Buscar en este blog

19 julio 2018

Características del “estilo del misionero”.


Un bautizado que no siente la necesidad de evangelizar no es un buen cristiano.

Como en el pasaje del Evangélico, Jesús envía a sus discípulos de dos en dos, “después de haberlos llamado por su nombre” y de que fueran testigos de sus palabras y curaciones.
Es una especie de ‘entrenamiento’ de lo que serán llamados a hacer después de la Resurrección del Señor con el poder del Espíritu Santo.

En ese sentido, se detiene sobre los estilos del misionero, que podemos resumir en dos puntos: la misión tiene un centro, la misión tiene un rostro.

El primero, es que el discípulo misionero “tiene antes que todo un centro de referencia que es la persona de Jesús, es decir que el trabajo de los doce tiene un centro de irradiación que es reproducir a los demás “la presencia y la obra de Jesús en su acción misionera”.

Esto muestra cómo los Apóstoles no tienen nada propio que anunciar, ni propia capacidad de demostrar, sino que hablan y actúan como ‘enviados’, como mensajeros de Jesús.

El episodio concierne también a los cristianos de hoy, “no solo a los sacerdotes, sino a todos los bautizados, llamados a testimoniar en los varios ambientes de su vida el Evangelio de Cristo”.

También para nosotros esta misión es auténtica solo a partir de su centro inmutable que es Jesús. No es una iniciativa de cada creyente ni de los grupos y menos de las grandes agrupaciones, sino que es la misión de la Iglesia inseparablemente unida a su Señor.

Ningún cristiano anuncia el Evangelio ‘por cuenta propia’, sino solo enviado por la Iglesia que ha recibido el mandato del mismo Cristo. Es el bautismo que nos hace misioneros. Un bautizado que no siente la necesidad de anunciar el Evangelio, de anunciar a Jesús, no es un buen cristiano.

La segunda característica del estilo del misionero es, por así decir, un rostro, que consiste en la pobreza de los medios.

El equipaje del misionero responde a un criterio de sobriedad. Los doce, de hecho, tienen la orden de ‘no tomar para el viaje nada más que un bastón: ni panes, ni bolsa, ni dinero en la cintura’.
El Maestro los quiere libres y ligeros, sin apoyos y sin favores, seguros solo del amor de Él que los envía, fuertes solo de su palabra que van a anunciar.

El bastón y las sandalias son las dotaciones de los peregrinos, porque son mensajeros del reino de Dios, no administradores omnipotentes, funcionarios inamovibles.

En ese sentido, os invito a pensar en los santos que “no eran funcionarios ni empresarios, sino humildes trabajadores del Reino".

Ellos, “tenían este rostro. Y a este ‘rostro’ pertenece también el modo en el cual viene acogido el mensaje: puede de hecho suceder que no sea acogido o escuchado. También esto es pobreza: la experiencia del fracaso”.

La historia de Jesús, que fue rechazado y crucificado, prefigura el destino de su mensajero. Y solo si estamos unidos a Él, muertos y resucitados, podemos encontrar el coraje de la evangelización.

Que “La Virgen María, primera discípula y misionera de la Palabra de Dios, nos ayude a llevar al mundo el mensaje del Evangelio en una exaltación humilde y radiante, más allá de cualquier rechazo, incomprensión o tribulación”.


(Papa Francisco. Roma 15-07-2018)

No hay comentarios:

Publicar un comentario