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11 octubre 2018

Onomástica de Santa Soledad Torres Acosta.


El día 2 de Diciembre de 1826 en el hogar de Manuel y Antonia, en la C/ de la Flor Baja - hoy Gran Vía - de Madrid, nació una niña  que el 4  de    Diciembre de 1826, en la Parroquia de San Martín  de   Madrid fue Bautizada y se le pusieron tres nombres: Bibiana, Antonia y Manuela. Tres nombres que hoy pocos recuerdan. Porque esa niña hoy lleva  otro  nombre.  Un nombre propio, con el que es conocida  oficialmente por   la Iglesia. Es un nombre  evocador, que   encierra    toda  una vocación, que es una verdadera profecía y que revela la misión providencial que ella va a cumplir en la Iglesia: María Soledad.
Un nombre que es la condensación y la síntesis de su Carisma, de su espíritu y de la misión que ella y el Instituto por ella fundado están llamadas a realizar.

El 15 de Agosto de 1851 al ser admitida por el Cura  Párroco de Chamberí D. Miguel Martínez y Sanz  para  completar el  número   de siete  con  las que quiere  iniciar el  Instituto de Siervas de María, MANOLITA  cambiará su nombre por el de:

María Soledad. Un nombre que evoca un rico contenido, que traduce una experiencia y que cumple un sentido. Fue elegido por ella, pero impulsado por el Espíritu Santo.

A los cinco años - nos cuentan - una pequeña travesura de niña le ocasionó un castigo por parte de su madre: El castigo de rezar tres Avemarías a la Stma. Virgen de los Dolores, que ella va a rezar todos los días y que más tarde va a convertir en siete, precisamente en recuerdo de los Siete Dolores de la Virgen.

Mª Soledad. se va identificando cada vez más con la Virgen en este misterio de tal forma que llegará a tener los mismos sentimientos de MARÍA y a traducir frente a los demás su mismo amor maternal.

Mª Soledad era de complexión débil, enfermiza, escasa de fuerzas; al mismo tiempo, tenía una gran energía de temperamento y de carácter. Desarrollaba una asombrosa vitalidad, siempre destacando en la humildad, fe y caridad. ELLA  quedó sola con la nave del INSTITUTO a punto de hundirse, pues hasta el mismo D. Miguel emprendió otra "empresa" y sólo una mujer con el temple de M. Soledad, mujer entregada a la configuración con CRISTO Doliente, atenta a su mirada y con el apoyo y sostén de las muchas horas de oración junto al SAGRARIO, fue capaz de llevar a cabo la obra de Dios. Llevó  el timón de la CONGREGACIÓN de SIERVAS DE MARÍA, desde 1856 hasta 1887 fecha de su muerte.

Treinta y un años encarnando y personificando el Carisma: "Estuve enfermos y me visitasteis....lo que hicisteis a uno de estos mis hermanos a  Mí me lo hicisteis" (Mt. 25,26), el don de la gracia, que el Espíritu Santo había suscitado en la Iglesia y convirtiéndose por la misma fuerza del Espíritu Santo, en Maestra, Madre y Fundadora de las Siervas de María.

Un autor escribe: "Contemplamos a Mª Soledad, como una presencia visible o casi como una "encarnación" de María en el misterio de su amor misericordioso, de su ternura infinita, de su amor maternal, precisamente hacia los hijos más necesitados: Hacia los enfermos. Mª Soledad pequeña de estatura, gigante de espíritu. A través del Instituto de las Siervas de María, se convierte para la Iglesia en presencia continuadora del Cristo sufriente que quiere proyectarse en el amor a los otros cristos que sufren en la tierra".

Santa María Soledad es, pues, una vida que deja huella… su biografía nos presenta una interesante panorámica de cómo es posible encarnar LA CIVILIZACIÓN DEL AMOR superando el mal a fuerza de hacer el bien a todos, “llevando la sonrisa en los labios y la humildad en el corazón”. En su perfil hay algo de sobrehumano, de sencillamente divino, es como el reflejo de Jesús manso y humilde de corazón, como si la misericordia y la amistad de Dios llenaran su vida y desbordaran en su trato.

En ella podemos encontrar todos los matices descritos por San Pablo en el Himno a la caridad (I Cor13). Supo decir con hechos que es posible ser paciente y vivir en paz. Ser pacífica y sembrar paz.  Ser feliz  entre  las  Hermanas que  tenía  a   su  lado  y procurando  suavizarles  la vida. Supo, en  definitiva, ser  un testimonio vivo de Cristo.

El día 11 de Octubre de 1887 a    los 61   años de edad, M. Soledad se dormía en el amor de Dios, en el regazo del Padre, dejándonos a todas sus Hijas como testamento el mensaje de JESÚS: " Que tengáis Paz y Unión".

El día 5 de febrero de 1950, es elevada a los altares por SS. Pío XII,  declarándola Beata.

Es Canonizada por SS. Pablo VI el 25 de Enero de 1970. La Iglesia fija su fiesta para el día 11 de Octubre.

La Mujer que toda su vida destacó por su poca apariencia y mucha humildad, la Iglesia en la persona del Papa, Juan Pablo II ha bendecido su imagen y ha sido colocado en la "Logias" Vaticanas de la Plaza de San Pedro, pudiéndola contemplar junto a otros muchos santos y Fundadores.

 Con M. Soledad una vez más se cumplen las Palabras de Cristo: El que se humilla será ensalzado.  Cual humilde violeta, abismada en su poquedad, M. Soledad  se oculta y exhala el olor de su perfume  en el Instituto a través de sus Hijas.

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