“No se puede seguir a Jesús sin seguir a la Iglesia. Quien cede a la tentación de ir por su cuenta corre el riesgo de no encontrar nunca a Cristo". (Papa Benedicto XVI).
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09 marzo 2013
El martes 12 de marzo, comenzará el Cónclave.
La oficina de prensa de la Santa Sede ha enviado un comunicado con el siguiente texto: "El Colegio de cardenales ha decidido en la octava Congregación General que ha tenido lugar esta tarde desde las 17 a las 19 horas que el Cónclave para la elección del nuevo pontífice se abrirá el martes 12 de marzo de 2013. Por la mañana se celebrará en la basílica de San Pedro la Santa Misa “Pro eligendo Romano Pontífice”. Por la tarde del mismo día se entrará en el Cónclave." El Colegio Cardenalicio está formado por 207 miembros, de los cuales 115 menores de 80 años formarán parte del Cónclave que a partir del martes iniciarán las votaciones para elegir al sucesor de Benedicto XVI.
CONGREGACIÓN PREVIA
Durante el fin de semana hay otra congregación más, el sábado por la mañana y el domingo, ha afirmado el protavoz de la Santa Sede, "es previsible que los cardenales vayan a rezar en sus iglesias titulares de Roma; no tienen obligación de hacerlo, pero es muy verosímil que sea así”.
Antes de empezar la rueda de prensa y recordando que hoy es el Día Internacional de la Mujer, el P. Lombardi ha entregado una rosa y un ramo de mimosas a una periodista en representación de todas las mujeres, ya que es costumbre en el Vaticano ese día regalar flores a las mujeres que trabajan en la Santa Sede.
A continuación ha informado sobre la sexta Congregación que tuvo lugar ayer por la tarde, de las 17 a las 19 horas y contó con la presencia de 151 cardenales. Prestaron juramento dos purpurados recién llegados a Roma: el elector Jean-Baptiste Pham Minh Man, arzobispo de Than Pho Chi Minh (Vietnam) y el no elector Adam Joseph Maida, arzobispo emérito de Detroit (EE.UU). La incorporación del cardenal vietnamita completa el número de cardenales electores: 115. Las intervenciones durante la Congregación fueron 16.
En la Congregación de esta mañana, la séptima, los purpurados eran 153 y, naturalmente, no ha habido nuevos juramentos. Todos los 115 cardenales electores estaban presentes. En primer lugar se ha dado conformidad al art. 38 de la Constitución Apostólica “Universi Dominici Gregis” que establece que el Colegio cardenalicio debe reconocer los motivos de ausencia de los cardenales que no participan en el Cónclave. “En este caso eran dos, el cardenal Julius Riyadi Darmaatmadja, arzobispo emérito de Yakarta (Indonesia) que no acude por motivos de salud y el card. Edward Frederick. O'Brien, ex-arzobispo de Edimburgo (Reino Unido) que había comunicado sus motivos de índole personal. El Colegio ha votado que los acepta”.
Después, el cardenal Angelo Sodano, Decano del Colegio Cardenalicio, ha remitido a los presentes al num. 37 de la Constitución “Universi Dominici Gregis”, modificado con el reciente “Motu proprio” de Benedicto XVI que dice: “Establezco, además, que desde el momento en que la Sede Apostólica esté legítimamente vacante los Cardenales electores presentes esperen durante quince días completos a los ausentes; dejo además al Colegio de los Cardenales la facultad de anticipar el comienzo del Cónclave si consta la presencia de todos los cardenales electores, como la facultad de retrasar, si hubiera motivos graves, el comienzo de la elección algunos días”. “Como ya consta la presencia de todos los electores -ha explicado el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede- ahora el Colegio puede prepararse para decidir la fecha del cónclave, incluso antes de 15 días del inicio de la Sede Vacante”.
06 marzo 2013
Las piedras que nos encontramos o hacemos nosotros en nuestra vida...
“Si yo acerté...o si fallé, eso lo hice a mi manera”.
"Cuando pienso en el pasado, recuerdo que cometí muchos errores; tuve bastantes aciertos pero también me equivoqué.
Y ahora, cuando pienso en el futuro, estoy seguro que seguiré acertando y equivocándome.
Es imposible acertar siempre, además de que no aprenderíamos nada al salirnos todo bien.
Pero lo importante es que no perdamos tiempo ni gastemos nuestra energía torturándonos. Podemos ser un poco críticos con nosotros mismos para tomar conciencia de los errores y aprender de ellos, pero no machacarnos ni reprocharnos todo el tiempo.
Un día, un familiar me preguntó y juzgó por que tomé una decisión equivocada tiempo atrás.
Respondí que no me arrepentía, y le expliqué que en aquel momento, mi actitud me parecía lógica.
Si hubiese tenido el conocimiento y la madurez necesaria para aquella decisión, posiblemente habría sido diferente pero eso no lo sabré nunca.
¡Por eso te digo a ti que me lees!:
“no te tortures por un error del pasado”
Talvez elegiste a la persona equivocada
para casarte.
A lo mejor te fuiste de una buena empresa para terminar en otra peor.
O quizás una hija embarazada que se fué de la casa. No importa lo que sea, ¡no te tortures!.
Ennseguida que tomes conciencia de dar cambios en una situación ¡hazlo!
Si te sientes culpable, ¡perdónate!, y comprende que actuaste así porque en ese momento la ocasión lo requería, no vayas mas allá.
Existe una historia conocida que me gusta mucho:
Un pescador llegó a la playa de madrugada para trabajar y encontró una bolsita llena de piedras.
No había amanecido y comenzó a lanzarlas al mar una a una; según las iba tirando iba amaneciendo, y cuando iba a lanzar la última piedra, vió que era una piedra preciosa.
Muy arrepentido, le contó el incidente a un amigo y este le dijo:
– “hubiese sido mejor si prestases mas atención, pero piensa que todavía te queda la última piedra”
MORALEJA:
Hay personas que se pasan la vida reprochándose y martirizándose por lo que hicieron o dejaron de hacer siendo demasiado críticas por sus errores.
Si eres una de ellas, hay un mensaje para ti:
“No pierdas tu tiempo con remordimientos ni arrepentimientos”.
Asume tus errores como aprendizajes, pide disculpas si lo crees conveniente, sigue tomando tus decisiones y vive “A TU MANERA”
Aún tienes muchas piedras preciosas en el corazón, muchos momentos Mágicos que vivir y muchos errores que cometer.
Aprovecha tus oportunidades, disfruta plenamente la vida, y si de repente crees que estás equivocada pero crees en ti, y decides dar un cambio de rumbo, ¡cambia y rectifica!...pues esos son regalos de Dios para tí (libre albedrío, capacidad de rectificar y aprender).
¡A mi todavía me queda una piedra!...¿Y a ti?
05 marzo 2013
28 febrero 2013
Diario de una despedida emotiva del Papa Benedicto XVI.
El Santo Padre se despedía esta mañana de los carednales.
El Papa dejaba sobre las 17:00 las dependiencia del Vaticano.
Se despide la curia y trabajadores del Vaticano.

Al rededor de las 17:40, el Papa llegaba a Castel Gandolfo,
El Papa salía a saludar y hablar por última vez desde el balcón de Caste Gandolfo
Y después Bendijo por última vez a todos los presentes.
Y a las 20:03 se cerraba la puertas de Castel Gandolfo, se retiraba la guardia Suiza y el Papa deja su Pontificado. EMPIEZA EN LA IGLESIA, EL ESTADO VACANTE.
El twitter se volverá a abrir cuando haya elijan al nuevo Papa
Gracias Benedicto XVI por sus años de servicio y entrega en su Pontificado a la Iglesia.
«No vuelvo a la vida privada ni abandono la cruz»
(Benedicto XVI, en su última audiencia el 27 de febrero del 2013)
¿Que pasará cuando el Papa Benedicto XVI deje su pontificado?
Así lo indicó el director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, el jesuita Federico Lombardi, quien señaló en la mañana del martes que Benedicto XVI "vestirá el hábito talar blanco simple, o sea sin la esclavina o pequeño manto sobre los hombros que normalmente usan los pontífices".
Lombardi explicó que "los títulos (Su Santidad y Papa Emérito) y vestidos que usará Benedicto XVI fueron una decisión suya si bien lo habrá consultado con Camarlengo y otros especialistas".
El Anillo del Pescador, que usan los Papas, el padre Lombardi dijo que Benedicto XVI "no lo usará más, pues está ligado al ministerio y junto al sello de plomo serán anulados, como indica la constitución Universi Dominci Gregis".
En cambio, Benedicto XVI volverá a utilizar un anillo episcopal de cuando era Cardenal Ratzinger.
El Padre Lombardi explicó que los cardenales ya están llegando a Roma y se espera que para hoy, día 28 de febrero, que es cuando la Sede queda vacante a partir de las 20:00 p.m. (hora local), sean muy numerosos.
Una vez que se entra en el periodo de Sede vacante, "el decano de los cardenales enviará, la carta de convocatoria del Cónclave a los cardenales. Probablemente las congregaciones se inicien el lunes 4 de marzo", precisó.
"El lugar de las congregaciones será en el aula nueva del Sínodo, y los cardenales en este período no van a vivir en la Domus Santa Marta, donde lo harán desde la víspera del cónclave".
Sí, soy de esa juventud, a quien el Papa enseñó que igual que aquella noche en la JMJ Madrid 2011 resistimos bajo la lluvia, con Cristo podemos también superar todos los obstáculos de la vida.
Sí. Soy de esa juventud que coreaba el nombre de Benedicto
XVI por las calles de Madrid y en el aeródromo de Cuatro Vientos hace dos
veranos.
De esa juventud por la que un hombre de 83 años, aguantó más de 40 grados y un
vendaval de aire y lluvia.
De esa juventud a quien el Papa enseñó que igual que aquella noche resistimos
bajo la lluvia, con Cristo podemos también superar todos los obstáculos de la
vida.
Soy de esa juventud en la que el Papa confía, a la que pide que esté siempre alegre, y que de testimonio en todas las circunstancias.
Soy de esa juventud en la que el Papa confía, a la que pide que esté siempre alegre, y que de testimonio en todas las circunstancias.
Soy de esa juventud que hoy ve como su Papa, sin fuerzas por su avanzada edad,
humildemente ha dejado paso a su sucesor para guiar a la Iglesia de Cristo.
Sí, soy de esa juventud que debe agradecer a Benedicto XVI todo lo que ha enseñado, no sólo a través de sus palabras, sino también con su ejemplo de entrega aún en las dificultades.
Sí, soy de esa juventud que debe agradecer a Benedicto XVI todo lo que ha enseñado, no sólo a través de sus palabras, sino también con su ejemplo de entrega aún en las dificultades.
Hoy es día para agradecer a Dios por Joseph Ratzinger, porque un día lo eligió
y lo puso a nuestro servicio.
Hoy es día de rezar por él, de rezar por nuestro futuro Papa y de rezar por la
Iglesia de Cristo.
27 febrero 2013
Benedicto XVI se despedía hoy en su última audiencia, ante 200.000 fieles: «No vuelvo a la vida privada ni abandono la cruz».
«¡Venerados hermanos en el Episcopado! ¡Distinguidas autoridades! ¡Queridos hermanos y hermanas!
»Os agradezco por haber venido tan numerosos a esta última audiencia general de mi pontificado.
»Como el apóstol Pablo en el texto bíblico que hemos escuchado, también yo siento en mi corazón el deber sobre todo de agradecer a Dios, que guía y hace crecer a la Iglesia, que siembra su Palabra y así alimenta la fe en su Pueblo.
»En este momento mi ánimo se extiende para abrazar a toda la Iglesia difundida en el mundo y doy gracias a Dios por las "noticias" que en estos años del ministerio petrino he podido recibir acerca de la fe en el Señor Jesucristo y de la caridad que está en el Cuerpo de la Iglesia y lo hace vivir en el amor y de la esperanza que nos abre y nos orienta hacia la vida en plenitud, hacia la patria del Cielo.
»Siento que he de llevar a todos en la oración, en un presente que es el de Dios, donde recojo todo encuentro, todo viaje, toda visita pastoral. Todo y a todos los recojo en la oración para confiarlos al Señor porque tenemos pleno conocimiento de su voluntad, con toda sabiduría e inteligencia espiritual, y porque podemos comportarnos de manera digna de Él, de su amor, dando fruto en toda obra buena (cfr Col 1,9-10).
»En este momento, hay en mí una gran confianza, porque sé, sabemos todos nosotros, que la Palabra de verdad del Evangelio es la fuerza de la Iglesia, es su vida. El Evangelio purifica y renueva, da fruto, donde esté la comunidad de los creyentes lo escucha y acoge la gracia de Dios en la verdad y vive en la caridad. Esta es mi confianza, esta es mi alegría.
»Cuando el 19 de abril de hace casi ocho años, acepté asumir el ministerio petrino, tuve firme esta certeza que siempre me ha acompañado. En aquel momento, como ya he dicho varias veces, las palabras que resonaron en mi corazón fueron: "¿Señor, qué cosa me pides?" Es un peso grande el que me pones sobre la espalda, pero si Tú me lo pides, en tu palabra lanzaré las redes, seguro que Tú me guiarás.
»Y el Señor verdaderamente me ha guiado, ha estado cercano a mí, he podido percibir cotidianamente su presencia. Ha sido un trato de camino de la Iglesia que ha tenido momentos de alegría y de luz, pero también momentos no fáciles; me he sentido como San Pedro con los Apóstoles en la barca sobre el lago de Galilea: el Señor nos ha dado muchos días de sol y de brisa ligera, días en los que la pesca ha sido abundante; y ha habido también momentos en los que las aguas estaban agitadas y el viento era contrario, como en toda la historia de la Iglesia, y el Señor parecía dormir.
»Pero siempre he sabido que en aquella barca está el Señor y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino que es suya y no la deja hundirse; es Él quien la conduce ciertamente también a través de hombres que ha elegido, porque así lo ha querido. Esta ha sido y es una certeza que nada puede ofuscar. Y es por esto que hoy mi corazón está lleno de agradecimiento a Dios porque no ha dejado nunca que le falte a la Iglesia y también a mí su consuelo, su luz y su amor.
»Estamos en el Año de la Fe, que he querido para reforzar nuestra fe en Dios en un contexto que parece ponerlo siempre más en segundo plano. Quisiera invitar a todos a renovar la firme confianza en el Señor, a confiarnos como niños en los brazos de Dios, certeros de que esos brazos nos sostienen siempre y son lo que permite caminar cada día también en la fatiga. Quisiera que cada uno se sintiese amado por aquel Dios que nos ha dado a su Hijo a nosotros y que nos ha mostrado su amor sin límites.
»Quisiera que cada uno sintiese la alegría de ser cristiano. En una bella oración que se recita cotidianamente en la mañana se dice: "Te adoro Dios mío y te amo con todo el corazón. Te agradezco por haberme creado, hecho cristiano…" Sí, estamos contentos por el don de la fe, ¡es el bien más precioso, que nadie nos puede quitar! Agradecemos al Señor por esto cada día, con la oración y con una vida cristiana coherente. ¡Dios nos ama, pero espera que también que nosotros lo amemos!
»Pero no es solamente Dios a quien quiero agradecer en este momento. Un Papa no está solo en la guía de la Barca de Pedro, si bien es su primera responsabilidad, y yo no me he sentido solo nunca en llegar la alegría y el peso del ministerio petrino; el Señor me ha dado tantas personas que, con generosidad y amor a Dios y a la Iglesia, me han ayudado y han estado cercanas a mí.
»Primero que nada a vosotros, queridos hermanos cardenales: vuestra sabiduría, vuestros consejos, vuestra amistad han sido para mí preciosos; mis colaboradores; comenzando por mi Secretario de Estado que me ha acompañado con fidelidad en estos años; la Secretaría de Estado y toda la Curia Romana, como también todos aquellos que, en diversos sectores, prestan su servicio a la Santa Sede: son muchos rostros que no aparecen, que se quedan en la sombra, pero en el silencio, en la dedicación cotidiana, con espíritu de fe y humildad han sido para mí un sostén seguro y confiable. ¡Un recuerdo especial para la Iglesia de Roma, mi diócesis!
»No puedo olvidar a los hermanos en el Episcopado y en el presbiterado, las personas consagradas y todo el Pueblo de Dios: en las visitas pastorales, en los encuentros, en las audiencias, en los viajes, siempre he percibido una gran atención y un profundo afecto; pero también he querido a todos y a cada uno, sin distinción, con aquella caridad pastoral que da el corazón de Pastor, sobre todo de Obispo de Roma, de Sucesor del Apóstol Pedro. Cada día he tenido a cada uno de vosotros en mi oración, con corazón de padre.
»Quisiera que mi saludo y mi agradecimiento alcanzase a todos: el corazón de un Papa se extiende al mundo entero. Y quisiera expresar mi gratitud al Cuerpo diplomático ante la Santa Sede, que hace presente a la gran familia de las naciones. Aquí también pienso en todos aquellos que trabajan para una buena comunicación y que agradezco por su importante servicio.
»En este punto quisiera agradecer de corazón también a todas las numerosas personas en todo el mundo que en las últimas semanas me han enviado signos conmovedores de atención, de amistad en la oración. Sí, el Papa nunca está solo, y ahora lo experimento nuevamente de un modo tan grande que toca el corazón. El Papa pertenece a todos y a tantísimas personas que se sienten cercanos a él.
»Es cierto que recibo cartas de los grandes del mundo: de los Jefes de Estado, de los jefes religiosos, de los representantes del mundo de la cultura, etcétera. Pero recibo también muchísimas cartas de personas sencillas que me escriben simplemente desde su corazón y me hacen sentir su afecto, que nace del estar juntos con Cristo Jesús, en la Iglesia. Estas personas no me escriben como se escribe por ejemplo a un príncipe o a un grande que no se conoce. Me escriben como hermanos y hermanas o como hijos e hijas, con el sentido de una relación familiar muy afectuosa.
»Aquí se puede tocar con la mano qué cosa es la Iglesia: no es una organización ni una asociación de fines religiosos o humanitarios; sino un cuerpo vivo, una comunión de hermanos y hermanas en el Cuerpo de Jesucristo, que nos une a todos. Experimentar la Iglesia de este modo y poder casi tocar con las manos la fuerza de su verdad y de su amor es motivo de alegría, en un tiempo en el que tantos hablan de su declive.
»En estos últimos meses, he sentido que mis fuerzas han disminuido y he pedido a Dios con insistencia en la oración que me ilumine con su luz para hacerme tomar la decisión más justa no por mi bien, sino por el bien de la Iglesia. He dado este paso en la plena conciencia de su gravedad e incluso de su novedad, pero con una profunda serenidad de ánimo. Amar a la Iglesia significa también tener el coraje de tomar decisiones difíciles, sufrientes, teniendo siempre primero el bien de la Iglesia y no el de uno mismo.
»Aquí permítanme volver una vez más al 19 de abril de 2005. La gravedad de la decisión estuvo en el hecho que desde aquel momento estaba siempre y para siempre ocupado en el Señor. Siempre quien asume el ministerio petrino no tiene más privacidad alguna. Pertenece siempre y totalmente a todos, a toda la Iglesia.
»A su vida se le retira, por así decirlo, la dimensión privada. He podido experimentar y lo experimento precisamente ahora, que uno recibe la vida justamente cuando la dona. Ya he dicho que muchas personas que aman al Señor aman también al Sucesor de San Pedro y le tienen afecto; que el Papa tiene verdaderamente hermanos y hermanas, hijos e hijas en todo el mundo, y que se siente seguro en el abrazo de su comunión; porque no se pertenece más a sí mismo, pertenece a todos y todos pertenecen a él.
»El "siempre" es también un "para siempre": no se puede volver más a lo privado. Mi decisión de renunciar al ejercicio activo del ministerio no revoca esto. No vuelvo a la vida privada, a una vida de viajes, encuentros, recibimientos, conferencias, etcétera. No abandono la cruz, sino que quedo de modo nuevo ante el Señor crucificado.
»Ya no llevo la potestad del oficio para el gobierno de la Iglesia, sino que en el servicio de la oración quedo, por así decirlo, en el recinto de San Pedro. San Benito, cuyo nombre llevo como Papa, será un gran ejemplo de esto. Él ha mostrado el camino para una vida que, activa o pasiva, pertenece totalmente a la obra de Dios.
»Agradezco a todos y a cada uno también por el respeto y la comprensión con la que han acogido esta decisión tan importante. Seguiré acompañando el camino de la Iglesia con la oración y la reflexión, con aquella dedicación al Señor y a su Esposa que he buscado vivir hasta ahora cada día y que quiero vivir siempre.
»Les pido recordarme ante Dios, y sobre todo rezar por los cardenales llamados a una tarea tan relevante, y por el nuevo Sucesor del Apóstol Pedro: que el Señor lo acompañe con la luz y la fuerza de su Espíritu.
»Invoquemos la intercesión maternal de la Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia, para que nos acompañe a cada uno de nosotros y a toda la comunidad eclesial; a ella nos acogemos con profunda confianza.
»¡Queridos amigos! Dios guía a su Iglesia, la levanta siempre también y sobre todo en los momentos difíciles. No perdamos nunca esta visión de fe, que es la única y verdadera visión del camino de la Iglesia y del mundo. Que en nuestro corazón, en el corazón de cada uno de vosotros, esté siempre la alegre certeza de que el Señor está a nuestro lado, no nos abandona, es cercano y nos rodea con su amor. ¡Gracias!».
Mensajes en español
El Papa resumió, como es habitual, su catequesis en varios idiomas, también en español. Estas fueron sus palabras:
«Queridos hermanos y hermanas:
Muchas gracias por haber venido a esta última audiencia general de mi pontificado. Asimismo, doy gracias a Dios por sus dones, y también a tantas personas que, con generosidad y amor a la Iglesia, me han ayudado en estos años con espíritu de fe y humildad».
«Agradezco a todos el respeto y la comprensión con la que han acogido esta decisión importante, que he tomado con plena libertad. Desde que asumí el ministerio petrino en el nombre del Señor he servido a su Iglesia con la certeza de que es Él quien me ha guiado. Sé también que la barca de la Iglesia es suya, y que Él la conduce por medio de hombres».
«Mi corazón está colmado de gratitud porque nunca ha faltado a la Iglesia su luz. En este Año de la fe invito a todos a renovar la firme confianza en Dios, con la seguridad de que Él nos sostiene y nos ama, y así todos sientan la alegría de ser cristianos».
«Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y de los países latinoamericanos, que hoy han querido acompañarme».
«Os suplico que os acordéis de mí en vuestra oración y que sigáis pidiendo por los Señores Cardenales, llamados a la delicada tarea de elegir a un nuevo Sucesor en la Cátedra del apóstol Pedro. Imploremos todos la amorosa protección de la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia».
«Muchas gracias. Que Dios os bendiga».
«Queridos hermanos y hermanas:
Muchas gracias por haber venido a esta última audiencia general de mi pontificado. Asimismo, doy gracias a Dios por sus dones, y también a tantas personas que, con generosidad y amor a la Iglesia, me han ayudado en estos años con espíritu de fe y humildad».
«Agradezco a todos el respeto y la comprensión con la que han acogido esta decisión importante, que he tomado con plena libertad. Desde que asumí el ministerio petrino en el nombre del Señor he servido a su Iglesia con la certeza de que es Él quien me ha guiado. Sé también que la barca de la Iglesia es suya, y que Él la conduce por medio de hombres».
«Mi corazón está colmado de gratitud porque nunca ha faltado a la Iglesia su luz. En este Año de la fe invito a todos a renovar la firme confianza en Dios, con la seguridad de que Él nos sostiene y nos ama, y así todos sientan la alegría de ser cristianos».
«Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y de los países latinoamericanos, que hoy han querido acompañarme».
«Os suplico que os acordéis de mí en vuestra oración y que sigáis pidiendo por los Señores Cardenales, llamados a la delicada tarea de elegir a un nuevo Sucesor en la Cátedra del apóstol Pedro. Imploremos todos la amorosa protección de la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia».
«Muchas gracias. Que Dios os bendiga».
26 febrero 2013
El sábado 23 de febrero, finalizó el Papa y los miembros de la curia unos ejercicios espirituales. Benedicto XVI finalizó dando las gracias a toda la curia por ESTOS DÍAS Y POR LOS OCHO AÑOS DE PONTIFICADO.
Al final de los Ejercicios Espirituales, Benedicto XVI dió las gracias a los miembros de la Curia que lo han acompañado estos días y al cardenal Gianfranco Ravasi, predicador de los ejercicios.
El Papa se refirió a las predicaciones, cuyo tema era “Arte de creer, arte de orar” como unas "hermosas caminatas por el mundo de la fe y el universo de los Salmos”.
“Me ha venido en mente -dijo Benedicto XVI- que los teólogos medievales han traducido la palabra "logos" no sólo con "verbum", sino también con "ars": "Verbum" y "ars" son intercambiables. Sólo en las dos juntas aparece, para los teólogos medievales, todo el significado de la palabra "logos". El "Logos" no es sólo una razón matemática: el "Logos" tiene un corazón,; "Logos" es también amor. La verdad es bella. Verdad y belleza se dan la mano: la belleza es el sello de la verdad”.
“Y sin embargo, a partir de los Salmos y de nuestra experiencia cotidiana, también ha enfatizado que el “muy hermoso” del sexto día - expresado por el Creador - es permanentemente cuestionado, en este mundo, por el mal, el sufrimiento y la corrupción. Casi parece que el diablo quiera ensuciar permanentemente la creación, para contradecir a Dios y hacer irreconocible su verdad y su belleza. En un mundo tan marcado por el mal también, el "Logos", la belleza eterna y el ´"Ars" eterno, debe aparecer como "caput cruentatum". El Hijo encarnado, el "Logos" encarnado, lleva una corona de espinas, y sin embargo, así, en esta figura sufridora del Hijo de Dios, empezamos a ver la belleza más profunda de nuestro Creador y Redentor; podemos, en el silencio de la "noche oscura", escuchar su Palabra. Creer no es otra cosa que, en la oscuridad del mundo, tocar la mano de Dios, y así, en silencio, escuchar la Palabra, percibir el Amor”.
Benedicto XVI dió nuevamente las gracias al cardenal Ravasi, manifestando el deseo de “hacer otras caminatas en este universo misterioso de la fe, para ser cada vez más capaces de rezar, proclamar, anunciar, ser testigos de la verdad, que es bella y que es amor”.
“Al final, queridos amigos -concluyó- me gustaría daros las gracias a todos, y no sólo por esta semana, sino por estos ocho años, en que habéis llevado conmigo, con gran competencia, afecto, amor y fe, el peso del ministerio petrino. Os sigo estando agradecido y aunque si ahora termina la comunión "exterior" y "visible" -permanece la cercanía espiritual, la profunda comunión en la oración. En esta certeza avanzamos, confiados en la victoria de Dios, seguros de la verdad de la belleza y el amor”.
El Papa se refirió a las predicaciones, cuyo tema era “Arte de creer, arte de orar” como unas "hermosas caminatas por el mundo de la fe y el universo de los Salmos”.
“Me ha venido en mente -dijo Benedicto XVI- que los teólogos medievales han traducido la palabra "logos" no sólo con "verbum", sino también con "ars": "Verbum" y "ars" son intercambiables. Sólo en las dos juntas aparece, para los teólogos medievales, todo el significado de la palabra "logos". El "Logos" no es sólo una razón matemática: el "Logos" tiene un corazón,; "Logos" es también amor. La verdad es bella. Verdad y belleza se dan la mano: la belleza es el sello de la verdad”.
“Y sin embargo, a partir de los Salmos y de nuestra experiencia cotidiana, también ha enfatizado que el “muy hermoso” del sexto día - expresado por el Creador - es permanentemente cuestionado, en este mundo, por el mal, el sufrimiento y la corrupción. Casi parece que el diablo quiera ensuciar permanentemente la creación, para contradecir a Dios y hacer irreconocible su verdad y su belleza. En un mundo tan marcado por el mal también, el "Logos", la belleza eterna y el ´"Ars" eterno, debe aparecer como "caput cruentatum". El Hijo encarnado, el "Logos" encarnado, lleva una corona de espinas, y sin embargo, así, en esta figura sufridora del Hijo de Dios, empezamos a ver la belleza más profunda de nuestro Creador y Redentor; podemos, en el silencio de la "noche oscura", escuchar su Palabra. Creer no es otra cosa que, en la oscuridad del mundo, tocar la mano de Dios, y así, en silencio, escuchar la Palabra, percibir el Amor”.
Benedicto XVI dió nuevamente las gracias al cardenal Ravasi, manifestando el deseo de “hacer otras caminatas en este universo misterioso de la fe, para ser cada vez más capaces de rezar, proclamar, anunciar, ser testigos de la verdad, que es bella y que es amor”.
“Al final, queridos amigos -concluyó- me gustaría daros las gracias a todos, y no sólo por esta semana, sino por estos ocho años, en que habéis llevado conmigo, con gran competencia, afecto, amor y fe, el peso del ministerio petrino. Os sigo estando agradecido y aunque si ahora termina la comunión "exterior" y "visible" -permanece la cercanía espiritual, la profunda comunión en la oración. En esta certeza avanzamos, confiados en la victoria de Dios, seguros de la verdad de la belleza y el amor”.
El Papa Benedicto XVI celebró su último Ángelus el pasado domingo 24 de febrero
El Papa Benedicto XVI dio el domingo su último Ángelus, en el que anunció que se dedicará "a la oración y a la meditación" tras su histórica renuncia, aunque precisó con voz entrecortada que eso no significa que abandonará a la Iglesia: "Dios me pidió dedicarme a la oración y a la meditación", dijo ante decenas de miles de fieles congregados en la plaza de San Pedro para su último rezo dominical como Pontífice.
"En este momento de mi vida siento que la palabra de Dios está dirigida a mí. El Señor me llama a ´subir a la montaña´, a dedicarme aún más a la oración y a la meditación", proclamó emocionado ante unas 100.000 personas que le interrumpieron en varias ocasiones con aplausos y gritos de "gracias, gracias". "Pero eso no significa que abandonaré a la Iglesia", recalcó.
Como suele ser costumbre, Benedicto XVI se dirigió en varios idiomas a los peregrinos, entre ellos en español y concluyó con un sentido: "Estaremos siempre cerca".
"En este momento de mi vida siento que la palabra de Dios está dirigida a mí. El Señor me llama a ´subir a la montaña´, a dedicarme aún más a la oración y a la meditación", proclamó emocionado ante unas 100.000 personas que le interrumpieron en varias ocasiones con aplausos y gritos de "gracias, gracias". "Pero eso no significa que abandonaré a la Iglesia", recalcó.
Como suele ser costumbre, Benedicto XVI se dirigió en varios idiomas a los peregrinos, entre ellos en español y concluyó con un sentido: "Estaremos siempre cerca".
Benedicto XVI promulgó este lunes un decreto (“motu propio”) que da facultad a los cardenales para adelantar el cónclave.
25 febrero 2013
24 febrero 2013
Evangelio. II Domingo de Cuaresma y Acción de gracias por los años de pontificado del Papa Benedicto XVI.
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar. Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante, y he aquí que conversaban con Él dos hombres, que eran Moisés y Elías; los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con Él. Y sucedió que, al separarse ellos de Él, dijo Pedro a Jesús: Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías, sin saber lo que decía. Estaba diciendo estas cosas cuando se formó una nube y los cubrió con su sombra; y al entrar en la nube, se llenaron de temor. Y vino una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle. Y cuando la voz hubo sonado, se encontró Jesús solo. Ellos callaron y, por aquellos días, no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.
Reflexión.
La oración es presentada como el contexto idóneo, natural, para la visión de la gloria de Cristo: cuando Pedro, Juan y Santiago se despertaron, vieron su gloria.
Nos viene bien recordar, en esta Cuaresma y siempre, que solamente si dejamos aflorar el Espíritu de piedad en nuestra vida, estableciendo con el Señor una relación familiar, inseparable, podremos gozar de la contemplación de su gloria. Es urgente dejarnos impresionar por la visión del rostro del Transfigurado.
A nuestra vivencia cristiana quizá le sobran palabras y le falta estupor, aquel que hizo de Pedro y de sus compañeros testigos auténticos de Cristo viviente.
Acción de gracias por los años de pontificado del Papa Benedicto XVI.
Le damos al Señor gracias, por todos los años que ha servido a la Santa Madre Iglesia como sucesor de Pedro y por su humildad. El día 28 de febrero a las 20:00h dejará el "cargo" y le pedimos al Señor que le de fuerza para seguir adelante en su día a día.
Que el Espíritu Santo, que inflame sobre los cardenales el don de la sabiduría para que elijan a otro Papa que sea SANTO, FIEL Y HUMILDE para guiar la barca de la Iglesia.
Le damos al Señor gracias, por todos los años que ha servido a la Santa Madre Iglesia como sucesor de Pedro y por su humildad. El día 28 de febrero a las 20:00h dejará el "cargo" y le pedimos al Señor que le de fuerza para seguir adelante en su día a día.
Que el Espíritu Santo, que inflame sobre los cardenales el don de la sabiduría para que elijan a otro Papa que sea SANTO, FIEL Y HUMILDE para guiar la barca de la Iglesia.
21 febrero 2013
Oración a Santa Angela de la Cruz. (Fundadora de las hermanitas de la Cruz)
Dios de toda bondad, que iluminaste a Santa Ángela, virgen, con la sabiduría de la cruz, para que reconociese a tu Hijo Jesucristo en los pobres y enfermos abandonados, y los sirviese como humilde esclava, concédenos la gracia que te pedimos por su intercesión, en esta novena.
Así también, inspira en nosotros el deseo de seguir su ejemplo, abrazando cada día nuestra propia cruz, en unión con Cristo crucificado y sirviendo a nuestros hermanos con amor. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro.
Amén.
Padrenuestro,
Avemaría,
Gloria ...
Santa Angela de la Cruz, ruega por nosotros.
17 febrero 2013
Evangelio. I Domingo de Cuaresma.
Según San Lucas 4, 1-13.
En aquel tiempo, Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto, durante cuarenta días, tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días y, al cabo de ellos, sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. Jesús le respondió: Esta escrito: ‘No sólo de pan vive el hombre’. Llevándole a una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra; y le dijo el diablo: Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero. Si, pues, me adoras, toda será tuya. Jesús le respondió: Está escrito: ‘Adorarás al Señor tu Dios y sólo a Él darás culto’. Le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el alero del Templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo; porque está escrito: ‘A sus ángeles te encomendará para que te guarden’. Y: ‘En sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna’. Jesús le respondió: Está dicho: ‘No tentarás al Señor tu Dios’. Acabada toda tentación, el diablo se alejó de Él hasta un tiempo oportuno.
Reflexión.
Como Jesús en el desierto, armados con la sabiduría de la Escritura, nos sentimos llamados a proclamar en nuestro mundo consumista que el hombre está diseñado a escala divina y que sólo puede colmar su hambre de felicidad cuando abre de par en par las puertas de su vida a Jesucristo. Esto comporta vencer multitud de tentaciones que quieren empequeñecer nuestra vocación humano-divina.
Con el ejemplo y con la fuerza de Jesús tentado en el desierto, desenmascaremos las muchas mentiras sobre el hombre que nos son dichas sistemáticamente desde los medios de comunicación social y desde el medio ambiente pagano donde vivimos.
Como Jesús en el desierto, armados con la sabiduría de la Escritura, nos sentimos llamados a proclamar en nuestro mundo consumista que el hombre está diseñado a escala divina y que sólo puede colmar su hambre de felicidad cuando abre de par en par las puertas de su vida a Jesucristo. Esto comporta vencer multitud de tentaciones que quieren empequeñecer nuestra vocación humano-divina.
Con el ejemplo y con la fuerza de Jesús tentado en el desierto, desenmascaremos las muchas mentiras sobre el hombre que nos son dichas sistemáticamente desde los medios de comunicación social y desde el medio ambiente pagano donde vivimos.
15 febrero 2013
13 febrero 2013
Hoy miércoles de ceniza.
Significado de la ceniza.
Con la imposición de las cenizas, se inicia una estación espiritual particularmente relevante para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para la vivir el Misterio Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.
Wn la Iglesia, el Miércoles de Ceniza, el cristiano recibe una cruz en la frente con las cenizas obtenidas al quemar las palmas usadas en el Domingo de Ramos previo.
Mientras el ministro impone la ceniza dice estas dos expresiones, alternativamente: "Arrepiéntete y cree en el Evangelio" y "Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver": un signo y unas palabras que expresan muy bien nuestra caducidad, nuestra conversión y aceptación del Evangelio, o sea, la novedad de vida que Cristo cada año quiere comunicarnos en la Pascua.Wn la Iglesia, el Miércoles de Ceniza, el cristiano recibe una cruz en la frente con las cenizas obtenidas al quemar las palmas usadas en el Domingo de Ramos previo.
Evangelio y Reflexión.
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Reflexión.
Hoy comenzamos nuestro itinerario hacia la Pascua, y el Evangelio nos recuerda los deberes fundamentales del cristiano, no sólo como preparación hacia un tiempo litúrgico, sino en preparación hacia la Pascua Eterna: Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. La justicia de la que habla Jesús consiste en vivir conforme a los principios evangélicos, sin olvidar que si vuestra justicia no supera la justicia de los doctores de la ley y de los fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos. La justicia nos lleva al amor, manifestado en la limosna y en obras de misericordia. No es que se deban ocultar las obras buenas, sino que no debe pensarse en la alabanza humana al hacerlas, ni desear algún otro bien. En otras palabras, debo dar limosna de tal modo que ni yo tenga la sensación de estar haciendo una cosa buena que merece una recompensa por parte de Dios y elogio por parte de los hombres.
Ése sería el verdadero gesto de justicia y caridad cristiana, «y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
12 febrero 2013
Carta del Papa Benedicto XVI para la Cuaresma 2013: «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él»
Queridos hermanos y hermanas:
La celebración de la Cuaresma, en el marco del Año de la Fe, nos ofrece una ocasión preciosa para meditar sobre la relación entre fe y caridad: entre creer en Dios, el Dios de Jesucristo, y el amor, que es fruto de la acción del Espíritu Santo y nos guía por un camino de entrega a Dios y a los demás.
1. La fe como respuesta al amor de Dios
En mi primera Encíclica expuse ya algunos elementos para comprender el estrecho vínculo entre estas dos virtudes teologales, la fe y la caridad. Partiendo de la afirmación fundamental del apóstol Juan: «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» {1 Jn 4,16), recordaba que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva... Y puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4,10), ahora el amor ya no es sólo un "mandamiento'', sino la respuesta al don del amor, con el cual Dios viene a nuestro encuentro» [Deus cantas est, 1). La fe constituye la adhesión personal –que incluye todas nuestras facultades– a la revelación del amor gratuito y «apasionado» que Dios tiene por nosotros y que se manifiesta plenamente en Jesucristo. El encuentro con Dios Amor no sólo comprende el corazón, sino también el entendimiento: «El reconocimiento del Dios vivo es una vía hacia el amor, y el sí de nuestra voluntad a la suya abarca entendimiento, voluntad y sentimiento en el acto único del amor.
Sin embargo, éste es un proceso que siempre está en camino: el amor nunca se da por "concluido" y completado» {ibídem, 17). De aquí deriva para todos los cristianos y, en particular, para los «agentes de la caridad», la necesidad de la fe, del «encuentro con Dios en Cristo que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro, de modo que, para ellos, el amor al prójimo ya no sea un mandamiento por así decir impuesto desde fuera, sino una consecuencia que se desprende de su fe, la cual actúa por la caridad» (ib., 31a).
El cristiano es una persona conquistada por el amor de Cristo y movido por este amor –«caritas Christi urget nos» (2 Co 5,14) –, está abierto de modo profundo y concreto al amor al prójimo (cf. ib., 33). Esta actitud nace ante todo de la conciencia de que el Señor nos ama, nos perdona, incluso nos sirve, se inclina a lavar los pies de los apóstoles y se entrega a sí mismo en la cruz para atraer a la humanidad al amor de Dios.
«La fe nos muestra a Dios que nos ha dado a su Hijo y así suscita en nosotros la firme certeza de que realmente es verdad que Dios es amor... La fe, que hace tomar conciencia del amor de Dios revelado en el corazón traspasado de Jesús en la cruz, suscita a su vez el amor. El amor es una luz -en el fondo la única- que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar» (ib., 39). Todo esto nos lleva a comprender que la principal actitud característica de los cristianos es precisamente «el amor fundado en la fe y plasmado por ella» (ib., 7).
2. La caridad como vida en la fe
Toda la vida cristiana consiste en responder al amor de Dios. La primera respuesta es precisamente la fe, acoger llenos de estupor y gratitud una inaudita iniciativa divina que nos precede y nos reclama. Y el «sí» de la fe marca el comienzo de una luminosa historia de amistad con el Señor, que llena toda nuestra existencia y le da pleno sentido.
Sin embargo, Dios no se contenta con que nosotros aceptemos su amor gratuito. No se limita a amarnos, quiere atraernos hacia sí, transformarnos de un modo tan profundo que podamos decir con san Pablo: ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (cf. Ga 2,20).
Cuando dejamos espacio al amor de Dios, nos hace semejantes a él, partícipes de su misma caridad.
Abrirnos a su amor significa dejar que él viva en nosotros y nos lleve a amar con él, en él y como él; sólo entonces nuestra fe llega verdaderamente «a actuar por la caridad» (Ga 5,6) y él mora en nosotros (cf. 1 Jn 4,12).
La fe es conocer la verdad y adherirse a ella (cf. 1 Tm 2,4); la caridad es «caminar» en la verdad (cf. Ef 4,15). Con la fe se entra en la amistad con el Señor; con la caridad se vive y se cultiva esta amistad (cf. Jn 15,14s). La fe nos hace acoger el mandamiento del Señor y Maestro; la caridad nos da la dicha de ponerlo en práctica (cf. Jn 13,13-17).
En la fe somos engendrados como hijos de Dios (cf. Jn 1,12s); la caridad nos hace perseverar concretamente en este vínculo divino y dar el fruto del Espíritu Santo (cf. Ga 5,22). La fe nos lleva a reconocer los dones que el Dios bueno y generoso nos encomienda; la caridad hace que fructifiquen (cf. Mt 25,14-30).
3. El lazo indisoluble entre fe y caridad
A la luz de cuanto hemos dicho, resulta claro que nunca podemos separar, o incluso oponer, fe y caridad. Estas dos virtudes teologales están íntimamente unidas por lo que es equivocado ver en ellas un contraste o una «dialéctica».
Por un lado, en efecto, representa una limitación la actitud de quien hace fuerte hincapié en la prioridad y el carácter decisivo de la fe, subestimando y casi despreciando las obras concretas de caridad y reduciéndolas a un humanitarismo genérico. Por otro, sin embargo, también es limitado sostener una supremacía exagerada de la caridad y de su laboriosidad, pensando que las obras puedan sustituir a la fe. Para una vida espiritual sana es necesario rehuir tanto el fideísmo como el activismo moralista.
La existencia cristiana consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de éste, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios.
En la Sagrada Escritura vemos que el celo de los apóstoles en el anuncio del Evangelio que suscita la fe está estrechamente vinculado a la solicitud caritativa respecto al servicio de los pobres (cf. Hch 6,1-4). En la Iglesia, contemplación y acción, simbolizadas de alguna manera por las figuras evangélicas de las hermanas Marta y María, deben coexistir e integrarse (cf. Le 10,38-42).
La prioridad corresponde siempre a la relación con Dios y el verdadero compartir evangélico debe estar arraigado en la fe (cf. Audiencia general 25 abril 2012). A veces, de hecho, se tiene la tendencia a reducir el término «caridad» a la solidaridad o a la simple ayuda humanitaria.
En cambio, es importante recordar que la mayor obra de caridad es precisamente la evangelización, es decir, el «servicio de la Palabra». Ninguna acción es más benéfica y, por tanto, caritativa hacia el prójimo que partir el pan de la Palabra de Dios, hacerle partícipe de la Buena Nueva del Evangelio, introducirlo en la relación con Dios: la evangelización es la promoción más alta e integral de la persona humana.
Como escribe el siervo de Dios el Papa Pablo VI en la Encíclica Populorum progressio, es el anuncio de Cristo el primer y principal factor de desarrollo (cf. n. 16). La verdad originaria del amor de Dios por nosotros, vivida y anunciada, abre nuestra existencia a aceptar este amor haciendo posible el desarrollo integral de la humanidad y de cada hombre (cf. Cantas en veritate, 8).
En definitiva, todo parte del amor y tiende al amor. Conocemos el amor gratuito de Dios mediante el anuncio del Evangelio. Si lo acogemos con fe, recibimos el primer contacto –indispensable– con lo divino, capaz de hacernos «enamorar del Amor», para después vivir y crecer en este Amor y comunicarlo con alegría a los demás.
A propósito de la relación entre fe y obras de caridad, unas palabras de la Carta de San Pablo a los Efesios resumen quizá muy bien su correlación: «Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe. En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos» (2,8-10).
Aquí se percibe que toda la iniciativa salvífica viene de Dios, de su gracia, de su perdón acogido en la fe; pero esta iniciativa, lejos de limitar nuestra libertad y nuestra responsabilidad, más bien hace que sean auténticas y las orienta hacia las obras de la caridad.
Éstas no son principalmente fruto del esfuerzo humano, del cual gloriarse, sino que nacen de la fe, brotan de la gracia que Dios concede abundantemente. Una fe sin obras es como un árbol sin frutos: estas dos virtudes se necesitan recíprocamente.
La Cuaresma, con las tradicionales indicaciones para la vida cristiana, nos invita precisamente a alimentar la fe a través de una escucha más atenta y prolongada de la Palabra de Dios y la participación en los sacramentos y, al mismo tiempo, a crecer en la caridad, en el amor a Dios y al prójimo, también a través de las indicaciones concretas del ayuno, de la penitencia y de la limosna.
4. Prioridad de la fe, primado de la caridad
Como todo don de Dios, fe y caridad se atribuyen a la acción del único Espíritu Santo (cf. 1 Co 13), ese Espíritu que grita en nosotros «¡Abbá, Padre!» (Ga 4,6), y que nos hace decir «¡Jesús es el Señor!» (1 Co 12,3) y «¡Maranatha!» (1 Co 16,22; Ap 22,20).
La fe, don y respuesta, nos da a conocer la verdad de Cristo como Amor encarnado y crucificado, adhesión plena y perfecta a la voluntad del Padre e infinita misericordia divina para con el prójimo; la fe graba en el corazón y la mente la firme convicción de que precisamente este Amor es la única realidad que vence el mal y la muerte. La fe nos invita a mirar hacia el futuro con la virtud de la esperanza, esperando confiadamente que la victoria del amor de Cristo alcance su plenitud.
Por su parte, la caridad nos hace entrar en el amor de Dios que se manifiesta en Cristo, nos hace adherir de modo personal y existencial a la entrega total y sin reservas de Jesús al Padre y a sus hermanos. Infundiendo en nosotros la caridad, el Espíritu Santo nos hace partícipes de la abnegación propia de Jesús: filial para con Dios y fraterna para con todo hombre (cf. Rm 5,5).
La relación entre estas dos virtudes es análoga a la que existe entre dos sacramentos fundamentales de la Iglesia: el bautismo y la Eucaristía. El bautismo (sacramentum fidei) precede a la Eucaristía (sacramentum caritatis), pero está orientado a ella, que constituye la plenitud del camino cristiano.
Análogamente, la fe precede a la caridad, pero se revela germina sólo si culmina en ella. Todo parte de la humilde aceptación de la fe («saber que Dios nos ama»), pero debe llegar a la verdad de la caridad («saber amar a Dios y al prójimo»), que permanece para siempre, como cumplimiento de todas las virtudes (cf. 1 Co 13,13).
Queridos hermanos y hermanas, en este tiempo de Cuaresma, durante el cual nos preparamos a celebrar el acontecimiento de la cruz y la resurrección, mediante el cual el amor de Dios redimió al mundo e iluminó la historia, os deseo a todos que viváis este tiempo precioso reavivando la fe en Jesucristo, para entrar en su mismo torrente de amor por el Padre y por cada hermano y hermana que encontramos en nuestra vida. Por esto, elevo mi oración a Dios, a la vez que invoco sobre cada uno y cada comunidad la Bendición del Señor.
BENEDICTUS PP. XVI
La celebración de la Cuaresma, en el marco del Año de la Fe, nos ofrece una ocasión preciosa para meditar sobre la relación entre fe y caridad: entre creer en Dios, el Dios de Jesucristo, y el amor, que es fruto de la acción del Espíritu Santo y nos guía por un camino de entrega a Dios y a los demás.
1. La fe como respuesta al amor de Dios
En mi primera Encíclica expuse ya algunos elementos para comprender el estrecho vínculo entre estas dos virtudes teologales, la fe y la caridad. Partiendo de la afirmación fundamental del apóstol Juan: «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» {1 Jn 4,16), recordaba que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva... Y puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4,10), ahora el amor ya no es sólo un "mandamiento'', sino la respuesta al don del amor, con el cual Dios viene a nuestro encuentro» [Deus cantas est, 1). La fe constituye la adhesión personal –que incluye todas nuestras facultades– a la revelación del amor gratuito y «apasionado» que Dios tiene por nosotros y que se manifiesta plenamente en Jesucristo. El encuentro con Dios Amor no sólo comprende el corazón, sino también el entendimiento: «El reconocimiento del Dios vivo es una vía hacia el amor, y el sí de nuestra voluntad a la suya abarca entendimiento, voluntad y sentimiento en el acto único del amor.
Sin embargo, éste es un proceso que siempre está en camino: el amor nunca se da por "concluido" y completado» {ibídem, 17). De aquí deriva para todos los cristianos y, en particular, para los «agentes de la caridad», la necesidad de la fe, del «encuentro con Dios en Cristo que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro, de modo que, para ellos, el amor al prójimo ya no sea un mandamiento por así decir impuesto desde fuera, sino una consecuencia que se desprende de su fe, la cual actúa por la caridad» (ib., 31a).
El cristiano es una persona conquistada por el amor de Cristo y movido por este amor –«caritas Christi urget nos» (2 Co 5,14) –, está abierto de modo profundo y concreto al amor al prójimo (cf. ib., 33). Esta actitud nace ante todo de la conciencia de que el Señor nos ama, nos perdona, incluso nos sirve, se inclina a lavar los pies de los apóstoles y se entrega a sí mismo en la cruz para atraer a la humanidad al amor de Dios.
«La fe nos muestra a Dios que nos ha dado a su Hijo y así suscita en nosotros la firme certeza de que realmente es verdad que Dios es amor... La fe, que hace tomar conciencia del amor de Dios revelado en el corazón traspasado de Jesús en la cruz, suscita a su vez el amor. El amor es una luz -en el fondo la única- que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar» (ib., 39). Todo esto nos lleva a comprender que la principal actitud característica de los cristianos es precisamente «el amor fundado en la fe y plasmado por ella» (ib., 7).
2. La caridad como vida en la fe
Toda la vida cristiana consiste en responder al amor de Dios. La primera respuesta es precisamente la fe, acoger llenos de estupor y gratitud una inaudita iniciativa divina que nos precede y nos reclama. Y el «sí» de la fe marca el comienzo de una luminosa historia de amistad con el Señor, que llena toda nuestra existencia y le da pleno sentido.
Sin embargo, Dios no se contenta con que nosotros aceptemos su amor gratuito. No se limita a amarnos, quiere atraernos hacia sí, transformarnos de un modo tan profundo que podamos decir con san Pablo: ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (cf. Ga 2,20).
Cuando dejamos espacio al amor de Dios, nos hace semejantes a él, partícipes de su misma caridad.
Abrirnos a su amor significa dejar que él viva en nosotros y nos lleve a amar con él, en él y como él; sólo entonces nuestra fe llega verdaderamente «a actuar por la caridad» (Ga 5,6) y él mora en nosotros (cf. 1 Jn 4,12).
La fe es conocer la verdad y adherirse a ella (cf. 1 Tm 2,4); la caridad es «caminar» en la verdad (cf. Ef 4,15). Con la fe se entra en la amistad con el Señor; con la caridad se vive y se cultiva esta amistad (cf. Jn 15,14s). La fe nos hace acoger el mandamiento del Señor y Maestro; la caridad nos da la dicha de ponerlo en práctica (cf. Jn 13,13-17).
En la fe somos engendrados como hijos de Dios (cf. Jn 1,12s); la caridad nos hace perseverar concretamente en este vínculo divino y dar el fruto del Espíritu Santo (cf. Ga 5,22). La fe nos lleva a reconocer los dones que el Dios bueno y generoso nos encomienda; la caridad hace que fructifiquen (cf. Mt 25,14-30).
3. El lazo indisoluble entre fe y caridad
A la luz de cuanto hemos dicho, resulta claro que nunca podemos separar, o incluso oponer, fe y caridad. Estas dos virtudes teologales están íntimamente unidas por lo que es equivocado ver en ellas un contraste o una «dialéctica».
Por un lado, en efecto, representa una limitación la actitud de quien hace fuerte hincapié en la prioridad y el carácter decisivo de la fe, subestimando y casi despreciando las obras concretas de caridad y reduciéndolas a un humanitarismo genérico. Por otro, sin embargo, también es limitado sostener una supremacía exagerada de la caridad y de su laboriosidad, pensando que las obras puedan sustituir a la fe. Para una vida espiritual sana es necesario rehuir tanto el fideísmo como el activismo moralista.
La existencia cristiana consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de éste, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios.
En la Sagrada Escritura vemos que el celo de los apóstoles en el anuncio del Evangelio que suscita la fe está estrechamente vinculado a la solicitud caritativa respecto al servicio de los pobres (cf. Hch 6,1-4). En la Iglesia, contemplación y acción, simbolizadas de alguna manera por las figuras evangélicas de las hermanas Marta y María, deben coexistir e integrarse (cf. Le 10,38-42).
La prioridad corresponde siempre a la relación con Dios y el verdadero compartir evangélico debe estar arraigado en la fe (cf. Audiencia general 25 abril 2012). A veces, de hecho, se tiene la tendencia a reducir el término «caridad» a la solidaridad o a la simple ayuda humanitaria.
En cambio, es importante recordar que la mayor obra de caridad es precisamente la evangelización, es decir, el «servicio de la Palabra». Ninguna acción es más benéfica y, por tanto, caritativa hacia el prójimo que partir el pan de la Palabra de Dios, hacerle partícipe de la Buena Nueva del Evangelio, introducirlo en la relación con Dios: la evangelización es la promoción más alta e integral de la persona humana.
Como escribe el siervo de Dios el Papa Pablo VI en la Encíclica Populorum progressio, es el anuncio de Cristo el primer y principal factor de desarrollo (cf. n. 16). La verdad originaria del amor de Dios por nosotros, vivida y anunciada, abre nuestra existencia a aceptar este amor haciendo posible el desarrollo integral de la humanidad y de cada hombre (cf. Cantas en veritate, 8).
En definitiva, todo parte del amor y tiende al amor. Conocemos el amor gratuito de Dios mediante el anuncio del Evangelio. Si lo acogemos con fe, recibimos el primer contacto –indispensable– con lo divino, capaz de hacernos «enamorar del Amor», para después vivir y crecer en este Amor y comunicarlo con alegría a los demás.
A propósito de la relación entre fe y obras de caridad, unas palabras de la Carta de San Pablo a los Efesios resumen quizá muy bien su correlación: «Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe. En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos» (2,8-10).
Aquí se percibe que toda la iniciativa salvífica viene de Dios, de su gracia, de su perdón acogido en la fe; pero esta iniciativa, lejos de limitar nuestra libertad y nuestra responsabilidad, más bien hace que sean auténticas y las orienta hacia las obras de la caridad.
Éstas no son principalmente fruto del esfuerzo humano, del cual gloriarse, sino que nacen de la fe, brotan de la gracia que Dios concede abundantemente. Una fe sin obras es como un árbol sin frutos: estas dos virtudes se necesitan recíprocamente.
La Cuaresma, con las tradicionales indicaciones para la vida cristiana, nos invita precisamente a alimentar la fe a través de una escucha más atenta y prolongada de la Palabra de Dios y la participación en los sacramentos y, al mismo tiempo, a crecer en la caridad, en el amor a Dios y al prójimo, también a través de las indicaciones concretas del ayuno, de la penitencia y de la limosna.
4. Prioridad de la fe, primado de la caridad
Como todo don de Dios, fe y caridad se atribuyen a la acción del único Espíritu Santo (cf. 1 Co 13), ese Espíritu que grita en nosotros «¡Abbá, Padre!» (Ga 4,6), y que nos hace decir «¡Jesús es el Señor!» (1 Co 12,3) y «¡Maranatha!» (1 Co 16,22; Ap 22,20).
La fe, don y respuesta, nos da a conocer la verdad de Cristo como Amor encarnado y crucificado, adhesión plena y perfecta a la voluntad del Padre e infinita misericordia divina para con el prójimo; la fe graba en el corazón y la mente la firme convicción de que precisamente este Amor es la única realidad que vence el mal y la muerte. La fe nos invita a mirar hacia el futuro con la virtud de la esperanza, esperando confiadamente que la victoria del amor de Cristo alcance su plenitud.
Por su parte, la caridad nos hace entrar en el amor de Dios que se manifiesta en Cristo, nos hace adherir de modo personal y existencial a la entrega total y sin reservas de Jesús al Padre y a sus hermanos. Infundiendo en nosotros la caridad, el Espíritu Santo nos hace partícipes de la abnegación propia de Jesús: filial para con Dios y fraterna para con todo hombre (cf. Rm 5,5).
La relación entre estas dos virtudes es análoga a la que existe entre dos sacramentos fundamentales de la Iglesia: el bautismo y la Eucaristía. El bautismo (sacramentum fidei) precede a la Eucaristía (sacramentum caritatis), pero está orientado a ella, que constituye la plenitud del camino cristiano.
Análogamente, la fe precede a la caridad, pero se revela germina sólo si culmina en ella. Todo parte de la humilde aceptación de la fe («saber que Dios nos ama»), pero debe llegar a la verdad de la caridad («saber amar a Dios y al prójimo»), que permanece para siempre, como cumplimiento de todas las virtudes (cf. 1 Co 13,13).
Queridos hermanos y hermanas, en este tiempo de Cuaresma, durante el cual nos preparamos a celebrar el acontecimiento de la cruz y la resurrección, mediante el cual el amor de Dios redimió al mundo e iluminó la historia, os deseo a todos que viváis este tiempo precioso reavivando la fe en Jesucristo, para entrar en su mismo torrente de amor por el Padre y por cada hermano y hermana que encontramos en nuestra vida. Por esto, elevo mi oración a Dios, a la vez que invoco sobre cada uno y cada comunidad la Bendición del Señor.
BENEDICTUS PP. XVI
11 febrero 2013
El Papa Benedicto XVI renuncia al ministerio de Obispo de Roma.
(www.diocesismalaga.es)
10 febrero 2013
Domingo V del Tiempo Ordinario.
En una ocasión, Jesús estaba a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre Él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. Simón le respondió: Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes. Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían.
Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador. Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: No temas. Desde ahora serás pescador de hombres. Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.
Reflexión.
Solamente quien, como Pedro, ha sabido aceptar su limitación, está en condiciones de aceptar que los frutos de su trabajo apostólico no son suyos, sino de Aquel de quien se ha servido como de un instrumento. El Señor llama a los Apóstoles a ser pescadores de hombres, pero el verdadero pescador es Él: el buen discípulo no es más que la red que recoge la pesca, y esta red solamente es efectiva si actúa como lo hicieron los Apóstoles: dejándolo todo y siguiendo al Señor
07 febrero 2013
Más amor...
Cuando no hay más que amor como único pan, como único afan, como única flor. Cuando no hay más que amor para hacer estallar y llenar de alegría cada hora y cada día.
Cuando no hay más que amor para cumplir promesas sin tener más riqueza que esperar con valor.
Cuando no hay más que amor para ser centinela de las calles más feas y vestirlas de sol.
Cuando no hay más que amor como única sed como única fe como único don.
Cuando no hay más que amor para cubrir mañana vagabundos y pobres con un traje de gala.
Cuando no hay más que amor al cantar esta ofrenda por la paz de la tierra como un trovador.
Cuando no hay más que amor para entregarle a quien aspira a un solo bien: soportar su dolor.
Cuando no hay más que amor para abrir el camino y forzar el destino en cualquier ocasión.
Cuando no hay más que amor para darle al tambor y una sola canción para enfrentarse al cañón.
Así habrá que forjar nuestro mundo y luchar sin tener nada más que la fuerza de amar.
05 febrero 2013
Al ir a Misa esta tarde, en la introducción, el sacerdote ha contado un poco, la vida de Santa Agueda. Y como me ha sorprendido, la comparto con todos vosotr@s.
Santa Águeda de Catania fue una virgen y mártir. Rechazó al senador Quintianus porque ella se había consagrado a Dios, castamente.
El senador, la llevó a un burdel, para que con la ayuda de una mala mujer, convenciera a la joven Águeda, a practicar sexo, pero ésta no cedió.
El Senador en venganza por no conseguir sus placeres enfurecido, ordenó que torturaran a la joven y que le cortarán los pechos, y fue arrojada sobre carbones al rojo vivo y revolcada en la ciudad de Catania, Sicilia (Italia). Además se dice que lanzó un gran grito de alegría al expirar, dando gracias a Dios.
Que el Señor nos ayude a ser FIELES hasta las últimas consecuencias, como lo hizo Santa Águeda.
Oración de las manos.
Con mis manos puedo crear o puedo destruir. Puedo acariciar o puedo agredir.
Puedo empujar o puedo acoger.
Puedo dar o puedo pedir.
Puedo ayudar o puedo entorpecer.
Puedo aliviar un dolor con la suavidad y el calor de una caricia o causarlo con la fuerza de una bofetada o la violencia de un agarrón.
Puedo burlar o puedo respetar.
Puedo hacer reír o puedo hacer llorar.
La cuestión es: ¿merece la pena tener unas manos destructoras y dañinas? ¿Acaso no pierden humanidad en la agresión? Miro mis manos y sé que quiero que sean cálidas y acogedoras; pero ¿cuántas veces las he mal-utilizado por egoísmo, envidia, soberbia…? o, lo que es casi peor: ¿Cuántas veces no las he bien-utilizado solo por comodidad? Cuántas veces pudiendo alentar he abofeteado, pudiendo aliviar he machacado y pudiendo levantar al caído, he dejado que se quedaran quietas y adormecidas en el fondo de mis bolsillos.
Perdón Señor por mis manos violentas.
Perdón Señor por mis manos frías.
Perdón Señor por mis manos muro.
Perdón Señor por mis manos dormidas.
Sé que en mi día a día no hago uso y desaprovecho los dones que con ellas me has dado; y que al hacerlo reniego inconscientemente de la humanidad con la que me hiciste a tu imagen y semejanza.
Perdón Señor por las veces que dejo que mis manos me alejen de ti y renieguen de ti.
Ahora miro otras manos. Las de tu hijo, el Crucificado. Aquel que con sus manos bendecía y sanaba. Acogía y perdonaba. Aquel que con sus manos daba ejemplos de humanidad y devolvía la dignidad a los miserables de su tiempo. Aquel que con sus manos y un poco de barro devolvió la vista la ciego. Aquel al que con clavos desgarraros sus manos en un intento de arrancarle la humanidad y el poder que en ellas tenía; pues una mano atada o clavada a un madero ya no es libre y de nada sirve.
Ahora miro tus manos, Jesús que, incluso atravesadas se hicieron salvadoras. Y te pido: Enséñame a hacer de mis manos, manos salvadoras, como las tuyas. No dejes que los clavos de mi egoísmo y mi comodidad atraviesen mis manos dejándolas inmóviles e inertes. Dame fuerza para dirigir mis manos hacia el bien. Que mis manos, Señor, animen, levanten, alienten y sanen; como las tuyas. Quiero ser digno y merecedor de tu regalo. Y el día que, en tu presencia, ya no las necesite, te las pueda devolver gastadas de amar y aún llenas de amor.
Amén.
03 febrero 2013
Domingo IV del Tiempo Ordinario.
En aquel tiempo, Jesús comenzó a decir en la sinagoga: Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy. Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: ¿No es éste el hijo de José?. Él les dijo: Seguramente me vais a decir el refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo’. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria. Y añadió: En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Os digo de verdad: Muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio.
Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó.
Reflexión.
Hoy, en este domingo cuarto del tiempo ordinario, la liturgia continúa presentándonos a Jesús hablando en la sinagoga de Nazaret. Continúa con el Evangelio del domingo pasado, en el que Jesús leía en la sinagoga la profecía de Isaías: El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos (...).
Jesús, al acabar la lectura, afirma sin tapujos que esta profecía se cumple en Él.
02 febrero 2013
¿Cómo de “llena” siento y percibo mi vida?
Cuando Dios habita nuestra vida y tiene un hueco en nosotros nos va enseñando y transformando por dentro. Él nos ayuda a mirar todas las cosas que tenemos en el interior para darle a cada una su lugar correspondiente, Él nos enseña a valorar lo valioso y a prescindir de lo que no nos da verdadera vida, Él es el que ensancha nuestro corazón para que quepan más realidades, Él es el que nos enseña a confiar en Él y nos va regalando el deseo de querer vivir con Él.
“Mira que estoy llamando a la puerta. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo” Ap 3,20
29 enero 2013
UNA MONEDA PERDIDA
Una mama dio a su hijo dos monedas un domingo por la mañana y le dijo que una moneda era para la ofrenda en la iglesia y la otra era para que la gastase como mas le agradara. Cuando iba por la calle camino del templo, el niño iba jugando con las monedas. En una de tantas veces, se le cayó una de las monedas y empezó a rodar veloz. Aunque corrió tras ella no pudo evitar que cayera en una alcantarilla y se perdiera. Se puso muy triste por un momento y de pronto se le iluminaron los ojos y dijo:
“Señor, lo siento mucho, pero se me ha extraviado tu moneda.”
Y sin duda, el Señor pierde muchas de sus monedas de esta manera. Frecuentemente damos al Señor lo que nos sobra. Muchas de las monedas que le corresponden al Señor son usadas en infinidad de cosas que nos atraen y nos gustan. Y cuando tenemos las manos vacías, decimos como el niño: “Lo siento, Señor, es tu moneda la que se ha perdido.”
“Cada uno de según lo que decidió personalmente, y no de mala gana o a la fuerza, pues Dios ama al que da con corazón alegre. Y poderoso es Dios para bendecirles de mil maneras, de modo que nunca les falte nada y puedan al mismo tiempo cooperar en toda obra buena”
¿Y tu estás perdiendo las monedas de Dios ?
“Señor, lo siento mucho, pero se me ha extraviado tu moneda.”
Y sin duda, el Señor pierde muchas de sus monedas de esta manera. Frecuentemente damos al Señor lo que nos sobra. Muchas de las monedas que le corresponden al Señor son usadas en infinidad de cosas que nos atraen y nos gustan. Y cuando tenemos las manos vacías, decimos como el niño: “Lo siento, Señor, es tu moneda la que se ha perdido.”
“Cada uno de según lo que decidió personalmente, y no de mala gana o a la fuerza, pues Dios ama al que da con corazón alegre. Y poderoso es Dios para bendecirles de mil maneras, de modo que nunca les falte nada y puedan al mismo tiempo cooperar en toda obra buena”
¿Y tu estás perdiendo las monedas de Dios ?
27 enero 2013
Domingo III del Tiempo Ordinario.
Según San Lucas 1,1-4;4,14-21.
Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros, tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra, he decidido yo también, después de haber investigado diligentemente todo desde los orígenes, escribírtelo por su orden, ilustre Teófilo, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.
Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. Él iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos. Vino a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor. Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy.
Reflexión.
El mensaje que quiere transmitir Dios a la humanidad mediante su Palabra es una buena noticia para los desvalidos, un anuncio de libertad para los cautivos y los oprimidos, una promesa de salvación. Un mensaje que llena de esperanza a toda la humanidad. Nosotros, hijos de Dios en Cristo por el sacramento del bautismo, también hemos recibido esta unción y participamos en su misión: llevar este mensaje de esperanza por toda la humanidad.
26 enero 2013
La Isla de Los Sentimientos.
Un día avisaron a sus moradores que la isla se iba a hundir, por lo que todos los sentimientos abordaron sus barcos y se prepararon a partir presurosamente.
Solo el amor permaneció en ella; quería estar un rato mas en la isla que tanto amaba, antes de que Desapareciera.
Al fin, con el agua al cuello y casi ahogado, el amor comenzó a pedir ayuda.
Se acerco la riqueza que pasaba en un lujoso yate y el amor dijo:
-Riqueza, llevadme contigo!- La riqueza contesto: -No puedo, hay mucho oro y plata en mi barco, no tengo espacio para ti.
Le pidió ayuda a la vanidad, que también venia pasando:
-Vanidad por favor ayúdame-. Le respondió: -Imposible amor, estas mojado y arruinarías mi barco nuevo.
Pasó la soberbia, que al pedido de ayuda contesto:-Quítate de mi camino o te paso por encima!.
Luego, el amor pidió ayuda a la tristeza: -¿Me dejas ir contigo?-. La tristeza le dijo: -Ay amor, tu sabes que siempre voy sola y prefiero Seguir así.
Pasó la alegría y estaba tan contenta que ni siquiera oyó al amor llamarla.
Desesperado, el amor comenzó a suspirar, con lágrimas en sus ojos. Fue entonces cuando una voz le dijo: -Ven, amor, yo te llevo.
Era un anciano el que le decía eso. El amor estaba tan feliz que olvido preguntarle su nombre.
Fue llevado a la tierra de la sabiduría y, una vez allí, el amor pregunto: -¿Quien es el anciano que salvo mi vida?
La sabiduría, respondió:-Es el tiempo. -¿El tiempo? ¿Pero, por qué el tiempo me quiso ayudar?- dijo el amor.
La sabiduría le respondió: -Porque solo el tiempo es capaz de ayudar y entender al amor.
Solo el amor permaneció en ella; quería estar un rato mas en la isla que tanto amaba, antes de que Desapareciera.
Al fin, con el agua al cuello y casi ahogado, el amor comenzó a pedir ayuda.
Se acerco la riqueza que pasaba en un lujoso yate y el amor dijo:
-Riqueza, llevadme contigo!- La riqueza contesto: -No puedo, hay mucho oro y plata en mi barco, no tengo espacio para ti.
Le pidió ayuda a la vanidad, que también venia pasando:
-Vanidad por favor ayúdame-. Le respondió: -Imposible amor, estas mojado y arruinarías mi barco nuevo.
Pasó la soberbia, que al pedido de ayuda contesto:-Quítate de mi camino o te paso por encima!.
Luego, el amor pidió ayuda a la tristeza: -¿Me dejas ir contigo?-. La tristeza le dijo: -Ay amor, tu sabes que siempre voy sola y prefiero Seguir así.
Pasó la alegría y estaba tan contenta que ni siquiera oyó al amor llamarla.
Desesperado, el amor comenzó a suspirar, con lágrimas en sus ojos. Fue entonces cuando una voz le dijo: -Ven, amor, yo te llevo.
Era un anciano el que le decía eso. El amor estaba tan feliz que olvido preguntarle su nombre.
Fue llevado a la tierra de la sabiduría y, una vez allí, el amor pregunto: -¿Quien es el anciano que salvo mi vida?
La sabiduría, respondió:-Es el tiempo. -¿El tiempo? ¿Pero, por qué el tiempo me quiso ayudar?- dijo el amor.
La sabiduría le respondió: -Porque solo el tiempo es capaz de ayudar y entender al amor.
22 enero 2013
20 enero 2013
Domingo II del Tiempo Ordinario.
Según San Juan 2, 1- 12.
En aquel tiempo, se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: No tienen vino». Jesús le responde: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora. Dice su madre a los sirvientes: Haced lo que Él os diga.
Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una. Les dice Jesús: Llenad las tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. Sacadlo ahora, les dice, y llevadlo al maestresala. Ellos lo llevaron. Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían sacado el agua, sí que lo sabían), llama el maestresala al novio y le dice: Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora.
Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en Él sus discípulos. Después bajó a Cafarnaúm con su madre y sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días.
Reflexión.
Jesús y María, con una intensidad diferente, hacen presente a Dios en cualquier lugar donde estén y, donde está Dios, allí hay amor, gracia y milagro. Dios es el bien, la verdad, la belleza, la abundancia. Cuando el sol despliega sus rayos en el horizonte, la tierra se ilumina y recibe calor, y toda vida trabaja para producir su fruto. Cuando dejamos que Dios se acerque, el bien, la paz y la felicidad crecen sensiblemente en los corazones, quizás fríos o dormidos hasta entonces.
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