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12 enero 2016

Las obras de misericordia son el corazón de nuestra fe.


Es necesario estar atentos ante la mundanidad y ante aquellos espíritus que nos alejan de Dios, que se ha hecho carne por nosotros:

“Permanecer en Dios”, es un poco el alcance y el estilo de la vida cristiana.
Un cristiano “es el que permanece en Dios”, el que tiene en sí al Espíritu Santo y se deja guiar por Él. Al mismo tiempo el Apóstol pone en guardia al hecho de dar fe a todo espíritu. De modo que es necesario poner “a prueba a los espíritus, para comprender si provienen, verdaderamente, de Dios.

¿Pero qué quiere decir entonces poner a prueba a los espíritus? No se trata de fantasmas. Sino que se trata de probar, ver qué sucede en mi corazón, cuál es la raíz de lo que estoy sintiendo ahora, y de dónde viene. Esto es poner a prueba, para saber si lo que siento viene de Dios o viene de otro, del anticristo.

Discernir lo que sucede en nuestra alma

La mundanidad es precisamente el espíritu que nos aleja del Espíritu de Dios, que nos hace permanecer en el Señor. Por tanto ¿cuál es el criterio para hacer un discernimiento correcto acerca de lo que sucede en mi alma?. El Apóstol Juan da uno solo: Todo espíritu que reconoce a Jesucristo que vino en la carne, es de Dios, y todo espíritu que no reconoce a Jesús, no es de Dios:

El criterio es la Encarnación. Yo puedo sentir tantas cosas dentro, incluso cosas buenas, ideas buenas. Pero si estas ideas buenas, estos sentimientos, no me conducen a Dios que se ha hecho carne, no me conducen al prójimo, al hermano, no son de Dios. Por esta razón, Juan comienza este pasaje de su Carta diciendo: Este es el mandamiento de Dios: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos recíprocamente.

Las obras de misericordia están en el centro de nuestra fe

Podemos hacer tantos planes pastorales e imaginar nuevos métodos para acercarnos a la gente, pero si no seguimos el camino de Dios que vino en la carne, del Hijo de Dios que se ha hecho hombre para caminar con nosotros, no estamos en el camino del buen espíritu: es el anticristo, es la mundanidad, es el espíritu del mundo:

¡Cuánta gente encontramos en la vida que parece espiritual!: Pero, ¡qué persona espiritual, ésta!; pero no hables de hacer obras de misericordia. ¿Por qué? Porque las obras de misericordia son precisamente lo concreto de nuestra confesión, que el Hijo de Dios se ha hecho carne: visitar a los enfermos, dar de comer a quien no tiene comida, cuidar a los descartados… Obras de misericordia: ¿por qué? Porque cada hermano nuestro, que debemos amar, es carne de Cristo. Dios se ha hecho carne para identificarse con nosotros. Y con el que sufre, es Cristo quien lo sufre.

Si el espíritu viene de Dios me lleva al servicio a los demás

No dar fe a todo espíritu y estar atentos, poner a prueba a los espíritus para saber si provienen verdaderamente de Dios. El servicio al prójimo, al hermano, a la hermana que tiene necesidad, que tiene necesidad incluso de un consejo, que tiene necesidad de ser escuchado, estos son los signos de que vamos por el camino del buen espíritu, es decir, el camino del Verbo de Dios que se ha hecho carne:

Pidamos al Señor hoy la gracia de conocer bien qué cosa sucede en nuestro corazón, qué cosa nos gusta hacer, es decir, lo que a mí me toca más: si el espíritu de Dios, que me lleva al servicio de los demás, o el espíritu del mundo que gira en torno a mí mismo, a mis cerrazones, a mis egoísmos, a tantas otras cosas… Pidamos la gracia de conocer qué cosa sucede en nuestro corazón.


(Homilía del Papa Francisco en Santa Marta, 7-1-2016)

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