“No se puede seguir a Jesús sin seguir a la Iglesia. Quien cede a la tentación de ir por su cuenta corre el riesgo de no encontrar nunca a Cristo". (Papa Benedicto XVI).
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10 noviembre 2019
09 noviembre 2019
07 noviembre 2019
Bendición de los Relicarios de la futura Beata María Emilia Riquelme y Zayas en Granada.
Dentro del programa de actividades organizadas por la familia Riquelmina en Granada para la celebración de la Semana de la Santidad en los días previos a la próxima Beatificación este sábado de María Emilia Riquelme, la Casa Madre ha acogido esta mañana la celebración de una Eucaristía en la que ha tenido lugar la bendición de los relicarios que contienen cabello de la futura beata que serán repartidos en las distintas misiones de la congregación para su veneración.
LAS RELIQUIAS NOS REMITEN AL CIELO
La Misa, que ha contando con la presencia del obispo colombiano Mons. Luis Gabriel Ramírez, ha sido presidida por el sacerdote D. Crescencio Palomo, de la Orden de Predicadores que junto a las hermanas de la Congregación y las personas presentes ha realizado en su homilía una reflexión sobre el significado en la Iglesia de la veneración de las reliquias:
“El sentido de las reliquias es que tomemos contacto con la futura beata para que sea un ejemplo para nosotros. Sirven para que al venerarlas pensemos en el cielo, las beatificaciones son para tener a los beatos vivos. Estas reliquias distribuidas en estos relicarios son de primer grado, pedidle favores porque Dios a través de ella nos los concede si nos convienen y se lo pedimos con fe”, resaltó el sacerdote.
(Info: Archidiócesis de Granada)
06 noviembre 2019
Enlaces para ver en directo la Beatificación del sábado 9 de noviembre.
Aquí podéis seguir en directo la ceremonia de beatificación de la venerable María Emilia Riquelme y Zayas, el próximo sábado día 9 de noviembre a la 11:00:
- Internet:
- Televisión:
Canal 13tv
- Página web y televisión de la Archidiócesis de Granada:
https://www.archidiocesisgranada.es/
https://vatelevision.com/
https://www.archidiocesisgranada.es/
https://vatelevision.com/
05 noviembre 2019
Hoy celebramos la onomástica de Santa Ángela de la Cruz.
Desde muy joven trabajó en un taller de zapatería, a la vez que se entregaba al servicio de los más pobres y marginados. Bajo la guía de un experto confesor, el P. Torres, intentó hacerse religiosa, hasta que comprendió que el Señor la llamaba a fundar una congregación, la Compañía de Hermanas de la Cruz, que, viviendo en gran austeridad, atendían a enfermos y menesterosos.
A pesar de no tener estudios, dejó escritos de gran profundidad. Su vida y espiritualidad tienen rasgos franciscanos muy marcados.
Murió el 2 de marzo de 1932 en Sevilla. Juan Pablo II la beatificó el 5 de noviembre de 1982 y la canonizó en 2003.
04 noviembre 2019
02 noviembre 2019
Conmemoración de los fieles difuntos.
“Nuestra esperanza está en el cielo. Nuestra esperanza está anclada allí y nosotros con la cuerda en mano nos sostenemos, para llegar a la otra orilla del río que tenemos que atravesar”
01 noviembre 2019
Solemnidad de Todos los Santos.
La santidad es una meta que no se puede alcanzar solo con las propias fuerzas, sino que es fruto de la gracia de Dios y de nuestra libre respuesta a ella”.
(Papa Francisco)
23 octubre 2019
Fiesta del Santísimo Redentor.
La devoción al Santísimo Redentor está vinculada a la actividad redentora de la Orden Trinitaria y se relaciona con el hecho histórico de una redención del año 1682 en la que, juntamente con 211 cautivos, fue rescatada, entre otras, una imagen de Jesús Nazareno. Esta imagen tuvo en seguida, y continúa teniéndola en nuestros días, una gran devoción popular, siendo venerada en la iglesia de “Jesús de Medinaceli” de Madrid. Existen innumerables representaciones de dicha imagen dentro y fuera de la Familia Trinitaria.
La Sagrada Congregación de Ritos “para promover más la devoción hacia el santísimo Redentor, cuyo título es venerado en dicha Orden de un modo especial”, concedió a los trinitarios descalzos el 11 de diciembre de 1734 el oficio y misa del Redentor para el 23 de octubre. Actualmente, después de la última reforma litúrgica, este día tiene para los trinitarios la categoría de fiesta.
20 octubre 2019
18 octubre 2019
¿Cuál ha sido el milagro que llevará a María Emilia Riquelme a los Altares en Granada?
Testimonio de la curación por intercesión de María Emilia Riquelme a una religiosa: pancreatitis severa.
Recibí la noticia de que a mi hermano Nelson lo traían de mi Pueblo (Altamira) en ambulancia con un fuerte dolor en el estómago y, según diagnóstico del médico de turno en el pueblo, era algo muy delicado. Me dirigí a la Clínica del Rosario en Medellín, donde había sido remitido, para esperar que llegara la ambulancia.
Al llegar, a las 19:00 horas observé lo delicado que se encontraba y con la incertidumbre de no saber lo que realmente tenía, fue atendido de inmediato, practicándole una radiografía que no mostró lo que estaba pasando. Como el dolor en el vientre se agudizaba cada vez más, llamaron de inmediato al cirujano Samuel Blanco, que no se encontraba en la clínica. Al revisarlo dijo: «no sé qué tiene, hay que hacerle inmediatamente una laparoscopia donde nos muestre lo que tiene». De inmediato se procedió. Yo rezaba interiormente la novena a nuestra Madre Fundadora para que descubrieran qué tenía. Después de varias horas de espera angustiosa, salió el cirujano diciéndonos que había que operarlo de inmediato. Su esposa y mis hermanos entramos en profunda angustia. Yo continuaba constantemente pidiendo por intercesión de nuestra Madre Fundadora que no le fuera a pasar nada en el transcurso de la operación. A la 1 de la mañana salió el doctor, dando a conocer el diagnóstico grave: PANCREATITIS SEVERA, y el estado de gravedad, diciéndonos que si se salvaba no podría tomar más un trago de licor, que iría a cuidados intermedios, con la posibilidad de tener que llevarlo a cuidados intensivos por el estado de gravedad en el que se encontraba. Yo estuve todo el tiempo a su lado. El sábado 16 de 2003, a las 11:00 horas, se agravó más su estado de salud y de inmediato fue internado en la unidad de cuidados intensivos totalmente inconsciente.
Entramos la familia y amigos en una profunda angustia. Llamé enseguida al Noviciado para que me trajeran estampas con la novena de nuestra Madre Fundadora, la cual distribuí entre familiares, hermanos y amigos y pedí que rezáramos con mucha fe. Yo coloqué al lado de su cabecera una estampa de Mª Emilia Riquelme y, como no podíamos permanecer dentro de la habitación, en media hora que había de visita, pasaba la estampa por encima de su vientre, a la vez que rezaba la novena con mucha fe pidiendo su curación.
De inmediato llamé para que nos uniéramos en oración, pidiendo por intercesión de nuestra Madre Fundadora su curación. Como en el pueblo no teníamos suficientes estampas de Mª Emilia con la novena, mi hermano Jhon Jairo sacó copia de la que tenía y repartió a un grupo de personas que iban a mi casa a orar todos los días. Pedía a las demás hermanas de la Congregación que hiciéramos la novena por su salud. Encontrándome en Medellín llamé a Cali a la Hna. Margarita Sofía Puello para que colorara un fax de inmediato a Madre Leonor Gutiérrez, Superiora de la casa de Granada (España), para que ante la tumba de nuestra Madre Fundadora pidiera juntamente con las hermanas por su recuperación.
En la clínica del Rosario donde se encontraba mi hermano todos los días se celebraba la Eucaristía, mi familia estaba casi toda allí y asistíamos a la Eucaristía; yo tenía presente que para Mª Emilia la Eucaristía era su Todo. En el momento de la Consagración, pedía con mucha devoción que por medio de nuestra Madre Fundadora se obrara este gran milagro. A nivel personal y familiar teníamos esta profunda fe en Dios en que él se recuperaría, pero el diagnóstico de los médicos internistas que estaban de turno bajaban en momentos nuestros ánimos porque las esperanzas eran muy pocas. Yo, todos los días buscaba al doctor Samuel Blanco, cirujano, que todos los días venía a revisar a mi hermano y lo único que me decía era: «hermana, hay que estar preparados para cualquier desenlace, solo un milagro», y yo le decía llorando: «doctor, yo sé que el milagro va a suceder».
Nos angustiábamos mucho la familia, amigos y conocidos cuanto constantemente le tenían que pasar a cirugía, pero no desfallecimos en la oración.
A los días, mi hermano fue dando señales de vida, aunque los médicos y enfermeras seguían muy pesimistas. Llegó el momento en que lo trasladan de la unidad de cuidados intensivos a cuidados intermedios y después de un tiempo a una habitación. Mi hermano, ya consciente, rezaba desde su lecho de enfermo la novena a nuestra Madre Fundadora que le acompañó y recibía la Sagrada Comunión. El capellán de la Clínica se llama curiosamente Nelson; él me decía: «sólo un milagro» y constantemente le visitaba. Mi hermano Nelson, cuando ya estaba bastante recuperado, pidió ir a la Eucaristía, pero a las enfermeras les daba temor dejarlo ir. Él pidió que lo llevaran en silla de ruedas […] llegó ya iniciado el Evangelio, inmediatamente el sacerdote interrumpió la Eucaristía y le dijo: «¡Nelson milagro!» y animó a los que allí se encontraban para que no perdieran la fe en la recuperación de sus seres queridos y le pidió a mi hermano que contara su enfermedad y el tiempo que llevaba en la clínica. Fueron casi dos meses de angustia.
La familia continúa rezando la novena, ya en acción de gracias, y mi hermano, al regresar al pueblo, nos congregamos todos los familiares, amigos y campesinos en una Eucaristía de acción de gracias por el milagro obrado en él, por intercesión de nuestra Madre Fundadora. En esta Eucaristía, mi hermano tuvo la alegría de ver a su segundo hijo hacer su Primera Comunión, quien no quiso que le hicieran fiesta, sino que dijo: «solo la Eucaristía para agradecerle a Dios por la salud de mi papá».
Mi hermano continúa normalmente con su trabajo y al practicarle varios exámenes nuevamente, el diagnóstico es bueno.
Todo para la gloria de Dios y la pronta glorificación de nuestra Madre Fundadora, Mª Emilia Riquelme y Zayas.
Atentamente
Hna. Emilia Rosa Yepes Rodríguez, missami
14 de agosto de 2003
19 septiembre 2019
Catequesis de ayer miércoles del Papa Francisco: Libres.
Queridos hermanos:
En nuestra catequesis sobre los Hechos de los Apóstoles llegamos al momento en que los Apóstoles son llevados ante el Sanedrín, acusados de predicar en el nombre de Cristo. A pesar de la prohibición, los Apóstoles seguían dando testimonio de Jesús Resucitado con gran valentía, llenos del Espíritu Santo. Cuando el Sanedrín está para tomar la decisión de matarlos, se alzó en medio de la Asamblea Gamaliel, un fariseo respetado por todo el pueblo, y para ayudarles a reflexionar tomó la palabra y les enseñó cómo ejercitar el arte del discernimiento frente a una situación que rompía los esquemas acostumbrados.
Les pide que dejen libres a los discípulos, basándose en la idea de que si su actividad es cosa de hombres, se disolverá; pero, si es de Dios es mejor no luchar contra ellos pues de lo contrario se expondrían a luchar contra Dios. Las palabras de Gamaliel dan un criterio que tiene sabor evangélico, puesto que invitan a saber reconocer el árbol por sus frutos.
También la comunidad eclesial puede aprender del discernimiento realizado por Gamaliel. Este no consiste en aplicar soluciones pre confeccionadas, sino que es más bien un arte: es el ejercicio de la inteligencia espiritual con el que aprendemos a ver la realidad con una mirada contemplativa y a no hacer juicios apresurados, descubriendo en nuestras vidas las huellas de la presencia de Dios.
(Roma. 18-09-2019)
14 septiembre 2019
05 septiembre 2019
Recordemos la homilia del Papa Francisco en la canonización de Santa Teresa de Calcuta.
«¿Quién comprende lo que Dios quiere?» (Sb 9,13). Este interrogante del libro de la Sabiduría, que hemos escuchado en la primera lectura, nos presenta nuestra vida como un misterio, cuya clave de interpretación no poseemos. Los protagonistas de la historia son siempre dos: por un lado, Dios, y por otro, los hombres.
Nuestra tarea es la de escuchar la llamada de Dios y luego aceptar su voluntad. Pero para cumplirla sin vacilación debemos ponernos esta pregunta. ¿Cuál es la voluntad de Dios en mi vida? La respuesta la encontramos en el mismo texto sapiencial: «Los hombres aprendieron lo que te agrada» (v. 18). Para reconocer la llamada de Dios, debemos preguntarnos y comprender qué es lo que le gusta. En muchas ocasiones, los profetas anunciaron lo que le agrada al Señor. Su mensaje encuentra una síntesis admirable en la expresión: «Misericordia quiero y no sacrificios» (Os 6,6; Mt 9,13).
A Dios le agrada toda obra de misericordia, porque en el hermano que ayudamos reconocemos el rostro de Dios que nadie puede ver (cf. Jn 1,18). Cada vez que nos hemos inclinado ante las necesidades de los hermanos, hemos dado de comer y de beber a Jesús; hemos vestido, ayudado y visitado al Hijo de Dios (cf. Mt 25,40).
Estamos llamados a concretar en la realidad lo que invocamos en la oración y profesamos en la fe. No hay alternativa a la caridad: quienes se ponen al servicio de los hermanos, aunque no lo sepan, son quienes aman a Dios (cf. 1 Jn 3,16-18; St 2,14-18). Sin embargo, la vida cristiana no es una simple ayuda que se presta en un momento de necesidad.
Si fuera así, sería sin duda un hermoso sentimiento de humana solidaridad que produce un beneficio inmediato, pero sería estéril porque no tiene raíz. Por el contrario, el compromiso que el Señor pide es el de una vocación a la caridad con la que cada discípulo de Cristo lo sirve con su propia vida, para crecer cada día en el amor.
Cuántos corazones confortan los voluntarios. Cuántas manos sostienen; cuántas lágrimas secan; cuánto amor derramo en el servicio escondido, humilde y desinteresado. Este loable servicio da voz a la fe y expresa la misericordia del Padre que está cerca de quien pasa necesidad.
El seguimiento de Jesús es un compromiso serio y al mismo tiempo gozoso; requiere radicalidad y esfuerzo para reconocer al divino Maestro en los más pobres y descartados de la vida, y ponerse a su servicio. Por esto, los voluntarios que sirven a los últimos y a los necesitados por amor a Jesús no esperan ningún agradecimiento ni gratificación, sino que renuncian a todo esto porque han descubierto el verdadero amor.
Igual que el Señor ha venido a mi encuentro y se ha inclinado sobre mí en el momento de necesidad, así también yo salgo al encuentro de él y me inclino sobre quienes han perdido la fe o viven como si Dios no existiera, sobre los jóvenes sin valores e ideales, sobre las familias en crisis, sobre los enfermos y los encarcelados, sobre los refugiados e inmigrantes, sobre los débiles e indefensos en el cuerpo y en el espíritu, sobre los menores abandonados a sí mismos, así como también sobre los ancianos dejados solos. Dondequiera que haya una mano extendida que pide ayuda para ponerse en pie, allí debe estar nuestra presencia y la presencia de la Iglesia que sostiene y da esperanza. Hacer esto con la viva memoria de cuando yo estaba tendido ahí y el Señor se inclinó sobre mí.
Madre Teresa, a lo largo de toda su existencia, ha sido una generosa dispensadora de la misericordia divina, poniéndose a disposición de todos por medio de la acogida y la defensa de la vida humana, tanto la no nacida como la abandonada y descartada. Se ha comprometido en la defensa de la vida proclamando incesantemente que «el no nacido es el más débil, el más pequeño, el más pobre».
Se ha inclinado sobre las personas desfallecidas, que mueren abandonadas al borde de las calles, reconociendo la dignidad que Dios les había dado; ha hecho sentir su voz a los poderosos de la tierra, para que reconocieran sus culpas ante los crímenes de la pobreza creada por ellos mismos. La misericordia ha sido para ella la «sal» que daba sabor a cada obra suya, y la «luz» que iluminaba las tinieblas de los que no tenían ni siquiera lágrimas para llorar su pobreza y sufrimiento.
Su misión en las periferias de las ciudades y en las periferias existenciales permanece en nuestros días como testimonio elocuente de la cercanía de Dios hacia los más pobres entre los pobres. Hoy entrego esta emblemática figura de mujer y de consagrada a todo el mundo del voluntariado: que ella sea vuestro modelo de santidad.
Pienso que tal vez tendremos un poco de dificultad en llamarla Santa Teresa. Su santidad es tan cercana a nosotros, que espontáneamente la seguiremos llamando Madre Teresa.
Madre Teresa amaba decir: «Tal vez no hablo su idioma, pero puedo sonreír» porque abriga el corazón en su sonrisa. Llevemos en el corazón su sonrisa y entreguémosla a todos los que encontremos en nuestro camino, especialmente a los que sufren. Abriremos así horizontes de alegría y esperanza a toda esa humanidad desanimada y necesitada de comprensión y ternura.
(Roma. Papa Francisco. 04-09-2016)
Hoy celebramos la onomástica de Santa Teresa de Calcuta.
“De sangre soy albanesa. De ciudadanía, India. En lo referente a la fe, soy una monja católica. Por mi vocación, pertenezco al mundo. En lo que se refiere a mi corazón, pertenezco totalmente al Corazón de Jesús”, decía la Madre Teresa.
A los ocho años muere su padre y su familia pasa por una gran estrechez económica. Cuando llegó a los 18 años deja la casa para ingresar al Instituto de la Bienaventurada Virgen María, conocido como las Hermanas de Loreto, en Irlanda. Allí tomó el nombre de Hermana María Teresa por Santa Teresa de Lisieux. Llega a Calcuta el 6 de enero de 1929. Después de hacer sus primeros votos en mayo de 1931, es destinada a la comunidad de Loreto Entally en esa ciudad de la India donde fue docente de las alumnas del colegio St. Mary.
El 24 de mayo de 1937, la Hermana Teresa hizo su profesión perpetua y llegó a convertirse en directora del mencionado colegio en 1944. Sin embargo, un 10 de septiembre de 1946, durante un viaje de Calcuta a Darjeeling para realizar su retiro anual, Madre Teresa recibió lo que ella llamó la “inspiración”, su “llamada dentro de la llamada”. Aquel día la sed de amor y de almas se apoderó de su corazón. En las siguientes semanas, mediante locuciones interiores y visiones, el mismo Jesús le reveló su deseo de encontrar “víctimas de amor” que “irradiasen a las almas su amor”. “Ven y sé mi luz”, le dijo el Señor.
Del mismo modo, le pidió que fundara una congregación religiosa al servicio de los más pobres entre los pobres. Es así que después de muchas dificultades, el 17 de agosto de 1948 se visitó por primera vez con el sari blanco orlado de azul y salió del convento de Loreto para introducirse en el mundo de los pobres.
En 1950 se establece oficialmente la Congregación de las Misioneras de la Caridad. Tiempo después envió a sus hermanas a otras partes de la India y abre otras casas en Venezuela, Roma, Tanzania y en los cinco continentes.
Con el tiempo funda también a los Hermanos Misioneros de la Caridad, la rama contemplativa de las Hermanas, los Hermanos Contemplativos y los Padres Misioneros de la Caridad. Así como a los Colaboradores de Madre Teresa y a los Colaboradores Enfermos y Sufrientes. Lo que inspiró a los Misioneros de la caridad laicos y al movimiento Sacerdotal Corpus Christi.
En 1979 se le otorgó el Premio Nobel de la Paz y los medios de comunicación empezaron a seguir con más atención sus obras que daban testimonio de la alegría de amar y de la grandeza y dignidad de cada persona humana.
Al final de su vida y a pesar de sus problemas de salud, Madre Teresa continuó sirviendo a los pobres. Después de encontrarse por última vez con San Juan Pablo II, retorna a Calcuta y el 5 de septiembre de 1997 volvió a la Casa del Padre.
18 agosto 2019
Reflexión del Evangelio.
La fidelidad exige valentía y lucha ascética. El pecado y el mal constantemente nos tientan: por eso se impone la lucha, el esfuerzo valiente, la participación en la Pasión de Cristo. El odio al pecado no es cosa pacífica. El reino del cielo exige esfuerzo, lucha y violencia con nosotros mismos, y quienes hacen este esfuerzo son quienes lo conquistan.
Evangelio. Domingo XX del Tiempo Ordinario.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«He venido a encender fuego en el mundo, ¡y cómo querría que ya estuviera ardiendo! Tengo que pasar por una terrible prueba ¡y cómo he de sufrir hasta que haya terminado! ¿Creéis que he venido a traer paz a la tierra? Pues os digo que no, sino división. Porque, de ahora en adelante, cinco en una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres.
El padre estará contra su hijo y el hijo contra su padre; la madre contra su hija y la hija contra su madre; la suegra contra su nuera y la nuera contra su suegra».
La cofradía Malacitana de la Puente y la Paloma, recibe un rosario bendecido por el Papa Francisco y una reliquia de San Manuel González.
El pasado martes, día 13 de agosto, en la capilla Malacitana de la Real, Muy Ilustre, Venerable, Antigua Hermandad, y Cofradía de Nazarenos de Ntro. Padre Jesús de la Puente del Cedrón y María Santísima de la Paloma,
nuestro hermano, Vocal de Formación y futuro sacerdote José Borja, hizo entrega a nuestra Hermandad de un rosario bendecido por el Santo Padre el Papa Francisco, para la imagen de la Virgen de la Paloma, el cual lo solicitó a la nunciatura apostólica de España para el día de su onomástica el jueves 15 de agosto.
Así mismo, regaló a la Cofradía una reliquia ex ossibus de San Manuel González, quién fuera obispo de la Diócesis Malacitana y fundador de las Misioneras Eucaristicas de Nazaret.
En el acto estuvo presente el Hermano Mayor de la Cofradía, Diego Hermoso, la camarera y Tte. Hermana Mayor Luisa Jiménez y la Camarera Mayor Josefina Ruiz-Vázquez.
Más noticias en:
www.revistaecclesia.com
15 agosto 2019
Evangelio. Solemnidad de la Asunción de la Virgen María.
En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».
Y dijo María: «Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos». María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.
¿Qué dice el dogma de la Asunción de la Virgen María?
El dogma de la Asunción se refiere a que la Madre de Dios, luego de su vida terrena fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial.
Este Dogma fue proclamado por el Papa Pío XII, el 1º de noviembre de 1950, en la Constitución Munificentisimus Deus:
"Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que La Inmaculada Madre de Dios y siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrenal, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria del cielo".
Ahora bien, ¿por qué es importante que los católicos recordemos y profundicemos en el Dogma de la Asunción de la Santísima Virgen María al Cielo? El Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica responde a este interrogante:
"La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos".
La importancia de la Asunción para nosotros, hombres y mujeres de comienzos del Tercer Milenio de la Era Cristiana, radica en la relación que hay entre la Resurrección de Cristo y la nuestra. La presencia de María, mujer de nuestra raza, ser humano como nosotros, quien se halla en cuerpo y alma ya glorificada en el Cielo, es eso: una anticipación de nuestra propia resurrección.
Más aún, la Asunción de María en cuerpo y alma al cielo es un Dogma de nuestra fe católica, expresamente definido por el Papa Pío XII hablando "ex-cathedra". Y ... ¿qué es un Dogma? Puesto en los términos más sencillos, Dogma es una verdad de Fe, revelada por Dios (en la Sagrada Escritura o contenida en la Tradición), y que además es propuesta por la Iglesia como realmente revelada por Dios.
En este caso se dice que el Papa habla "ex-cathedra", es decir, que habla y determina algo en virtud de la autoridad suprema que tiene como Vicario de Cristo y Cabeza Visible de la Iglesia, Maestro Supremo de la Fe, con intención de proponer un asunto como creencia obligatoria de los fieles Católicos.
El Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica (#966) nos lo explica así, citando a Lumen Gentium 59, que a la vez cita la Bula de la Proclamación del Dogma: "Finalmente, la Virgen Inmaculada, preservada libre de toda mancha de pecado original, terminado el curso de su vida en la tierra, fue llevada a la gloria del Cielo y elevada al Trono del Señor como Reina del Universo, para ser conformada más plenamente a su Hijo, Señor de los señores y vencedor del pecado y de la muerte".
Y el Papa San Juan Pablo II, en una de sus Catequesis sobre la Asunción, explica esto mismo en los siguientes términos:
"El dogma de la Asunción afirma que el cuerpo de María fue glorificado después de su muerte. En efecto, mientras para los demás hombres la resurrección de los cuerpos tendrá lugar al fin del mundo, para María la glorificación de su cuerpo se anticipó por singular privilegio" (San Juan Pablo II, 2-julio-97).
"Contemplando el misterio de la Asunción de la Virgen, es posible comprender el plan de la Providencia Divina con respecto a la humanidad: después de Cristo, Verbo encarnado, María es la primera criatura humana que realiza el ideal escatológico, anticipando la plenitud de la felicidad, prometida a los elegidos mediante la resurrección de los cuerpos" (San Juan Pablo II , Audiencia General del 9-julio-97).
Continúa el Papa: "María Santísima nos muestra el destino final de quienes `oyen la Palabra de Dios y la cumplen' (Lc. 11, 28). Nos estimula a elevar nuestra mirada a las alturas, donde se encuentra Cristo, sentado a la derecha del Padre, y donde está también la humilde esclava de Nazaret, ya en la gloria celestial" (San Juan Pablo II, 15-agosto-97)
Los hombres y mujeres de hoy vivimos pendientes del enigma de la muerte. Aunque lo enfoquemos de diversas formas, según la cultura y las creencias que tengamos, aunque lo evadamos en nuestro pensamiento, aunque tratemos de prolongar por todos los medios a nuestro alcance nuestros días en la tierra, todos tenemos una necesidad grande de esa esperanza cierta de inmortalidad contenida en la promesa de Cristo sobre nuestra futura resurrección.
Mucho bien haría a muchos cristianos oír y leer más sobre este misterio de la Asunción de María, el cual nos atañe tan directamente. ¿Por qué se ha logrado colar la creencia en el mito pagano de la re-encarnación entre nosotros? Si pensamos bien, estas ideas extrañas a nuestra fe cristiana se han ido metiendo en la medida que hemos dejado de pensar, de predicar y de recordar los misterios, que como el de la Asunción, tienen que ver con la otra vida, con la escatología, con las realidades últimas del ser humano.
El misterio de la Asunción de la Santísima Virgen María al Cielo nos invita a hacer una pausa en la agitada vida que llevamos para reflexionar sobre el sentido de nuestra vida aquí en la tierra, sobre nuestro fin último: la Vida Eterna, junto con la Santísima Trinidad, la Santísima Virgen María y los Angeles y Santos del Cielo. El saber que María ya está en el Cielo gloriosa en cuerpo y alma, como se nos ha prometido a aquéllos que hagamos la Voluntad de Dios, nos renueva la esperanza en nuestra futura inmortalidad y felicidad perfecta para siempre.
(Aciprensa)
11 agosto 2019
Reflexión del Evangelio.
No vayamos tras los tesoros de este mundo, como tanta gente hace.
Según la mentalidad del mundo: ¡tanto tienes, tanto vales! Las personas son valoradas por el dinero que poseen, por su clase y categoría social, por su prestigio, por su poder.
Todo eso, a los ojos de Dios, no vale nada. Supón que hoy te descubren una enfermedad incurable, y que te dan como máximo un mes de vida,... ¿qué harás con tu dinero?, ¿de qué te servirán tu poder, tu prestigio, tu clase social? ¡No te servirá para nada! ¿Te das cuenta de que todo eso que el mundo tanto valora, en el momento de la verdad, no vale nada?
Y, entonces, echas una mirada hacia atrás, a tu entorno, y los valores cambian totalmente: la relación con las personas que te rodean, el amor, aquella mirada de paz y de comprensión, pasan a ser verdaderos valores, auténticos tesoros que tú, tras los dioses de este mundo, siempre habías menospreciado.
Evangelio. Domingo XIX del Tiempo Ordinario.
Según San Lucas 12, 32 - 48.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No temas, pequeño rebaño, porque a vuestro Padre le ha parecido bien daros a vosotros el Reino. Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni la polilla; porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Estén ceñidos vuestros lomos y las lámparas encendidas, y sed como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo os aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos! Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre».
Dijo Pedro: «Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?». Respondió el Señor: «¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. De verdad os digo que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si aquel siervo se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda en venir’, y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles. Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes; el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más».
San Juan María Vianney, ruega por nosotros
El pasado domingo, celebramos a San Juan María Vianney.
Lo echaron del seminario porque decían que no era idóneo para los estudios al sacerdocio porque le costaban, y ahora es patrón de los Párrocos. Pasó la mayor parte de su ministerio sacerdotal la desarrolló en el confesionario.
Que importante es ver la vocación que viene de Dios, antes que el currículum que lo otorgan los hombres.
19 julio 2019
18 julio 2019
Málaga celebra hoy por vez primera la fiesta del Beato Tiburcio Arnaiz.
Oh, Dios, que constituiste al beato Tiburcio, presbítero, en apóstol de las insondables riquezas del Corazón de tu Hijo, concédenos que, enardecidos por su mismo espíritu, te amemos a ti sobre todas las cosas y te sirvamos incansablemente en nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo.
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