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31 marzo 2019

Evangelio. Domingo IV del Tiempo de Cuaresma



Según San Lucas 15,1-3.11-32.

En aquel tiempo, viendo que todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los pecadores y come con ellos». Entonces les dijo esta parábola. «Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: ‘Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde’. Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’. Y, levantándose, partió hacia su padre.

»Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: ‘Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo’. Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado’. Y comenzaron la fiesta.

»Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. El le dijo: ‘Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano’. Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: ‘Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!’ Pero él le dijo: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado’».

26 marzo 2019

Itinerario biográfico del Venerable Jerónimo Usera.



El Venerable Jerónimo Mariano Usera y Alarcón, sacerdote y monje cisterciense, es una destacada figura y un testimonio de santidad en la sociedad y en la Iglesia de España en el s. XIX.
1.- Infancia y adolescencia en Madrid


Mariano Nicomedes Usera y Alarcón nació en Madrid el 15 de septiembre de 1810. Su padre D. Marcelo Fulgencio Usera y su madre Dña. Bernarda Antonia Alarcón constituyeron una familia numerosa, profundamente cristiana y destacada en el mundo de la cultura en la que se configuró y educó la vigorosa personalidad de Mariano de forma integral. Desde niño recibió una educación afirmada en los valores primordiales del ser humano: la libertad, la verdad y el bien, la generosidad y la actitud de servicio. Podemos resaltar en su trayectoria humana la firmeza de carácter, la claridad de objetivos, y la coherencia en los diversos proyectos sociales y religiosos que proyectó y realizó. Bautizado en la Parroquia de San Sebastián de Atocha, los valores cristianos marcan y definen las líneas fundamentales de su vida: la solidez de la fe religiosa, el amor a Dios realizado en el amor al prójimo, y la disponibilidad permanente a la voluntad de Dios


2. - Monje cisterciense en diversos Monasterios (1825 – 1836)


Ya en su adolescencia sintió la vocación hacia la Vida Religiosa e ingresó en la Orden Cisterciense en el Monasterio de Oseira, en Galicia. Su motivación partía de una experiencia interior profunda, que él manifestó en la expresión “Siento que Dios me llama para hacer el bien en la tierra y voy con el corazón decidido”. Dio el primer paso con firmeza en el camino monástico, tomó el nombre nuevo de Jerónimo, y fue ordenado sacerdote a los 24 años, después de un currículo académico de excelencia en los Monasterios de la Orden, donde, según la Regla de San Benito, en su pureza originaria “Carta caritatis” según los Cistercienses, el monje va configurando su existencia en la escuela de Cristo, que es “schola caritatis”, en la cual la sabiduría entra en el alma, vuelve insípidos los sabores carnales, purifica la inteligencia, limpia y cura el paladar del corazón.

Como monje y sacerdote, la vida de Fray Jerónimo Usera entra en un itinerario de servicio y consagración a Dios en las más diversas experiencias: oración y contemplación, pastoral, estudios teológicos, vida ascética y apostolado, y cuanto lleva al monje a la vida de santidad ya que no le faltaron gozos y padecimientos, éxitos y fracasos, amigos y adversarios, a imitación del Maestro con quien había comprometido su vida.

Desempeñó el ministerio de predicador en las más diversas situaciones, desde grandes acontecimientos religiosos hasta las cotidianas ceremonias litúrgicas en las zonas rurales de España. Publicó un Sermonario que hoy no conservamos, sino en fragmentos con sermones aislados. Su elocuencia era brillante, como atestiguan cuantos lo escucharon. No en vano la reina Isabel II le nombró su predicador supernumerario.

Sufrió la exclaustración forzosa y violenta de la desamortización política de 11 de octubre de 1835 que afectó a los cenobios de los monjes, por Decreto del Ministro Mendizábal, radicalmente liberal, por considerar que los monasterios de las Órdenes religiosas eran inútiles e innecesarios. Este despojo, que llevó consigo la dispersión de los monjes, dejó a Fray Jerónimo en la más absoluta desnudez y desamparo, sin más apoyo que la Divina Providencia y la propia familia, experiencia que enriqueció su espiritualidad, que posteriormente dejaría en herencia a las Hermanas del Amor de Dios, recomendándoles que la Divina Providencia sería su único patrimonio. En medio de estos vaivenes e inestabilidad, destacamos la fidelidad de Fray Jerónimo a la consagración definitiva a Dios, profesada en el Cister. Expulsado del monasterio a la fuerza, nada doblegó su espíritu, permaneciendo monje toda su vida, incluso consiguió de la Santa Sede su habilitación para desempeñar funciones y cargos eclesiásticos sin secularización.


3. - Nuevas experiencias en su vida profesional y cultural: Profesor universitario y miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País (1840-45)


El nuevo ambiente en el que pisaba el Padre Usera después de la exclaustración, adverso en cierto sentido, resultó también enriquecimiento en experiencia de diversos aspectos de la cultura de la época, la Universidad civil y los círculos y tertulias intelectuales abiertas a nuevas tendencias le abrieron social y científicamente.

En Madrid, en la casa familiar después de la exclaustración, con la perspectiva de un servicio fijo en la Iglesia, el Padre Usera desempeñó diversas actividades de evangelización, culturales y filantrópicas: Entra como profesor de Griego en la Universidad de Madrid, hecho que le permite entablar relación directa con la juventud universitaria y compañeros del Claustro de Profesores, y comprobar el progreso de las ciencias y la sociedad, al mismo tiempo que ésta se aleja de la instrucción y práctica religiosa. Escribe y publica la Demostración de la verdad de la religión Católica, obra apologética donde debate el diálogo entre fe y ciencia, destinada a un cierto sector social racionalista y agnóstico, que sin duda conocía.

A sus 34 años es miembro y Profesor de la Academia de Ciencias Eclesiásticas e ingresa como socio en la Sociedad Económica Matritense del Amigos del País, donde lleva su testimonio de creyente y sacerdote en un ambiente más bien filantrópico y progresista, que le permite descubrir nuevos horizontes pedagógicos en el campo de la inicial pedagogía social y la participación de la mujer en la educación. Fue en la Sociedad Económica donde providencialmente establece contacto con la raza negra en los dos jóvenes Quir y Yegüe de los que fue instructor.


4. - Misión en Guinea Ecuatorial (1845-46)


Aun siendo muy apasionante el mundo en el que se estaba integrando como sacerdote e intelectual en el Madrid de su época, no parecía dar satisfacción a sus inquietudes apostólicas y el reclamo de nuevos horizontes misioneros, más allá de una sociedad acomodada, fue más fuerte que todo lo que su Madrid le brindaba. De ahí su salto misionero a tierras de África, en la tórrida Guinea Ecuatorial, colonia española olvidada y dejada a su suerte por el Gobierno. Concretamente la decisión misionera que le llevó a Fernando Poo fue una empresa de riesgo, que pagó muy cara, pues arruinó su salud, al mismo tiempo que significó una iluminación en su vida.

Su fuerza de voluntad iba contra todo riesgo, pero la realidad fue más fuerte, excesivamente inhóspita y desprotegida y la misión apenas duró seis meses. Sin embargo, podemos hablar de fecundidad, a partir de la intensidad con que dio su tiempo y fatigas hasta lo increíble. Cómo en tan poco tiempo pudo recorrer, conocer, tomar tantos datos de la realidad como vemos en su “Memoria de la isla de Fernando Poo” y esto enfermo y sin recursos humanos ni materiales.

Fruto de su trabajo humanista y evangelizador, en toda la ruta de su itinerario misionero africano, pues como tal ejerció desde que puso sus pies en la corbeta Venus hasta su regreso destrozado por la malaria, podemos constatar una fecunda herencia para este pueblo que Usera amó para siempre: Memoria en el pueblo como primer misionero católico en la isla, diseño cartográfico de la misma, reseña descriptiva de su gente, vocabulario y exposición fonológica de la lengua bubi y el haber plantado la Cruz y la Escuela en su rudimentaria casa de palos y ramas.

De Fernando Poo el Padre Usera se trajo el mejor tesoro posible: la amistad de su gente, la nostalgia misionera bloqueada por la enfermedad, la experiencia de la lucha del voluntarismo contra lo imposible, que hizo de él un rendido ante la voluntad de Dios: regresar a España con el mundo de Guinea en el corazón, con la raza negra incorporada a su existencia, hasta dar su nombre y apellido, más tarde, al negrito Mariano Malaquías Siaisa Usera, recién llegado a Puerto Rico, como esclavo en “el barco de la muerte”. A él aplicamos su propia definición del misionero: “… es el enviado del Hijo de Dios, que pregona la paz, que por todas partes difunde la caridad y que ofrece felicidad y ventura a los que lo escuchan: sólo para sí reserva los sufrimientos”. El misionero Usera llevaba en sus entrañas la pasión por la raza negra, como él declara: “Hace tiempo que me he dedicado a defender los derechos de la raza negra, a la que amo en Jesucristo que es el mayor y más desinteresado amor”.


5. - Misionero y servidor de la Iglesia y de la sociedad en las Antillas (1847 – 1891)


Durante este tiempo, casi cincuenta años de servicios en la Iglesia en las Antillas (Puerto Rico y Cuba) podemos considerar dos etapas, pues constatamos que en la entrega de su vida hubo como un corte existencial y místico, que orientó sus objetivos y acción profética en direcciones diferentes: - Una primera etapa en que centró sus energías en el desempeño de cargos eclesiásticos, como lugares de influencia en la transformación global de estructuras y proyectos eclesiásticos desde arriba (de 1847 a 1856). - Una segunda etapa hasta el final de su vida (1891), que sin dejar ciertas responsabilidades en la vida eclesiástica, concentró su dedicación pastoral y pedagogía social en las situaciones concretas de las personas, preferentemente en lugares de pobreza y desvalimiento, desde el suelo, donde sólo llega el abajamiento silencioso y la donación gratuita.


- Primera etapa (Hasta 1864)


Gobernador eclesiástico en Santiago de Cuba- A su regreso de Guinea. Después de un breve descanso junto a su madre ya viuda, le fue concedida una canonjía en Santiago de Cuba, según el informe del Patriarca de las Indias, “por su celo apostólico y por el espíritu que lo anima en favor de la propagación de la fe católica (…) encontrándose habilitado para desempeñar dicho cargo, según la S. Sede Apostólica”. Casi inmediatamente fue promovido para Gobernador Eclesiástico de aquella diócesis. El P. Usera llega a las Antillas con excelentes credenciales en todos los aspectos, en plena juventud y con bastantes experiencias pastorales. Sin embargo, la tierra que comenzaba a pisar tenía ciertas dolencias en el mundillo de los cargos eclesiásticos, que juntamente con su gloria le cargarán una pesada cruz sobre los hombros.


De su gestión en Santiago destacamos:


- La ingente misión de un Plan Pastoral global en el que participaran voluntariamente cuantos fieles pudieran hacerlo, juntamente con los sacerdotes

- La reforma integral del Seminario de San Basilio

- La restauración del Santuario de la Virgen de la Caridad

- Una incansable actividad pastoral, en la que priorizó la educación y catequesis. Su paso por Santiago de Cuba quedará para siempre ligado a la Virgen de la Caridad del Cobre, entrañable para todos los cubanos. El P. Usera dejó una Diócesis organizada y disponible al Obispo Claret, que tomó posesión de su cargo en 1851.


Misión en Puerto Rico (1856 – 1860)


En la Diócesis de Puerto Rico El P. Usera desempeñó diversos cargos eclesiásticos, en una situación bastante difícil, que le costó sufrimiento y amargura, porque le golpeó en la fibra más sensible de su vida, como era la fidelidad y adhesión entrañable a la Iglesia y a la persona del Papa. Desempeñó los cargos de Deán del Cabildo, Vicario y Gobernador Eclesiástico de la Diócesis por breve tiempo, pero bregando con litigios e intrigas no esperadas en una situación de inestabilidad, en medio de vacíos de un Pastor episcopal estable. Estos altos cargos en la Diócesis, vacante de Obispo, eran apetecidos por otros más por “cargos” que por “servicios”, hecho que desembocó en una víctima, el Padre Usera, hasta ser tildado de cismático, el que no hizo sino bandearse sabiamente entre las jurisdicciones del Poder temporal y eclesial, como fiel hijo de la Iglesia. Por todo esto confiesa haberse sentido afligido y molesto. Su gesto de obediencia ciega ante las medidas tomadas por la Santa Sede, ante posibles errores de procedimiento, manifiesta su fidelidad a la Iglesia ante el cabildo de 23 de octubre del 56. Usera dijo que acata, respeta y obedece como fiel hijo de la Iglesia lo dispuesto por su Santa Cabeza el Romano Pontífice.

A pesar de todo, no cedió en nada su responsabilidad pastoral, y libre de responsabilidades candentes en el gobierno de la Diócesis, se centró en varios frentes: evangelización del pueblo, misiones populares, ministerio de la reconciliación, recorriendo las plantaciones, los pueblos abandonados y escuchando a todos en la intimidad del confesonario. Su entrega preferencial a la infancia y juventud desamparada, le llevó a crear la Casa de Caridad y Oficios de San Ildefonso, y su conocimiento de la sociedad esclavista a la defensa de los esclavos negros, dándoles amparo y promoción, en algunos casos heroica, como lo demuestra su asistencia a los llegados en el Majesty, “el barco de la muerte”.


- Segunda etapa: hasta el final de su vida (1860 - 1891)


A partir de sus experiencias en Puerto Rico y libre de altas responsabilidades de gobierno, en la mitad del camino de su vida, con una salud bastante quebrantada, la vida y acción apostólica del Padre Usera podemos decir que se volcó en la solidaridad con los sectores de la sociedad desatendidos, dándose plenamente en las más diversas actividades, siempre convergiendo en el mismo objetivo: los necesitados. Progresivamente se fue olvidando de sí mismo, convirtiendo su vida en un total gesto de gratuidad. Poseído por la fuerza del Espíritu Santo, en su interior se iba gestando el carisma del Amor que dejaría en herencia en distintas formulaciones, para cuantas personas se apuntaran a secundar sus proyectos.


Pedagogo y Fundador


La experiencia de la Escuela de San Ildefonso en S. Juan de Puerto Rico, con las dificultades que aparecieron debido a la insuficiente dedicación y estabilidad de las damas que la gestionaban, como señoras de la alta sociedad, impulsó al P. Usera a definir y buscar el tipo de personas que pudieran identificarse con sus propuestas. Para ello se tomó un tiempo de reposición de fuerzas y discernimiento en España, donde surgió la Congregación de Hermanas del Amor de Dios, (1864), dulce peso que llevaba hacía tiempo, en su mente y corazón, Maestras para las Antillas y donde fuera necesario. Hoy la Congregación está presente en 18 países en Europa, África y América, al servicio de la educación, en Escuelas abiertas, sin discriminación de ningún tipo, de forma preferente en las periferias sociales.


Deán de La Habana por imposición


La Reina Isabel II le cargó al Padre Usera el deanato de La Haba en el momento menos oportuno (1864), de modo que se vio obligado a poner la renuncia, que no le fue aceptada. Estaba ultimando el proyecto de fundación de las Hermanas del Amor de Dios, hecho que hacía imprescindible su presencia en España. Con la Congregación casi en la incubadora, fiado una vez más de la Divina Providencia y de la colaboración de amigos sabios y santos, partió para La Habana.

La Habana y su entrañable gente recogieron los frutos de la sabiduría y santidad del venerable Padre Usera. Como Deán, maestro, predicador, guía espiritual y servidor en lo difícil. El Padre Usera desplegó su sacerdocio en una acción pastoral ingente, centrado en la pastoral social como praxis. Podemos decir que su persona fue la mejor bendición que el pueblo de La Habana recibió, como sociedad civil y religiosa, pues pocos fueron los sectores que no experimentaran su acción espiritual y benéfica. Desde su toma de posesión como Deán (¡Siempre fue el Sr. Deán!) hasta su muerte, Usera fue una señal del Amor de Dios para todos, especialmente para los más desamparados: misiones populares, servicios religiosos y administrativos en Hospitales, liberación de las conciencias en el confesonario, relación cordial y benéfica con los trabajadores y esclavos de las plantaciones, servicios litúrgicos y catequéticos en prisiones y el ejército. La memoria de los contemporáneos dejó muy claro todo esto en sus testimonios póstumos.


Por sus obras los conoceréis


Destacamos, además del testimonio de su vida santa, tres de las más importantes creaciones con estructuras operativas que el P. Usera puso en pie en servicio de la evangelización, asistencia y promoción social en La Habana:

· La Escuela Amor de Dios. Inicialmente debería haber sido una Escuela Normal para la formación de maestras, pero no fue posible. Sí lo fue la primera escuela de educación general Amor de Dios en Guanabacoa, inaugurada el 20 de septiembre de 1874 con el Proyecto Amor de Dios, que el propio P. Usera redactó junto con las hermanas y que con las escuelas de Toro y Cádiz, hoy son raíz de la identidad educativa de la Congregación.

· Sociedad protectora de los Niños de la isla de Cuba. La obra era una adaptación de la Institución del mismo nombre española, que Usera conocía, adaptada a la realidad cubana y en particular al sector más desprotegido de La Habana. Los fines de la ‘Sociedad’ se explicitan en la primera de sus “Bases”: “La Sociedad tomará bajo su protección a los niños de todas razas, sexos y condiciones y seguirá ejerciéndola hasta que estén colocados en arte, oficio o profesión en que puedan atender honrada y cumplidamente a sus necesidades, respecto de los varones, y hasta que contraigan matrimonio o queden colocadas en posición que les permita también atenderé honrada y cumplidamente a sus necesidades, respecto a las mujeres”. La sociedad atendió a numerosos niños y niñas, víctimas de la sociedad de su tiempo, la mayoría procedentes de madres en marginación social.

· Academia de Tipógrafas y Encuadernadoras. Fue creada por el P. Usera con sus últimos ahorros, y con ayuda social de personas solidarias de la ciudad, cuando la muerte estaba casi a vencerlo. Faltaba un mes para su partida definitiva. Aunque la Academia no fue su obra más importante, sí la consideramos de especial significado porque afirmaba que su fundador creía y apostaba por la liberación de la mujer y su inclusión en el mundo profesional, como medio de autonomía, cuando este pensamiento y apuesta estaba aún en mantillas.


6 - Centramiento espiritual de Jerónimo Usera


· Contemplativo de Dios y de su obra


Jerónimo Usera fue un hombre de profunda espiritualidad, no sólo como experiencia interior del Espíritu Santo, sino como filtro de la realidad humana y contemplación del mundo, salido de la mano de Dios como criatura “buena”. Su religiosidad, su búsqueda de Dios y de las cosas de Dios, se centra en Jesucristo. De la Palabra al hombre, en quien se encarna. El camino de Jesús es “hacerse hombre” y visibilizarse en los más necesitados. Este es el rostro de Dios que Jerónimo Mariano buscó y encontró durante toda su vida y así se fue dejando transformar en alter Christus.

· Adhesión a Jesús encarnado y crucificado por nosotros

Podemos afirmar que el mensaje cristiano que anuncia, por unas vías o por otras, está el núcleo del kerigma paulino: anunciamos a Cristo y éste crucificado, en el contexto de 1Cor. 1,23 ss. “el Hijo de Dios que se dignó descender de los cielos a la tierra y, lleno de amor por los hombres, se hizo hombre y, padeciendo y muriendo por nosotros, proclamó desde la cruz una doctrina que había de dar libertad al mundo, paz a los hombres, vida a la verdadera ciencia, gloria a la virtud y exterminio al vicio”. Esta misión de la doctrina de Jesús la vemos incorporada en los rasgos de su propio hacer apostólico: libertad, paz, ciencia y virtud.

Cristo se hizo hombre y murió por nosotros. Los dos núcleos fundamentales de la redención: encarnación y muerte de Jesús son polos permanentes en sus referencias al kerigma, que Jerónimo expone en sus predicaciones con gran sencillez. El Hijo es la encarnación del Amor de Dios, fuente de sabiduría y santidad, es redención de todo desamor. El despojo del Hijo, siervo y muerto en la cruz, hace referencia a la actitud más amorosa que, en la espiritualidad cisterciense, es la humildad, la solidaridad con los más pequeños.

· Acogido al amor maternal de María

Juntamente con Cristo y ligada a los núcleos referidos, aparece en la espiritualidad de Usera, la Madre, María. Ella dijo su “SÍ” juntamente con su Hijo, Jesús en la encarnación y otro tanto en el Calvario, donde por testamento de Jesús pasamos nosotros también a ser hijos de la Madre, María. La Virgen María ocupa un lugar preeminente en la espiritualidad de Jerónimo. La tenía grabada como herencia familiar. En la vida monástica bebió esta querencia en las fuentes de la tradición espiritual cisterciense y en las obras de Bernardo de Claraval. En los años de formación en Oseira interiorizó para toda su vida el compromiso de amor mariano, con afirmaciones devocionales de la Orden, que lo marcaron: “Bien puedo arrancar mi corazón y echarlo fuera, si éste fuera duro con María. Porque el corazón que no la ama no es digno de vivir ni de amar cosa alguna. Si yo dejara de servir a María, puedo darme por perdido” Para él, Doctor en Teología, la verdadera devoción a María es la sumisión a la voluntad de Dios y la imitación de sus virtudes. Así lo trasmitió a las Hermanas del Amor de Dios.

· Orante en todo lugar y circunstancia.

Quien ora cree y quien cree ora. Jerónimo tenía la fuerza de la fe, infundida por el Espíritu Santo y harto purificada. La oración fue la reserva de vitaminas que sostuvo una vida tan intensa de apostolado. Contemplativo y activo, contemplar para discernir y transformar la realidad, iluminada por la fe: estructuras eclesiásticas y suburbios marginados, niños indigentes, esclavos, enfermos, presidiarios. Todos los rostros humanos fueron para Jerónimo visión del Hijo de Dios, hecho hombre en las personas concretas. Hambriento de Eucaristía. Por propia experiencia sabe que el hombre interior se alimenta de oración y Eucaristía. Así lo recomienda también a las Hermanas del Amor de Dios.


7- Final de la vida de Jerónimo en la tierra


Dios le concedió larga vida y larga purificación de la misma. Lo había dado todo y se dio a sí mismo totalmente. No tuvo casa propia ni ahorros que le diesen seguridad, ningún otro apoyo que no fuese la Providencia divina. El salario del Sr. Deán era repartido antes de ser cobrado y hasta da la impresión de que se había desentendido de su propia imagen humanamente hablando. Ropa vieja, los muebles imprescindibles y viejos, todo en un cuarto mínimo en el desván de la catedral, donde nadie tenía arrestos para vivir. A todo esto, hemos de añadir algunas deudas en la Farmacia, donde se le fiaba no precisamente para él. En su última enfermedad fue recogido por su sobrina María Paz, esposa del segundo Marqués de San Gregorio, en su casa de La Habana, donde Don Jerónimo, el Sr. Deán, murió a causa de enteritis el 17 de mayo de 1891, a punto de cumplir 81 años. Sabemos que el último servicio que realizó fue ejercer gratuitamente de capellán en el asilo de mendigos de la Habana.

Los periódicos de la ciudad, recogiendo la voz popular, difundieron en los días posteriores a su muerte, su memoria de santidad y el ejemplo de su vida entregada por amor de Jesucristo en servicio de los más necesitados.


- Reconocimiento eclesial de sus virtudes heroicas


La Iglesia ha reconocido el testimonio de vida cristiana ejemplar y virtudes heroicas del VENERABLE PADRE JERÓNIMO MARIANO USERA Y ALARCÓN. En dicho reconocimiento tenemos la palabra autorizada del entonces Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Mons. José Saraiva Martins:

“Los hombres de hoy tienen una necesidad extrema de la presencia serena y de la palabra pacificadora de verdaderos testimonios del amor, como nuestro Venerable Jerónimo Usera, que hizo visible, con el testimonio de su vida, la presencia amorosa y liberadora del Amor de Dios. Con el solemne reconocimiento de la heroicidad de las singulares virtudes practicadas por nuestro amable Padre Jerónimo Mariano Usera, la Iglesia, por la voz del Santo Padre Juan Pablo II, nos lo presentó a todos nosotros y particularmente a sus hijas e hijos espirituales como modelo actual de santidad cristiana, y confirmó el mensaje que brota de su vida, que responde plenamente a las exigencias del mundo de hoy” (Roma, 28-06-99).


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20 marzo 2019

Catequesis de hoy miércoles del Papa Francisco: La voluntad de Dios.


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Prosiguiendo nuestras catequesis sobre el "Padre Nuestro", hoy nos detenemos en la tercera invocación: "Hágase tu voluntad". Debe leerse en unidad con las dos primeras, "Santificado sea tu nombre" y "Venga a nosotros tu Reino", para que juntas formen un tríptico: “Santificado sea tu nombre”, “Venga a nosotros tu Reino”, “Hágase tu voluntad”.

Antes de que el hombre cuide del mundo, Dios cuida ya incansablemente al hombre y al mundo. Todo el evangelio refleja esta inversión de perspectiva. El pecador Zaqueo se sube a un árbol porque quiere ver a Jesús, pero no sabe que, mucho antes, Dios había ido a buscarlo. Jesús, cuando llega, le dice: "Zaqueo, baja pronto, porque conviene que hoy me quede en tu casa". Y al final declara: "El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido" (Lc 19, 5.10).

He aquí la voluntad de Dios, la que pedimos que se haga. ¿Cuál es la voluntad de Dios encarnada en Jesús?: Buscar y salvar lo que está perdido. Y nosotros, cuando rezamos, pedimos que la búsqueda de Dios tenga éxito, que se cumpla su plan universal de salvación, primero en cada uno de nosotros y luego en todo el mundo. ¿Habéis pensado lo que significa que Dios me busca? Cada uno de nosotros puede decir: “Pero ¿Dios me busca?”. “Sí, ¡Te busca!” “Me busca”.

Dios no es ambiguo, no se esconde detrás de enigmas, no ha planeado el futuro del mundo de una manera indescifrable. No, Él es claro. Si no lo entendemos, nos arriesgamos a no entender el significado de la tercera frase del "Padre Nuestro". En efecto, la Biblia está llena de frases que nos hablan de la voluntad positiva de Dios hacia el mundo.

Y en el Catecismo de la Iglesia Católica encontramos una colección de citas que atestiguan esta voluntad divina fiel y paciente (ver n. 2821-2827). Y San Pablo, en la Primera Carta a Timoteo, escribe: "Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (2,4). Esta, sin lugar a dudas, es la voluntad de Dios: la salvación del hombre, de los hombres, de cada uno de nosotros. Dios con su amor llama a la puerta de nuestro corazón ¿Por qué? Para atraernos, para atraernos a Él y llevarnos adelante por el camino de la salvación. Dios está cerca de cada uno de nosotros con su amor, para llevarnos de la mano a la salvación. ¡Cuánto amor hay detrás de todo ello!

Así, rezando "hágase tu voluntad", no estamos invitados a bajar servilmente la cabeza, como si fuéramos esclavos. ¡No! Dios nos quiere libres; y es su amor el que nos libera. El "Padre Nuestro” es, en efecto, la oración de los hijos, no de los esclavos; sino de los hijos que conocen el corazón de su padre y están seguros de su plan de amor. ¡Ay de nosotros sí, al pronunciar estas palabras, nos encogiéramos de hombros y nos rindiéramos ante un destino que nos repele y que no conseguimos cambiar! Al contrario, es una oración llena de ardiente confianza en Dios que quiere el bien para nosotros, la vida, la salvación. Una oración valiente, incluso combativa, porque en el mundo hay muchas, demasiadas realidades que no obedecen al plan de Dios.

Las conocemos todos. Parafraseando al profeta Isaías, podríamos decir: "Aquí, Padre, hay guerra, prevaricación, explotación; pero sabemos que Tú quieres nuestro bien, por eso te suplicamos: ¡Hágase tu voluntad! Señor, cambia los planes del mundo, convierte las espadas en azadones y las lanzas en podaderas; ¡Que nadie se ejercite más en el arte de la guerra! "(ver 2: 4).

El "Padre Nuestro" es una oración que enciende en nosotros el mismo amor de Jesús por la voluntad del Padre, una llama que empuja a transformar el mundo con amor. El cristiano no cree en un "fato" ineluctable. No hay nada al azar en la fe de los cristianos: en cambio, hay una salvación que espera manifestarse en la vida de cada hombre y de cada mujer y cumplirse en la eternidad. Si rezamos es porque creemos que Dios puede y quiere transformar la realidad venciendo el mal con el bien. Tiene sentido obedecer a este Dios y abandonarse a Él incluso en la hora de la prueba más dura.

Así fue para Jesús en el Huerto de Getsemaní, cuando experimentó la angustia y oró: "¡Padre, si quieres, aparta de mi esta copa, pero no se haga mi voluntad sino la tuya!” (Lucas 22:42). Jesús es aplastado por el mal del mundo, pero se abandona confiadamente al océano del amor de la voluntad del Padre.

Tampoco los mártires, en su prueba, buscaban la muerte, si no el después de la muerte, la resurrección. Dios, por amor, puede llevarnos a caminar por senderos difíciles, a experimentar dolorosas heridas y espinas, pero nunca nos abandonará. Estará siempre con nosotros, cerca de nosotros, dentro de nosotros Para un creyente esto, más que una esperanza, es una certeza. Dios está conmigo.

La misma que encontramos en esa parábola del Evangelio de Lucas dedicada a la necesidad de rezar siempre. Jesús dice: "¿Dios no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto”. Así es el Señor, así nos ama, así nos quiere. Pero, yo tengo ganas de invitaros, ahora, a rezar todos juntos el Padre nuestro. Y los que no saben italiano, que lo recen en su idioma.

19 marzo 2019

Hoy celebramos la onomástica de San José.



San José,
casto esposo de la Virgen María;
intercede para obtenerme
el don de la pureza

Tú que a pesar de tus inseguridades personales,
supiste aceptar dócilmente el Plan de Dios tan pronto supiste de él, ayúdame a tener esa misma actitud para responder siempre y en todo lugar a lo que el Señor me pida.

Varón prudente, que no te apegas a las seguridades humanas,
sino que siempre estuviste abierto a responder a lo inesperado, obténme el auxilio del divino Espíritu para que viva yo también en prudente desasimiento de las seguridades terrenales.

Modelo de celo, de trabajo constante, de fidelidad silenciosa, de paternal solicitud, obténme esas bendiciones para que pueda crecer cada día más en ellas y así asemejarme, día a día, al modelo de la plena humanidad: el Señor Jesús.
Amén


Onomástica de San José.



San José es quien tuvo el privilegio de ser esposo de María, de criar al Hijo de Dios y de ser la cabeza de la Sagrada Familia. Es patrono de la Iglesia Universal, de una infinidad de comunidades religiosas y de la buena muerte.

"José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, pues lo que en ella ha sido concebido es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mt. 1, 20-21), le dijo el ángel en sueños al “justo” San José.

San José es conocido como el “Santo del silencio” porque no se conoce palabra pronunciada por él, pero sí sus obras, su fe y amor que influenciaron en Jesús y en su santo matrimonio.

Cuenta la tradición que doce jóvenes pretendían casarse con María y que cada uno llevaba un bastón de madera muy seca en la mano. De pronto, cuando la Virgen debía escoger entre todos ellos, el bastón de José milagrosamente floreció. Por eso se le pinta con un bastón florecido.

Junto a María, San José también tuvo que sufrir que no los quisieran recibir en Belén, que el amor de su vida diera a la luz en un establo y el tener que huir a Egipto, como si fueran delincuentes, para que Herodes no mate al niño. Pero supo afrontar todo esto confiando en la Providencia de Dios.

Con su oficio de carpintero no pudo comprar los mejores regalos para su hijo Jesús o que recibiera la mejor educación, pero el tiempo que le dedicó para atenderlo y enseñarle su profesión fueron más que suficiente para que el Señor conociera el cariño de un papá, que también es capaz de dejarlo todo por ir en busca del hijo extraviado.

Se conoce a San José como Patrono de la buena muerte porque tuvo la dicha de morir acompañado y consolado de Jesús y María. Fue declarado Patrono de la Iglesia Universal por el Papa Pío IX en 1847.

Mensaje del Papa Francisco para este mes: Por los cristianos perseguidos.



10 marzo 2019

Reflexión.


Pasado el miércoles de ceniza, estamos inmersos ya en el tiempo de cuaresma.
Tiempo de preparación no solamente espiritualmente, sino personalmente para celebrar la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Es el tiempo del cambio, de superar nuestras limitaciones y hacer esfuerzos en situaciones y actitudes que nos cuestan más... Es un buen momento para ofrecerle al Señor sacrificios personales...

Hoy, la Iglesia, nos pone como referencia y para nuestra reflexión, el pasaje evangélico de Lucas, donde nos narra las diferentes tentaciones de Jesús.
Es empujado al desierto y allí el demonio hace todo lo posible para que caiga en sus redes.

Jesús experimenta el ser tentado, porque es Él quién habiéndolo sufrido en sus propias carnes, nos da los ingredientes para que nosotros también podamos salvarlas.
Un ingrediente clave que nos deja en todos los momentos donde es tentado, es la FIDELIDAD al Padre. Ni el poder, ni la comida ni el prestigio hacen que Jesús sea infiel.

Tres tentaciones, que si nos miramos a nosotros mismos, seguramente sea algo normal en nuestra vida diaria: Nos gusta que nos alaguen, que nos pongan en los primeros puestos, que nos hagan reverencia (prestigio); nos gusta llevar todo bajo control, que tengamos gente bajo nosotros (Poder); y adoramos a tantas personas y cosas materiales, que a Dios lo hacemos inferior porque a veces no nos interesa. Nos es más fácil callarlo que hacerle caso...

Y para todo esas, Jesús nos habla hoy a cada uno. Solo adorarás a Dios, no solo de pan vive el hombre, no tentarás a tu Dios... Nos deja algo claro, que Dios está por encima de todo, y que si algo claro debemos tener, es que tenemos que andar con cuidado con la humanidad. Porque somos tentados por muchos frentes, nos venden tantas cosas que es fácil apartarse de Dios.

Que cada día de este tiempo, sepamos "irnos" con Jesús al desierto, para que nos enseñe como adorar a ese Dios que es AMOR y a salvar las tentaciones de nuestro día a día.

Evangelio. Domingo I del Tiempo de Cuaresma



Según San Lucas 4, 1 - 13.

En aquel tiempo, Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto, durante cuarenta días, tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días y, al cabo de ellos, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan». Jesús le respondió: «Esta escrito: ‘No sólo de pan vive el hombre’».

Llevándole a una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra; y le dijo el diablo: «Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero. Si, pues, me adoras, toda será tuya». Jesús le respondió: «Está escrito: ‘Adorarás al Señor tu Dios y sólo a Él darás culto’».

Le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el alero del Templo, y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo; porque está escrito: ‘A sus ángeles te encomendará para que te guarden’. Y: ‘En sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna’». Jesús le respondió: «Está dicho: ‘No tentarás al Señor tu Dios’». Acabada toda tentación, el diablo se alejó de Él hasta un tiempo oportuno.

08 marzo 2019

Viernes de Cuaresma. Santo Via Crucis.


- Por la señal, de la Santa Cruz de nuestros enemigos líbranos, Señor, Dios nuestro.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

- Acto de contrición

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia, propongo firmemente nunca más pecar, confesarme, y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.


- 1ª ESTACIÓN: JESÚS SENTENCIADO A MUERTE

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Sentenciado y no por un tribunal, sino por todos. Condenado por los mismos que le habían aclamado poco antes. Y El calla...

Nosotros huimos de ser reprochados. Y saltamos inmediatamente...
Dame, Señor, imitarte, uniéndome a Ti por el Silencio cuando alguien me haga sufrir. Yo lo merezco. ¡Ayúdame!

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro


- 2ª ESTACIÓN: JESÚS CARGADO CON LA CRUZ

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Que yo comprenda, Señor, el valor de la cruz, de mis pequeñas cruces de cada día, de mis achaques, de mis dolencias, de mi soledad.
Dame convertir en ofrenda amorosa, en reparación por mi vida y en apostolado por mis hermanos, mi cruz de cada día.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro


- 3ª ESTACIÓN: JESÚS CAE, POR PRIMERA VEZ, BAJO EL PESO DE LA CRUZ

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Tú caes, Señor, para redimirme. Para ayudarme a levantarme en mis caídas diarias, cuando después de haberme propuesto ser fiel, vuelvo a reincidir en mis defectos cotidianos.
¡Ayúdame a levantarme siempre y a seguir mi camino hacia Ti!

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro


- 4ª ESTACIÓN: ENCUENTRO CON LA VIRGEN

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Haz Señor, que me encuentre al lado de tu Madre en todos los momentos de mi vida. Con ella, apoyándome en su cariño maternal, tengo la seguridad de llegar a Ti en el último día de mi existencia.
¡Ayúdame Madre!

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro


- 5ª ESTACIÓN: EL CIRINEO AYUDA AL SEÑOR A LLEVAR LA CRUZ

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Cada uno de nosotros tenemos nuestra vocación, hemos venido al mundo para algo concreto, para realizarnos de una manera particular. ¿Cuál es la mía y cómo la llevo a cabo?
Pero hay algo, Señor, que es misión mía y de todos: la de ser Cirineo de los demás, la de ayudar a todos.
¿Cómo llevo adelante la realización de mi misión de Cirineo?

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro


- 6ª ESTACIÓN: LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Es la mujer valiente, decidida, que se acerca a Ti cuando todos te abandonan. Yo, Señor, te abandono cuando me dejo llevar por el "qué dirán", del respeto humano, cuando no me atrevo a defender al prójimo ausente, cuando no me atrevo a replicar una broma que ridiculiza a los que tratan de acercarse a Ti. Y en tantas otras ocasiones.
Ayúdame a no dejarme llevar por el respeto humano, por el "qué dirán".

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro


- 7ª ESTACIÓN: SEGUNDA CAÍDA EN EL CAMINO DE LA CRUZ

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Caes, Señor, por segunda vez. El Via Crucis nos señala tres caídas en tu caminar hacia el Calvario. Tal vez fueran más.
Caes delante de todos... ¿Cuándo aprenderé yo a no temer el quedar mal ante los demás, por un error, por una equivocación?. ¿Cuándo aprenderé que también eso se puede convertir en ofrenda?

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro


- 8ª ESTACIÓN: JESÚS CONSUELA A LAS HIJAS DE JERUSALÉN

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Muchas veces, tendría yo que analizar la causa de mis lágrimas. Al menos, de mis pesares, de mis preocupaciones. Tal vez hay en ellos un fondo de orgullo, de amor propio mal entendido, de egoísmo, de envidia.
Debería llorar por mi falta de correspondencia a tus innumerables beneficios de cada día, que me manifiestan, Señor, cuánto me quieres.
Dame profunda gratitud y correspondencia a tu misericordia.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro


- 9ª ESTACIÓN: JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Tercera caída. Más cerca de la Cruz. Más agotado, más falto de fuerzas. Caes desfallecido, Señor.
Yo digo que me pesan los años, que no soy el de antes, que me siento incapaz.
Dame, Señor, imitarte en esta tercera caída y haz que mi desfallecimiento sea beneficioso para otros, porque te lo doy a Ti para ellos.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro


- 10ª ESTACIÓN: JESÚS DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Arrancan tus vestiduras, adheridas a Ti por la sangre de tus heridas.
A infinita distancia de tu dolor, yo he sentido, a veces, cómo algo se arrancaba dolorosamente de mí por la pérdida de mis seres queridos. Que yo sepa ofrecerte el recuerdo de las separaciones que me desgarraron, uniéndome a tu pasión y esforzándome en consolar a los que sufren, huyendo de mi propio egoísmo.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro


- 11ª ESTACIÓN: JESÚS CLAVADO EN LA CRUZ

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Señor, que yo disminuya mis limitaciones con mi esfuerzo y así pueda ayudar a mis hermanos. Y que cuando mi esfuerzo no consiga disminuirlas, me esfuerce en ofrecértelas también por ellos.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro.


- 12ª ESTACIÓN: JESÚS MUERE EN LA CRUZ

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Te adoro, mi Señor, muerto en la Cruz por Salvarme. Te adoro y beso tus llagas, las heridas de los clavos, la lanzada del costado... ¡Gracias, Señor, gracias!
Has muerto por salvarme, por salvarnos. Dame responder a tu amor con amor, cumplir tu Voluntad, trabajar por mi salvación, ayudado de tu gracia. Y dame trabajar con ahínco por la salvación de mis hermanos.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro


- 13ª ESTACIÓN: JESÚS EN BRAZOS DE SU MADRE

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Déjame estar a tu lado, Madre, especialmente en estos momentos de tu dolor incomparable. Déjame estar a tu lado. Más te pido: que hoy y siempre me tengas cerca de Ti y te compadezcas de mí.
¡Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía!

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro


- 14ª ESTACIÓN: EL CADÁVER DE JESÚS PUESTO EN EL SEPULCRO

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Todo ha terminado. Pero no: después de la muerte, la Resurrección. Enséñame a ver lo transitorio y pasajero, a la luz de lo que perdura. Y que esa luz ilumine todos mis actos. Así sea.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro


- 15ª ESTACIÓN: JESÚS RESUCITA

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

«¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado» (Lc 24,5-6).

Unas piadosas mujeres fueron al sepulcro de Jesús muy temprano. El anuncio de la resurrección convierte su tristeza en alegría. Jesús está vivo y nosotros vivimos en Él para siempre. La resurrección de Cristo inaugura para la humanidad una renovada primavera de esperanza.
Jesús, enséñame a mantener siempre la esperanza.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.
Padrenuestro


- ORACIÓN FINAL

Te suplico, Señor, que me concedas, por intercesión de tu Madre la Virgen, que cada vez que medite tu Pasión, quede grabado en mí con marca de actualidad constante, lo que Tú has hecho por mí y tus constantes beneficios. Haz, Señor, que me acompañe, durante toda mi vida, un agradecimiento inmenso a tu Bondad. Amén.

Virgen Santísima de los Dolores, mírame cargando la cruz de mi sufrimiento; acompáñame como acompañaste a tu Hijo Jesús en el camino del Calvario; eres mi Madre y te necesito. Ayúdame a sufrir con amor y esperanza para que mi dolor sea dolor redentor que en las manos de Dios se convierta en un gran bien para la salvación de las almas. Amén.

06 marzo 2019

Miércoles de ceniza: Rito y liturgia de la Palabra.



Oración de Bendición de las cenizas

Tú, Señor, amas la vida, no la muerte; quieres nuestra conversión, y no nuestra ruina.
Te rogamos que nos hagas descubrir, bajo las cenizas que el pecado causó en nuestras vidas,  el fuego que sólo tu amor puede encender.

Bendice estas cenizas, que vamos a poner en nuestras cabezas, y que el aliento de tu Espíritu  reavive en nuestros corazones la VIDA NUEVA, que un día esperamos gozar en plenitud,  por tu Hijo Jesucristo resucitado, que contigo y el Espíritu vive y reina por los siglos de los siglos.
Amén.

Liturgia de la Palabra


- Lectura del Profecía de Joel 2, 12 - 18 

Ahora - oráculo del Señor convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto; rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos; y convertíos al Señor vuestro Dios, un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor que se arrepiente del castigo.
¡Quién sabe si cambiará y se arrepentirá dejando tras de sí la bendición, ofrenda y liberación para el Señor, vuestro Dios!

Tocad la trompeta en Sión, proclamad un ayuno santo, convocad a la asamblea, reunid a la gente, santificad a la comunidad, llamad a los ancianos; congregad a muchachos y niños de pecho; salga el esposo de la alcoba, la esposa del tálamo.

Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, servidores del Señor, y digan:
«Ten compasión de tu pueblo, Señor no entregues tu heredad al oprobio, ni a las burlas de los pueblos».
¿Por qué van a decir las gentes: «Dónde está su Dios»?
Entonces se encendió el celo de Dios por su tierra y perdonó a su pueblo.

Palabra de Dios.


- Salmo: 

Misericordia, Señor, hemos pecado

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad en tu presencia. R.

Oh, Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R.


- Lectura de la Segunda Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 5, 20 - 6,2

Hermanos.

Actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.
Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él. Y como cooperadores suyos, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Pues dice: «En el tiempo favorable te escuché, en el día de la salvación te ayudé». Pues mirad: ahora es tiempo favorable, ahora es el día de la salvación.

Palabra de Dios


- Evangelio según San Mateo

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial.

Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará».

Palabra del Señor

Miércoles de ceniza.



La tradición de imponer la ceniza se remonta a la Iglesia primitiva. Por aquel entonces las personas se colocaban la ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad con un “hábito penitencial” para recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo.
La Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos casi 400 años D.C. y a partir del siglo XI, la Iglesia en Roma impone las cenizas al inicio de este tiempo.

“El comienzo de los cuarenta días de penitencia, en el Rito romano, se caracteriza por el austero símbolo de las cenizas, que distingue la Liturgia del Miércoles de Ceniza. Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. 

Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en gran número a recibir la Ceniza, a que capten el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual”.


04 marzo 2019

Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma.


Queridos hermanos y hermanas:

Cada año, a través de la Madre Iglesia, Dios «concede a sus hijos anhelar, con el gozo dehabernos purificado, la solemnidad de la Pascua, para que [...] por la celebración de los misterios que nos dieron nueva vida, lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios» (Prefacio I de Cuaresma). De este modo podemos caminar, de Pascua en Pascua, hacia el cumplimiento de aquellasalvación que ya hemos recibido gracias al misterio pascual de Cristo: «Pues hemos sido salvados en esperanza» (Rm 8,24). Este misterio de salvación, que ya obra en nosotros durante la vida terrena, es un proceso dinámico que incluye también a la historia y a toda la creación. San Pablo llega a decir: «La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios» (Rm 8,19). Desde esta perspectiva querría sugerir algunos puntos de reflexión, que acompañen nuestro camino de conversión en la próxima Cuaresma.

1. La redención de la creación

La celebración del Triduo Pascual de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, culmen del año litúrgico, nos llama una y otra vez a vivir un itinerario de preparación, conscientes de que ser conformes a Cristo (cf. Rm 8,29) es un don inestimable de la misericordia de Dios. Si el hombre vive como hijo de Dios, si vive como persona redimida, que se deja llevar por el Espíritu Santo (cf. Rm 8,14), y sabe reconocer y poner en práctica la ley de Dios, comenzando por la que está inscrita en su corazón y en la naturaleza, beneficia también a la creación, cooperando en su redención. Por esto, la creación —dice san Pablo— desea ardientemente que se manifiesten los hijos de Dios, es decir, que cuantos gozan de la gracia del misterio pascual de Jesús disfruten plenamente de sus frutos, destinados a alcanzar su maduración completa en la redención del mismo cuerpo humano. Cuando la caridad de Cristo transfigura la vida de los santos —espíritu, alma y cuerpo—, estos alaban a Dios y, con la oración, la contemplación y el arte hacen partícipes de ello también a las criaturas, como demuestra de forma admirable el “Cántico del hermano sol” de san Francisco de Asís (cf. Enc. Laudato si’, 87). Sin embargo, en este mundo la armonía generada por la redención está amenazada, hoy y siempre, por la fuerza negativa del pecado y de la muerte.

2. La fuerza destructiva del pecado

Efectivamente, cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas —y también hacia nosotros mismos—, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca. Entonces, domina la intemperancia y eso lleva a un estilo de vida que viola los límites que nuestra condición humana y la naturaleza nos piden respetar, y se siguen los deseos incontrolados que en el libro de la Sabiduría se atribuyen a los impíos, o sea a quienes no tienen a Dios como punto de referencia de sus acciones, ni una esperanza para el futuro (cf. 2,1-11). Si no anhelamos continuamente la Pascua, si no vivimos en el horizonte de la Resurrección, está claro que la lógica del todo y ya, del tener cada vez más acaba por imponerse. Como sabemos, la causa de todo mal es el pecado, que desde su aparición entre los hombres interrumpió la comunión con Dios, con los demás y con la creación, a la cual estamos vinculadosante todo mediante nuestro cuerpo. El hecho de que se haya roto la comunión con Dios, también ha dañado la relación armoniosa de los seres humanos con el ambiente en el que están llamados a vivir, de manera que el jardín se ha transformado en un desierto (cf. Gn 3,17-18). Se trata del pecado que lleva al hombre a considerarse el dios de la creación, a sentirse su dueño absoluto ya no usarla para el fin deseado por el Creador, sino para su propio interés, en detrimento de las criaturas y de los demás. Cuando se abandona la ley de Dios, la ley del amor, acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más débil. El pecado que anida en el corazón del hombre (cf. Mc 7,20-23) —y se manifiesta como avidez, afán por un bienestar desmedido, desinterés por el bien de los demás y a menudo también por el propio— lleva a la explotación de la creación, de las personas y del medio ambiente, según la codicia insaciable que considera todo deseo como un derecho y que antes o después acabará por destruir incluso a quien vive bajo su dominio.

3. La fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón

Por esto, la creación tiene la irrefrenable necesidad de que se manifiesten los hijos de Dios,
aquellos que se han convertido en una “nueva creación”: «Si alguno está en Cristo, es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo» (2 Co 5,17). En efecto, manifestándose, también la creación puede “celebrar la Pascua”: abrirse a los cielos nuevos y a la tierra nueva (cf. Ap 21,1). Y el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual. Esta “impaciencia”, esta expectación de la creación encontrará cumplimiento cuando se manifiesten los hijos de Dios, es decir cuando los cristianos y todos los hombres emprendan con decisión el “trabajo” que supone la conversión. Toda la creación está llamada a salir, junto con nosotros, «de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21). La Cuaresma es signo sacramental de esta conversión, es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular, mediante el ayuno, la oración y la limosna. Ayunar, o sea aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y con las criaturas: de la tentación de “devorarlo” todo, para saciar nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vacío de nuestro corazón. Orar para saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia. Dar limosna para salir de la necedad de vivir y acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que así nos aseguramos un futuro que no nos pertenece. Y volver a encontrar así la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir amarle, amar anuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera felicidad. 

Queridos hermanos y hermanas, la “Cuaresma” del Hijo de Dios fue un entrar en el desierto de la creación para hacer que volviese a ser aquel jardín de la comunión con Dios que era antes del pecado original (cf. Mc 1,12-13; Is 51,3). Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese mismo camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación, que «será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21). No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. 
Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación.

03 marzo 2019

Reflexión.


Las lecturas de este domingo, nos dan un toque atención de como actuamos verbalmente sobre los demás. En la primera lectura del Eclesiástico nos advierte que tengamos cuidado con elogiar a las personas antes que las escuchemos. Dice un refrán "que cuando habla la boca, sube el pan", y es que a veces nuestra boca bendice pero nuestro corazón está fuera de juego. Decimos muchas palabras bonitas para que todos nos tengan en consideración, nos tengan estima, y todo se queda en apariencia...

Pablo, en la segunda lectura a los Corintios, nos recuerda que la muerte no tiene la última palabra. Que la última palabra la tiene Cristo Resucitado. Porque nuestra fe, es una fe que se cimienta sobre la resurrección. La muerte no tiene la última palabra (repito) la tiene Cristo que ha resucitado para darnos VIDA.

Lucas, hoy pone el énfasis de que tengamos cuidado con juzgar a los demás.
¡Cuántas veces hablamos de los demás con juicio severo...! Y el problema, es que muchas veces, hablamos más teniendo nosotros que callar. Nos gusta ser carne de cañón para con los demás, y que nos gusta después que con nosotros nos traten diferentes a como nosotros lo hacemos.
Jesús hoy nos pide PRECAUCIÓN. Vamos por la vida tratando a los demás como si nosotros fuéramos los mejores, y la prudencia, es un don que pocas personas tienen y sobre todo la ponen en práctica.


Evangelio. Domingo VIII del Tiempo Ordinario.



Según San Lucas 6, 39 - 45.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: «¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo por encima del maestro. Todo discípulo que esté bien formado, será como su maestro. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: ‘Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo’, no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano».

»Porque no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca lo bueno, y el malo, del malo saca lo malo. Porque de lo que rebosa el corazón habla su boca».