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24 octubre 2018

Crónica de la Beatificación del Padre Arnáiz.




Amenazaban las lluvias un día radiante para la Diócesis de Málaga que celebró con gozo la Beatificación del muy querido y venerado Padre Arnáiz, vallisoletano de nacimiento pero malagueño de misión.

El pasado sábado, 20 de octubre, la muy noble, leal y hospitalaria Ciudad de Málaga amaneció más pronto, vistió sus galas y, paraguas en mano, se echó a las calles mojadas para no perderse el acontecimiento eclesial más trascendental de la diócesis malacitana en los últimos años.

La “Manquita”, como popularmente llamamos los malagueños a nuestra Catedral de la Encarnación, se quedó pequeña para albergar a los miles de devotos y fieles llegados desde diversos puntos de España, otros tantos seguían la celebración a pie de calle en las pantallas preparadas para la ocasión. La ornamentación de la iglesia principal de la Diócesis era primorosa, las guirnaldas de flores blancas y amarillas rodeaban todo el presbiterio.

El Cardenal Giovanni Angelo Becciu, Prefecto de la Congregación de la Causa de los Santos, presidió la solemne Misa en nombre del Santo Padre el Papa Francisco, y concelebraron con él, el Nuncio apostólico de Su Santidad en España, Renzo Fratinni, el Cardenal Mons. Fernando Sebastián, el arzobispo de Granada, los obispos de Málaga, Segorbe-Castellón, Valladolid, Madrid, Cuenca, Almería, Sevilla, Jaén, Cádiz-Ceuta, Asidonia-Jerez, Córdoba, y ciento setenta sacerdotes diocesanos y de distintas congregaciones que no quisimos perdernos esta gran fiesta, triunfo del amor del Corazón de Cristo, pues “el loco de Jesús”, como cariñosamente llamamos al Padre Arnáiz, ha sido elevado a los altares como Beato de la Santa Madre Iglesia.

En la monición de entrada a la Eucaristía escuchábamos las palabras proféticas de otro gran enamorado del Corazón Eucarístico de Jesús, San Manuel González; palabras que dirigió a todos los asistentes durante el entierro del tan amado sacerdote jesuita el 19 de julio de 1926: «Yo espero que la Iglesia hablará algún día y dirá a los hombres cuáles han sido las virtudes del Padre Arnáiz. […] Que el mundo no se ha de salvar con discursos, ni combinaciones políticas sino con santos y sólo con santos.» Y he aquí el testimonio de un hombre de Dios para la sociedad malagueña del siglo XX. Su vida entregada generosamente en favor de los pobres y de la Iglesia nos llena de esperanza y confianza para afrontar este tercer milenio. Como decía otro gran santo canonizado hace escasos días: «El mundo está más necesitado de testigos que de maestros» (San Pablo VI). El Padre Arnáiz se nos presenta hoy como modelo de vida cristiana, pues su testimonio nos enseña a buscar no nuestros intereses sino los de Jesucristo.

Tras el acto penitencial, el Obispo de Málaga, Jesús Catalá, junto a la Postuladora de la Causa Silvia Correale y el Padre Luque SJ (Vicepostulador), se acercaron al representante del Santo Padre para solicitar la inscripción en el Libro de los Beatos al Venerable Siervo de Dios Padre Tiburcio Arnáiz Muñoz. A continuación, la Postuladora leyó una breve reseña biográfica del Siervo de Dios y en torno a las once y media de la mañana el Cardenal Becciu daba lectura a la Carta Apostólica en latín por la cual el Papa Francisco otorga que «pueda ser llamado beato y se pueda celebrar su fiesta en los lugares, y según las normas establecidas por el derecho, el día 18 de julio de cada año, día de su nacimiento para el cielo.» Después de escucharla en español, se descubrió la gigantogradía, con una hermosa imagen del Padre Arnáiz, obra del magnífico artista malagueño Raúl Berzosa. En ese momento un gran aplauso dejó de respetar el silencio de una celebración tan exquisitamente preparada por el Delegado Diocesano de Liturgia, Alejandro Pérez Verdugo.

El Coro formado para la Beatificación, acompañado por la Orquesta Sinfónica de Málaga y las Escolanías San Estanislao y Pueri Jesús Nazareno de Almogía entonaron un hermoso Aleluya y las campanas de la Catedral y de todas las iglesias de Málaga y su provincia se escucharon repicar en este momento.

Por la vía sacra de la Catedral, la Directora General de las Misioneras de las Doctrinas Rurales portaba las reliquias del nuevo Beato, relicario cuya efigie nos recuerda la fachada de la Iglesia del Sagrado Corazón de la capital malagueña; ya en el presbítero, a los pies del tabernáculo, fueron incensadas por el Cardenal Prefecto. Para concluir el rito de Beatificación el Obispo malacitano dio gracias al Santo Padre, en la persona del Cardenal, por haber proclamado Beato al Padre Arnáiz y la Misa continuó, como es costumbre, con mucha solemnidad con el canto del Gloria, la oración colecta, las lecturas y el canto del Evangelio.

Me gustaría destacar algún fragmento de la homilía del Cardenal Becciu donde destaca las virtudes heroicas del venerado sacerdote jesuita: «El beato Tiburcio Arnáiz Muñoz, con el intenso sabor de su fiel testimonio del Evangelio hasta el heroísmo, supo impregnar de la doctrina de Cristo el ambiente en el que vivió, contribuyendo así a la misión de la Iglesia en el mundo. Con su vida, marcada por las buenas obras, nos ofrece un claro ejemplo de fe sincera y profunda, enriquecida por el sentido de la presencia de Dios y por la disposición a conformar su existencia con la voluntad divina. […] Su vivaz y cálida predicación se convirtió en un motivo decisivo para la conversión de muchos, especialmente durante las misiones populares, a través de las cuales llevaba a cabo una intensa y fructífera evangelización y promoción social.»

El Prefecto señaló la unidad de la fe y las obras en el Beato, que la Iglesia nos propone como modelo de vida en santidad. Todos los cristianos estamos llamados a predicar con nuestra vida, cada uno desde la vocación propia, la presencia y el amor de Dios a nuestros contemporáneos. Y prosigue: «Él fue un pastor según el corazón de Cristo y un misionero de la fe y de la caridad. Fue el típico ejemplo del “pastor con olor a oveja”, como hoy diría el Papa Francisco. Fue un intrépido heraldo del Evangelio, especialmente entre los más humildes y olvidados de los llamados “corralones”, los barrios más pobres y también más hostiles a la Iglesia de Málaga, consumiendo su vida por el prójimo, sostenido por un gran amor a Dios. […]  ¡Cuánta necesidad hay, en nuestros días, de abrir el corazón a las necesidades espirituales y materiales de tantos hermanos nuestros, quienes esperan de nosotros palabras de fe, de consuelo y de esperanza, así como gestos de atenta acogida y de generosa solidaridad!»

La fama de santidad siempre acompañó al Padre Arnáiz, por eso la Iglesia reconoce esa santidad con la celebración de esta Beatificación, el Cardenal Becciu concluyó su homilía afirmando: «El nuevo Beato representa para la Iglesia de hoy un modelo que estimula a vivir de Cristo, al tiempo que para toda la sociedad supone una antorcha capaz de iluminar la historia de nuestros tiempos. Que su ejemplo nos acompañe y su intercesión nos sostenga.»

Después del canto del Credo, para la oración de los fieles participaron auxiliares de las Misioneras de las Doctrinas Rurales, miembros del Patronato del Padre Arnáiz y de la Comisión pro Beatificación, voluntarios y miembros del Teologado de la Compañía de Jesús, mientras que las ofrendas fueron llevadas al altar por el malagueño Manuel Antonio Lucena y su familia, el cual sufrió un infarto de miocardio en 1994 que le dejó sin oxígeno más de diez minutos, dicha curación sin ninguna secuela se atribuye a la intercesión del Padre Arnáiz. Ello produjo extrañeza en el equipo de cardiología y es éste el milagro que ha llevado a los altares al Reverendo Padre Tiburcio Arnáiz.

Al final de liturgia eucarística más de cien sacerdotes concelebrantes salieron de la Catedral acompañados por voluntarios con sombrillas blancas para dar la Comunión a los numerosos fieles congregados en las calles de Málaga.

Tal como deja constancia la Directora General de las Misioneras de las Doctrinas Rurales en el agradecimiento después de la oración de poscomunión cabe destacar el trabajo de los medios de comunicación, muy especialmente la Delegación Diocesana de Málaga y de tantos voluntarios. Nadie se quedó atrás en esas letras llenas de gratitud a todos los colaboradores y bienhechores que han hecho posible esta Beatificación.

Al final de la Eucaristía, tras el canto de la Salve Regina, entonamos el Himno al Beato Padre Arnáiz realizado por el joven compositor y coordinador del Coro, Juan Manuel Montiel.

Quiero terminar esta crónica de la Beatificación del Padre Arnáiz con el Tweet que el Papa Francisco compartía el 22 de octubre, fiesta litúrgica de San Juan Pablo II, cumpliéndose el segundo año de mi ordenación diaconal: «¡Qué la compañía de los santos nos ayude a reconocer que Dios nunca nos abandona, para que podamos vivir y testimoniar la esperanza en esta tierra!» ¡Qué seamos otros Padre Arnáiz! ¡Qué seamos testigos del amor de Dios! ¡Qué seamos evangelizadores con nuestras palabras y nuestros hechos al estilo del Beato Padre Tiburcio Arnáiz. Muñoz!

Rvdo. Miguel Chacón Vílchez, Sacerdote diocesano malagueño


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