13 noviembre 2017

Hoy celebramos a Todos los Santos de la Orden y Familia Trinitaria.


Trinitaria Familia de amigos
que de Cristo seguisteis la voz:
de su amor os hicisteis testigos,
mensajeros del Reino de Dios.

Evangelio encarnado en la vida,
profecía de un gozo sin fin;
vuestra luz para siempre encendida
ilumina de uno a otro confín.

Nuestra tierra en vosotros florece
con la gracia que Cristo nos dio;
nuestro barro de amor se estremece
y del cielo la cumbre alcanzó
.
La victoria ya está conseguida
pues triunfasteis con Cristo el Señor;
sembradores de amor en la vida,
cosecháis de la vida el amor.

Vuestra senda luz nos invita;
con vosotros queremos lograr
la corona que no se marchita
y la vida con Dios en su hogar.

Gloria al Padre, el origen, la fuente:
gloria al Hijo que nace de Él;
gloria igual al Espíritu ardiente,
de los santos divino troque. Amén.

06 noviembre 2017

Uno solo es el Maestro.


Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos.
Todos somos hermanos y discípulos de único maestro que es Jesús.
Todos estamos en proceso de ese aprendizaje vital que es el ser contemplativos en la acción. Todos tenemos algo que enseñar y todos tenemos que algo que aprender.
Uno solo es vuestro Padre, el del cielo: porque Uno es el que nos crea día a día y el que nos sostiene y hace posible la vida.
NO hay otros padres, por muchos que quieran o queramos atribuirnos paternidades que no nos corresponden.
Ni padres espirituales ni hijos espirituales: o sí, pero solo si entendemos que el Espíritu es que nos da el aliento de la vida.
Uno solo es vuestro consejero: Cristo.
Lo demás, es ponernos en el lugar que no nos corresponde.

05 noviembre 2017

Hoy celebramos a Santa Ángela de la Cruz.



Ángela Guerrero González, Sor Ángela de la Cruz, Madre de los pobres nació en Sevilla el 30 de enero de 1846. Hija de padres honrados y pobres.

Su padre José Guerrero había venido a Sevilla, de Grazalema, pueblo de la serranía de Ronda, entre aquellas hondadas de emigrantes a las grandes ciudades en busca de mejor colocación, que suelen acompañar al desarrollo de la civilización industrial.

Los dos esposos llegaron a tener hasta catorce hijos, de los cuales solo seis, tres hijos y tres hijas, sobrevivieron hasta edad adulta. Ambos trabajaban para el convento de los Padres Trinitarios, poco distante de la calle Santa Lucía, 13 donde ellos tenían su casa cuando nació Angelita. El padre hacía de cocinero y la madre lavaba, cosía y planchaba la ropa de los frailes. La niña fue bautizada en la parroquia de Santa Lucía, el 2 de febrero con el nombre de María de los Ángeles, pero para los que la conocen será siempre Angelita.

Su padre murió pronto. Sin embargo la madre llegara a ver la obra de su hija, y las Hermanitas de la Cruz la llamaran con el dulce nombre de "la abuelita" y quedaran admiradas de las muchas virtudes que florecían en el jardín de su alma.

Angelita fue siempre bajita, vivaz y expresiva. A los ocho años hizo su primera comunión. A los nueve fue confirmada. asistiendo pocos años a la escuela, como era habitual por aquel entonces entre las niñas pertenecientes a su clase social, aprendió los elementos de gramática, cuentas, leer y escribir lo suficiente para comunicarse. Ángela, que crecía en un piadoso ambiente familiar, pronto daría cumplidas pruebas de bondad natural. Ya de joven, nadie osaba hablar mal o pronunciar blasfemias en su presencia. Si hablaban algo menos puro, al verla llegar, decían, cambiando de conversación: "Callad, que viene Angelita".

Llegada a la edad de poder trabajar sus padres la colocaron como aprendiz en un taller de zapatería desde los 12 años para contribuir a la economía familiar, allí permaneció hasta los 29 de forma casi ininterrumpida, con todas las garantías para que en el mundo del trabajo no perdiera su inocencia y virtud cristiana. La maestra de taller doña Antonia Maldonado, era dirigida espiritual del canónigo don José Torres Padilla, que tenía en Sevilla fama de preparar santos, le llamaban "el santero" por el tipo de personas que con él se confesaban y dirigían. Con él pondrá en contacto doña Antonia a la ferviente discípula Angelita Guerrero. Allí se organizaba el rezo del rosario entre las empleadas diariamente y se leían las vidas de santos.

Cuando Angelita conoció al Padre Torres Padilla tenía 16 años. Tres años después pedirá su entrada como lega en el convento de las Carmelitas Descalzas del barrio de Santa Cruz. No la consideraron con la salud y energías físicas suficientes para los trabajos de lega y no la admitieron en el convento.

De 1862 a 1865, Ángela, que asombra por sus virtudes a cuantos la conocen, reparte su jornada entre su casa, el taller, las iglesias donde reza y los hogares pobres que visita.

Por aquel tiempo se declaró la epidemia de cólera en Sevilla y Angelita tuvo ocasión, bajo la dirección del Padre Torres, de emplearse con generosa entrega la servicio de los pobres enfermos hacinados en los corrales de vecindad, las victimas más propicias de esa enfermedad. Ángela se multiplica para poder ayudar a estos hombres, mujeres y niños castigados tan duramente por la miseria. Y en ese mismo año pone en conocimiento de su confesor, el padre Torres, su voluntad de "meterse a monja".

Bajo el consejo del Padre Torres intentó hacer el postulado en el hospital de las Hijas de la Caridad de Sevilla. Lo comenzó en el año 1868. Y, aunque su salud era precaria, las religiosas hicieron esfuerzos por conservarla, procurando enviarla a Cuenca y a Valencia para ver si se fortalecía.

Siendo novicia, tuvieron que enviarla a Sevilla para probar de nuevo con sus aires natales; pero todo fue inútil, sus vómitos frecuentes no le permitían retener la comida. Tuvo que salir del noviciado. Y, lo más doloroso para ella es que todo esto sucedía cuando su director, el Padre Torres, se encontraba en Roma, como consultor teólogo del Concilio Vaticano I.

En su casa la acogieron de nuevo con gran cariño, y en poco tiempo el señor permitió que recobrar su salud. También volvió al taller de zapatería.

Regresó pronto el Padre Torres, al tener que suspenderse el Concilio en 1870. también él la acogió con todo cariño y continuo guiándola por los caminos difíciles por los que dios quería conducirla. Ambos preveían que Dios la quería para algo que no adivinaban aún.

El 1 de noviembre de 1871 Angelita prometió en un acto privado , a los pies de Cristo en la Cruz, vivir conforme a los consejos evangélicos.

En 1873 tendrá la visión fundamental que le definirá su carisma en la Iglesia: subir a la Cruz, frente a Jesús, del modo más semejante posible a una criatura para ofrecerse víctima por la salvación de sus hermanos los pobres. Bajo la guía y mano firme de su director espiritual, irá recibiendo de Dios los caracteres específicos del Instituto que dios deseaba por su medio inaugurar en la Iglesia:

Ella siguió trabajando en el taller como "zapaterita", a la vez que, por encargo de su padre espiritual, dedicaba su tiempo libre a recoger las luces que Dios le daba sobre su vocación y futuro Instituto, hasta que recibió la orden de dejar el taller y dedicar todo su tiempo a la fundación.

Viendo que no podía ser monja en el convento, se dijo a si misma: "Seré monja en el mundo" e hizo los Votos religiosos. Un billete de 1º de noviembre de 1871 nos revela que "María de los Ángeles Guerrero, a los pies de Cristo Crucificado" promete vivir conforme a los consejos evangélicos: Ya que le ha fallado ser monja en el convento, será monja fuera. Dos años más tarde, Ángela pone en manos del doctor Torres Padilla unas reflexiones personales en las que se propone, no vivir siguiendo a Jesús con la cruz de su vida, sino vivir permanentemente clavada en ella junto a Jesús.

Ángela comienza a afirmarse en una idea que le ha venido con fuerza: "hay que hacerse pobre con los pobres".

Su alma caminó de claridad en claridad, a través de las pruebas interiores más terribles, apoyada en la clarividencia y firmeza de su director, hasta las cumbres del desposorio espiritual con Cristo. El 22 de marzo de 1873 comienza a descubrir con nitidez su carisma personal de ser ante Dios y la Iglesia Ángela de la Cruz.

Tuvo una visión del Calvario con dos cruces, una frente a la otra y muy cerca. En una estaba Jesús crucificado. Se sintió llamada por Él, en la otra: con unos deseos tan vivos y un ansia tan vehemente y un consuelo tan puro, que no me quedaba duda que era Dios quien me invitaba a subir a la cruz. De ahí en adelante, no volverá atrás en la dirección indicada por esa gracia: la pobreza, el desprendimiento de todo lo terreno a imitación de san Francisco, y la santa humildad , característica más típica, traducida en humillación: Que no haya otro estado tan bajo, tan despreciable, tan humillante, al que yo no pertenezca, y eso hasta después de su muerte.

Había encontrado el tesoro, que se le descubrirá como la voluntad de Dios, de crear un Instituto de victimas que se quieran unir a Jesús en la Cruz por la salvación de sus hermanos los pobres.

Las luces y gracias recibidas de Dios en ese tiempo, le fueron descubriendo no sólo el espíritu del nuevo Instituto, sino también, con luces y energías espirituales extraordinarias, en la historia de la espiritualidad, los caracteres que convenían a sus casas, a sus capillas, portería, dormitorio y hasta la distribución ordinaria del tiempo en sus comunidades.

Se le descubría la necesidad de rebatir con la vida de estas nuevas religiosas la corrupción de su siglo. Los librepensadores del tiempo piensan en las religiosas como en gente que no quiere trabajar y buscan una vida cómoda; y de las que se dedican a la caridad, no saben sino mandar sin que a ellas les falte nada. La regla de estas religiosas había de demostrar con el ejemplo que por sólo amor de Dios, se abrazan con todo lo contrario.

Había de reunir en una sola vida: la penitencia de los Padres del desierto con la caridad de san Vicente de Paul; la contemplación y pobreza de la más oculta religiosa con la vida laboriosa de quien trabaja para aumentar el socorro de los pobres.

Pensaba en jóvenes, desprendidas de todo lo terreno hasta de ellas mismas, sin nada terreno más que la ropa puesta y ésta de limosna: sin flores ni estampas ni ninguna clase de animalitos, para que en nada pueda apegarse el corazón; ocultas y desconocidas y sin ninguna apariencia que las haga especiales; una comunidad de vida extraordinaria por su penitencia, obediencia y mortificación en todo.

"De oración continua a imitación de los ángeles, que bajan del cielo para aliviar a sus hermanos los hombres sólo cuando Dios se lo manda. Silenciosas por las calles, lo único que debería distinguirlas es la modestia, compostura y dulzura con que habían de tratar a todos". El Instituto ayer y hoy.

En la casa había de reinar un profundo silencio, con sus paredes blancas y toda muy limpia. En el corredor ningún mueble más que de trecho en trecho un cuadrito sencillo con la estación del Vía Crucis.

El ajuar basto y limpio. Todo había de ayudar y convidar a la oración, la desprendimiento de todo, sugerir la limpieza de cuerpo y de espíritu, predicar la pobreza con solo su estilo y el seguimiento de Cristo crucificado.

Veía a las Hermanas como ángeles volar con diligencia a la asistencia de los pobres enfermos a domicilio, para evitarles el desconsuelo de verse abandonados, o apartados de la familia, porque no tienen quien se ocupe de ellos.

En invierno de 1873 Ángela formula votos perpetuos fuera del claustro, y por el voto de obediencia queda unida al padre Torres. Pero su mente y su corazón inquietos comienzan a "reinar" en una idea que continuamente le asalta: formar la "Compañía de la Cruz". Obstinada en su empeño el 17 de enero de 1875 comienza a trazar su proyecto, que, como toda obra noble, se verá colmado por el éxito, más ante los ojos de Dios que ante los ojos de los hombres.



Reflexión. Domingo XXXI del Tiempo Ordinario.


Necesitamos cristianos coherentes.

Todavía resuena en nuestra cabeza, las dos fiestas que hemos celebrado estos días en la Iglesia. La Fiesta de todos los Santos, personas como tu y como yo han pasado por este mundo, pero que han sabido ser Evangelios Vivos con sus vidas en medio de sus ambientes. Posiblemente nunca llegarán a estar en un Altar, pero, han sabido dejar una huella de amor imborrable.

También celebrábamos la fiesta de los difuntos. Una fiesta triste pero a la vez esperanzadora.

Nuestros familiares, amigos y conocidos que después de una feliz estancia terrena, han partido a la casa del Padre, descansan junto a Dios e interceden por nosotros.

En este Domingo XXXI del Tiempo Ordinario, vemos como tiene unión las lecturas con las celebraciones que hemos celebrado en estos días. Dios no quiere a personas, seguidores hipócritas. No quiere promesas vacías que ahora por la boca digo una cosa, y con mi actitud hago lo contario. Nos pide una vez más que seamos seguidores coherentes. Que nuestras palabras vayan de la mano con nuestros actos, y viceversa. No tenemos que buscar buenos puestos eclesiales, ni los mejores puestos, ni mirar por encima del hombro al otro… Tenemos que ser personas sencillas, que anunciemos con humildad el mensaje Evangélico a nuestros hermanos. Sin pretender grandes puestos, ni honores, ni sentarse en los puestos principales.

En la Primera Lectura del Profeta Malaquías

Vemos como el profeta critica duramente a los sacerdotes de su época por la gran hipocresía y el mal ejemplo que daban de su vida. Nos encontramos antes una cultura que donde después de la destrucción de Jerusalén, se empieza a reconstruir un templo sencillo, un culto que empieza a recuperar la solemnidad que se había perdido y los responsables de la “religión” son los primeros en tergiversar la ley anteponiendo el juicio propio por encima.
Esto, es una reflexión que deberíamos pesar todos para ver cuando actuamos, si lo hacemos en nombre de Dios o en nombre propio. Es decir, poniendo mi ideal por encima del Evangelio.

En la Segunda Lectura de la Carta de Pablo a los Tesalonicenses

Nos encontramos con el gran amor que tiene el Apóstol por su comunidad.
Un amor, que pasa por agradecer a su comunidad el recibimiento que le dieron cuando empezó a misionar. Tratando con cariño a la comunidad, sin ser pesado ni arrogante. Una cercanía entre el equipo que predica y los que lo oyen. Hay un ambiente cercano, donde lo central es la Palabra de Dios. Nadie es más que nadie.
Por eso, la cercanía, el respeto y la igualdad deben ser los ingredientes principales a la hora de ser anunciador del Evangelio en una comunidad.

En el Evangelio de Mateo

Leemos la dureza con que Jesús habla a los fariseos (los que transformaron el culto) y dice que “no hagamos lo que hacen ellos, porque ellos no hacen lo que dicen”. Maestros y fariseos dicen una cosa al pueblo y hacen otra. Tienen contradicción con sus palabras y sus obras. Les interesa que lo vean las gentes, mientras que no hacen nada y ponen cargas al resto.

El Evangelio, llevándolo a la actualidad, podríamos pensar y decir que son muchos los que en nuestra sociedad, se llenan de palabras bonitas, de actos públicos y no se lo creen ni ellos mismos. Es más fácil mandar desde un despacho, que mancharse en el día a día, codo con codo con las personas.

El Evangelio de hoy es bastante claro. Más que palabras, deberíamos leerlo, reflexionarlo y rumiarlo. No hace falta explicarlo. Pero dos claves:
Todos somos hermanos, y uno solo es el Maestro: Cristo.

Invitación a seguir a Jesús siendo coherentes en nuestra vida cristiana personal, en nuestra vida comunitaria y en nuestra vida Eclesial. Y desde ahí, que nuestro mayor sillón, cátedra, despacho o mandato, sea el servir a los demás con humildad. Sin querer estar por encima de nadie. Ni siendo sacerdotes, ni obispos, ni políticos, ni religiosos.

Todos somos iguales, todos desempeñamos una misión y a mayor cargo, mayor sea la humildad y el servicio con que tratemos a los demás. Todo lo que se salga de aquí, es porque manipulamos el Evangelio a nuestro interés.

Que María, la Virgen, nos ayude a no creernos mejores que los demás, a no pisotear cuando tengamos un cargo… Y seamos humildes y honestos para ser verdaderos y coherentes cristianos en nuestra sociedad.

Y, por ser día de Santa Angela de la Cruz, ella interceda por cada uno de nosotros para hacer el bien sin mirar de que condición y raza es.
Que así sea.


04 noviembre 2017

Mensaje del Papa Francisco para este mes: Por Asia.



Hoy la Orden Trinitaria celebra a San Féliz de Valois. Compañero de San Juan de Mata en el comienzo de la Orden.


Poco se sabe con certeza de la vida de Félix de Valois, en las crónicas trinitarias apenas hay referencias a él, y siempre están rodeadas de un halo de misterio. No han sido pocos los que, incluso, han dudado de su existencia, sin embargo, los documentos pontificios dirigidos al hermano Félix, Ministro son suficientemente aclaratorios para asegurar su existencia, libre, eso sí, de las leyendas y mitologías que lo han rodeado a lo largo de los siglos.

Cuando Juan de Mata se retira a Cerfroid tras su primera misa en Paris encuentra a un grupo de ermitaños, encabezados por Félix. Es a estos hombres de oración a quienes cuenta su proyecto y de los que recibe el impulso que necesitaba y buscaba para hacerlo realidad. En la tradición de la Orden siempre se ha considerado a Félix como el primer compañero de Juan de Mata para la fundación de la Orden.

Tras la aprobación de la Orden, el papa Inocencio III, en varias bulas confirmatorias, reconoce las casas trinitarias de Cerfroid, Fointeneblau y Bourg la Reine, y en ellas la presencia de los hermanos de la Casa de la Santísima Trinidad, la Domus Trinitatis soñada conjuntamente por Juan y Félix. Más tarde, con la extensión de la Orden Trinitaria, un hermano llamado Félix, Ministro aparece en la casa de Marsella y en la de Cerfroid.

La tradición de la Orden Trinitaria siempre ha considerado a Félix de Valois como el complemento de Juan de Mata. Siendo esta la primera Orden aprobada por la Iglesia de carácter no monástico, fundada en ciudades y en casas, Félix representa la dimensión contemplativa y orante de la misión trinitaria; es obvio que Juan de Mata representa la dimensión activa, redentora, tan característica de la Orden.

Es también tradición que Félix murió en Cerfroid el 4 de noviembre de 1212, un año antes que Juan de Mata muriera en Roma (17 de diciembre de 1213), si bien, como ya hemos dicho con anterioridad, no hay datos precisos que confirmen este dato. Con la pérdida de la Casa de Cerfroid por los trinitarios durante la Revolución francesa, tanto la iglesia como la casa y las tumbas quedaron saqueadas y destruidas. Actualmente hay una comunidad trinitaria en Cerfroid pero de la tumba de Félix no se ha vuelto a saber nada. La parroquia que se atiende desde la Casa lleva su nombre y allí se mantiene la tradición de este hombre sencillo y de fe que colaboró con la fundación de la Orden Trinitaria. El papa Urbano VIII reconoció su culto inmemorial en 1666, junto con el de Juan de Mata, y lo proclamó santo.

Son muchas las tradiciones sobre San Félix, todas ellas reflejadas en textos poéticos antiguos que relatan los orígenes de la Orden, pero con poco valor histórico. Una de ellas tiene que ver con los meses que convivió con Juan de Mata en Cerfroid, mientras le ayudaba a discernir la voluntad de Dios y el lugar más adecuado para ello. Un día, mientras paseaba por el bosque de Cerfroid, pudo ver un gran ciervo que se acercaba a beber a un arroyo cercano, fijándose mejor descubrió que entre sus astas brillaba una cruz en forma griega, con el brazo horizontal en azul y, sobre él, el brazo vertical en rojo. Al comunicarlo a Juan de Mata ambos coincidieron en identificar esta señal como divina y usar esa extraña cruz bicolor como signo distintivo de los religiosos redentores. Esta tradición es la que sostiene la presencia de un ciervo con una cruz entre las astas en la iconografía trinitaria, así como a los pies de San Félix, a veces incluso de San Juan de Mata.

Hay otra tradición sobre San Félix. Mientras Juan de Mata extendía la Orden fundando nuevas casas, Félix quedaba en Cerfroid con los hermanos en oración y acogiendo pobres y cautivos en la Casa. La víspera de la fiesta de la Natividad de María, el 7 de septiembre, mientras la comunidad rezaba los maitines, los hermanos se quedaron dormidos, excepto Félix que mientras se lamentaba de tan grave falta, contempló asombrado cómo descendían del cielo decenas de ángeles que le acompañaron al instante en el canto de los maitines a la Virgen, y la mismísima Virgen María ocupaba su lugar en el sitial de la presidencia para dirigir la oración sálmica a Dios Trinidad. La Orden ha celebrado, hasta la reforma del calendario litúrgico realizada por Pablo VI, esta fiesta el día 7 de septiembre con gran boato. En muchas casas se colocaba una imagen de la Virgen María, llamada del Coro, en el lugar de la presidencia, las monjas trinitarias contemplativas aún conservan esta tradición.

02 noviembre 2017

Hoy rezamos por todos los difuntos.



Pedimos al Señor que acoja en sus brazos a todos nuestros familiares, amigos y conocidos que han pasado de este mundo terreno a la Jerusalén celeste.

Padre Nuestro...
Dios te Salve Maria...
Gloria al Padre y al hijo y al Espíritu Santo...
---
Dales Señor el Descanso Eterno
Y brille para ellos la Luz perpetua.
Descansen en Paz.
Amén.  

01 noviembre 2017

Se nos invita a ser santos.




¡Feliz día de todos los Santos!

El uno de noviembre, celebramos todos los católicos el día de los Santos.
Celebrar esta fiesta, es celebrar a personas que han pasado por este mundo, por nuestro lado, haciendo el bien: familiares, amigos, vecinos… etcétera.
Algunos profesando su fe en Cristo Jesús, y alomejor otros sin profesar directamente, pero, teniendo un gran amor al prójimo.
Y como dijimos en el Evangelio del domingo pasado XXX del tiempo Ordinario, ”Dios está en la persona. Quien ama a Dios ama al prójimo y quien ama al prójimo, ama a Dios” van enlazado uno con otro.

Personas como tú y como yo que han sabido andar por nuestro mundo dándole un color diferente, actuando con el arma del amor, la compresión, la ayuda…
Los que popularmente se les llama los “santos de zapatillas” porque seguramente, no han sido introducidos en causas de los Santos y no están puestos en los altares.

Todos estamos llamados a ser santos. Dios nos quiere santos.
Ser santo, como diría Santa Teresa de Jesús es ser “amigo fuerte de Dios”.
Un Dios que se entregó en la Cruz para resucitar al tercer día y salvarnos de la muerte.
Amigos, de un Dios que se entrega cada día en la Eucaristía, que se hace presente en cada persona, en especial, en los más necesitados.

Ser santos no es ser solamente “buena persona” y “ayudar” cuando nos necesiten.
Es ser algo más. Y ese ”más” es que, al ser bautizado en el nombre de la Santa Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, somos herederos y partícipe de una comunidad de AMOR y debemos reflejarlos en nuestro entorno, con nuestros hermanos e irradiar al mundo de esa luz.

No es una utopía. Se puede conseguir si uno se pone manos a la obra.
Por eso, esta fiesta nos lo recuerda. Celebrar a hombres y mujeres que han sabido ser reflejo de Dios Trinidad en sus ambientes, ayudando, entregándose y poniendo en el centro de sus vidas a Dios y al prójimo.

Algunas de esas personas, son Santos reconocidos por la Iglesia y dándoles culto en las parroquias y otros son santos (repito) “de zapatillas”. Pero tanto uno como otro, son iguales y tienen en común que han sabido AMAR hasta el extremo.

Ojalá que sepamos imitar a tantas personas que han pasado por nuestro lado y nos han dejado un gran legado de amor y aprendamos que cuánto más se ama, más felices somos.

Que la Virgen María interceda por cada uno de nosotros para que seamos ejemplo de santidad en medio del mundo.
Que así sea.