26 febrero 2017

Evangelio. Domingo VIII del Tiempo Ordinario.


Según San Mateo 6, 24 - 34.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero. 
»Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida? 

»Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal».


Reflexión.

A las puertas de la Santa Cuaresma, el Evangelio de Mateo es alegre y optimista, donde encontramos un Hijo muy orgulloso de su Padre porque éste es providente y vela constantemente por el bienestar de su creación.

Reflexión del VIII Domingo del Tiempo Ordinario.


El domingo pasado, las lecturas nos hablaban de una cosa muy importante y esencial que tenemos todos, la vida. Jesús nos daba la lección acompañada de su ejemplo: se entrega al máximo por amor. Para esta entrega total y sin condiciones, veíamos como, aunque no lo queramos comprender, debemos empezar por amar a nuestros enemigos, rezar por ellos, tenerlos en cuenta, perdonarles. Si fallamos en esto, no estamos en el camino del Evangelio.

En este Domingo VIII del Tiempo Ordinario, Jesús nos va a aconsejar que estemos preocupados por el día a día. Que no nos entretengamos en el ayer (algo que ya pasó, y lo realizado realizado queda) ni en el mañana. Tenemos que vivir el hoy, el ahora. Cada día trae su propio afán, sus preocupaciones, alegría. Pero sobre todo, nos regala su amor y nos vuelve a dar una oportunidad para ser mejores. En el ritmo de cada día, no podemos estar sirviendo a Dios y al dinero. Que este domingo descubramos que el único que nos puede dar la felicidad, nos ayuda y se preocupa es Dios. El dinero nos hace enemigos unos de otros.

En la Primera Lectura del Profeta Isaías, se nos muestra como Dios no se olvida de su pueblo. Dios aparece como una madre porque consuela a ese pueblo que sufre en el momento del destierro de Babilonia. Por eso, Isaías aplica términos que hacen referencias al cuerpo femenino, y lo compara con la madre. Dios a pesar de las contrariedades, nunca nunca nunca abandona.

En la Segunda Lectura de la Primera Carta de Pablo a los Corintios, nos dice que nosotros hemos conocido la salvación única y exclusiva que viene de Jesús. Nos exhorta, a que debemos transmitir esta enseñanza para que todos tengan esa oportunidad de participar de la salvación de Cristo; Pablo, enseña a la comunidad de Corinto que se preocupen en lo verdadero importante. Les insiste en la labor que cada uno debe desempeñar, porque ese es el proyecto de Dios. Les llama administradores y servidores. Porque tienen entre todos, una tarea común y deben estar al servicio uno del otro. Aquí no cabe lugar para la buscar la recompensa de los demás ni juzgar. En el juego entra la fidelidad y la fraternidad.

En el Evangelio de Mateo, nos exhorta a que pongamos toda nuestra confianza en el Señor. Para ello, nos pone ejemplos del campo, de animales… Dios no desampara a nadie, todos contamos. En esa época, la Galilea y Judea no pasaba un buen momento económico, y las personas vivían en estrecheces y penumbras. Por eso, pensaban más en el “mañana” en qué comerían, cómo se vestirían… Jesús, una vez más, descentra la preocupación del “yo” al “nosotros”. Es decir, ya no preocupa el futuro, sino, hora toca poner en práctica la justicia en el hoy, en el ahora, del Reino de Dios. Podremos pensar que con todo lo que caía, esto no interesa porque no da seguridad… Pero, Jesús viene a decir que debemos transformarnos, abrir las puertas a la justicia, e ir pesando en cada día. Porque si Dios cuida de los lirios y de los pájaros, ¿cómo no va a cuidarnos a nosotros que somos sus hijos?.
Cuando dejemos de penar en nuestro mañana, en las miles de distracciones que tenemos, y empecemos a escuchar tranquilamente a Dios, entonces empezaremos a vivir cada día cómo si fuera nuestro último día.

Pidamos a la Virgen Santísima, que interceda por nosotros ante Dios para que seamos buenos administradores del Evangelio, para que el servicio a Él y a nuestro prójimo sea verdadero.
Que no busquemos el reconocimiento de las personas, en ser más que nadie… Sino, que cada día vayamos descubriendo en cada acontecimiento la voluntad de Dios.

Que el Señor a través de su madre la Virgen del Buen Remedio en este Año Vocacional Trinitario nos conceda jóvenes dispuestos a dar gloria a la Trinidad y sean libertad para los cautivos de nuestra sociedad.

Que así sea.


Más en:
http://www.revistaecclesia.com/reflexion-del-viii-domingo-del-tiempo-ordinario-fray-jose-borja/

Aquí os dejo algunos vídeos del primer concierto de la gira "Munay" de Vanesa Martín en Málaga el pasado viernes 24-2-2017. ¡Enhorabuena paisana!


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23 febrero 2017

Hoy celebramos la Onomástica de la Beata Rafaela Ibarra.


- Nacimiento

Nació en Bilbao el 16 de enero de 1843. Su familia, de clase  acomodada, le proporcionó una educación amplia y esmerada.

Era de carácter vital, dulce y afable. Su educación cristiana y amabilidad natural favorecieron el crecimiento de su piedad religiosa y la compasión por los necesitados que siempre la caracterizaron, y que se  transformó a lo largo de su vida en amor generoso a cuantos tuvieron la suerte de conocerla y necesitarla.

- Madre de Familia

A los 18 años se casó con José Vilallonga, ingeniero catalán, que con el tiempo sería uno de los principales impulsores de los Altos Hornos de Vizcaya. La pareja fijó su residencia en Bilbao, en una finca llamada La Cava.

Fue un matrimonio feliz y fecundo. Tuvieron siete hijos, dos de ellos muertos en temprana edad. A la muerte de una hermana de Rafaela se hicieron cargo de cinco sobrinos a los que ella amó y educó como a sus propios hijos.

En los primeros años de su matrimonio Rafaela vivió conforme a los usos de su condición social: paseos, cenas, teatros, relaciones sociales… Todo ello junto a unas prácticas de vida cristiana cada vez más frecuentes y comprometidas. Muy pronto es en éstas donde encontrará el sentido de su vida, mientras que las primeras le resultarán  superficiales y carentes de interés.

- Por el camino de la Fe

Los años pasaban y los acontecimientos de su vida se sucedían; la fe y entrega a Dios de Rafaela se acrecentaba en todos ellos. Su amor a Jesucristo y el trato íntimo con Él, sobre todo en la oración y la Eucaristía eran cada vez mas intensos.
Como consecuencia de su profundo amor a Dios se entregó a remediar las necesidades de muchas personas que acudían a ella sabedoras de su bondad; incluso se anticipaba cuando sabía que alguien la necesitaba. Era proverbial su paciencia y solicitud con los enfermos.

En sus numerosos Escritos espirituales, que inició por indicación de sus Directores,  se narran sus experiencias de Dios y expresan admirablemente como conciliaba esta intimidad divina con la entrega a su numerosa familia y a remediar las necesidades de los pobres.

- Caridad Efectiva

Era la suya una caridad inteligente, que no se conformaba con remediar las necesidades inmediatas, si no que, además, promovía numerosas iniciativas sociales orientadas a paliar las carencias asistenciales de su época. Decía: “Las personas pasan pero las Obras permanecen”.

Impulsó la creación de la Maternidad de Bilbao, el establecimiento en la capital de las Hnas. de María Inmaculada para atender a las  jóvenes  del servicio  doméstico, y de las RR. Adoratrices; participó en la creación de la Universidad de Deusto, y, entre otras actividades, pertenecía a una Asociación llamada Junta de Obras de celo dedicada a ayudar a  muchachas necesitadas de trabajo y orientación en la que participaba activamente. Fue en este apostolado y visitando cárceles y hospitales, donde observó las penas y dificultades que tenían las jóvenes pobres para salvaguardar su dignidad y salir adelante en la dura sociedad industrial bilbaína.

- Con la fuerza del AMOR

Se despertó en Rafaela una vocación especial a favor de estas jóvenes. Dedicó todos sus afanes y energías a crear las condiciones para que, las que tenían mayor riesgo de exclusión social, preferentemente, encontraran siempre cariño, acogida y protección hasta   establecerse o encontrar un trabajo digno. Alquiló varios pisos, montó unos talleres y organizó la vida de las jóvenes alternando trabajo y formación. Con la ayuda de algunas personas voluntarias y otras asalariadas empezó a orientar y acompañar a estas muchachas.

Su amor por las jóvenes, reflejado en un trato lleno de interés, dulzura y simpatía naturales, se ganaba la confianza de estas chicas que no tardaron en llamarla “madre” en un reconocimiento espontáneo y sincero a sus desvelos, cariño y trato exquisito. Rafaela supo imprimir a su pedagogía la clave de la maternidad; no en vano ella fue madre en todos los sentidos.

- En la casa del PADRE

Quebrantada su salud por una grave enfermedad, Rafaela falleció el 23 de febrero de 1900 en medio del cariño y veneración de familiares, religiosas y jóvenes, tenía 57 años. Su muerte causó gran consternación en cuantas personas la conocían y fue un triste acontecimiento en la ciudad de Bilbao.

La Fundación siguió adelante con la ayuda de Dios y alentada por el espíritu de Rafaela. Otras muchas jóvenes siguieron sus pasos y hoy esta Congregación se extiende por España y América latina.

- Beatificación y Canonización

La santidad de la vida de Rafaela Ybarra obtuvo el reconocimiento de la Iglesia. El 29 de septiembre de 1984 fué proclamada Beata por el Papa Juan Pablo II.
Actualmente se encuentra muy avanzado su proceso de canonización.

Mañana arranca en Málaga la gira "Munay" de mi paisana Vanesa Martín.






Si perdonásemos más habría menos guerras.


Es muy importante rezar por los enemigos porque la oración es el antídoto a las guerras que “empiezan en casa".

Si todos los hombres y mujeres aprendiesen a perdonar, no existirían las guerras. Las guerras empiezan aquí, en la amargura, en el rencor, en el deseo de venganza, de hacerla pagar, pero esto destruye familias, amistades, barrios, destruye muchas cosas.
Existe un mensaje único en las lecturas: sean santos porque Él es santo, sean perfectos porque Él es perfecto. El lenguaje de “tú me la pagarás”, “no es un lenguaje cristiano”.

Tenemos que rezar “por aquél que nos hace mal, para que cambie de vida, para que el Señor lo perdone”. Esta es la magnanimidad de Dios, que perdona todo, que es misericordia”.
“Y tú, ¿eres misericordioso con las personas que te han hecho mal o que no te quieren?”.

Rezar por los enemigos “se puede hacer de manera sencilla. Quizás el rencor permanece, pero nosotros hacemos el esfuerzo de ir en este camino de este Dios que es tan bueno y misericordioso”.


(Visita a la parroquia de Santa María Josefa de Castelverde. 19-2-2017).

¿Cómo comienza el Instituto de Hermanas Trinitarias de Madrid?.


Con una sencilla Eucaristía en la Iglesia del Monasterio de la Encarnación de Madrid comienza la fundación del Instituto el 2 de febrero de 1885.

El texto evangélico que el padre Méndez lee y comenta, deja claros el espíritu y horizonte de la obra. “Buscad ante todo el Reino de Dios. El resto se os dará por añadidura” .

Ese mismo día, en una pequeña casa alquilada, del Paseo del Obelisco (hoy Martínez Campos), se abre la primera puerta del Instituto.
En ella inicia la andadura de la obra la primera comunidad formada por seis jóvenes que, abrasadas en el amor divino, del que hacen partícipes a los demás, afrontan las dificultades que les van viniendo. Sus nombres: María Ana Allsopp, Carmen Sáiz, Mercedes Solá, Ángeles Pascual, Eladia Casanova y María Alcoy.

Todas conocían la realidad eclesial y social en la que habían de encarnar el proyecto divino, pues “Ya desde mucho tiempo venían dedicándose a obras de celo, visitando hospitales para enseñar en ellos la doctrina cristiana a las enfermas, y asistiendo a las escuelas dominicales para atender a las jóvenes obreras” . Después de los Ejercicios Espirituales, dirigidos por el padre Méndez, comienzan a acoger a las primeras jóvenes. Reciben a las que ya han caído en diversas esclavitudes, sobre todo en la prostitución, y a las que aún no han caído, para evitar que caigan. Dejan claro desde primera hora, la doble dimensión del apostolado: prevención y rehabilitación. La obra crece rápidamente.

En medio de las dificultades, están convencidos de que es una obra de Dios que Él cuida sin cesar. Así lo refleja madre Mariana en el primer aniversario de la fundación: "¡Oh Jesús de mi corazón!... ¡Quién iba a imaginar que el proyecto que nos confiaste, comenzado con tantas dificultades aunque con el alma llena de gozo, iba a extenderse tanto! Tú has cuidado de tu casa con prodigio tras prodigio" . Al año de la fundación la casa se queda pequeña: las constantes solicitudes de jóvenes para ser acogidas, y de aspirantes para ingresar en la comunidad, requería más espacio. Respondiendo al fin de la Fundación comprenden que el Señor quería dar ensanche a la Obra, y en 1886 se trasladan a una casa más grande en la calle Ferraz.


http://www.hermanastrinitarias.net/


Más en:
http://www.revistaecclesia.com/como-comienza-la-andadura-de-las-hermanas-trinitarias-de-madrid/

22 febrero 2017

Catequesis de hoy miércoles del Papa Francisco: "Ser cristiano es reconocerse pecador y esperar en la Resurrección".


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Muchas veces estamos tentados en pensar que la creación sea nuestra propiedad, una posesión que podemos explotar a nuestro agrado y del cual no debemos dar cuenta a nadie. En el pasaje de la Carta a los Romanos (8,19-27) del cual hemos apenas escuchado una parte, el Apóstol Pablo nos recuerda en cambio que la creación es un don maravilloso que Dios ha puesto en nuestras manos, para que podamos entrar en relación con Él y podamos reconocer la huella de su designio de amor, a cuya realización estamos llamados todos a colaborar, día a día.

Pero cuando se deja llevar por el egoísmo, el ser humano termina por destruir incluso las cosas más bellas que le han sido confiadas. Y así ha sucedido también con la creación. Pensemos en el agua. El agua es una cosa bellísima y muy importante; el agua nos da la vida, nos ayuda en todo. Pero para explotar los minerales se contamina el agua, se ensucia la creación y se destruye la creación. Este es sólo un ejemplo. Existen otros. Con la experiencia trágica del pecado, rota la comunión con Dios, hemos infringido la originaria comunión con todo aquello que nos rodea y hemos terminado por corromper la creación, haciéndola así esclava, sometida a nuestra caducidad. Y lamentablemente la consecuencia de todo esto está dramáticamente ante nuestros ojos, cada día. Cuando rompe la comunión con Dios, el hombre pierde su propia belleza originaria y termina por desfigurar alrededor de sí cada cosa; y donde todo antes hablaba del Padre Creador y de su amor infinito, ahora lleva el signo triste y desolado del orgullo y de la voracidad humana. El orgullo humano explotando la creación, destruye.

Pero el Señor no nos deja solos y también ante este escenario desolador nos ofrece una perspectiva nueva de liberación, de salvación universal. Es aquello lo que Pablo pone en evidencia con alegría, invitándonos a poner atención a los gemidos de la entera creación. Los gemidos de la entera creación… Expresión fuerte. Si ponemos atención, de hecho, alrededor nuestro todo clama: clama la misma creación, clamamos nosotros los seres humanos y clama el Espíritu dentro de nosotros, en nuestro corazón.

Ahora, estos clamores no son un lamento estéril, desconsolado, sino – como precisa el Apóstol – son los gemidos de una parturiente; son los gemidos de quien sufre, pero sabe que está por venir a la luz una nueva vida. Y en nuestro caso es de verdad así. Nosotros estamos todavía luchando con las consecuencias de nuestro pecado y todo, alrededor nuestro, lleva todavía el signo de nuestras debilidades, de nuestras faltas, de nuestras cerrazones. Pero, al mismo tiempo, sabemos de haber sido salvados por el Señor y ya se nos es dado contemplar y pregustar en nosotros y en lo que nos rodea los signos de la Resurrección, de la Pascua, que opera una nueva creación.

Este es el contenido de nuestra esperanza. El cristiano no vive fuera del mundo, sabe reconocer en la propia vida y en lo que lo circunda los signos del mal, del egoísmo y del pecado. Es solidario con quien sufre, con quien llora, con quien es marginado, con quien se siente desesperado… Pero, al mismo tiempo, el cristiano ha aprendido a leer todo esto con los ojos de la Pascua, con los ojos del Cristo Resucitado. Y entonces sabe que estamos viviendo el tiempo de la espera, el tiempo de un deseo que va más allá del presente, el tiempo del cumplimiento. En la esperanza sabemos que el Señor quiere sanar definitivamente con su misericordia los corazones heridos y humillados y todo los que el hombre ha deformado en su impiedad, y que de este modo Él regenerará un mundo nuevo y una humanidad nueva, finalmente reconciliada en su amor.

Cuantas veces nosotros cristianos estamos tentados por la desilusión, por el pesimismo… A veces nos dejamos llevar por el lamento inútil, o quizás nos quedamos sin palabras y no sabemos ni siquiera que cosa pedir, que cosa esperar… Pero todavía una vez más viene en nuestra ayuda el Espíritu Santo, respiro de nuestra esperanza, el cual mantiene vivo el clamor y la espera de nuestro corazón. El Espíritu ve por nosotros más allá de las apariencias negativas del presente y nos revela ya ahora los cielos nuevos y la tierra nueva que el señor está preparando para la humanidad. Gracias.


(Miércoles, 22-2-2017).

Dos días, para que comience la gira "Munay" de mi paisana Vanesa Martín en Málaga.





¿Qué significa Munay, y de dónde procede?
Palabra "Quechua" que expresa el "Amor del Creador por toda la creación".

Granada, 11 y 12 de marzo.



Hoy la Iglesia celebra la Fiesta de la Cátedra de San Pedro.

Esta celebración recuerda además la potestad conferida por Cristo al Apóstol cuando le dice, según relatan los Evangelios: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Y las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella".

La festividad litúrgica de la Cátedra de San Pedro subraya el singular ministerio que el Señor confió al jefe de los apóstoles, de confirmar y guiar a la Iglesia en la unidad de la fe. En esto consiste el 'ministerium petrinum', ese servicio peculiar que el obispo de Roma está llamado a rendir a todo el pueblo cristiano. Misión indispensable, que no se basa en prerrogativas humanas, sino en Cristo mismo como piedra angular de la comunidad eclesial.
Como dijo San Juan Pablo II, "Recemos para que la Iglesia, en la variedad de culturas, lenguas y tradiciones, sea unánime en creer y profesar las verdades de fe y de moral transmitidas por los apóstoles".

¿Quién es la Granadina y Venerable María Emilia Riquelme?.


Nació en Granada en el 1847 y murió en 1940.
Sus padres, D. Joaquín Riquelme y Gómez, y Dª María Emilia Zayas de la Vega, forman un hogar cristiano, y ven con alegría el nacimiento de su hija.
A los 7 años muere su madre, acude a la Virgen, y desde ese momento va creciendo su amor a Ella; además, en su adolescencia tuvo una profunda experiencia con María que marcó su existencia.

La vida le sonríe, tiene cuanto una joven puede disfrutar: cultura, posición, además de muchas cualidades que la hacen aún más atractiva y delicada.
Se siente atraída por la Eucaristía, vive de ella y siente la llamada a una mayor entrega.

Comienza por poner al servicio su tiempo y cualidades en favor de los más pobres en escuelas para niños pobres, catequesis, visitas a prostíbulos, ayuda a familias necesitadas, etc.
A través de estas realidades, María Emilia descubre que Dios tiene un sueño para ella, consagrarse a Dios plenamente como religiosa.

Lo comparte con su padre, pero él no quiere ni oír hablar de ello; resultado; que por consejo del confesor pospone la opción mientras viva. Así sabe esperar y con gran cariño y dedicación lo atiende hasta el último momento en que muere don Joaquín en Sevilla en 1885.
María Emilia no descansa, capta las necesidades de su tiempo y redobla su trabajo a favor de los más necesitados; quiere vivir el sí que hace años dio al Señor.

Hay tanteos de vida religiosa en diversas congregaciones y, al calor de los Ejercicios Espirituales y de la Adoración al Santísimo Sacramento, nace ese despliegue de total entrega, se lanza a cumplir la voluntad de Dios. Abre un camino en la Iglesia con estilo propio… así al anochecer de un siglo surge la Obra de María Emilia, mejor “la Obra de la Virgen” como ella la llama… en honor de Jesús y María; su nombre: MISIONERAS DEL SANTÍSIMO SACRAMENTO Y MARÍA INMACULADA”.

Granada cuenta ya con un grupo de intrépidas mujeres que hacen adoración al Santísimo día y noche para pedir por todo el mundo, educan a las niñas más pobres y sueñan con ir por todo el mundo anunciando el Evangelio.

Se suceden fundaciones en España. Viaja a Roma y obtiene el Decretum Laudis y la Aprobación Pontificia. Ya, casi al atardecer de su vida, casi con sus noventa años ve con alegría la fundación de Brasil, más tarde Portugal…
Muere María Emilia a los 93 años, después de una vida intensa y plena, en la Casa Madre el día 10 de diciembre de 1940.

Hoy la Congregación cuenta con varias casas en España, Brasil, Portugal, Bolivia, Colombia, USA, Angola, Perú, México y Filipinas.
El 28 de abril de 1991 se Clausura el proceso diocesano de Canonización, y en 1996 se entrega la Positio en Roma, donde ya ha sido estudiada y aprobada por la Comisión de Teólogos, Cardenales y Obispos en el año 2011, a la espera de ser aprobado el decreto de Virtudes heroicas de la Sierva de Dios. En 2008 fueron exhumados sus restos, que se encuentran en la Casa Madre, para ser venerados cuando la Iglesia lo determine.
Confiamos que será pronto glorificada, en la Iglesia, para estímulo y ayuda a nuestra fidelidad en el seguimiento de Cristo.


http://www.revistaecclesia.com/quien-la-venerable-maria-emilia-riquelme-zayas/

21 febrero 2017

Declaración de las Virtudes Heroicas del P. Tiburcio Arnáiz, Jesuita.


El P. Arnaiz gozó de muchas de las gracias especiales con que el cielo adorna a sus elegidos.

En su vida se dieron casos de bilocación, como el que ocurrió en casa de una portera de Málaga que tenía un hijo paralítico. Un día al volver la mujer a casa, vio que el niño estaba levantado y le preguntó, con sorpresa, qué había pasado. El niño contestó que el P. Arnaiz se había sentado con él en la cama y, cogiéndole las manos, le dijo: "Levántate que vamos a andar un poco por la habitación".
La madre fue corriendo a la Residencia para comentarle al mismo Padre lo ocurrido y resultó que él estaba fuera de Málaga dando misiones.

Otras veces el Señor le revelaba el interior de las conciencias. Una de sus catequistas, Ángeles Macías, iba a visitar a una señora que tenía cáncer en un ojo, la recibía con despecho y estaba muy alejada de la Iglesia. Un día le dijo a la catequista que si iba a verla el P. Arnaiz, recibiría los Sacramentos, pero su intención no era confesar sino que había oído hablar de milagros ocurridos por su intercesión y pretendía que la curase. Cuando unos días después, Ángeles le preguntó al Padre si ya la había confesado, él murmuró: "La gente cree que la criatura puede algo". Al volver a visitar a la enferma ésta le preguntó por qué no había ido el Padre y la catequista, extrañada, le repitió la contestación que le había dado y que ella no había entendido; la  pobre mujer se echó a llorar y entre otras cosas dijo: "Mi intención no la adivina sino un santo". El milagro no se hizo pero su alma se curó. El P. Arnaiz envió a otro sacerdote para que la confesara y desde entonces llevó su enfermedad con una resignación admirable.

Tuvo revelación de acontecimientos lejanos, como le sucedió en Guaro (Málaga) predicando una Misión, en la que indicó a sus oyentes que las verdades de que estaba hablando eran tan ciertas como el incendio que se estaba produciendo en la Aduana de Málaga; hecho terrible que, efectivamente, estaba ocurriendo en esos momentos, y que el Padre no lo pudo haber conocido por ningún cauce.
También anunció cosas futuras, como precisar la fecha de su propia muerte, en la visita que hizo a D. Pedro Calvo y a su esposa, amigos suyos. D. Pedro estaba muy enfermo y el Padre le dijo: "¡Con que lo de aquí, ya se acabó! No piense usted más que en ir al cielo. Allá nos veremos pronto... de aquí a un mes, más o menos. No, de aquí a un mes menos tres o cuatro días".  Y así sucedió.

En Alfarnatejo (Málaga) , durante la Misión, en un año de tremenda sequía, se sacó en rogativa al Santo Cristo de Cabanillas, bajo cuyo patrocinio está el pueblo. Al entrar en la iglesia, el P. Arnaiz se postró ante la imagen y suplicó con fervor  al Señor que concediera la lluvia a aquellos campos resecos. La respuesta fue inmediata; aunque estaba el cielo despejado durante la procesión, comenzó a llover tan abundantemente que no se podía salir de la iglesia.

Y entre los hechos extraordinarios más frecuentes, se cuentan milagrosas curaciones concedidas por su intercesión, como ocurrió durante la Misión de Nerja: A dos kilómetros del pueblo había una mujer gravemente enferma con varios hijos. El Padre acudió a darle los últimos Sacramentos; era una noche lluviosa y lo acompañaban dos hombres. Al regresar, movido de compasión, a cada instante se postraba en tierra, apretando el crucifijo entre sus manos, y rezaba así: "Jesús mío, dale la salud, que le hace mucha falta a sus niños". Y aquella señora, que estaba agonizando y sin esperanza de vida, curó repentinamente.

Hay además varias florecillas, casos milagrosos y simpáticos, que Dios permite en la vida de sus fieles hijos. Es gracioso lo que sucedió en casa del párroco de San Roque, de Cádiz: ante la insistencia del Padre de tomar un solo huevo para cenar, mientras estuvo allí, cada día una de sus gallinas, sin falta, ponía un huevo de dos yemas. Y en un pueblo de la provincia de Huelva, en Cortes Concepción, un matrimonio sin hijos lo invitó a bendecir una escuelita para niños pobres y, cuando terminó el acto, la señora le dio al P. Arnaiz una cajita de dulces para que los repartiese; pero al ver que además de los niños fue desfilando medio pueblo a tomar su dulcecito, estaba con el corazón encogido, pensando en el mal rato que iba a pasar el Padre cuando faltasen pasteles; cosa que no sucedió: ¡hubo pasteles para todos!

Más de una vez llegaba de sus ministerios, calado hasta los huesos; aunque en otras ocasiones el Señor tuvo compasión de él y... de su cabalgadura, como le ocurrió en el Valle de Abdalajís (Málaga) donde iba a dar una misión: al bajarse en la estación se montó en un borriquillo para llegar al pueblo; por el camino cayó un aguacero fuertísimo, los que lo acompañaban llegaron chorreando y, sin embargo, ni él ni su jumento se mojaron lo más mínimo.

Estas y otras cosas extraordinarias y sobrenaturales, a pesar de la humildad y discreción del Padre, corrían de boca en boca, y la fama de santidad se iba extendiendo cada vez más. Hasta los cocheros de Málaga, cuando lo veían pasar, comentaban: "¡Ahí va el cura santo!".

(Damos gracias a Dios por la Misa de acción de gracias por la declaración de las “virtudes heroicas” que se celebró en Málaga el pasado sábado 18 de febrero en la Iglesia del Sagrado Corazón.)


http://www.revistaecclesia.com/declaracion-de-las-virtudes-heroicas-del-tiburcio-arnaiz/

20 febrero 2017

SIT Informa: Sacerdotes cautivos.



Ángelus Dominical del Papa Francisco: 19-02-2017.


Queridos hermanos y hermanas, buenos días!

En Evangelio de este domingo (Mt 5,38 a 48) - una de esas páginas que mejor expresan la "revolución cristiana" - Jesús muestra el camino de la verdadera justicia a través de la ley del amor que supera a la de la venganza, que "ojo por ojo y diente por diente. Esta antigua regla necesaria para infligir las sanciones equivalentes a los infractores el daño causado: la muerte de los que habían muerto, la amputación que habían herido a alguien, y así sucesivamente. Jesús pide a sus discípulos que sufrir el mal, de hecho, se le preguntó a reaccionar, pero no con otro mal, sino con el bien. Sólo así se rompe la cadena del mal: un mal trae otro mal, otro lleva a otro mal ... que rompe esta cadena del mal, y realmente cambian las cosas. El mal es, de hecho, un "vacío", un pozo vacío, y el vacío no se puede llenar con otra en blanco, pero sólo con un "completo", es decir, con el bien. La represalia no conduce a la solución de conflictos. "Me has hecho, te voy a hacer": esto nunca resuelve un conflicto, ni es cristiana.

Para Jesús, el rechazo a la violencia también puede implicar renunciar a un derecho legítimo; y da algunos ejemplos: poner la otra mejilla, renunciar a su vestimenta o su propio dinero, aceptar otros sacrificios (cf. vv 39-42.). Pero esta renuncia no significa que las exigencias de la justicia que se ignoran o contradicen; no, al, amor cristiano contrario, que se manifiesta de una manera especial en misericordia, que es una mayor realización de la justicia. Lo que Jesús quiere enseñarnos es la distinción que tenemos que hacer entre la justicia y la venganza. Distinguir entre la justicia y la venganza. La venganza nunca es correcto. Se nos permite buscar la justicia; es nuestro deber hacer justicia. Hay sin embargo está prohibido tomar venganza, o de cualquier manera incitan venganza, como una expresión de odio y violencia.

Jesús no quiere proponer un nuevo orden civil, sino más bien la siguiente mandamiento, que también incluye el amor a los enemigos: "Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen" (v 44).. Y esto no es fácil. Esta palabra no debe entenderse como un respaldo del mal perpetrado por el enemigo, sino como una invitación a una perspectiva más elevada, una perspectiva magnánima, similar a la del Padre Celestial, que - dice Jesús - "hace salir su sol sobre malos y buenos y que hace llover sobre justos e injustos "(v. 45). El enemigo, de hecho, es una persona humana, creada a imagen de Dios como tal, aunque en la actualidad esta se vea empañada por la mala conducta.

Cuando hablamos de "enemigos" no hay que pensar en quién sabe qué diferentes personas y lejos de nosotros; también hablamos de nosotros mismos, que podemos entrar en conflicto con nuestros vecinos, a veces con miembros de la familia. ¿Cuántos enemistades en las familias, cuántos! Vamos a pensar en esto. Los enemigos son también los que hablan mal de nosotros, que nos calumnian y nos hacen los males. No es fácil de digerir esto. A todos ellos estamos llamados a responder con el bien, que también tiene sus estrategias, inspiradas en el amor.

Que la Virgen María nos ayude a seguir a Jesús en este camino difícil, lo que realmente mejora la dignidad humana y nos hace vivir como hijos de nuestro Padre que está en los cielos. Ayúdanos a practicar la paciencia, el diálogo, el perdón y ser tan artesanos de comunión, fraternidad artesanos en nuestra vida diaria, especialmente en nuestra familia.

Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

por desgracia siguen siendo informes de enfrentamientos violentos y brutales de la región de Kasai central en la República Democrática del Congo. Estoy convencido de que el dolor de las víctimas, especialmente para los muchos niños separados de sus familias y a la escuela para ser utilizados como soldados. Esta es una tragedia, los niños soldados. Os aseguro mi cercanía y mi oración, para el personal religiosas y humanitarias que trabajan en esa región difícil; y renovar un llamamiento urgente a la conciencia y responsabilidad de las autoridades nacionales y la comunidad internacional, de manera que tome las decisiones adecuadas y oportunas con el fin de ayudar a estos hermanos y hermanas. Oramos por ellos y por todos los pueblos en otras partes del continente africano y el mundo sufren a causa de la violencia y la guerra. Pienso, en particular, a la querida población de Pakistán e Irak, afectados por actos terroristas crueles en los últimos días. Oramos por las víctimas, los heridos y las familias. Oremos fervientemente que cada corazón endurecido por el odio se convierte en paz, conforme a la voluntad de Dios. Oramos por un momento en silencio. [Ave María]

Os saludo a todos, familias, asociaciones, grupos religiosos y peregrinos individuales de Italia y en todo el mundo.

En particular, saludo a los estudiantes de Armagh (Irlanda), los fieles de la diócesis de Asidonia-Jerez, Cádiz y Ceuta y Madrid en España; Movimiento Juvenil.

Espiritualidad del Jesuita, Venerable P. Arnáiz.


Un pacto de confianza.

El P. Arnaiz hizo un pacto con el Señor, parece que antes de los últimos votos, y que más tarde reveló a sus íntimos, de que si le concedía diez años de vida los emplearía en “matarse” por su Gloria, sin descanso, y aseguraba, sin darle la más mínima importancia al cuidado de su salud: “Es Dios el que quiere cuidar de mi cuerpo con tal que yo viva confiado en Él”.

“Vivamos -decía a sus compañeros-, vivamos sólo para Dios y como si solos con Él estuviéramos en el mundo; esto es más fácil de lo que muchos creen pues, comparadas con Él, todas las cosas son despreciables y sólo por Él les damos lugar o dedicamos tiempo, mas a Él sólo y siempre debemos atender, empezando por el olvido de nosotros mismos”.

Su vida era Cristo; y el deseo de identificarse con Él, lo llevó hasta el extremo de escribir los siguientes propósitos, concebidos en los Ejercicios que había hecho antes de sus últimos votos:

“Deseo ardiente de adversidades o injurias y afrentas.

Querer que no sepan mis servicios o méritos.

Desear que no aprueben mi parecer.

Callar, no disculparme ni declarar a nadie mi inocencia ni mis penas.

No querer ni menos pretender que me amen, sino que me aborrezcan.

Dejarlo todo, si lo ordena la obediencia sin cuidarme de que se seguirá deshonra.

No mostrar sentimiento ni dolor.

No buscar comodidad de criatura alguna.

No decir nada bueno de mí, antes querer que se ignore lo que haga.”

OLVIDADO DE SÍ

A su hermana Gregoria, ya religiosa, le aconsejaba en una carta: “¡Qué vida más feliz es ésta cuando se vive en Jesús y para Jesús! No me cansaría de ponderar a las almas, máxime a las religiosas, de los bienes que pierden cuando piensan, quieren, recuerdan, hallan o buscan otra cosa que a Dios. Sé tú de éstas, hermana mía, que tienen su vivir en el cielo, en Jesús. Te olivarás de ti…”.

Así vivía el P. Arnaiz, tal como había pactado con el Corazón de Jesús, olvidado por completo de sí y dejando todo su cuidado en Él: la comida era siempre parca y desechaba cuanto se le presentara, una vez que consideraba que había tomado lo suficiente. El vestido, muy usado, el mismo en verano que en invierno.

Una vez un penitente suyo, que era sastre, le propuso que le diese la sotana, que se la dejaría como nueva; el Padre, que adivinó la intención del buen hombre y que lo que pretendía era cambiársela por otra, le preguntó: -“¿Y ese trabajo cuánto podría costar?” -“Pues X pesetas” -“Démelas para mis pobres que, con la sotana tal como está, voy muy bien”.

Para hacer sus viajes o determinar trabajos nunca se arredraba, ya lloviese, ya hiciese calor o frío, parecía impasible, decía: “Yo no me entero”. Un día María Isabel, su más fiel colaboradora, le protestaba: “Pero Padre, puede uno callarse y no decir nunca si siente frío o calor pero, no notarlo, me parece imposible”, y él replicó: “Pero ¡qué boba es!; claro que es posible, ¡y tan posible! Vaya usted a uno que se le está muriendo un ser querido, o que le viene la ruina o la deshonra, con que hace mucho frío o cosa así, y verá cómo la mira. Él no lo ha notado ni piensa en eso, esta embargado por otra idea, y esa le llena y le absorbe. Si se llenase usted de Dios y del deseo de que se salvasen las almas, y esa fuese su preocupación y anhelo, no sentiría esas cosas ni pensaría en esas tonterías”.

“ES NEGOCIO DE DIOS EL NUESTRO”

El negocio de salvar las almas y ganar el cielo no lo dejaba vivir. “Es una pena que, teniendo una eternidad para descansar, queramos aquí descanso”, repetía con sentimiento.

No perdía oportunidad. En una ocasión hubo de embarcar con el santo Obispo de Málaga, don Manuel González, para Melilla y llegó al puerto media hora antes de la partida; al ver que había de estar esperando, voló al hospital vecino; llegó el Señor Obispo y preguntó ansioso por el Padre; la hora de salir se echaba encima y cuando faltaban unos momentos apareció corriendo: -“¿Dónde ha ido?” le preguntó el prelado… -“A aprovechar el tiempo, Señor Obispo”. S. Manuel lo apreciaba en grado sumo y se valía de él muchas veces para preparar la visita pastoral, sobre todo en los sitios más alejados de la diócesis, o especialmente dificultosos por las condiciones sociopolíticas de aquellos tiempos.

Llevado de su amor al Señor nunca decía basta y todo le parecía poco: “¡Qué fácil es predicar cuando se ama a Cristo! ¿Qué diría ahora Jesús a estas almas?… pues pidamos a Jesús que nos lo diga a nosotros, y repitámoslo, en su Nombre”.

Dio muchas tandas de Ejercicios Espirituales a sacerdotes, religiosas y maestros, a dirigidos suyos de intensa vida espiritual y a sencillas muchachas de condición humilde. Este apostolado de los Ejercicios, se prolongaba después en una intensa correspondencia con los que se acogían a su dirección espiritual. Muchas veces no daba abasto para contestar y aprovechaba hasta los desplazamientos en el tren.


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19 febrero 2017

Evangelio. Domingo VII del Tiempo Ordinario.


Según San Mateo 5, 38 - 48.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda.
»Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial».


Reflexión.

La antigua ley del Talión del libro del Éxodo que quiso ser una ley que evitara las venganzas despiadadas y restringir al “ojo por ojo”, el desagravio bélico es definitivamente superada por la Ley del amor. En estos versículos se entrega toda una Carta Magna de la moral creyente: el amor a Dios y al prójimo.

Reflexión del VII Domingo del Tiempo Ordinario.


El domingo pasado, la Iglesia nos ayudaba a reflexionar que si cuando vamos a poner nuestra ofrenda en el Altar, nos acordamos que nuestro hermano tiene queja contra nosotros, dejemos allí la ofrenda y nos reconciliemos con el. Esto nos llama a que seamos coherentes con nuestra forma de vivir, de pensar, de sentir, de actuar… Por ello, también celebrábamos la Jornada de Manos Unidas. Un buen momento para ser solidarios y hermanos unos con los otros. De nada sirve rezar mucho, si pasamos de largo ante tanta necesidad humana.

En este Domingo VII del Tiempo Ordinario, escucharemos como las lecturas nos hablan de un valor muy importante: la vida. No somos dueños de nuestra propia vida, es Dios quien nos hace libres, pero salimos de El, y vamos hacia El; Jesús nos muestra su mejor lección, pero, a la vez, con su ejemplo: entregarse al máximo por amor. Una lección que tiene matices que no llegaremos a entender, pero que debemos confiar en que nos llevan por el camino de la felicidad. Amar a los enemigos, perdonar y ayudar sin mirar a quién, pilares fundamentales en nuestra vida de cristianos. Sin esto fallamos, difícilmente estaremos actuando conforme al Evangelio.

En la Primera Lectura del Libro del Levítivo, nos refleja a un Dios cercano, un Dios que se hace Padre de nosotros. Por un lado, nos habla de la santidad. Israel es la ciudad santa por excelencia. Es una ciudad que los israelitas entendían como “ciudad pura”. El estado puro, es el estado donde ahí si se puede entrar en contacto con Dios, ya que lo contrario, hablamos de impureza y pecado que están lejos de Dios; También encontramos una parte ética, donde vemos una parte de exclusión. Es decir, Si Israel era pura, hace a las demás “impuras”, con lo cual, discrimina, genera diferencias y exclusión. Pero Jesús viene a mostrar a un Dios que no discrimina, que no excluye, que toma a todos por iguales.

En la Segunda Lectura de la Primera Carta de Pablo a los Corintios, nos habla de que somos templos de Dios, que somos piedras vivas. Nos recalca que tenemos carácter de predicadores y tenemos que evangelizar porque somos cristianos; Pablo cambia el lugar del culto. Ya no se habla de un lugar físico, de un templo majestuoso de grandes piedras… Ahora, el templo hay que verlo bajo otra mirada: la comunidad, las personas que se reúnen. Da matices de ese nuevo “templo” construido por personas. Toda persona que acoge e integra es un nuevo templo y Dios habita ahí.

En el Evangelio de Mateo, se nos enseña el último discurso del sermón de la montaña. Lo hace con un “mandato” un tanto peculiar, y que alomejor a nosotros nos cuesta un poco entenderlo y digerirlo: amar a nuestros enemigos. Aquí nos enseña como Dios hace una nueva ley, sino que la amplía, y muestra que Él ama a todos por igual. Sean buenos o malos, Dios acoge, perdona y da una nueva oportunidad. En muchos contextos culturales y sociales se han educado con que “los hijos deben imitar a los padres”, y esto es un poco lo que Mateo nos viene a decir y a enseñar: Dios es nuestro Padre, nosotros sus hijos. Imitemos a Dios amando y perdonando a todos por igual, sin discriminación. Hacer la voluntad de Dios, es ir poco a poco empapándonos en nuestro día a día de su Palabra, actos y trato hacia los demás. Así podremos decir con nuestros actos que somos cristianos e hijos de Dios.

Pidamos a la Virgen, nuestra madre, que interceda por nosotros para que el Señor nos de la fuerza y la responsabilidad para ser verdaderas piedras vivas de la Iglesia. Que no nos cansemos de anunciar y predicar el Evangelio en nuestros ambientes, que la regla con la que “juzguemos” a los demás sea la del amor.
Como dice San Manuel González: “Madre Inmaculada, morir antes que cansarnos”.

Que el Señor a través de su madre la Virgen del Buen Remedio en este Año Vocacional Trinitario nos conceda jóvenes dispuestos a dar gloria a la Trinidad y sean libertad para los cautivos de nuestra sociedad.
Que así sea.


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17 febrero 2017

Cuando pedimos algo al Señor: insistir, insistir, insistir.



Catequesis del Papa Francisco: "La esperanza cristiana que no defrauda".


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Desde pequeños nos enseñan que no es bueno vanagloriarse. En mi tierra, a quienes presumen los llaman ‘pavos’. Y es justo, porque presumir de aquello que se es o de aquello que se tiene, además de ser soberbia, expresa también una falta de respeto en relación a los demás, especialmente con aquellos que son menos afortunados que nosotros.

En este pasaje de la Carta a los Romanos, en cambio, el Apóstol Pablo nos sorprende, en cuanto nos exhorta dos veces a vanagloriarnos. Entonces, ¿de qué cosa es justo vanagloriarse?

Porque si él nos exhorta a jactarnos, de algo es justo vanagloriarse. ¿Y cómo es posible hacer esto, sin ofender a los demás, sin excluir a alguien?


En el primer caso, estamos invitados a vanagloriarnos de la abundancia de la gracia de la cual somos impregnados en Jesucristo, por medio de la fe. ¡Pablo quiere hacernos entender que, si aprendemos a leer cada cosa a la luz del Espíritu Santo, nos damos cuenta que todo es gracia! ¡Todo es don!

De hecho, si ponemos atención, al actuar –en la historia, como en nuestra vida– no solo somos nosotros, sino es sobre todo Dios. Es Él el protagonista absoluto, que crea cada cosa como un don de amor, que teje la trama de su designio de salvación y que lo lleva a cumplimiento por nosotros, mediante su Hijo Jesús.

A nosotros se nos pide reconocer todo esto, acogerlo con gratitud y convertirlo en motivo de alabanza, de bendición y de gran alegría. Si hacemos esto, estamos en paz con Dios y tenemos la experiencia de la libertad. Y esta paz se extiende luego a todos los ámbitos y a todas las relaciones de nuestra vida: estamos en paz con nosotros mismos, estamos en paz en la familia, en nuestra comunidad, en el trabajo y con las personas que encontramos cada día en nuestro camino.

Pablo también exhorta a vanagloriarnos en las tribulaciones. Esto no es fácil de entender. Esto nos parece más difícil y puede parecer que no tenga nada que ver con la condición de paz apenas descrita. En cambio, constituye el presupuesto más auténtico, más verdadero.

De hecho, la paz que nos ofrece y nos garantiza el Señor no se debe de entender como la ausencia de preocupaciones, de desilusiones, de faltas, de motivos de sufrimiento. Si fuera así, en el caso en el cual lográramos estar en paz, ese momento terminaría rápido y caeríamos inevitablemente en la desesperación.

La paz que surge de la fe es en cambio un don: es la gracia de experimentar que Dios nos ama y que siempre está a nuestro lado, no nos deja solos ni siquiera un instante de nuestra vida. Y esto, como afirma el Apóstol, genera la paciencia, porque sabemos que, también en los momentos más duros y difíciles, la misericordia y la bondad del Señor son más grandes de toda cosa y nada nos separará de sus manos y de la comunión con Él.

Entonces, es por eso qué la esperanza cristiana es sólida, es por eso qué no defrauda. Jamás, defrauda. ¡La esperanza no defrauda! No está fundada sobre aquello que nosotros podemos hacer o ser, y mucho menos en lo que nosotros podemos creer.

Su fundamento, es decir, el fundamento de la esperanza cristiana, es lo que más fiel y seguro pueda existir, es decir, el amor que Dios mismo nutre por cada uno de nosotros.

Es fácil decir: Dios nos ama. Todos lo decimos. Pero piensen un poco: cada uno de nosotros es capaz de decir, ¿estoy seguro que Dios me ama? No es tan fácil decirlo. Pero es verdad. Es un buen ejercicio, esto, decirlo a sí mismo: Dios me ama. Esta es la raíz de nuestra seguridad, la raíz de la esperanza.


Y el Señor ha derramado abundantemente en nuestros corazones su Espíritu –que es el amor de Dios– como artífice, como garante, justamente para que pueda alimentar dentro de nosotros la fe y mantener viva esta esperanza.

Y esta seguridad: Dios me ama. “Pero, ¿en este momento difícil? Dios me ama. ¿Y a mí, que he hecho esta cosa fea y malvada? Dios me ama”. Esta seguridad no nos la quita nadie. Y debemos repetirlo como oración: Dios me ama. Estoy seguro que Dios me ama. Estoy seguro que Dios me ama.

Ahora comprendemos porque el Apóstol Pablo nos exhorta a vanagloriarnos siempre de todo esto. Yo me glorío del amor de Dios, porque me ama.

La esperanza que nos ha sido donada no nos separa de los demás, ni mucho menos nos lleva a desacreditarlos o marginarlos. Se trata en cambio de un don extraordinario del cual estamos llamados a convertirnos en “canales”, con humildad y simplicidad, para todos.

Y entonces nuestro presumir más grande será aquel de tener como Padre un Dios que no tiene preferencias, que no excluye a ninguno, sino que abre su casa a todos los seres humanos, comenzando por los últimos y alejados, para que como sus hijos aprendamos a consolarnos y a sostenernos los unos a los otros. Y no se olviden: la esperanza no defrauda.

(Papa Francisco, 15-2-2017)

14 febrero 2017

"Debemos sentirnos vasos escogidos para llevar por el mundo el nombre de la Santísima Trinidad". (San Juan Bautista de la Concepción).



"Hic est Ordo aprobatus, non a sanctis fabricatus, sed a solo summo Deo" .



Reliquias de nuestro Reformador San Juan Bautista de la Concepción en el convento de Córdoba. 

¿Quién es nuestro Reformador San Juan Bautista de la Concepción?


En Almodóvar del Campo, provincia de Ciudad Real, nació el 10 de julio de 1561 Juan García Rico. Desde muy pequeño aprendió de sus padres los valores de la humildad y el trabajo. Una visita inesperada a su casa cambió sus sueños. Cuando tenía trece años su familia tuvo que acoger a una monja carmelita que por entonces andaba fundando conventos para reformar la Orden del Carmelo, se llamaba Teresa de Jesús. Cuando la santa se despedía de la madre de Juan le dijo: "Usted, patrona, tiene aquí un hijo que ha de ser un muy gran santo, patrón de muchas almas y reformador de una cosa grandísima que se verá".

Entonces se puso a buscar lo que Dios quería de él: primero estudiando con los Carmelitas Descalzos de su pueblo, después teología en Baeza y Toledo. Es en Toledo donde conoce a los trinitarios y en 1580 comienza el noviciado, es decir, su preparación para ser religioso trinitario. Estudió después en Toledo y el Alcalá de Henares. Una vez sacerdote se hizo enseguida famoso por su forma de predicar, así que se lo rifaban en los conventos de la Orden para que fuera allí como predicador.

Precisamente es en una de estas predicaciones, en Sevilla, cuando recibe de Dios una inspiración para que se dedique a ser trinitario "de verdad". No es que no lo fuera hasta entonces, pero le parecía a él que vivía demasiado "relajado", con poco espíritu de cambio. Así que se apuntó a ir a Valdepeñas, donde se había abierto una casa trinitaria para los que quisieran vivir con ese espíritu de cambio.

Pronto se dio cuenta que aquello era casi un teatro, en realidad nadie quería cambiar, sólo descansar un poco. Juan, ni corto ni perezoso, se embarcó a Roma y allí pidió al papa que le diera un documento para que la casa de Valdepeñas, y otras que se apuntaran o abrieran nuevas, fuesen de verdad para quienes querían ser trinitarios al estilo auténtico de San Juan de Mata. El papa le dio ese documento el 20 de agosto de 1599.

A partir de ese momento va fundando casas trinitarias "reformadas" y cada vez eran más los jóvenes que se apuntaban al estilo sencillo de aquel manchego, que había cambiado su nombre por Juan Bautista de la Concepción, como símbolo de lo que quería también por dentro. Eligió una cruz roja y azul con los brazos rectos, símbolo de austeridad y sencillez.
Siguen las fundaciones: Alcalá de Henares, Madrid, Salamanca, Córdoba, Toledo, Baeza, Granada, Sevilla, Pamplona. Hasta que se puede formar la primera Provincia de la Reforma, en 1607, se llamará Provincia del Espíritu Santo, y sigue siendo la Provincia más antigua de la Orden Trinitaria, es a la que pertenecen nuestros colegios. Su primer Superior Provincial fue Juan Bautista de la Concepción.

El 14 de febrero de 1613 moría en la casa de Córdoba. Había sufrido mucho, pero había amado más. Muchos otros seguirían su camino, hasta el día de hoy. Sus restos se veneran en la iglesia de los trinitarios de Córdoba.

Hoy la Orden y Familia Trinitaria celebramos a nuestro Santo Reformador: San Juan Bautista de la Concepción.


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12 febrero 2017

"El Mundo no necesita más comida, necesita más gente comprometida."


Manos Unidas es la Asociación de la Iglesia Católica en España para la promoción y el desarrollo de los países más empobrecidos. Desde su fundación en 1960 trabaja para acabar con la escandalosa lacra del hambre en el mundo.
"EL MUNDO NO NECESITA MÁS COMIDA NECESITA MÁS GENTE COMPROMETIDA".

Como denuncia la FAO, a pesar de que se produce lo suficiente para alimentar a casi el doble de la población mundial actual, todavía sigue habiendo casi 800 millones de personas que no pueden comer, a las que se niega el derecho fundamental a alimentarse.
Según el Informe del Programa Mundial de Alimentos (2015), el hambre representa el mayor riesgo para la salud en el mundo, porque mata a más personas cada año que el sida, la malaria y la tuberculosis juntos. Supone el mayor atentado contra la dignidad de las personas.
El fundamento de la lucha contra el hambre, que Manos Unidas comparte también con otros actores de la sociedad civil, radica en la defensa efectiva del derecho a la alimentación para todas las personas. En este sentido, nuestra Organización trabaja:
- Acompañando procesos de gobernabilidad democrática para exigir políticas favorables a una alimentación adecuada.
- Apoyando proyectos de seguridad y soberanía alimentaria, compatibles con la sostenibilidad medioambiental.
- Participando en la denuncia de mecanismos que provocan o mantienen el hambre en el mundo.
El hambre es un problema social con implicaciones éticas que exigen una respuesta decidida, tanto a nivel de Estados como a nivel internacional; respuesta que desde Manos Unidas se articula adecuadamente en torno a principios como la solidaridad, la defensa del bien común, la opción por los pobres y el reconocimiento del destino universal de los bienes.

(Manifiesto 2017 Campaña 58M)

Esta Campaña de Manos Unidas, fundamentada en la dignidad de las personas y su derecho a la alimentación, se concreta en tres compromisos: COMPROMISO CON UNA COSECHA DE ALIMENTOS PARA EL CONSUMO HUMANO, NO PARA LA ESPECULACIÓN.

Nuestro propósito es hacer ver que los alimentos han dejado de ser comida para saciar el hambre de las personas, para convertirse en un activo financiero más con el que muchos inversionistas pueden especular para ganar dinero. Queremos denunciar la especulación con el precio de los alimentos; sensibilizar y capacitar sobre la producción diversificada;
crear sistemas de almacenamiento y conservación de alimentos y gestionar los excedentes a nivel local.

COMPROMISO CON UNA COSECHA RESPETUOSA CON EL MEDIOAMBIENTE.

Queremos promover un consumo y producción sostenibles en torno a la agricultura familiar. Pretendemos sensibilizar a la población sobre nuestro alto nivel de consumo que refuerza modelos agroindustriales con consecuencias medioambientales; y capacitar a las comunidades sobre técnicas de mejora de la productividad agrícola compatible con la sostenibilidad medioambiental y de conservación de las cosechas.

COMPROMISO CON UN APROVECHAMIENTO RIGUROSO DE LOS ALIMENTOS
QUE EVITE LA PÉRDIDA Y DESPERDICIO DE ALIMENTOS.

Promovemos un sistema alimentario que permita un aprovechamiento integral de la producción, evitando la pérdida y desperdicio de alimentos. Para ello apoyamos prácticas agrícolas adecuadas de cosecha, de transformación, de transporte y conservación; denunciamos la realidad de la pérdida y desperdicio de alimentos y sus consecuencias éticas, económicas y de contaminación; fomentamos un consumo responsable y una vida más solidaria y sostenible mediante un cambio de hábitos de compra y consumo.

En 2017 plantamos cara al hambre con nuestro compromiso: compromiso con una concepción
de los alimentos como comida para seres humanos y no como negocio; compromiso con una
agricultura sostenible y compromiso con un aprovechamiento integral de la producción que
evite la pérdida y desperdicio de alimentos.

Porque, como dice el lema de nuestra Campaña de este año:
EL MUNDO NO NECESITA MÁS COMIDA NECESITA MÁS GENTE COMPROMETIDA.

Hoy Domingo, celebramos el Día de Manos Unidas.




Evangelio. Domingo VI del Tiempo Ordinario.


Según San Mateo 5, 17 - 37.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos. Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos. 

»Habéis oído que se dijo a los antepasados: 'No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal'. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la gehenna de fuego. Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo. 

»Habéis oído que se dijo: 'No cometerás adulterio'. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna. También se dijo: 'El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio'. Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio. 

»Habéis oído también que se dijo a los antepasados: 'No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos'. Pues yo digo que no juréis en modo alguno: ni por el Cielo, porque es el trono de Dios, ni por la Tierra, porque es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey. Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro. Sea vuestro lenguaje: "Sí, sí"; "no, no": que lo que pasa de aquí viene del Maligno».


Reflexión.

En el Evangelio de hoy, Jesús hace referencia a aquello que consideramos el resumen del código moral del Antiguo Testamento: los mandamientos de la Ley de Dios. Según el pensamiento de Jesús, la Ley no consiste en principios meramente externos. No. La Ley no es una imposición venida de fuera. Todo lo contrario. En verdad, la Ley de Dios corresponde al ideal de perfección que está radicado en el corazón de cada hombre.

Reflexión del VI Domingo del Tiempo Ordinario.


El domingo pasado, Jesús nos invitaba a ser sal y luz en medio de nuestro mundo.
Nos pedía que diéramos ejemplo para que nuestras propias obras interroguen positivamente a los demás. Ser sal y luz se configura en nuestro día a día porque el Espíritu Santos nos ayuda e impulsa a serlo. Otra cosa es que nosotros no queramos…

En este Domingo VI del Tiempo Ordinario, Jesús quiere que seamos mejores que los letrados y fariseos. Para ello nos da una señal importante: “Si cuando vas a poner tu ofrenda en el Altar, te acuerdas de que tiene tu hermano quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ve primero a reconciliarte con tu hermano”; Lo que nos pide Jesús este domingo es que seamos consecuentes, que no nos sirve ir a Misas todos los días, decir a viva voz que somos cristianos, que somos buenos, si después estamos poniendo zancadilla a todos los que pasan por nuestro lado. Jesús nos pide hoy que ganemos la carrera en amor. ¿Qué quiere decir esto? A mayor amor, menos tiempo tienes de hacer mal.
También tenemos un recuerdo especial en este domingo que celebramos la Jornada contra el hambre, o como popularmente se le llama, el “Domingo de Manos Unidas”.
Un tema que está siempre muy presente en medio de nosotros, pero que muchas veces cuando se habla de ello, lo escuchamos como si lloviera. El hambre es el mayor pecado que existe hoy en nuestro mundo. Un pecado que procede del ser humano, que procede del egoísmo. En nuestra mano está el saber compartir o seguir siendo egoístas.

En la Primera Lectura del Libro del Eclesiástico, nos muestra que Dios lucha contra todo tipo de pecado. Que está al lado de nosotros y os ayuda con nuestra debilidad. Somos libres. Dios nos hace libres, respeta nuestra libertad y no nos retiene. Dios no es un Dios que controla, no es un fiscal, no es un juez… Dios es compasivo, tiene misericordia de nosotros y nos espera con los brazos abiertos a que nosotros nos decidamos a volver.

En la Segunda Lectura de la Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios, nos habla de una sabiduría que no es de nuestro mundo. Esta es la que Pablo les habla a los de Corinto: una sabiduría que nos enseña todo”. Vemos como Jesús se revela a sus apóstoles y aún después de revelarse, nos deja su espíritu. Un espíritu que nos sostiene en los momentos de oscuridad, y una luz que nos ayuda a descubrir a Dios en Jesús.

En el Evangelio de Mateo, nos relata el mayor dogma: la reconciliación. Jesús nos viene para ir en contra de la ley, sino que viene a mejorarla. Nos muestra en el sermón de la montaña las recetas para una verdadera vida cristiana: las bienaventuranzas. La comunidad Mateo tenía un pequeño problema, se sentían parte del judaísmo. Por eso Jesús dice “no he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud”. El Evangelio es modo de vida, no una idea. La actitud con la que vive Jesús, su valentía, su radicalidad sensible ante el sufrimiento humano, ante los más débiles y su norma de vida, debe ser para nosotros el Dogma. Él no viene a implantar una nueva moral. No siempre el obligar a tener unas normas o un dogma soluciona  problema. Jesús viene en primer lugar con las bienaventuranzas: ingredientes para nuestra vida. Viene acompañado de reconciliación: no se puede poner usar las bienaventuranzas si no estamos limpios con nosotros mismo ni con los demás. De ahí a que tengamos el impulso de ser anunciadores del Evangelio, especialmente, sin discriminación de raza, lengua, cultura o nación. Tengamos brazos acogedores, y dejemos que en nosotros crezca la semilla del Evangelio y anunciemos como el único y verdadero dogma.

Pidamos a la Virgen, madre de Dios y madre nuestra que interceda ante su hijo para que nos conceda el don de la perseverancia y de la humildad. Que dentro de nuestra libertad, sepamos ser consecuentes en nuestro día a día el Evangelio y seamos transmisores de ese Reino que viene a ser igualitario para todos.

Que el Señor a través de su madre la Virgen del Buen Remedio en este Año Vocacional Trinitario nos conceda jóvenes dispuestos a dar gloria a la Trinidad y sean libertad para los cautivos de nuestra sociedad.
Que así sea.


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08 febrero 2017

Catequesis de hoy miércoles del Papa Francisco: Un cristiano nunca responde a una ofensa con un “me la pagarás”.


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El miércoles pasado hemos visto que San Pablo, en la Primera Carta a los Tesalonicenses, exhorta a permanecer arraigados en la esperanza de la resurrección (Cfr. 5,4-11), con esa bella palabra “estaremos siempre con el Señor”.

En el mismo contexto, el Apóstol muestra que la esperanza cristiana no tiene sólo un aspecto personal, individual, sino comunitario, eclesial. Todos nosotros esperamos. Todos nosotros tenemos esperanza, pero también comunitariamente.

Por esto, la mirada es enseguida extendida por Paolo a todas las realidades que componen la comunidad cristiana, pidiéndoles de orar los unos por los otros y de sostenerse recíprocamente. Ayudarse recíprocamente.

Pero no solo ayudarse en las necesidades, en las tantas necesidades de la vida cotidiana, sino ayudarnos en la esperanza, sostenernos en la esperanza. Y no es un caso que comience justamente haciendo referencia a quienes les es confiada la responsabilidad y la guía pastoral.

Son los primeros en ser llamados a alimentar la esperanza, y esto no porque sean mejores de los demás, sino en virtud de un ministerio divino que va más allá de sus propias fuerzas. Por tal motivo, tienen más que nunca la necesidad del respeto, de la comprensión y del apoyo benévolo de todos.

La atención luego es puesta en los hermanos con mayor riesgo de perder la esperanza, de caer en la desesperación. Pero, nosotros siempre tenemos noticias de gente que cae en la desesperación y hace cosas feas, ¿no?

La des-esperanza los lleva a estas cosas feas. Se refiere a quien está desanimado, a quien es débil, a quien se siente abatido por el peso de la vida y de las propias culpas y no logra más levantarse.

En estos casos, la cercanía y el calor de toda la Iglesia debe hacerse todavía más intensa y amorosa, y deben asumir la forma exquisita de la compasión, que no es tener piedad: la compasión es soportar con el otro, sufrir con el otro, acercarme a quien sufre… una palabra, una caricia, pero que salga del corazón, esto es la compasión.

Tienen necesidad de la solidaridad y de la consolación. Esta es más importante que nunca: la esperanza cristiana no puede prescindir de la caridad genuina y concreta.

El mismo Apóstol de los gentiles, en la Carta a los Romanos, afirma con el corazón en la mano: «Nosotros, los que somos fuertes – que tenemos la fe, la esperanza o no tenemos tantas dificultades – debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no complacernos a nosotros mismos» (15,1).

Sobrellevar, sobrellevar las debilidades de los demás. Este testimonio luego no permanece cerrado dentro de los confines de la comunidad cristiana: resuena con todo su vigor también fuera, en el contexto social y civil, como una llamada a no crear muros sino puentes, a no intercambiar el mal con el mal, a vencer el mal con el bien, la ofensa con el perdón: el cristiano jamás puede decir, me las pagaras. ¡Jamás! Esto no es un gesto cristiano.

La ofensa se vence con el perdón; para vivir en paz con todos. ¡Esta es la Iglesia! Y esto es lo que obra la esperanza cristiana, cuando asume los lineamientos fuertes y al mismo tiempo tiernos del amor. Y el amor es fuerte y tierno. Es bello.

Se comprende entonces que no se aprende a esperar solos. Nadie aprende a esperar solo. No es posible. La esperanza, para alimentarse, necesita necesariamente de un “cuerpo”, en el cual los diferentes miembros se sostengan y se animen recíprocamente.

Esto entonces quiere decir que, si esperamos, es porque muchos de nuestros hermanos y hermanas nos han enseñado a esperar y han tenido viva nuestra esperanza. Y entre ellos, se distinguen los pequeños, los pobres, los sencillos, los marginados.

Sí, porque no conoce la esperanza quien se cierra en su propio bienestar: espera solamente en su bienestar y esto no es esperanza: es seguridad relativa; no conoce la esperanza quien se cierra en su propia satisfacción, quien se siente siempre bien… Los que esperan son en cambio aquellos que experimentan cada día la prueba, la precariedad y el propio limite.

Son estos nuestros hermanos los que nos dan el testimonio más bello, más fuerte, porque permanecen firmes en la confianza en el Señor, sabiendo que, más allá de la tristeza, de la opresión y de la inevitabilidad de la muerte, la última palabra será la suya, y será una palabra de misericordia, de vida y de paz.

Quien espera, espera escuchar un día esta palabra: “Ven, ven a mí, hermano; ven, ven a mí, hermana, por toda la eternidad”.

Queridos amigos, si – como hemos dicho – la morada natural de la esperanza es un “cuerpo” solidario, en el caso de la esperanza cristiana este cuerpo es la Iglesia, mientras que el soplo vital, el alma de esta esperanza es el Espíritu Santo. Sin el Espíritu Santo no se puede tener esperanza.

Es por eso que el Apóstol Pablo nos invita al final a invocarlo continuamente. Si no es fácil creer, mucho menos lo es esperar. Es más difícil esperar que creer. Es más difícil.

Pero cuando el Espíritu Santo habita en nuestros corazones, es Él quien nos hace entender que no debemos temer, que el Señor está cerca y se preocupa por nosotros; y es Él quien modela nuestras comunidades, en una perenNe Pentecostés, como signos vivos de esperanza para la familia humana. Gracias.

07 febrero 2017

¿Quieres conocer como vivimos los Religiosos Trinitarios y cual es nuestro carisma y misión?

Año Vocacional Trinitario

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"Desde el nacimiento de una vocación, es necesario sentirse parte de Iglesia. 
Nadie es llamado exclusivamente para una región, ni para un grupo o movimiento eclesial, sino es llamado al servicio de la Iglesia y del mundo.

Un signo claro de la autenticidad de un carisma es su eclesialidad, su capacidad para integrarse armónicamente en la vida del santo Pueblo fiel de Dios para el bien de todos.
Respondiendo a la llamada de Dios, el joven ve cómo se amplía el horizonte eclesial, puede considerar los diferentes carismas y vocaciones y alcanzar así un discernimiento más objetivo.

De este modo la comunidad se convierte de este modo en el hogar y la familia en la que nace la vocación.
El candidato contempla agradecido esta mediación comunitaria como un elemento irrenunciable para su futuro. Aprende a conocer y a amar a otros hermanos y hermanas que recorren diversos caminos; y estos vínculos fortalecen en todos la comunión." (Papa Francisco)