31 agosto 2014

Evangelio. Domingo XII del Tiempo Ordinario.


+ Según San Juan 14, 1-12.

En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los senadores, sumos sacerdotes y letrados y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: ¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte. Jesús se volvió y dijo a Pedro: Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.Entonces dijo a los discípulos: El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si malogra su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del Hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.



Reflexión.


Después de haber puesto las cosas en claro, Jesús nos enseña qué quiere decir pensar como Dios: amar, con todo lo que esto comporta de renuncia por el bien del prójimo. Por esto, el seguimiento de Cristo pasa por la cruz. Es un seguimiento entrañable, porque "con la presencia de un amigo y capitán tan bueno como Cristo Jesús, que se ha puesto en la vanguardia de los sufrimientos, se puede sufrir todo: nos ayuda y anima; no falla nunca, es un verdadero amigo" (Santa Teresa de Ávila).
Y cuando la cruz es signo del amor sincero, entonces se convierte en luminosa y en signo de salvación.

28 agosto 2014

La Solidaridad Internacional Trinitaria va hacer camisetas solidarias por los Cristianos perseguidos. ¡No te quedes sin ella!


Queridos hermanos:

A todos nos tienen que cuestionar y preocupar que estamos presenciando tantas persecuciones y matanzas de seres humanos a causa de su fe por grupos extremistas que enseñan abiertamente sus crueldades ante los medios. Aunque esto nos duela es deber nuestro rezar, denunciar y solidarizarnos con estos hermanos que sufren y dar a conocer la situación de persecución que viven en muchos países del mundo y en este tiempo especialmente en Irak y Siria para que cesen la crueldad y la guerra y llegue la paz y la convivencia en libertad.
El equipo de Solidaridad Internacional Trinitaria de España quiere difundir camisetas con la letra “Nûn” del alfabeto árabe como lo están haciendo en varios países europeos y enseñar pacíficamente nuestra solidaridad. Es el símbolo “N” de Nazareno que están usando en Irak y Siria para marcar las casas de los cristianos amenazados de muerte y expulsados de sus tierras.
Cada camiseta tendrá un coste de 5 Euros, los cuales estarían íntegramente destinados a los perseguidos en Siria y se venderá a partir del 15 de septiembre.
Por favor comunicadnos antes del 15 de septiembre cuantas camisetas necesitaríais.

Más información en:
http://sit-perseguidos.org/colabore-con-camisetas-num/

Una vida vocacionada...


“El secreto de una vida vocacionada está en su relación con Dios, en la oración que crece precisamente en el silencio interior, en la capacidad de escuchar que Dios está cerca. Y esto es verdad tanto antes de la decisión, en el momento de decidir y de partir, como después, si se quiere ser fieles y perseverar en el camino”
Benedicto XVI

“Sembrador, sembrador, cada vez que oigas abrir las puertas del Sagrario, hazte cuenta que desde allá dentro te dicen: Sembrador, siembra hoy también… -Siembra a pesar de los que no te entienden, te interpretan mal y tratan de cansarte; a pesar de los achaques de tus años y de tu salud y de los cansancios e inconstancias, a pesar de tu amor propio herido y humillado, sigue sembrando hoy con la misma paz que el día de tus más copiosas cosechas”.
Beato Manuel González.

Reflexiones para el alma.


“Sólo quien le conoce, sólo quien conoce sus palabras y sus hechos, quien le ha experimentado en la convivencia de largos días noches, sólo éste puede llevarle a los demás. Así es también en nuestros días. Para que estuvieran con Él, tal es el componente primero y básico de la vocación sacerdotal.” 
Servidor de vuestra alegría. Benedicto XVI

“Seguía la elaboración del apóstol. No eran sólo los ojos de los apóstoles los que se ocupaban de ver lo que pasaba en torno de Jesús; ni los pies en andar los caminos con Él, sino la cabeza en aprenderlo, enterarse más de Él y admirarlo cada vez más; el corazón en sentir la cercanía, el fuego y las palpitaciones de aquel gran Corazón que se asomaba por aquellas miradas, por aquellas palabras, por aquellas obras y por todos los poros de aquella Humanidad y por todas las manifestaciones de su actividad.”
Así ama Él. Beato Manuel González

“Cuando veo a tanto apóstol, llámese catequista, sean párrocos, religiosos, religiosas o seglares, afanarse tanto por dar atractivos exteriores a sus obras como premios materiales, recreos de cine, teatros, jiras, etc., para que vengan muchos y no se vayan los que vinieron y les oigo explicar la escasez de asistencia por la falta de estas atracciones, me dan unas ganas de gritar con toda la fuerza de mis pulmones; ¡Hermanos! ¿Pero os habéis creído que Jesucristo es un desaborido? Dad menos cosas de ésas y más conocimiento, no rutinario ni de memoria, sino personal de Jesús vivo en el Sagrario e intimidad con Él y ¡veréis atracciones!”
En busca del Escondido. Beato Manuel González

A veces no es fácil...


“Cierto, a veces no es fácil permanecer ante el Señor; no es fácil porque estamos ocupados en muchas cosas, con muchas personas...; pero a veces no es fácil porque sentimos una cierta incomodidad, la mirada de Jesús nos inquieta un poco, nos pone también en crisis... Pero esto nos hace bien. En el silencio de la oración Jesús nos hace ver si estamos trabajando como buenos obreros, o bien tal vez nos hemos convertido un poco en «empleados»; si somos «canales» abiertos, generosos a través de los cuales fluye abundante su amor, su gracia, o si en cambio nos ponemos a nosotros mismos en el centro, y, así, en lugar de ser «canales» nos convertimos en «pantallas» que no ayudan al encuentro con el Señor, con la luz y la fuerza del Evangelio”.


Encuentro con los sacerdotes en la Catedral de Cassano (21-6-2014) Papa Francisco

“Y qué esfuerzos tuvieron que hacer allí mi fe y mi valor para no volver a tomar el burro del sacristán, que aun estaba amarrado a los aldabones de la puerta de la iglesia, y salir corriendo para mi casa! Pero no huí. Allí me quedé un rato largo y allí encontré mi plan de misión y alientos para llevarlo al cabo. Pero sobre todo encontré... Allí, de rodillas ante aquel montón de harapos y sucieda¬des, mi fe veía a través de aquella puertecilla apolillada, a un Jesús tan callado, tan paciente, tan desairado, tan bueno, que me miraba... Sí, parecíame que después de recorrer con su vista aquel desierto de almas, posaba su mirada entre triste y suplicante, que me decía mucho y me pedía más. Que me hacía llorar y guardar al mismo tiempo las lágrimas para no afligirlo más. Una mirada en la que se reflejaban unas ganas infinitas de querer y una angustia infinita también, por no encontrar quien quisiera ser querido… ¿verdad que la mirada de Jesucristo en esos Sagrarios es una mirada que se clava en el alma y no se olvida nunca? De mí sé deciros que aquella tarde en aquel rato de Sagrario, entreví para mi sacerdocio una ocupación en la que antes no había ni soñado y para mis entusiasmos otra poesía que antes me era desconocida”.

Beato Manuel González

Hoy me aconsejado leer un discurso del Papa Francisco, del día 25 de junio, y me ha gustado. Os lo recomiendo.


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy hay otro grupo de peregrinos en conexión con nosotros en el aula Pablo VI: son los peregrinos enfermos. Porque con este tiempo que está haciendo, entre el calor y la posibilidad de lluvia, era más prudente que ellos permaneciesen allí. Pero ellos están en conexión con nosotros a través de la pantalla gigante. Y así estamos unidos en la misma audiencia. Todos nosotros hoy rezaremos especialmente por ellos, por sus enfermedades. Gracias.

En la primera catequesis sobre la Iglesia, hemos partido de la iniciativa de Dios que quiere formar un pueblo que lleve su bendición a todos los pueblos de la tierra. Comienza con Abrahán y luego, con mucha paciencia —Dios tiene mucha paciencia, mucha—, prepara a este pueblo en la Antigua Alianza hasta que, en Jesucristo, lo constituye como signo e instrumento de la unión de los hombres con Dios y entre ellos). Hoy queremos detenernos en la importancia, para el cristiano, de pertenecer a este pueblo. Hablaremos sobre la pertenencia a la Iglesia.

No estamos aislados y no somos cristianos a título individual, cada uno por su cuenta, no, nuestra identidad cristiana es pertenencia. Somos cristianos porque pertenecemos a la Iglesia. Es como un apellido: si el nombre es «soy cristiano», el apellido es «pertenezco a la Iglesia». Es muy hermoso notar cómo esta pertenencia se expresa también en el nombre que Dios se atribuye a sí mismo. Al responder a Moisés, en el episodio estupendo de la «zarza ardiente» (cf. Ex 3, 15), se define, en efecto, como el Dios de los padres. No dice: Yo soy el Omnipotente..., no: Yo soy el Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob. De este modo Él se manifiesta como el Dios que estableció una alianza con nuestros padres y permanece siempre fiel a su pacto, y nos llama a entrar en esta relación que nos precede. Esta relación de Dios con su pueblo nos precede a todos, viene de ese tiempo.

En este sentido, el pensamiento se dirige en primer lugar, con gratitud, a quienes nos han precedido y nos han acogido en la Iglesia. Nadie llega a ser cristiano por sí mismo. ¿Está claro esto? Nadie llega a ser cristiano por sí mismo. No se hacen cristianos en el laboratorio. El cristiano es parte de un pueblo que viene de lejos. El cristiano pertenece a un pueblo que se llama Iglesia y esta Iglesia lo hace cristiano, el día del Bautismo, y luego en el itinerario de la catequesis, etc. Pero nadie, nadie se convierte en cristiano por sí mismo. Si creemos, si sabemos rezar, si conocemos al Señor y podemos escuchar su Palabra, si lo sentimos cercano y lo reconocemos en los hermanos, es porque otros, antes que nosotros, han vivido la fe y luego nos la han transmitido. La fe la hemos recibido de nuestros padres, de nuestros antepasados, y ellos nos la enseñaron. Si pensamos bien en esto, quién sabe cuántos rostros queridos pasan ante nuestros ojos, en este momento: puede ser el rostro de nuestros padres que pidieron para nosotros el Bautismo; el de nuestros abuelos o de algún familiar que nos enseñaron a hacer el signo de la cruz y a recitar las primeras oraciones. Yo recuerdo siempre el rostro de la religiosa que me enseñó el catecismo, siempre me viene a la mente —ella, con seguridad, está en el cielo, porque es una santa mujer—, y yo la recuerdo siempre y doy gracias a Dios por esta religiosa. O bien el rostro del párroco, de otro sacerdote o de una religiosa, de un catequista, que nos ha transmitido el contenido de la fe y nos ha hecho crecer como cristianos... He aquí, esta es la Iglesia: una gran familia, en la cual uno es acogido, donde se aprende a vivir como creyentes y como discípulos del Señor Jesús.

Este camino lo podemos vivir no sólo gracias a otras personas, sino junto a otras personas. En la Iglesia no existe el «hazlo tú solo», no existen «jugadores líberos». ¡Cuántas veces el Papa Benedicto ha descrito a la Iglesia como un «nosotros» eclesial! En algunas ocasiones sucede que escuchamos a alguno decir: «Yo creo en Dios, creo en Jesús, pero la Iglesia no me interesa...». ¿Cuántas veces lo hemos escuchado? Y esto no está bien. Hay quien considera que puede tener una relación personal, directa, inmediata con Jesucristo fuera de la comunión y de la mediación de la Iglesia. Son tentaciones peligrosas y perjudiciales. Son, como decía el gran Pablo VI, dicotomías absurdas. Es verdad que caminar juntos es comprometedor, y a veces puede resultar fatigoso: puede suceder que algún hermano o alguna hermana nos cause problema, o nos provoque escándalo... Pero el Señor ha confiado su mensaje de salvación a personas humanas, a todos nosotros, a testigos; y es en nuestros hermanos y en nuestras hermanas, con sus dones y sus límites, que Él viene a nuestro encuentro y se hace reconocer. Y esto significa pertenecer a la Iglesia. Recordadlo bien: ser cristiano significa pertenencia a la Iglesia. El nombre es «cristiano», el apellido es «pertenencia a la Iglesia».

Queridos amigos, pidamos al Señor, por intercesión de la Virgen María, Madre de la Iglesia, la gracia de no caer nunca en la tentación de pensar que podemos prescindir de los demás, que podemos prescindir de la Iglesia, que podemos salvarnos por nosotros mismos, ser cristianos de laboratorio. Al contrario, no se puede amar a Dios sin amar a los hermanos, no se puede amar a Dios fuera de la Iglesia; no se puede estar en comunión con Dios sin estarlo en la Iglesia, y no podemos ser buenos cristianos si no es junto a todos aquellos que buscan seguir al Señor Jesús, como un único pueblo, un único cuerpo, y esto es la Iglesia. Gracias.



Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los peregrinos de la Archidiócesis de Madrid y de La Escuela Franciscana, de San Pedro Sula, así como a los demás grupos provenientes de España, México, Honduras, Colombia, Chile, Argentina y otros países latinoamericanos. Recuerden que, como cristianos, no podemos prescindir de los demás, de la Iglesia; no podemos salvarnos por nosotros solos, ninguno «juega de libre», somos un pueblo en camino. Muchas gracias.

(A los peregrinos procedentes de Oriente Medio)

Nuestra identidad cristiana es pertenencia a la comunidad eclesial. Pidamos al Señor que nos haga comprender el verdadero sentido de esta pertenencia y que juntos formemos un solo pueblo y un único cuerpo.

(A los peregrinos polacos)

El viernes celebraremos la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Que sea para nosotros ocasión para alabar al Corazón divino que tanto nos ha amado. Cuanto más crecen en nuestra vida las dificultades, las preocupaciones y los problemas, tanto más confiemos en Jesús que nos invita: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11, 28).

(A los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados)

Está aún vivo el eco de la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo, que hemos celebrado recientemente. Queridos jóvenes, encontrad siempre en la Eucaristía el alimento de vuesta vida espiritual. Vosotros, queridos enfermos —especialmente vosotros que estáis en conexión con nosotros desde el aula Pablo VI— ofreced vuestro sufrimiento y vuestra oración al Señor, para que siga derramando su amor en el corazón de los hombres. Y vosotros, recién casados, acercaos a la Eucaristía con fe renovada, para que alimentados de Cristo seáis familias animadas por un concreto testimonio cristiano.

La oración, expresión del deseo que el hombre tiene de Dios.


La oración es relación de amor entre Dios y la persona humana. No existe una sola manera de rezar porque la oración hunde sus raíces en lo más profundo de la persona.
Es más, la oración no está vinculada a un contexto particular, sino que se encuentra inscrita en el corazón de toda persona y de toda civilización. Ciertamente la oración es una necesidad de la naturaleza del ser humano, que lleva en sí misma una sed de infinito, la nostalgia de Dios y el deseo de amor. Y por eso acercarse a ella es complejo y sencillo a la vez. Santo Tomás de Aquino define la oración como «expresión del deseo que el hombre tiene de Dios». Esta atracción hacia Dios que el mismo Dios ha puesto en el hombre es el alma de la oración que se reviste de muchas formas. Dependerá de la historia, el tiempo o el momento. Del proceso, la gracia e incluso del pecado de cada orante. Cuando hablamos de la oración es necesario tener presente que es una actitud interior antes que una serie de prácticas y fórmulas. Es una gracia que invocar. Un don de Aquel a quien nos dirigimos. Supone reconocer el señorío de Dios en nuestra vida.

(Recogida de la página: www.diocesismalaga.es)

18 agosto 2014

De las cientos de fotos que tengo de Cerfroid, subo algunas y las comparto con todos vosotros.


Del 2 al 11 de agosto, la familia Trinitaria (laicos, religiosos, religiosas y jóvenes) asistíamos a una peregrinación/viaje a Francia y a París.
Cerfroid es el lugar donde comenzó la Orden de la Santísima Trinidad y de los Cautivos.
Es donde Juan de Mata y Félix se encontraron.
Para los que nos consideramos parte de esta gran familia, es un lugar más que importante para nosotros.
A lo largo de estos 800 años de vida y de misión, son muchos los que han acudido a este lugar a rezar y a retirarse como lo hizo Juan de Mata.
Ha sido un gozo poder pisar esa tierra sagrada. La cuna Trinitaria.
A Dios Trinidad agradecido por todo los que me ha dado. 

Espero que os guste la foto que he seleccionado.