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05 marzo 2018

Cuidado con saberse los “dogmas de la Iglesia” pero luego no actuar con “espíritu cristiano”.


Se puede recitar todo el Credo, también todos los dogmas de la Iglesia pero si no se hace con el espíritu cristiano, no sirve de nada.

Al reflexionar sobre la primera lectura de la liturgia de hoy y sobre el Evangelio de San Lucas, Jesús explica que ningún profeta es bien aceptado en su tierra. Esto nos lleva a una verdadera  conversión a la que la Cuaresma nos invita especialmente.

La Iglesia nos dice que nuestras obras deben convertirse, y nos habla del ayuno, de la limosna, de la penitencia: es una conversión de las obras. Hacer obras nuevas, obras con el estilo cristiano, ese estilo que viene de las Bienaventuranzas.

Pero también la Iglesia nos habla de la conversión de los sentimientos: también los sentimientos deben convertirse. Pensemos por ejemplo en la Palabra del Buen Samaritano: convertirse a la compasión. Sentimientos cristianos. Conversión de las obras, conversión de los sentimientos; pero, hoy, nos habla de la ‘conversión del pensamiento’: no de lo que pensamos, sino de cómo pensamos, del estilo de pensamiento.

¿Yo pienso con un estilo cristiano o con un estilo pagano?
Este es el mensaje que hoy la Iglesia nos da.

El ejemplo lo tenemos en Jesús, cuando volvió a Nazaret y entró en la Sinagoga.
La gente lo observaba, estaba sorprendida, estaba contenta.

Sin embargo, “nunca falta un ‘criticón’, y uno comenzó a decir: ‘Pero este es el hijo del carpintero, ¿qué nos enseña?, ¿en qué universidad ha estudiado esto?’.
‘Sí, es el hijo de José’.
Y empezaron a intercambiar opiniones, y cambia la actitud de la gente, y quieren matarlo. De la admiración, del estupor, al querer matarlo.

También estos querían espectáculo. ‘¡Qué haga milagros, eso que dicen que ha hecho en Galilea, porque si no, no creeremos!’. Y Jesús explica que ningún profeta es bien acogido en su tierra.

Nosotros nos resistimos a que alguno de nosotros pueda corregirnos.
Debe venir uno con el espectáculo, a corregirnos. Y la religión no es un espectáculo. La fe no es un espectáculo: es la Palabra de Dios y el Espíritu Santo que actúa en los corazones”.

La conversión del pensamiento. No es habitual que nosotros pensemos de este modo. No es habitual. También el modo de pensar, el modo de creer, puede convertirse. Podemos hacer la pregunta:
¿Con qué espíritu pienso?. ¿Con el espíritu del Señor o con el Espíritu propio, el espíritu de la comunidad a la cual pertenezco o del grupito o de la clase social a la que pertenezco, o del partido político al cual pertenezco? ¿Con qué espíritu pienso?.

Y buscar si yo pienso de verdad con en el espíritu de Dios.
Y pedir la gracia de discernir cuando pienso con el espíritu del mundo, y cuando pienso con el Espíritu de Dios. Y pedir la gracia de la conversión del pensamiento.


Homilía. Papa Francisco en Santa Marta. 05-3-2018.

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