27 mayo 2018

Reflexión. Solemnidad de la Santísima Trinidad.




Celebrar la Solemnidad de la Santísima Trinidad es es celebrar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Ellos que nos acompañan cada día de nuestra vida. Tenemos una misión: "Id y haced discípulos".
No bastan las palabras. Necesitamos de nuestro testimonio del día a día. Que las personas con las que nos rodeamos, vean no solamente a una persona buena, sino a una persona cristiana.
En esta tarea no estamos somos.
Dios nos es la casa que nos acoge, el Hijo es la puerta que nos da acceso y el Espíritu es la llave con la que abrimos para adentrarnos en tan gloriosa y amorosa mansión. Dios AMOR nos acompaña porque necesitamos de su cercanía y compañía.
Pero... para poder verlo, necesitamos limpiarnos de esas manchas que nos impiden ver con los ojos de Dios.
Que en esta solemnidad que celebramos hoy, nos ayude el Señor a ser reflejo de ese AMOR y lo compartamos sin miedo ni vergüenza.

Evangelio. Solemnidad de la Santísima Trinidad.


Según San Mateo 28, 16 - 20.

En aquel tiempo, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. 

Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. 

Jesús se acercó a ellos y les habló así: 
«Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. 
Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».

Trisagio a la Santísima Trinidad.




Dios mío, ven en mi auxilio.

Señor, date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos,

Amén.


– Primera Parte

Oremos y demos gracias a Dios Padre, que, en su sabiduría y bondad, ha creado el universo y, en el misterio de su amor, nos ha dado a su Hijo y al Espíritu Santo. A él, fuente de amor y de misericordia, le decimos:

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal,

Ten piedad de nosotros.

Oración:

Bendito seas tú, Señor, Padre amantísimo, porque en tu infinita sabiduría y bondad has creado el universo y con amor particular te has acercado al hombre, haciéndolo partícipe de tu misma vida.

Gracias, Padre Bueno, por habernos dado a Je´sus, tu Hijo, nuestro salvador, amigo, hermano y redentor, y el Espíritu consolador.

Concédenos el gozo de experimentar en el camino hacia ti tu presencia y tu misericordia, para que toda nuestra existencia sea para ti, Padre de la vida, principio sin fin, suma bondad y eterna luz, suma bondad y eterna luz, un himno de gloria, alabanza, amor y gratitud.

Padre Nuestro..

A ti sea la alabanza, a ti la gloria, a ti la acción de gracias por los siglos de los siglos, oh, Beatísima Trinidad.

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo,

llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos,

Amén.


– Segunda Parte

Nos dirigimos al Hijo, que, para cumplir la voluntad del Padre y redimir al mundo, se hizo hermano nuestro y, en el don supremo de la Eucaristía, se ha quedado para siempre entre nosotros. A él, fuente de vida nueva y de paz, con el corazón lleno de esperanza, le decimos:

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal,

Ten piedad de nosotros.

Oración:

Señor Jesús, Palabra eterna del Padre, danos un corazón puro para contemplar el misterio de tu Encarnación y el del don de tu amor en la Eucaristía. Haz que, fieles a las promesas de nuestro bautismo, vivamos con perseverante coherencia nuestra fe; enciende en nosotros el fuego de tu amor, que nos hace una sola cosa contigo y con los hermanos; envuélvenos en la luz de tu gracia; concédenos la abundancia de tu vida, inmolada por nosotros.
A ti, Redentor nuestro, al Padre, rico en bondad y de misericordia, y al Espíritu Santo, sello del infinito amor, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

Padre Nuestro..

A ti sea la alabanza, a ti la gloria, a ti la acción de gracias por los siglos de los siglos, oh, Beatísima Trinidad.

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo,

llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos,

Amén.


– Tercera Parte

Nos dirigimos y nos abandonamos al Espíritu Santo, aliento divino que vivifica y renueva, fuente inagotable de comunión y de paz que inunda la Iglesia y vive en cada corazón. A él, sello del infinito amor, le decimos:

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal,

Ten piedad de nosotros.

Oración:

Espíritu de Amor, don del Padre y del Hijo, ven a nosotros y renueva nuestra vida. Haznos dóciles a tu soplo divino, dispuestos a seguir tus indicaciones en las vías del Evangelio y del amor. Huésped dulcísimo de los corazones, revístenos del esplendor de tu luz, infunde en nosotros confianza y esperanza, transfórmanos en Jesús, para que, viviendo en él y con él, podamos ser siempre y en todas las partes, fervorosos testigos de la Santa Trinidad.


Padre Nuestro..

A ti sea la alabanza, a ti la gloria, a ti la acción de gracias por los siglos de los siglos, oh, Beatísima Trinidad.

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo,

llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos,

Amén.


– Final

Bendita sea, ahora y por siempre, y por todos los siglos, la santa y única Trinidad, que ha creado y gobierna todas las cosas.

Bendigamos al Padre y al Hijo y la Espíritu Santo,

Ensalcémoslo por los siglos.

Oración:

Dios, Padre rico en Misericordia, que has enviado al mundo la Palabra de la Verdad y el Espíritu de santificación para revelar a los hombres tu admirable misterio, concédenos profesar la fe verdadera, conocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar su Unidad todopoderosa.

Por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.


En ti creo + En ti Espero + Te amor y te Adoro Oh, Beatísima Trinidad +

Misterio de la Santísima Trinidad.


En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación,
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.

Que con tu único Hijo y el Espíritu Santo
eres un solo Dios, un solo Señor;
no una sola Persona, sino tres Personas
en una sola naturaleza.
Y lo que creemos de tu gloria,
porque tú lo revelaste,
lo afirmamos también de tu Hijo,
y también del Espíritu Santo,
sin diferencia ni distinción.
De modo que, al proclamar nuestra fe
en la verdadera y eterna Divinidad,
adoramos tres Personas distintas,
de única naturaleza e iguales en su dignidad.

A quien alaban los ángeles y los arcángeles
y todos los coros celestiales,
que no cesan de aclamarte con una sola voz.

Santísima Trinidad. Padre, Hijo y Espíritu Santo.


Solemnidad de la Santísima Trinidad.



26 mayo 2018

Magna Procesión de Santa María de la Victoria.

































Recorrido de la Magna Procesión Victoria.




Hoy sábado, con motivo del 150º Aniversario de la Proclamación de Santa María de la Victoria como principal Patrona de la Diócesis y el 75º Aniversario de su Coronación Canónica, se celebrará la Magna Procesión Victoria.

Dentro de la Jornada Mariana “Santa María, Madre de la Iglesia de Málaga”, como acto diocesano, Santa María de la Victoria (1943) procesionará acompañada de todas las imágenes de la Virgen coronadas de la ciudad (de Pasión y Gloria), en cuanto que gozan de un reconocimiento formal de devoción por parte de la Iglesia: María Auxiliadora (1907), María Santísima de los Dolores -Expiración- (1986), María Santísima de la Esperanza (1988), María Santísima de la Trinidad (2000), María Santísima de la Amargura –Zamarrilla- (2003), Nuestra Señora del Carmen (2004), Nuestra Señora de los Dolores -del Puente- (2004), María Santísima del Rocío (2015) y Nuestra Señora de la Soledad –Mena- (2016).

La Patrona de la ciudad de la Málaga y su Diócesis tiene prevista su salida a las 17.00 horas, desde la S.I. Catedral y el itinerario hasta el recorrido oficial será el siguiente: Patio de los Naranjos, Císter, San Agustín, Duque de la Victoria, Plaza del Siglo, Plaza del Carbón, Granada, Plaza de la Constitución y Marqués de Larios.

Santa María de la Victoria será la primera en pasar por el recorrido oficial de la Magna Procesión Victoria compuesto por: Rotonda Marqués de Larios, Plaza de la Marina, Molina Lario, Cortina del Muelle, Avenida Cervantes, Plaza de la Aduana, y Císter. Llegado este punto, girará hacia el Patio de los Naranjos para llegar de nuevo a la S.I. Catedral a las 20.00 horas. Una vez concluido su recorrido, realizará su salida al atrio de la Plaza del Obispo.

El resto de coronadas participantes continuará su recorrido por: San Agustín, Duque de la Victoria, Plaza del Siglo y Molina Lario para llegar a la Plaza del Obispo.


www.diocesismalaga.es

Hoy en Málaga sucederá algo extraordinario.



25 mayo 2018

La Victoria, Soledad de Mena, Dolores del Puente, Carmen de El Perchel, Rocío, María Auxiliadora, Amargura (Zamarrilla), Trinidad, Esperanza y Dolores de la Expiración.



El corazón de la Santísima Virgen.


1.° Corazón de Madre.
Otro de los simbolismos que acompañan a la imagen del purísimo Corazón de María, es el fuego o las llamas que le rodean... Está todo este Corazón envuelto en una atmósfera ardiente y abrasada que rompe en llamaradas de un incendio divino que le consumen interiormente, y que se manifiesta al exterior, como queriendo propagarse y prender en otros corazones... Es evidente, que estas llamas y este fuego han de significar el ardentísimo amor encerrado en el inmaculado Corazón de la Virgen.  Y ante todo, considera que este amor es un amor de Madre..., y con uso está dicho todo lo que acerca del amor natural de María puede decirse... ¿Qué cosa más grande..., más sublime que el corazón de una madre?... ¿Dónde encontrar, en la tierra, un amor que merezca mejor este nombre?... ¿Dónde habrá un amor que más se parezca al amor de Dios?... Ya hemos dicho que el hombre es lo que es, por su corazón... y que, por lo mismo, su amor retrata y resume todo lo que es el hombre... Pues también podemos decir que todo lo que es amor en la tierra, está resumido en el corazón de una madre... y que el corazón de madre, es la obra maestra salida de las manos del Creador. El mismo Dios, cuando quiere hablar de su amor a los hombres... y que éstos conozcan hasta dónde llega este amor..., se compara a una madre, y nos dice: «Pues qué, ¿puede quizá una madre olvidar a su hijo»?

El corazón de una madre es como un océano de amor que no tiene límites...; por eso, no hay nada que pueda compararse con él. He aquí por qué la naturaleza nos ha dado muchos amigos..., muchos hermanos y parientes que nos amen y nos quieran entrañablemente..., pero no nos ha dado más que una sola madre, porque nadie nos amará como ella... ¡Cuántas maravillas ha encerrado Dios en el corazón de una madre!... Pues ¿qué habrá hecho con el Corazón de María?... ¿No es Ella Madre?... Y ¿quién más madre que la Virgen?... Si es ¡Madre de Dios!... y ¡Madre de todos los hombres!..., ¿qué será entonces ese Corazón?... ¿Qué amor habrá en él?... Detente a hacer esta dulcísima consideración sobre el Corazón de la Madre de Dios... y el de la Madre de los hombres...

 2.° Corazón de Madre de Dios.
Parece que da miedo meterse en las profundidades de este grandioso y sublime misterio... ¡¡¡María Madre de Dios!!! ¡Qué cosa más grande y más incomprensible!... Tanto de parte de Dios, que haya querido tener a una mujer por Madre suya verdadera..., como por parte de María, para llegar a ser ciertamente la Madre de Dios. Abísmate en este pensamiento que encierra infinitas maravillas.  Según él, María fue el principio de la vida terrena de Dios, pues eso es ser madre..., dar vida a otro ser...; luego María tuvo que dar la vida humana al Hijo de Dios, que, por lo mismo, comenzó a ser verdadero hijo suyo. San Agustín, pensaba en esto y se extasiaba con esta idea... y trataba de comprender cómo podía ser esta dulcísima realidad de que «la carne de Cristo fuera la carne de María», como él decía. Y, efectivamente: su carne..., su sangre..., su vida..., su corazón fueron, en verdad, la carne, y la sangre, la vida y el corazón de Dios... ¡Un solo corazón para la Madre e Hijo!... ¡Un solo corazón dando la misma vida a Dios y a la Virgen!... ¿No es esto el colmo de las maravillas y de las grandezas de María? El Hijo de Dios era exclusivamente Hijo suyo..., sin intervención de ninguna otra paternidad más que la de Dios...; por eso es más madre que ninguna otra madre... — Dios y Ella.., y nadie más intervino en esta sublime maternidad. Ninguna madre puede decir con más razón que Ella, estrechando entre sus brazos a su hijo: «Tú eres mío y todo mío»... De suerte, que comprende bien que si Cristo fue hombre verdadero..., si tuvo un cuerpo pasible capaz de padecer y sufrir como el nuestro..., si tuvo un corazón humano semejante a nuestro corazón, capaz de enternecerse y sentir como propias nuestras penas y miserias..., fue por María. Y aún podemos añadir que todo esto fue por el Corazón Inmaculado de María, pues, como el mismo San Agustín dice, «María es Madre de Jesús..., Madre de Dios..., mucho más según el espíritu que según la carne»... María, por tanto, concibió a Jesús en su Corazón. Mira, por consiguiente, qué relaciones más admirables las del Corazón maternal de María y las del Corazón del Niño Dios.

Tan grandes e incomprensibles son estas relaciones, que cuando pensamos en ellas, parece que la humanidad de María desaparece para fundirse en la misma divinidad...; parece, a nuestros ojos, que se borra la distancia infinita que separa a Dios de su criatura...

3.° Corazón de Madre de los hombres.
Y con este mismo amor, verdaderamente divino, nos ama a nosotros la Virgen Santísima. No puede ser de otra manera... ¡Somos sus hijos!... ¡Ella es, en realidad, nuestra Madre!... ¿Cómo no ha de tener este Corazón de Madre para con los hombres?... El Corazón de María nunca, ciertamente, estuvo apartado en su amor de su Hijo divino... Él primeramente fue el objeto de su amor... ¡Era su Primogénito!... Y, en sentido propio y estricto, ¡era su único hijo!... Pero en Él y con Él, y en un sentido también cierto y verdadero, éramos nosotros sus hijos. — María nos veía así, como hijos desgraciados de Adán, que nos había conducido a la muerte y a la ruina..., pero que por la gracia y misericordia de Dios, habíamos sido regenerados en Cristo... y habíamos vuelto a la vida de Cristo..., pero por medio suyo... y por eso éramos y seremos siempre ¡hijos de María!... ¡Qué Madre tenemos! ¡Qué amor el de su Corazón maternal para con nosotros!...

Evidentemente, que ese Corazón se abrasa y se consume en una atmósfera de fuego divino, semejante a la que abrasa al Corazón sacratísimo de Jesús... Y ese amor de Madre le manifestó claramente al consentir esta maternidad que acompañaba a la maternidad divina, ofrecida por el Ángel de la Anunciación...; con su fiat, María acepta el ser Madre de Dios y Madre nuestra...; sabe que ésa es la voluntad de Dios y no repara ni hace distinción entre una y otra maternidad...; no acepta la primera y rechaza la segunda. — Su Corazón amantísimo se abraza con las dos: grandiosa..., sublime la primera...; triste..., penosa y difícil la segunda... Mira, pues, a aquel Corazón que fue la causa decisiva de la encarnación del Verbo..., de la salvación de los hombres..., de que Ella fuera nuestra Madre... Todo brotó de aquel amantísimo y maternal Corazón. Fíjate bien en otra prueba o manifestación de ese amor maternal... Es junto a la Cruz...; allí cumple lo que prometió..., allí se realiza su fiat..., pues allí es donde queda pública y solemnemente convertida en nuestra Madre... ¡Mas cuánto la costó esto!... ¿Quién podrá adivinarlo?... Aquella Madre tanto ama a sus hijos, que no duda en sufrir y en sacrificarse por ellos.
Mira, por consiguiente, en el Corazón de la Virgen el amor más grande de una Madre hacia sus hijos..., porque en ese Corazón se realizó el sacrificio más heroico en bien de ellos.

4.° Tu corazón filial.
Si has de corresponder al plan de Dios..., si no has de ser una nota discordante en este conjunto armónico de la obra más divina de Dios, la Redención y salvación de las almas..., tienes que tener un corazón filial para con esa Madre que Dios te ha dado...; sería un contrasentido y el mayor absurdo, el que exigié- ramos a la Virgen que nos amara con corazón de Madre porque ese era el plan de Dios... y nosotros no la amáramos con amor de hijos..., y mucho más todavía si la razón de no amarla así, fuera la falta de generosidad..., esto es, que este amor nos pidiera algún sacrificio... y tuviéramos la desvergüenza de negárselo... ¿Qué palabras pudiéramos encontrar para calificar esta conducta?... Y, sin embargo, por muy monstruosa que sea esta suposición..., lo espantoso y horrible es que verdaderamente así es..., que no es una suposición, sino una realidad.
Mira a tu corazón y esa mirada te confirmará esta triste verdad... Un corazón que no ame a su madre de la tierra, se le considera como algo monstruoso... Y ¿no lo será así el que no ame a su Madre del Cielo?... Haz examen detenido de tu corazón y mira si ese monstruo de la ingratitud anida en él..., si prácticamente obras así aunque con la boca digas otra cosa...; mira bien si por amor a tu Madre está tu corazón dispuesto a cualquier sacrificio... o si tienes que llorar muchas cobardías y faltas de generosidad en este punto... Pídela perdón y... anímate..., acércate a esas llamas..., a ese fuego del Corazón de la Virgen... y allí caliéntalo... y abrásate..., consume todo amor propio..., toda sensualidad..., toda pasión que te aparte de ese amor... San Pablo, decía: «Si alguien hay que no ame a Jesucristo, sea maldito.» ¿Y no podemos decir algo semejante de la Virgen?... Evidentemente que sí... Maldito de Dios y eternamente, será el corazón que no ame con amor filial a la Virgen..., que prácticamente renuncie a la maternidad dulcísima de María...

Santo Rosario.


Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

- Credo

- Primer Misterio:
La Agonía en el Huerto

“Va Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos: Sentaos aquí, mientras voy allá a orar. Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra,” y dijo: “Padre si quieres aparta de mí esta copa, pero no se haga mi voluntad sino la tuya. “Y sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra”.

Padre Nuestro,
10 Ave Marías,

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.


- Segundo Misterio:
La Flagelación de Nuestro Señor Jesucristo

(Pilato) “volvió a salir donde los judíos y les dijo: Yo no encuentro ningún delito en él (...). ¿Queréis, pues, que os ponga en libertad al Rey de los judíos? Ellos volvieron a gritar diciendo: ¡A ése, no; a Barrabás! (...) Pilato entonces tomó a Jesús y mandó azotarle” .

Padre Nuestro,
10 Ave Marías,

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

- Tercer Misterio:
La Coronación de Espinas

Los soldados “trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos!; y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza.”

Padre Nuestro,
10 Ave Marías,

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

- Cuarto Misterio
Jesucristo, la cruz a cuestas y camino al Calvario.

“Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle”. “Y él cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario”. “Y obligaron a uno que pasaba, a Simón de Cirene, (...) a que llevara su cruz.”

Padre Nuestro,
10 Ave Marías,

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

- Quinto Misterio
La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor

“Llegados al lugar llamado Calvario, le crucificaron. (...) Jesús decía: Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen (...). Era ya cerca de la hora sexta cuando, al eclipsarse el sol, hubo oscuridad sobre toda la tierra hasta la hora nona (...). Jesús, dando un fuerte grito, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu y, dicho esto, expiró.” “Como le vieron muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua.”
Padre Nuestro,
10 Ave Marías,

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Oh! Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las más necesitadas de tu Misericordia.


- Letanías

Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial,
ten piedad de nosotros.

Dios, Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,

Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Madre de misericordia,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso digno de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consoladora de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina asunta a los Cielos,
Reina del Santísimo Rosario,
Reina de la familia,
Reina de la paz.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten misericordia de nosotros.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

ORACIÓN.
Te rogamos nos concedas, Señor Dios nuestro, gozar de continua salud de alma y cuerpo,
y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutar de las alegrías eternas.
Por Cristo nuestro Señor.
Amén.

Málaga se vuelve Mariana y los malagueños de todas las edades pasan para venerar y besar a nuestra Patrona la Virgen de la Victoria.



Jesucristo Resucitado, único Redentor del género humano


Si tuviésemos que señalar el rasgo más esencial, novedoso y rompedor del Cristianismo, sin duda alguna, éste sería el Dogma de la Encarnación. El Cristianismo es la única religión que afirma que Dios Eterno, se hace Hombre en un lugar concreto y en una fecha determinada de la Historia de la Humanidad.

A la Segunda Persona de la Trinidad, el Logos, la Palabra, el Verbo –engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre- le da la carne, el ser hombre, una criatura, María Santísima. Esto implica que la Virgen María, Madre de Jesús, Madre de Dios, Madre del Redentor, es una figura esencial de nuestra fe, y por tanto, de la Historia de la Salvación.

El hecho de que el Verbo –Dios-, se haga Hombre indica, que la materia y en concreto, la carne poseen dignidad suficiente para que Dios no las desprecie ni las vea como negativas. El mundo material no es fruto de un origen maligno como pensaban los filósofos griegos, sino que es obra de la mano creadora de un Dios bueno que es Padre. Es decir, la materia por naturaleza no es mala sino buena, y esta idea se refuerza y cimienta mucho más con el hecho de la Encarnación que expresa que lo corporal es bello, digno y excelente en sí mismo, pues la fuente de la belleza, de la armonía y el orden es Dios hecho Hombre, Jesucristo, el Hombre perfecto.

Asumir esta cercanía de Dios en nuestra vida tiene que llevarnos a posicionamientos concretos por parte de cada uno de nosotros. Cuando los apóstoles se dispersan por las riberas del Mediterráneo después de la Resurrección y de la Ascensión del Señor Jesús, y comienzan a contar “lo que había ocurrido” en Palestina, suscitaron oleadas de asombro y respuestas generosas: filósofos de Atenas, esclavos de Alejandría, damas de la Corte Imperial de Roma, decidieron que nada de lo que poseían y nada de lo que hasta entonces les había ocurrido, valía algo en comparación con el conocimiento de Dios hecho Hombre y manifestado en Jesucristo. Siguieron siendo filósofos, esclavos y damas de la corte imperial, pero todo eso les parecía secundario en comparación con el seguimiento de Dios hecho Hombre, cargado con la Cruz, muerto en el Calvario y resucitado para la salvación de todo el género humano, hasta el punto, que cuando llegó el momento, se dejaron matar por amor a Cristo Jesús.

Ocurre que pasando los siglos, la “novedad” de Jesucristo y del Evangelio ha ido perdiendo fascinación; y la costumbre y la rutina apagan la ilusión hasta el punto que ha llegado a parecernos normal que el Logos, el Verbo Eterno se haga Hombre y habite entre nosotros. Ha llegado a parecernos normal que Dios nazca, y lo haga donde comen las bestias, en un pesebre.

Ha llegado a parecernos normal que a Dios lo mate su criatura el hombre por medio de una tortura tan terrible como la Pasión. Con toda tranquilidad hemos apagado la capacidad de asombro e impacto de ver a Dios tan cercanísimo a nosotros. Como si en cierto modo nos diera exactamente igual, y no hay cosa peor que la indiferencia.

Por eso, al contemplar la cercanía de Dios en Jesucristo, en vez de conmovernos por dentro y hacernos santos, lo que hacemos es “cumplir” quedándonos en cristianos de “medio pelo”, mediocres. Lo cual no deja de ser un contrasentido, una incoherencia de vida, lo que llamaban los antiguos un “contradios”; porque se puede ser o no ser cristiano, aceptar o rechazar en la propia vida a Jesucristo, pero lo que no encaja de ninguna manera es ejercer de cristiano mediocre porque toca en la agenda o porque es una costumbre o tradición cultural y social.

Contemplando a Jesús Resucitado hemos de preguntarnos con San Ignacio de Loyola: “¿qué he hecho en mi vida por ti, mi buen Jesús? ¿qué hago en mi día a día por ti, mi buen Jesús? ¿qué estoy dispuesto a hacer por ti, mi Señor Jesús?

Que no demos la impresión de que hemos salido así de listos y sabelotodo, que evitamos que la persona de Dios hecho Hombre, su Palabra y su mensaje “más tajante que espada de doble filo” altere nuestras vidas tan tranquilas, tan…burguesas, pues a cada uno nos está diciendo: “Vosotros sois testigos de esto”.


P. Francisco Aurioles
www.revistaecclesia.com

24 mayo 2018

Onomástica de nuestra Madre la Virgen Auxiliadora.



Santo Rosario.


Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

- Credo

- Primer Misterio:
Su bautismo en el Jordán

“Entonces aparece Jesús, que viene de Galilea al Jordán donde Juan, para ser bautizado por él (...). Salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: Este es mi Hijo amado, en quien yo me complazco.”

Padre Nuestro,
10 Ave Marías,

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

- Segundo Misterio:

Su autorrevelación en las bodas del Caná

“Se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: No tienen vino. Jesús le responde: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora. Dice su madre a los sirvientes: Haced lo que él os diga.”

Padre Nuestro,
10 Ave Marías,

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

- Tercer Misterio:
Su Anuncio del Reino de Dios, invitando a la conversión

“Marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva (...). [Luego] llegan a Cafarnaúm (...) y le vienen a traer a un paralítico. (...) Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo (...) y a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados (...), a ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.” Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.» Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados.»

Padre Nuestro,
10 Ave Marías,

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

- Cuarto Misterio:
Su Transfiguración

“Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él. (...) [Y] una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle."

Padre Nuestro,
10 Ave Marías,

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

- Quinto Misterio
Institución de la Eucaristía, expresión sacramental del misterio pascual.

“Sabiendo Jesús, que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”. Y “mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: Tomad, comed, éste es mi cuerpo. Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los pecados” .

Padre Nuestro,
10 Ave Marías,

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.


Oh! Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las más necesitadas de tu Misericordia.


Letanías

Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial,
ten piedad de nosotros.

Dios, Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,

Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Madre de misericordia,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso digno de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consoladora de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina asunta a los Cielos,
Reina del Santísimo Rosario,
Reina de la familia,
Reina de la paz.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten misericordia de nosotros.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

ORACIÓN.
Te rogamos nos concedas, Señor Dios nuestro, gozar de continua salud de alma y cuerpo,
y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutar de las alegrías eternas.
Por Cristo nuestro Señor.
Amén.

María. Fidelidad en lo pequeño.


1.° Grandeza de lo pequeño.
He aquí uno de los engaños más funestos en la vida espiritual, el despreciar algunas cosas y no darlas importancia porque las juzgamos pequeñas..., creemos que no valen para nada... ¡Qué bien explota este engaño en contra nuestra el demonio!... No nos acordamos de que nadie de repente se hace grande, ni en lo malo ni en lo bueno. Todos los santos deben su grandeza a un conjunto de pequeñeces, que ellos supieron admirablemente aprovechar.

Al contrario, todas las grandes caídas han tenido su origen en cosas tan pequeñas e insignificantes, que pasaban inadvertidas... y, sin embargo, esto es de fe y comprobado con la más vulgar y cotidiana experiencia que «el que desprecia lo pequeño poco a poco caerá». Hasta en la vida natural, ocurre esto mismo... ¿Qué es un granito de arena..., una gota de agua..., un átomo de polvo?... Pero el conjunto de esas pequeñeces, ¿no forma las playas y los desiertos, o los ríos y los océanos?... ¿Qué caso se hace de un insecto..., de un microbio que no se ve?... Y, sin embargo, ¡qué daños no pueden llegar a producir si se multiplican!... ¿No repetimos a cada paso que muchos pocos hacen un mucho muy grande? Pues esto, en la vida espiritual, es aún más cierto.

Toda ella no es más que eso..., un conjunto de pequeñeces que, sin embargo, nos labrarán o nuestra felicidad o nuestra ruina para siempre. No tendremos ocasiones abundantes..., ni ánimos o fuerzas para acometer empresas grandes, heroicas, hazañas estupendas... Pero no precisamente en los hechos extraordinarios, sino en la fidelidad y exactitud de nuestros pequeños deberes diarios, está nuestra perfección... Así es como se forman las virtudes sólidas y macizas que hacen santos, con la práctica constante de los actos pequeños de las virtudes ordinarias... esos actos son casi siempre de muy poca apariencia, es verdad, pero no por eso son de poco valor.

La fidelidad en lo poco será la causa, algún día, de la posesión sobre lo mucho... Así lo dice Cristo en el Evangelio: «Porque fuiste fiel en lo poco..., esto es, en lo pequeño..., en lo que al parecer no tenía importancia..., yo te constituiré sobre lo mucho»... ¡Qué generosidad la de este Señor!... Él nos pide lo poco, para luego darnos lo mucho... ¿Quién no se animará a dar este poco..., a ser fiel en este poco..., si de eso ha de depender luego el premio de lo mucho?... Claro está que un poco que vale tanto, ya no es poco..., ya no es una cosa pequeña y despreciable... y por eso te convencerás una vez más, de que no se puede llamar pequeño a nada de lo que tenga relación con nuestra alma... con nuestra salvación o santificación... ¿Cómo va a ser pequeña una cosa de la que depende otra tan grande?... Luego tampoco puede ser pequeño el interés que en ti despierte..., no puede ser pequeña tu fidelidad para cumplir con lo que ella te exige...

2.° Fidelidad de María.
En la vida de la Virgen, mejor que en ninguna otra parte, podemos aprender esta fidelidad. Toda esta vida preciosísima, no es más que un conjunto de pequeñeces constantes, acompañadas a veces de cosas grandes y heroicas en sumo grado. María no quiso ocupar en la tierra ningún lugar preeminente..., no se distinguió a los ojos de los hombres, de las demás doncellitas o de las otras aldeanitas de Nazaret... Era necesaria la mirada inescrutable de Dios, para descubrir lo que bajo aquella sencilla apariencia se encubría..., para conocer el valor y el mérito de aquellas pequeñas y vulgares acciones que ordinariamente ejecutaba la Virgen. Porque ¿qué importancia, ni qué valor podía tener el guisar la comida..., el coser y remendar..., el barrer y fregar..., el lavar, limpiar, hilar..., arreglar la pobre y humilde casita..., hacer algunas pequeñas compras, etc., en fin, ocuparse en los quehaceres propios de una obrerita y de una esposa de un jornalero? Todas estas menudencias, tan triviales, constituían la vida de la Santísima Virgen y fueron los actos que más comúnmente ejecutaba..., y lo extraño es, que con ellos se hizo tan grande..., tan santa..., tan divina...

Porque levanta un poco el velo que cubre esas pequeñeces y verás que en la fidelidad y constancia a las mismas, se oculta una fuente verdadera de sacrificios, que son los que dan el valor a esos actos. El atender con perfección y exactitud a esas cositas tan insignificantes, de tan poco brillo..., tan frecuentes y ordinarias que todos los días y a todas horas has de tener que cumplir..., no cansarse de hacerlas bien..., con toda perfección... con el mismo celo, ardor y entusiasmo que si se tratara de cosas grandes y magníficas..., todo eso supone un ánimo muy grande..., una voluntad muy firme..., un espíritu de sacrificio y de abnegación inmenso...; un día, dos..., un mes y otro mes, todavía se explica que se pueda hacer con relativa facilidad... pero siempre..., toda la vida..., eso es un verdadero martirio...; no hay mortificación, no existe penitencia más fuerte y dura que ésta... Aquello que decía San Juan Berchmans, es una verdad que podemos comprobar todos, de que da mayor penitencia es la vida común*, la vida ordinaria llena de cien mil pequeñeces y menudencias, que se han de hacer todas con fervor..., con diligencia..., con todo esmero y cuidado.

Esa es la vida de María..., una vida que no tiene cosas llamativas: ni fue elocuente, ni fue poderosa, ni brilló por su ingenio, ni siquiera hizo milagros estupendos, ni maravillas extraordinarias..., pero todo lo hizo con la intención purísima de cumplir la voluntad de Dios... y, por eso, todo lo hacía con toda perfección... y Dios se complacía y gozaba en Ella...

3.° Tu resolución.
Aquí no caben dudas y vacilaciones..., no es posible excusarse con nada. Tenemos que cumplir con la voluntad de Dios... y Dios, de ordinario, no nos pedirá más que esas pequeñeces de cada día. Tienes que tomar la resolución de complacer a Dios todos los días, cumpliendo exactamente esa su santísima voluntad... Para Dios todo es pequeño...; las acciones más grandes, más llamativas de los hombres no valen, delante de Él, más que las otras pequeñas y vulgares. Todos son juegos de niños en su presencia..., batallas que se ganaron..., imperios que se conquistaron..., inventos que se descubrieron..., fama y laureles que se granjearon..., todo eso, para El, igual que nada. Lo que vale es el corazón..., la intención con que hacemos nuestros actos..., la manera como los ejecutamos..., el fin que perseguimos. Si en tus obras pones tu corazón y la fuerza de tu amor, la obra así hecha es la que vale de veras y la que agrada al Señor, aunque en sí sea o aparezca pequeña.

Para Dios sólo vale la grandeza del corazón..., la intención recta y pura del que obra. No te ocupes, pues, de otra cosa, en tus actos, que de purificar tu intención y de hacerlos todos por Dios, y de ese modo todos ellos, por triviales y bajos que parezcan..., el mismo comer y dormir y descansar..., pueden ser actos nobilísimos de grande gloria para Dios y de no escasos méritos para nuestras almas. Además, que la fidelidad en estas cosas pequeñas, suele tener la seguridad de no perderse en ellas el mérito que tengan, por miedo a la vanidad o a la vanagloria, como fácilmente puede ocurrir con los actos de brillo y de relumbrón... ¡Cuántas veces la práctica de esos actos extraordinarios y de una virtud heroica y resonante, queda convertida en un poco de humo de soberbia, que echa a perder por completo todo el valor que de suyo podría tener!...

Pues bien, ama mucho el ejercicio de esas virtudes pequeñitas, que más que fama y estimación, te servirán para formarte en la humildad..., sencillez y mortificación... y así es como acostumbrándote a este dominio en las cosas más pequeñas, estará tu alma bien templada y preparada para las cosas grandes si Dios así lo quiere. Así se preparó, en la humildad de Nazaret, María, a ser el asombro de fortaleza en el Calvario... Imítala en lo primero, si quieres llegar a ser semejante a Ella en su segundo heroísmo.

Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote.


Señor, Jesucristo, nuestro magnífico y supremo Sacerdote.

Por tu Muerte y Resurrección te hemos reconocido
como el Cordero sacrificial, mediador entre el Padre y nosotros mismos.

Nos llamas a participar en tu Muerte y Resurrección
te hemos reconocido como el Cordero sacrificial,
mediador entre el Padre y nosotros mismos.

Nos llamas a participar en tu Muerte y Resurrección
por los sacramentos del Bautismo y Confirmación,
para unirnos en el ofrecimiento del sacrificio de Ti mismo
por la participación de tu Sacerdocio en la Eucaristía.

Así pertenecemos a tu Reino en la tierra, haciéndonos tu pueblo santo.

Señor Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote,
concédenos tu Espíritu de Amor y Vida que nos una a ti,
Sacerdote y Víctima, para que el plan de salvación
para todos los pueblos se establezca dentro de nosotros.

Señor, Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote,
concédenos tu Espíritu de Sabiduría y unión,
que a todos nos unifique en tu Cuerpo Místico,
la Iglesia, para ser tus testigos en el mundo.

Señor, Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote,
tu cruz remedie nuestros males, tu Resurrección nos renueve,
tu Espíritu Santo nos santifique, tu Realeza nos glorifique
y nos redima tu Sacerdocio, para que podamos unirnos contigo
como tú lo estás con el Padre en el Espíritu Santo.

Señor, Jesús, reúnenos a todos en tu Persona –Víctima,
Sacerdote, Rey– por el banquete salvador de la Eucaristía
que tú y nosotros ofrecemos en el altar del Sacrificio,
ahora y durante todos los días de nuestra peregrinaciónpor este mundo.

Cuando nos llames a tu Reino celestial, entonces podamos participar
con todos los santos de tu gloria, amor y vida en unión
con el Padre y el Espíritu Santo por toda la eternidad.

Amén.

Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote.


Esta fiesta se celebra el jueves posterior a la Solemnidad de Pentecostés.

La celebración fue introducida en España en 1973 con la aprobación de la Sagrada Congregación para el Culto Divino. Asimismo, ésta contiene textos propios para la Santa Misa y el Oficio que fueron aprobados dos años antes.

Además de España, este día es también la ‘Jornada de Santificación de los Sacerdotes’.

San Juan Pablo II, en el documento “Ecclesia de Eucharistia” señala que “el Hijo de Dios se ha hecho hombre, para reconducir todo lo creado, en un supremo acto de alabanza, a Aquél que lo hizo de la nada”.

“De este modo, Él, el sumo y eterno Sacerdote, entrando en el santuario eterno mediante la sangre de su Cruz, devuelve al Creador y Padre toda la creación redimida. Lo hace a través del ministerio sacerdotal de la Iglesia y para gloria de la Santísima Trinidad”.

Jesús, Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza

En el Nuevo Testamento con la palabra “sacerdote” no solo se nombra a los ministros, sino que se reserva especialmente para denominar a Cristo y a todo el pueblo de Dios, unidos como un Sacerdocio real:

"Ustedes, en cambio, son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz" (1 Pedro 2,9)

En el capítulo 4 de Hebreos se explica el Sumo Sacerdocio de Jesucristo de esta forma:

"Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos -Jesús, el Hijo de Dios- mantengamos firmes la fe que profesamos. Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna" (Hebreos 4,14-16)

La carta a los Hebreos también interpreta el sacrificio de Cristo como el nuevo, único y definitivo sacerdocio, diferenciándose así de los sacrificios de los sacerdotes de la antigua alianza:

"Así también Cristo no se apropió la gloria de ser sumo sacerdote, sino que Dios mismo le había dicho: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. O como dice también en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre igual que Melquisedec" (Hebreos 5,5-6)

La misma carta a los Hebreos añade: "Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos" (Hebreos 9,11)

23 mayo 2018

Notas de los obispos ante la eutanasia y el suicidio asistido.




Nota de la Subcomisión Episcopal para la familia y la defensa de la vida, ante las iniciativas legislativas sobre la eutanasia y el suicidio asistido.


1. El mandamiento “no matarás” se encuentra en el fundamento de toda ética verdaderamente humana y, de modo particular, en la tradición cristiana. “Explícitamente, el precepto «no matarás» tiene un fuerte contenido negativo: indica el límite que nunca puede ser transgredido. Implícitamente, sin embargo, conduce a una actitud positiva de respeto absoluto por la vida, ayudando a promoverla y a progresar por el camino del amor que se da, acoge y sirve.” (San Juan Pablo II, EV, 54).

2. La eutanasia y el suicidio asistido son presentados hoy por algunos como respuestas viables y aceptables al problema del dolor y del sufrimiento. Como afirma Benedicto XVI, “es cierto que debemos hacer todo lo posible para superar el sufrimiento, pero extirparlo del mundo por completo no está en nuestras manos, simplemente porque no podemos desprendernos de nuestra limitación, y porque ninguno de nosotros es capaz de eliminar el poder del mal, de la culpa, que –lo vemos– es una fuente continua de sufrimiento” (Spe Salvi, 3).

3. Ante las diversas iniciativas legislativas presentadas en el Congreso de los Diputados sobre la eutanasia y el suicido asistido, debemos recordar que la eutanasia en sentido verdadero y propiose debe entender como una acción u omisión que por su naturaleza y en la intención causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor. La Iglesia siempre ha considerado la eutanasia como un mal moral y un atentado a la dignidad de la persona. San Juan Pablo II afirmaba que “de acuerdo con el Magisterio de mis predecesores y en comunión con los obispos de la Iglesia católica, confirmo que la eutanasia es una grave violación de la Ley de Dios, en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana.” (EV, 65).

4. La proposición de ley defiende una absolutización del principio de autonomía y de la pura subjetividad como criterios fundamentales de la decisión. A este respecto, es necesario señalar que nadie es dueño absoluto de la vida. No existe un derecho a disponer arbitrariamente de la propia vida. Las decisiones terapéuticas tienen su raíz en los conocimientos de la Medicina basada en la evidencia.

5. Por otro lado, no es posible entender la eutanasia y el suicidio asistido como algo que se refiera exclusivamente a la autonomía del individuo, ya que tales acciones implican la participación de otros, en este caso, del personal sanitario. Ya el juramento hipocrático afirma: “no daré ninguna droga letal a nadie, aunque me la pidan, ni sugeriré un tal uso”. La eutanasia es ajena al ejercicio de la Medicina y a las profesiones sanitarias, que siempre se rigen por el axioma de “curar, al menos aliviar y siempre acompañar y consolar”. El artículo 36.3 del Código de Ética y Deontología Médica de la Organización Médica Colegial española afirma que “el médico nunca provocará intencionadamente la muerte de ningún paciente, ni siquiera en caso de petición expresa por parte de éste”. A este respecto, el Papa Francisco afirma: “no siempre se puede garantizar la curación de la enfermedad, a la persona que vive debemos y podemos cuidarla siempre: sin acortar su vida nosotros mismos, pero también sin ensañarnos inútilmente contra su muerte. En esta línea se mueve la medicina paliativa que reviste también una gran importancia en ámbito cultural, esforzándose por combatir todo lo que hace la muerte más angustiosa y llena de sufrimiento, es decir, el dolor y la soledad.” (Mensaje del Papa Francisco al Presidente de la Academia Pontificia para la Vida con motivo del Encuentro Regional Europeo de la “World Medical Association”, Roma, noviembre 2017).

6. También es necesario reconocer que la eutanasia y el suicidio asistido conciernen al conjunto de la sociedad y sus instituciones. En el pensamiento que subyace a la proposición de ley, el ser humano aparece como aislado de los demás, y la sociedad no es considerada como un tejido de interacciones humanas, sino como mero ámbito en el que existe una libertad absoluta de los individuos encerrados en sí mismos sin ninguna referencia a los otros. Ante esta concepción, es necesario resaltar que el ser humano es un ser con los otros y para los otros. Este es el fundamento último de la sociedad. Y en este contexto, el Estado tiene la obligación de proteger la vida de todos los ciudadanos.

7. Lo que realmente demandan los enfermos y sus familias es la ayuda para asumir los problemas y las dificultades personales y familiares que se suelen presentar en los últimos momentos de la vida. El tratamiento del dolor y el abordaje del sufrimiento, el control de efectos secundarios y colaterales, la mejora de la calidad de vida y de la autonomía del paciente, la ayuda a las familias en estas situaciones, el morir en compañía de los seres queridos, con la asistencia espiritual y sacramental, y otros muchos aspectos importantes, son los elementos reiteradamente demandados. Y estos elementos son precisamente los que configuran lo que conocemos como cuidados paliativos. Es llamativo que se quiera proponer una ley de eutanasia cuando no se ha legislado a nivel estatal sobre la instauración de los cuidados paliativos, así como la necesaria formación reglada de esta disciplina de altísimo valor científico y ético en el ámbito universitario y sanitario. Son precisamente estos cuidados los que son demandados ampliamente por la sociedad y por los profesionales sanitarios en particular.

8. Todo ser humano es un don que refleja el rostro de Dios y que merece acogida, protección, respeto y amor. “Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40). Es lo que el Papa Francisco ha denominado “el gran protocolo” (Gaudete et exultate, 95). En este mes de mayo nos acogemos al cuidado materno de la Virgen María, salud de los enfermos.

Madrid, 21 de mayo de 2018

+ Mario Iceta Gabicagogeascoa, obispo de Bilbao y presidente

+ Francisco Gil Hellín, arzobispo emérito de Burgos

+ Juan Antonio Reig Pla, obispo de Alcalá de Henares

+ José Mazuelos Pérez , obispo de Asidonia-Jerez

+ Juan Antonio Aznárez Cobo, obispo auxiliar de Pamplona y Tudela

La esperanza de María.


1.° Su necesidad grande.
Como fruto de la vida de Fe, brota espontáneamente en el corazón, la esperanza. Si aquélla nos llevaba a conocer bien el valor de las cosas de la tierra y del Cielo..., ésta nos lleva y arrastra a despreciar las primeras y a desear y confiar en la posesión de las segundas. Dulcísima virtud la de la esperanza. Virtud completamente necesaria para la vida espiritual. Sin Fe no es posible agradar a Dios...; tampoco sin la esperanza. Es la desconfianza en Él lo que más le desagrada. San Pedro caminaba tranquilamente sobre las aguas sin hundirse..., pero apenas comienza a desconfiar, comienza a la vez a sumergirse y ahogarse. Santa Teresa de Jesús escribe en su Vida: «Suplicaba al Señor me ayudase, mas debía faltar de no poner en todo la confianza en su Majestad..., buscaba los remedios..., hacía diligencias..., mas no entendía que todo aprovecha poco, si quitada la confianza en nosotros, no la ponemos en el Señor.» La esperanza y confianza en Dios, establece en nosotros relaciones necesarias y obligatorias para con El...; debemos creer que Dios es remunerador, esto es, que dará según su justicia a cada uno lo que merece, y, por eso, con la esperanza, esperemos y confiemos en que Dios nos salvará..., que nos dará gracia suficiente para ello... y, en fin, nos concederá cuanto le pidamos si así conviene. La esperanza, por tanto, es un verdadero acto de adoración, por el que reconocemos el supremo dominio de Dios sobre todas las cosas...: la Providencia de Dios, que todo lo rige fuerte y amorosamente...; la bondad y misericordia de Dios, que no desea más que nuestro bien. Prácticamente viene a confundirse con aquella vida de Fe que se confía y abandona ciegamente en las manos de Dios. Recuerda cómo agradaba al Señor esta Fe, y a la vez esta esperanza y confianza en Él, en los milagros todos que obró durante su vida... Parece que la exigía como una condición necesaria, y acomodaba la magnitud del milagro a la magnitud esta confianza. Acuérdate del centurión, cuando dice: «Señor, no soy digno de que vayas a mi casa…, ni es eso necesario...; di, desde aquí, una palabra y ya basta»... de la mujer enferma, que esperaba obtener su curación con sólo tocar su manto, etcétera, y así en todos los casos, Dios se acomodaba a la confianza que en Él tenían para obrar conforme a ella.

2.° En María.
Pero especialmente detente a recordar esta esperanza tan confiada..., tan firme..., tan segura y cierta, en la Santísima Virgen. Recuerda de nuevo la Expectación del Nacimiento de Jesús sobre todo después de su milagrosa Concepción en su purísimo seno. La vida de María no era más que una dulcísima esperanza llena de grandes anhelos y de deseos vivísimos por ver ya nacido al Mesías prometido... En Ella se resumió, acrecentada hasta el sumo, toda la esperanza que llenó la vida de los Patriarcas y Santos del Antiguo Testamento. Seguía, paso a paso, el desarrollo de todas las profecías, y veía cómo, según ellas, se acercaba ya el cumplimiento de las mismas..., que estaban ya en la plenitud de los tiempos... y como su Fe no dudaba ni un instante de la palabra de Dios, vivía con la dulce y consoladora esperanza de ver y contemplar al Salvador. Esa era también la esperanza que sostenía la vida del anciano Simeón..., pues ¿cuál sería la esperanza de María? Pero aún aparece más clara y admirable esta confianza de María en la Pasión y muerte de su Hijo y en la certeza que Ella tenía de su gloriosa Resurrección. Es, en verdad, muy significativa la conducta de los Evangelistas al narrar, con tanta menudencia, el hecho de la Resurrección de Cristo... y, sin embargo, no dicen ni una palabra de la Santísima Virgen... Cuentan una por una las principales apariciones de Cristo resucitado, y siendo así que, corno dice San Ignacio, es de sentido común que a su Madre querida se apareció en primer lugar; no obstante, todos los Evangelistas callan esta aparición. También resulta extraño que las piadosas mujeres corrieran tan de mañana al sepulcro, a ungir con más calma el cuerpo de Jesús... y la Santísima Virgen no se moviera de su casa y no las acompañara... ¿Cómo explicar todo esto? Sencillamente por la falta de Fe y de esperanza en los demás y la abundancia de estas virtudes en la Virgen. El fin principal de los Evangelistas, en estas narraciones, es demostrar el oficio de consolador que Cristo ejerció en su Resurrección, levantando el ánimo caído de todos, y esforzando la confianza debilitada y enferma de aquellos a quienes se apareció. Pero María no tenía necesidad de esto...; era tan grande su confianza en la palabra de su Hijo..., estaba tan firme en ella, que más que confianza tenía la certeza y seguridad de su Resurrección. Ésta es la razón por la que no va Ella a embalsamar el cadáver de su Hijo... y por la que los Evangelistas no creyeron necesario decir nada de la aparición de Jesús a su Madre, ya que fue tan distinta y con fin tan diverso de las demás. Jesús se aparece a María, tan sólo para hacerla partícipe de su triunfo, como lo fue de sus tormentos y de su Pasión..., pero no para animarla y darla fuerzas que nunca perdió, porque no titubeó en su firme esperanza.

3.º Tu esperanza.
Mira bien a ese modelo aprende de María a ejercitarte en esta virtud. Examínate bien y analiza tu confianza en Dios..., si es así de sencilla..., segura..., humilde..., verdadera. Quizá tienes gran confianza, y esto es muy corriente, cuando todo sale bien... y las cosas se presentan conforme a tu voluntad..., pero cuando el sol se oculta en el alma... y vienen las nubes... y la tormenta, quizá fuerte y terrible...; cuando las tribulaciones y disgustos interiores y exteriores te cercan por todas partes..., en fin, cuando llega esa «noche oscuras, que tantas veces quiere Dios que venga a las almas..., ¿qué hacer?, ¿a quién acudir?..., ¿es el tedio..., la tristeza..., la desgana..., en fin, la desconfianza la que te domina entonces? Levanta los ojos, mira siempre a Jesús contigo..., a María, tu Madre, que no te abandona en la prueba, a tu lado, y... lánzate confiadamente a cumplir con tu deber, sin retroceder jamás..., una mirada a María y siempre adelante.

Santo Rosario.


Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

- Credo

1º. LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

«Y he aquí que se produjo un gran terremoto, pues un ángel del Señor descendió del Cielo y, acercándose, removió la piedra y se sentó sobre ella. Llenos de miedo, los guardias se aterrorizaron y se quedaron como muertos. El ángel tomó la palabra y dijo a las mujeres: No temáis vosotras; ya sé que buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí, porque ha resucitado, como había dicho».

Padre Nuestro,
10 Ave Marías,

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

2º. LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

«Los sacó hasta cerca de Betania y levantando sus manos los bendijo. Y sucedió que, mientras los bendecía, se alejó de ellos y se elevaba al Cielo. Y ellos le adoraron y regresaron a Jerusalén con gran gozo».

Padre Nuestro,
10 Ave Marías,

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

3º. LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO

«Al cumplirse el día de Pentecostés estaban los discípulos juntos en un lugar y se produjo de repente un ruido venido del Cielo, como de un viento impetuoso, que llenó toda la casa donde se encontraban. Aparecieron unas lenguas de fuego, que se posaron sobre cada uno de ellos, quedando todos llenos del Espíritu Santo; y comenzaron a hablar en lenguas extranjeras según el Espíritu Santo les inspiraba».

Padre Nuestro,
10 Ave Marías,

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

4º. LA ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

«Quién es ésta que sube del desierto, apoyada sobre su Amado, como columna de humo aromático, como aroma de incienso y mirra?».
«Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo,
como novio que se pone le corona, o novia que se adorna con sus joyas».

Padre Nuestro,
10 Ave Marías,

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

5º. LA CORONACIÓN DE MARIA SANTÍSIMA
«En ese momento se abrió en el cielo el Santuario de Dios: dentro del Santuario uno podía ver el Arca de la Alianza de Dios».
«Apareció en el Cielo una mujer vestida de sol, la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza».

Padre Nuestro,
10 Ave Marías,

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Oh! Jesús mío, perdona nuestras culpas, líbranos del fuego del infierno, lleva al Cielo a todas las almas, y socorre especialmente a las más necesitadas de tu Misericordia.


- Letanías

Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad.
Cristo, óyenos.
Cristo, escúchanos.

Dios, Padre celestial,
ten piedad de nosotros.

Dios, Hijo, Redentor del mundo,
Dios, Espíritu Santo,
Santísima Trinidad, un solo Dios,

Santa María,
ruega por nosotros.
Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo,
Madre de la Iglesia,
Madre de la divina gracia,
Madre purísima,
Madre castísima,
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada,
Madre amable,
Madre admirable,
Madre del buen consejo,
Madre del Creador,
Madre del Salvador,
Madre de misericordia,
Virgen prudentísima,
Virgen digna de veneración,
Virgen digna de alabanza,
Virgen poderosa,
Virgen clemente,
Virgen fiel,
Espejo de justicia,
Trono de la sabiduría,
Causa de nuestra alegría,
Vaso espiritual,
Vaso digno de honor,
Vaso de insigne devoción,
Rosa mística,
Torre de David,
Torre de marfil,
Casa de oro,
Arca de la Alianza,
Puerta del cielo,
Estrella de la mañana,
Salud de los enfermos,
Refugio de los pecadores,
Consoladora de los afligidos,
Auxilio de los cristianos,
Reina de los Ángeles,
Reina de los Patriarcas,
Reina de los Profetas,
Reina de los Apóstoles,
Reina de los Mártires,
Reina de los Confesores,
Reina de las Vírgenes,
Reina de todos los Santos,
Reina concebida sin pecado original,
Reina asunta a los Cielos,
Reina del Santísimo Rosario,
Reina de la familia,
Reina de la paz.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,
ten misericordia de nosotros.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de las promesas de Cristo.

ORACIÓN.
Te rogamos nos concedas, Señor Dios nuestro, gozar de continua salud de alma y cuerpo,
y por la gloriosa intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, vernos libres de las tristezas de la vida presente y disfrutar de las alegrías eternas.
Por Cristo nuestro Señor.
Amén.