24 noviembre 2013

Clausura del año de la fe.

Bueno, pues escuchando algo de música, me apetecía escribir... Pero más que escribir, agradecer...
Agradecer a Dios Trinidad tantas cosas buena que me ha dado en este AÑO DE LA FE, y que hoy domingo termina.
Cuando el Papa proclamaba el año de la FE, decía yo... Y ahora, ¿que haremos, servirá...? Etc. Muchas preguntas, que ahora si puedo responder. 
Un año que he vivido muy intensamente... Un año, en el que CREO, que he podido conocer algo más de la FE.
Fe que la Iglesia transmite fielmente y nos regala gratuitamente...
Pero lo principal, es que ha sido un año, P R E C I O S O.
Un año, en el que empecé mi aspirantado/ discernimiento (como queráis llamarlo) en la Orden Trinitaria.
Y si al principio me preguntaba sobre el año de la Fe... Más tarde me daba cuenta que no solo reflexionaría sobre ella, si no que iba más profundo... Iba a mi vocación. "NO hay vocación, sin fe."
Un año, en el que he conocido a grandes personas que me han aportado mucho en mi camino cristiano y vocacional y que me han ayudado... (Ahora se me viene a la cabeza, una persona en concreto, que podía haber hecho algo... y lo que hizo fue ayudarme y apoyarme. Y eso le hace ser un TESORO en mi vida como lo es... A pesar de su distancia...)
Un año, en el que he entrado a la Orden Trinitaria... Un año de cambios pero que si no llego a notar la mano del ABBA, no habría podido dar tantos pasos que han cambiado el rumbo de mi vida...
Un año, que para muchos, pensarán que es una tontería... Pero para mi ha sido muy importante...
Ojalá este año, no se acabe... Sea siempre consciente de mi fe, y que Dios me ayude cada día aumentarla más.

Gracias Señor por la FE.

Evangelio. Domingo XXXIV del Tiempo Ordinario. Solemnidad de Jesucristo, Rey del universo. Final del año de la Fe.


Según San Lucas 21, 5-19.


En aquel tiempo, los magistrados hacían muecas a Jesús diciendo: A otros salvó; que se salve a sí mismo si él es el Cristo de Dios, el Elegido. También los soldados se burlaban de Él y, acercándose, le ofrecían vinagre y le decían: Si tú eres el Rey de los judíos, ¡sálvate!. Había encima de él una inscripción: Éste es el Rey de los judíos.
Uno de los malhechores colgados le insultaba: ¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!. Pero el otro le respondió diciendo: ¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho. Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino». Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.



Reflexión.
(Tomada de la página web de la Diócesis de Cartagena. De su Obispo: José Manuel Lorca Planes)


El Evangelio narra como vivieron los acontecimientos de la Pasión de nuestro Señor la gente que le rodeaba, entre risas y burlas; fueron ellos los que le dieron el título de Rey, ni siquiera tuvieron compasión los crucificados con él, aunque uno le reconoce inocente y le pide que lo tenga en cuenta en su reino. Jesús le concede mucho más de lo que le pide. Desgraciadamente todavía se sigue persiguiendo a Jesús, pero afortunadamente todavía existen personas que desempeñan seria y honestamente su actividad de curarle las heridas a los empobrecidos de este mundo, no aspiran a cosas demasiado elevadas, sino que se pliegan con fidelidad cotidiana en los humildes. La mentalidad de este mundo favorece las rivalidades, abusos, frustraciones y violencias de todo tipo; por el contrario, los hijos de Dios, los que tenemos a Cristo por Rey, estamos llamados a crecer en caridad, perdón, misericordia, modestia y humildad. Los ciudadanos del Reino de Dios saben cual es el estilo, el de nuestro Rey y Señor, tal como lo expresa San Pablo: "Os tratamos con delicadeza, como una madre cuida de sus hijos. Os teníamos tanto cariño que deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas" (1 Tes 2, 7-8).

Celebrad este día con solemnidad, dad gracias y bendecid a Dios, pero no olvidéis que sin humildad y espíritu de servicio no es posible la caridad ni la santidad, los instrumentos de Dios son siempre los humildes. Que Dios os colme de sus bendiciones.

20 noviembre 2013

No importa...


A la lluvia de la noche le sigue el sol de la mañana. Cuando la pena y el dolor acaban, buenas cosas llegan con la nueva alborada.
No importa qué ocurrió ayer.
Mirar hacia atrás puede arruinarlo todo para ti... NO LO VAYAS A HACER…
La paciencia es una virtud,  eso afirman los sabios.
La esperanza aguarda y la fe sabe que saldrás adelante.
La última curva en el río y por fin serás libre… Fluyendo eternamente hasta desembocar en el mar.
No hay razón para entregarse ahora. Sigue andando, el camino está despejado para ti.
Más adelante Jesús aguarda.
Angosto es el camino, la puerta estrecha  y verás… ¡Entra por ella ya!
Sigue andando, el camino ha sido despejado para ti.

¡El Amor Siempre Halla la Manera!

17 noviembre 2013

Evangelio. Domingo XXXII del Tiempo Ordinario.


Según San Lucas 21, 5-19.

En aquel tiempo, como dijeran algunos, acerca del Templo, que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, Él dijo: Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida. Le preguntaron: Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?. Él dijo: Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: ‘Yo soy’ y ‘el tiempo está cerca’. No les sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato.
Entonces les dijo: Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo. Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre; esto os sucederá para que deis testimonio. Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.



Reflexión.
(Tomada de la página web de la Diócesis de Cartagena. De su Obispo: José Manuel Lorca Planes)



El proyecto y el estilo es igual para todos: nuestra meta es alcanzar a vivir en santidad, en obediencia a la voluntad de Dios, como nos enseña la Santísima Virgen María. Tenemos experiencia de la cercanía de Dios y de como sale a nuestro encuentro ofreciéndonos el regalo de la fe, la esperanza y la caridad, necesarias para el camino, para fortalecer nuestros pasos. La Iglesia nos propuso un Año de la Fe, que concluiremos el próximo domingo, y haciendo una evaluación del mismo podremos decir: ¡cuánto bien nos ha hecho!

Queridos diocesanos, sabéis que este año os he presentado un Plan Pastoral para centrarnos en la esperanza evangélica, cuya fuente es Cristo. La razón no está sólo en la situación más o menos dramática que estamos viviendo a causa de las crisis, que ya sería una razón poderosa por la cantidad de sufrimiento que hay a nuestro alrededor, sino más bien para que conozcamos mejor a Nuestro Señor que nos ha prometido la vida y la salvación, aceptando el regalo de la vida eterna, el 'paso' a una vida nueva: a la vida en Dios, donde “no habrá ya muerte ni habrá llanto” (Ap 21, 4). Una esperanza que te asegura la felicidad en Dios, la esperanza de estar con Cristo en la casa del Padre después de la muerte.

Si alguno os dice que eso son sólo palabras, respondedle que la fe os asegura certezas, que lo que dice el Señor siempre se cumple y Él nos ha dicho que “el que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día” (Jn 6, 54). Así que, la vía es la Eucaristía, garantía de la vida eterna, y la Eucaristía la puedes celebrar en el seno de la Iglesia. Abre tus oídos y tus ojos para ver como el Señor está más cerca de ti de lo que te imaginas y verás como en la Iglesia encontrarás la Vida, porque está Cristo. Por eso, la esperanza que nos mueve es una esperanza viva, dinámica, alegre y confiada. Anunciad a todos, como testigos y profetas vuestra experiencia de fe.

14 noviembre 2013

La educación es el principal medio que cuenta un niño...

...o un joven para encauzar su vida y sacarle partido.
Pero la educación es, al mismo tiempo, una trampa. Porque, a la vez que nos encauza, nos limita: nos limita a una cultura en concreto (aquella a la que pertenecemos ), a un modo concreto de ver las cosas; nos integra en una moral determinada; nos inculca una categoría de valores, que hará muy difícil cualquier cambio de mentalidad posterior.
Es decir, que la educación nos abre y nos cierra, nos libera y nos esclaviza, nos da alas y nos ata.

La educación ideal sería aquella que educara en la LIBERTAD, una libertad que nos capacitara para acoger la vida en toda su plenitud, toda la vida.
Es lo que suelen hacer, de modo inconsciente, las madres: ellas transmiten actitudes básicas como la misericordia, que se abrirá siempre más y más; el sentimiento de armonía, que cada uno podrá ir luego desarrollando; la generosidad y la capacidad de sacrificio para las causas que merecen la pena, el amor más allá de la justicia...

Pero hay valores que no siempre se nos enseñan, o no a todos: el espíritu crítico, por ejemplo, que anima a cuestionarse muchas cosas, incluso de las "incuestionables", la percepción de la multiforme riqueza de la realidad, más allá de esquemas interprelativos  simplistas; la capacidad de convivir con el riesgo, sin seguridades paralizantes; el coraje para soportar noches oscuras (frente a la tentación de buscar fáciles entornos cálidos y acogedores)... En definitiva, el valor de madurar, de crecer, de echarse a volar por cuenta propia.

Para muchos, la madurez consiste solo en refugiarse en unas seguridades conocidas y dejar de hacerse preguntas, que es tanto como renunciar a vivir. Y, cuanto más acrítica sea esta postura, más fanáticos e intransigentes se vuelve la defensa de lo suyo frente a los libres, los críticos, los creativos.
Esos tales nunca maduran: se pudren.

Vocación Trinitaria.

Hoy antes de irme a dormir y siendo las 00:16, agradezco a Dios el día de hoy...
Pongo en la manos de ÉL, que nunca falla, toda mi vida, y lo vivido hoy... Empezó el día con una adoración Eucarística y transcurría el día un poco raro, ya que no había dormido bien...Y entre clases, encuentros, y otras cosas, iba tirando el día. Unas veces más regular, otras menos... Mi día que termina hoy, podía ser algo así, como una montaña rusa..
Teníamos la Misa por los santos (incluyendo a todos) los de la Orden... Hasta que salí de Misa, y me hacían una propuesta de ir a una charla.
He aquí, donde quiero pararme y agradecer a Dios Trinidad las maravillas que hace conmigo y en mi vocación de Trinitario.
Hoy Señor, te agradezco a esas personas que me has puesto en mi camino hoy, por esos cinco testimonios que han abierto sus vidas. Esas vidas, que un día por una cosa u otra perdieron el rumbo, y que gracias a TI han encontrado.

Gracias por cada palabra, por cada gesto, en especial, por esa mirada que se han clavado en mi retina de esa persona cuando hablaba conmigo... por esos sentimientos florecidos porque no siempre tenemos la oportunidad de poder formar parte de la vida de ellos/as.

Gracias por esas personas a la que junto conmigo, han podido escuchar sus testimonios... Jóvenes de mi edad, todas ellas con carreras, que atendían anonadadas a esos testimonios de vida tan difíciles.

Gracias Señor, por este camino que comienzo como futuro Trinitario. Gracias porque esas personas, PERSONAS COMO YO que en algún momento de sus vidas, como he dicho antes, por cualquier motivo, han perdido el norte, pero NO HAN DEJADO DE SER PERSONAS.

Me quedo con las palabras de una persona que me decía a la salida... (No las voy a poner aquí, por respeto) Pero que hoy TU Señor, te has hecho presente en ellos, y me has demostrado un día más, que esa opción que hice hace dos meses y medio, va cogiendo forma, se va afianzando en el día a día. No se, mañana, pero el día que he vivido hoy, me ha hecho FELIZ, gracias a esa opción.

Que yo nunca Señor, deje aún lado los pobres, los marginados, los... Porque gracias a ellos, nos enriqueces la vocación dentro de la Iglesia, como futuro Trinitario.


      Gloria al Padre,
      Gloria al Hijo,
      Gloria al Espíritu Santo.
Por los siglos de los siglos, AMEN.

12 noviembre 2013

¿Quién nos libera de nuestras esclavitudes?


Nos libera alguien (o algo) que, en primer lugar, nos hace conscientes de nuestra esclavitud, que nos relativiza los pseudo-absolutos que no tienen cautivos. Ese es el primer paso (aunque así, sin más puede llevar simplemente ala desesperanza)

Ese agente liberador (que puede ser una persona, una doctrina, un acontecimiento, o un libro, o una película...) nos hace ver, a menudo a pesar de nuestra resistencia, que existe un modo mejor de pensar, de sentir, de vivir, de ser. Comprendemos entonces (o, al menos, intuimos) que podríamos ser más completos, más libres y más felices de lo que estamos siendo.

Dios es el liberador por antonomasia. ¿Por qué? Porque ÉL lo relativiza todo y de modo absoluto. Cuando Jesús nos dice: Sed perfectos como Dios, nos está invitando a dejarnos de modelos de juguete y a liberarnos de toda esclavitud. También cuando nos dice que vendamos todo lo que tenemos y comprendemos el tesoro del campo o de la perla preciosa.

Dios es la existencia total, y nos impulsa a nosotros a la existencia sin límites. ÉL, que es el creador por esencia (todo existe en ÉL y por ÉL) nos anima a re-crear nuestra vida cada mañana, a re inventarnos cada día. ÉL, que está más allá del bien y del mal, nos exige que nos replanteemos nuestra pequeña escala de valores.

Naturalmente, quien tiene una imagen ridícula de Dios (un Dios “confesional”) no podrá esperarse de ese Dios grandes liberaciones. Al revés: para la inmensa mayoría, la religión (cristiana o hinduista) no es más que una prisión más, una celda con vistas al pasado.

En cambio, todo lo que nos libera, lo que nos hace más profundos y más vivos, viene de Dios.
Y lo que no nos libera, no. Aunque lo diga la autoridad. Aunque algunos llamen a eso “religión”.

11 noviembre 2013

Historia de la Orden.



En la tradición de los trinitarios, el hábito es llamado, tricolor. Así es convertido símbolo de la Santa Trinidad.
La Cruz con sus colores, además de indicar su pertenencia y consagración religiosa a la Orden, fue un modo de confesar la fe Cristiana ante los musulmanes, entre quienes se ejercía la redención de cautivos y ante otras personas que negaban y despreciaban la dignidad y el culto a la Cruz.

10 noviembre 2013

Evangelio. Domingo XXXII del Tiempo Ordinario.

Según San Lucas 20, 27-38.

En aquel tiempo, acercándose algunos de los saduceos, esos que sostienen que no hay resurrección, le preguntaron: Maestro, Moisés nos dejó escrito que si muere el hermano de alguno, que estaba casado y no tenía hijos, que su hermano tome a la mujer para dar descendencia a su hermano. Eran siete hermanos; habiendo tomado mujer el primero, murió sin hijos; y la tomó el segundo, luego el tercero; del mismo modo los siete murieron también sin dejar hijos. Finalmente, también murió la mujer. Ésta, pues, ¿de cuál de ellos será mujer en la resurrección? Porque los siete la tuvieron por mujer. Jesús les dijo: Los hijos de este mundo toman mujer o marido; pero los que alcancen a ser dignos de tener parte en aquel mundo y en la resurrección de entre los muertos, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, ni pueden ya morir, porque son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan lo ha indicado también Moisés en lo de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para Él todos viven.


Reflexión.
(Tomada de la página web de la Diócesis de Cartagena. De su Obispo: José Manuel Lorca Planes)

La fe exige esperanza, y esta es la que nos lleva a ver cumplidas las promesas de Nuestro Señor. Atended a lo que dice San Pablo en la primera carta a los Corintios: “¿Cómo dicen algunos que los muertos no resucitan? Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado. [...] Y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido. [...] Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados. ¡Pero no! Cristo Resucitó de entre los muertos: el primero de todos” (1 Cor 15, 12-13. 17. 19-20). Nuestro mayor gozo es cuando rezamos el Credo y decimos en voz alta: “creo en la resurrección de los muertos y en la vida eterna…”. Dios nos ha regalado la vida y nos ha creado para la vida, para una vida eterna, porque la vida surgida del Amor creador conlleva una promesa de eternidad.
La fe se manifiesta en el testimonio de vida, que anuncia la esperanza cristiana en la vida eterna. Confiad, porque no estamos solos en esta aventura, el Espíritu sale al encuentro y nos da fuerza para toda clase de palabras y de buenas obras.

08 noviembre 2013

¡Es tan fácil cargarse de cadenas...!


¡Es tan fácil cargarse de cadenas...! Asentarse en un cierto estatus y dedicarse a repetir.
Repetir aquello que no da satisfacción, que nos resulta fácil. Buscar elogios que nos dan seguridad, entrar a formar parte de un orden establecido, aunque se trate de un orden claramente desordenado y a todas luces mejorables. Rodearnos de cariños y amores que no nos pone en cuestión, pero tal vez nos imposibilitan para hallar el amor verdadero... Hacernos repetitivos, perezosos, previsibles. Poner nuestra seguridad en el aprecio y la buena opinión de los demás hacia nosotros.

Claro que en la vida hay otras cadenas y otras esclavitudes; pero son más visibles y, por ello, más fáciles de evitar: algún tipo de dependencia física (desde la droga hasta el sexo); algún tipo de fijación (desde el dinero a la religión). También están las ataduras físicas involuntarias que van apareciendo a lo largo de la vida (una enfermedad, una disminución física, la propensión a ciertos dolores...) o que lo acompañan a uno desde siempre: una enfermedad...

Pero, con todo, no son esas las peores ataduras, las que nos impiden vivir la plenitud. Porque uno siempre puede desarrollarse por otro lado, transformar en abono el desprecio, hacer de la necesitad una virtud. Y, en cualquier caso, de esas ataduras uno es fácilmente consciente.

Mientras que aquellas ataduras verdaderamente peligrosas son las que, por sutiles, nos pasan inadvertidas, las que incluso podemos llegar a tomar por virtudes.

Esas son las que nos limitan y nos impiden crecer. Creernos libres y realizados solo porque, extendiendo los brazos, somos capaces de tocar las cuatros esquinas de nuestra diminuta celda.

Ser consciente de que uno está atado, es la condición indispensable para empezar a pensar en la liberación.

06 noviembre 2013

Una noche más, me voy dando HONOR Y GLORIA a Dios Trinidad que ha creado y gobierna todas las cosas.



Ese Dios, que cada día, me espera en el silencio de la oración, en el trato con mis hermanos de comunidad, en esas personas que me va poniendo en mi camino...
Ese camino, que a veces no es nada fácil. Pero me tendría que preguntar, ¿el AMOR verdadero es fácil? Porque lo que vale cuesta...Entonces creo ahora, que el camino emprendido desde hace dos meses, va mereciendo la pena...
Cuesta, sí. Pero me va dando FELICIDAD. Al principio con miedo, pero ahora día a día, se que Dios uno y trino me ayuda, me aguarda y sé que si en algún momento caigo, la Virgen como madre, me dará ese buen REMEDIO para levantarme y seguir en ese camino ayudado de mi familia Trinitaria.
Gracias Dios, por ese gran regalo y por ese camino que ahora empiezo y que todavía me queda por recorrer.

05 noviembre 2013

Si no es para vivir más, no vale la pena liberarse.


Libres para sacarle todo su jugo, todas sus posibilidades a una vida que es el don más directo de Dios que tenemos. Libres para comprender que estamos en armonía con toda la vida que hay a nuestro alrededor. Libres para ser conscientes en todo momento (no solo de vez en cuando, no solo los fines de semana) de que estamos vivos , espléndidamente vivos. Vivos como Dios, que es la vida misma. Si no es para vivir más, no vale la pena liberarse.

Libres para comprender que vivimos tanto más cuanto menos muerte sembramos o permitimos a nuestro alrededor, cuanto más colaboramos a que crezca la vida a la que tan radicalmente pertenecemos. Porque, como enseñaba Jesús con su ejemplo, uno no puede ser feliz, no puede vivir, si permite que haya enfermedad o muerte (demonios) a su alrededor. Y eso no por ninguna ley religiosa, sino por congruencia con nuestra propia liberación y consagración profunda a vivir.


Se trata de una felicidad radical (desde las raíces) que nada ni nadie podrá arrebatarnos; una sequía y otras de brillantez, pero que será siempre, a su modo, FELICIDAD. Es decir, un proceso, más que un asentamiento definitivo. Una felicidad que va tomando cada día más consciencia de sí misma, que se va retroalimentando.

A esta felicidad, difusiva, se le dirá algún día: Venid, benditos de mi Padre, disfrutad de la vida sin fin preparada para vosotros.

Y, aunque así no lo fuera, (que lo será, de algún modo misterioso, pero lo será), habrá valido plenamente la pena ser vivida.  

03 noviembre 2013

Evangelio. Domingo XXXI del Tiempo Ordinario.


Según San Lucas 19, 1-10.

En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa»
El bajó en seguida, y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban diciendo: Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más. Jesús le contestó: Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.


Reflexión.
(Tomada de la página web de la Diócesis de Cartagena. De su Obispo: José Manuel Lorca Planes)

¿Me quieres decir, Zaqueo, qué te ha pasado? ¿Por qué corres a la desesperada, como un loco, y vas hacia la multitud, si nunca te han gustado los jaleos de la calle? Has sido un hombre de tu casa; tu profesión te ha llevado a esconderte de todos, porque decías que te miraban con recelo, ¿me oyes, Zaqueo? Nada, ni caso, ¿qué llevará este hombre en la cabeza? Lo veo distraído, inquieto… Mejor dejarle, ya se calmará el pequeño recaudador de impuestos.

Pensativo, decidí sentarme en la plaza, a la sombra de la higuera, por cierto, no había otra mejor en todo Jericó por sus ricos y apreciados frutos, delicia de propios y extraños. Estando debajo de la higuera vi, a lo lejos, a mi amigo Zaqueo dando brincos de alegría. Algo le había pasado, de veras, porque no era normal el comportamiento de este hombre. La verdad es que estaba revuelto todo Jericó, que mucha gente iba de un lado para otro. "¡Zaqueo!", le llamé a gritos, y vino como una flecha. Sin respirar, sin dejarme tiempo para preguntarle, me abrazaba y saltaba al mismo tiempo, lleno de risas y lágrimas, por lo feliz que se sentía. Se logró calmar, después de haber bebido agua de la fuente y, conteniendo su emoción, me dice: "¡He visto a Jesús, el de Nazaret, y me ha dicho que viene a comer a casa! ¡Fíjate bien, con la ilusión que tenía yo de conocerlo, aunque hubiera sido de lejos, y lo voy a tener en mi casa! Había oído tantas cosas de Él que, cuando me enteré que estaba aquí, salí corriendo, como un camello a galope, y me subí a un árbol para verle mejor. Si le hubieras visto la cara a los que murmuraban contra mí, diciendo que soy pecador; a los que se reían de mí por ser pequeño o por mi oficio… ¡Qué susto tenía! Pero Jesús dijo, con autoridad: "Voy a comer a tu casa", y se callaron todos". Después, sin dejarme hablar aún, se despidió de mí, porque iba a prepararlo todo.

Al día siguiente nos vimos en la puerta de la sinagoga y no parecía el mismo, por su serenidad, ahora no esquivaba la mirada, lucía una desconocida sonrisa, que nunca había usado. Me abrió su corazón y me dijo: "Amigo, he encontrado lo que andaba buscando desde niño, la paz del corazón. Después de haber comido con Jesús me he dado cuenta que pierdo el tiempo acumulando cosas. Jesús me ha hablado de lo esencial, así que he visto que me sobra todo lo que tengo para ser feliz y he decidido dar la mitad de mis bienes a los pobres, la otra mitad será para restaurar todo lo que he cobrado de más, devolveré cuatro veces más de lo que cobré". No salía yo de mi asombro, pero al ver que estaba hablando muy en serio, decidí seguir escuchándole. "Hoy he conocido a Dios - me seguía diciendo Zaqueo - hoy he conocido como el Señor cerraba los ojos a mis pecados, no me los echaba en cara; me reprendía para que me arrepintiera, para que volviera mi vista a Él. Hoy he entendido todo lo que me amaba Dios, nunca me ha odiado, porque si me hubiera odiado no me habría creado y, sin embargo, me dio la vida y me fue corrigiendo poco a poco, hasta que ha puesto a Jesús delante de mis ojos y me he rendido a Él. Su mirada, su dulzura, su acogida a mí, pecador, han sido tan determinantes que no puedo mirar atrás, porque mi vida es estar con Él. Hoy ha entrado la Salvación a mi casa y no la voy a cambiar por nada. Amigo, si aprecias tu vida, ábrele la puerta de tu casa a Jesús, déjale que se siente a comer contigo y escucha su Palabra, entonces conocerás la Salvación".

01 noviembre 2013

Solemnidad de todos los SANTOS.


Según San Mateo 5, 1-12.

En aquel tiempo, viendo Jesús la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos.


Reflexión.
(Tomada de la página web de la Diócesis de Cartagena. De su Obispo: José Manuel Lorca Planes)

Los cristianos no miramos el futuro con temor, porque la fe nos mantiene en pie,
conocemos el rostro de Dios, por eso seguimos “lavando y blanqueando nuestras
vestiduras”, que tantas veces el pecado mancha. La santidad no reside en las manos, sino en el corazón; no se decide fuera, sino dentro del hombre, y se resume en la caridad. Los mediadores de la santidad de Dios ya no son lugares (el templo de Jerusalén o el monte de las Bienaventuranzas), no son los ritos, objetos y leyes, sino una persona, Jesucristo.
En Jesucristo está la santidad misma de Dios que nos llega en persona. La santidad es
ante todo un don, una gracia. Esta es nuestra meta y nos sentimos felices de pertenecer a Cristo más que a nosotros mismos, porque le hemos costado muy caro, a precio de sangre.

La Iglesia terrena se alegra en esta fiesta en honor de la Iglesia del cielo, al celebrar el
recuerdo de todos estos hombres y mujeres, anónimos en su inmensa mayoría, pero es también un estímulo para seguir peregrinando, seguir caminando alegres, guiados por la fe y gozosos por la gloria de los mejores hijos de la Iglesia; en ellos encontramos ejemplo y ayuda en nuestra debilidad. Será una maravilla esperar la resurrección de la carne, volver a encontrar a los seres queridos, todo gracias a la bondad y misericordia de Dios.
Pero para eso no basta ser buenos, hay que querer ser santos.