25 mayo 2017

La Beata Rafaela Ibarra, y su obra.


- La Obra en España

La Obra en España, comienza en 1894 con la adquisición de unos pisos en la calle Santa María de Bilbao para acoger a las jóvenes sin recursos que llegaban a la ciudad buscando un empleo. Lo atendían cuatro amigas de toda confianza de Madre Rafaela, pues habían trabajado mucho tiempo con ella en las tareas de promoción de la mujer y ahora daban un paso decisivo al consagrase al Señor totalmente como religiosas.

En 1897 se empezó a construir el  colegio de la calle Zabalbide, pues madre Rafaela veía como la obra se extendía y no había espacio para atender adecuadamente a tantas jóvenes y niñas como lo solicitaban.  Ella misma diseñó con el arquitecto Sr. Basterra como sería el edificio de amplios espacios  luminosos y en el centro la capilla, el lugar más digno y especial pues del encuentro con el Señor brotaba toda la energía y fortaleza para tan gran misión.

- Capilla Zabalbide

Posteriormente en 1909, se abre la Casa de Málaga en un hotel alquilado en la ciudad mientras se realizaba la obra del construcción del Colegio, trasladándose a ésta en 1913 en la calle Amador de los Rios

En 1992 se separa el Colegio de la Residencia pasando ésta a otra edificación en la Avenida Juan Sebastián el Cano, en una edificación de tres plantas y cuyas niños/as pertenecientes a Bienestar Social de la Junta de Andalucía viven en pequeños hogares al cargo de una religiosa y varios colaboradores que les ayudan en el desarrollo de sus actividades de estudio, formación y ocio.
El 15 de Julio de 1914 en un hotel alquilado en la calle Numancia se da comienzo a la obra en la ciudad de Santander, para trasladarse mas tarde a la calle Reina Victoria y definitivamente en 1985 a la calle León Felipe.

1917, se funda en Madrid en la calle Ayala un Colegio para atender las necesidades de las jóvenes que acuden en busca de trabajo a la Capital.

El 2 de enero de 1918, se inaugura en San Sebastián el Colegio del barrio de Ategorrieta, pasando a ser residencia de jóvenes posteriormente.

En septiembre de 1924, se establece la casa noviciado en una finca en Chamartín de la Rosa, en Madrid.

El 6 de enero de 1926, se establece la primera casa en Roma (Italia), como residencia cercana al Vaticano para tratar los asuntos oficiales.

En 1927, en unas de las casas de La Cava, (en Bilbao) donde vivió Don. Gabriel María de Ibarra, se convirtió en Colegio-Residencia para niñas huérfanas de Bilbao; en 1928 en la casa de la misma finca donde vivió la fundadora, se estableció la Curia Generalicia del Instituto, hasta que en 1978 se estable definitivamente en Madrid. Actualmente es  residencia de jóvenes.

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en 1929, será en Barcelona donde se desarrollará fecunda actividad apostólica hasta su desaparición a consecuencia de la Guerra Civil.

En 1967 se compró un terreno en el barrio de Usera, zona periférica  de Madrid, habitada en su mayor parte de emigrantes y   ayudadas por un bienhechor: el General Barroso se consiguió levantar un Colegio con capacidad para 1.000 alumnos/as de Educación Infantil, Primaria, Secundaria, Bachillerato y Ciclos Formativos de Grado Medio. Actualmente de gran prestigio cultural. Es el colegio Rafaela Ybarra.

Junto al Colegio, a unos cien metros, en la c/ San Basilio se compró unos pisos con capacidad para 40 niños/as repartidas en cuatro hogares, pertenecientes a Bienestar Social de la Comunidad de Madrid.

Hacia 1965 se abre una residencia para jóvenes  trabajadoras en el espacio cercano al colegio de Zabalbide. Es la  Residencia  llamada de Stella Maris, hoy convertido en Centro Residencial de menores. Está dirigido por la hermanas pero atendido por laicos con gran compromiso con la Institución.  Se ha abierto un piso  anexo, en Baracaldo llamado Izargune, con la misma finalidad.
El 8 de Diciembre de 1978 comienza a funcionar una residencia para 50 jóvenes que vienen a Madrid en busca de trabajo, en unos pisos de nueva planta, de la C/ Mantuano, donde combinan trabajo y estudio en un clima de familia, de libertad y responsabilidad hasta que se casan o alcanzan un empleo que les permita independizarse.

Más tarde se abrieron otros pisos también en Madrid: Nuestra Sra. del Brezo en Serafín Gómez donde se acoge y acompaña  a las jóvenes  mayores de 18 años.

Hoy, nuestra Orden Trinitaria conmemora el Aniversario de la Canonización de nuestro Padre Reformador: San Juan Bautista de la Concepción.



(Homilía de la Canonización
25-5-1975)

Ahora disfruta de la Iglesia, ficha orgulloso de Santos dos nuevos nombres, que ahora es seguro para declarar, de acuerdo con las palabras de Jesús, "escritos en el cielo" (Luc 10, 20.): Son los que ahora "canonizado" Beato Juan Bautista de la Concepción, reformador de la orden de la Santísima Trinidad, que vivió desde 1561 hasta 1613, y de la Santa Vicenta María López y Vicuña, fundador de las Hijas de María Inmaculada, que vivió en el siglo pasado de 1847 a 1890. todos hemos regocijado escuchar ahora la lectura de los dos respectivos decretos, motivando con ese resumen, pero las noticias decisiva, las razones para el juicio de la Iglesia acerca de la prueba y los respectivos méritos de una santidad de la primera y la otra figura de estas personas, ya honrado por la beatificación reconocieron, nos dieron la feliz oportunidad de proclamar su canonización.

Las filas de los Santos crece. Todos tenemos que disfrutarlo por la gloria de Dios, para gloria de nuestro Señor Jesucristo, por la alegría que viene a la Madre de los Santos, la Iglesia Católica, y en particular a las respectivas familias religiosas ilustradas por el trabajo y por la virtud de la estos sus patrones; y luego para la edificación de todo el Pueblo de Dios, que sabe que puede adorar en estos miembros bendito hermanos ejemplares, dignos de admiración y devoción, y también se espera contar con ellos en solidaridad y efectivos intercesores con la única fuente de nuestra salvación en virtud de la comunión de los santos, Cristo el Señor.

Las filas de los santos, los declarados oficialmente, se incrementa; y, si Dios quiere, sin embargo, durante este Año Santo, y luego en los años siguientes, se incrementará. No surge de ninguna duda de que este aumento progresivo de los niños elegido la iglesia A es el resultado de una inflación devocional fácil. Los que conocen la complejidad y el rigor de los procesos que preceden tanto las beatificaciones ya que la Canonización sabe lo que la Iglesia es prudente y exigente en que requiera el testimonio de un grado de las virtudes "heroicas", o podemos decir superlativa, excepcional, demostrado por los irrefutables testigos, analizados con rigor crítico y el método objetivamente histórica, de hecho validado por dos pruebas, una negativa, el llamado "no-culto", que asegura que los jueces del proceso no sean la influencia de alguna mistificación populares eventual; y los milagros positivos, casi como un certificado trascendente divina de aprobación para el reconocimiento excepcional de la santidad, la Iglesia tiene la intención de venerar en el individuo y único candidato a los altares. legislación canónica es muy serio y prudente en este asunto, y lo sigue siendo, aunque algunas formas de procedimiento del pasado, no es un poco complicado proceso ritual y de que se trate, debe ser algo simplificada, al tiempo que conserva la necesaria, imprescindible e inequívoca verificación de títulos excepcionales se reivindica para el éxito de cada uno de estos procesos.

Pero las filas de los Santos se enriquece con nuevos nombres con el progreso de la Iglesia en la trayectoria temporal, y que somos los afortunados testigos debe ser un motivo de alegría y esperanza: la vida de la Iglesia; no la edad, pero se desarrolla plenamente; y mientras los acontecimientos de la historia que a menudo perturban el desarrollo pacífico, de hecho, a veces se les molesta y afectan a su viaje terrenal normales, ella reacciona en santidad, ofreciéndose al mundo y la comodidad y el ejemplo de algunos imprevistos y su típica hijos, que con admirable don de la caridad y de otras virtudes evangélicas, y sus dones y frutos del Paráclito, sostuvo la fe de las personas amenazadas, y ofrecer a su siglo y los posteriores la presencia vivificante inextinguible del Espíritu dentro de la Iglesia santa de Cristo. Y esta simple reflexión, que podría tener lugar en la filosofía de la historia y la teología de la Iglesia, peregrina y militante, tiene que abrir la exaltación hoy en día para las dos canonizaciones ahora felizmente se celebran; y dar de comer y confirma una breve mención biográfica, de hecho hagiográfico nuevo dos elegidos al título oficial de la santidad.

La figura de San Juan Bautista de la Concepción, lejos de haberse desgastado con el paso de los siglos, sigue inalterable ofreciendo la entereza y frescura de su testimonio de hijo de la Iglesia.
Nació Juan Bautista el año 1561, en un hogar profundamente cristiano de Almodóvar del Campo.
Allí había nacido un insigne maestro del espíritu, también canonizado por Nos, San Juan de Ávila . Parece como si estas dos existencias, plasmadas en el mismo ambiente, hubiesen sido, por designio divino, una prolongación ininterrumpida no tanto en el tiempo cuanto en un común empeño reformador: el Maestro Ávila murió precisamente cuando Juan Bautista iba a cumplir ocho años. Hay otro dato significativo y curioso. Tiene Juan Bautista quince años cuando una gran Santa reformadora, Teresa de Jesús -a quien Nos hemos proclamado Doctora de la Iglesia-, va a Almodóvar y se hospeda en la casa del futuro Santo trinitario. Este florecimiento de Santos con temple renovador al comienzo de una etapa postconciliar, la de Trento, ¿no resulta aleccionadora para nuestros tiempos de resurgimiento y creciente desarrollo eclesial? Porque es claro que un determinado período de la Iglesia no puede caracterizarse como época de reforma auténtica y fructuosa si no produce una constelación de Santos.

Con ocasión de estas canonizaciones del Año Jubilar, ¿no es oportuno recordar el capítulo V de la Constitución dogmática Lumen Gentium, que nos habla de la vocación universal a la santidad en la Iglesia? Sí, nos parece un momento propicio para lanzar a todos nuestros colaboradores en la evangelización, obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos y seglares el reto de la santidad, sabiendo bien que sin ella la renovación quedaría comprometida y se perdería el fruto primero y fundamental, tanto del Jubileo como del Concilio (Cfr. etiam Christus Dominus, 15). No es mera coincidencia, carente de sentido, el hecho de que Juan Bautista de la Concepción sea canonizado, casi cuatro siglos después de su muerte, en este Año Santo y en el X aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II. Este Concilio ha puesto a la Iglesia al ritmo de la renovación. Pero, ¿de qué renovación se trata? Evidentemente no puede ser una renovación sin discernimiento. Son los Pastores de la Iglesia los que, reunidos en Concilio, bajo la presidencia del sucesor de Pedro, han señalado el sentido de la renovación que necesita nuestro tiempo. Los actuales problemas eclesiales encontrarán solución, en la fidelidad a las enseñanzas del Concilio, siguiendo las sabias directrices de la jerarquía.

De una manera concreta, San Juan Bautista de la Concepción nos enseña con su vida cuáles han de ser las disposiciones y actitudes de los auténticos renovadores. Y particularmente en lo que se refiere a las familias religiosas, ya que él ha pasado a la historia como el reformador de la Orden de la Santísima Trinidad. Nuestro Santo, que viste el hábito de la Orden a los diecinueve años, se prepara a su misión, entregándose con generosidad al Señor, cultivando en su alma la piedad eucarística y mariana, con un deseo grande de imitar las austeridades de los Santos reseñadas en el Flos Sanctorum que lee con fruición. Se afana en el estudio para obtener una sólida formación teológica, a base sobre todo de la Sagrada Escritura y de los Santos Padres, que le servirán en su ministerio de predicador incansable. Se propone ser un religioso observante que quiere abrazar la regla primitiva, austera y pobre de la Orden y, para ello, rompe decididamente con la «tiranía de los cumplimientos del mundo» (Obras, VIII, 29). ¿No es ése el camino de los Santos?

Para realizar la reforma de su Orden, peregrina a Roma; y su obra, tanto en España como fuera, se ve sometida a graves pruebas. Pero no le importa: «Claro está -dice- que si yo te amo, Señor, no tengo de querer en esta vida honra, ni gloria, sino padecer por tu amor» (Obras, VIII, 128). Cuando el Papa Clemente VIII aprueba la reforma de la Orden Trinitaria, nuestro Santo vuelve a España para aplicar con total fidelidad las normas que le ha dado la Santa Sede. Exige a los frailes que abrazan la vida reformada la exacta observancia de la regla, profunda vida de oración, de penitencia y de pobreza, siempre en un clima de alegría que no está reñida con la austeridad. El se muestra siempre humano y delicado en sus intervenciones; pero al mismo tiempo firme, recto y obediente a sus superiores. Y he aquí los frutos: su obra tiene éxito y las vocaciones se multiplican.

Cuando su vida declina, vuelven las pruebas y contradicciones; ¿cómo reaccionar? Como lo hacen los Santos. Sí, con la caridad; así, su alma se purifica en la renovación personal y asciende a mayor santidad. Cuando muere en Córdoba, a los cincuenta y un anos de edad, deja en su obra y en sus escritos una lección perenne: ¡No hay auténtica reforma eclesial sin la renovación interior, sin obediencia, sin cruz. Sólo la santidad produce frutos de renovación! Que el Señor siga bendiciendo a la Orden de San Juan de Mata y de San Juan Bautista de la Concepción que tiene precisamente como finalidad el culto a la Santísima Trinidad y el apostolado liberador entre los cristianos que por sus circunstancias sociales especiales se encuentran en mayor peligro de perder la fe.

Vicenta María López y Vicuña this Más cerca de Nosotros en el Tiempo. Nació en las nobles y cristianas tierras de Navarra, el día 24 de marzo de 1847 para morir en los Umbrales of this siglo. Trascurrió una juventud serena, durante el cual sea were madurando en ella los frutos De Una esmerada Educación Cristiana, en La que huellas inconfundibles Dejo el ambiente familiar: la madre, un cura tío, tía religiosa. ¡Oh! Nunca ponderaremos Bastante formativa Importancia del núcleo familiar; ESA ejemplar de trabajo, insustituible, de siembra y cultivo de Conocimientos y Virtudes. Y Dios Bendice con predilección (a las cristianas Familias auténticamente; hijo de Ellas, por su parte, la cantera de Vocaciones mejor para el servicio de la Iglesia En España Tenéis, un RESPECTO este, una Tradición Espléndida, gloriosa, fecunda Os recordamos ESTO.. Ahora, amadísimos hijos, abrigamos Porque la Esperanza de Que El Año Santo si distinga también por la ONU Despertar de las Vocaciones, por "un aumento numérico de Aquellos Que Sirven a la Iglesia con especial dedicación de su vida, es factible de, de los Sacerdotes y Religiosos "(limina Apostolorum, IV).

Nuestra Papá Es Muy joven AÚN, oye CUANDO En sus adentros divina Llamada. Nadie decisión FUE Fácil de Realizar. Con sencillez v dulzura, con el sacrificio y caridad Logra verso Liberada de la perspectiva Que le offers Una Vida En El Mundo tranquila, acomodada, halagadora. En la fiesta de la Santísima Trinidad de 1876 recibe El Hábito religiosas JUNTO Con Dos compañeras; Así nace la Congregación de las Religiosas de María Inmaculada; Una Familia Que Tiene por las Misión santificación personal de Sus Miembros y La Ayuda a las Jóvenes Que Fuera de Sus trabajan Hogares Salas. A Jóvenes AES, rodeadas con Frecuencia de ninguna Pequeñas Dificultades Y Peligros, Vicenta María Entrega de vida entera. Para Poner En El Futuro de ia balanza de Vocación, podra Decir "¡Las chicas de han vencido." Y si ellas Dara Sin Reservas, hacerles párrafo ENCONTRAR un hogar acogedor, donde hallen una voz amiga, la palabra alentadora v desinteresada, el Calor de un corazon, de donde descubran la INMENSA Riqueza humano-divina de Sus Vidas, El secreto de los Valores perennes, el interior de la Paz y de Donde, a la Vez, aprendan a promoverse completa, párr Hacerse Cada Vez Más Dignas ante Dios y Jóvenes de Como mejor realizarse.

¡De qué es Capaz Maravillosas intuiciones quien ama de veras! ¡Qué fina pedagogía APLICAR SABE quien habla lenguaje sublime Ese Que se aprende en el Corazón de Cristo! Nuestra Papá Tenia ya un personal Experiencia En Este Apostolado Específico. Mismos SUS Familiares de Madrid habian puesto m en contacto con la ESA clase trabajadora, necesitada bronceado. El deseo de entregarse a Dios Hace Lo demás. Ella Misma Siente en su alma de la exigencia insaciable auténtica renuncia, deliberada, amante, Que se Pide al Discípulo de Cristo "Gloria de Dios párrafo más Reservas palpable. Más poverty. Más mortificación de mis naturales inclinaciones. Mucho peligro de Sufrir desprecios. ¡Cuantos el vituperarán! ESFUERZO sacrificio continuo, todos los días. Necesidad de la época ". Estós hijo precisamente los Motivos Que la impulsan a Hacer la Fundación, SEGÚN Ella Misma tiene Dejado escrito (Ver. Escritos de la fundadora, Cuaderno t. F. 80 r. O. c. 124-130). A Pesar de su muerte prematura, a Cuarenta Y Los Tres años, no hay pecado Sufrimientos Discapacitados Físicos y Sobre Todo es la cruz morales -¡la compañera inseparable de los Santos -, La madre Vicuña vio por la Obra aprobada de la Santa Sede!; Tenia ya casas repartidas por España y ilusionada ESTABA con Fundar en Buenos Aires. La Congregación si abria Así a todos los horizontes de la Iglesia, el chico this Como con Comunidades Numerosas esparcidas por Europa, América, África y Asia.

Recordamos CUANDO FUE busque beatificada Por Nuestro predecesor Pío XII venerable en el anterior Año Santo. Y En Este Año Santo, Que: Además coinciden con el ano International Women, podriamos preguntarnos: ¿QUÉ Mensaje empates Santa María Vicenta para la Iglesia y para el Mundo de Nuestro Tiempo? Al Iniciar el ciclo de beatificaciones of this de Año Santo con María Eugenia Milleret decíamos Que "la santidad, Buscada en todos los estados de vida, es la promoción Más y Más origina1 llamativa a i'a Que pueden aspirar Acceder y las mujeres". Santa María Vicenta tiene SENTIDO, imperiosa, el servicio queja del hecha de la Caridad, Algo que le ESTA invitando a prodigar de Atención Hacia la Mujer, TODO Sobre La Joven, necesitada de cuidadcs Religiosos, de Asistencia Social, Christian de La Autentica sublimación, en Una palabra, en el SENTIDO de promoción completa y Más Elevado del término. A que Tarea, Con las Que van Diversas Modalidades presentando Los Tiempos, tambien constituye una importante exigencia del Mundo real.

El carisma de la fundadora mantiene Así es Nuestra Época una vivencia singular. ESTO Mismo os Exige a vosotras, Religiosas de María Inmaculada, un Empeño y compromiso de las Naciones Unidas: una Renovación constante y de Empeño Auténtica (Ver Perfectae Caritatis 2.), Fijando la mirada en vuestra Santa Madre, para imitar el example de perfección evangélica ( . Mt. 5, 48), CENTRADA en la Caridad y alimentada con la Adoración eucarística y la devecion a la Santísima Virgen, Características Sobresalientes de la espiritualidad de María Vicenta; Como Así en fidelidad y amor a la Iglesia; En Una palabra, párrafo Seguir SUS Pasos en la vida espiritual y en la Vida Apostólica. Un Compromiso también el de la Caridad Que sociales constituye principal de La Herencia vuestra fundadora. En casos Cien años de Vida, ¡busque Qué tiene Sabido · emplear vuestra Congregación herencia esta en favorecer de la Promoción de las Jóvenes, con residencias, Escuelas profesionales, los centros sociales y misionales! Os décimos Lo con gozosa complacencia a vosotras, queridas Religiosas María Inmaculada de Aquí y Presentes un TODAS LAS Que, no habiendo podido ser, Tienen en estos momentos de la mirada En Esta puesta eclesial asamblea. ¡Animo! ¡Siempre adelante!

Amadísímos hijos: La Iglesia de hoy rebosa Gozo. En vitalidad perenne es fruto de la Presencia divina. Si difunda el canto de acción de gracias Que la Iglesia dedicada a Padre y Hijo y al Espíritu Santo y La que embellecen la Guian constantemente, pareciendo de senderos los Santos del Mundo. Sí, alegrémonos Porque Dios tiene made maravillas en las almas de San Juan Bautista de la Concepción y de Santa María Vicenta, Cuyo Paso Por Esta tierra atraen Nuestras miradas, Aspiraciones de Nuestras Conquistas más sublima, Nuestros Anhelos Más De apremiantes Transformación terrena y trascendente. Sean Dadas Gracias a la Santa Desde lo hondo Trinidad Más de Nuestros Corazones. Nos quisieramos Que Este canto de alegría si tradujera Ahora En un Mensaje de felicitacion ferviente a España ENTERA. La Merece, Porque en su trayectoria secular eclesial nos offers dos Nuevos de testimonios de Fecundidad espiritual y religiosa, Que Deben de servir v estímulo constante, perenne de Compromiso y para las Generaciones Actuales Futura.

Un EJEMPLO de vuestros Santos, ¡manteneos Fieles siempre a la Iglesia! Todos unidos, Sacerdotes, Religiosos y Fieles de España, continuad por el camino de la fidelidad y adhesion al Mensaje de Cristo, vuestra conducta Promoviendo con obras generosas Que Sirvan a la causa del bien espiritual y del progreso social, de vuestra patria. Est'a es Nuestra Esperanza, hijo ESTOS Deseos Nuestros, Que En Este día brillante encomendamos de Manera especial en San Juan Bautista de la Concepción y Santa Vicenta María López y Vicuña, para gloria de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Chers Chères fils et Filles, Nous vous avec réjouissex-, En ce jour où 1'Eglise inscrit officiellement parmi les santos un prêtre de I'Ordre des Trinitaires, el padre Jean Baptiste de la Co8nception, et Sor Vicenta María López y Vicuña, fundador des Religieuses de Marie Immaculée. C'est une telle gracia a que l'Eglise si sainteté réforme de l'intérieur et rayonne la Charité. Et cette sainteté est elle-même la reflet de 1'Amour aquí vient du Père, par le Fils, dans 1'Esprit. Oui, c'est très a la Sainte Trinité Que Va d'abord Notre louange. Dieu trois fois ce que soit béni santo!

Hoy es la solemnidad de la Santísima Trinidad y tenemos dos nuevos Santos. Queridos hijos e hijas, este es un día de júbilo para toda la Iglesia de Dios. Estos Santos y como propusimos a la veneración de los fieles, y bendecimos y glorificamos a los méritos de nuestro Señor Jesucristo. Porque por su agradecidos y por Su santidad agradecidos por sí sola, que han alcanzado. Adoramos y gracias a la Santísima Trinidad, cuya vida se refleja en la vida de estos santos. Que nuestro anillo de elogio a cabo hoy en día en toda la Iglesia: Bendito sea Dios: el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo! Bendito sea Dios en sus santos!

Wir heute feiern, ama Söhne und Töchter, Das Fest der allerheiligsten Dreifaltigkeit und die begehen gleichzeitig Heiligsprechung von zwei neuen Heiligen: DES Heiligen Johannes Baptista von der Unbefleckten Empfängnis, des des Reformators Ordens der Trinitarier, und der heiligen Ordensstifterin Vicenta María López y Vicuña. Und Wir loben Preisen am heutigen Festtag dankerfüllt den dreifaltigen Gott, dass sich im Leben seine Gnadenfülle dieser beiden Heiligen sabe entfaltete wunderbar zum Segen Mitmenschen ihrer Kirche und der ganzen. MOGE auch unser Leben durch ihre Mächtige Fürbitte und nach ihrem Vorbild Eine Verherrlichung des Vaters und des Sohnes und sein des Heiligen Geistes!

Em Eucaristía, os convidamos Presentes de Fringe à alegria: Porque Deus, Santíssima Trindade nos chamou para Participar, Santidade pela, su divina a vida; y, pelos Santos canonizados ágora, nos apela o renovamento em Cristo, esclarecido y fiel, o por medio de generoso y abnegado amor y fraternal. Ao saudar y abencoar, cordial, de todos os sedentos ideales, Jovens, donzelas y Adultos, Familias Cristas, Neste Ano Santo de reconciliação o diremos: vivei a Mensagem deste dia brillante!

24 mayo 2017

Canción a María Auxiliadora.



Mes de Mayo: Mes de la festividad de María Auxiliadora.



Santísima Virgen, Madre de Dios, yo aunque indigno pecador postrado a vuestros pies en presencia de Dios omnipotente os ofrezco este mi corazón con todos sus afectos. A vos lo consagro y quiero que sea siempre vuestro y de vuestro hijo Jesús.

Aceptad esta humilde oferta vos que siempre habéis sido la auxiliadora del pueblo cristiano.

Oh María, refugio de los atribulados, consuelo de los afligidos, ten compasión de la pena que tanto me aflige, del apuro extremo en que me encuentro.

Reina de los cielos, en vuestras manos pongo mi causa. Se bien que en los casos desesperados se muestra más potente vuestra misericordia y nada puede resistir a vuestro poder. Alcanzadme Madre mía la gracia que os pido si es del agrado de mi Dios y Señor. Amén.

Catequesis de hoy miércoles del Papa Francisco: Camino de esperanza, camino de Emaús.


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy quisiera detenerme en la experiencia de los dos discípulos de Emaús, del cual habla el Evangelio de Lucas (Cfr. 24,13-35). Imaginemos la escena: dos hombres caminaban decepcionados, tristes, convencidos de dejar atrás la amargura de un acontecimiento terminado mal. Antes de esa Pascua estaban llenos de entusiasmo: convencidos de que esos días habrían sido decisivos para sus expectativas y para la esperanza de todo el pueblo. Jesús, a quien habían confiado sus vidas, parecía finalmente haber llegado a la batalla decisiva: ahora habría manifestado su poder, después de un largo periodo de preparación y de ocultamiento. Esto era aquello que ellos esperaban, y no fue así.

Los dos peregrinos cultivaban sólo una esperanza humana, que ahora se hacía pedazos. Esa cruz izada en el Calvario era el signo más elocuente de una derrota que no habían pronosticado. Si de verdad ese Jesús era según el corazón de Dios, deberían concluir que Dios era inerme, indefenso en las manos de los violentos, incapaz de oponer resistencia al mal.

Así, esa mañana de ese domingo, estos dos huyen de Jerusalén. En sus ojos todavía están los sucesos de la pasión, la muerte de Jesús; y en el ánimo el penoso desvelarse de esos acontecimientos, durante el obligado descanso del sábado. Esa fiesta de la Pascua, que debía entonar el canto de la liberación, en cambio se había convertido en el día más doloroso de sus vidas. Dejan Jerusalén para ir a otra parte, a un poblado tranquilo. Tienen todo el aspecto de personas intencionadas a quitar un recuerdo que duele. Entonces están por la calle y caminan. Tristes. Este escenario – la calle – había sido importante en las narraciones de los evangelios; ahora se convertirá aún más, desde el momento en el cual se comienza a narrar la historia de la Iglesia.

El encuentro de Jesús con esos dos discípulos parece ser del todo casual: se parece a uno de los tantos cruces que suceden en la vida. Los dos discípulos caminan pensativos y un desconocido se les une. Es Jesús; pero sus ojos no están en grado de reconocerlo. Y entonces Jesús comienza su “terapia de la esperanza”. Y esto que sucede en este camino es una terapia de la esperanza. ¿Quién lo hace? Jesús.

Sobre todo pregunta y escucha: nuestro Dios no es un Dios entrometido. Aunque si conoce ya el motivo de la desilusión de estos dos, les deja a ellos el tiempo para poder examinar en profundidad la amargura que los ha envuelto. El resultado es una confesión que es un estribillo de la existencia humana: «Nosotros esperábamos, pero Nosotros esperábamos, pero …» (v. 21). ¡Cuántas tristezas, cuántas derrotas, cuántos fracasos existen en la vida de cada persona! En el fondo somos todos un poco como estos dos discípulos. Cuántas veces en la vida hemos esperado, cuántas veces nos hemos sentido a un paso de la felicidad, y luego nos hemos encontrado por los suelos decepcionados. Pero Jesús camina: Jesús camina con todas las personas desconsoladas que proceden con la cabeza agachada. Y caminando con ellos, de manera discreta, logra dar esperanza.

Jesús les habla sobre todo a través de las Escrituras. Quien toma en la mano el libro de Dios no encontrará historias de heroísmo fácil, tempestivas campañas de conquista. La verdadera esperanza no es jamás a poco precio: pasa siempre a través de la derrota. La esperanza de quien no sufre, tal vez no es ni siquiera eso. A Dios no le gusta ser amado como se amaría a un líder que conduce a la victoria a su pueblo aplastando en la sangre a sus adversarios. Nuestro Dios es una farol suave que arde en un día frío y con viento, y por cuanto parezca frágil su presencia en este mundo, Él ha escogido el lugar que todos despreciamos.


Luego Jesús repite para los dos discípulos el gesto-cardinal de toda Eucaristía: toma el pan, lo bendice, lo parte y lo da. ¿En esta serie de gestos, no está quizás toda la historia de Jesús? ¿Y no está, en cada Eucaristía, también el signo de qué cosa debe ser la Iglesia? Jesús nos toma, nos bendice, “parte” nuestra vida – porque no hay amor sin sacrificio – y la ofrece a los demás, la ofrece a todos.

Es un encuentro rápido, el de Jesús con los discípulos de Emaús. Pero en ello está todo el destino de la Iglesia. Nos narra que la comunidad cristiana no está encerrada en una ciudad fortificada, sino camina en su ambiente más vital, es decir la calle. Y ahí encuentra a las personas, con sus esperanzas y sus desilusiones, a veces enormes. La Iglesia escucha las historias de todos, como emergen del cofre de la conciencia personal; para luego ofrecer la Palabra de vida, el testimonio del amor, amor fiel hasta el final. Y entonces el corazón de las personas vuelve a arder de esperanza. Todos nosotros, en nuestra vida, hemos tenido momentos difíciles, oscuros; momentos en los cuales caminábamos tristes, pensativos, sin horizonte, sólo con un muro delante. Y Jesús siempre está junto a nosotros para darnos esperanza, para encender nuestro corazón y decir: “Ve adelante, yo estoy contigo. Ve adelante”

El secreto del camino que conduce a Emaús es todo esto: también a través de las apariencias contrarias, nosotros continuamos a ser amados, y Dios no dejará jamás de querernos mucho. Dios caminará con nosotros siempre, siempre, incluso en los momentos más dolorosos, también en los momentos más feos, también en los momentos de la derrota: ahí está el Señor. Y esta es nuestra esperanza: vayamos adelante con esta esperanza, porque Él está junto a nosotros caminando con nosotros. Siempre.


(Roma. 24-5-2017)

(III) El Padre Francisco Méndez: Padre de los pobres.


Después de la devoción a la Sagrada Eucaristía la que más resalta en la vida del piadoso fundador era la devoción honda, ferviente y ternísima a María Inmaculada. Ya de niño gozaba lo indecible adornando con florecillas, que recogía en el campo, el altarcito de la Virgen que en su casa tenía; su nombre figura después en varias Congregaciones marianas, especialmente en la de San Luis, que presidió durante muchos años, como dijimos al principio, y en todos los instantes de su vida, en sus palabras, en sus escritos y en sus obras se manifiestan con claridad meridiana los más tiernos y profundos sentimientos de amor y veneración a la Virgen.

A las fiestas y advocaciones de María aparecen vinculadas sus piadosas fundaciones y así, ante la imagen de la Virgen de las Victorias velaron sus armas las primeras Trinitarias y el día de la Purificación de la Virgen tuvo lugar la inauguración de su Instituto y a la Virgen del Buen Consejo, de quien era devotísimo, encomendó el Patronato y custodia de todas las casas.

Hijas mías, solía repetir con frecuencia, en vuestras dudas, en vuestras penas, en vuestras luchas, en vuestras vacilaciones y caídas, acudid siempre a María, porque un solo suspiro de esta Señora es de más valor y más poderoso ante Dios, que todas las oraciones de los Santos y de todos los justos de la tierra.

Él, por su parte, en los últimos años de su vida, emprendió diversas peregrinaciones a los más famosos santuarios de la Virgen y era de ver aquel anciano venerable, escalando animoso las cumbres de las montañas, descalzo muchas veces, en ayunas o pidiendo limosna, y postrándose luego ante los pies de María implorando fervorosamente y con los brazos en cruz el auxilio y protección de la celestial Señora para sus Hijas amadísimas.

(Adaptado de un tesoro de libro)


Más en:
http://www.revistaecclesia.com/iii-padre-francisco-mendez-padre-los-pobres-fray-jose-borja/

22 mayo 2017

Mes de Mayo: Mes de la Madre.


Es una mamá ayuda a los hijos a crecer y quiere que crezcan bien, por ello los educa a no ceder a la pereza (que también se deriva de un cierto bienestar) a no conformarse con una vida cómoda que se contenta sólo con tener algunas cosas.
María nos da la salud, es nuestra salud.

El Cautivo se retira del culto para su restauración el viernes 26 de mayo.


La imagen será expuesta en besapié extraordinario y presidirá una misa de campaña en la plaza de San Pablo. La venerada imagen de Nuestro Padre Jesús Cautivo será retirada del culto el próximo 26 de mayo para ser restaurada por el imaginero Juan Manuel Miñarro López en su taller de Sevilla.

Dada la trascendencia devocional del Señor y debido a que su ausencia de San Pablo se prolongará durante un tiempo estimado de cinco meses, la cofradía ha programado una serie de actos que cuentan con el visto bueno de la autoridad eclesiástica para dignificar esta despedida del Cautivo de sus hermanos y fieles.

De este modo, el Señor será expuesto en solemne besapié extraordinario durante toda la jornada del 26 de mayo, desde las 11.00 horas hasta las 18.30 horas, en horario ininterrumido. Se ha establecido un protocolo detallado para velar por su correcto desarrollo y para no interferir en las dos celebraciones religiosas de la parroquia  [misas de 10.00 h. y de 19.00 h.]. La hermandad dispondrá un plan litúrgico específico con el que salvaguardar el intimismo, el recogimiento y la sobriedad que tan señalada efeméride requiere.

Por último, a las 21.00 horas, la imagen de Jesús Cautivo presidirá una misa de campaña en la plaza de San Pablo, que será el acto de cierre previsto por la hermandad. La eucaristía será oficiada por el Rvdo. P. D. Manuel Arteaga Serrano, párroco y director espiritual de la corporación. Esta ceremonia al aire libre está pensada para no limitar la presencia de hermanos y devotos en el interior de San Pablo, ante una presumible masiva asistencia de personas.

Tal y como aprobó por unanimidad el cabildo de procesión celebrado el pasado 6 de febrero, Juan Manuel Miñarro, reconocido escultor, doctor en Bellas Artes, profesor de la Universidad de Sevilla y poseedor de un extenso y brillante curriculum, será el encargado de llevar a cabo la intervención que servirá para corregir los problemas estructurales que históricamente ha venido presentando el Señor. Para ello, el restaurador suprimirá unas gruesas barras metálicas que en la actualidad sirven de sustento de la imagen en su peana, y que han venido provocando, prácticamente desde el principio, pequeñas grietas en tibias y tobillos producidas por las vibraciones propias que se registran en cada procesión y las tensiones contrapuestas que ejercen estas barras roscadas en las piernas, y que cada vez son más evidentes y profundas. La restauración se ceñirá al aspecto estructural de la imagen.

Para corregir estas deficiencias, el equipo de Miñarro necesitará, como mínimo, trabajar sobre la imagen durante cinco meses, según las previsiones iniciales del taller tras hacer una inspección in situ de la talla y un estudio pormenorizado de las pruebas radiológicas y el TAC aportados por la hermandad y que fueron realizadas a la imagen gracias a la generosidad del equipo de Radiología del hospital QuirónSalud, de Málaga.


http://www.cautivotrinidad.com/index.php/actualidad/64-el-cautivo-se-retira-del-culto-para-su-restauracion-el-26-de-mayo

Reflexión. Domingo VI de Pascua.


¡Feliz Pascua de Resurrección!

El domingo pasado, veíamos como las lecturas nos exhortaban a que cuando nos surjan las tentaciones tenemos que ser fuertes y saber superarlas. Jesús está con nosotros, aunque parezca se haya ido a prepararnos sitios, nos deja su Espíritu. Un Espíritu que nos alienta, nos conforta, nos fortalece y nos empuja. En la primera lectura de los Hechos veíamos como se instituye en ella el orden de los diáconos. Una misión de anunciar el Evangelio y servir; Pedro, en la segunda nos hablaba de que Jesús es la piedra angular, que la Iglesia está formada por piedras vivas, y éstas somos nosotros; Juan, en su Evangelio, nos hablaba que Jesús es el camino, la verdad y la vida. Una orientación para los que nos llamamos cristianos. Él es puente entre nosotros y Dios. Por eso, lo importante no son nuestras palabras, sino las obras. Por sus obras nos conocerán.

En este VI Domingo del Tiempo de Pascua, el centro de las lecturas que la liturgia nos propone para nuestra reflexión es el Espíritu Santo. Veremos como en la Primera Lectura, se les comunica a los habitantes de Samaria a través de la oración y la imposición de manos de Pedro y Juan. En la Segunda Lectura, Pedro, nos habla que a pesar de que Cristo muriera por nuestros pecados, nos devolvió el Espíritu; Juan, en el Evangelio nos hablará de que un verdadero cristiano que ama a Cristo, no hace falta hacer grandes obras, sino, lo esencial es que cumpla el mandamiento de Jesús.
Acordémonos este domingo, mes de mayo, mes de la Virgen María.
Ella, mujer de su tiempo, que supo saborear en cada acontecimiento de su vida el mandato de su Hijo Jesús, que supo amarlo y fue testimonio de seguidora fiel e incondicional de Jesús.

En la Primera Lectura de los Hechos de los Apóstoles, nos presenta a Felipe como diácono que ha ido nombrado y comienza su apostolado en Samaria. Los textos nos hablan que es una ciudad difícil para la Evangelización. El pueblo, al oír y ver lo que hacía y decía Felipe, se acercaban y se les anunciaba el Evangelio de Cristo, que es para todos. No excluye a nadie. Pero en la lectura, vemos como no solamente basta con anunciar y predicar, sino que hace falta la imposición de manos para recibir al Espíritu Santo. Y esto se hace por la tradición de los Apóstoles. Esto mismo es lo que quiere y a lo que está llamada la Iglesia: a ser anunciadora del mensaje del Evangelio, no solamente con la palabras, sino con actos concretos, y a trasmitir el Espíritu Santo.

En la Segunda Lectura de la Carta de Pedro, nos narra la esperanza que viene después de la muerte: la resurrección. Una resurrección que la produce el Espíritu Santo y se extiende universalmente a todas las personas. Pedro nos pide en esta lectura que demos razón de nuestra propia esperanza. Una esperanza que es dejarse entrar en el AMOR misericordioso y redentor de Cristo que ha muerto por salvarnos de nuestros pecados.
Una razón de fe que ha sido escándalo para muchos intelectuales y sabios, y que aún hoy, sigue siéndolo. Por eso, a pesar de las dificultades que podamos encontrar en nuestro camino, nuestro único objetivo debe ser que cuando al atardecer de la vida nos examinen del amor, sepamos dar testimonio de los rosarios de amor que hemos construido con los más necesitados.

En el Evangelio de Juan, Jesús nos habla hoy del AMOR, entorno al Cenáculo en la noche del Jueves Santo. Jesús se dirige en un largo discurso de despedida a sus discípulos y Judas ya no está entre ellos. Él no nos quiere dejar ni sólo ni huérfanos. Jesús está con el Padre, pero nos ha dejado su Espíritu.
Cuando hablamos de mandamientos, se nos puede venir a la cabeza pensamientos como por ejemplo: obligación, coacción, no ser libres…. Pero el Señor quiere darnos otro significado. Él quiere sus mandamientos nos sirvan para que seamos felices. Ahí encierran todos los valores que una persona cristiana debe responsabilizarse para llegar a la “meta”. Nadie nos obliga a cumplirlos, pero, por amor a Jesús debemos tenerlo en consideración. Cumplir con el mandamiento de Jesús es amarlo, y el AMOR libera, no oprime ni obliga. Por eso, este domingo debemos reflexionar y preguntarnos que lugar ocupa Jesús en mi vida. Porque Él no nos ha abandonado. Su Espíritu está entre nosotros, Él está vivo junto a nosotros.

Que la Virgen María nos ayude y fortalezca a que demos verdadero testimonio del Evangelio y lo transmitamos con generosidad en nuestro día a día. Y si nos llega el momento en que nos podamos dejar llevar de la soberbia o pretendamos “escalar” para ser mejores que los otros, la Virgen nos otorgue la humildad y la sencillez con que ella guardaba, meditaba y seguía a Jesús.
Que así sea.


Más en:
http://www.revistaecclesia.com/mandamiento-del-amor-fray-jose-borja/

18 mayo 2017

Mes de Mayo: Madre del Verdadero Amor.



Catequesis de ayer miércoles del Papa Francisco: Esperanza y Ejemplo.


«Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!

En estas semanas, nuestra reflexión se mueve, por decir así, en la órbita del misterio pascual. Hoy, encontramos a aquella que, según los Evangelios, fue la primera en ver a Jesús Resucitado: María Magdalena. Acababa de terminar el descanso del sábado. El día de la pasión no había habido tiempo para completar los ritos fúnebres; por ello, en ese amanecer lleno de tristeza, las mujeres van a la tumba de Jesús, con los ungüentos perfumados.

La primera que llega es ella: María de Magdala, una de las discípulas que habían acompañado a Jesús desde Galilea, poniéndose al servicio de la Iglesia naciente. En su camino hacia el sepulcro, se refleja la fidelidad de tantas mujeres, que durante años acuden con devoción a los cementerios, recordando a alguien que ya no está. Los lazos más auténticos no se quiebran ni siquiera con la muerte: hay quien sigue amando, aunque la persona amada se haya ido para siempre.

El Evangelio (cfr Jn 20, 1-2-11-18) describe a la Magdalena subrayando enseguida que no era una mujer que se entusiasmaba con facilidad. En efecto, después de la primera visita al sepulcro, vuelve desilusionada al lugar donde los discípulos se escondían; refiere que la piedra ha sido movida de la entrada del sepulcro y su primera hipótesis es la más sencilla que se pueda formular: alguien debe haberse llevado el cuerpo de Jesús.

Así, el primer anuncio que María lleva no es el de la resurrección, sino el de un robo que algunos desconocidos han perpetrado, mientras toda Jerusalén dormía.

Luego, los Evangelios cuentan otra ida de la Magdalena al sepulcro de Jesús. Era una testaruda ésta, ¿eh? Fue, volvió… y no, no se convencía…Esta vez su paso es lento, muy pesado. María sufre doblemente: ante todo por la muerte de Jesús, y luego por la inexplicable desaparición de su cuerpo.

Es mientras está inclinada cerca de la tumba, con los ojos llenos de lágrimas, cuando Dios la sorprende de la manera más inesperada. El evangelista Juan subraya cuán persistente es su ceguera: no se da cuenta de la presencia de los dos ángeles que la interrogan y ni siquiera sospecha viendo al hombre a sus espaldas, creyendo que era el guardián del jardín. Y, sin embargo, descubre el acontecimiento más sobrecogedor de la historia humana cuando finalmente es llamada por su nombre: ¡«María!» (v. 16)

¡Qué lindo es pensar que la primera aparición del Resucitado – según los evangelios - fue de una forma tan personal! Que hay alguien que nos conoce, que ve nuestro sufrimiento y desilusión, que se conmueve por nosotros, y nos llama por nuestro nombre.

Es una ley que encontramos grabada en muchas páginas del Evangelio. Alrededor de Jesús hay tantas personas que buscan a Dios; pero la realidad más prodigiosa es que, mucho antes, es ante todo Dios el que se preocupa por nuestra vida, que quiere volverla a levantar, y para hacer esto nos llama por nuestro nombre, reconociendo el rostro personal de cada uno.

Cada hombre es una historia de amor que Dios escribe en esta tierra. Cada uno de nosotros es una historia de amor de Dios. A cada uno de nosotros, Dios nos llama por nuestro nombre: nos conoce por nombre, nos mira, nos espera, nos perdona, tiene paciencia con nosotros. ¿Es verdad o no es verdad? Cada uno de nosotros tiene esta experiencia.


Y Jesús la llama: «¡María!»: la revolución de su vida, la revolución destinada a transformar la existencia de todo hombre y de toda mujer, comienza con un nombre que resuena en el jardín del sepulcro vació. Los Evangelios nos describen la felicidad de María: la resurrección de Jesús no es una alegría dada con cuentagotas, sino una cascada que arrolla toda la vida.

La existencia cristiana no está entretejida con felicidades blandas, sino con oleadas que lo arrollan todo. Intenten pensar también ustedes, en este instante, con el bagaje de desilusiones y derrotas que cada uno de nosotros lleva en el corazón, que hay un Dios cercano a nosotros, que nos llama por nuestro nombre y nos dice: «¡Levántate, deja de llorar, porque he venido a liberarte!». Esto es muy bello.

Jesús no es uno que se adapta al mundo, tolerando que perduren la muerte, la tristeza, el odio, la destrucción moral de las personas… Nuestro Dios no es inerte, sino que nuestro Dios – me permito la palabra – es un soñador: sueña la transformación del mundo y la ha realizado en el misterio de la Resurrección.

María quisiera abrazar a su Señor, pero Él ya está orientado hacia el Padre celeste, mientras que ella es enviada a llevar el anuncio a los hermanos. Y así aquella mujer, que antes de encontrar a Jesús estaba en manos del maligno (cfr Lc 8,2), ahora se ha vuelto apóstola de la nueva y mayor esperanza.

Que su intercesión nos ayude a vivir también nosotros esa experiencia: en la hora del llanto, en la hora del abandono, escuchar a Jesús Resucitado que nos llama por nombre y, con el corazón lleno de alegría, ir a anunciar: «¡He visto al Señor!». ¡He cambiado vida porque he visto al Señor! Ahora soy diferente a como era antes, soy otra persona. He cambiado porque he visto al Señor. Ésta es nuestra fortaleza y ésta es nuestra esperanza. Gracias».


(Roma. 17-5-2017)

16 mayo 2017

Solidarios con nuestros hermanos que están siendo perseguidos a causa de ser fieles al Evangelio.



Oración por los perseguidos a causa de la Fe.

Padre nuestro, Padre misericordioso y lleno de amor, mira a tus hijos e hijas que a causa de la fe en tu Santo Nombre sufren persecución y discriminación en Irak, Siria, Kenia, Nigeria y tantos lugares del mundo.
Que tu Santo Espíritu les colme con su fuerza en los momentos más difíciles de perseverar en la fe.Que les haga capaces de perdonar a los que les oprimen.Que les llene de esperanza para que puedan vivir su fe con alegría y libertad. Que María, Auxiliadora y Reina de la Paz interceda por ellos y les guie por el camino de santidad.
Padre Celestial, que el ejemplo de nuestros hermanos perseguidos aumente nuestro compromiso cristiano, que nos haga más fervorosos y agradecidos por el don de la fe. Abre, Señor, nuestros corazones para que con generosidad sepamos llevarles el apoyo y mostrarles nuestra solidaridad. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Mes de Mayo: Salve Reina.


Bienaventurada Virgen de Fátima,
Señora del Corazón Inmaculado,
refugio y camino que conduce a Dios.
Peregrino de la Luz que procede de tus manos,
doy gracias a Dios Padre que, siempre y en todo lugar, interviene en la historia del hombre;
peregrino de la Paz que tú anuncias en este lugar,
alabo a Cristo, nuestra paz, y le imploro para el mundo la concordia entre todos los pueblos;
peregrino de la Esperanza que el Espíritu anima,
vengo como profeta y mensajero para lavar los pies a todos, entorno a la misma mesa que nos une.

¡Salve, Madre de Misericordia,
Señora de la blanca túnica!
En este lugar, desde el que hace cien años
manifestaste a todo el mundo los designios de la misericordia de nuestro Dios,
miro tu túnica de luz
y, como obispo vestido de blanco,
tengo presente a todos aquellos que,
vestidos con la blancura bautismal,
quieren vivir en Dios
y recitan los misterios de Cristo para obtener la paz.

¡Salve, vida y dulzura,
salve, esperanza nuestra,
Oh Virgen Peregrina, oh Reina Universal!
Desde lo más profundo de tu ser,
desde tu Inmaculado Corazón,
mira los gozos del ser humano
cuando peregrina hacia la Patria Celeste.
Desde lo más profundo de tu ser,
desde tu Inmaculado Corazón,
mira los dolores de la familia humana
que gime y llora en este valle de lágrimas.
Desde lo más íntimo de tu ser,
desde tu Inmaculado Corazón,
adórnanos con el fulgor de las joyas de tu corona
y haznos peregrinos como tú fuiste peregrina.
Con tu sonrisa virginal,
acrecienta la alegría de la Iglesia de Cristo.
Con tu mirada de dulzura,
fortalece la esperanza de los hijos de Dios.
Con tus manos orantes que elevas al Señor,
une a todos en una única familia humana.

¡Oh clemente, oh piadosa,
Oh dulce Virgen María,
Reina del Rosario de Fátima!
Haz que sigamos el ejemplo de los beatos Francisco y Jacinta,
y de todos los que se entregan al anuncio del Evangelio.
Recorreremos, así, todas las rutas,
seremos peregrinos de todos los caminos,
derribaremos todos los muros
y superaremos todas las fronteras,
yendo a todas las periferias,
para revelar allí la justicia y la paz de Dios.
Seremos, con la alegría del Evangelio, la Iglesia vestida de blanco,
de un candor blanqueado en la sangre del Cordero
derramada también hoy en todas las guerras que destruyen el mundo en que vivimos.
Y así seremos, como tú, imagen de la columna refulgente
que ilumina los caminos del mundo,
manifestando a todos que Dios existe,
que Dios está,
que Dios habita en medio de su pueblo,
ayer, hoy y por toda la eternidad.

Salve, Madre del Señor,
Virgen María, Reina del Rosario de Fátima!
Bendita entre todas las mujeres,
eres la imagen de la Iglesia vestida de luz pascual,
eres el orgullo de nuestro pueblo,
eres el triunfo frente a los ataques del mal.

Profecía del Amor misericordioso del Padre,
Maestra del Anuncio de la Buena Noticia del Hijo,
Signo del Fuego ardiente del Espíritu Santo,
enséñanos, en este valle de alegrías y de dolores,
las verdades eternas que el Padre revela a los pequeños.

Muéstranos la fuerza de tu manto protector.
En tu Corazón Inmaculado,
sé el refugio de los pecadores
y el camino que conduce a Dios.

Unido a mis hermanos,
en la Fe, la Esperanza y el Amor,
me entrego a Ti.
Unido a mis hermanos, por ti, me consagro a Dios,
Oh Virgen del Rosario de Fátima.

Y cuando al final me veré envuelto por la Luz que nos viene de tus manos,
daré gloria al Señor por los siglos de los siglos.

Amén.

Mes de Mayo: Madre Purísima.



Un presbítero que ha estudiado mucha teología pero que no ha aprendido a llevar la Cruz de Cristo, no sirve.


Queridísimos hermanos:

Estos hermanos nuestros han sido llamados al orden del presbiterado. Reflexionamos en qué ministerio serán elevados en la Iglesia. Como vosotros sabéis bien, hermanos, el Señor Jesús es el único Sumo Sacerdote del Nuevo Testamento, pero en Él también todo el pueblo santo de Dios ha sido constituido pueblo sacerdotal. Sin embargo, entre todos sus discípulos, el Señor Jesús quiere elegir algunos en particular, para que ejercitando públicamente en la Iglesia en su nombre el oficio sacerdotal en favor de todos los hombres, continuaran su misión personal de maestro, sacerdote y pastor. Fueron elegidos por el Señor Jesús no para hacer carrera, sino para hacer este servicio.

Como, de hecho, para esto Él había sido enviado por el Padre, así Él envió a su vez en el mundo primero a los apóstoles y después a los obispos y sus sucesores, a los cuales finalmente fueron dados como colaboradores los presbíteros que, unidos a ellos en el ministerio sacerdotal, son llamados al servicio del Pueblo de Dios.

Después de madura reflexión y oración, ahora vamos a elevar al orden de los presbíteros a estos hermanos nuestros, para que al servicio de Cristo, Maestro, Sacerdote, Pastor, cooperen para edificar el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia en Pueblo de Dios y Templo santo del Espíritu Santo.

Estos serán configurado a Cristo Sumo y Eterno Sacerdote, serán consagrados como verdaderos sacerdotes del Nuevo Testamento, y a este título, que les une en el sacerdocio a su obispo, serán predicadores del Evangelio, Pastores del Pueblo de Dios, y presidirán las acciones de culto, especialmente en la celebración del sacrificio del Señor.

A vosotros, hijos y hermanos queridos, que vais a ser promovidos al orden del presbiterado, considerad que ejercitando el ministerio de la Sagrada Doctrina seréis partícipes de la misión de Cristo, único Maestro. Dispensad a todos esa Palabra de Dios, que vosotros mismos habéis recibido con alegría, desde niños. Leed y meditad con frecuencia la Palabra del Señor para creer lo que habéis leído, enseñad lo que habéis aprendido en la fe, vivid lo que habéis enseñado.

Nutra al Pueblo de Dios vuestra doctrina, sencilla, como hablaba el Señor, que llegaba al corazón. No hagáis homilías demasiado intelectuales y elaboradas: hablad de forma sencilla, hablad a los corazones. Y esta predicación será verdadero alimento. Y sea alegría y apoyo a los fieles también el perfume de vuestra vida, porque la palabra sin el ejemplo de la vida no sirve, mejor volver para atrás. La doble vida es una enfermedad fea, en la Iglesia.

Por tanto reconoced lo que hacéis. Imitad lo que celebráis porque participando en el misterio de la muerte y resurrección del Señor, lleváis la muerte de Cristo en vuestros miembros y camináis con Él en novedad de vida. Un presbítero que ha estudiado quizá mucha teología y ha hecho una, dos, tres licenciaturas pero no ha aprendido a llevar la Cruz de Cristo, no sirve. Será un buen académico, un buen profesor, pero no un sacerdote.

Con el Bautismo agregaréis nuevos fieles al Pueblo de Dios. Con el Sacramento de la Penitencia perdonaréis los pecados en nombre de Cristo y de la Iglesia. Por favor, os pido en nombre de Cristo y de la Iglesia que seáis misericordiosos, siempre; no carguéis en los hombros de los fieles pesos que no pueden llevar, y tampoco vosotros. Jesús regañó por esto a los doctores de la ley y les llamó hipócritas. Con el óleo santo daréis alivio a los enfermos. Una de las tareas —quizá aburrida, también dolorosa— es la de ir a visitar a los enfermos. Hacedlo, vosotros. Sí, está bien que vayan los fieles laicos, los diáconos, pero no os olvidéis de tocar la carne de Cristo sufriente en los enfermos: esto os santifica a vosotros, os acerca a Cristo. Celebrando los sagrados ritos y elevando en las distintas horas del día la oración de alabanza y de súplica, os haréis voz del Pueblo de Dios y de toda la humanidad.

Conscientes de haber sido elegidos entre los hombres y constituidos en su favor para atender las cosas de Dios, ejercitad en alegría y caridad sincera la obra sacerdotal de Cristo. Sed alegres, nunca tristes. Alegres. Con la alegría del servicio de Cristo, también en medio de los sufrimientos, las incomprensiones, los propios pecados. Tened siempre delante de los ojos el ejemplo del Buen Pastor, que no ha venido a ser servido sino a servir. Por favor, no seáis “señores”, no seáis “clérigos de Estado”, sino pastores, pastores del Pueblo de Dios.


(Papa Francisco. 7-5-2017)

14 mayo 2017

Mes de Mayo: Madre del Camino, de la Verdad y de la Vida.



Evangelio. Domingo V de Pascua.


Según San Juan 14, 1 - 12.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios: creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho; porque voy a prepararos un lugar. Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. Y adonde yo voy sabéis el camino». 

Le dice Tomás: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?». Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto». 

Le dice Felipe: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta». Le dice Jesús: «¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Al menos, creedlo por las obras. En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún, porque yo voy al Padre».


Reflexión.

Hoy, la escena que contemplamos en el Evangelio nos pone ante la intimidad que existe entre Jesucristo y el Padre; pero no sólo eso, sino que también nos invita a descubrir la relación entre Jesús y sus discípulos. Un Camino para andar, una Verdad que proclamar, una Vida para compartir y disfrutar: Jesucristo.

Las madres no traicionan.


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En nuestro itinerario de catequesis sobre la esperanza cristiana, hoy miramos a María, Madre de la esperanza. María ha atravesado más de una noche en su camino de madre. Desde la primera aparición en la historia de los Evangelios, su figura emerge como si fuera el personaje de un drama.

No era simplemente responder con un “si” a la invitación del ángel: sin embargo, ella, mujer todavía en la flor de la juventud, responde con valentía, no obstante, no sabía nada del destino que le esperaba. María en aquel instante se presenta como una de las tantas madres de nuestro mundo, valerosa hasta el extremo cuando se trata de acoger en su propio vientre la historia de un nuevo hombre que nace.

Aquel “si” es el primer paso de una larga lista de obediencias –¡larga lista de obediencias!– que acompañaran su itinerario de madre. Así María aparece en los Evangelios como una mujer silenciosa, que muchas veces no comprende todo aquello que sucede a su alrededor, pero que medita cada palabra y cada suceso en su corazón.

En esta disposición hay fragmento bellísimo de la psicología de María: no es una mujer que se deprime ante las incertidumbres de la vida, especialmente cuando nada parece ir por el camino correcto. No es mucho menos una mujer que protesta con violencia, que injuria contra el destino de la vida que nos revela muchas veces un rostro hostil.

Es en cambio una mujer que escucha: no se olviden que hay siempre una gran relación entre la esperanza y la escucha, y María es una mujer que escucha, que acoge la existencia, así como esa se presenta a nosotros, con sus días felices, pero también con sus tragedias que jamás quisiéramos haber encontrado. Hasta la noche suprema de María, cuando su Hijo es clavado en el madero de la cruz.

Hasta ese día, María había casi desaparecido de la trama de los Evangelios: los escritores sagrados dejan entrever este lento eclipsarse de su presencia, la suya permanece muda ante el misterio de un Hijo que obedece al Padre. Pero María reaparece justamente en el momento crucial: cuando buena parte de los amigos han desaparecido por motivo del miedo.

Las madres no traicionan, y en aquel instante, a los pies de la cruz, ninguno de nosotros puede decir cual haya sido la pasión más cruel: si aquella de un hombre inocente que muere en el patíbulo de la cruz, o la agonía de una madre que acompaña los últimos instantes de la vida de su hijo. Los Evangelios son lacónicos, y extremamente discretos. Registran con un simple verbo la presencia de la Madre: ella “estaba” (Jn 19,25).

Ella estaba. No dicen nada de su reacción: si lloraba, si no lloraba… nada; ni mucho menos una pincelada para describir su dolor: sobre estos detalles se habrían luego lanzado la imaginación de los poetas y de los pintores regalándonos imágenes que han entrado en la historia del arte y de la literatura. Pero los Evangelios solo dicen: ella “estaba”. Estaba allí, en el momento más feo, en momento cruel, y sufría con su hijo. “Estaba”.

María “estaba”, simplemente estaba ahí. Estaba ahí nuevamente la joven mujer de Nazaret, ya con los cabellos canosos por el pasar de los años, todavía luchando con un Dios que debe ser sólo abrazado, y con una vida que ha llegado al umbral de la oscuridad más densa. María “estaba” en la oscuridad más densa, pero “estaba”.

No se había ido. María está ahí, fielmente presente, cada vez que hay que tener una candela encendida en un lugar de neblina y tinieblas. Ni siquiera ella conoce el destino de resurrección que su Hijo estaba en aquel instante abriendo para todos nosotros los hombres: está ahí por fidelidad al plan de Dios del cual se ha proclamada sierva desde el primer día de su vocación, pero también a causa de su instinto de madre que simplemente sufre, cada vez que hay un hijo que atraviesa una pasión.

Los sufrimientos de las madres… todos nosotros hemos conocido mujeres fuertes, que han llevado adelante tantos sufrimientos de sus hijos…

La reencontraremos el primer día de la Iglesia, ella, Madre de esperanza, en medio a aquella comunidad de discípulos así tan frágiles: uno había negado, muchos habían huido, todos habían tenido miedo (Cfr. Hech 1,14). Pero ella, simplemente estaba allí, en el más normal de los modos, como si fuera del todo natural: en la primera Iglesia envuelta por la luz de la Resurrección, pero también por las vacilaciones de los primeros pasos que debía cumplir en el mundo.

Por esto todos nosotros la amamos como Madre. No somos huérfanos: tenemos una Madre en el cielo: es la Santa Madre de Dios. Porque nos enseña la virtud de la esperanza, incluso cuando parece que nada tiene sentido: ella siempre confiando en el misterio de Dios, incluso cuando Él parece eclipsarse por culpa del mal del mundo.

En los momentos de dificultad, María, la Madre que Jesús ha regalado a todos nosotros, pueda siempre sostener nuestros pasos, pueda siempre decirnos al corazón: “Levántate. Mira adelante. Mira el horizonte”, porque Ella es Madre de esperanza. Gracias.


(Miércoles. Roma, 10-5-2017)