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10 diciembre 2017

Reflexión. Domingo II de Adviento.


¡Feliz Domingo!

Son muchas las veces que la Iglesia, nuestra madre, nos propone volver a Jesús.
Volver a ese Jesús, del que hablan los Evangelios, el que hizo del Reino de Dios la causa y centro de su vida. Hacer posible que en la vida comunitaria y personal, el centro sea él.

El Señor Jesús, a quien esperamos en este Adviento y que viene a traernos fuerzas para nuestras debilidades, alegría en nuestras tristezas y esperanza que tantas veces perdemos…

Este mensaje es el que Juan el Bautista nos viene a decir hoy en este II Domingo de Adviento.
Que vayamos preparando el camino, que encendamos nuestra vida como una vela, con el fuego de la esperanza. Porque no hay nadie más grande que Jesucristo.
Preparemos nuestra vida para recibir al Señor como se merece. Dejemos a un lado todo lo que nos impide ver el Amor de Dios en nuestro prójimo y en lo personal.

En La Primera Lectura del Profeta Isaías

Se caracteriza por su tono positivo y su mensaje de esperanza.
El pueblo todavía estaba en el destierro, pero ya se ve la caída de Babilonia y el fin de la cautividad. EL profeta, anuncia el final de castigo y exhorta al pueblo a que preparen del camino al Señor, porque está al venir. No hay tiempo que perder.
El Señor es quien guía a su pueblo, no les abandona, y por eso dice ¡“Consolad a mi pueblo”!
porque a pesar de estar pasando una mala época, el Señor es quien nos calma y llena nuestro vacío. Por eso, la consolación libera.

En la Lectura de la Segunda Carta del Apóstol San Pedro

Nos recuerda que el Señor llegará como un ladrón.
Cuando menos lo esperemos, y tenemos que estar preparados porque es fiel a sus promesas.
Pedro, hace como un “Testamento Pastoral”. Reúne a los suyos para darles por llamarlo con palabras populares, las últimas recomendaciones, para que se mantengan firmes y unidos a pesar de los peligros internos que la comunidad tenía en ese momento.
Los cristianos estamos llamados a vivir en santidad para aligerar la venida del Señor.
Donde será una transformación: “Un cielo nuevo y una tierra nueva”.

En el Evangelio de Marcos

Nos presenta otro “personaje” clave de este Tiempo de Adviento, y que ya mencioné arriba: Juan Bautista. Es el profeta de la esperanza cristiana, el encargado de preparar el camino al Señor. Y, lo hace de una manera particular, mediante un gesto: el Bautismo llamado de “conversión”.
Juan predicaba para que el pueblo se convirtiera y se bautizara. Tuvo mucho éxito, era muy conocido en su tiempo, pero, reconocía sus propios límites y dejaba claro que él no era el Mesías. Era consciente de que su papel, era limitado.
Su misión era anunciar la venida del Mesías y que su Bautismo no se hará con agua ritual (como el Bautista hacía) sino que será con la realidad divina del Espíritu Santo.

Que la Virgen María nos ayude en nuestro día a día para que caigamos en la consciencia que el Adviento es un tiempo de interiorización para que, como el Bautista, seamos capaces de reconocer nuestras limitaciones y allanemos el camino para cuando venga el Mesías.
Que así sea.


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