13 noviembre 2017

Hoy celebramos a Todos los Santos de la Orden y Familia Trinitaria.


Trinitaria Familia de amigos
que de Cristo seguisteis la voz:
de su amor os hicisteis testigos,
mensajeros del Reino de Dios.

Evangelio encarnado en la vida,
profecía de un gozo sin fin;
vuestra luz para siempre encendida
ilumina de uno a otro confín.

Nuestra tierra en vosotros florece
con la gracia que Cristo nos dio;
nuestro barro de amor se estremece
y del cielo la cumbre alcanzó
.
La victoria ya está conseguida
pues triunfasteis con Cristo el Señor;
sembradores de amor en la vida,
cosecháis de la vida el amor.

Vuestra senda luz nos invita;
con vosotros queremos lograr
la corona que no se marchita
y la vida con Dios en su hogar.

Gloria al Padre, el origen, la fuente:
gloria al Hijo que nace de Él;
gloria igual al Espíritu ardiente,
de los santos divino troque. Amén.

06 noviembre 2017

Uno solo es el Maestro.


Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.
Todos somos hermanos y discípulos de único maestro que es Jesús.
Todos estamos en proceso de ese aprendizaje vital que es el ser contemplativos en la acción. Todos tenemos algo que enseñar y todos tenemos que algo que aprender.
Uno solo es vuestro Padre, el del cielo: porque Uno es el que nos crea día a día y el que nos sostiene y hace posible la vida.
NO hay otros padres, por muchos que quieran o queramos atribuirnos paternidades que no nos corresponden.
Ni padres espirituales ni hijos espirituales: o sí, pero solo si entendemos que el Espíritu es que nos da el aliento de la vida.
Uno solo es vuestro consejero: Cristo.
Lo demás, es ponernos en el lugar que no nos corresponde.

05 noviembre 2017

Hoy celebramos a Santa Ángela de la Cruz.



Ángela Guerrero González, Sor Ángela de la Cruz, Madre de los pobres nació en Sevilla el 30 de enero de 1846. Hija de padres honrados y pobres.

Su padre José Guerrero había venido a Sevilla, de Grazalema, pueblo de la serranía de Ronda, entre aquellas hondadas de emigrantes a las grandes ciudades en busca de mejor colocación, que suelen acompañar al desarrollo de la civilización industrial.

Los dos esposos llegaron a tener hasta catorce hijos, de los cuales solo seis, tres hijos y tres hijas, sobrevivieron hasta edad adulta. Ambos trabajaban para el convento de los Padres Trinitarios, poco distante de la calle Santa Lucía, 13 donde ellos tenían su casa cuando nació Angelita. El padre hacía de cocinero y la madre lavaba, cosía y planchaba la ropa de los frailes. La niña fue bautizada en la parroquia de Santa Lucía, el 2 de febrero con el nombre de María de los Ángeles, pero para los que la conocen será siempre Angelita.

Su padre murió pronto. Sin embargo la madre llegara a ver la obra de su hija, y las Hermanitas de la Cruz la llamaran con el dulce nombre de "la abuelita" y quedaran admiradas de las muchas virtudes que florecían en el jardín de su alma.

Angelita fue siempre bajita, vivaz y expresiva. A los ocho años hizo su primera comunión. A los nueve fue confirmada. asistiendo pocos años a la escuela, como era habitual por aquel entonces entre las niñas pertenecientes a su clase social, aprendió los elementos de gramática, cuentas, leer y escribir lo suficiente para comunicarse. Ángela, que crecía en un piadoso ambiente familiar, pronto daría cumplidas pruebas de bondad natural. Ya de joven, nadie osaba hablar mal o pronunciar blasfemias en su presencia. Si hablaban algo menos puro, al verla llegar, decían, cambiando de conversación: "Callad, que viene Angelita".

Llegada a la edad de poder trabajar sus padres la colocaron como aprendiz en un taller de zapatería desde los 12 años para contribuir a la economía familiar, allí permaneció hasta los 29 de forma casi ininterrumpida, con todas las garantías para que en el mundo del trabajo no perdiera su inocencia y virtud cristiana. La maestra de taller doña Antonia Maldonado, era dirigida espiritual del canónigo don José Torres Padilla, que tenía en Sevilla fama de preparar santos, le llamaban "el santero" por el tipo de personas que con él se confesaban y dirigían. Con él pondrá en contacto doña Antonia a la ferviente discípula Angelita Guerrero. Allí se organizaba el rezo del rosario entre las empleadas diariamente y se leían las vidas de santos.

Cuando Angelita conoció al Padre Torres Padilla tenía 16 años. Tres años después pedirá su entrada como lega en el convento de las Carmelitas Descalzas del barrio de Santa Cruz. No la consideraron con la salud y energías físicas suficientes para los trabajos de lega y no la admitieron en el convento.

De 1862 a 1865, Ángela, que asombra por sus virtudes a cuantos la conocen, reparte su jornada entre su casa, el taller, las iglesias donde reza y los hogares pobres que visita.

Por aquel tiempo se declaró la epidemia de cólera en Sevilla y Angelita tuvo ocasión, bajo la dirección del Padre Torres, de emplearse con generosa entrega la servicio de los pobres enfermos hacinados en los corrales de vecindad, las victimas más propicias de esa enfermedad. Ángela se multiplica para poder ayudar a estos hombres, mujeres y niños castigados tan duramente por la miseria. Y en ese mismo año pone en conocimiento de su confesor, el padre Torres, su voluntad de "meterse a monja".

Bajo el consejo del Padre Torres intentó hacer el postulado en el hospital de las Hijas de la Caridad de Sevilla. Lo comenzó en el año 1868. Y, aunque su salud era precaria, las religiosas hicieron esfuerzos por conservarla, procurando enviarla a Cuenca y a Valencia para ver si se fortalecía.

Siendo novicia, tuvieron que enviarla a Sevilla para probar de nuevo con sus aires natales; pero todo fue inútil, sus vómitos frecuentes no le permitían retener la comida. Tuvo que salir del noviciado. Y, lo más doloroso para ella es que todo esto sucedía cuando su director, el Padre Torres, se encontraba en Roma, como consultor teólogo del Concilio Vaticano I.

En su casa la acogieron de nuevo con gran cariño, y en poco tiempo el señor permitió que recobrar su salud. También volvió al taller de zapatería.

Regresó pronto el Padre Torres, al tener que suspenderse el Concilio en 1870. también él la acogió con todo cariño y continuo guiándola por los caminos difíciles por los que dios quería conducirla. Ambos preveían que Dios la quería para algo que no adivinaban aún.

El 1 de noviembre de 1871 Angelita prometió en un acto privado , a los pies de Cristo en la Cruz, vivir conforme a los consejos evangélicos.

En 1873 tendrá la visión fundamental que le definirá su carisma en la Iglesia: subir a la Cruz, frente a Jesús, del modo más semejante posible a una criatura para ofrecerse víctima por la salvación de sus hermanos los pobres. Bajo la guía y mano firme de su director espiritual, irá recibiendo de Dios los caracteres específicos del Instituto que dios deseaba por su medio inaugurar en la Iglesia:

Ella siguió trabajando en el taller como "zapaterita", a la vez que, por encargo de su padre espiritual, dedicaba su tiempo libre a recoger las luces que Dios le daba sobre su vocación y futuro Instituto, hasta que recibió la orden de dejar el taller y dedicar todo su tiempo a la fundación.

Viendo que no podía ser monja en el convento, se dijo a si misma: "Seré monja en el mundo" e hizo los Votos religiosos. Un billete de 1º de noviembre de 1871 nos revela que "María de los Ángeles Guerrero, a los pies de Cristo Crucificado" promete vivir conforme a los consejos evangélicos: Ya que le ha fallado ser monja en el convento, será monja fuera. Dos años más tarde, Ángela pone en manos del doctor Torres Padilla unas reflexiones personales en las que se propone, no vivir siguiendo a Jesús con la cruz de su vida, sino vivir permanentemente clavada en ella junto a Jesús.

Ángela comienza a afirmarse en una idea que le ha venido con fuerza: "hay que hacerse pobre con los pobres".

Su alma caminó de claridad en claridad, a través de las pruebas interiores más terribles, apoyada en la clarividencia y firmeza de su director, hasta las cumbres del desposorio espiritual con Cristo. El 22 de marzo de 1873 comienza a descubrir con nitidez su carisma personal de ser ante Dios y la Iglesia Ángela de la Cruz.

Tuvo una visión del Calvario con dos cruces, una frente a la otra y muy cerca. En una estaba Jesús crucificado. Se sintió llamada por Él, en la otra: con unos deseos tan vivos y un ansia tan vehemente y un consuelo tan puro, que no me quedaba duda que era Dios quien me invitaba a subir a la cruz. De ahí en adelante, no volverá atrás en la dirección indicada por esa gracia: la pobreza, el desprendimiento de todo lo terreno a imitación de san Francisco, y la santa humildad , característica más típica, traducida en humillación: Que no haya otro estado tan bajo, tan despreciable, tan humillante, al que yo no pertenezca, y eso hasta después de su muerte.

Había encontrado el tesoro, que se le descubrirá como la voluntad de Dios, de crear un Instituto de victimas que se quieran unir a Jesús en la Cruz por la salvación de sus hermanos los pobres.

Las luces y gracias recibidas de Dios en ese tiempo, le fueron descubriendo no sólo el espíritu del nuevo Instituto, sino también, con luces y energías espirituales extraordinarias, en la historia de la espiritualidad, los caracteres que convenían a sus casas, a sus capillas, portería, dormitorio y hasta la distribución ordinaria del tiempo en sus comunidades.

Se le descubría la necesidad de rebatir con la vida de estas nuevas religiosas la corrupción de su siglo. Los librepensadores del tiempo piensan en las religiosas como en gente que no quiere trabajar y buscan una vida cómoda; y de las que se dedican a la caridad, no saben sino mandar sin que a ellas les falte nada. La regla de estas religiosas había de demostrar con el ejemplo que por sólo amor de Dios, se abrazan con todo lo contrario.

Había de reunir en una sola vida: la penitencia de los Padres del desierto con la caridad de san Vicente de Paul; la contemplación y pobreza de la más oculta religiosa con la vida laboriosa de quien trabaja para aumentar el socorro de los pobres.

Pensaba en jóvenes, desprendidas de todo lo terreno hasta de ellas mismas, sin nada terreno más que la ropa puesta y ésta de limosna: sin flores ni estampas ni ninguna clase de animalitos, para que en nada pueda apegarse el corazón; ocultas y desconocidas y sin ninguna apariencia que las haga especiales; una comunidad de vida extraordinaria por su penitencia, obediencia y mortificación en todo.

"De oración continua a imitación de los ángeles, que bajan del cielo para aliviar a sus hermanos los hombres sólo cuando Dios se lo manda. Silenciosas por las calles, lo único que debería distinguirlas es la modestia, compostura y dulzura con que habían de tratar a todos". El Instituto ayer y hoy.

En la casa había de reinar un profundo silencio, con sus paredes blancas y toda muy limpia. En el corredor ningún mueble más que de trecho en trecho un cuadrito sencillo con la estación del Vía Crucis.

El ajuar basto y limpio. Todo había de ayudar y convidar a la oración, la desprendimiento de todo, sugerir la limpieza de cuerpo y de espíritu, predicar la pobreza con solo su estilo y el seguimiento de Cristo crucificado.

Veía a las Hermanas como ángeles volar con diligencia a la asistencia de los pobres enfermos a domicilio, para evitarles el desconsuelo de verse abandonados, o apartados de la familia, porque no tienen quien se ocupe de ellos.

En invierno de 1873 Ángela formula votos perpetuos fuera del claustro, y por el voto de obediencia queda unida al padre Torres. Pero su mente y su corazón inquietos comienzan a "reinar" en una idea que continuamente le asalta: formar la "Compañía de la Cruz". Obstinada en su empeño el 17 de enero de 1875 comienza a trazar su proyecto, que, como toda obra noble, se verá colmado por el éxito, más ante los ojos de Dios que ante los ojos de los hombres.



Reflexión. Domingo XXXI del Tiempo Ordinario.


Necesitamos cristianos coherentes.

Todavía resuena en nuestra cabeza, las dos fiestas que hemos celebrado estos días en la Iglesia. La Fiesta de todos los Santos, personas como tu y como yo han pasado por este mundo, pero que han sabido ser Evangelios Vivos con sus vidas en medio de sus ambientes. Posiblemente nunca llegarán a estar en un Altar, pero, han sabido dejar una huella de amor imborrable.

También celebrábamos la fiesta de los difuntos. Una fiesta triste pero a la vez esperanzadora.

Nuestros familiares, amigos y conocidos que después de una feliz estancia terrena, han partido a la casa del Padre, descansan junto a Dios e interceden por nosotros.

En este Domingo XXXI del Tiempo Ordinario, vemos como tiene unión las lecturas con las celebraciones que hemos celebrado en estos días. Dios no quiere a personas, seguidores hipócritas. No quiere promesas vacías que ahora por la boca digo una cosa, y con mi actitud hago lo contario. Nos pide una vez más que seamos seguidores coherentes. Que nuestras palabras vayan de la mano con nuestros actos, y viceversa. No tenemos que buscar buenos puestos eclesiales, ni los mejores puestos, ni mirar por encima del hombro al otro… Tenemos que ser personas sencillas, que anunciemos con humildad el mensaje Evangélico a nuestros hermanos. Sin pretender grandes puestos, ni honores, ni sentarse en los puestos principales.

En la Primera Lectura del Profeta Malaquías

Vemos como el profeta critica duramente a los sacerdotes de su época por la gran hipocresía y el mal ejemplo que daban de su vida. Nos encontramos antes una cultura que donde después de la destrucción de Jerusalén, se empieza a reconstruir un templo sencillo, un culto que empieza a recuperar la solemnidad que se había perdido y los responsables de la “religión” son los primeros en tergiversar la ley anteponiendo el juicio propio por encima.
Esto, es una reflexión que deberíamos pesar todos para ver cuando actuamos, si lo hacemos en nombre de Dios o en nombre propio. Es decir, poniendo mi ideal por encima del Evangelio.

En la Segunda Lectura de la Carta de Pablo a los Tesalonicenses

Nos encontramos con el gran amor que tiene el Apóstol por su comunidad.
Un amor, que pasa por agradecer a su comunidad el recibimiento que le dieron cuando empezó a misionar. Tratando con cariño a la comunidad, sin ser pesado ni arrogante. Una cercanía entre el equipo que predica y los que lo oyen. Hay un ambiente cercano, donde lo central es la Palabra de Dios. Nadie es más que nadie.
Por eso, la cercanía, el respeto y la igualdad deben ser los ingredientes principales a la hora de ser anunciador del Evangelio en una comunidad.

En el Evangelio de Mateo

Leemos la dureza con que Jesús habla a los fariseos (los que transformaron el culto) y dice que “no hagamos lo que hacen ellos, porque ellos no hacen lo que dicen”. Maestros y fariseos dicen una cosa al pueblo y hacen otra. Tienen contradicción con sus palabras y sus obras. Les interesa que lo vean las gentes, mientras que no hacen nada y ponen cargas al resto.

El Evangelio, llevándolo a la actualidad, podríamos pensar y decir que son muchos los que en nuestra sociedad, se llenan de palabras bonitas, de actos públicos y no se lo creen ni ellos mismos. Es más fácil mandar desde un despacho, que mancharse en el día a día, codo con codo con las personas.

El Evangelio de hoy es bastante claro. Más que palabras, deberíamos leerlo, reflexionarlo y rumiarlo. No hace falta explicarlo. Pero dos claves:
Todos somos hermanos, y uno solo es el Maestro: Cristo.

Invitación a seguir a Jesús siendo coherentes en nuestra vida cristiana personal, en nuestra vida comunitaria y en nuestra vida Eclesial. Y desde ahí, que nuestro mayor sillón, cátedra, despacho o mandato, sea el servir a los demás con humildad. Sin querer estar por encima de nadie. Ni siendo sacerdotes, ni obispos, ni políticos, ni religiosos.

Todos somos iguales, todos desempeñamos una misión y a mayor cargo, mayor sea la humildad y el servicio con que tratemos a los demás. Todo lo que se salga de aquí, es porque manipulamos el Evangelio a nuestro interés.

Que María, la Virgen, nos ayude a no creernos mejores que los demás, a no pisotear cuando tengamos un cargo… Y seamos humildes y honestos para ser verdaderos y coherentes cristianos en nuestra sociedad.

Y, por ser día de Santa Angela de la Cruz, ella interceda por cada uno de nosotros para hacer el bien sin mirar de que condición y raza es.
Que así sea.


04 noviembre 2017

Mensaje del Papa Francisco para este mes: Por Asia.



Hoy la Orden Trinitaria celebra a San Féliz de Valois. Compañero de San Juan de Mata en el comienzo de la Orden.


Poco se sabe con certeza de la vida de Félix de Valois, en las crónicas trinitarias apenas hay referencias a él, y siempre están rodeadas de un halo de misterio. No han sido pocos los que, incluso, han dudado de su existencia, sin embargo, los documentos pontificios dirigidos al hermano Félix, Ministro son suficientemente aclaratorios para asegurar su existencia, libre, eso sí, de las leyendas y mitologías que lo han rodeado a lo largo de los siglos.

Cuando Juan de Mata se retira a Cerfroid tras su primera misa en Paris encuentra a un grupo de ermitaños, encabezados por Félix. Es a estos hombres de oración a quienes cuenta su proyecto y de los que recibe el impulso que necesitaba y buscaba para hacerlo realidad. En la tradición de la Orden siempre se ha considerado a Félix como el primer compañero de Juan de Mata para la fundación de la Orden.

Tras la aprobación de la Orden, el papa Inocencio III, en varias bulas confirmatorias, reconoce las casas trinitarias de Cerfroid, Fointeneblau y Bourg la Reine, y en ellas la presencia de los hermanos de la Casa de la Santísima Trinidad, la Domus Trinitatis soñada conjuntamente por Juan y Félix. Más tarde, con la extensión de la Orden Trinitaria, un hermano llamado Félix, Ministro aparece en la casa de Marsella y en la de Cerfroid.

La tradición de la Orden Trinitaria siempre ha considerado a Félix de Valois como el complemento de Juan de Mata. Siendo esta la primera Orden aprobada por la Iglesia de carácter no monástico, fundada en ciudades y en casas, Félix representa la dimensión contemplativa y orante de la misión trinitaria; es obvio que Juan de Mata representa la dimensión activa, redentora, tan característica de la Orden.

Es también tradición que Félix murió en Cerfroid el 4 de noviembre de 1212, un año antes que Juan de Mata muriera en Roma (17 de diciembre de 1213), si bien, como ya hemos dicho con anterioridad, no hay datos precisos que confirmen este dato. Con la pérdida de la Casa de Cerfroid por los trinitarios durante la Revolución francesa, tanto la iglesia como la casa y las tumbas quedaron saqueadas y destruidas. Actualmente hay una comunidad trinitaria en Cerfroid pero de la tumba de Félix no se ha vuelto a saber nada. La parroquia que se atiende desde la Casa lleva su nombre y allí se mantiene la tradición de este hombre sencillo y de fe que colaboró con la fundación de la Orden Trinitaria. El papa Urbano VIII reconoció su culto inmemorial en 1666, junto con el de Juan de Mata, y lo proclamó santo.

Son muchas las tradiciones sobre San Félix, todas ellas reflejadas en textos poéticos antiguos que relatan los orígenes de la Orden, pero con poco valor histórico. Una de ellas tiene que ver con los meses que convivió con Juan de Mata en Cerfroid, mientras le ayudaba a discernir la voluntad de Dios y el lugar más adecuado para ello. Un día, mientras paseaba por el bosque de Cerfroid, pudo ver un gran ciervo que se acercaba a beber a un arroyo cercano, fijándose mejor descubrió que entre sus astas brillaba una cruz en forma griega, con el brazo horizontal en azul y, sobre él, el brazo vertical en rojo. Al comunicarlo a Juan de Mata ambos coincidieron en identificar esta señal como divina y usar esa extraña cruz bicolor como signo distintivo de los religiosos redentores. Esta tradición es la que sostiene la presencia de un ciervo con una cruz entre las astas en la iconografía trinitaria, así como a los pies de San Félix, a veces incluso de San Juan de Mata.

Hay otra tradición sobre San Félix. Mientras Juan de Mata extendía la Orden fundando nuevas casas, Félix quedaba en Cerfroid con los hermanos en oración y acogiendo pobres y cautivos en la Casa. La víspera de la fiesta de la Natividad de María, el 7 de septiembre, mientras la comunidad rezaba los maitines, los hermanos se quedaron dormidos, excepto Félix que mientras se lamentaba de tan grave falta, contempló asombrado cómo descendían del cielo decenas de ángeles que le acompañaron al instante en el canto de los maitines a la Virgen, y la mismísima Virgen María ocupaba su lugar en el sitial de la presidencia para dirigir la oración sálmica a Dios Trinidad. La Orden ha celebrado, hasta la reforma del calendario litúrgico realizada por Pablo VI, esta fiesta el día 7 de septiembre con gran boato. En muchas casas se colocaba una imagen de la Virgen María, llamada del Coro, en el lugar de la presidencia, las monjas trinitarias contemplativas aún conservan esta tradición.

02 noviembre 2017

Hoy rezamos por todos los difuntos.



Pedimos al Señor que acoja en sus brazos a todos nuestros familiares, amigos y conocidos que han pasado de este mundo terreno a la Jerusalén celeste.

Padre Nuestro...
Dios te Salve Maria...
Gloria al Padre y al hijo y al Espíritu Santo...
---
Dales Señor el Descanso Eterno
Y brille para ellos la Luz perpetua.
Descansen en Paz.
Amén.  

01 noviembre 2017

Se nos invita a ser santos.




¡Feliz día de todos los Santos!

El uno de noviembre, celebramos todos los católicos el día de los Santos.
Celebrar esta fiesta, es celebrar a personas que han pasado por este mundo, por nuestro lado, haciendo el bien: familiares, amigos, vecinos… etcétera.
Algunos profesando su fe en Cristo Jesús, y alomejor otros sin profesar directamente, pero, teniendo un gran amor al prójimo.
Y como dijimos en el Evangelio del domingo pasado XXX del tiempo Ordinario, ”Dios está en la persona. Quien ama a Dios ama al prójimo y quien ama al prójimo, ama a Dios” van enlazado uno con otro.

Personas como tú y como yo que han sabido andar por nuestro mundo dándole un color diferente, actuando con el arma del amor, la compresión, la ayuda…
Los que popularmente se les llama los “santos de zapatillas” porque seguramente, no han sido introducidos en causas de los Santos y no están puestos en los altares.

Todos estamos llamados a ser santos. Dios nos quiere santos.
Ser santo, como diría Santa Teresa de Jesús es ser “amigo fuerte de Dios”.
Un Dios que se entregó en la Cruz para resucitar al tercer día y salvarnos de la muerte.
Amigos, de un Dios que se entrega cada día en la Eucaristía, que se hace presente en cada persona, en especial, en los más necesitados.

Ser santos no es ser solamente “buena persona” y “ayudar” cuando nos necesiten.
Es ser algo más. Y ese ”más” es que, al ser bautizado en el nombre de la Santa Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, somos herederos y partícipe de una comunidad de AMOR y debemos reflejarlos en nuestro entorno, con nuestros hermanos e irradiar al mundo de esa luz.

No es una utopía. Se puede conseguir si uno se pone manos a la obra.
Por eso, esta fiesta nos lo recuerda. Celebrar a hombres y mujeres que han sabido ser reflejo de Dios Trinidad en sus ambientes, ayudando, entregándose y poniendo en el centro de sus vidas a Dios y al prójimo.

Algunas de esas personas, son Santos reconocidos por la Iglesia y dándoles culto en las parroquias y otros son santos (repito) “de zapatillas”. Pero tanto uno como otro, son iguales y tienen en común que han sabido AMAR hasta el extremo.

Ojalá que sepamos imitar a tantas personas que han pasado por nuestro lado y nos han dejado un gran legado de amor y aprendamos que cuánto más se ama, más felices somos.

Que la Virgen María interceda por cada uno de nosotros para que seamos ejemplo de santidad en medio del mundo.
Que así sea.


29 octubre 2017

Reflexión. Domingo XXX del Tiempo Ordinario.


En este Domingo XXX del Tiempo Ordinario, todas las lecturas tienen un verbo en común: AMAR. No se puede amar a Dios sin amar al prójimo. Dios y el prójimo van enlazados. No podemos separar uno de otro. Si miramos la vida de Jesús, fue un continuo recorrido de hacer amar al que prójimo, en especial, a las personas más necesitadas y a su Padre Dios.
Hoy, deberíamos pararnos y pensar como es nuestra relación con el prójimo y como es con Dios. Mirar a la cruz y ver como la relación con Dios y con el prójimo se une en Cristo, verdadero amor de los amores.

En la Primera Lectura del Libro del Éxodo

Vemos como el pueblo judío recibe que no solamente se ama a Dios por encima de todo, sino, que hay que tratar bien al prójimo, en especial, al más necesitado. Los mandamientos no solo es no matar, no cometer adulterio o no mentir.
Toda la ley, se encierra en dos pilares fuerte: amar a Dios y al prójimo como a uno mismo.
El Dios de Israel se pone al lado de los débiles que él mismo ha instituido para defender al pueblo de la esclavitud.

En la Segunda Lectura de la Carta de Pablo a los Tesalonicenses

Nos enseñan una comunidad que es ejemplo de cristianos porque han acogido la Palabra de Dios y han sido capaces de convertirse. No han sido privados de tentaciones ni de problemas, sino, que a pesar de las dificultades, se han refugiado en la Palabra de Dios.
Anunciar el  Evangelio y construir una comunidad sólida, era primordial para Pablo.
Que el ejemplo de Pablo, nos ayude a ser verdaderos anunciadores del  Evangelio con nuestra actitud en medio de un mundo que tan alejado de Dios se halla.

En el Evangelio de Mateo

Nos habla del grupo de saduceos (que eran el grupo de hombres justos y rectos) y los fariseos  eran los que  controlaban) que le ponen a prueba a Jesús preguntándole cual es la doctrina fundamental. 

Ellos recitaban el “Shema”  al comenzar la jornada y al  finalizarla y decían: “ Escucha Israel. El Señor es nuestro Dios. Es uno. Amarás a Dios con tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser” y Jesús, viendo que le hacían una encerrona, les plantea una nueva novedad. Une amar a Dios y al prójimo. Porque (como dije más arriba) no pueden ir separados estos dos mandamientos. Van entrelazados.
Corremos el riesgo en muchas ocasiones quedarnos en amar a Dios, hacerle cultos, cumplir doctrina hasta la última tilde y dejar a un lado al hermanos que está a nuestro lado y que necesita de nosotros. Y, si esto lo hacemos, nuestro pecado es mayor.
Que no solo decidamos adorar y amar a Dios en nuestra vida, sino que nos preguntemos cómo nos comportamos con nuestros hermanos más necesitados y en dónde ponemos más nuestro interés.

Pidamos a la Virgen María, Madre del Rosario, que nos ayude a comprender que el verdadero amor es el que enlaza el culto a Dios y la ayuda al necesitado. Que nos de valentía para anunciar el Evangelio a pesar de estos tiempos difíciles que estamos viviendo.


En especial, tengamos una oración por nuestros hermanos que sufren cautiverio y persecución a causa de testimoniar su fe en Cristo Jesús.
Que así sea.


Más en:
http://www.revistaecclesia.com/author/fray-jose-borja/

27 octubre 2017

Padre Jerónimo Mariano Usera, fundador de las Religiosas del Amor de Dios.


Familia e Infancia.

El 15 de septiembre de 1810 nacieron los hermanos gemelos Mariano y María en la madrileña calle del Lobo (hoy Echegaray), barrio del Congreso.

Al día siguiente fueron bautizados en la Parroquia de San Sebastián.
Sus padres se llamaban Marcelo Usera Pérez, madrileño, y Bernarda Alarcón Castillejo, natural de Villaescusa de Haro, Cuenca.
El amor se hizo visible en una fecundidad generosa. Mariano y María ocuparon el quinto y sexto lugar de dieciséis hermanos, aunque sólo conocemos el nombre de once.

El matrimonio Usera-Alarcón estaba entroncado con la nobleza e hidalguía; pero no fue esa la dimensión que cultivaron, porque tampoco daba mucho de sí.
D. Marcelo, que recibió una amplia formación humanista, llegó a ser Director de la Real Academia Greco-Latina y miembro de la Academia de Santo Tomás.
Doña Bernarda, como mujer de su tiempo, se dedicó a la casa y a atender a su familia.

La formación teológica de D. Márcelo y la sencilla espiritualidad de Doña Bernarda centraban su vida creyente en los misterios de la Trinidad, de la Eucaristía, de la Cruz y en la devoción cercana y entrañable a María.

Por tradición familiar sabemos que en el hogar se vivía una fe sencilla y profunda, amorosamente orientada hacia la caridad fraterna, la participación en los sacramentos y la oración diaria.
La infancia de Mariano se desarrolló en un Madrid convulsionado y violento por la Guerra de la Independencia.

En este  ambiente de odios y enfrentamientos, el matrimonio Usera—Alarcón se esforzó por proteger el ámbito familiar, favoreciendo la vida cultural en su interior, estrechando las relaciones fraternas y viviendo intensamente la fe.

Ahí fue donde sintió Mariano la llamada de Dios que le invitaba a dejarlo todo e iniciar el seguimiento de Jesús.
Mariano dijo si, y aceptó hacerlo de la forma más radical: en la austeridad y el silencio del monje contemplativo.

Noviciado y formación.

Mariano Usera, llegó a Oseira a comienzos de 1824. 
No había cumplido los 14 años todavía, le hicieron un examen de gramática, le pusieron un maestro y pasó una corta estancia en la hospedería, preparándose para la toma de hábito con otro compañero.

El 3 de marzo de 1824, recibió el hábito blanco del Cister de manos del P. Abad.
Y, con el hábito, el nuevo nombre, Jerónimo.
Era otro signo de que iniciaba una nueva vida dentro de la Familia de San Bernardo.

Con ojos de adolescente, inició el camino del noviciado por la belleza del claustro, el silencio, la oración litúrgica gregoriana, y el comienzo de la espiritualidad cisterciense: camino de sobriedad, sencillez y conversión de corazón. Se dejó transformar en la escuela del amor de Cristo, piedra angular sobra la que se construyó la unidad y la fraternidad de la vida comunitaria.

El 4 de marzo de 1825, hizo la profesión religiosa ante la comunidad y el abad fray Rosendo García.
Después de trasladó a Meira (Lugo) para comenzar el estudio de la filosofía.

Ordenación Sacerdotal.

El 17 de diciembre de 1831, recibió el subdiaconado.
Dos años después, 20 de diciembre, el diaconado; ambos en Madrid.
Por razones de edad, esperó hasta cumplir los 24 para ordenarse de sacerdote en Uclés, el 20 de septiembre de 1834.


Más en:

26 octubre 2017

Entrevista a Olga Salvat, sobrina de Santa María Purísima de la Cruz.


P. ¿Dónde nació Santa María Purísima?

R. El 20 de febrero 1926 nació en Madrid una niña llamada María Isabel Salvat Romero. A pesar de los lazos familiares que le unían con las religiosas irlandesas y de ser alumna de su colegio en la calle Velázquez, María Isabel vio dar forma a su vocación en la Compañía de la Cruz fundada por Sor Ángela.

P. ¿Cómo era de Pequeña?

R. Dicen de María Isabel que era una niña alegre y bondadosa, espiritual y profunda.
El ejemplo de su madre, bondadosa y generosa influyó en su inclinación por los más necesitados.

P. ¿En qué año ingresó en las Hermanas de la Compañía de la Cruz?

R. Segura de su vocación y su deseo de santidad, tuvo que vencer algunas dificultades hasta ingresar como postulante en el convento de las hermanas en Sevilla en 1944. “Hacerse pobre con los pobres para acercarlos a Cristo”, el lema de Sor Ángela que sor María de la Purísima hizo suyo de por vida atraída por la espiritualidad humilde y sacrificada de Sor Ángela.

P. Una vocación muy particular.

R. Las hermanas de la Cruz visitaban la casa de María Isabel en sus rondas como limosneras por el barrio de salamanca y en esas visitas ella fue conociendo a las monjas y su carisma.
Sabía que atendían a enfermos y necesitados y que tenían colegios para niñas pobres; un día tuvo la oportunidad de conocer el convento de las hermanas en la calle Rey Francisco de Madrid y quedó cautivada por el ambiente de pobreza, espiritualidad y sacrificio que allí se respiraba, tanto que allí mismo dijo: “éste es mi sitio”.
Desde entonces se mantuvo fiel a su vocación y al carisma de las Hermanas de la Cruz. “pase lo que pase, sea lo que sea, cueste lo que cueste, siempre fiel” solía decir.

Fue Superiora en varios conventos de la Compañía, maestra de novicias y General del Instituto.

P. Una Santa de nuestro hoy. Del siglo XXI.

R. Santa María de la Purísima es una santa cercana. Muchas personas la han conocido y tratado.
La mayoría de las Hermanas de la Cruz desde luego, pero también las que fueron sus alumnas, enfermos a los que asistió, sacerdotes etc… y también su familia y amigos de la infancia.

Al mirar atrás, los momentos con ella están bañados con su sonrisa serena, su interés por nuestras cosas haciendo suyas las preocupaciones de cada uno aunque fueran pequeñeces y dando a todo, lo bueno y lo malo, una visión sobrenatural.

Según pasaban los años o según nos hacíamos nosotros mayores nos fuimos dando cuenta que nuestra tía irradiaba una luz especial. En los inicios del proceso de canonización otras personas que la trataron nos decían que habían tenido una sensación igual.

Decía Madre María de la Purísima que la santidad radicaba en gran parte en hacer lo ordinario extraordinariamente bien. Y fue ejemplo de ello.

P. ¿Qué recuerdos tienen sus alumnas?

R. Sus alumnas la recuerdan como una madre preocupada y cariñosa que si las reñía, lo hacía con dulzura. Se reservaba los trabajos más duros y hay muchos testimonios de ello especialmente cuando estuvo de superiora en Villanueva del Río y Minas donde se enfrentó a la suciedad, la enfermedad y la pobreza de modo especialmente intenso.

A las niñas les enseñaba a rezar y a confiar en el Señor como ella hacía. En un vuelo a Argentina, viaje que realizaba cada año para visitar a las hermanas de la Cruz que estaban más alejadas, hubo problemas por una amenaza de bomba y ella permaneció tranquila, con los ojos cerrados como si nada ocurriera ante el asombro de la Hermana que la acompañaba y el resto de los viajeros.

P. ¿Podría englobar toda su vida en una frase que la destacara?

R. “Lo más hermoso de la tierra es buscar a Dios, encontrarse con Él, llenarse de su amor y de Él repartir a otros”. Este pensamiento de Santa María de la Purísima es para muchos resumen de su vida.

P. El proceso de beatificación y canonización, ha sido uno de los más rápidos en la Iglesia.

R. Si.
Ella falleció con olor de santidad el 31 de octubre 1998.
Tan sólo doce años después de su fallecimiento fue beatificada en Sevilla.
En 2015, tres años más tarde, el 18 de octubre de 2015 se celebró su canonización en Roma.

Muchas gracias a Doña Olga Salvat, por acercarnos un poco más a la vida de Santa María de la Purísima de la Cruz.



Más en:
http://www.revistaecclesia.com/entrevista-la-sobrina-santa-maria-purisima-la-cruz-fray-jose-borja/

23 octubre 2017

La Familia Trinitaria celebra hoy al Santísimo Redentor.


En 1682 los redentores españoles Miguel de Jesús María, Juan de la Visitación y Martín de la Resurrección dieron la libertad a 211 cautivos, recogidos en Mequínez, Fez y Tetuán, y rescataron a su vez 17 imágenes sagradas (15 esculturas y dos cuadros) que estaban en las mazmorras musulmanas. Para el rescate de las quince imágenes, el rey de Fez exigió el canje de quince moros cautivos en Ceuta y Málaga, los trinitarios pagaron por los moros y los enviaron a Fez, consiguiendo así la redención de las imágenes. Del mismo modo que hacían con los cautivos redimidos, como signo de haber pagado por ellos el rescate exigido, colocaron a las imágenes el escapulario con la cruz trinitaria.

La principal de las diecisiete imágenes rescatadas fue la de Jesús Nazareno, de estatura natural, con las manos cruzadas adelante y túnica tafetán morado. Se desconoce el origen de la imagen, ni se sabe cuándo, cómo, ni quién la llevó a Mámora. Las muchas leyendas que a lo largo de los siglos han rodeado esta imagen no son más que eso, leyendas. Lo que sí es cierto es que participó en la procesión de cautivos de Madrid y la imagen fue expuesta en la iglesia de los trinitarios descalzos de Madrid, donde pronto le construyeron una suntuosa capilla. Los duques de Medinaceli, D. Juan Francisco de la Cerda y Doña Catalina de Aragón y Sandoval, concedieron de limosna el 2 de octubre de 1686 al convento trinitario "un sitio de cuarenta y cuatro pies de longitud y doce pies de latitud para hacer y labrar en dicho sitio una capilla de la milagrosa imagen de Jesús Nazareno del Rescate, aplicando dicha capilla al patronato de sus Excelencias".

A esta imagen está ligada estrechamente la fiesta del Santísimo Redentor, que se celebra en la Orden Trinitaria cada 23 de octubre desde el siglo XVIII. Pronto todas las casas de trinitarios descalzos encargaron copias de aquel Redentor rescatado, y hasta el día de hoy es, tal vez, una de las imágenes del Señor y devociones trinitarias más extendidas en el mundo. Muchas cofradías y hermandades de penitencia se fundaron en las casas trinitarias descalzas en torno a esta imagen.

A causa de la exclaustración general de 1835, los trinitarios tuvieron que abandonar su casa e iglesia de Madrid. En 1891 se hicieron cargo de la capilla los franciscanos capuchinos, que en 1930 levantaron un nuevo templo consagrado poco después como Basílica de Jesús Nazareno de Medinaceli, nombre que adoptó a finales del siglo XIX a causa del patronazgo de la casa ducal homónima, pero que no corresponde con la historia de la imagen.


Más en:
http://www.revistaecclesia.com/author/fray-jose-borja/

Campaña DOMUND 2017. "Sé valiente. La misión te espera".



Oración.

L evanto el corazón a ti, Señor:
A yúdame a lanzarme, hazme valiente.

M uéveme con tu impulso a donde quieras,
I nventa los caminos de mi vida.
S é que Tú me guiarás, y eso me basta.
I ncluso con mis dudas y mis miedos,
O yendo tu llamada, daré el salto:
N o importa nada más, si vas conmigo.

T u alegría, Señor, será mi fuerza,
E vangelio que es luz para los pobres.

E nvíame a anunciar esta Noticia,
S embrando la ternura y la esperanza
P or las mil periferias de este mundo.
E n tu misión confío, porque es tuya.
R enueva esta ilusión de darme a todos,
A mándote en quien sufre, en mis hermanos.

Vídeo del Domunnd 2017: "Super héroes".



Reflexión. Domingo XXIX del Tiempo Ordinario.


¡Feliz Día del Señor!
En este Domingo XXIX del Tiempo Ordinario, las lecturas nos presentan un esquema diferente a los planes que la mayoría de las veces nos hacemos y tenemos: A Dios lo que es de Dios.

Somos anunciadores del Reino de Dios en medio del mundo. No podemos estar “nadando y guardando la ropa”. No podemos querer seguir a Dios y querer seguir al César… Si seguimos al César, entramos en su “reino” donde la desigualdad, la intolerancia, el pecado es el escudo.
Si seguimos el “Reino” de Dios, se nos promete un camino de rosas y también de espinas, donde todos somos iguales, cada uno es importante, tenemos una dignidad, somos hijos de Dios… El Reino de Dios requiere personas fieles y valientes.

También celebramos el día del DOMUND.
Es una Jornada universal que se celebra cada año para apoyar a los misioneros en su labor evangelizadora, desarrollada entre los más pobres.
De una manera especial, acordémonos de la Familia Claretiana que celebró con gratitud y devoción la Beatificación ayer en Barcelona de 109 Mártires Claretianos.
Que ellos sean ejemplo de fidelidad, compromiso y valentía por ser anunciadores del Evangelio en medio de este mundo.

En La Primera Lectura del Libro de Isaías.
Vemos como Dios rompe los esquemas. El pueblo esperaba a un “Dios todopoderoso”, que lo salvase y le diera la libertad. Pero Israel se extraña, porque Dios escoge a una persona normal, inclusive, podría haber escogido a personas que nosotros hemos rechazado en algún momento de nuestra vida, le da ese encargo, y lo salva; Dios escoge a quién menos nos lo esperamos y vemos como en esa persona actúa su gracia.
¡Cuántos ideales nos rondan por la cabeza! En ocasiones, somos Israel.
Dejemos que Dios sea el que  nos conduzca y abramos nuestra vida para que su misericordia y sueño se realice.

En la Segunda Lectura de Pablo a los Tesalonicenses.
Nos muestra los pilares fundamentales que deben tener una verdadera comunidad de seguidores de Cristo.
Por un lado, nos recuerda que la comunidad debe estar siempre guiada por el Espíritu Santo. El Espíritu es la fuerza que une y alienta a los hermanos. Es la cuerda que mantiene unido a todos. Por otro lado, la oración debe ser el sustento de cada día. No puede haber una comunidad unida y que no ore en común. Si no hay oración, no hay relación con Dios. Y si no hay relación con Dios, ¿a quién se sigue? Seremos un grupo de amigos, una pandilla, pero no una comunidad de hermanos cristianos. Sin oración, no hay relación con Dios.
Y seguramente, por ser fiel a esos pilares, habrá personas que se vayan, o serán pocos, pero no importa la cantidad de personas, sino, la calidad con que se viva el Evangelio y la fraternidad.
Y seguramente, como dijo un obispo “nuestra vida de cristiano, será el Evangelio que muchas personas leerán”.

En el Evangelio de Mateo.
Los fariseos trasladan a Jesús una pregunta-trampa para detenerle: “¿Es lícito pagar impuesto al Cesar o no?”. En aquella sociedad, creían que los gobernantes-emperadores estaban puestos por el mismo Dios. Por eso, Jesús les responde diciendo “dar al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios”.
Cada oficio tiene su autonomía y su libertad. Lo temporal, que lo lo administra el César, que lo haga con justicia y valentía. Buscando el bien común de todos y respetando.
El ámbito religioso, es cosa de Dios y de su Reino presente en medio del mundo. No podemos mezclar el Reino de Dios con el gobierno del César. Cada cosa tiene su camino y unas directrices. No podemos igualar a uno y a otro. El hombre, es imagen de Dios y solamente se debe a Dios. El César busca su propia imagen, su propio ego… Como dice un refrán popular “no mezclemos las churras con las meninas”.
Lo sabio sería encontrar un acuerdo, para que así, aunque sean diferentes caminos, vayan paralelos hacia la meta de la paz y la justicia de todos.
Que María, madre del Rosario, nos ayude a ver en los otros el rostro de Cristo.
A crear comunidades abiertas, que sea verdadera familia y todos sus componentes sean hermanos y que no mezclemos las cosas temporales con el Reino de Dios.
Que así sea.


Más en:
http://www.revistaecclesia.com/reflexion-domingo-xxix-del-tiempo-ordinario-fray-jose-borja/

18 octubre 2017

Hoy celebramos el III aniversario de la canonización de Madre Purísima de la Cruz.



Oración

Te damos gracias Señor y Padre nuestro por haber glorificado en tu Iglesia a Madre María de la Purísima de la Cruz, que renunció a todo para seguirte por el camino de humildad y pobreza, imitando así a tu Hijo Jesucristo Nuestro Señor. Haz que el ejemplo de su vida suscite en muchas almas el deseo de seguirte más de cerca, siviéndote en la persona de los pobres y enfermos necesitados. Dignate concedernos por tu intercesión, la gracia que te pedimos. Amen.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


16 octubre 2017

El Reino de Dios no admite...



Reflexión. Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario.


En este Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario, las lecturas nos hacen una invitación a un banquete. Una invitación, que necesita una respuesta clara, inmediata y firme.
Dejemos las medias tintas y las dudas a un lado. Es el mismo Dios el que nos llama, nos invita a pasar sin mirar qué somos o de dónde procedemos. El paso no está cerrado a nadie. Es gratis para todas las personas y pueblos. La única condición, es que nos vistamos con el mejor traje de amor para tratar a los demás. La mejor y pura fraternidad para con los otros y tener ganas de participar.
Aquí no tenemos que aparentar nada, ni ser mejor que nadie. Solamente hace falta (repito de nuevo) el vestido del amor y de la fraternidad. ¿Te apuntas?

En la Primera Lectura del Libro de Isaías

Vemos como Isaías es el profeta por excelencia de la salvación. La salvación que está centrada en el Monte Sión, tiene dos “brazos” el festín y el universal. De ahí, que el monte sea donde se cimienta el templo, lugar donde está Dios. Un monte, que está en medio del pueblo.
Dios habita en medio de ellos. La segunda idea que se puede sacar del texto es cuando Isaías habla del banquete de fiesta. El banquete formaba parte de la vida comunitaria, social y religiosa.
Por eso, el profeta anuncia un banquete universal, sin excepción que se celebrará en el monte Sión. Un banquete, que lo preparará el mismo Dios y que los invitados recibirán muchos dones. Dios enjuga las lágrimas de su pueblo y los hace partícipe de la alegría entera.

En la Segunda Lectura de Pablo a los Filipenses

Nos muestra como Pablo en su segundo viaje misionero, en medio de la gran ciudad pagana que era estilo romano, busca la pequeña comunidad, que al no tener sinagoga, se reunían al lado de un río, y allí les predica y Evangeliza. A pesar de las contrariedades, Pablo, les exhorta a que sean fuertes antes las dificultades. Que confíen en Dios y sean firmes. Y los catequizas no con grandes dogmas ni teologías, sino con su propia persona, su vida coherente. Ese es el mejor testimonio creíble. Porque, las palabras se las lleva el viento, y, las actitudes permanecen.

En el Evangelio de Mateo
Jesús, nos cuenta la parábola de un rey que celebraba la boda de su hijo.
Invitó a todos sus amigos, preparó un gran banquete, organiza una fiesta y cuando está todo listo, ninguno va. Todos ponen excusas. El rey se enfada y al no querer ninguno de los invitados ir, abre las puertas y llama a todos a que entren.

¿Qué indirectas tiene el Evangelio de hoy?
En primer lugar, el Rey es Dios, que invita a todos al convite. El segundo lugar, hace ver que esos invitados que no quisieron ir al banquete, son las autoridades del pueblo de Israel que no quisieron ir. No oyeron la invitación de Jesús que venía de parte de Dios.

Hoy, Jesús Resucitado, sigue llamando e invitándonos a su fiesta. Una fiesta gratuita, acogedora y en donde todos somos iguales.
Todos llevamos las mismas vestiduras: la dignidad de Hijos de Dios.
Participar de este banquete, es entrar en comunión con Dios y con los hermanos. Somos partes de este gran regalo que es ser colaboradores de esta viña a la que Jesús nos espera e invita.

Pidamos a la Virgen, Madre de Dios y madre nuestra, que nos haga valientes para decir SI como ella lo dijo, siendo fieles y coherentes a esta invitación de participar de este gran regalo que es la Eucaristía. Sacramento que nos da la fuerza para testimoniar con nuestra vida el Evangelio.
Que así sea.


Más en:
http://www.revistaecclesia.com/en-este-domingo-xxviii-del-tiempo-ordinario-las-lecturas-nos-hacen-una-invitacion-a-un-banquete/

08 octubre 2017

Evangelio. Domingo XXVII del Tiempo Ordinario.


Según San Mateo 21, 33 - 43.

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «Escuchad otra parábola. Era un propietario que plantó una viña, la rodeó de una cerca, cavó en ella un lagar y edificó una torre; la arrendó a unos labradores y se ausentó. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera. Finalmente les envió a su hijo, diciendo: ‘A mi hijo le respetarán’. 

»Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron entre sí: ‘Este es el heredero. Vamos, matémosle y quedémonos con su herencia’. Y agarrándole, le echaron fuera de la viña y le mataron. Cuando venga, pues, el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?». Dícenle: «A esos miserables les dará una muerte miserable arrendará la viña a otros labradores, que le paguen los frutos a su tiempo». Y Jesús les dice: «¿No habéis leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido; fue el Señor quien hizo esto y es maravilloso a nuestros ojos? Por eso os digo: Se os quitará el Reino de Dios para dárselo a un pueblo que rinda sus frutos».



Reflexión.

Hoy contemplamos el misterio del rechazo de Dios en general, y de Cristo en particular. Sorprende la reiterada resistencia de los hombres ante el amor de Dios.
La parábola hoy se refiere más específicamente al rechazo que los judíos tuvieron con Cristo.
No es fácil entender esto: porque Cristo vino a redimir al mundo entero, y los judíos esperan a su “mesías” particular.

La Orden Trinitaria celebra mañana día 8 de octubre a su Patrona, la Virgen del Buen Remedio.


El fundador de la Orden trinitaria, San Juan de Mata, puso la Orden bajo la protección de la Virgen del Buen Remedio, indicando con el título a aquella que sana todos los males de la humanidad.

Cuando fue a Marsella en 1202, fundó un convento donde estableció la devoción a la Virgen.
Refiere la tradición que cierto día se hallaba San Juan de Mata rescatando cautivos y no le alcanzaba el dinero.  Entonces, acudió lleno de confianza a la Virgen del Buen Remedio y obtuvo por su intercesión una bolsa con el dinero suficiente para continuar rescatando cautivos.

El 29 de Abril de 1606 San Juan Bautista de la Concepción le impone a la imagen el hábito tricolor de los trinitarios.

En el Capítulo General de 1959, la Santa Sede otorga a la familia trinitaria tomar como Patrona a la Virgen Santísima bajo el título de "Buen Remedio" y celebrar su fiesta todos los años el 8 de Octubre.


Canto Templo de Gracia y de Gloria

Templo de gracia y de gloria
Templo de la Trinidad
Santa Madre del Remedio
Patrona de nuestro hogar.
Los trinitarios te veneramos
Y te queremos en comunidad
Pura Virgen doncella
Esposa buena, madre ideal.
Vives presente en nuestras vidas
Y en nuestras almas por siempre estarás
Somos una familia
Y en la familia no puedes faltar.
Tú nos enseñas en tu silencio
Como escuchar la palabra de Dios
Para llevar al hombre
Una esperanza de redención.


Más en:

04 octubre 2017

Onomástica del P. Francisco Méndez Casariego.


Francisco Méndez Casariego nace en Madrid el día 21 de junio de 1850 en el seno de una familia cristiana. Su padre era Pintor de cámara y académico de Bellas Artes de san Fernando. De niño destaca por su fina sensibilidad y su apertura a los demás, por sus cualidades prácticas, habilidad manual y gusto por la mecánica; pero lo más sorprendente era su profunda vivencia religiosa y su emotividad con los más pobres…

Después de ser ordenado sacerdote, fue nombrado coadjutor, y luego párroco de la iglesia de la Encarnación, entonces parroquia de la corete. Pero no se queda en el mundo de la nobleza y el poder, sino que llega al bajo mundo de los pobres y humillados, en los suburbios y callejas de Madrid. Más adelante será nombrado canónigo. Compaginará sus obligaciones en el primer templo diocesano con su ministerio pastoral entre los más abatidos y necesitados.

Acudían a él con mucha frecuencia toda clase de gentes. Él se daba a los últimos tanto en su ámbito pastoral como en sus salidas constantes por la periferia de su parroquia, a la calle, a los hospitales y cárceles. Su ministerio y vida sacerdotal estaban marcados por una constante pasión: Pasión por Dios y pasión por los últimos, los más pequeños y pobres.

Dios le mostró su rostro en las jóvenes humilladas y en los “golfillos” que pululaban por las calles de Madrid. Acudía a los hospitales, a las cárceles, se paraba a hablar con ellos y ellas en la misma calle e incluso los atendía en el confesionario: La condición indigna en la que eran tratadas aquellas jóvenes y aquellos chicos le quemaba las entrañas con el mismo fuego que Cristo había venido a traer a la tierra. Busca a su prójimo por las calles y caminos, plazas y estaciones, cárceles y hospitales, para mostrarle el rostro del padre que tiene entrañas de amor u misericordia.

Sale de noche con lluvia o nieve a buscar a sus “golfillos” que se cobijaban bajo un banco, envueltos en periódicos, los arropa bajo su manteo, hasta llevarlos a una casa que sea para ellos su casa familiar.

Encuentra su felicidad cuando el que se ha marchado vuelve a casa y él le insiste: “Es tu casa, esto es tuyo, y yo estoy contento porque has vuelto…”Sale en busca del que se ha perdido o escapado del rebaño. Tiene tanta paciencia que hasta dieciséis veces vuelve a salir en busca de uno de ellos. Su pasión era buscar y acoger a los que la sociedad marginaba.


Más en:
http://www.revistaecclesia.com/celebramos-la-onomastica-del-venerable-padre-francisco-de-asis-mendez-casariego/

Hoy celebramos a San Francisco de Asís.


San Francisco fue un santo que vivió tiempos difíciles de la Iglesia y la ayudó mucho. Renunció a su herencia dándole más importancia en su vida a los bienes espirituales que a los materiales.

Francisco nació en Asís, Italia en 1181 ó 1182. Su padre era comerciante y su madre pertenecía a una familia noble. Tenían una situación económica muy desahogada. Su padre comerciaba mucho con Francia y cuando nació su hijo estaba fuera del país. Las gentes apodaron al niño “francesco” (el francés) aunque éste había recibido en su bautismo el nombre de “Juan”.

En su juventud no se interesó ni por los negocios de su padre ni por los estudios. Se dedicó a gozar de la vida sanamente, sin malas costumbres ni vicios. Gastaba mucho dinero pero siempre daba limosnas a los pobres. Le gustaban las románticas tradiciones caballerescas que propagaban los trovadores.

Cuando Francisco tenía como unos veinte años, hubo pleitos y discordia entre las ciudades de Perugia y Asís. Francisco fue prisionero un año y lo soportó con alegría. Cuando recobró la libertad cayó gravemente enfermo. La enfermedad fortaleció y maduró su espíritu. Cuando se recuperó, decidió ir a combatir en el ejército. Se compró una costosa armadura y un manto que regaló a un caballero mal vestido y pobre. Dejó de combatir y volvió a su antigua vida pero sin tomarla tan a la ligera. Se dedicó a la oración y después de un tiempo tuvo la inspiración de vender todos sus bienes y comprar la perla preciosa de la que habla el Evangelio. Se dio cuenta que la batalla espiritual empieza por la mortificación y la victoria sobre los instintos. Un día se encontró con un leproso que le pedía una limosna y le dio un beso.

Visitaba y servía a los enfermos en los hospitales. Siempre, regalaba a los pobres sus vestidos, o el dinero que llevaba. Un día, una imagen de Jesucristo crucificado le habló y le pidió que reparara su Iglesia que estaba en ruinas. Decidió ir y vender su caballo y unas ropas de la tienda de su padre para tener dinero para arreglar la Iglesia de San Damián. Llegó ahí y le ofreció al padre su dinero y le pidió permiso para quedarse a vivir con él. El sacerdote le dijo que sí se podía quedar ahí, pero que no podía aceptar su dinero. El papá de San Francisco, al enterarse de lo sucedido, fue a la Iglesia de San Damián pero su hijo se escondió. Pasó algunos días en oración y ayuno. Regresó a su pueblo y estaba tan desfigurado y mal vestido que las gentes se burlaban de él como si fuese un loco. Su padre lo llevó a su casa y lo golpeó furiosamente, le puso grilletes en los pies y lo encerró en una habitación (Francisco tenía entonces 25 años). Su madre se encargó de ponerle en libertad y él se fue a San Damián. Su padre fue a buscarlo ahí y lo golpeó y le dijo que volviera a su casa o que renunciara a su herencia y le pagara el precio de los vestidos que había vendido de su tienda. San Francisco no tuvo problema en renunciar a la herencia y del dinero de los vestidos pero dijo que pertenecía a Dios y a los pobres. Su padre le obligó a ir con el obispo de Asís quien le sugirió devolver el dinero y tener confianza en Dios. San Francisco devolvió en ese momento la ropa que traía puesta para dársela a su padre ya que a él le pertenecía. El padre se fue muy lastimado y el obispo regaló a San Francisco un viejo vestido de labrador que tenía al que San Francisco le puso una cruz con un trozo de tiza y se lo puso.

San Francisco partió buscando un lugar para establecerse. En un monasterio obtuvo limosna y trabajo como si fuera un mendigo. Unas personas le regalaron una túnica, un cinturón y unas sandalias que usó durante dos años.

Luego regresó a San Damián y fue a Asís para pedir limosna para reparar la Iglesia. Ahí soportó las burlas y el desprecio. Una vez hechas las reparaciones de San Damián hizo lo mismo con la antigua Iglesia de San Pedro. Después se trasladó a una capillita llamada Porciúncula, de los benedictinos, que estaba en una llanura cerca de Asís. Era un sitio muy tranquilo que gustó mucho a San Francisco. Al oir las palabras del Evangelio “...No lleven oro....ni dos túnicas, ni sandalias, ni báculo..”, regaló sus sandalias, su báculo y su cinturón y se quedó solamente con su túnica sujetada con un cordón. Comenzó a hablar a sus oyentes acerca de la penitencia. Sus palabras llegaban a los corazones de sus oyentes. Al saludar a alguien, le decía “La paz del Señor sea contigo”. Dios le había concedido ya el don de profecía y el don de milagros.

San Francisco tuvo muchos seguidores y algunos querían hacerse discípulos suyos. Su primer discípulo fue Bernardo de Quintavalle que era un rico comerciante de Asís que vendió todo lo que tenía para darlo a los pobres. Su segundo discípulo fue Pedro de Cattaneo. San Francisco les concedió hábitos a los dos en abril de 1209.

Cuando ya eran doce discípulos, San Francisco redactó una regla breve e informal que eran principalmente consejos evangélicos para alcanzar la perfección. Después de varios años se autorizó por el Papa Inocencio III la regla y les dio por misión predicar la penitencia.

San Francisco y sus compañeros se trasladaron a una cabaña que luego tuvieron que desalojar. En 1212, el abad regaló a San Francisco la capilla de Porciúncula con la condición de que la conservase siempre como la iglesia principal de la nueva orden. Él la aceptó pero sólo prestada sabiendo que pertenecía a los benedictinos. Alrededor de la Porciúncula construyeron cabañas muy sencillas. La pobreza era el fundamento de su orden. San Francisco sólo llegó a recibir el diaconado porque se consideraba indigno del sacerdocio. Los primeros años de la orden fueron un período de entrenamiento en la pobreza y en la caridad fraterna. Los frailes trabajaban en sus oficios y en los campos vecinos para ganarse el pan de cada día. Cuando no había trabajo suficiente, solían pedir limosna de puerta en puerta. El fundador les había prohibido aceptar dinero. Se distinguían por su gran capacidad de servicio a los demás, especialmente a los leprosos a quienes llamaban “hermanos cristianos”. Debían siempre obedecer al obispo del lugar donde se encontraran. El número de compañeros del santo iba en aumento.


C.N.T.

02 octubre 2017

Ángeles Custodios. Congregación fundada por la Beata Rafaela Ibarra.


Nace en Bilbao, la Beata Rafaela de Vilallonga Ybarra.

Era madre de siete hijos y con el consentimiento de su marido, hizo la profesión religiosa y fundó el Instituto de las Hermanas de los Ángeles Custodios, para la protección de las jóvenes y para enseñarles el camino de los preceptos del Señor.

Murió en 1900.

Fue Beatificada el 30 de septiembre de 1984 por el Papa Juan Pablo II.

Hoy celebramos a los Santos Ángeles Custodios.


A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Den gracias al Señor por su misericordia, por las maravillas que hace con los hombres. Den gracias y digan entre los gentiles: «El Señor ha estado grande con ellos.» Señor, ¿qué es el hombre para que le des importancia, para que te ocupes de él? Porque te ocupas ciertamente de él, demuestras tu solicitud y tu interés para con él. Llegas hasta enviarle tu Hijo único, le infundes tu Espíritu, incluso le prometes la visión de tu rostro. Y, para que ninguno de los seres celestiales deje de tomar parte en esta solicitud por nosotros, envías a los espíritus bienaventurados para que nos sirvan y nos ayuden, los constituyes nuestros guardianes, mandas que sean nuestros ayos.

A sus ángeles ha dado órdenes para que te guarden en tus caminos. Estas palabras deben inspirarte una gran reverencia, deben infundirte una gran devoción y conferirte una gran confianza. Reverencia por la presencia de los ángeles, devoción por su benevolencia, confianza por su custodia. Porque ellos están presentes junto a ti, y lo están para tu bien. Están presentes para protegerte, lo están en beneficio tuyo. Y, aunque lo están porque Dios les ha dado esta orden, no por ello debemos dejar de estarles agradecidos, pues que cumplen con tanto amor esta orden y nos ayudan en nuestras necesidades, que son tan grandes.

Seamos, pues, devotos y agradecidos a unos guardianes tan eximios; correspondamos a su amor, honrémoslos cuanto podamos y según debemos. Sin embargo, no olvidemos que todo nuestro amor y honor ha de tener por objeto a aquel de quien procede todo, tanto para ellos como para nosotros, gracias al cual podemos amar y honrar, ser amados y honrados.

En él, hermanos, amemos con verdadero afecto a sus ángeles, pensando que un día hemos de participar con ellos de la misma herencia y que, mientras llega este día, el Padre los ha puesto junto a nosotros, a manera de tutores y administradores. En efecto, ahora somos ya hijos de Dios, aunque ello no es aún visible, ya que, por ser todavía menores de edad, estamos bajo tutores y administradores, como si en nada nos distinguiéramos de los esclavos.

Por lo demás, aunque somos menores de edad y aunque nos queda por recorrer un camino tan largo y tan peligroso, nada debemos temer bajo la custodia de unos guardianes tan eximios. Ellos, los que nos guardan en nuestros caminos, no pueden ser vencidos ni engañados, y menos aún pueden engañarnos. Son fieles, son prudentes, son poderosos: ¿por qué espantarnos? Basta con que los sigamos, con que estemos unidos a ellos, y viviremos así a la sombra del Omnipotente.


(San Bernardo Abad)

¿Qué son los Ángeles Custodios?


La misión de los ángeles custodios es acompañar a cada hombre en el camino por la vida, cuidarlo en la tierra de los peligros de alma y cuerpo, protegerlo del mal y guiarlo en el difícil camino para llegar al Cielo.

Se puede decir que es un compañero de viaje que siempre está al lado de cada hombre, en las buenas y en las malas.

No se separa de él ni un solo momento. Está con él mientras trabaja, mientras descansa, cuando se divierte, cuando reza, cuando le pide ayuda y cuando no se la pide.

No se aparta de él ni siquiera cuando pierde la gracia de Dios por el pecado.

Le prestará auxilio para enfrentarse con mejor ánimo a las dificultades de la vida diaria y a las tentaciones que se presentan en la vida.

28 septiembre 2017

Hoy celebramos a San Simón de Rojas.


Simón de Rojas nace en Valladolid el 28 de octubre de 1552. Tras ingresar en la Orden Trinitaria y realizar sus estudios, fue ordenado sacerdote en Valladolid en 1572, donde había ingresado a los doce años. Una vez ordenado, se trasladó a estudiar a la Universidad de Salamanca, y posteriormente fue profesor de filosofía y teología en Toledo desde el año 1581 hasta el 1587. Fue en dos ocasiones Visitador Apostólico de la Provincia de Castilla y una de la de Andalucía. En 1619 fue nombrado preceptor de los Infantes de España y dos años después fue elegido como confesor de la reina Isabel de Borbón, primera mujer de Felipe IV de España.

El fervor que mostró por la Virgen le fue inculcado por su madre Constanza, que desde niño le instruyó en las oraciones a María, y sus biógrafos mantienen que sus primeras palabras, cuando contaba catorce meses, fueron Ave María; acostumbró a visitar santuarios marianos, y los pintores que le retrataron le adjudican siempre el lema mariano, por lo que fue conocido familiarmente como el Padre Ave María. Mandó imprimir miles de estampas de la Virgen con el lema, y sus influencias en la Corte consiguieron que se labrase en oro en la fachada del Real Alcázar de Madrid. En 1622 escribió una liturgia dedicada a la Virgen, que más tarde el papa Inocencio IX extendió a toda la Iglesia.

San Simón de Rojas es conocido también por su compromiso redentor: visitaba cada martes la cárcel de Madrid, abrió un comedor para los pobres de la ciudad (que aún sigue funcionando en pleno centro de Madrid) y estaba siempre rodeado de niños de la calle. Una anécdota confirmada por varios testimonios en el proceso de canonización, indica cómo la reina Isabel de Borbón se quejó a su marido, el rey, de esas "amistades peligrosas" del Padre Rojas; cuando el rey amonestó al trinitario éste le respondió que para Dios valen igual las almas de los reyes y las de los pobres, pero si él tenía que elegir prefería cuidar las de los pobres. El rey Felipe IV informó a su mujer que no encontraría persona más santa que el Padre Rojas en todo el reino.

Falleció en Madrid el 29 de septiembre de 1624. El 8 de octubre del mismo año el Nuncio apostólico ordenó la apertura del proceso de beatificación. Sus virtudes fueron reconocidas por el Papa Clemente XII el 25 de marzo de 1735. Fue beatificado por Clemente XIII el 19 de marzo de 1766, y el 3 de julio de 1988, antes de la clausura del Año Mariano, fue finalmente canonizado por el Papa Juan Pablo II. 


23 septiembre 2017

El padre Francisco Méndez: Sereno, dulce y bondadoso.


Normalmente, el P. Méndez aparecía sereno, bondadoso y dulce. “La característica era precisamente la bondad”. “En la caridad puedo señalar, como característica especial, su dulzura”.

En su exterior era muy bondadoso. Monseñor Eijo y Garay habla de “su aspecto recogido y serio, aunque sumamente afable y afectuoso” 91. Como si su alma se reflejara en todo su continente. Admiraba a todos.

“Yo –asegura un canónigo- todavía no he visto una persona que en su modo de mirar, de hablar, de moverse, etc., reflejase tanta paz, ecuanimidad y equilibrio”.

Así se presentaba siempre y recibía a todos con aquel “trato bondadoso, inalterable, que daba a cuantos se acercaban a él”. Hablaba a todos con sencillez encantadora.

No sabía que era canónigo y sacerdote de la Corte ni Fundador. “Su trato –anota un médico- era muy agradable y el contacto con él muy fácil, sin duda por su llaneza”.

Nunca se presentaba como canónigo ni llevaba a la vista ningún distintivo que lo acreditase. No necesitaba darse tono ni autoridad con botones rojos a lo largo de toda la sotana ni otros adornos que coartan la libertad y la espontaneidad. Le bastaban la bondad y la dulzura para dominar, sin más, a los pobres golfos y para captarse las simpatías de todos los canónigos a los que suplía y guardaba las espaldas sin distinción de personas 95. Su obispo le retrataba así:

“Por su talante manso y humilde, por su sencillez y afabilidad, no parecía –al tratar con él- que se trataba con un esforzado paladín de la fe y de la caridad que había llevado a cabo tan difíciles y admirables fundaciones. Parecía sólo un edificante y celoso sacerdote, modelo de vida humilde y escondida. Sólo sabiendo sus grandes empresas se podía comprender que se trataba de un santo”.

Fruto de su amor al prójimo era la ecuanimidad en sus juicios. Se dejaba llevar siempre por su bondad. En las adversidades y persecuciones, viniesen de donde viniesen, trataba de disculpar a todos. Especialmente se mostraba “extraordinariamente generoso para tratar a los sacerdotes y enjuiciarlos”.

Decir bondadoso no es sinónimo de apático. La caridad había volcado la acidez del carácter del P. Méndez. Supo desarrollar una audacia incontenible en la fundación de las Trinitarias, sin caer en la temeridad, teniendo como norma la prudencia divina”.

Gobernó el Instituto con “gran bondad y firmeza”. Respecto de su obra social a favor de los golfos, “era una verdadera autoridad –dicen lo que aparecía en su gobierno, pero unida a una dulzura en la expresión, en las órdenes que daba, en el modo como trataba a los niños... Yo hablaba mucho con los recogidos y jamás oí una sola queja contra el gobierno”.

Por difícil que parezca entrelazar a un tiempo la bondad y la energía, el P. Méndez supo aunarlas. Parecía mitad bondad y mitad energía, aunque en la superficie se viera más la bondad: “A la dulzura y a la comprensión –aseguran- unía una energía verdaderamente extraordinaria”. “Era muy enérgico en todas sus cosas y al mismo tiempo bondadoso y sencillo”. Por ejemplo, cuando corregía “lo hacía a solas con mucha energía y suavidad”.

(Q.E.M.P)


18 septiembre 2017

Hoy celebramos la fiesta de Santa Purísima de la Cruz.


María Isabel Salvat Romero nació el 20 de febrero de 1.926, en el que hoy es el número 25 de la calle Claudio Coello en pleno corazón del Madrid de los Austrias.
Era hija de Ricardo Salvat Albert, malagueño, y de Margarita Romero Ferrer, madrileña, siendo la tercera de ocho hermanos.

Fue bautizada en la Parroquia de la Concepción en la madrileña calle de Goya. Completó sus estudios primarios y el bachillerato en el colegio de las Madres Irlandesas de la calle Velázquez, en el que recibió su primera comunión con seis años.
Al estallar la Guerra Civil en julio de 1.936 la familia se trasladó a Figueira da Foz (Portugal), regresando un año después a España e instalándose en la capital donostiarra. Finalizada la guerra la familia volvió a Madrid.

La adolescencia de María Isabel transcurrió en un ambiente cultural y religioso muy significativo. Era una joven elegante, de alto nivel social, guapa, simpática y muy ocurrente; aunque poco habladora; su porte elegante y señorial denotaba un alma llena de Dios.

Era muy atractiva y tenía muchas amigas, todas ellas pertenecientes a un nivel social alto, entre las que Mª Isabel era muy querida. Acudió a fiestas y alternó con amigos pertenecientes a familias conocidas de sus padres.
Al mismo tiempo su vocación seguía madurando en su interior.

Con su amiga Maricar Ibáñez (que posteriormente se haría irlandesa) solía visitar conventos. Así, en 1.942, tuvo lugar su primer encuentro con las Hermanas de la Cruz.
Su vocación encontró la complicidad materna, no así la paterna que trató -por todos los medios- de evitar que se convirtiera en monja.

Al alcanzar la mayoría de edad, el 10 de diciembre de 1.943, hace la Consagración a la Virgen y recibe la medalla de hija de María de su colegio de las Irlandesas.
El 21 de julio del siguiente año aprueba el bachillerato superior en la Universidad de Madrid.
El 8 de diciembre de 1.944, con 18 años de edad ingresó como postulante en el Instituto de Hermanas de la Compañía de la Cruz en Sevilla.
El 9 de junio de 1.945, tomó el hábito bajo el nombre de Sor María de la Purísima de la Cruz.
El 27 de junio de 1.947, hizo su profesión temporal, y el 9 de diciembre de 1.952, los votos perpetuos.

Con anterioridad a ser elegida Madre General en Sevilla, estuvo destinada en diferentes conventos y ejerció como directora del colegio.
En 1.966 ostentó el cargo de Maestra de Novicias. En 1.969 el de Provincial y en 1.970 es nombrada tercera consejera general.
El 11 de febrero de 1.977 fue elegida Madre General, cargo que ostentaría durante 22 años, al ser reelegida por unanimidad en 1.983, 1.989 y 1.995.

Austera y pobre para sí misma -«De lo poco, poco», solía decir- hacía vivir a las hermanas el espíritu del Instituto en la fidelidad a las casas pequeñas y se entregó a todos los que la necesitaban, especialmente a las niñas de los internados.
También los pobres y enfermos ocupaban un lugar privilegiado en su corazón.
Así atendía con verdadero cariño a las ancianas enfermas.
Diariamente por la mañana iba para atenderlas: las lavaba, les hacía la comida, les lavaba la ropa. Y siempre se reservaba los trabajos más duros y penosos.

Gobernó la Compañía con incansable celo y gigante espíritu de Hermana de la Cruz. Su ideal fué hacer vida el carisma de la Santa Madre Fundadora y con su vida sencilla, humilde y llena de fe, supo dar ejemplo. Fue fiel seguidora de su obra, y ha dejado en el corazón de todas sus hijas deseos ardientes de imitar su amor a Dios y a su Santo Instituto. Como Madre General asistió a la beatificación de Santa Ángela de la Cruz.
El 2 de febrero de 1.997 murió su madre con 96 años de edad.


Meditar y Rezar el Salmo 50.


Ayer, Domingo XXIV del Tiempo Ordinario, para nuestra oración personal, podríamos rezar y meditar el Salmo 50: “Misericordia, Dios mío, por tu bondad”, que se reza los viernes en la Liturgia de las Horas.

Es una invocación a Dios, y pone en relieve a un Dios que tiene piedad, compasión, que se abaja tanto a la creatura, que se hace uno de ellos.
Vemos como el pecador implora confiadamente su misericordia y Dios muestra su fidelidad paterna. Este salmo, restaura la relación con Dios y el Hombre.


Salmo 50.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito, limpia mi pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti solo pequé,
cometí la maldad que aborreces.
En la sentencia tendrás razón, en el juicio resultarás inocente.
Mira, en la culpa nací, pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero, y en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;
lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría,
que se alegren los huesos quebrantados.
Aparta de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti.

Líbrame de la sangre, oh Dios,
Dios, Salvador mío, y cantará mi lengua tu justicia.

Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza.
Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos,
sobre tu altar se inmolarán novillos.