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25 enero 2016

Hoy conocemos la vida de "Madre Mariana" fundadora de las Hermanas Trinitarias de Madrid.


Mariana Allsopp González Manrique nace el 24 de noviembre de 1854, en Tepic, México.

Sor Mariana de la Santísima Trinidad, fue elegida por Dios para colaborar con él en su misión redentora y liberadora. Fundó junto al Padre Méndez el Instituto de Hermanas Trinitarias para que se dedicara a la acogida, liberación y promoción de la juventud más necesitada. Ella es en la Iglesia, y para cuantos llegan a conocerla, como “un faro que en medio del mar hace comprender al navegante su ruta” (Madre Mariana, Cartas)

En la vida de Sor Mariana, desde su niñez hasta su vocación definitiva, encontramos episodios reveladores de su gran destino; también encontramos abundantes ejemplos de una capacidad intuitiva que la presentaban por encima de las habituales preocupaciones de la gente de su tiempo. Todos los que con ella se relacionaban quedaban admirados de sus hechos y dichos que parecían dictados directamente por Dios. De ahí su serena sonrisa y bondadosa mirada, con la que cautivaba lo mismo a gente sencilla que a gente culta.

María Ana Allsopp nace el día 24 de Noviembre de 1854, en la ciudad de Tepic (México) donde su padre ejercía la carrera diplomática. Es la segunda de cinco hermanos, que crecen felices rodeados del amor de sus padres y de una educación cristiana impregnada de alegría y confianza. Pero un suceso inesperado abre un nuevo cauce a su vida: cuando sólo tiene ocho años muere su madre: Poco después tiene que abandonar la tierra que la vio nacer.
Su padre, don Juan Allsopp, decide que María Ana y sus cuatro hermanos se trasladen a Madrid donde podrán recibir una educación esmerada junto a la familia de su madre. Comienza entonces una nueva etapa en su vida.

La separación de su padre y de su tierra dejan en María Ana una huella importante. Pero los años siguientes, hasta su juventud, van a transcurrir en un hogar feliz. Mariama recuerda con cariño hermosos episodios de su adolescencia y juventud vividos en “la casa de la alegría” con sus hermanos, sus primos, su abuela y sus tíos.
Por los cargos que desempeñaba su padre, y el lugar que en Madrid ocupa la familia de su madre a los 21 años es presentada en Palacio una vez restaurada la Monarquía. A partir de entonces acude a las fiestas de la alta sociedad con naturalidad y gran desapego. Es simpática, risueña y sobre todo muy personal.
Tenía muchas amigas, pero una de ellas fue muy especial: María, la Virgen Madre, Maestra y AMIGA
En su infancia la adopta como Madre, en su juventud la siente también como amiga, y en su madurez acude a ella como Maestra y guía de su alma. A ella le confió siempre sus más íntimos deseos.

La vida de María Ana va a tomar una dirección irreversible cuando descubre en su corazón el mayor don con el que fue agraciada su alma: el Amor del Señor. Un amor incondicional, que no conoce posiciones, que no juzga ni condena, que perdona siempre, que en todo momento busca darse. Siente que el Amor de Jesús no tiene frontera, que une y jamás separa, que acoge siempre, y tiene predilección por los que este mundo rechaza.
De él se enamora apasionadamente. Y desde entonces sólo busca saber dónde y cómo vivir para Él.

Ese amor tan exquisito siente que empieza a realizarse de una manera plena en la caridad para con los más pobres y marginados. Con ellos se encuentra de una forma asidua en las Escuelas Dominicales y el Hospital de San Juan de Dios de Madrid.

Es así como conoce el submundo de la corte de Madrid. En las escuelas dominicales, se encontraba con obreras, pobres, mendigas y muchas que aún tenían la esperanza de lograr un futuro digno. En el hospital de San Juan de Dios, eran mujeres, muchas de ellas aún muy jovencitas, que ejercieron la prostitución por necesidad la mayoría de las veces, y ahora sentían que ya ni para eso servían. Con frecuencia habían sido engañadas, y otras veces obligadas por su condición de pobres y tantas circunstancias injustas. Con sus vidas rotas y sin esperanza desahogaban sus almas buscando un poco de consuelo.
A estas mujeres entregaba María Ana lo mejor de su juventud, arrastrando con su ejemplo, a otras amigas suyas.

(www.hermanastrinitarias.net)

(Continuará..)

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