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16 junio 2018

La prostitución y la explotación de las mujeres.


Alzo la voz contra la prostitución y la explotación de las mujeres, contra la filosofía del descarte que las considera personas de segunda clase y las pisotea por ser mujeres.

Reflexiono sobre las palabras de Cristo en el Evangelio del día: “Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón”, y “todo el que repudia a su mujer la hace ser adúltera”.

Con estas palabras, Jesús cambió la historia, porque hasta aquel momento, la mujer era de segunda clase, era como una esclava y no tenía plena libertad.

La doctrina de Jesús sobre la mujer cambia la historia. Una cosa es la visión de la mujer antes de Jesús, y otra después de Jesús. Jesús dignifica a la mujer y la sitúa al mismo nivel que el hombre, porque toma aquella primera palabra del Creador cuando dice que los dos son ‘imagen y semejanza de Dios’, los dos; no primero el hombre y luego, un poco más abajo, la mujer. No: los dos. Y el hombre sin la mujer a su lado –ya sea como madre, como hermana, como esposa, como compañera de trabajo, como amiga–, ese hombre no está hecho a imagen y semejanza de Dios.

Denuncio la generalización de la mujer como objeto que se ha instalado en la sociedad y en la cultura actual: En los programas televisivos, en las revistas, en los diarios se muestra a la mujer como objeto de deseo, de uso, como en un supermercado. Se presenta a la mujer como objeto de esa filosofía de usar y tirar, como material de descarte.

En este sentido, esta filosofía es un pecado contra Dios Creador, porque al rechazar a la mujer, no podemos ser imagen y semejanza de Dios. Se está produciendo un ataque contra la mujer, un terrible ataque. ¿Cuántas veces las mujeres, para tener un puesto de trabajo, deben venderse como objetos de usar y tirar? ¿Cuántas veces? Aquí, en Roma. No hace falta irse muy lejos.

Me pregunto qué veríamos si hiciéramos una “peregrinación nocturna” por determinados lugares de la ciudad donde “tantas mujeres, tantas migrantes y no migrantes son explotadas como si fuera un mercado”. Y la gente “se limpia la conciencia llamándolas ‘prostitutas’.
Frente a nuestra libertad, ellas son esclavas de este pensamiento del descarte”.

Todo eso sucede aquí, en Roma, sucede en cada ciudad.
Mujeres anónimas, mujeres sin mirada porque la vergüenza cubre la mirada, mujeres que no saben reír y muchas de ellas no conocen la alegría de ser madres.

También en la vida cotidiana, sin necesidad de ir a esos lugares, encontramos este pensamiento maligno de rechazar a la mujer, de considerarla de segunda clase.
Debemos reflexionar mejor. Y haciendo esto, o diciendo aquello, entrando en ese pensamiento, despreciamos la imagen de Dios que ha hecho al hombre y a la mujer juntos a su imagen y semejanza.

Pido una oración por las mujeres descartadas, por las mujeres usadas, por las jóvenes que tienen que vender su propia dignidad para tener un puesto de trabajo.


(Papa Francisco. 15 de junio)

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