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31 marzo 2017

Santo Vía Crucis.


1ª ESTACIÓN: JESÚS SENTENCIADO A MUERTE

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Sentenciado y no por un tribunal, sino por todos. Condenado por los mismos que le habían aclamado poco antes. Y El calla...

Nosotros huimos de ser reprochados. Y saltamos inmediatamente...
Dame, Señor, imitarte, uniéndome a Ti por el Silencio cuando alguien me haga sufrir. Yo lo merezco. ¡Ayúdame!

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Se reza a continuación un Padrenuestro


2ª ESTACIÓN: JESÚS CARGADO CON LA CRUZ2ª ESTACIÓN: JESÚS CARGADO CON LA CRUZ

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Que yo comprenda, Señor, el valor de la cruz, de mis pequeñas cruces de cada día, de mis achaques, de mis dolencias, de mi soledad.
Dame convertir en ofrenda amorosa, en reparación por mi vida y en apostolado por mis hermanos, mi cruz de cada día.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Se reza a continuación un Padrenuestro


3ª ESTACIÓN: JESÚS CAE, POR PRIMERA VEZ, BAJO EL PESO DE LA CRUZ3ª ESTACIÓN: JESÚS CAE, POR PRIMERA VEZ, BAJO EL PESO DE LA CRUZ

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Tú caes, Señor, para redimirme. Para ayudarme a levantarme en mis caídas diarias, cuando después de haberme propuesto ser fiel, vuelvo a reincidir en mis defectos cotidianos.
¡Ayúdame a levantarme siempre y a seguir mi camino hacia Ti!

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Se reza a continuación un Padrenuestro


4ª ESTACIÓN: ENCUENTRO CON LA VIRGEN4ª ESTACIÓN: ENCUENTRO CON LA VIRGEN

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Haz Señor, que me encuentre al lado de tu Madre en todos los momentos de mi vida. Con ella, apoyándome en su cariño maternal, tengo la seguridad de llegar a Ti en el último día de mi existencia.
¡Ayúdame Madre!

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Se reza a continuación un Padrenuestro


5ª ESTACIÓN: EL CIRINEO AYUDA AL SEÑOR A LLEVAR LA CRUZ5ª ESTACIÓN: EL CIRINEO AYUDA AL SEÑOR A LLEVAR LA CRUZ

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Cada uno de nosotros tenemos nuestra vocación, hemos venido al mundo para algo concreto, para realizarnos de una manera particular. ¿Cuál es la mía y cómo la llevo a cabo?
Pero hay algo, Señor, que es misión mía y de todos: la de ser Cirineo de los demás, la de ayudar a todos.
¿Cómo llevo adelante la realización de mi misión de Cirineo?

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Se reza a continuación un Padrenuestro


6ª ESTACIÓN: LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS6ª ESTACIÓN: LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Es la mujer valiente, decidida, que se acerca a Ti cuando todos te abandonan. Yo, Señor, te abandono cuando me dejo llevar por el "qué dirán", del respeto humano, cuando no me atrevo a defender al prójimo ausente, cuando no me atrevo a replicar una broma que ridiculiza a los que tratan de acercarse a Ti. Y en tantas otras ocasiones.

Ayúdame a no dejarme llevar por el respeto humano, por el "qué dirán".
Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Se reza a continuación un Padrenuestro


7ª ESTACIÓN: SEGUNDA CAÍDA EN EL CAMINO DE LA CRUZ7ª ESTACIÓN: SEGUNDA CAÍDA EN EL CAMINO DE LA CRUZ

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Caes, Señor, por segunda vez. El Via Crucis nos señala tres caídas en tu caminar hacia el Calvario. Tal vez fueran más.
Caes delante de todos... ¿Cuándo aprenderé yo a no temer el quedar mal ante los demás, por un error, por una equivocación?. ¿Cuándo aprenderé que también eso se puede convertir en ofrenda?

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Se reza a continuación un Padrenuestro


8ª ESTACIÓN: JESÚS CONSUELA A LAS HIJAS DE JERUSALÉN8ª ESTACIÓN: JESÚS CONSUELA A LAS HIJAS DE JERUSALÉN

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Muchas veces, tendría yo que analizar la causa de mis lágrimas. Al menos, de mis pesares, de mis preocupaciones. Tal vez hay en ellos un fondo de orgullo, de amor propio mal entendido, de egoísmo, de envidia.
Debería llorar por mi falta de correspondencia a tus innumerables beneficios de cada día, que me manifiestan, Señor, cuánto me quieres.
Dame profunda gratitud y correspondencia a tu misericordia.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Se reza a continuación un Padrenuestro


9ª ESTACIÓN: JESÚS CAE POR TERCERA VEZ9ª ESTACIÓN: JESÚS CAE POR TERCERA VEZ

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Tercera caída. Más cerca de la Cruz. Más agotado, más falto de fuerzas. Caes desfallecido, Señor.
Yo digo que me pesan los años, que no soy el de antes, que me siento incapaz.
Dame, Señor, imitarte en esta tercera caída y haz que mi desfallecimiento sea beneficioso para otros, porque te lo doy a Ti para ellos.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Se reza a continuación un Padrenuestro


10ª ESTACIÓN: JESÚS DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS10ª ESTACIÓN: JESÚS DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Arrancan tus vestiduras, adheridas a Ti por la sangre de tus heridas.
A infinita distancia de tu dolor, yo he sentido, a veces, cómo algo se arrancaba dolorosamente de mí por la pérdida de mis seres queridos. Que yo sepa ofrecerte el recuerdo de las separaciones que me desgarraron, uniéndome a tu pasión y esforzándome en consolar a los que sufren, huyendo de mi propio egoísmo.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Se reza a continuación un Padrenuestro


11ª ESTACIÓN: JESÚS CLAVADO EN LA CRUZ11ª ESTACIÓN: JESÚS CLAVADO EN LA CRUZ

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Señor, que yo disminuya mis limitaciones con mi esfuerzo y así pueda ayudar a mis hermanos. Y que cuando mi esfuerzo no consiga disminuirlas, me esfuerce en ofrecértelas también por ellos.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Se reza a continuación un Padrenuestro.


12ª ESTACIÓN: JESÚS MUERE EN LA CRUZ12ª ESTACIÓN: JESÚS MUERE EN LA CRUZ

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Te adoro, mi Señor, muerto en la Cruz por Salvarme. Te adoro y beso tus llagas, las heridas de los clavos, la lanzada del costado... ¡Gracias, Señor, gracias!
Has muerto por salvarme, por salvarnos. Dame responder a tu amor con amor, cumplir tu Voluntad, trabajar por mi salvación, ayudado de tu gracia. Y dame trabajar con ahínco por la salvación de mis hermanos.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Se reza a continuación un Padrenuestro


13ª ESTACIÓN: JESÚS EN BRAZOS DE SU MADRE13ª ESTACIÓN: JESÚS EN BRAZOS DE SU MADRE

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Déjame estar a tu lado, Madre, especialmente en estos momentos de tu dolor incomparable. Déjame estar a tu lado. Más te pido: que hoy y siempre me tengas cerca de Ti y te compadezcas de mí.
¡Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía!

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Se reza a continuación un Padrenuestro


14ª ESTACIÓN: EL CADÁVER DE JESÚS PUESTO EN EL SEPULCRO14ª ESTACIÓN: EL CADÁVER DE JESÚS PUESTO EN EL SEPULCRO

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

Todo ha terminado. Pero no: después de la muerte, la Resurrección. Enséñame a ver lo transitorio y pasajero, a la luz de lo que perdura. Y que esa luz ilumine todos mis actos. Así sea.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Se reza a continuación un Padrenuestro


15ª ESTACIÓN: JESÚS RESUCITA15ª ESTACIÓN: JESÚS RESUCITA

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

«¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado» (Lc 24,5-6).

Unas piadosas mujeres fueron al sepulcro de Jesús muy temprano.  El anuncio de la resurrección convierte su tristeza en alegría. Jesús está vivo y nosotros vivimos en Él para siempre. La resurrección de Cristo inaugura para la humanidad una renovada primavera de esperanza.

Jesús, enséñame a mantener siempre la esperanza.

Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Se reza a continuación un Padrenuestro


ORACIÓN FINAL

Te suplico, Señor, que me concedas, por intercesión de tu Madre la Virgen, que cada vez que medite tu Pasión, quede grabado en mí con marca de actualidad constante, lo que Tú has hecho por mí y tus constantes beneficios. Haz, Señor, que me acompañe, durante toda mi vida, un agradecimiento inmenso a tu Bondad. Amén.

Virgen Santísima de los Dolores, mírame cargando la cruz de mi sufrimiento; acompáñame como acompañaste a tu Hijo Jesús en el camino del Calvario; eres mi Madre y te necesito. Ayúdame a sufrir con amor y esperanza para que mi dolor sea dolor redentor que en las manos de Dios se convierta en un gran bien para la salvación de las almas. Amén.

29 marzo 2017

Una Cuaresma para dar frutos.


Un árbol es bueno cuando da frutos buenos. Y para que llegue a darlos, el árbol requiere muchos cuidados. Lo primero que hay que hacer es preparar la tierra para plantarlo; ha de estar la tierra bien regada, sin malas hierbas ni piedras que impidan a sus raíces extenderse y agarrar profundamente la tierra.

Después, es necesario tener una gran paciencia para permitirle crecer a su ritmo. También es necesario darle tiempo para reponer fuerzas, para recobrar la salud. En una palabra, hay que estar pendientes de él con un gran cuidado. Al árbol hay que darle también sus oportunidades. Hay que podar las ramas secas para que la savia pueda llegar sin dificultad hasta las ramas más pequeñas y más alejadas del tronco.

Hay que apuntalarlo para que resista las tempestades. Si es frágil y está mal cuidado, resistirá poco y será arrancado de cuajo. HAY QUE PRESERVARLO DE LOS BICHOS QUE SE COBIJAN EN ÉL Y LE destruyen quitándole las fuerzas.

Hay que preocuparse de él en todo momento. ¡Entonces sí que será capaz de dar los frutos esperados, sabrosos y nutritivos!

Nosotros somos parecidos a los árboles. Nuestros frutos son nuestras obras y nuestras palabras. Si permanecemos plantados en la Palabra de Jesús, en su Evangelio, entonces daremos frutos -nuestras obras y palabras- en las cuales se podrá saborear la Palabra de Jesús. Si nos preocupamos de que nuestras raíces estén asentadas en Jesús; entonces nuestros frutos serán frutos de amor y no de odio.

Catequesis de hoy miércoles del Papa Francisco: "Esperanza contra toda esperanza".


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El pasaje de la Carta de San Pablo a los Romanos que hemos apenas escuchado nos da un gran don. De hecho, estamos acostumbrados a reconocer en Abraham a nuestro padre en la fe; hoy el Apóstol nos hace comprender que Abraham es para nosotros padre de la esperanza; no sólo padre en la fe, sino padre en la esperanza. Y esto porque en su historia podemos ya aprehender un anuncio de la Resurrección, de la vida nueva que vence el mal y la misma muerte.

En el texto se dice que Abraham creyó en Dios «que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen» (Rom 4,17); y luego se precisa: «Su fe no flaqueó, al considerar que su cuerpo estaba como muerto y que también lo estaba el seno de Sara» (Rom 4,19). Así, esta es la experiencia a la cual estamos llamados a vivir también nosotros. El Dios que se revela a Abraham es el Dios que salva, el Dios que hace salir de la desesperación y de la muerte, el Dios que llama a la vida. En la historia de Abraham todo se convierte en un himno al Dios que libera y regenera, todo se hace profecía. Y lo hace para nosotros, para nosotros que ahora reconocemos y celebramos el cumplimiento de todo esto en el misterio de la Pascua. Dios de hecho, «resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesús» (Rom 4,24), para que también nosotros podamos pasar en Él de la muerte a la vida. Y de verdad entonces Abraham puede bien llamarse «padre de muchos pueblos», en cuanto resplandece como anuncio de una humanidad nueva – nosotros – rescatada por Cristo del pecado y de la muerte e introducida una vez para siempre en el abrazo del amor de Dios.

A este punto, Pablo nos ayuda a poner en evidencia el vínculo estrecho entre la fe y la esperanza. Él de hecho afirma que Abraham «creyó, esperando contra toda esperanza» (Rom 4,18). Nuestra esperanza no se apoya en razonamientos, previsiones o cálculos humanos; y se manifiesta ahí donde no hay más esperanza, donde no hay nada más en que esperar, justamente como sucedió con Abraham, ante su muerte inminente y la esterilidad de su mujer Sara. Era el final para ellos, no podían tener hijos y ahí, en esa situación, Abraham cree y tuvo esperanza contra toda esperanza. ¡Y esto es grande! La gran esperanza hunde sus raíces en la fe, y justamente por esto es capaz de ir más allá de toda esperanza. Sí, porque no se funda en nuestra palabra, sino en la Palabra de Dios. También en este sentido, entonces, estamos llamados a seguir el ejemplo de Abraham, quien, a pesar de la evidencia de una realidad que parece destinada a la muerte, confía en Dios, «plenamente convencido de que Dios tiene poder para cumplir lo que promete» (Rom 4,21). Me gustaría hacerles una pregunta, ¿eh?: ¿Nosotros, todos nosotros, estamos convencidos de esto? ¿Estamos convencidos que Dios nos quiere mucho y que todo aquello que nos ha prometido está dispuesto a llevarlo a cumplimiento? Pero Padre, ¿Cuánto debemos pagar por esto? (El Señor responde): “Hay un precio: abrir el corazón”. Abran sus corazones y esta fuerza de Dios llevará adelante y hará cosas milagrosas y les enseñará que cosa es la esperanza. Este es el único precio: abrir el corazón a la fe y Él hará el resto.

¡Esta es la paradoja y al mismo tiempo el elemento más fuerte, más alto de nuestra esperanza! Una esperanza fundada en una promesa que del punto de vista humano parece incierta e impredecible, pero que no disminuye ni siquiera ante la muerte, cuando a prometer es el Dios de la Resurrección y de la vida. Esto no lo promete uno cualquiera, ¡no! Quien lo promete, es el Dios de la Resurrección y de la vida.

Queridos hermanos y hermanas, pidamos hoy al Señor la gracia de permanecer instaurados no tanto en nuestras seguridades, en nuestras capacidades, sino en la esperanza que surge de la promesa de Dios, como verdaderos hijos de Abraham. Cuando Dios promete, lleva a cumplimiento aquello que promete. Jamás falta a su palabra. Y entonces nuestra vida asumirá una luz nueva, en la conciencia de que Quien ha resucitado a su Hijo, resucitará también a nosotros y nos hará de verdad una cosa sola con Él, junto a todos nuestros hermanos en la fe. Todos nosotros creemos. Hoy estamos todos en la plaza, alabemos al Señor, cataremos el Padre Nuestro, luego recibiremos la bendición… pero esto pasa. Pero esto, también, es una promesa de esperanza. Si nosotros hoy tenemos el corazón abierto, les aseguro que todos nosotros nos encontraremos en la plaza del Cielo por siempre, que no pasa nunca. Y esta es la promesa de Dios. Y esta es nuestra esperanza, si nosotros abrimos nuestros corazones. Gracias.


(Miércoles. 29-3-2017)

28 marzo 2017

Porque Málaga pasa de ser Cautiva el lunes santo... a ser liberada por el amor Trinitario de una madre.




"Rezo a tus pies, porque es como yo sé rezar,
rezo a tus pies, Reina el barrio la Trinidad,
rezo a tus pies, porque así me enseñaste a rezar
mientras yo abajo esté, nunca sola andarás."

La Virgen de la Cabeza: Rosa y Madre.


Si seguimos a Jesús no es posible hacerlo sin pensar, sin volver el corazón y la mente a la imagen de su Madre de la Cabeza...

Por su SI, Cristo se formó en sus entrañas por obra del Espíritu Santo y ahí, en ese momento único, grandioso, empezó a crecer en su seno virginal hasta hacerse hombre el Hijo de Dios, que un día, en una cruz de madera, moriría por la Salvación de toda la humanidad.

Ella supo de despedidas.
Ella supo de soledades, de ausencias del que era todo el amor de su vida.
Ella sin comprender nada aceptó que su amado hijo Jesús, vivía del gran misterio de Dios y se alejaba de ella cada vez más... para cumplir una MISIÓN.

Y al pie de la cruz, mientras lo veía agonizar, con el amado rostro desfigurado, con los pies clavados y los brazos extendidos, como queriendo abrazarnos, aceptó, porque El se lo pedía.
En ese momento, se convertiría en Madre Universal.

"Madre del silencio y de la Humanidad, tu vives perdida y encontrada en el mar sin fondo del Misterio del Señor. Eres disponibilidad y receptividad, eres fecundidad y plenitud, eres atención por los hermanos, estás vestida de fortaleza" (P. Larrañaga)

Cuando el miedo nos invade acudimos a Ti, porque eres valiente.
Cuando dudamos volvemos los ojos a Ti, porque eres Verdad.
Cuando la tristeza nos invade acudimos a Ti, que fuiste Madre de dolores y recibimos tu fuerza. Cuando el creer se nos hace difícil… nos sentimos seguros porque tu, eres Madre Fiel, Espejo de Justicia, Rosa de Oro, Trono de sabiduría y estás llena de Gracia, de Consuelo y Misericordia.

¡Madre de la Cabeza, ruega por nosotros tus religiosos, tus peregrinos, devotos y por el mundo entero!

La alegría es una condición indispensable para evangelizar.


La evangelización no siempre es sinónimo de ‘pescar peces’. Dar testimonio… pero luego es el Señor el que pesca, dónde, cómo, cuándo, no lo sabemos, pero esto es muy importante.
También partir de eso: que nosotros somos instrumentos, instrumentos inútiles.

Evangelizar es una alegría. Decía el gran Pablo VI en el más grande documento pastoral post conciliar que todavía hoy tiene actualidad: la alegría de la Iglesia es este evangelizar y nosotros tenemos que pedir la gracia de no perderla.

Un evangelizador triste es uno que no está convencido de que Jesús es alegría, que Jesús te lleva alegría y que cuando te llama te cambia la vida y te da alegría, te envía en alegría, en la cruz, pero en alegría para evangelizar.

Os aseguro que se trata de un “desafío”.
No debemos temer los desafíos que existen porque son signo de una fe viva, de una comunidad viva que busca a su Señor y tiene los ojos y el corazón abiertos. No debemos tener temor ni lamentarnos, los desafíos se deben tomar por los cuernos, hace bien que haya desafíos, porque hacen crecer.

Los desafíos nos ayudan a hacer que nuestra fe no sea ideológica.
Las ideologías germinan y crecen cuando un cree tener la fe completa, ahí viene la ideología, y añadió que “nos salvan de un pensamiento cerrado y definitivo y nos abren a una comprensión más amplia.
Recuerdo que la sociedad actual es “multiforme” y que la Iglesia tiene mucho que enseñarnos y ayudarnos para una cultura de la diversidad.

Discernimiento.

En la cultura de la abundancia a la cual estamos sometidos, la diversidad ofrece un horizonte de muchas posibilidades, presentándoles a todas como válidas y buenas.
Nuestros jóvenes son expuestos a un ‘zapping’ continuo.
Pueden navegar en dos o tres pantallas abiertas al mismo tiempo, pueden interactuar al mismo tiempo en varios escenarios virtuales.

Por ello, es bueno enseñarles a discernir, porque tenemos los instrumentos y los elementos que les ayuden a recorrer el camino de la vida sin que se extinga el Espíritu Santo que está en ellos.

Diaconado permanente y periferias existenciales.

El diácono no puede ser una especie de “intermediario entre los fieles y los pastores".
El diaconado es una vocación específica, una vocación familiar que reclama el servicio como uno de los dones característicos del pueblo de Dios.

En definitiva, es el custodio del servicio en la Iglesia, el servicio en la Palabra, el servicio en el Altar, el servicio a los Pobres. No sois medio sacerdotes ni medio laicos –esto sería ‘funcionalizar’ el diaconado–, sino que sois sacramento del servicio a Dios y a los hermanos.

Peligro de la “resignación.

Cada vez que pensamos o constatamos que somos pocos, o en muchos casos ancianos, que experimentamos el peso, la fragilidad más que el esplendor, nuestro espíritu comienza a ser corroído por la resignación. Y la resignación conduce después a la pereza.

Por eso, hace bien a todos nosotros revisitar los orígenes, una memoria que nos salva de cualquier imaginación gloriosa pero irreal del pasado.

Durante muchos años hemos creído, y hemos crecido, con la idea de que las familias religiosas deben ocupar espacios más que iniciar procesos.

Pido que pongáis atención porque a veces “cuando caemos en la resignación nos alejamos de la misericordia”. Comienza a pesar el dinero que tenemos en el banco, ¿y la pobreza entonces dónde está?. “El Señor es bueno y cuando una congregación religiosa no va por el camino del voto de pobreza le envía un ecónomo o una ecónoma dura que hace que se desmorone todo, y esto es una gracia.

No tengáis miedo a ser una “minoría” y no osaría deciros a cuáles periferias existenciales debe dirigirse la misión, porque normalmente el Espíritu ha inspirado los carismas para las periferias, para ir a los lugares, en dónde suelen estar los abandonados.


(Papa Francisco en Milán. 25-3-2017)

26 marzo 2017

Evangelio. Domingo IV del Tiempo de Cuaresma: "Domingo de la Laetare".


Según San Juan 9, 1 - 40.

En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos: «Rabbí, ¿quién pecó, él o sus padres, para que haya nacido ciego?». Respondió Jesús: «Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios. Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar. Mientras estoy en el mundo, soy luz del mundo». Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, y untó con el barro los ojos del ciego y le dijo: «Vete, lávate en la piscina de Siloé» (que quiere decir Enviado). El fue, se lavó y volvió ya viendo. 

Los vecinos y los que solían verle antes, pues era mendigo, decían: «¿No es éste el que se sentaba para mendigar?». Unos decían: «Es él». «No, decían otros, sino que es uno que se le parece». Pero él decía: «Soy yo». Le dijeron entonces: «¿Cómo, pues, se te han abierto los ojos?». Él respondió: «Ese hombre que se llama Jesús, hizo barro, me untó los ojos y me dijo: ‘Vete a Siloé y lávate’. Yo fui, me lavé y vi». Ellos le dijeron: «¿Dónde está ése?». El respondió: «No lo sé». 

Lo llevan donde los fariseos al que antes era ciego. Pero era sábado el día en que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. Los fariseos a su vez le preguntaron cómo había recobrado la vista. Él les dijo: «Me puso barro sobre los ojos, me lavé y veo». Algunos fariseos decían: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros decían: «Pero, ¿cómo puede un pecador realizar semejantes señales?». Y había disensión entre ellos. Entonces le dicen otra vez al ciego: «¿Y tú qué dices de Él, ya que te ha abierto los ojos?». Él respondió: «Que es un profeta». 

No creyeron los judíos que aquel hombre hubiera sido ciego, hasta que llamaron a los padres del que había recobrado la vista y les preguntaron: «¿Es éste vuestro hijo, el que decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora?». Sus padres respondieron: «Nosotros sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego. Pero, cómo ve ahora, no lo sabemos; ni quién le ha abierto los ojos, eso nosotros no lo sabemos. Preguntadle; edad tiene; puede hablar de sí mismo». Sus padres decían esto por miedo por los judíos, pues los judíos se habían puesto ya de acuerdo en que, si alguno le reconocía como Cristo, quedara excluido de la sinagoga. Por eso dijeron sus padres: «Edad tiene; preguntádselo a él». 

Le llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador». Les respondió: «Si es un pecador, no lo sé. Sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo». Le dijeron entonces: «¿Qué hizo contigo? ¿Cómo te abrió los ojos?». Él replicó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis escuchado. ¿Por qué queréis oírlo otra vez? ¿Es qué queréis también vosotros haceros discípulos suyos?». Ellos le llenaron de injurias y le dijeron: «Tú eres discípulo de ese hombre; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios; pero ése no sabemos de dónde es». El hombre les respondió: «Eso es lo extraño: que vosotros no sepáis de dónde es y que me haya abierto a mí los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores; mas, si uno es religioso y cumple su voluntad, a ése le escucha. Jamás se ha oído decir que alguien haya abierto los ojos de un ciego de nacimiento. Si éste no viniera de Dios, no podría hacer nada». Ellos le respondieron: «Has nacido todo entero en pecado ¿y nos das lecciones a nosotros?». Y le echaron fuera. 

Jesús se enteró de que le habían echado fuera y, encontrándose con él, le dijo: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?». El respondió: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le dijo: «Le has visto; el que está hablando contigo, ése es». Él entonces dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante Él. Y dijo Jesús: «Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos». Algunos fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: «Es que también nosotros somos ciegos?». Jesús les respondió: «Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; pero, como decís: ‘Vemos’ vuestro pecado permanece».


Reflexión.

Jesús fue causa de una gran alegría para aquel ciego de nacimiento a quien otorgó la vista corporal y la luz espiritual. El ciego creyó y recibió la luz de Cristo. En cambio, aquellos fariseos, que se creían en la sabiduría y en la luz, permanecieron ciegos por su dureza de corazón y por su pecado

Reflexión. Domingo de “Laetare”


El domingo pasado, las lecturas nos invitaban a ir al pozo del encuentro con Jesús, como hizo la Samaritana. Revisar nuestra vida, nuestros compromisos y nuestra fidelidad es uno de los pilares en los que se sostiene el tiempo de cuaresma. Salir de nuestras comodidades y dejarnos empapar por el Agua Viva. Sentir la necesidad de la sed espiritual, es ir a buscar a Jesús, y ver como él nos está esperando con los brazos abiertos.

En este IV Domingo del Tiempo de Cuaresma, veremos como Jesús cura nuestra ceguera. Él nos da la oportunidad de que veamos lo realmente importante. A veces podremos estar anestesiado en nuestras comodidades, inmersos en nuestras obligaciones, pero, Jesús es la Luz que nos ilumina, el camino que debemos recorrer y la verdad que debemos decir. Sale a nuestro encuentro para ayudarnos y acogernos de nuevo; Por eso, la cuaresma debe ser un retorno hacia la verdadera fuente que nos abre los ojos.

Este domingo lo llamamos el “Domingo de Laetare” es decir, el “Domingo de la Alegría.
Ya queda sólo un domingo más para que iniciemos la Semana Santa con el domingo de Ramos. Acompañar a Jesús hacia el “Gólgota”, es saber identificarse con Él en los momentos buenos y malos. Que nos preparemos de corazón para recibir esta gracia que culminará en la alegría Pascual.

En la Primera Lectura del Primer Libro de Samuel, nos relata como David es un ungido y elegido Rey por Samuel. David y Samuel, dos figuras en los que han realizados grandes proezas, pero, proceden de familias humildes y sencillas. David era el pequeño de los hermanos y apenas en ese tiempo contaban los hermanos pequeños. Dios elige a los más pequeños, a los sencillos, a lo insignificante para realizar un plan. Esto pasaba también con Israel y el “Dios de Israel” que escogían a los últimos de la sociedad, no porque no valiesen nada, al revés, porque al ser humildes, no dejaban de lado a Dios.

En la Segunda Lectura de la Carta de Pablo a los Efesios, nos exhorta a que busquemos en todo lo momento la Luz. Se nos plantea un comportamiento ético que debe caracterizar a la asamblea. ¿De qué sirve predicar una cosa, si después andamos en tinieblas y en la incoherencia? En el Judaísmo Luz y Tinieblas eran imágenes, símbolos dualistas que solían utilizar bastante. Por eso, Pablo, quería que fueran imitadores de Dios, que no haya discriminación (aunque en este tiempo si lo había) de procedencia, de clases sociales… Que al vivir, se viva con amor, en la luz y en la coherencia de ser seguidores de Cristo.

En el Evangelio de Juan, nos narra con exactitud la curación del ciego de nacimiento. La hicieron tan suya, que parece que estaba aconteciendo en el mismo momento y lo estaban escribiendo con todo detalle. En aquel tiempo, tener una enfermedad creían que era consecuencia del pecado cometido por el o por los familiares. Jesús, rompe el esquema cuando se pone delante del ciego y no le  dice si pecó el o sus padres, sino, que en esa persona ciega, se va hacer presente Dios y verá la verdadera Luz. Por otro lado, el Evangelio, nos dice que la curación se hace en sábado. El sábado, un día sagrado, y que no se puede hacer nada. Es un día reservado a Dios. Pero, Jesús, vuelve de nuevo a poner al hombre por encima la ley. No por cumplir la ley estrictamente se van a salvar. Primero está la ayuda al hermano y después vendrá la ley. Poner al hombre enfermo como lo hace Jesús, dejar a un lado los prejuicios, los juicios y la ley injusta, es saber amar de verdad al necesitado. Un mundo, donde andamos más fácilmente por la tiniebla que en la luz, es sacar fuerza y nadar contracorriente. La vida es un don, que está por encima de cualquier precepto. Ayudar al que lo necesita, está antes que cumplir cualquier dogma; Jesús este domingo, quiere romper todo juicio y nos dice que la persona es sagrada, porque habita Dios. ¡Dejemos que Dios abra nuestros ojos y nos muestre la verdadera luz que ilumina nuestra vida!.

Que la Virgen María en la advocación de la Cabeza, interceda por cada uno de nosotros ante su Hijo Jesús, y nos conceda humildad de corazón para que nos dejemos abrir los ojos y pasemos de nuestra propia oscuridad, a la Luz de Cristo. Dejemos a un lado las normas, los preceptos y títulos y procuremos ver a los demás como hermanos y así seremos verdaderos seguidores de Cristo. Veremos como si cada uno encendemos nuestra propia luz, el mundo iluminará de otro modo.

También le pedimos a la Virgen de la Cabeza, en este Año Vocacional Trinitario, que proteja con su manto maternal a todos los religiosos y a la familia trinitaria y suscite a su Hijo, que nos envíe vocaciones fieles y santas.
Que así sea.


¿Por qué al IV Domingo de Cuaresma se le llama "Domingo de Laetare" o "Domingo de las Rosas"?


La Cuaresma es un tiempo penitencial, de oración, ayuno y limosna, donde el color litúrgico es el morado. Entretanto, tenemos, en el transcurso de este tiempo, un momento de júbilo, donde el color litúrgico pasa del morado, al rosa.

Es el llamado "Domingo Laetare", o "Domingo de la Alegría"

El IV Domingo de la Cuaresma recibe este nombre porque así comienza, en este día, la Antífona de Entrada de la Eucaristía: "Laetare, Ierusalem” (¡Alégrate Jerusalén!).

Este domingo ya fue llamado también de "Domingo de las Rosas", pues, en la antigüedad, los cristianos acostumbraban obsequiarse rosas. Y es aquí que surge la "Rosa de Oro".

En el siglo X surgió, entonces, la tradición de la "Bendición de la Rosa", ocasión en que el Santo Padre, en el IV Domingo de la Cuaresma, iba del Palacio de Letrán a la Basílica Estacional de Santa Cruz de Jerusalén, llevando en la mano izquierda una rosa de oro que significaba la alegría por la proximidad de la Pascua.

Con la mano derecha, el Papa bendecía a la multitud. Regresando procesionalmente a caballo, el Papa veía su montura conducida por el prefecto de Roma. Al llegar, obsequiaba al prefecto la rosa, en reconocimiento por sus actos de respeto y homenaje.

De ahí, entonces, hasta nuestros días, tuvo inicio la costumbre de ofrecer la "Rosa de Oro".

25 marzo 2017

Hoy sábado celebramos la Solemnidad de la Anunciación del Señor.


¿Qué es la Anunciación del Señor?

Esta gran fiesta tomó su nombre de la buena nueva anunciada por el arcángel Gabriel a la Santísima Virgen María, referente a la Encarnación del Hijo de Dios. Era el propósito divino dar al mundo un Salvador, al pecador una víctima de propiciación, al virtuoso un modelo, a esta doncella -que debía permanecer virgen- un Hijo y al Hijo de Dios una nueva naturaleza humana capaz de sufrir el dolor y la muerte,


Según San Lucas 1, 26 - 38.

Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin». 

María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel dejándola se fue.

24 marzo 2017

Papa Francisco a los jóvenes: "Dios se fija en ustedes y los llama, y cuando lo hace está mirando todo el amor que son capaces de ofrecer".



Viernes de Cuaresma: No existe otro mayor que él.


Merece la pena creer en Dios
que nos quiere felices.
No hay nada que se le pueda comparar,
ni que le haga sombra.
Sin vendernos a otros dioses
que no son más que nuestros intereses
egoístas y mequinos.

Catequesis del pasado miércoles del Papa Francisco: Perseverancia y consolación.


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Ya desde hace algunas semanas el Apóstol Pablo nos está ayudando a comprender mejor en que cosa consiste la esperanza cristiana. Y hemos dicho que no era un optimismo, no: era otra cosa. Y el Apóstol nos ayuda a entender que cosa es esto. Hoy lo hace uniéndola a dos actitudes aún más importantes para nuestra vida y nuestra experiencia de fe: la «perseverancia» y la «consolación» (vv. 4.5). En el pasaje de la Carta a los Romanos que hemos apenas escuchado son citados dos veces: la primera en relación a las Escrituras y luego a Dios mismo. ¿Cuál es su significado más profundo, más verdadero? Y ¿En qué modo iluminan la realidad de la esperanza? Estas dos actitudes: la perseverancia y la consolación.

La perseverancia podríamos definirla también como paciencia: es la capacidad de soportar, llevar sobre los hombros, “soportar”, de permanecer fieles, incluso cuando el peso parece hacerse demasiado grande, insostenible, y estamos tentados de juzgar negativamente y de abandonar todo y a todos. La consolación, en cambio, es la gracia de saber acoger y mostrar en toda situación, incluso en aquellas marcadas por la desilusión y el sufrimiento, la presencia y la acción compasiva de Dios. Ahora, San Pablo nos recuerda que la perseverancia y la consolación nos son transmitidas de modo particular por las Escrituras (v. 4), es decir, por la Biblia. De hecho, la Palabra de Dios, en primer lugar, nos lleva a dirigir la mirada a Jesús, a conocerlo mejor y a conformarnos a Él, a asemejarnos siempre más a Él. En segundo lugar, la Palabra nos revela que el Señor es de verdad «el Dios de la constancia y del consuelo» (v. 5), que permanece siempre fiel a su amor por nosotros, es decir, que es perseverante en el amor con nosotros, no se cansa de amarnos: ¡no! Es perseverante: ¡siempre nos ama! Y también se preocupa por nosotros, curando nuestras heridas con la caricia de su bondad y de su misericordia, es decir, nos consuela. Tampoco, se cansa de consolarnos.

En esta perspectiva, se comprende también la afirmación inicial del Apóstol: «Nosotros, los que somos fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no complacernos a nosotros mismos» (v. 1). Esta expresión «nosotros, los que somos fuertes» podría parecer arrogante, pero en la lógica del Evangelio sabemos que no es así, es más, es justamente lo contrario porque nuestra fuerza no viene de nosotros, sino del Señor. Quien experimenta en su propia vida el amor fiel de Dios y su consolación está en grado, es más, en el deber de estar cerca de los hermanos más débiles y hacerse cargo de sus fragilidades. Si nosotros estamos cerca al Señor, tendremos esta fortaleza para estar cerca a los más débiles, a los más necesitados y consolarlos y darles fuerza. Esto es lo que significa. Esto nosotros podemos hacerlo sin auto-complacencia, sino sintiéndose simplemente como un “canal” que transmite los dones del Señor; y así se convierte concretamente en un “sembrador” de esperanza. Es esto lo que el Señor nos pide a nosotros, con esa fortaleza y esa capacidad de consolar y ser sembradores de esperanza. Y hoy, se necesita sembrar esperanza, ¿eh? No es fácil.

El fruto de este estilo de vida no es una comunidad en la cual algunos son de “serie A”, es decir, los fuertes, y otros de “serie B”, es decir, los débiles. El fruto en cambio es, como dice Pablo, «tener los mismos sentimientos unos hacia otros, a ejemplo de Cristo Jesús» (v. 5). La Palabra de Dios alimenta una esperanza que se traduce concretamente en el compartir, en el servicio recíproco. Porque incluso quien es “fuerte” se encuentra antes o después con la experiencia de la fragilidad y de la necesidad de la consolación de los demás; y viceversa en la debilidad se puede siempre ofrecer una sonrisa o una mano al hermano en dificultad. Y así es una comunidad que «con un solo corazón y una sola voz, glorifica a Dios» (Cfr. v. 6). Pero todo esto es posible si se pone al centro a Cristo, su Palabra, porque Él es el “fuerte”, Él es quien nos da la fortaleza, quien nos da la paciencia, quien nos da la esperanza, quien nos da la consolación. Él es el “hermano fuerte” que cuida de cada uno de nosotros: todos de hecho tenemos necesidad de ser llevados en los hombres del Buen Pastor y de sentirnos acogidos en su mirada tierna y solícita.

Queridos amigos, jamás agradeceremos suficientemente a Dios por el don de su Palabra, que se hace presente en las Escrituras. Es ahí que el Padre de nuestro Señor Jesucristo se revela como «Dios de la perseverancia y de la consolación». Y es ahí que nos hacemos conscientes de como nuestra esperanza no se funda en nuestras capacidades y en nuestras fuerzas, sino en el fundamento de Dios y en la fidelidad de su amor, es decir, en la fuerza de Dios y en la consolación de Dios. Gracias.


(Miércoles. 22-3-2017)

22 marzo 2017

¿Qué es aquello que verdaderamente nos da vida?


... Tantas veces nos confundimos y equivocamos sobre eso…
¿Qué agua es la que, de verdad, sacia la sed y qué alimento es el que, de verdad nos da la fuerza? 
¿De qué pozo podemos extraer esa agua y dónde podemos adquirir ese pan? 
La samaritana pensaba que era el pozo donde ella iba cada día, y se equivocaba; 
los discípulos pensaban que era el pan que habían comprado en el pueblo y también se equivocaban.

A lo largo de todo el Evangelio, y en la Eucaristía de cada día y de todos los días, Jesús se nos manifiesta y se nos entrega como alimento de vida, como pan de vida y como bebida de salvación.
Se trata, pues, de comulgar, de entrar en comunión con él. Y el comienzo de esa comunión, la base, es la comunicación, el encentro personal. Muchas más veces de las que pensamos, él se nos acerca, y nos espera en el lugar donde nosotros vamos a ir. Se hace el encontradizo y el necesitado. 
¿Somos capaces de pararnos y escuchar? 
No importa mucho lo que digamos; lo que importa de verdad es que escuchemos. 

Tener gestos de cercanía con las personas sin hogar.


La historia, que se encuentra desde hace años, tiene como protagonistas a San Juan Pablo II y a un mendigo que vivía en la ciudad de Roma.

En el Vaticano es famosa la historia de una persona sin hogar, de origen polaco, que normalmente se quedaba en la Plaza del Risorgimento de Roma. No hablaba con nadie, ni siquiera con los voluntarios de la Cáritas que le llevaban un plato caliente por la tarde. Solamente después de un largo tiempo lograron hacer que les contara su historia: ‘Soy un sacerdote, conozco bien a su Papa, hemos estudiado juntos en el seminario’. Los rumores llegaron a San Juan Pablo II, que escuchó el nombre, confirmó que había estado con él en el seminario y quiso reunirse con él. Se abrazaron, después de cuarenta años, y al final de una audiencia el Papa pidió que lo confesara. Después de la confesión, el sacerdote le dijo al Papa: ‘Ahora te toca a ti’. Y el compañero de seminario fue confesado por el Papa”.

Gracias al gesto de un voluntario, de un plato caliente, de algunas palabras de consuelo, de una mirada de bondad, esta persona pudo volver a levantarse y emprender una vida normal que lo llevó a convertirse en capellán de un hospital. El Papa lo ayudó, claro, es un ‘milagro’, pero es también un ejemplo para decir que las personas sin hogar tienen una gran dignidad.


(Papa Francisco. En una entrevista. 20-3-2017)

Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Juventud 2017.


Queridos jóvenes:

Nos hemos puesto de nuevo en camino después de nuestro maravilloso encuentro en Cracovia, donde celebramos la XXXI Jornada Mundial de la Juventud y el Jubileo de los Jóvenes, en el contexto del Año Santo de la Misericordia.

Allí dejamos que san Juan Pablo II y santa Faustina Kowalska, apóstoles de la divina misericordia, nos guiaran para encontrar una respuesta concreta a los desafíos de nuestro tiempo.

Experimentamos con fuerza la fraternidad y la alegría, y dimos al mundo un signo de esperanza; las distintas banderas y lenguas no eran un motivo de enfrentamiento y división, sino una oportunidad para abrir las puertas de nuestro corazón, para construir puentes.

Al final de la JMJ de Cracovia indiqué la próxima meta de nuestra peregrinación que, con la ayuda de Dios, nos llevará a Panamá en 2019. Nos acompañará en este camino la Virgen María, a quien todas las generaciones llaman bienaventurada (cf. Lc 1,48).

La siguiente etapa de nuestro itinerario está conectada con la anterior, centrada en las bienaventuranzas, pero nos impulsa a seguir adelante. Lo que deseo es que vosotros, jóvenes, caminéis no sólo haciendo memoria del pasado, sino también con valentía en el presente y esperanza en el futuro.

Estas actitudes, siempre presentes en la joven Mujer de Nazaret, se encuentran reflejadas claramente en los temas elegidos para las tres próximas JMJ. Este año (2017) vamos a reflexionar sobre la fe de María cuando dijo en el Magnificat: «El Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí» (Lc 1,49).

El tema del próximo año (2018): «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios» (Lc 1,30), nos llevará a meditar sobre la caridad llena de determinación con que la Virgen María recibió el anuncio del ángel. La JMJ 2019 se inspirará en las palabras: «He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38), que fue la respuesta llena de esperanza de María al ángel.

En octubre de 2018, la Iglesia celebrará el Sínodo de los Obispos sobre el tema: Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Nos preguntaremos sobre cómo vivís vosotros, los jóvenes, la experiencia de fe en medio de los desafíos de nuestra época.

También vamos a abordar la cuestión de cómo se puede desarrollar un proyecto de vida discerniendo vuestra vocación, tomada en sentido amplio, es decir, al matrimonio, en el ámbito laical y profesional, o bien a la vida consagrada y al sacerdocio. Deseo que haya una gran sintonía entre el itinerario que llevará a la JMJ de Panamá y el camino sinodal.

Nuestra época no necesita de «jóvenes-sofá»

Según el Evangelio de Lucas, después de haber recibido el anuncio del ángel y haber respondido con su «sí» a la llamada para ser madre del Salvador, María se levanta y va de prisa a visitar a su prima Isabel, que está en el sexto mes de embarazo (cf. 1,36.39).

María es muy joven; lo que se le ha anunciado es un don inmenso, pero comporta también un desafío muy grande; el Señor le ha asegurado su presencia y su ayuda, pero todavía hay muchas cosas que aún no están claras en su mente y en su corazón. Y sin embargo María no se encierra en casa, no se deja paralizar por el miedo o el orgullo.

María no es la clase de personas que para estar bien necesita un buen sofá donde sentirse cómoda y segura. No es una joven-sofá (cf. Discurso en la Vigilia, Cracovia, 30 de julio de 2016). Si su prima anciana necesita una mano, ella no se demora y se pone inmediatamente en camino.

El trayecto para llegar a la casa de Isabel es largo: unos 150 km. Pero la joven de Nazaret, impulsada por el Espíritu Santo, no se detiene ante los obstáculos. Sin duda, las jornadas de viaje le ayudaron a meditar sobre el maravilloso acontecimiento en el que estaba participando.

Lo mismo nos sucede a nosotros cuando empezamos nuestra peregrinación: a lo largo del camino vuelven a la mente los hechos de la vida, y podemos penetrar en su significado y profundizar nuestra vocación, que se revela en el encuentro con Dios y en el servicio a los demás.

El Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí

El encuentro entre las dos mujeres, la joven y la anciana, está repleto de la presencia del Espíritu Santo, y lleno de alegría y asombro (cf. Lc 1,40-45). Las dos madres, así como los hijos que llevan en sus vientres, casi bailan a causa de la felicidad. Isabel, impresionada por la fe de María, exclama: «Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá» (v. 45).

Sí, uno de los mayores regalos que la Virgen ha recibido es la fe. Creer en Dios es un don inestimable, pero exige también recibirlo; e Isabel bendice a María por eso. Ella, a su vez, responde con el canto del Magnificat (cf. Lc 1,46-55), donde encontramos las palabras: «El Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí» (v. 49).

La oración de María es revolucionaria, es el canto de una joven llena de fe, consciente de sus límites, pero que confía en la misericordia divina. Esta pequeña y valiente mujer da gracias a Dios porque ha mirado su pequeñez y porque ha realizado la obra de la salvación en su pueblo, en los pobres y humildes.

La fe es el corazón de toda la historia de María. Su cántico nos ayuda a comprender cómo la misericordia del Señor es el motor de la historia, tanto de la persona, de cada uno de nosotros, como del conjunto de la humanidad.

Cuando Dios toca el corazón de un joven o de una joven, se vuelven capaces de grandes obras. Las «cosas grandes» que el Todopoderoso ha hecho en la vida de María nos hablan también del viaje de nuestra vida, que no es un deambular sin sentido, sino una peregrinación que, aun con todas sus incertidumbres y sufrimientos, encuentra en Dios su plenitud (cf. Ángelus, 15 de agosto de 2015).

Me diréis: «Padre, pero yo soy muy limitado, soy pecador, ¿qué puedo hacer?». Cuando el Señor nos llama no se fija en lo que somos, en lo que hemos hecho. Al contrario, en el momento en que nos llama, él está mirando todo lo que podríamos dar, todo el amor que somos capaces de ofrecer.

Como la joven María, podéis hacer que vuestra vida se convierta en un instrumento para mejorar el mundo. Jesús os llama a dejar vuestra huella en la vida, una huella que marque la historia, vuestra historia y la historia de muchos (cf. Discurso en la Vigilia, Cracovia, 30 de julio de 2016).

Ser joven no significa estar desconectado del pasado

María es poco más que una adolescente, como muchos de vosotros. Sin embargo, en el Magnificat alaba a su pueblo, su historia. Esto nos enseña que ser joven no significa estar desconectado del pasado. Nuestra historia personal forma parte de una larga estela, de un camino comunitario que nos ha precedido durante siglos.

Como María, pertenecemos a un pueblo. Y la historia de la Iglesia nos enseña que, incluso cuando tiene que atravesar mares revueltos, la mano de Dios la guía, le hace superar momentos difíciles. La verdadera experiencia en la Iglesia no es como un flashmob, en el que nos damos cita, se realiza una performance y luego cada uno se va por su propio camino.

La Iglesia lleva en sí una larga tradición, que se transmite de generación en generación, y que se enriquece al mismo tiempo con la experiencia de cada individuo. También vuestra historia tiene un lugar dentro de la historia de la Iglesia.

Hacer memoria del pasado sirve también para recibir las obras nuevas que Dios quiere hacer en nosotros y a través de nosotros. Y nos ayuda a dejarnos escoger como instrumentos suyos, colaboradores en sus proyectos salvíficos.

También vosotros, jóvenes, si reconocéis en vuestra vida la acción misericordiosa y omnipotente de Dios, podéis hacer grandes cosas y asumir grandes responsabilidades.

Me gustaría haceros algunas preguntas: ¿Cómo “guardáis” en vuestra memoria los acontecimientos, las experiencias de vuestra vida? ¿Qué hacéis con los hechos y las imágenes grabadas en vuestros recuerdos? A algunos, heridos por las circunstancias de la vida, les gustaría “reiniciar” su pasado, ejercer el derecho al olvido.

Pero me gustaría recordaros que no hay santo sin pasado, ni pecador sin futuro. La perla nace de una herida en la ostra. Jesús, con su amor, puede sanar nuestros corazones, transformando nuestras heridas en auténticas perlas. Como decía san Pablo, el Señor muestra su fuerza a través de nuestra debilidad (cf. 2 Co 12,9).

Nuestros recuerdos, sin embargo, no deben quedar amontonados, como en la memoria de un disco duro. Y no se puede almacenar todo en una “nube” virtual. Tenemos que aprender a hacer que los sucesos del pasado se conviertan en una realidad dinámica, para reflexionar sobre ella y sacar una enseñanza y un sentido para nuestro presente y nuestro futuro. Descubrir el hilo rojo del amor de Dios que conecta toda nuestra existencia es una tarea difícil pero necesaria.

Muchos dicen que vosotros, los jóvenes, sois olvidadizos y superficiales. No estoy de acuerdo en absoluto. Pero hay que reconocer que en nuestros días tenemos que recuperar la capacidad de reflexionar sobre la propia vida y proyectarla hacia el futuro. Tener un pasado no es lo mismo que tener una historia.

En nuestra vida podemos tener tantos recuerdos, pero ¿cuántos de ellos construyen realmente nuestra memoria? ¿Cuántos son significativos para nuestros corazones y nos ayudan a dar sentido a nuestra existencia? En las «redes sociales», aparecen muchos rostros de jóvenes en multitud de fotografías, que hablan de hechos más o menos reales, pero no sabemos cuánto de todo eso es «historia», una experiencia que pueda ser narrada, que tenga una finalidad y un sentido.

Los programas en la televisión están llenos de los así llamados «reality show», pero no son historias reales, son sólo minutos que corren delante de una cámara, en los que los personajes viven al día, sin un proyecto. No os dejéis engañar por esa falsa imagen de la realidad. Sed protagonistas de vuestra historia, decidid vuestro futuro.

Cómo mantenerse unidos, siguiendo el ejemplo de María

De María se dice que conservaba todas las cosas, meditándolas en su corazón (cf. Lc 2,19.51). Esta sencilla muchacha de Nazaret nos enseña con su ejemplo a conservar la memoria de los acontecimientos de la vida, y también a reunirlos, recomponiendo la unidad de los fragmentos, que unidos pueden formar un mosaico. ¿Cómo podemos, pues, ejercitarnos concretamente en tal sentido? Os doy algunas sugerencias.

Al final de cada jornada podemos detenernos unos minutos a recordar los momentos hermosos, los desafíos, lo que nos ha salido bien y, también, lo que nos ha salido mal. De este modo, delante de Dios y de nosotros mismos, podemos manifestar nuestros sentimientos de gratitud, de arrepentimiento y de confianza, anotándolos también, si queréis, en un cuaderno, una especie de diario espiritual.

Esto quiere decir rezar en la vida, con la vida y sobre la vida y, con toda seguridad, os ayudará a comprender mejor las grandes obras que el Señor realiza en cada uno de vosotros. Como decía san Agustín, a Dios lo podemos encontrar en los anchos campos de nuestra memoria (cf. Confesiones, Libro X, 8, 12).

Leyendo el Magnificat nos damos cuenta del conocimiento que María tenía de la Palabra de Dios. Cada versículo de este cántico tiene su paralelo en el Antiguo Testamento. La joven madre de Jesús conocía bien las oraciones de su pueblo. Seguramente se las habían enseñado sus padres y sus abuelos.

¡Qué importante es la transmisión de la fe de una generación a otra! Hay un tesoro escondido en las oraciones que nos han enseñado nuestros antepasados, en esa espiritualidad que se vive en la cultura de la gente sencilla y que conocemos como piedad popular. María recoge el patrimonio de fe de su pueblo y compone con él un canto totalmente suyo y que es también el canto de toda la Iglesia.

La Iglesia entera lo canta con ella. Para que también vosotros, jóvenes, podáis cantar un Magnificat totalmente vuestro y hacer de vuestra vida un don para toda la humanidad, es fundamental que conectéis con la tradición histórica y la oración de aquellos que os han precedido.

De ahí la importancia de conocer bien la Biblia, la Palabra de Dios, de leerla cada día confrontándola con vuestra vida, interpretando los acontecimientos cotidianos a la luz de cuánto el Señor os dice en las Sagradas Escrituras. En la oración y en la lectura orante de la Biblia (la llamada Lectio divina), Jesús hará arder vuestros corazones e iluminará vuestros pasos, aún en los momentos más difíciles de vuestra existencia (cf. Lc 24,13-35).

María nos enseña a vivir en una actitud eucarística, esto es, a dar gracias, a cultivar la alabanza y a no quedarnos sólo anclados en los problemas y las dificultades. En la dinámica de la vida, las súplicas de hoy serán mañana motivo de agradecimiento.

De este modo, vuestra participación en la Santa Misa y los momentos en que celebraréis el sacramento de la Reconciliación serán a la vez cumbre y punto de partida: vuestras vidas se renovarán cada día con el perdón, convirtiéndose en alabanza constante al Todopoderoso. «Fiaros del recuerdo de Dios […] su memoria es un corazón tierno de compasión, que se regocija eliminando definitivamente cualquier vestigio del mal» (Homilía en la S. Misa de la JMJ, Cracovia, 31 de julio de 2016).

Hemos visto que el Magnificat brota del corazón de María en el momento en que se encuentra con su anciana prima Isabel, quien, con su fe, con su mirada perspicaz y con sus palabras, ayuda a la Virgen a comprender mejor la grandeza del obrar de Dios en ella, de la misión que él le ha confiado. Y vosotros, ¿os dais cuenta de la extraordinaria fuente de riqueza que significa el encuentro entre los jóvenes y los ancianos? ¿Qué importancia les dais a vuestros ancianos, a vuestros abuelos?

Vosotros, con sobrada razón, aspiráis a «emprender el vuelo», lleváis en vuestro corazón muchos sueños, pero tenéis necesidad de la sabiduría y de la visión de los ancianos. Mientras abrís vuestras alas al viento, es indispensable que descubráis vuestras raíces y que toméis el testigo de las personas que os han precedido.

Para construir un futuro que tenga sentido, es necesario conocer los acontecimientos pasados y tomar posición frente a ellos (cf. Exhort. ap. postsin. Amoris Laetitia, 191,193). Vosotros, jóvenes, tenéis la fuerza; los ancianos, la memoria y la sabiduría. Como María con Isabel, dirigid vuestra mirada hacia los ancianos, hacia vuestros abuelos. Ellos os contarán cosas que entusiasmarán vuestra mente y emocionarán vuestro corazón.

Fidelidad creativa para construir tiempos nuevos

Es verdad que tenéis pocos años de vida y, por esto mismo, os resulta difícil darle el debido valor a la tradición. Tened bien presente que esto no significa ser tradicionalistas. No. Cuando María en el Evangelio dice que «El Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí» (Lc 1,49), se refiere a que aquellas «cosas grandes» no han terminado, sino que continúan realizándose en el presente.

No se trata de un pasado remoto. El saber hacer memoria del pasado no quiere decir ser nostálgicos o permanecer aferrados a un determinado período de la historia, sino saber reconocer los propios orígenes para volver siempre a lo esencial, y lanzarse con fidelidad creativa a la construcción de tiempos nuevos.

Sería un grave problema que no beneficiaría a nadie el fomentar una memoria paralizante, que impone realizar siempre las mismas cosas del mismo modo. Es un don del cielo constatar que muchos de vosotros, con vuestros interrogantes, sueños y preguntas, os enfrentáis a quienes consideran que las cosas no pueden ser diferentes.

Una sociedad que valora sólo el presente tiende también a despreciar todo lo que se hereda del pasado, como por ejemplo las instituciones del matrimonio, de la vida consagrada, de la misión sacerdotal. Las mismas terminan por ser consideradas vacías de significado, formas ya superadas.

Se piensa que es mejor vivir en las situaciones denominadas «abiertas», comportándose en la vida como en un reality show, sin objetivos y sin rumbo. No os dejéis engañar. Dios ha venido para ensanchar los horizontes de nuestra vida, en todas las direcciones. Él nos ayuda a darle al pasado su justo valor para proyectar mejor un futuro de felicidad. Pero esto es posible solamente cuando vivimos experiencias auténticas de amor, que se hacen concretas en el descubrimiento de la llamada del Señor y en la adhesión a ella. Esta es la única cosa que nos hace felices de verdad.

Queridos jóvenes, encomiendo a la maternal intercesión de la Bienaventurada Virgen María nuestro camino hacia Panamá, así como también el itinerario de preparación del próximo Sínodo de los Obispos. Os invito a recordar dos aniversarios importantes en este año 2017: los trecientos años del descubrimiento de la imagen de la Virgen de Aparecida, en Brasil; y el centenario de las apariciones de Fátima, en Portugal, adonde, si Dios quiere, iré en peregrinación el próximo mes de mayo.

San Martín de Porres, uno de los santos patronos de América Latina y de la JMJ de 2019, en su humilde servicio cotidiano tenía la costumbre de ofrecerle las mejores flores a María, como signo de su amor filial. Cultivad también vosotros, como él, una relación de familiaridad y amistad con Nuestra Señora, encomendándole vuestros gozos, inquietudes y preocupaciones. Os aseguro que no os arrepentiréis.

La joven de Nazaret, que en todo el mundo ha asumido miles de rostros y de nombres para acercarse a sus hijos, interceda por cada uno de nosotros y nos ayude a proclamar las grandes obras que el Señor realiza a través de nosotros.

Desde el Vaticano, 27 de febrero de 2017
Memoria de San Gabriel de Nuestra Señora de los Dolores

FRANCISCO

21 marzo 2017

La primavera anuncia la llegada de una virgen... La Virgen de la Cabeza.




El domingo 19 era el día de San José. Por ser el "Día del Señor" se pasó la fiesta litúrgica a ayer lunes 20.




San José, casto esposo de la Virgen María intercede para obtenerme el don de la pureza.

Tú que, a pesar de tus inseguridades personales supiste aceptar dócilmente el Plan de Dios tan pronto supiste de él, ayúdame a tener esa misma actitud para responder siempre y en todo lugar, a lo que el Señor me pida.

Varón prudente que no te apegas a las seguridades humanas sino que siempre estuviste abierto a responder a lo inesperado obténme el auxilio del Divino Espíritu para que viva yo también en prudente desasimiento de las seguridades terrenales.

Modelo de celo, de trabajo constante, de fidelidad silenciosa, de paternal solicitud, obténme esas bendiciones, para que pueda crecer cada día más en ellas y así asemejarme día a día al modelo de la plena humanidad: EL SEÑOR JESÚS.

19 marzo 2017

Feliz día del Seminario. Recemos por todos los seminaristas que se preparan en los seminarios diocesanos.



«Cerca de Dios y de los hermanos» 

es el lema escogido para este año en la celebración del Día del Seminario. El Día del Seminario hace presente cada año la institución de la Iglesia encargada de la formación humana, intelectual y espiritual de los candidatos al sacerdocio.
Con el lema de este año se pretende poner de manifiesto una de las tareas que el sacerdote ejerce en su ministerio. Como todo en la vida del sacerdote, también esta tarea, la de estar cerca de Dios y cerca de los hombres, le viene dada por su identificación con Cristo. Es una tarea propia del Señor, ser mediador entre Dios y los hombres, ser lugar de encuentro, ser hombre plenamente de Dios y, a la vez, plenamente de los hombres.

La cercanía a Dios, de quien recibe el misterio y la propia identidad, se acrecienta con la oración y los sacramentos. La cercanía a los hermanos se realiza en la propia labor pastoral, en el acompañamiento
de las personas que se le confía, y en la oración y celebración de los sacramentos con la comunidad cristiana.

De todos modos es importante decir y tener presente que no se pueden dar estas dos características del ministerio sacerdotal por separado. La cercanía a Dios, el encuentro con Él, la intimidad con el mismo Cristo hará al sacerdote cercano a los hombres y mujeres con los que convive; le hará capaz de ser mediador, verdadero sacerdote. Y, del mismo modo, la cercanía a su hermanos, los hombres y mujeres de este mundo, le hará capaz de, en la oración e intimidad con el Señor, presentar la realidad concreta en la que vive.

Evangelio. Domingo III del Tiempo de Cuaresma.


Según San Juan 4, 5 - 42.

En aquel tiempo, Jesús llega, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José. Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta.

Llega una mujer de Samaría a sacar agua. Jesús le dice: «Dame de beber». Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. Le dice la mujer samaritana: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?» (Porque los judíos no se tratan con los samaritanos). Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: ‘Dame de beber’, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva». Le dice la mujer: «Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?». Jesús le respondió: «Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna».

Le dice la mujer: «Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla». El le dice: «Vete, llama a tu marido y vuelve acá». Respondió la mujer: «No tengo marido». Jesús le dice: «Bien has dicho que no tienes marido, porque has tenido cinco maridos y el que ahora tienes no es marido tuyo; en eso has dicho la verdad».

Le dice la mujer: «Señor, veo que eres un profeta. Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar». Jesús le dice: «Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad».

Le dice la mujer: «Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga, nos lo explicará todo». Jesús le dice: «Yo soy, el que te está hablando».

En esto llegaron sus discípulos y se sorprendían de que hablara con una mujer. Pero nadie le dijo: «¿Qué quieres?», o «¿Qué hablas con ella?». La mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: «Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?». Salieron de la ciudad e iban donde Él.

Entretanto, los discípulos le insistían diciendo: «Rabbí, come». Pero Él les dijo: «Yo tengo para comer un alimento que vosotros no sabéis». Los discípulos se decían unos a otros: «¿Le habrá traído alguien de comer?». Les dice Jesús: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra. ¿No decís vosotros: Cuatro meses más y llega la siega? Pues bien, yo os digo: Alzad vuestros ojos y ved los campos, que blanquean ya para la siega. Ya el segador recibe el salario, y recoge fruto para la vida eterna, de modo que el sembrador se alegra igual que el segador. Porque en esto resulta verdadero el refrán de que uno es el sembrador y otro el segador: yo os he enviado a segar donde vosotros no os habéis fatigado. Otros se fatigaron y vosotros os aprovecháis de su fatiga».

Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en Él por las palabras de la mujer que atestiguaba: «Me ha dicho todo lo que he hecho». Cuando llegaron donde Él los samaritanos, le rogaron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Y fueron muchos más los que creyeron por sus palabras, y decían a la mujer: «Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo».


Reflexión.

Ese deseo salvador de Jesús vuelto “sed” es, hoy día también, “sed” de nuestra fe, de nuestra respuesta de fe ante tantas invitaciones cuaresmales a la conversión, al cambio, a reconciliarnos con Dios y los hermanos, a prepararnos lo mejor posible para recibir una nueva vida de resucitados en la Pascua que se nos acerca.

Reflexión del III Domingo de Cuaresma.


El domingo pasado, las lecturas nos llevaban hacia el monte donde Jesús se va a transfigurar.
Veíamos como les muestra a sus discípulos la gloria de Dios. Las cosas cuando van muy bien, a todos nos gusta porque estamos tranquilos e inclusive queremos quedarnos allí. Pero, Jesús, los lleva para demostrarle que ahí no se queda, sino, que todavía tiene que pasar por la muerte y el sufrimiento para poder llegar a la resurrección. No podemos huir de las cosas que no nos gustan.

En este III Domingo del Tiempo de Cuaresma, escucharemos como Jesús es el agua viva que sacia la sed de cuantos nos acercamos a su presencia, a su pozo. La cuaresma, al ser un tiempo fuerte como ya venimos diciendo durante todos estos días, nos hace pararnos para examinarnos como está nuestro compromiso y fidelidad con el Señor. Jesús, es el manantial donde nos renueva una vida nueva. La salvación de Dios es un futuro seguro, un horizonte que nos da marca una nueva vida. Como veremos en el Evangelio, la Samaritana va al pozo porque tiene necesidad de un agua que no juzga, que escucha, que se compadece y que sabe sobre todo amar y dar una nueva oportunidad. Que este domingo las lecturas nos hagan pensar y el Señor nos de la fuerza para que seamos pozo ante tanta sed que vive nuestro mundo.

La Primera Lectura del Libro del Éxodo, nos muestra dos imágenes que a primera vista, nos puede chocar o extrañarnos un poco. Dios socorre al pueblo que peregrina por el desierto, y por llamarlo de alguna forma, cede a las súplicas; Moisés aparece como impasible ante la situación de un pueblo que está desesperado y lucha por sobrevivir. Un pueblo que lo quiere es saber si Dios está de la parte de ellos o no. Una necesidad tan importante como es la sed, Dios ayuda al pueblo en el desierto, y se les muestra compasivo y misericordioso y enseña a Moisés como sacar agua.

En la Segunda Lectura del Apóstol Pablo a los Romanos, hace una presentación de la Cruz de Jesús y pone en relieve las actitudes de Dios. Es decir, Pablo se plantea que a pesar de las dificultades, la desobediencia y el pecado que vive toda la historia del ser humano, Dios responde sin violencia, que no juzga y que no paga según nuestros pecados, sino, que nos perdona y nos da nuevas oportunidades y envía a su Hijo, y éste hace lo mismo: perdona a los que lo crucificaron y miraba con amor a todos. Al morir Jesús, perdonarnos y hacernos fuertes en la debilidad, como hizo Pablo, ahora nos toca a cada uno de nosotros, apartar nuestra vida de dogmas y normas que nos separan de Dios, y preocuparnos por encontrarnos con la imagen del Crucificado. Un encuentro que nos hace libre y transforma nuestra vida en una vida de resurrección.

En el Evangelio de Juan, nos relata el bonito pasaje de la samaritana. Una escena en donde una mujer, a horas no comunes se acerca al pozo porque necesita no ser usada como el resto de hombres lo hacían. Necesita un encuentro que le sacie, que le perdone todos los fallos y le devuelva la dignidad de mujer y de persona. La Samaritana, después de haber vivido una vida fuera de lo común, escucha a Jesús y recibe con sinceridad y humildad sus palabras y consejos. Tanto Jesús como ella, dejan a un lado los juicios morales y religiosos. Se sientan, escuchan y hablan desde el prisma del amor y la comprensión. Dios la acoge a través de Jesús y le genera una nueva oportunidad que culmina en una nueva vida, que para ella era algo novedoso. Ese encuentro con Jesús la transforma y sale a contárselo a todo el mundo, para que otras personas puedan participar. Lo que ella no sabe, es que la nueva oportunidad, el perdón y la nueva vida es fruto de un encuentro personal con Cristo.

La Virgen María, que es llena de gracia, interceda por nosotros ante su Hijo Jesús para que nos ayude a interiorizar estas lecturas y así podamos recorrer una verdadera y santa cuaresma. Que el encuentro con el Resucitado transforme nuestra vida desde la raíz, como la Samaritana, y podamos ser libres para ser “Evangelios Vivos” con nuestros actos y palabras en este mundo que necesita menos “Debes hacer” por parte de los cristianos, y más ejemplos de actitudes nuestras.

Que Dios Trinidad, en este Año Vocacional Trinitario, ayude a nuestra Orden y Familia Trinitaria a que seamos ejemplos para las personas de coherencia y fidelidad vocacional y haya jóvenes que se sientan identificados y atraídos con el carisma que un día San Juan de Mata vio en revelación en su Primera Misa.
Que así sea.


http://www.revistaecclesia.com/reflexiones-para-el-domingo-iii-de-cuaresma-por-fray-jose-borja/

17 marzo 2017

Tres aspectos para ser un buen confesor.


Esto de la Penitenciaría es el tipo de tribunal que me gusta realmente porque es un ‘tribunal de la misericordia’, al que uno llega para obtener aquella medicina indispensable para nuestra alma que es la misericordia divina.

El esfuerzo para llegar a ser un buen sacerdote confesor, dura toda la vida y propuso 3 aspectos para desempeñar esta tarea de la mejor forma:

1.- El buen confesor es amigo de Jesús Buen Pastor

Sin esta amistad, será muy difícil madurar en aquella paternidad tan necesaria en el ministerio de la Reconciliación.
Ser amigos de Jesús significa antes que nada cultivar la oración, ya sea una oración personal con el Señor, pidiendo incesantemente el don de la caridad pastoral, o ya sea una oración específica por el ejercicio de la tarea de confesores y por los fieles, hermanos y hermanas que se acercan a nosotros buscando la misericordia de Dios.

Un confesor que reza sabe bien que él es el primer pecador y el primero en ser perdonado. Entonces la oración es la primera garantía para evitar cualquier actitud de dureza, que inútilmente juzga al pecador y no el pecado.

En la oración es necesario implorar el don de un corazón herido, capaz de comprender las heridas de otros y sanarlas con el aceite de la misericordia, aquel que el buen samaritano puso en las llagas del desventurado, por el que nadie tuvo piedad.
Es necesario también pedir el don precioso de la humildad e invocar siempre al Espíritu Santo, que es un espíritu de discernimiento y compasión.

El Espíritu permite identificarnos con los sufrimientos de las hermanas y los hermanos que se acercan al confesionario y acompañarlos con un discernimiento maduro y prudente, con una verdadera compasión para con sus sufrimientos, causados por la pobreza del pecado.

2.- El buen confesor es un hombre del Espíritu y del discernimiento

¡Cuánto mal hace a la Iglesia la falta de discernimiento! Cuánto mal ocurre en las almas por un actuar que no busca sus propias raíces en la escucha humilde del Espíritu Santo y de la voluntad de Dios.

El confesor, no hace su propia voluntad y no enseña su propia doctrina. Él está llamado a hacer siempre y solo la voluntad de Dios, en plena comunión con la Iglesia, de la cual es ministro, es decir siervo.

El discernimiento permite distinguir siempre, para no confundir, y para no hacer nunca de toda la hierba un manojo. El discernimiento educa la mirada y el corazón, permitiendo aquella delicadeza de ánimo tan necesaria ante quien nos abre el sagrario de su propia consciencia para recibir luz, paz y misericordia.

El discernimiento es necesario también porque, quien se acerca al confesionario, puede provenir de las más dispares situaciones y podría tener incluso disturbios espirituales.

Allí donde el confesor se diese cuenta de la presencia de reales y verdaderos disturbios espirituales –que pueden ser también en gran parte psíquicos, y que deben ser verificados a través de una sana colaboración con las ciencias humanas– no deberá dudar en referirse a quienes, en las diócesis, se encargan de este delicado y necesario ministerio, es decir los exorcistas.

3.- El confesionario es un verdadero lugar de evangelización

No hay, de hecho, evangelización más auténtica que el encuentro con el Dios de la misericordia. Encontrar la misericordia significa encontrar el verdadero rostro de Dios, así como el Señor Jesús nos lo ha revelado.

En el breve diálogo con el penitente que se acerca a la Reconciliación, el sacerdote confesor debería siempre discernir aquello que “sea más útil o necesario para el camino espiritual de aquel hermano.

El confesor, de hecho, está llamado cotidianamente a llegar hasta las ‘periferias del mal y del pecado’, y su obra representa una auténtica prioridad pastoral.

Os aliento a que sean buenos confesores: inmersos en la relación con Cristo, capaces de discernimiento en el Espíritu Santo y prontos a aprovechar la ocasión para evangelizar.

Finalmente os invito a perdonar con la Madre, perdonar con la Madre. Porque esta mujer o este hombre que viene al confesionario tiene una Madre en el Cielo que le abrirá la puerta y le ayudará al momento de entrar en el cielo. Siempre la Virgen, porque la Virgen nos ayuda también a nosotros en el ministerio.


(Papa Francisco. 17--2017. Aula Pablo VI)

Viernes de Cuaresma: Jesús es nuestra piedra angular.


Somos gente paradójica.
Creemos en Dios.
Reconocemos su amor y su bondad.
Pero, a la hora de la verdad, lo dejamos de lado. Como si no nos interesara.
Rechazamos su Evangelio, cuando se trata
de definir el sentido de nuestra vida.
Pero, a pesar de nuestro rechazo,
Dios sigue siendo capaz de hacer
en nosotros maravillas.

Catequesis del miércoles pasado del Papa Francisco: La Caridad y la Alegría.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Sabemos bien que el gran mandamiento que nos ha dejado el Señor Jesús es aquel de amar: amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente y amar al prójimo como a nosotros mismos (Cfr. Mt 22,37-39). Es decir, estamos llamados al amor, a la caridad y esta es nuestra vocación más alta, nuestra vocación por excelencia; y a esa está ligada también la alegría de la esperanza cristiana. Quien ama tiene la alegría de la esperanza, de llegar a encontrar el gran amor que es el Señor.

El Apóstol Pablo, en el pasaje de la Carta a los Romanos que hemos apenas escuchado, nos pone en guardia: existe el riesgo que nuestra caridad sea hipócrita, que nuestro amor sea hipócrita. Entonces nos debemos preguntar: ¿Cuándo sucede esto, esta hipocresía? Y ¿Cómo podemos estar seguros de que nuestro amor sea sincero, que nuestra caridad sea auténtica? ¿De no aparentar de hacer caridad o que nuestro amor no sea una telenovela? Amor sincero, fuerte.

La hipocresía puede introducirse en todas partes, también en nuestro modo de amar. Esto se verifica cuando nuestro amor es un amor interesado, motivado por intereses personales; y cuantos amores interesados existen… cuando los servicios caritativos en los cuales parece que nos donamos son realizados para mostrarnos a nosotros mismos o para sentirnos satisfechos: “pero, qué bueno que soy”, ¿no?: esto es hipocresía; o aún más, cuando buscamos cosas que tienen “visibilidad” para hacer alarde de nuestra inteligencia o de nuestras capacidades. Detrás de todo esto existe una idea falsa, engañosa, es decir que, si amamos, es porque nosotros somos buenos; como si la caridad fuera una creación del hombre, un producto de nuestro corazón. La caridad, en cambio, es sobre todo una gracia, un regalo; poder amar es un don de Dios, y debemos pedirlo. Y Él lo da gustoso, si nosotros se lo pedimos. La caridad es una gracia: no consiste en el hacer ver lo que nosotros somos, sino en aquello que el Señor nos dona y que nosotros libremente acogemos; y no se puede expresar en el encuentro con los demás si antes no es generada en el encuentro con el rostro humilde y misericordioso de Jesús.

Pablo nos invita a reconocer que somos pecadores, y que también nuestro modo de amar está marcado por el pecado. Al mismo tiempo, sin embargo, se hace mensajero de un anuncio nuevo, un anuncio de esperanza: el Señor abre ante nosotros una vía de liberación, una vía de salvación. Es la posibilidad de vivir también nosotros el gran mandamiento del amor, de convertirnos en instrumentos de la caridad de Dios. Y esto sucede cuando nos dejamos sanar y renovar el corazón por Cristo resucitado. El Señor resucitado que vive entre nosotros, que vive con nosotros es capaz de sanar nuestro corazón: lo hace, si nosotros lo pedimos. Es Él quien nos permite, a pesar de nuestra pequeñez y pobreza, experimentar la compasión del Padre y celebrar las maravillas de su amor. Y entonces se entiende que todo aquello que podemos vivir y hacer por los hermanos no es otra cosa que la respuesta a lo que Dios ha hecho y continúa a hacer por nosotros. Es más, es Dios mismo que, habitando en nuestro corazón y en nuestra vida, continúa a hacerse cercano y a servir a todos aquellos que encontramos cada día en nuestro camino, empezando por los últimos y los más necesitados en los cuales Él en primer lugar se reconoce.

El Apóstol Pablo, entonces, con estas palabras no quiere reprocharnos, sino mejor dicho animarnos y reavivar en nosotros la esperanza. De hecho, todos tenemos la experiencia de no vivir a plenitud o como deberíamos el mandamiento del amor. Pero también esta es una gracia, porque nos hace comprender que por nosotros mismos no somos capaces de amar verdaderamente: tenemos necesidad de que el Señor renueve continuamente este don en nuestro corazón, a través de la experiencia de su infinita misericordia. Y entonces sí que volveremos a apreciar las cosas pequeñas, las cosas sencillas, ordinarias; que volveremos a apreciar todas estas cosas pequeñas de todos los días y seremos capaces de amar a los demás como los ama Dios, queriendo su bien, es decir, que sean santos, amigos de Dios; y estaremos contentos por la posibilidad de hacernos cercanos a quien es pobre y humilde, como Jesús hace con cada uno de nosotros cuando nos alejamos de Él, de inclinarnos a los pies de los hermanos, como Él, Buen Samaritano, hace con cada uno de nosotros, con su compasión y su perdón.

Queridos hermanos, lo que el Apóstol Pablo nos ha recordado es el secreto para estar – uso sus palabras – es el secreto para estar “alegres en la esperanza” (Rom 12,12): alegres en la esperanza. La alegría de la esperanza, para que sepamos que en toda circunstancia, incluso en las más adversas, y también a través de nuestros fracasos, el amor de Dios no disminuye. Y entonces, con el corazón visitado y habitado por su gracia y por su fidelidad, vivamos en la gozosa esperanza de intercambiar con los hermanos, en lo poco que podamos, lo mucho que recibimos cada día de Él. Gracias.


(Vaticano. 15-3-2017)

15 marzo 2017

Miércoles de Cuaresma: Servir y no ser servido.


Señor, pongo en tus manos mi deseo
de orientar mi vida hacia ti.
Quiero confiar más en ti y ser más generoso y paciente con los otros de mi alrededor.
Quiero abrirme a tu Espíritu Santo y aprender
a descubrir las necesidades ajenas
con más respeto.

Las Hermanas Trinitarias celebran hoy la muerte de Madre Mariana.


María Ana Allsopp nace el día 24 de Noviembre de 1854, en la ciudad de Tepic (México) donde su padre ejercía la carrera diplomática. Es la segunda de cinco hermanos, que crecen felices rodeados del amor de sus padres y de una educación cristiana impregnada de alegría y confianza. Pero un suceso inesperado abre un nuevo cauce a su vida: cuando sólo tiene ocho años muere su madre: Poco después tiene que abandonar la tierra que la vio nacer.

En su búsqueda por conocer la voluntad de Dios y dar respuesta a los deseos e inquietudes que laten en su corazón, se encuentra con don Francisco Méndez, joven sacerdote diocesano que es para ella un instrumento de Dios: una luz que Él pone en su camino.

Profundamente identificada con Jesús, siente en su corazón la respuesta que va a marcar la pedagogía con la que se va a identificar a la nueva obra de Dios: “Yo las acogeré no pensando en lo que fueron, sino en lo que pueden llegar a ser”.

Profesó el día 14 de mayo de 1890 con el nombre de Sor Mariana de la Santísima Trinidad. El cambio de nombre era un signo de la nueva vida que comenzaba, en la que la persona que es consagrada para Dios, experimenta como un nuevo nacimiento.

Su vida va a estar ya siempre ligada a Dios Trinidad, a quien se le ha entregado para que haga con ella una puerta por la que puedan encontrar a verdad de sus vidas las jóvenes que andan perdidas por el mundo. Ellas también se merecen la oportunidad de comenzar de nuevo.

Mariana, profundamente arraigada en su propio tiempo, sigue a Cristo vivo, que es el mismo ayer, hoy y siempre, y lo anuncia con su vida como respuesta definitiva para la humanidad, sea cual sea su condición, y en cualquier situación que se encuentre.

Fallece el día 15 de marzo de 1933, con plena lucidez, con paz y serenidad de espíritu, como había vivido, y con la mirada fija en el cuadro de La Virgen del Buen Consejo que tenía frente a su cama.

Fray José Borja.

http://www.revistaecclesia.com/las-hermanas-trinitarias-celebran-hoy-la-muerte-de-madre-mariana/

Celebramos el aniversario de la muerte de nuestra Madre Mariana, Fundadora de las HH. Trinitarias de Madrid.




El día 15 de marzo de 1933, a las 18:30, en Madrid, Madre Mariana nos dejaba, a los 78 años de edad. Había nacido en Tepic, México, y desde allí Dios fue dirigiendo sus pasos hasta hacerla "ciudadana de todo el mundo".

14 marzo 2017

Volvemos a recordar el vídeo donde la cantante y escritora María Villalón habla de Prolibertas.



¡Muchas Gracias María!

Martes de Cuaresma: No hagáis las cosas para ser vistos públicamente.


¿Qué es lo que te motiva?
¿Qué fuerzas, qué deseos están detrás de tus gestos?
Responde con calma.
No te juzgues. No juzgues a los demás.
No tengas prisas en buscar respuestas fáciles ni bonitas.

Caer en la cuenta con honestidad,
de quiénes somos, de lo que hacemos, de nuestras motivaciones profundas,
es un paso decisivo para el cambio y la conversión.

La cantante Nena Daconte: «Lo cool es ser ateo, pero yo creo en Dios y voy a misa. Y cuanto más voy a misa, más creo en Dios; y cuánto más rezo, más fe tengo»


“He tenido épocas duras en las que no he creído en Dios, o estaba enfadada con Él. Me gusta ir a misa de niños con mis hijos y oír que Dios es mi amigo, y que si no quedo con Él, se enfría la fe, como en cualquier relación. Dios me da fuerza. Cuando pasan cosas malas, o que parecen imposibles de afrontar, al rezar vuelvo a recuperar la energía y la confianza en Él.  Rezo las oraciones que me sé y hablo con Él de mis cosas. Lo que sí he cambiado ha sido que, en lugar de pedir y pedir, ahora doy gracias a Dios por lo que tengo. Eso me hace tener una visión más positiva y realista de la vida”
11 de marzo de 2017.- (José Antonio Méndez / Revista Misión / Camino Católico)  Fue Disco de Oro y sus canciones tienen millones de visitas en YouTube. Pero hace cinco años se atrevió a hablar públicamente contra el aborto, y la oleada de críticas fue tal que decidió alejarse de los escenarios. Tampoco ayudaron los excesos a los que le llevó la fama. Ahora, Nena Daconte prepara su vuelta con un nuevo disco, que no habría salido a la luz sin el apoyo de sus padres, de su marido, de sus hijos… y de Dios.

Que levante la mano quien no haya tarareado “Tenía tanto que darte”, o “En qué estrella estará”, que incluso fue banda sonora de la Vuelta Ciclista a España en 2006. Su autora, Mai Meneses, conocida como Nena Daconte, pasó de ser Disco de Oro al anonimato, tras sufrir una tremenda presión por cantar, en 2012, en un acto a favor del derecho a la vida. Cinco años después y con dos hijos que, dice, “me han enseñado a madurar y a que me importen un bledo las críticas”, ultima su nuevo disco.
Habla como canta: con una naturalidad próxima a la candidez y un optimismo no exento de melancolía. Su familia, la fama, el trabajo, o cosas que nunca había contado en una entrevista, como su fe o los problemas de salud que padeció cuando se le fue la mano “con… de todo” son las notas con que interpreta esta entrevista, salpicada de sonrisas.

- Mi hijo de cinco años no sabe que estudió Derecho, ni que viene de una familia de notarios, pero cuando le planteé qué le preguntaría él, me dijo: “¿Y por qué a ella le gusta cantar?”

- [Ríe] Porque me relaja muchísimo. Cuando tenía seis años empecé a ir a clase de canto, y mi profesora estaba casada con un mulato que se paseaba con un tití en el hombro. Al verlo, pensaba: “¡Oooh, dedicarse a la música tiene que ser guaaay!”. En realidad, hasta que no entré en Operación Triunfo –que para mí fue “Operación Fracaso”, porque me expulsaron la primera de la segunda edición– no tenía ni idea de esta profesión. Para mí cantar es un camino que me hace mejor persona, tanto en bondad como en sabiduría.

- Explíqueme esto mejor...

- He llegado a la conclusión de que, cuanto más cerca estoy de mi interior, más llega lo que canto. A mí me gusta meter voz y hacer virguerías, y resulta que eso no llega, sino que mi música toca cuando meto lo más íntimo.

- Ha sido varias veces Número 1 en ventas, es Disco de Oro, algunas de sus canciones tienen millones de visitas en YouTube… ¿Cuesta mantener la cabeza fría al alcanzar la fama?

- Es difícil. Yo me volví superinsegura. En lugar de pensar en las circunstancias que me habían llevado ahí, escuchaba mis canciones y pensaba: “No son tan buenas; no merezco tanto”. La verdad es que lo pasé mal. Pero el tiempo y la maternidad me ha hecho separarme de todo y volver al escenario con una seguridad que ojalá hubiese tenido antes.

- Acaba de actuar en dos conciertos solidarios, en Aranjuez y en la Universidad Francisco de Vitoria, y colabora con causas benéficas. ¿Por qué?

- Me gusta ayudar, me da alegría y satisfacción. Como artista es lo menos que puedo hacer. No tengo tiempo para ser voluntaria y dedicarme a ayudar sobre el terreno, así que cuando me piden ayuda, investigo qué hace esa fundación o esa ONG, y me implico. Cantaría gratis todos los días, pero hay que comer.

- También cantó en una marcha provida en 2012. Lo políticamente correcto hubiera sido posicionarte a favor del aborto. ¿Por qué se arriesgó?

- Uno de los organizadores de aquel acto anunció que yo actuaría antes de que lo hubiese confirmado. Cuando salió en los medios, mucha gente me llamó para decirme: “¡No cantes! Escribe un comunicado y di que ha sido un error”. Otros, de la profesión, me decían: “Como estás embarazada, invéntate una excusa”. En Twitter me pusieron a parir durante tres semanas. Me dijeron de todo. Ver tantas reacciones contra el hecho de que cantara, me hizo entender que lo que tenía que hacer era, precisamente, cantar. Me parecía increíble que un artista no pudiera defender una causa como esa. Pensé: “Canto y me juego el cuello. Y si por esto hay gente que no me sigue, pues que no me siga”. Y actué. Luego escribí una canción, “Causas perdidas”, que expresa el enfado contra todos los modernos que van de progres y de tolerantes por la vida, y que si no opinas lo mismo que ellos te hunden y te machacan.

- En esa canción comienza diciendo: “Nací en un país dividido”…

- Sí, y nuestra generación no tendría por qué sentir eso. Somos muy jóvenes, hemos nacido con la Constitución, pero en estos temas, sin embargo, no se puede opinar diferente. En el tiempo que hemos estado de elecciones constantes, cuando surgieron Podemos y otros partidos, la gente de derechas estaba muy asustada porque la izquierda se estaba radicalizando muchísimo.

- ¿Qué opina del aborto?

- Abortar es algo malo. Quienes defienden el aborto dan razones desmoralizándolo: “Es una célula, o como si te sacaran una muela...”. Eso no es verdad: ahí hay un ser humano, hay una vida que se interrumpe. Puedo llegar a entender que haya una ley que contemple una serie de causas por las que una madre pueda abortar, y que tenga con su conciencia los conflictos que sea, pero lo que ha hecho sigue estando mal.

- ¿“Tenía tanto que darte” está compuesta tras un aborto?

- Es una canción de amor. Cuando la canté el Día de la Vida lo hice porque sabía que para mucha gente significaba eso. Pero a otras personas les ha servido para poner palabras a sus sentimientos tras perder a un ser querido, o a una relación que no les hubiera gustado acabar. Me gusta explicar ciertas canciones; otras, como esta, tienen muchos dueños y prefiero que cada uno la interprete como quiera.

- ¿Volvería a actuar en aquel concierto?

- Sí. Aunque, antes del parón, me lo habría pensado. Paré porque quería estar tranquila; no me compensaban tantas críticas y ataques. Sé hacer otras cosas, así que me puedo dedicar a algo que no sea la música y que no me haga sufrir. Ahora vuelvo porque me importa un bledo lo que digan en Twitter. Pero ha habido épocas duras.

- ¿A qué se ha dedicado en este tiempo?

- A mi familia. También he estudiado interiorismo y paisajismo, y he tenido varios clientes. Era gracioso cuando algunos me reconocían y se extrañaban al verme, yo que sé, buscando precios de pérgolas. Pero prefiero trabajar haciendo jardines que verme sufriendo por mantener la fama. Además, ¡he aprendido mucho de plantas! [Ríe]

- ¿Se puede hacer un parón profesional para dedicarse a la familia, sin convertirse en la caricatura de una marujona?

- ¡Sí! Yo me he dedicado a llevar y traer a mis hijos al cole, a hacerles la comida, la merienda, la cena… La verdad es que he sido una marujona total ¡y feliz!

- ¿Cómo le ha cambiado ser madre?

- Me ha dado más peso… ¡en todos los sentidos! Me ha dado madurez y me ha enseñado lo que es el amor de verdad.

- ¿Y el matrimonio?

- Al casarme cerré la puerta de la inestabilidad emocional para estar tranquila y disfrutar de mi marido, de mi familia, de hacernos mayores. Después de casarme dejé de componer canciones dramáticas porque no encontraba esos sentimientos en mi corazón. En mi próximo disco vuelvo a abrir esa puerta porque después de alguna discusión voy guardando el recuerdo de esos sentimientos para poder componer. [Más risas]

- ¿Qué le gustaría que pensaran sus hijos cuando escuchen sus discos?

- Quiero que se sientan orgullosos de su madre. Les podrá no gustar mi música, eso no me importa, pero quiero que puedan pensar: “Mi madre es cantante, o paisajista, o lo que sea, y es una mujer fuerte, luchadora, trabajadora, alegre”.

- Canta a la vida sencilla e imperfecta, pero con optimismo…

- Siempre he tenido mucho sentido del humor y un puntito cínico que me salva de la depresión. Es cierto que me inspira mucho la parte triste de la vida, pero soy como un payaso: aunque tenga dramas por dentro, estoy alegre por fuera.

- Usa expresiones como “levanta la mirada”, “mira alto”… ¿Cree en Dios?

- Sí. He tenido épocas duras en las que no he creído, o estaba enfadada con Él. Pero ahora puedo decir que sí: creo en Dios y voy a misa. Y cuanto más voy a misa, más creo en Dios; y cuánto más rezo, más fe tengo. Me gusta ir a misa de niños con mis hijos y oír que Dios es mi amigo, y que si no quedo con Él, se enfría la fe, como en cualquier relación.

- ¿Qué le da ese contacto con Dios?

- Fuerza. Cuando pasan cosas malas, o que parecen imposibles de afrontar, al rezar vuelvo a recuperar la energía y la confianza en Él.

- Decía san Agustín que “el que canta, ora dos veces”. ¿Reza cantando?

- No. Rezo las oraciones que me sé y hablo con Él de mis cosas. Lo que sí he cambiado ha sido que, en lugar de pedir y pedir, ahora doy gracias a Dios por lo que tengo. Eso me hace tener una visión más positiva y realista de la vida.

- ¿Creer en Dios abre o cierra puertas en el mundo del espectáculo?

- No te abre ninguna. Yo esto no suelo contarlo. En un medio público, te lo estoy contando a ti por primera vez. Es más cool ser ateo y progresista, pero yo creo en Dios, y eso que por mi entorno muestro ser muy moderna. En España parece que no podemos tener creencias religiosas, pero ya me da igual. También he hablado indirectamente de la fe en algunas de mis canciones, sobre todo de los momentos de oscuridad que he tenido.

- ¿En cuál y por qué?

- En “El halcón que vive en mi cabeza” hablo de esa oscuridad, que da miedo.

- ¿Y cómo salió de ella?

- Me costó mucho. Esto tampoco se lo he contado a casi nadie, pero después de vivir en Barcelona, antes de casarme, me volví a Madrid a casa de mis padres porque estuve muy malita.

- ¿Qué le pasó?

- Digamos que en la gira me pasé un poco con… de todo. Eso te descompensa químicamente, y si encima eres una persona de pensar mucho, la cosa empeora. De algo así se sale con tiempo, yendo al médico y haciendo piña con la gente que te quiere de verdad. Yo volví a casa con mis padres... y a Dios. Después de dos hijos entiendo y quiero mucho más a mi madre, porque yo he sido superrebelde.

-La expulsaron a la primera de OT… pero sacó su primer single. Cuando fue a ver a los productores de su último disco la echaron hasta que tuviera 20 canciones más… y volvió con ellas. ¿La tenacidad es parte del éxito?

- La tenacidad, el trabajo y creer en uno mismo. En cualquier profesión, trabajar da resultados. Igual que en la vida: si tienes un problema y lo analizas y lo trabajas, consigues resultados. Luego está hacer lo que te gusta y no escuchar a casi nadie, porque todo el mundo opina diferente sobre cómo hacer las cosas. Está bien escuchar para aprender, pero tienes que tomar tú la última decisión.

- Para terminar: ¿Hay algo que no le haya preguntado y quiera decir?

- Sí. Me gustaría invitar a la gente a escuchar más canciones de mi repertorio, además de “Tenía tanto que darte”. Hay canciones bonitas que pueden ayudar y hacer disfrutar. Para eso canto.


Entrevista publicada en la web caminocatolico.org a la cantante.
Copiada de la página web de la Diócesis de Málaga,