nunca. Se da una excepción: cuando el superior manda algo que con toda claridad y sin ninguna duda es pecado, aunque éste sea insignificante; porque en este caso el superior no sería el representante de Dios.

Dios, y solamente Dios infinito, infalible, santísimo y clemente, es nuestro Señor, nuestro creador y Padre, principio y fin, sabiduría, poder y amor: todo. Todo lo que no sea él vale en tanto en cuanto se refiere a él, creador de todo, redentor de todos los hombres y fin último de toda la creación. Es él quien, por medio de sus representantes aquí en la tierra, nos revela su admirable voluntad, nos atrae hacia sí, y quiere por medio nuestro atraer al mayor número posible de almas y unirlas a sí del modo más intimo y personal.

Querido hermano, piensa qué grande es la dignidad de nuestra condición por la misericordia de Dios. Por medio de la obediencia nosotros nos alzamos por encima de nuestra pequeñez y podemos obrar conforme a la voluntad de Dios. Más aún: adhiriéndonos así a la divina voluntad, a la que no puede resistir ninguna criatura, nos hacemos más fuertes que todas ellas. Ésta es nuestra grandeza; y no es todo: por medio de la obediencia nos convertimos en infinitamente poderosos.

Éste y sólo éste es el camino de la sabiduría y de la prudencia, y el modo de rendir a Dios la mayor gloria posible. Si existiese un camino distinto y mejor, Jesús nos lo hubiera indicado con sus palabras y su ejemplo. Los treinta años de su vida escondida son descritos así por la sagrada Escritura: Y les estaba sujeto. Igualmente, por lo que se refiere al resto de la vida toda de Jesús, leemos con frecuencia en la misma sagrada Escritura que él había venido a la tierra para cumplir la voluntad del Padre.

Amemos sin límites a nuestro buen Padre: amor que se demuestra a través de la obediencia y se ejercita sobre todo cuando nos pide el sacrificio de la propia voluntad. El libro más bello y auténtico donde se puede aprender y profundizar este amor es el Crucifijo. Y esto lo obtendremos mucho más fácilmente de Dios por medio de la Inmaculada, porque a ella ha confiado Dios toda la economía de la misericordia.

La voluntad de María, no hay duda alguna, es la voluntad del mismo Dios. Nosotros, por tanto, consagrándonos a ella, somos también como ella, en las manos de Dios, instrumentos de su divina misericordia. Dejémonos guiar por María; dejémonos llevar por ella, y estaremos bajo su dirección tranquilos y seguros: ella se ocupará de todo y proveerá a todas nuestras necesidades, tanto del alma como del cuerpo; ella misma removerá las dificultades y angustias nuestras.

Hoy la Iglesia celebra al sacerdote y mártir San Maximiliano María Kolbe.



Maximiliano María Kolbe nació cerca de Lodz (Polonia) el 8 de enero de 1894. Ingresó en el seminario de los Hermanos Menores Conventuales en 1907, y el año 1918 fue ordenado sacerdote en Roma. Encendido en el amor a la Madre de Dios fundó la asociación piadosa de la «Milicia de María Inmaculada», que propagó con entusiasmo. Misionero en el Japón, se esforzó por extender la fe cristiana bajo el auspicio y patrocinio de la misma Virgen Inmaculada. Vuelto a Polonia, habiendo sufrido grandes calamidades, en el mayor conflicto de los pueblos, entregó su vida como holocausto de caridad por la libertad de un desconocido condenado a muerte, el 14 de agosto de 1941, en el campo de concentración de Auchwitz.

13 agosto 2017

Evangelio. Domingo XIX del Tiempo Ordinario.


Según San Mateo 14, 22 - 33.

Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla mientras él despedía a la gente. Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. 

De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!». Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua». Él le dijo: «Ven». Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame». En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?». En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante Él diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios».


Reflexión.

Pedro había asegurado a Jesús que estaba dispuesto a seguirlo hasta morir, pero su debilidad lo acobardó y negó al Maestro en los hechos de la Pasión. ¿Por qué Pedro se hunde justo cuando empieza a andar sobre el agua? Porque, en vez de mirar a Jesucristo, miró al mar y eso le hizo perder fuerza y, a partir de ese instante, su confianza en el Señor se debilitó y los pies no le respondieron.