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06 febrero 2018

Mensaje del Papa Francisco para esta Cuaresma.


Queridos hermanos y hermanas:

Una vez más nos sale al encuentro la Pascua del Señor. Para prepararnos a recibirla, la Providencia de Dios nos ofrece cada año la Cuaresma, «signo sacramental de nuestra conversión», que anuncia y realiza la posibilidad de volver al Señor con todo el corazón y con toda la vida. Como todos los años, con este mensaje deseo ayudar a toda la Iglesia a vivir con gozo y con verdad este tiempo de gracia; y lo hago inspirándome en una expresión de Jesús en el Evangelio de Mateo: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (24,12). Esta frase se encuentra en el discurso que habla del fin de los tiempos y que está ambientado en Jerusalén, en el Monte de los Olivos, precisamente allí donde tendrá comienzo la pasión del Señor. Jesús, respondiendo a una pregunta de sus discípulos, anuncia una gran tribulación y describe la situación en la que podría encontrarse la comunidad de los fieles: frente a acontecimientos dolorosos, algunos falsos profetas engañarán a mucha gente hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones, que es el centro de todo el Evangelio.

Los falsos profetas

Escuchemos este pasaje y preguntémonos: ¿qué formas asumen los falsos profetas?

Son como «encantadores de serpientes», o sea, se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren. Cuántos hijos de Dios se dejan fascinar por las lisonjas de un placer momentáneo, al que se le confunde con la felicidad. Cuántos hombres y mujeres viven como encantados por la ilusión del dinero, que los hace en realidad esclavos del lucro o de intereses mezquinos. Cuántos viven pensando que se bastan a sí mismos y caen presa de la soledad.

Otros falsos profetas son esos «charlatanes» que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles: cuántos son los jóvenes a los que se les ofrece el falso remedio de la droga, de unas relaciones de «usar y tirar», de ganancias fáciles pero deshonestas. Cuántos se dejan cautivar por una vida completamente virtual, en que las relaciones parecen más sencillas y rápidas pero que después resultan dramáticamente sin sentido. Estos estafadores no sólo ofrecen cosas sin valor sino que quitan lo más valioso, como la dignidad, la libertad y la capacidad de amar. Es el engaño de la vanidad, que nos lleva a pavonearnos… haciéndonos caer en el ridículo; y el ridículo no tiene vuelta atrás. No es una sorpresa: desde siempre el demonio, que es «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44), presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre. Cada uno de nosotros, por tanto, está llamado a discernir y a examinar en su corazón si se siente amenazado por las mentiras de estos falsos profetas. Tenemos que aprender a no quedarnos en un nivel inmediato, superficial, sino a reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y más duradera, porque vienen de Dios y ciertamente sirven para nuestro bien.

Un corazón frío

Dante Alighieri, en su descripción del infierno, se imagina al diablo sentado en un trono de hielo; su morada es el hielo del amor extinguido. Preguntémonos entonces: ¿cómo se enfría en nosotros la caridad? ¿Cuáles son las señales que nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros?

Lo que apaga la caridad es ante todo la avidez por el dinero, «raíz de todos los males» (1 Tm 6,10); a esta le sigue el rechazo de Dios y, por tanto, el no querer buscar consuelo en él, prefiriendo quedarnos con nuestra desolación antes que sentirnos confortados por su Palabra y sus Sacramentos. Todo esto se transforma en violencia que se dirige contra aquellos que consideramos una amenaza para nuestras «certezas»: el niño por nacer, el anciano enfermo, el huésped de paso, el extranjero, así como el prójimo que no corresponde a nuestras expectativas.

También la creación es un testigo silencioso de este enfriamiento de la caridad: la tierra está envenenada a causa de los desechos arrojados por negligencia e interés; los mares, también contaminados, tienen que recubrir por desgracia los restos de tantos náufragos de las migraciones forzadas; los cielos —que en el designio de Dios cantan su gloria— se ven surcados por máquinas que hacen llover instrumentos de muerte.

El amor se enfría también en nuestras comunidades: en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium traté de describir las señales más evidentes de esta falta de amor. estas son: la acedia egoísta, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y de entablar continuas guerras fratricidas, la mentalidad mundana que induce a ocuparse sólo de lo aparente, disminuyendo de este modo el entusiasmo misionero.

¿Qué podemos hacer?

Si vemos dentro de nosotros y a nuestro alrededor los signos que antes he descrito, la Iglesia, nuestra madre y maestra, además de la medicina a veces amarga de la verdad, nos ofrece en este tiempo de Cuaresma el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno.

El hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos, para buscar finalmente el consuelo en Dios. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida.

El ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida. Al igual que, como cristianos, me gustaría que siguiésemos el ejemplo de los Apóstoles y viésemos en la posibilidad de compartir nuestros bienes con los demás un testimonio concreto de la comunión que vivimos en la Iglesia. A este propósito hago mía la exhortación de san Pablo, cuando invitaba a los corintios a participar en la colecta para la comunidad de Jerusalén: «Os conviene» (2 Co 8,10). Esto vale especialmente en Cuaresma, un tiempo en el que muchos organismos realizan colectas en favor de iglesias y poblaciones que pasan por dificultades. Y cuánto querría que también en nuestras relaciones cotidianas, ante cada hermano que nos pide ayuda, pensáramos que se trata de una llamada de la divina Providencia: cada limosna es una ocasión para participar en la Providencia de Dios hacia sus hijos; y si él hoy se sirve de mí para ayudar a un hermano, ¿no va a proveer también mañana a mis necesidades, él, que no se deja ganar por nadie en generosidad?

El ayuno, por último, debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer. Por una parte, nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre; por otra, expresa la condición de nuestro espíritu, hambriento de bondad y sediento de la vida de Dios. El ayuno nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo, inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios, que es el único que sacia nuestra hambre.

Querría que mi voz traspasara las fronteras de la Iglesia Católica, para que llegara a todos ustedes, hombres y mujeres de buena voluntad, dispuestos a escuchar a Dios. Si se sienten afligidos como nosotros, porque en el mundo se extiende la iniquidad, si les preocupa la frialdad que paraliza el corazón y las obras, si ven que se debilita el sentido de una misma humanidad, únanse a nosotros para invocar juntos a Dios, para ayunar juntos y entregar juntos lo que podamos como ayuda para nuestros hermanos

El fuego de la Pascua

Invito especialmente a los miembros de la Iglesia a emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración. Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo.

Una ocasión propicia será la iniciativa «24 horas para el Señor», que este año nos invita nuevamente a celebrar el Sacramento de la Reconciliación en un contexto de adoración eucarística. En el 2018 tendrá lugar el viernes 9 y el sábado 10 de marzo, inspirándose en las palabras del Salmo 130,4: «De ti procede el perdón». En cada diócesis, al menos una iglesia permanecerá abierta durante 24 horas seguidas, para permitir la oración de adoración y la confesión sacramental.

En la noche de Pascua reviviremos el sugestivo rito de encender el cirio pascual: la luz que proviene del «fuego nuevo» poco a poco disipará la oscuridad e iluminará la asamblea litúrgica. «Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu», para que todos podamos vivir la misma experiencia de los discípulos de Emaús: después de escuchar la Palabra del Señor y de alimentarnos con el Pan eucarístico nuestro corazón volverá a arder de fe, esperanza y caridad.

Los bendigo de todo corazón y rezo por ustedes. No se olviden de rezar por mí.

Vaticano, 1 de noviembre de 2017 Solemnidad de Todos los Santos

FRANCISCO

04 febrero 2018

Hoy celebramos a la Beata Terciaria Trinitaria Isabel Canori Mora.


Madre, Terciaria Trinitaria y mujer de fuerte caridad.

Nació en Roma el 21 de noviembre de 1774, hija de Tommaso y Teresa Primoli, en el seno de una familia de posición acomodada, profundamente cristiana y diligente en la educación de sus hijos. Estudió con las Hermanas Agustinas de Cascia (1785-88), donde destacó por su inteligencia, una profunda vida interior y su espíritu de penitencia. De regreso a Roma, tuvo una vida tranquila hasta que en 1796 -cuando tenía 21 años- se casó con el joven abogado romano Cristóforo Mora.

Para ella, el matrimonio fue una decisión reflexionada, madura, pero después de algunos meses, la fragilidad psicológica de Cristóforo comprometió la serenidad de la familia. Convirtió a una mujer de mal vivir en su amante y a medida que pasaba el tiempo, humilló y abusó de su esposa en distintas formas, no ejerció más la abogacía, y gastó tanto dinero en sus aventuras que terminó llevando a su esposa e hijas a la extrema pobreza y una creciente deuda.

A la violencia física y psicológica de su esposo, Isabel respondió siempre con absoluta fidelidad. Nunca puso excusas, conveniencias o intereses para justificar un abandono de su hogar, para ella sólo primaba el código de fidelidad de amor y rendición total.

Isabel Canori trató a su marido con paciencia gentil, ofreciendo penitencias y oraciones por su conversión. Nunca pensó en separarse de él, a pesar de los consejos de familiares y amigos. En vez de esto, siempre amó, apoyó y perdonó a su esposo esperando su conversión. En 1801 sufrió una misteriosa enfermedad que la puso al borde de la muerte. Se curó de forma inexplicable y tuvo su primera experiencia mística.

El Señor le hizo alcanzar la madurez para recibir las visiones y las ilustraciones sobre el destino de la Iglesia. Recibió en forma clara los estigmas de la pasión de Cristo, y en sus visiones vio las tremendas batallas que tendrá que sostener la Iglesia en los últimos tiempos bajo el poder de las tinieblas.

Tuvo cuatro hijos, pero los dos primeros murieron a los días de nacer. Con el abandono de su esposo, fue forzada a vivir trabajando con sus propias manos para seguir al cuidado de sus hijas Marianna y Luciana. Dedicó mucho tiempo a la oración, los pobres y los enfermos.

Su hogar pronto se convirtió en un punto de referencia para mucha gente en busca de ayuda material y espiritual. Se dedicó especialmente a cuidar de las familias en necesidad. Para ella, la familia implicaba dar un espacio a cada persona, un lugar que dé frutos de vida, fe, solidaridad y responsabilidad.

La familia, para ella, era el templo en el que recibía al "al amado Señor, Jesús de Nazaret" y a todos los que se dirigían a ella. A través de la auto negación, Elizabeth ofrecía su vida por la paz y la santidad de la Iglesia, la conversión de su esposo y la salvación de los pecadores.

En 1807 Isabel se unió a la Orden Tercera Trinitaria de la iglesia de los trinitarios españoles de San Carlo alle Quattro Fontane en Roma.

En 5 de febrero de 1825, mientras era asistida por sus dos hijas, Isabella falleció. Fue enterrada en Roma en la iglesia trinitaria de San Carlo alle Quattro Fontane. Poco después de su muerte, como ella misma predijo, su esposo se convirtió uniéndose a la Orden Tercera Trinitaria y después se ordenó sacerdote de los franciscanos conventuales.

Fue beatificada por Juan Pablo II en 1994 en las celebraciones del Año Mundial de las Familias.


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Evangelio. Domingo V del Tiempo Ordinario.


Según San Marcos 1, 29 - 39.

En aquel tiempo, cuando Jesús salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles. Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían. 

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan». Él les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido». Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

Reflexión. Domingo V del Tiempo Ordinario.


En este Domingo V del Tiempo Ordinario, vemos a Jesús como el que sana los corazones que están destrozados, venda las heridas y su misión es curar a los enfermos de diferentes males y a predicar por las aldeas cercanas.

Hoy la Iglesia nos invita a que nos miremos a nosotros mismo y reflexionemos de qué forma evangelizamos, a quién le evangelizamos y si somos capaces de sanar, acompañar y acoger a esas personas que están a nuestro alrededor y necesitan de nuestra ayuda.
Porque seguir a Jesús, es hacer lo que Él hacía. Y el Evangelio de hoy lo deja muy claro con tres verbos: Sanar, curar y predicar.

En la Primera Lectura de Job

El autor de presenta  la vida de Job en un clima de la existencia humana.
Por eso, compara que su vida es peor que la del esclavo o del mercenario. Vemos como después de todo, Job, se queda sin esperanza y se dirige a Dios en una larga y profunda súplica. Su vida, al no tener sentido y estar en lo que popularmente llamaría Santa Teresa “la noche oscura” por la que pasa toda persona humana, Job, se aferra a que Dios le ayude a ver la Luz. El resultado de esta lectura es acudir a Dios en todo momento: bueno y malo.

En la Segunda Lectura de la carta de Pablo a los Corintios

Nos da hoy una gran lección: ¡Ay que predicar si o si!
Pablo habla de la “Buena Noticia” de la salvación. Y lo hace, porque desde que se dejó encontrar por Jesús, su vida cambió. Ya no puede vivir de otra forma, sino vivir para anunciar la Buena Noticia de Jesús. Ya no hay excusas para no predicar. Todos estamos llamados desde nuestro Bautismo a ser profetas. Predicar no solo es obligación del Papa, del obispo, del sacerdote o de los consagrados. Es una obligación de todos y cada uno de los que formamos la Iglesia. Y la Iglesia la forman TODOS los bautizados. Dar a conocer a Jesús es saberse identificarse con su vida, sus actos y forma de ver las cosas. El Amor, el Perdón, la Ayuda y la Oración, son los ingredientes necesarios para empezar a testimoniar el Evangelio de Jesús en nuestras vidas. Hacer que el Evangelio sea el perfume que cada mañana al levantarnos nos echemos.

En el Evangelio de Marcos

Veíamos el domingo pasado cómo Jesús enseñaba con autoridad en la sinanoga.
Hoy Marcos completa ese momento con tres escenas que son tres verbos: Curar, Sanar y Predicar. Cura a la suegra de Pedro en contexto familiar de una casa; Sana a muchas personas de diferentes dolencias y después se va a cumplir otra de las misiones: Predicar.
Jesús no busca que lo aplaudan, ni hacer curaciones sin sentido como de un mago con poderes sobrehumanos se tratara. En Jesús, curar es una expresión de la fuerza y del amor INCONDICIONAL de Dios para con la humanidad.

Jesús, se acerca a las personas, las toca, les coge de la mano, les habla, les cura. No es un Jesús que guarda distante, que necesita seguridad para que nadie le toque, no busca el primer puesto, ni lleva una secretaria para organizarle a quién tiene que recibir y cuándo.
Jesús, al amarnos, nos cura. Y porque nos ama, está cerca de quién le necesita, está en medio de la gente. Y el amor, hace que no esté quieto, no le importa mancharse las manos de quién necesita una curación o una palabra de aliento.

Seguir a Jesús, no es predicar a una cierta hora en un templo.
Es salir a la calle y que el predicar se va en nuestros actos de estar con quien nos pide ayuda, agarrar de la mano a quien está caído y desde ahí, le estaremos dando sentido a los tres verbos por el cual Jesús vino aquí: Curar, Predicar y Sanar.


Que María, nuestra madre, nos ayude a ser valientes como Jesús, para que podamos salir de nuestras comodidades y de nuestros “tronos de poder” y estar al lado de las personas más necesitadas. Que nuestro poder sea el servicio. Porque al servir estamos reinando.
Que así sea.


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03 febrero 2018

Entrevista al Obispo de Málaga, Don Jesús Catalá Ibáñez


Jesús Catalá pide a los jóvenes consagrados que lleven a la vida el carisma fundacional
Su mirada es esperanzadora. 

El presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada, Jesús Catalá, obispo de Málaga se fija en lo verdaderamente importante, en la oblación de vida a Dios de cada consagrado.


P. Lleva ya unos meses en esta comisión episcopal.
 ¿Podría compartir con nosotros cómo ve a la vida consagrada hoy en España?

R. Resulta muy esperanzador contemplar que la vida consagrada en general y en España en particular goza de buena salud, a pesar de ciertas voces que alarman sobre la situación de las congregaciones religiosas. Un tema que puede preocupar es el descenso numérico de las vocaciones; pero la fecundidad eclesial de la vida religiosa o de especial consagración no se mide por el número de personas, sino por su presencia cualitativa. No es tan importante la cantidad de actividades que los consagrados realizan, cuanto su oblación a Dios, su oración cotidiana y su testimonio de la vida futura. Quien dirige la Iglesia es el Espíritu Santo y Él suscita en cada momento los carismas necesarios. Existe hoy un renacimiento de nuevas formas de consagración especial y una renovación de antiguas formas.

P. ¿Cuáles son los retos que debe afrontar la vida consagrada hoy?

R. Los retos que la vida consagrada debe afrontar hoy son los mismos que tiene la Iglesia en nuestra sociedad: la secularización, el olvido de Dios, el deseo de autonomía del ser humano olvidándose que es “creatura de Dios”, la excesiva subjetividad, la falta de valores objetivos y permanentes, la no escucha del Evangelio, el rechazo de una relación personal con Jesucristo; y otros tantos retos que el magisterio reciente de la Iglesia ha puesto al descubierto.En el interior de las congregaciones y de las comunidades religiosas tienen que afrontar la edad avanzada de muchas personas y el descendimiento del número de vocaciones, para hacer frente a las tareas que asumían hasta ahora; pero esto lo
están resolviendo con las decisiones que están tomando.

P. La comisión que preside ¿qué líneas se marca en estos años?

R. La comisión episcopal no marca líneas de acción para la vida consagrada. Está formada por varios obispos, que ofrecemos nuestro diálogo, colaboración y ayuda a los responsables de las congregaciones religiosas y de las asociaciones o federaciones. En ese diálogo fraterno se vislumbran caminos de esperanza y se comparten líneas de acción y de renovación.

P. ¿Cómo percibe la comunión eclesial entre las diversas concreciones de
consagración?

R. La comunión eclesial se vive siempre respecto a la Iglesia como sacramento de salvación y signo de comunión. Es tarea de todos procurar una verdadera comunión con el centro eclesial, que es Jesucristo; y con el signo visible de unidad que es el Papa, junto con los obispos como signos de unidad en cada iglesia particular o diócesis. La comunión entre las congregaciones dependerá de la
comunión con el centro visible. Pueden ayudar mucho a la comunión las distintas organizaciones, asociaciones o federaciones entre las familias religiosas. Pero ocurre lo mismo que con el ecumenismo: a mayor unión con Cristo, mayor unidad entre las distintas confesiones.

P. ¿Qué les pediría hoy? ¿Qué les diría en este tiempo de cambios?

R. El papa Francisco ha insistido en que nos encontramos en un “cambio de época”, que es mucho más que un simple tiempo de cambios. Ello requiere una mayor atención a los signos de los tiempos, como animaba ya el Concilio Vaticano II. Es necesario iluminar con la luz del Evangelio las realidades temporales y las nuevas tendencias culturales que ya están presentes. El cambio cultural en nuestro mundo está siendo muy profundo y con retos muy grandes. La vida consagrada tiene que ser consciente de ello y trabajar para seguir transformando el mundo según el designio de Dios.

P. ¿Y a los jóvenes religiosos?

R, Los jóvenes religiosos suelen tener grandes ideales y muchos buenos deseos de cambiar las cosas a mejor. Pero deben saber escuchar a los mayores, que tienen más experiencia y cuya vida no puede ser juzgada a la ligera, aunque no acaben de comprender a los jóvenes. Entre ambos se puede crear un buen equilibrio, que será sin duda más fecundo que ver las cosas solo desde un lado. Es muy importante la fidelidad al carisma fundacional, que es un don del Espíritu; no se trata de cambiar
el carisma, sino de asumirlo y de llevarlo a la vida actual para que sea fecundo.


02 febrero 2018

Felicidades a las Hermanas Trinitarias de Madrid.



Hoy hace 133 años, que nuestro Padre Méndez y nuestra Madre Mariana, empezaron juntos un camino vocacional donde Dios haría de ellos instrumentos para acoger a jóvenes en riesgo de exclusión social. Gracias por vuestra valentía.

Las HH. Trinitarias de Madrid celebran 133 años de fundación.


Con una sencilla Eucaristía en la Iglesia del Monasterio de la Encarnación de Madrid comienza la fundación del Instituto el 2 de febrero de 1885.

El texto evangélico que el padre Méndez lee y comenta, deja claros el espíritu y horizonte de la obra. “Buscad ante todo el Reino de Dios. El resto se os dará por añadidura” .

Ese mismo día, en una pequeña casa alquilada, del Paseo del Obelisco (hoy Martínez Campos), se abre la primera puerta del Instituto.

En ella inicia la andadura de la obra la primera comunidad formada por seis jóvenes que, abrasadas en el amor divino, del que hacen partícipes a los demás, afrontan las dificultades que les van viniendo.

Sus nombres: María Ana Allsopp, Carmen Sáiz, Mercedes Solá, Ángeles Pascual, Eladia Casanova y María Alcoy.

Todas conocían la realidad eclesial y social en la que habían de encarnar el proyecto divino, pues “Ya desde mucho tiempo venían dedicándose a obras de celo, visitando hospitales para enseñar en ellos la doctrina cristiana a las enfermas, y asistiendo a las escuelas dominicales para atender a las jóvenes obreras” .

Después de los Ejercicios Espirituales, dirigidos por el padre Méndez, comienzan a acoger a las primeras jóvenes. Reciben a las que ya han caído en diversas esclavitudes, sobre todo en la prostitución, y a las que aún no han caído, para evitar que caigan. Dejan claro desde primera hora, la doble dimensión del apostolado: prevención y rehabilitación. La obra crece rápidamente.

En medio de las dificultades, están convencidos de que es una obra de Dios que Él cuida sin cesar. Así lo refleja madre Mariana en el primer aniversario de la fundación: "¡Oh Jesús de mi corazón!... ¡Quién iba a imaginar que el proyecto que nos confiaste, comenzado con tantas dificultades aunque con el alma llena de gozo, iba a extenderse tanto! Tú has cuidado de tu casa con prodigio tras prodigio" .

Al año de la fundación la casa se queda pequeña: las constantes solicitudes de jóvenes para ser acogidas, y de aspirantes para ingresar en la comunidad, requería más espacio.

Respondiendo al fin de la Fundación comprenden que el Señor quería dar ensanche a la Obra, y en 1886 se trasladan a una casa más grande en la calle Ferraz.


Mensaje para la Jornada de la Vida Consagrada.


Hoy, dos de febrero celebramos la fiesta de la Presentación del Señor en el templo.
Cuarenta días después del Nacimiento de Jesús, la Virgen María y San José lo llevan para presentarlo y ofrecerlo a Dios. Jesús al presentarse en el templo, se presenta a todos nosotros como Luz para alumbrar a todas las naciones y para dar la gloria.
Por eso en muchas Parroquias hoy, haremos una candela en la puerta y repartiremos la luz, como símbolo.

También celebramos la Jornada de la Vida Consagrada con el lema:
“La vida consagrada, encuentro con el Amor de Dios”.

La Vida Consagrada está llamada a ser signo de Dios en medio del mundo.
Cada religioso y religiosa tiene que ser reflejo y sonrisa de ese Dios que es Amor encarnado en su Hijo Jesucristo.

Ser consagrado/a es tener un estilo de vida que se asemeje en todos los momentos del día, a Cristo de un modo particular que es el carisma que ha suscitado el Espíritu Santo a cada fundador o fundadora.

Ser religioso/a es santificarse día a día siguiendo a esa persona concreta, con nombre y apellido: Jesucristo, mediante unos votos para poder vivir en pobreza, castidad y obediencia bajo la ayuda del carisma y ser cada día otro Cristo en el mundo.

La única preocupación del religioso tiene que ser amar a Dios, amar a los hermanos y ser fiel.

Porque entregarse a Dios, es dejarse empapar por ese óleo que un día fuimos ungido en nuestro bautismo: el Santo de Crisma, y repartir ese buen olor del verdadero AMOR que es Dios a través de nuestros hermanos de comunidad, con las personas de nuestras pastorales y lo engloba todo eso, con la oración sencilla ante Jesús Sacramentado.

Oración y Eucaristía, pilares donde se sostiene la vida del que se consagra por completo a Jesús.

Feliz día de la vida consagrada, y que María, la Virgen nos ayude a ser verdaderos testigos de ese Amor Verdadero en nuestro mundo. Un AMOR, que NO falla, perdona y se nos regala gratuitamente.


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01 febrero 2018

Que los sacerdotes sean pastores cercanos y no “patrones de finca".


A Jesús le gustaba sentirse en medio del pueblo, eliminar toda distancia entre él y aquellos que le seguían con esperanza.

Jesús no abre una oficina de asesoría espiritual con un cartel que diga: ‘El profeta recibe lunes, miércoles, viernes de 3 a 5.
La entrada cuesta esto o, si prefiere, podemos hacer una oferta’. No, Jesús no hace eso.
Tampoco abre un estudio médico con un cartel que ponga: ‘Los enfermos deben venir tal día, tal día y tal día y se curarán’. No. Jesús se pone en medio del pueblo.

Esa es la figura de pastor que Jesús nos propone: un sacerdote santo que acompaña a su pueblo.

Es así cómo la mujer enferma consigue acercarse a Jesús y curarse después de tocar su manto.
El pastor, en el día de su ordenación, tanto sacerdotal como episcopal, es ungido con el santo óleo. Pero el verdadero óleo, el interior, es el óleo de la cercanía y de la ternura.

Al pastor que no se hace cercano, le falta algo. Puede que sea un ‘patrón de la finca’, pero no un pastor. Un pastor al que le falta la ternura es un pastor rígido que bastonea a sus ovejas. Cercanía y ternura: lo vemos aquí. Así era Jesús”.

El Pastor que sigue a Jesús “termina su día agotado de hacer el bien”.
De esa manera, el pueblo sentirá la presencia de Dios vivo.

Os propongo rezar por los pastores, “para que el Señor les de esta gracia de caminar con el pueblo, de estar presentes en medio del pueblo con ternura y cercanía.

Y cuando el pueblo encuentra al pastor, siente esa cosa especial que sólo se siente en presencia de Dios, que es como termina el pasaje del Evangelio de hoy: ‘Quedaron fuera de sí, llenos de estupor’. El estupor de sentir la cercanía y la ternura de Dios en el pastor”.


(Homilía. Santa Marta. Papa Francisco, 30-1-2018)

Mensaje del Papa Francisco para este mes: "Di No a la corrupción".



30 enero 2018

(I) Beata Margarita de Maturana, fundadora de las Mercedarias Misioneras de Bérriz.


“De la clausura, a la misión en el mundo”

Nació en Bilbao (España) el 25 de julio de 1884. Fue bautizada con el nombre de Pilar. Mantuvo toda la vida una relación afectiva y espiritual muy intensa con su hermana gemela Leonor.

Siendo adolescente, su madre, intentando alejarla de una amistad prematura con un joven marino, decidió llevarla al colegio internado de las religiosas Mercedarias en Bérriz. Allí sintió la llamada de Dios a una consagración total como religiosa misionera.

A los 19 años, el 10 de agosto de 1903 ingresó en la Congregación, tomando el nombre de Margarita María. Pocos días antes su hermana Leonor había ingresado en el noviciado de las Carmelitas de la Caridad, de Vitoria (murió misionera en Argentina, y su causa de beatificación está incoada).

Desde el primer momento se entregó a Dios con una fidelidad total en su vida de monja de clausura.

En 1906 comenzó a trabajar en el colegio, donde estuvo más de veinte años. Son dos las principales características que la distinguen: su afición a la oración y su caridad exquisita. En ellas su vocación mercedaria, de redención de cautivos, se fue ampliando y actualizando.

Es en esa vida de oración constante, fiel, en su intimidad con el Señor, donde su caridad, su vocación mercedaria de redención de cautivos se fue ampliando y alcanzando nuevos y más amplios horizontes. Fue ahondando en el deseo de hacer llegar al mundo entero la dicha que ella gozaba en la comunicación con Dios y el amor a Jesucristo que sentía crecer más y más en su interior. El 5 de mayo de 1912 escribía: "Yo no deseo más que darle a conocer a los que me ha encomendado, que es el mundo entero".

Desde entonces sus ansias de llegar a abarcar el mundo entero se fueron dilatando, primero en la oración y luego en su trabajo con las alumnas del colegio anexo al monasterio. Compartió sus inquietudes con la comendadora del monasterio, María Nieves Urízar y entusiasmó con ellas a la comunidad entera.

En el año 1913 comenta que le gusta pedir por los misioneros. Poco a poco, por diversas circunstancias, fue conociendo a algunos y mantuvo con ellos una comunicación frecuente. Estas cartas, cargadas con abundantes experiencias misioneras, fueron sembrando en su tierra, bien abonada, una semilla que fructificó en realidades insospechadas en aquel entonces convento de clausura.

Eran los años del despertar misionero en España. En el colegio inició, en el año 1920, una asociación "Juventud Mercedaria Misionera de Bérriz" y a través de ella formó en el espíritu misionero a varias generaciones de jóvenes que, como religiosas o como esposas, supieron vivir el ideal misionero allí donde Dios las iba llamando.


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28 enero 2018

La Orden y familia Trinitaria celebra 825 años de la inspiración.


- Octava de Santa Inés.

La joven Santa Inés murió mártir en Roma en la segunda mitad del siglo III o, más probablemente, a principios del siglo IV. El papa Dámaso honró su sepulcro con un poema, y muchos Padres de la Iglesia, a partir de san Ambrosio, le dedicaron alabanzas.

- Primera Misa

En este día, 28 de enero, San Juan de Mata, fundador de la Orden de la Santísima Trinidad y de los cautivos, celebró su primera misa en París, acompañado por el obispo y el abad, y en ella fue iluminado por Dios para que fundara la Orden de la Santísima Trinidad.

- Visión de San Juan de Mata

Al elevar la Sagrada Forma en la consagración, vió a Cristo en el centro que liberaba por igual a un cristiano y a un musulmán. Ahí se dio cuenta, de que Dios le llamaba a salir de los muros del convento para ser redentor y libertador de tantas personas que estaban cautivas y privadas de libertad.

- En la actualidad

Desde ese día, la Orden y familia Trinitaria tiene la misión de dar gloria a Dios y ser libertad para tantas personas que viven esclavas en nuestros días.

En recuerdo de tal acontecimiento, santa Inés es venerada como patrona de la Orden Trinitaria junto con la Virgen del Buen Remedio.

Damos gracias a Dios por inspirar a San Juan de Mata en tan hermoso carisma nacido de la Eucaristía.


Evangelio. Domingo IV del Tiempo Ordinario.


Según San Marcos 1, 21 - 28.

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a Cafarnaúm. Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él». Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él. Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen». Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.

Reflexión. Domingo IV del Tiempo Ordinario.


En este Domingo IV del Tiempo Ordinario, vemos como en Jesús se cumple el anuncio hecho por Dios, como enseña con autoridad y apoya ese hecho con la acción de salar al hombre. En concreto, expulsa al espíritu inmundo.

La autoridad de Jesús, no es como nosotros la concebimos actualmente. No es estar por encima del otro, pisotear o hacer que el otro haga lo que yo quiera. Jesús viene con autoridad para acompañarnos en nuestro día a día, para devolver la salud al enfermo, la libertad al que está encarcelado y expulsar todo tipo de pecado y danos su gracia.

Dejemos que Jesús entre en nuestra vida. Autoricémosle que sea nuestro Camino, nuestra Verdad y nuestra Vida. Desde ahí, podremos dar autoridad a Jesús para que nos guíe y nos acompañe siempre.

También, celebramos la Jornada de la Infancia Misionera, pidámosle al Señor que los niños sepan ser valientes MISIONEROS en medio de sus ambientes. Que no se avergüencen en decir que son amigos y seguidores de ese amigo que nunca falla: Jesús. El lema de este año es: “Atrévete a ser Misionero”.


En la Primera Lectura del libro del Deuteronomio

Vemos como tres esquemas. El primero, como los pueblos paganos eran muy supersticioso y esto estaba condenado por el por el Judaísmo, y la profecía que nace de la escucha de la Palabra de Dios. En éste libro, el monte de la revelación y la alianza, no es el Sinaí, sino el Horeb, y como es la promesa que suscita al pueblo un profeta, por petición del pueblo.

Hablar de profeta, es hablar de una persona que lleva a término la voluntad de Dios, la escucha y la transmite. Moisés, según la tradición Bíblica, fue el primer profeta. Fue mediador entre el pueblo y Dios.


En la Segunda Lectura del Apóstol Pablo a los Corintios

Vemos reflejada la vida cotidiana de los nuevos cristianos que tienen preguntas muy concretas ante la nueva situación de sus vidas y de sus familias. En la línea del domingo pasado, está bastante claro lo que nos refleja la lectura de hoy: ni el estado conyugal ni el estado virginal constituyen por si mismos la perfección. Vemos como las dos son medios de vivir la vocación. Ninguna es mejor que otra. Evidentemente, la virginidad voluntaria por motivo religioso es una entrega total al Señor. Pero, deja claro, que ninguna es mejor que la otra. Todas son importantes, aunque a veces queramos ser mejores que los otros que no son o no viven como nosotros “vivimos” o “somos”.

Por eso, la profecía y la virginidad por amor son, cualidades del creyente. No porque marquen un estilo de vida, sino, porque hacen de sus vidas, reflejo de Dios en el mundo.

En el Evangelio de Marcos

Jesús enseña y cura. Pero, lo hace de una forma un tanto peculiar.
En la sinagoga, se podía enseñar, porque era el lugar de la Torah, pero, por el contrario, no se podía curar, y encima, siendo sábado. Que si recordamos, el sábado, es día de descanso y reposo absoluto. Jesús, va como un judío más a la sinagoga, pero, hace la curación de un hombre que tenía un espíritu inmundo. La gente se asombra, porque (lo dice el texto dos veces) enseña con autoridad. Le manda a callar al espíritu y lo hace salir, porque en el ser humano, no hay lugar para el mal, no somos esclavos del pecado. Y esto hace que quede claro que Jesús es el Amor del Padre, porque en él, estamos todos presentados. Todos somos hijos de Dios, y tenemos una dignidad.

Jesús como maestro y como autoridad, nos enseña y nos habla (como dije al principio) no como poder que pisotea, que hace esclavos… Su enseñanza y su autoridad vienen envuelta de AMOR, de misericordia e igualdad. Todos somos hermanos, todos tenemos una dignidad, y mientras que dejemos a Jesús ser el maestro, el mal, no podrá vencernos.

Ser llamados, es responder con fidelidad, entrega y sin falsas escusas. Porque si queremos entrar por el camino que Jesús nos ofrece, tenemos que ser auténticos. De lo contrario, seremos todo menos seguidores y mensajeros del Evangelio.

Pidamos a María, nuestra Madre, que nos ayude a dejarnos enseñar y modelar por su Hijo Jesús como ella lo hizo, y que no nos creamos mejor que nadie.

Que así sea.


27 enero 2018

Este fin de semana celebramos la Jornada de la Infancia Misionera: "Atrévete a ser misionero".


¿Qué es la Infancia Misionera?

“Atrévete…”. Muchas veces los niños “se pican” unos a otros diciéndose: “¿A qué no te atreves?”. Si la propuesta es tan valiosa como lanzarse a la misión, merece la pena arriesgarse y dar el salto. Los cristianos obtenemos el valor necesario para ello apoyándonos en Aquel en quien sabemos que podemos confiar plenamente: Jesús.

“… a ser misionero”. Esa gran propuesta es también, y en un lugar destacado, para los más pequeños. Infancia Misionera va a ayudarles a descubrir y a vivir —de una manera sencilla, pero concreta, creativa y eficaz— que ellos son auténticos protagonistas de la misión en su propio ambiente. Y ¿por qué no soñar con ser misioneros algún día, si Dios quiere?


25 enero 2018

"Un periodismo sin fingimientos, hostil a las falsedades..."


En el proyecto de Dios, la comunicación humana es una modalidad esencial para vivir la comunión. El ser humano, imagen y semejanza del Creador, es capaz de expresar y compartir la verdad, el bien, la belleza. Es capaz de contar su propia experiencia y describir el mundo, y de construir así la memoria y la comprensión de los acontecimientos.

Pero el hombre, si sigue su propio egoísmo orgulloso, puede también hacer un mal uso de la facultad de comunicar, como muestran desde el principio los episodios bíblicos de Caín y Abel, y de la Torre de Babel (cf. Gn 4,1-16; 11,1-9).

La alteración de la verdad es el síntoma típico de tal distorsión, tanto en el plano individual como en el colectivo. Por el contrario, en la fidelidad a la lógica de Dios, la comunicación se convierte en lugar para expresar la propia responsabilidad en la búsqueda de la verdad y en la construcción del bien.

Hoy, en un contexto de comunicación cada vez más veloz e inmersos dentro de un sistema digital, asistimos al fenómeno de las noticias falsas, las llamadas «fake news». Dicho fenómeno nos llama a la reflexión; por eso he dedicado este mensaje al tema de la verdad, como ya hicieron en diversas ocasiones mis predecesores a partir de Pablo VI (cf. Mensaje de 1972: «Los instrumentos de comunicación social al servicio de la verdad»). Quisiera ofrecer de este modo una aportación al esfuerzo común para prevenir la difusión de las noticias falsas, y para redescubrir el valor de la profesión periodística y la responsabilidad personal de cada uno en la comunicación de la verdad.

1- ¿Qué hay de falso en las «noticias falsas»?

«Fake news» es un término discutido y también objeto de debate. Generalmente alude a la desinformación difundida online o en los medios de comunicación tradicionales. Esta expresión se refiere, por tanto, a informaciones infundadas, basadas en datos inexistentes o distorsionados, que tienen como finalidad engañar o incluso manipular al lector para alcanzar determinados objetivos, influenciar las decisiones políticas u obtener ganancias económicas.

La eficacia de las fake news se debe, en primer lugar, a su naturaleza mimética, es decir, a su capacidad de aparecer como plausibles. En segundo lugar, estas noticias, falsas pero verosímiles, son capciosas, en el sentido de que son hábiles para capturar la atención de los destinatarios poniendo el acento en estereotipos y prejuicios extendidos dentro de un tejido social, y se apoyan en emociones fáciles de suscitar, como el ansia, el desprecio, la rabia y la frustración.

Su difusión puede contar con el uso manipulador de las redes sociales y de las lógicas que garantizan su funcionamiento. De este modo, los contenidos, a pesar de carecer de fundamento, obtienen una visibilidad tal que incluso los desmentidos oficiales difícilmente consiguen contener los daños que producen.

La dificultad para desenmascarar y erradicar las fake news se debe asimismo al hecho de que las personas a menudo interactúan dentro de ambientes digitales homogéneos e impermeables a perspectivas y opiniones divergentes. El resultado de esta lógica de la desinformación es que, en lugar de realizar una sana comparación con otras fuentes de información, lo que podría poner en discusión positivamente los prejuicios y abrir un diálogo constructivo, se corre el riesgo de convertirse en actores involuntarios de la difusión de opiniones sectarias e infundadas.

El drama de la desinformación es el desacreditar al otro, el presentarlo como enemigo, hasta llegar a la demonización que favorece los conflictos. Las noticias falsas revelan así la presencia de actitudes intolerantes e hipersensibles al mismo tiempo, con el único resultado de extender el peligro de la arrogancia y el odio. A esto conduce, en último análisis, la falsedad.

2- ¿Cómo podemos reconocerlas?


Ninguno de nosotros puede eximirse de la responsabilidad de hacer frente a estas falsedades. No es tarea fácil, porque la desinformación se basa frecuentemente en discursos heterogéneos, intencionadamente evasivos y sutilmente engañosos, y se sirve a veces de mecanismos refinados.

Por eso son loables las iniciativas educativas que permiten aprender a leer y valorar el contexto comunicativo, y enseñan a no ser divulgadores inconscientes de la desinformación, sino activos en su desvelamiento. Son asimismo encomiables las iniciativas institucionales y jurídicas encaminadas a concretar normas que se opongan a este fenómeno, así como las que han puesto en marcha las compañías tecnológicas y de medios de comunicación, dirigidas a definir nuevos criterios para la verificación de las identidades personales que se esconden detrás de millones de perfiles digitales.

Pero la prevención y la identificación de los mecanismos de la desinformación requieren también un discernimiento atento y profundo. En efecto, se ha de desenmascarar la que se podría definir como la «lógica de la serpiente», capaz de camuflarse en todas partes y morder.

Se trata de la estrategia utilizada por la «serpiente astuta» de la que habla el Libro del Génesis, la cual, en los albores de la humanidad, fue la artífice de la primera fake news (cf. Gn 3,1-15), que llevó a las trágicas consecuencias del pecado, y que se concretizaron luego en el primer fratricidio (cf. Gn 4) y en otras innumerables formas de mal contra Dios, el prójimo, la sociedad y la creación.

La estrategia de este hábil «padre de la mentira» (Jn 8,44) es la mímesis, una insidiosa y peligrosa seducción que se abre camino en el corazón del hombre con argumentaciones falsas y atrayentes.

n la narración del pecado original, el tentador, efectivamente, se acerca a la mujer fingiendo ser su amigo e interesarse por su bien, y comienza su discurso con una afirmación verdadera, pero sólo en parte: «¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?» (Gn 3,1).

En realidad, lo que Dios había dicho a Adán no era que no comieran de ningún árbol, sino tan solo de un árbol: «Del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás» (Gn 2,17). La mujer, respondiendo, se lo explica a la serpiente, pero se deja atraer por su provocación:

«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”» (Gn 3,2). Esta respuesta tiene un sabor legalista y pesimista: habiendo dado credibilidad al falsario y dejándose seducir por su versión de los hechos, la mujer se deja engañar.

Por eso, enseguida presta atención cuando le asegura: «No, no moriréis» (v. 4). Luego, la deconstrucción del tentador asume una apariencia creíble: «Dios sabe que el día en que comáis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como Dios en el conocimiento del bien y el mal» (v. 5).

Finalmente, se llega a desacreditar la recomendación paternal de Dios, que estaba dirigida al bien, para seguir la seductora incitación del enemigo: «La mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable» (v. 6).

Este episodio bíblico revela por tanto un hecho esencial para nuestro razonamiento: ninguna desinformación es inocua; por el contrario, fiarse de lo que es falso produce consecuencias nefastas. Incluso una distorsión de la verdad aparentemente leve puede tener efectos peligrosos.

De lo que se trata, de hecho, es de nuestra codicia. Las fake news se convierten a menudo en virales, es decir, se difunden de modo veloz y difícilmente manejable, no a causa de la lógica de compartir que caracteriza a las redes sociales, sino más bien por la codicia insaciable que se enciende fácilmente en el ser humano.

Las mismas motivaciones económicas y oportunistas de la desinformación tienen su raíz en la sed de poder, de tener y de gozar que en último término nos hace víctimas de un engaño mucho más trágico que el de sus manifestaciones individuales: el del mal que se mueve de falsedad en falsedad para robarnos la libertad del corazón. He aquí porqué educar en la verdad significa educar para saber discernir, valorar y ponderar los deseos y las inclinaciones que se mueven dentro de nosotros, para no encontrarnos privados del bien «cayendo» en cada tentación.

3- «La verdad os hará libres» (Jn 8,32)

La continua contaminación a través de un lenguaje engañoso termina por ofuscar la interioridad de la persona. Dostoyevski escribió algo interesante en este sentido: «Quien se miente a sí mismo y escucha sus propias mentiras, llega al punto de no poder distinguir la verdad, ni dentro de sí mismo ni en torno a sí, y de este modo comienza a perder el respeto a sí mismo y a los demás.

Luego, como ya no estima a nadie, deja también de amar, y para distraer el tedio que produce la falta de cariño y ocuparse en algo, se entrega a las pasiones y a los placeres más bajos; y por culpa de sus vicios, se hace como una bestia. Y todo esto deriva del continuo mentir a los demás y a sí mismo» (Los hermanos Karamazov, II,2).

Entonces, ¿cómo defendernos? El antídoto más eficaz contra el virus de la falsedad es dejarse purificar por la verdad. En la visión cristiana, la verdad no es sólo una realidad conceptual que se refiere al juicio sobre las cosas, definiéndolas como verdaderas o falsas.

La verdad no es solamente el sacar a la luz cosas oscuras, «desvelar la realidad», como lleva a pensar el antiguo término griego que la designa, aletheia (de a-lethès, «no escondido»). La verdad tiene que ver con la vida entera. En la Biblia tiene el significado de apoyo, solidez, confianza, como da a entender la raíz ‘aman, de la cual procede también el Amén litúrgico.

La verdad es aquello sobre lo que uno se puede apoyar para no caer. En este sentido relacional, el único verdaderamente fiable y digno de confianza, sobre el que se puede contar siempre, es decir, «verdadero», es el Dios vivo. He aquí la afirmación de Jesús: «Yo soy la verdad» (Jn 14,6). El hombre, por tanto, descubre y redescubre la verdad cuando la experimenta en sí mismo como fidelidad y fiabilidad de quien lo ama. Sólo esto libera al hombre: «La verdad os hará libres» (Jn 8,32).

Liberación de la falsedad y búsqueda de la relación: he aquí los dos ingredientes que no pueden faltar para que nuestras palabras y nuestros gestos sean verdaderos, auténticos, dignos de confianza. Para discernir la verdad es preciso distinguir lo que favorece la comunión y promueve el bien, y lo que, por el contrario, tiende a aislar, dividir y contraponer.

La verdad, por tanto, no se alcanza realmente cuando se impone como algo extrínseco e impersonal; en cambio, brota de relaciones libres entre las personas, en la escucha recíproca. Además, nunca se deja de buscar la verdad, porque siempre está al acecho la falsedad, también cuando se dicen cosas verdaderas.

Una argumentación impecable puede apoyarse sobre hechos innegables, pero si se utiliza para herir a otro y desacreditarlo a los ojos de los demás, por más que parezca justa, no contiene en sí la verdad. Por sus frutos podemos distinguir la verdad de los enunciados: si suscitan polémica, fomentan divisiones, infunden resignación; o si, por el contrario, llevan a la reflexión consciente y madura, al diálogo constructivo, a una laboriosidad provechosa.

4- La paz es la verdadera noticia

El mejor antídoto contra las falsedades no son las estrategias, sino las personas, personas que, libres de la codicia, están dispuestas a escuchar, y permiten que la verdad emerja a través de la fatiga de un diálogo sincero; personas que, atraídas por el bien, se responsabilizan en el uso del lenguaje.

Si el camino para evitar la expansión de la desinformación es la responsabilidad, quien tiene un compromiso especial es el que por su oficio tiene la responsabilidad de informar, es decir: el periodista, custodio de las noticias. Este, en el mundo contemporáneo, no realiza sólo un trabajo, sino una verdadera y propia misión.

Tiene la tarea, en el frenesí de las noticias y en el torbellino de las primicias, de recordar que en el centro de la noticia no está la velocidad en darla y el impacto sobre las cifras de audiencia, sino las personas. Informar es formar, es involucrarse en la vida de las personas.

Por eso la verificación de las fuentes y la custodia de la comunicación son verdaderos y propios procesos de desarrollo del bien que generan confianza y abren caminos de comunión y de paz.


Por lo tanto, deseo dirigir un llamamiento a promover un periodismo de paz, sin entender con esta expresión un periodismo «buenista» que niegue la existencia de problemas graves y asuma tonos empalagosos.

Me refiero, por el contrario, a un periodismo sin fingimientos, hostil a las falsedades, a eslóganes efectistas y a declaraciones altisonantes; un periodismo hecho por personas para personas, y que se comprende como servicio a todos, especialmente a aquellos – y son la mayoría en el mundo– que no tienen voz; un periodismo que no queme las noticias, sino que se esfuerce en buscar las causas reales de los conflictos, para favorecer la comprensión de sus raíces y su superación a través de la puesta en marcha de procesos virtuosos; un periodismo empeñado en indicar soluciones alternativas a la escalada del clamor y de la violencia verbal.

Por eso, inspirándonos en una oración franciscana, podríamos dirigirnos a la Verdad en persona de la siguiente manera:

Señor, haznos instrumentos de tu paz.

Haznos reconocer el mal que se insinúa en una comunicación que no crea comunión.

Haznos capaces de quitar el veneno de nuestros juicios.

Ayúdanos a hablar de los otros como de hermanos y hermanas.

Tú eres fiel y digno de confianza; haz que nuestras palabras sean semillas de bien para el mundo:

donde hay ruido, haz que practiquemos la escucha;

donde hay confusión, haz que inspiremos armonía;

donde hay ambigüedad, haz que llevemos claridad;

donde hay exclusión, haz que llevemos el compartir;

donde hay sensacionalismo, haz que usemos la sobriedad;

donde hay superficialidad, haz que planteemos interrogantes verdaderos;

donde hay prejuicio, haz que suscitemos confianza;

donde hay agresividad, haz que llevemos respeto;

donde hay falsedad, haz que llevemos verdad.

Amén.


(Papa Francisco. 24-1-2018. Jornada Mundial de las Comunicaciones)

Catequesis de ayer miércoles del Papa Francisco: "Sin reinserción social la cárcel es una tortura infinita".


Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

Esta catequesis se desarrolla en dos lugares conectados: vosotros aquí, en la Plaza y un grupo de niños, algo enfermos, que están en el Aula. Ellos os verán y vosotros los veréis; así estamos conectados, Saludemos a los niños que están en el Aula: era mejor que no se resfriasen, y por eso están allí.

Hace dos días regrese del viaje apostólico a Chile y Perú. ¡Un aplauso para Chile y Perú! Dos pueblos buenos, buenos…Doy gracias al Señor porque todo ha salido bien: pude encontrar al Pueblo de Dios en camino por esas tierras, -también a los que no están en camino, están algo parados…pero son buena gente- y alentar el desarrollo social de esos países.

Renuevo mi gratitud a las autoridades civiles y a los obispos, que me recibieron con tanto cariño y generosidad; así como a todos los colaboradores y voluntarios. Pensad que en cada uno de los dos países había más de 20.000 voluntarios: 20.000 y algunos más en Chile, 20.000 en Perú. Gente buena, la mayoría jóvenes.

Mi llegada a Chile estuvo precedida por varias manifestaciones de protesta por varios motivos, como habéis leído en los periódicos Y esto hizo que el lema de mi visita fuera aún más actual y vivo: "Mi paz os doy".

Son las palabras que Jesús dirigió a los discípulos, que repetimos en cada Misa: el don de la paz, que solo Jesús muerto y resucitado puede dar a quienes se confían a él. No solamente cada uno de nosotros necesita la paz, también el mundo hoy, en esta tercera guerra mundial a trozos… ¡Por favor, recemos por la paz!


En el encuentro con las autoridades políticas y civiles del país, alenté el camino de la democracia chilena, como un espacio de encuentro solidario y capaz de incluir la diversidad; para ese fin indiqué como método el camino de la escucha: en particular la escucha de los pobres, de los jóvenes y de los ancianos, de los inmigrantes, y también la escucha de la tierra.

En la primera eucaristía, celebrada por la paz y la justicia, resonaron las Bienaventuranzas, especialmente "Bienaventurados los que trabajan por la paz , porque ellos serán llamados hijos de Dios" (Mt 5, 9). Una bendición para testimoniar con el estilo de la proximidad, de la cercanía, del compartir, reforzando así, con la gracia de Cristo, el tejido de la comunidad eclesial y de toda la sociedad.

En este estilo de proximidad cuentan más los gestos que las palabras, y un gesto importante que pude hacer fue visitar el penitenciario femenino en Santiago: los rostros de esas mujeres, muchas de ellas madres jóvenes, con sus pequeños en brazos, expresaban, a pesar de todo, tanta esperanza Las animé a exigir, de ellas mismos y de las instituciones, un serio camino de preparación para la reinserción, como un horizonte que da sentido a la pena diaria.

No podemos imaginar una cárcel, cualquier cárcel, sin esta dimensión de la reinserción, porque sin esta esperanza de reinserción social la cárcel es una tortura infinita. En cambio, cuando se trabaja para la reinserción –también los condenados a cadena perpetua pueden reinsertarse- mediante el trabajo de la cárcel a la sociedad, se abre un diálogo. Pero siempre una cárcel debe tener esta dimensión de la reinserción, siempre.

Con los sacerdotes y personas consagradas y con los obispos de Chile, viví dos encuentros muy intensos, todavía más fecundos por el sufrimiento compartido de algunas heridas que afligen a la Iglesia en ese país.

En particular, confirmé a mis hermanos en el rechazo de cualquier compromiso con el abuso sexual de menores, y al mismo tiempo en la confianza en Dios, que a través de esta dura prueba purifica y renueva a sus ministros.

Las otras dos misas en Chile se celebraron una en el sur y otra en el norte. La del sur, en Araucanía, la tierra donde viven los indios mapuches, transformó en alegría los dramas y las fatigas de este pueblo, lanzando un llamamiento a una paz que sea armonía de la diversidad y al repudio de toda violencia.

La del norte, en Iquique, entre el océano y el desierto, fue un himno al encuentro entre los pueblos, que se expresa de manera singular en la religiosidad popular.

Los encuentros con los jóvenes y con la Universidad Católica de Chile respondieron al desafío crucial de ofrecer un sentido grande a la vida de las nuevas generaciones. Dejé la palabra programática de San Alberto Hurtado a los jóvenes: "¿Qué haría Cristo en mi lugar?".

Y en la Universidad propuse un modelo de formación integral, que traduce la identidad católica en la capacidad de participar en la construcción de sociedades unidas y plurales, donde los conflictos no se ocultan sino que se gestionan con el diálogo. Siempre hay conflictos: también en casa, siempre los hay. Pero, tratar mal los conflictos es todavía peor.

No hay que esconder los conflictos debajo de la cama: los conflictos que salen a la luz, se enfrentan y se resuelven con el diálogo. Pensad en los pequeños conflictos que hay seguramente en vuestra casa: no hay que esconderlos, sino enfrentarlos. Buscad la ocasión y se habla: el conflicto se resuelve así, con el diálogo.

En Perú, el lema de la visita fue: "Unidos por la esperanza”. Unidos no en una uniformidad estéril, todos iguales: esa no es unión; sino en toda la riqueza de las diferencias que heredamos de la historia y la cultura.

Un testimonio emblemático de ello fue el encuentro con los pueblos de la Amazonía peruana, que también puso en marcha el itinerario del Sínodo Pan-Amazónico convocado para octubre de 2019, como también lo atestiguan los momentos vividos con la gente de Puerto Maldonado y con los niños del Hogar “El Principito”. Juntos dijimos "no" a la colonización económica y a la colonización ideológica.


Hablando a las autoridades políticas y civiles de Perú, manifesté mi aprecio por el patrimonio ambiental, cultural y espiritual de ese país y me centré en las dos realidades que más lo amenazan: la degradación ecológico-social y la corrupción. No sé si vosotros habéis oído hablar de corrupción… no lo sé.

No existe solamente allí. Aquí también y es más peligrosa que la gripe. Se mezcla y arruina los corazones. La corrupción arruina los corazones. Por favor, no a la corrupción. Subrayé que nadie está exento de responsabilidad frente a estas dos plagas y que el compromiso de contrarrestarlas concierne a todos.

Celebré la primera misa pública en Perú en la orilla del océano, cerca de la ciudad de Trujillo, donde la tormenta llamada "Niño costero" golpeó duramente a la población el año pasado.

Por eso la alenté a reaccionar frente a ella, pero también ante otras tormentas como el hampa, la falta de educación, de trabajo y vivienda segura. También en Trujillo también conocí a los sacerdotes y consagrados del norte del Perú, compartiendo con ellos la alegría de la llamada y de la misión, y la responsabilidad de la comunión en la Iglesia. Les exhorté a ser ricos de memoria y fieles a sus raíces. Y entre estas raíces está la devoción popular a la Virgen María. Siempre en Trujillo tuvo lugar la celebración mariana en la que coroné a la Virgen de la Puerta, proclamándola "Madre de la Misericordia y la Esperanza".

El último día del viaje, el domingo pasado, se desarrolló en Lima, con un fuerte acento espiritual y eclesial. En el santuario más famoso de Perú, donde se venera el cuadro de la Crucifixión llamado "Señor de los Milagros", encontré a unas 500 religiosas de clausura, de vida contemplativa: un verdadero "pulmón" de fe y oración para la Iglesia y para toda la sociedad.

En la catedral recé una oración especial por la intercesión de los santos peruanos, a la que siguió el encuentro con los obispos del país, a quienes propuse la figura ejemplar de San Toribio di Mogrovejo.

Asimismo señalé a los jóvenes peruanos a los santos como hombres y mujeres que no perdieron el tiempo en "maquillar" su propia imagen, sino que siguieron a Cristo, que los miró con esperanza. Como siempre, la palabra de Jesús le da pleno significado a todo y así también el Evangelio de la última celebración eucarística resumió el mensaje de Dios a su pueblo en Chile y Perú: "Convertíos y creed en el Evangelio" (Mc 1:15). ).

Así -parecía decir el Señor-: recibiréis la paz que os doy y estaréis unidos en mi esperanza. Este es, más o menos, el resumen de este viaje. Oremos por estas dos naciones hermanas, Chile y Perú, para que el Señor las bendiga.


(Roma. 24-1-2018)

(III) Padre Jerónimo Mariano Usera, fundador de las Religiosas del Amor de Dios.


Convencido de que Dios le ha elegido, se abre al amor de Dios en el silencio y la oración del Cister, a la temprana edad de catorce años. La situación política le obliga, en 1835, a cambiar la paz y armonía del claustro por la contemplación en medio de la acción solidaria y liberadora de la sociedad de su tiempo.

El rumbo de su vida está decidido. Jerónimo sabe leer el querer de Dios en los acontecimientos históricos y, movido por la fuerza interior de su experiencia cisterciense, inicia nuevos caminos de evangelización y promoción humana, en tres continentes: Europa, África y América.

Usera, después de la exclaustración pasa por muchas vicisitudes y se ocupa en diferentes trabajos: párroco rural, profesor universitario en la Universidad Central, primer misionero católico en Guinea española, párroco de Uceda, canónigo en Santiago de Cuba, deán de Puerto Rico y de La Habana.

- Carisma

Su personalidad profundamente religiosa y comprometida con la dignificación de la persona se revela sobre todo en la acción pastoral y pedagógico-social que desarrolló en cada uno de los lugares donde ejerció su ministerio sacerdotal.

Tuvo el gran carisma personal de acertar a movilizar y organizar grupos a favor de su gran objetivo: promover la vida cristiana de la sociedad y abrir a los pueblos un camino de desarrollo y felicidad

Se destacan tres grupos de personas como los predilectos en su acción: los niños, la mujer, la raza negra: esclavos y campesinos.

- Fundador

El 27 de abril de 1864 es el día del nacimiento de la Congregación de las Hermanas del Amor de Dios. El obispo Bernardo se trasladó a Toro acompañado del secretario y del capellán. Le esperaban Jerónimo –ahora deán de La Habana–, su amigo D. Francisco Acevedo, mercedario exclaustrado y arcediano de Santander, D. Cayetano Pérez, párroco de la Colegiata, D. Francisco Sánchez, “Alcalde constitucional de Toro”, y otras personas…

Juntos, pasaron al monasterio de las Mercedarias. Resumimos el acta oficial: enterado el Obispo del proyecto de Jerónimo, y de la decisión de las hermanas de seguirlo con espíritu de abnegación tan firme como “para dejar su patria y familia”, “bajo la protección y amparo de la Santísima Virgen María Madre de Dios en su advocación de Concepción Inmaculada”, convocó al grupo “a la reja del coro bajo, por dentro de la clausura, en la que se hallaban”. Les dirigió unas palabras, mandó leer los Estatutos y, aceptados por ellas, bendijo el hábito de las hermanas “y mandó se les vistiesen ayudadas de las religiosas de la comunidad”. Otras breves palabras y entonó el Te Deum que continuaron las hermanas y la comunidad, “procesionalmente por la clausura, volviendo al coro bajo, donde se terminó con las preces y oraciones de acción de gracias”.

Con el “sí” de María y el cántico de gratitud al Padre, nacía en la Iglesia la Congregación de las Hermanas del Amor de Dios. En casa prestada, aunque rodeadas de ternura, para que todo tuviese sabor a la sencillez de Belén… En la vega de Toro, la primavera rasgaba de luz las ramas de los guindales…

En procesión, presidida por el Obispo, las hermanas se dirigieron “entre dos filas de acompañantes”, al hogar que Jerónimo les había preparado, su casa. Con “breves y sentidas palabras… se dio fin al acto”.

Toro vio por vez primera en sus calles a “sus Hermanas de hábito azul”, y quiso celebrar fiesta el día siguiente, acompañándolas hasta la Colegiata, corazón de la ciudad. Celebró la Eucaristía D. Francisco Acevedo. El Obispo, Jerónimo y el párroco, ocupaban los sitiales correspondientes. En la homilía, el Obispo se dirigió a los asistentes, “que llenaban toda la Iglesia”, y les presentó la nueva fundación y el colegio para sus hijas, “único en su clase en todo el distrito universitario de Salamanca”.

De vuelta, la procesión fue acompañada “por los acordes armoniosos de una música bien dirigida”. El salón del nuevo colegio se abrió, por vez primera, para acoger a cuantos pudieron entrar. El Alcalde dio las gracias a todos por la obra realizada –“merced a la iniciativa del señor deán de Puerto Rico”– y declaró abierto el Colegio.

Es significativo el comportamiento de Jerónimo. Durante dos días ha guardado silencio. En los momentos más intensos de su vida prefirió no restar protagonismo al Espíritu, pues todo era gracia. Cuando esperábamos oír qué había sentido durante las emociones contenidas en la primera toma de hábito de las hermanas, el nacimiento de la Congregación, o la fiesta desbordante del pueblo, la crónica se limita a decir que contestó con breves palabras de agradecimiento; pero no las menciona. En todo caso, la gratitud es la respuesta más bella del creyente.


Más en:
https://www.revistaecclesia.com/author/fray-jose-borja/

Los reunirá de entre las naciones.


- (Isaías 11, 12-13)

Efraín no tendrá celos de Judá, Judá no oprimirá
a Efraín

- (Salmo 106, 1-14. 43-48)

Señor, Dios nuestro, reúnenos de entre las naciones
para que alabemos tu santo nombre

- (Efesios 2, 13-19)

Él ha derribado el muro de odio que los
separaba

- (Juan 17, 1-12) En ellos resplandece mi gloria

Las Iglesias del Caribe trabajan juntas para sanar las heridas del Cuerpo de
Cristo en la región, que son la herencia que ha dejado la colonización. La
reconciliación con frecuencia exige el arrepentimiento, la reparación y la sanación
de las memorias. Un ejemplo de ello son los actos de petición de perdón
y de reparación entre los baptistas de Gran Bretaña y los del Caribe. Del
mismo modo que el pueblo de Israel, la Iglesia en su unidad está llamada a ser
al mismo tiempo un signo y un agente activo de reconciliación.

- Reflexión

A lo largo de la narrativa bíblica de la historia de la salvación, uno de los
motivos infalibles es la incesante determinación del Señor de crear un pueblo
que podía llamar suyo. La formación de este pueblo –unido en una alianza
sagrada con Dios– es parte integrante del plan de salvación de Dios y de la
glorificación y santificación del Nombre del Señor.
Los profetas recordaban insistentemente a Israel que la alianza exigía que las
relaciones entre los diversos grupos sociales estuvieran caracterizadas por la
justicia, la compasión y la misericordia. Cuando a Jesús se le acercaba la hora
de sellar la nueva alianza con su sangre, oró fervientemente para que los que
el Padre le había confiado vivieran unidos, como Él y el Padre viven unidos.
Cuando los cristianos descubren su unidad en Jesús, participan en la glorificación
de Cristo en presencia del Padre, con la misma gloria que compartía
con el Padre antes de que el mundo existiera. De este modo, el pueblo de la
alianza siempre debe perseguir ser una comunidad reconciliada, una que sea
signo eficaz ella misma para todos los pueblos de la tierra de la manera de
vivir una vida en justicia y en paz.

- Oración

Señor, humildemente te pedimos que
por tu gracia las Iglesias puedan ser
en todo el mundo instrumentos de tu paz.
Que, a través de su acción conjunta
como embajadoras y agentes entre los pueblos divididos
de tu amor sanador y reconciliador,
pueda tu Nombre ser santificado y glorificado.

Amén.

La diestra de Dios está plantando en nuestra tierra, plantando semillas de libertad, esperanza y amor;
en esta tierra de muchos pueblos, que los hijos junten sus manos y sean uno con la diestra de Dios

Construyendo la familia en la casa y en la Iglesia.


- (Éxodo 2, 1-10) 

El nacimiento de Moisés

- (Salmo 127) 

Si el Señor no construye la casa, en vano se afanan
sus constructores

- (Hebreos 11, 23-24) 

Por la fe los padres de Moisés, viéndolo tan hermoso,
lo escondieron

- (Mateo 2, 13-15) 

José se levantó, tomó al niño y a la madre en plena noche
y partió con ellos camino de Egipto
En el Caribe la familia se sigue viendo afectada negativamente por la herencia
de la esclavitud y por nuevos factores como la migración de los padres, los
problemas económicos y la violencia doméstica. Para afrontar esta realidad
las Iglesias del Caribe trabajan para proporcionar apoyo tanto a las familias
nucleares como a las más extensas.

- Reflexión

Las familias tienen una importancia capital para la protección y el cuidado de
los niños y las niñas. Los relatos bíblicos de la infancia de Moisés y de Jesús,
que estuvieron ambos en peligro mortal por las órdenes asesinas de gobernantes
enojados, expresan bien lo vulnerable que pueden ser los niños y las niñas
a las fuerzas externas. Estos relatos también reflejan como se pueden llevar a
cabo acciones para proteger a estos pequeños y pequeñas. Mateo nos presenta
un modelo de paternidad que es amorosamente fiel a la voluntad del Señor,
especialmente en tiempos difíciles.
La Escritura ve a los niños y a las niñas como una bendición y una esperanza
para el futuro. Para el salmista son «como flechas en la mano del guerrero».
Como cristianos compartimos una vocación común a vivir como redes de
apoyo familiar, confiando en el poder del Señor en la tarea de construir comunidades
fuertes en las que los niños y las niñas sean protegidos y puedan
florecer.

- Oración

Dios misericordioso,
enviaste a tu Hijo para que naciera en una familia como las nuestras,
con antepasados que eran tanto justos como pecadores.
Pedimos tu bendición sobre nuestras familias
en sus casas y en nuestras comunidades.
Oramos especialmente por la unidad de la familia cristiana,
para que el mundo crea.
Lo pedimos en el nombre de Jesús.

Amén.

La diestra de Dios está escribiendo en nuestra tierra, escribiendo con poder y con amor;
nuestros conflictos y nuestros miedos, nuestros triunfos y nuestras lágrimas, son grabados por la diestra de Dios.

Celebramos la fiesta de la conversión de San Pablo.


Del Apóstol san Pablo a los Gálatas 1, 11.24.

Os hago saber, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí no es cosa humana; y no lo recibí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo. 

Habéis oído hablar de cómo me portaba yo en otro tiempo en el judaísmo: cómo perseguía encarnizadamente a la Iglesia de Dios y la devastaba; cómo, en el celo por el judaísmo, iba más allá que muchos compatriotas de mi edad y me mostraba celoso partidario de las tradiciones paternas.

Pero, cuando aquel que me eligió desde el seno de mi madre me llamó por su gracia y tuvo a bien revelarme a su Hijo para que lo anunciara a los gentiles, en seguida, sin pedir consejo a hombre alguno y sin subir a Jerusalén para hablar con los que eran apóstoles antes que yo, partí hacia Arabia, de donde luego volví a Damasco. Tres años más tarde, subí a Jerusalén a visitar a Cefas, y estuve con él quince días. No vi a ninguno otro de los apóstoles, fuera de Santiago, el hermano del Señor. Por el Dios que me está viendo, que no miento en lo que os escribo. 

Después vine a las regiones de Siria y de Cilicia, pero las Iglesias de Judea, que están en Cristo, no me conocían personalmente. Sólo oían decir: «El que antaño nos perseguía ahora va anunciando la Buena Nueva de la fe, que en otro tiempo quería destruir.» Y glorificaban a Dios, reconociendo su obra en mí.

24 enero 2018

Un hombre perfectamente modelado por el amor de Cristo.


El 7 de julio del pasado año, su Santidad el Papa Francisco autorizaba a la Congregación para las Causas de los Santos la promulgación del Decreto por el cual se reconoce que el Siervo de Dios Ismael Perdomo Borrero, arzobispo de Bogotá, vivió las virtudes en grado heroico…

Y es que Mons. Perdomo, «hombre perfectamente modelado por el amor de Cristo» – en palabras de su director espiritual – , vivió en grado heroico las virtudes teologales de la fe, la esperanza y la caridad, convirtiéndose así en un modelo a proponer ante la Iglesia Universal.

¿De dónde nace esta fe heroica en el Venerable Perdomo? Sus padres, Gabriel y María Francisca, se encargaron que el pequeño Ismael tuviera una sólida educación humana y religiosa. En ese ambiente familiar, movido por tan fervorosos padres, aprendió a ser piadoso y responsable.

¿Cómo creció esta fe hasta el punto de ser heroica? Su fe llegó a ser heroica porque buscaba en todo momento hacer la voluntad de Dios, sometiéndose a ésta y poniéndose siempre en manos de la Divina Providencia. Su fe crecía porque estaba nutrida de una intensa vida de oración litúrgica y personal: su fuerza era la oración.

Los que conocieron a nuestro Venerable señalan el fervor y perfección con que celebraba la Misa; prolongada en una sosegada acción de gracias. De la Eucarística, fuente y origen de su ministerio, surgía la fuerza que le llevaba a predicar, a tiempo y a destiempo, el Evangelio, sin miedo a derramar su sangre por Cristo.

Esta misma intensa vida de piedad y de oración, alimentada con la meditación asidua de la Palabra de Dios y la recitación del santo Rosario, le permitía explicar los misterios de la fe con gran simplicidad y unción. Éste era el motor de su gran acción misionera y pastoral, marcada por frecuentes visitas pastorales, misiones populares, catequesis y por la promoción de la religiosidad popular y la prensa católica.

Como ministro de Dios manifestó una adhesión total a la verdad revelada y al magisterio, buscando en todo momento promover, tutelar y defender la fe católica. En los momentos de dificultad se reveló como un hombre de gobierno, sabio y prudente, que sabía pedir consejo y se dejaba guiar, siguiendo en todo momento las directrices dadas por la Santa Sede.

Este es el Venerable Mons. Perdomo, «un hombre perfectamente modelado por el amor de Cristo», que la Iglesia nos presenta como modelo de fe, pero no cualquier fe, sino fe heroica. Y hasta tal punto heroica que, en la quema del palacio episcopal el 9 de abril de 1948, sus palabras fueron las mismas de Jesús en la cruz: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34).



La fuente de este articulo es de Salvador Aguilera López,
Sacerdote de la Archidiócesis de Toledo (España)
y actual Postulador de la Causa de Canonización del Venerable Ismael Perdomo,
publicado en la web de la Arquidiócesis de Bogotá (Colombia).




Más en:
https://www.revistaecclesia.com/hombre-perfectamente-modelado-amor-cristo/

P. Francisco Méndez Casariego.




"Fiaos del Evangelio, pues sabido es que no hay obra más grande que salvar almas, y que quien salva un alma predestina la suya, y que quien recibe a una de esos pobres, a Jesucristo recibe".

Busquemos el provecho de los otros,


- (Isaías 25, 1-9) 

Él es el Señor, nuestra esperanza, celebremos alegres
su victoria

- (Salmo 82) 

Haced justicia al huérfano y al pobre, defended al humilde

- (Filipenses 2, 1-4)

Que cada uno busque no su propio provecho, sino el
de los otros

- (Lucas 12, 13-21) Procurad evitar toda clase de avaricia

Las cambiantes regulaciones bancarias internacionales siguen teniendo un
impacto negativo en el comercio y las transacciones en el Caribe y amenazan
la supervivencia de numerosas familias. Se ha vuelto cada vez más difícil para
los caribeños que trabajan en el extranjero enviar dinero a sus familias. Las
Iglesias del Caribe introdujeron el movimiento del Credit Union para que los
pobres pudiesen tener acceso a fondos para actividades económicas.

- Reflexión

Las Escrituras dan un testimonio claro de que Dios hace una opción preferencial
por los pobres: la diestra de Dios actúa a favor de los desvalidos contra los
poderosos. De modo parecido, Jesús advierte con claridad contra los peligros
de la avaricia. Sin embargo, a pesar de estas advertencias, el pecado de la
avaricia con frecuencia infecta a nuestras comunidades cristianas e introduce
la lógica de la competencia: una comunidad compite contra la otra. Tenemos
que recordarnos que en la medida en que no nos diferenciamos del mundo,
sino que, al contrario, nos amoldamos a su espíritu competitivo que divide,
fracasamos a la hora de ser «refugio del mísero oprimido, abrigo en la lluvia,
sombra en el calor».
Para nuestras Iglesias y confesiones ser ricas a los ojos de Dios no equivale a
tener muchos miembros que pertenecen –o que donan– a la propia comunidad.
Al contrario, significa reconocer que como cristianos tenemos innumerables
hermanos y hermanas justo al otro lado del mundo, unido a nosotros más
allá de las divisiones económicas entre «Norte y Sur». Conscientes de esta
fraternidad en Cristo, los cristianos pueden unir sus manos para promover
una justicia económica para todos.

- Oración

Dios todopoderoso,
da fuerza y coraje a tu Iglesia
para que proclame continuamente el derecho y la justicia
en situaciones de dominio y opresión.
Al celebrar nuestra unidad en Cristo,
que tu Espíritu Santo nos ayude
a fijarnos en las necesidades de los otros.

Amén.

La diestra de Dios está golpeando en nuestra tierra.
La envidia, el odio y la codicia; nuestro egoísmo y nuestra lujuria, nuestra soberbia y nuestras injusticias, son golpeadas por la diestra de Dios.

23 enero 2018

Amarás al extranjero porque vosotros fuisteis extranjeros en Egipto,


- (Levítico 19, 33-34) 

Amarás al extranjero

- (Salmo 146) 

El Señor protege al extranjero

- (Hebreos 13, 1-3) 

Personas hubo que, sin saberlo, alojaron ángeles en su casa

- Mateo 25, 31-46 

Llegué como un extraño, y me recibisteis en vuestra casa
Cuando se convirtió en la primera república negra independiente, Haití abrió
sus puertas para acoger a personas esclavizadas en busca de libertad. En tiempos
recientes, la situación económica ha golpeado duramente a los haitianos,
muchos de los cuales han salido de su país haciendo viajes peligrosos en busca
de una vida mejor. En muchos casos se han encontrado con el rechazo y con
barreras legales. El Consejo de las Iglesias del Caribe se ha implicado en su
defensa, llamando la atención a aquellas naciones que restringen o despojan
a los haitianos de sus derechos de ciudadanía.

- Reflexión

El recuerdo de ser extranjeros en Egipto está en la base del precepto de la Ley
de que el pueblo de Dios debía acoger al extranjero que residía en su seno.
Se albergaba la esperanza de que el recuerdo de su propio exilio estimularía
la empatía y la solidaridad con los exiliados y los extranjeros presentes en un
momento dado. Del mismo modo que para Israel, nuestra experiencia cristiana
compartida de la acción salvadora de Dios va a la par con el recuerdo de
ser extranjeros y estar alienados – en el sentido de la enajenación de Dios y
de su reino. Este modo cristiano de hacer memoria tiene implicaciones éticas.
Dios ha restablecido nuestra dignidad en Cristo y nos ha hecho ciudadanos de
su reino, no a causa de lo que hemos hecho para merecerlo, sino por un libre
don de su amor. Estamos llamados a hacer lo mismo, libremente y movidos
por el amor. El amor cristiano es amar como el Padre, esto es, reconocer la
dignidad y dar dignidad y de este modo traer sanación a la familia humana
quebrantada.

- Oración

Dios eterno,
que no perteneces a ninguna cultura ni tierra sino eres Señor de todos,
y nos llamas a acoger al extranjero que reside entre nosotros.
Ayúdanos con tu Espíritu
para vivir como hermanos y hermanas,
acogiendo a todos en tu nombre
y viviendo según la justicia de tu reino.
Esto pedimos en el nombre de Jesús.

Amén.

La diestra de Dios está plantando en nuestra tierra, plantando semillas de libertad, esperanza y amor;
en esta tierra de muchos pueblos que los hijos junten sus manos y sean uno con la diestra de Dios

22 enero 2018

SIT Informa: La fe es secuestrada.



Cartel de Semana Santa de Málaga 2018.



¡Escucha el grito de mi pobre pueblo desde todos los rincones de la tierra!.


- (Deuteronomio 1, 19-35) 

El Señor vuestro Dios va delante de vosotros

- (Salmo 145, 9-20) 

El Señor sostiene a cuantos flaquean

- (Santiago 1, 9-11) 

El rico se desvanecerá como la flor de la hierba

- (Lucas 18, 35-43) ¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!

Las economías del Caribe se basaban tradicionalmente en la producción de
materias primas para el mercado europeo y por tanto nunca fueron autosostenibles.
Como consecuencia de ello, para su desarrollo fue necesario endeudarse
en el mercado internacional. Los requerimientos de esta deuda impusieron
restricciones a las inversiones en transporte, educación, sanidad y otros servicios
públicos, lo que tuvo un fuerte impacto sobre todo en los más pobres. La
Conferencia de Iglesias del Caribe, a través de sus contactos internacionales,
ha puesto en marcha una iniciativa para afrontar la crisis actual de la deuda
en la región y para ayudar a los más pobres.

- Reflexión

Nos podemos imaginar el ruido del gentío cuando Jesús entra en Jericó. Muchas
voces acallan el grito del mendigo ciego. Su presencia es embarazosa y
es un estorbo para los demás. Pero a través de todo este tumulto, Jesús oye la
voz del ciego, del mismo modo que en las Escrituras Dios siempre escucha
el grito del pobre. El Señor que sostiene al que flaquea no solo escucha, sino
que interviene. De este modo la vida del mendigo se transforma totalmente.
La desunión de los cristianos puede ser parte del tumulto del mundo y de su
caos. Como las voces que discutían a las afueras de Jericó, nuestras divisiones
pueden ahogar el grito del pobre. Sin embargo, cuando estamos unidos nos
volvemos más plenamente la presencia de Cristo en el mundo, con más capacidad
para oír, escuchar y responder. De este modo, en vez de aumentar el
volumen de la discordia, nos hacemos más capaces de oír y, en consecuencia,
de discernir las voces que más necesitan ser escuchadas.

- Oración

Dios de amor,
que levantas al pobre y desvalido
y restableces su dignidad.
escucha ahora nuestros gritos por los pobres de nuestro mundo,
restablece su esperanza y levántalos,
para que todo tu pueblo pueda ser uno.
Esto te pedimos en el nombre de Jesús.

Amén.

La diestra de Dios está levantando en nuestra tierra.
Levantando a los caídos uno a uno; cada uno es conocido por su nombre, y salvado ahora de la vergüenza, al levantarse la diestra de Dios.

21 enero 2018

Esperanza y salvación.


- (Isaías 9, 2-7a) 

Para aumentar su señorío con una paz sin fronteras

- (Salmo 34, 1-15) 

Busca la paz, marcha tras ella

- (Apocalipsis 7, 13-17) 

Dios mismo enjugará toda lágrima de sus ojos

- (Juan 14, 25-27) Os dejo la paz, mi paz os doy

La violencia en el Caribe es un problema que interpela a las Iglesias. Existe
un índice alarmante de asesinatos, muchos de los cuales están relacionados
con la violencia doméstica y la lucha entre bandas, como también con otras
formas de criminalidad. También hay un número creciente de autolesiones y
de suicidios en algunas zonas de la región.

- Reflexión

El reino que Dios prometió, el reino que Jesús anunció e hizo presente en su
ministerio, es un reino de justicia, de paz y de alegría en el Espíritu Santo.
¿Qué significa esta buena noticia para los que están atrapados en la oscuridad
de la violencia? En la visión del profeta, una luz brillante cubrió a los que habitaban
un país tenebroso. Pero, ¿cómo pueden los cristianos llevar la luz de
Jesús a los que están en las tinieblas de la violencia doméstica y de las bandas?
¿Qué esperanza pueden ofrecer los cristianos? Es triste que la división de los
cristianos sea un antitestimonio que hace difícil poder transmitir esperanza.
Sin embargo, la búsqueda de la paz y de la reconciliación ente las diferentes
Iglesias y confesiones es lo opuesto a esto. Cuando los cristianos se esfuerzan
por la unidad en un mundo marcado por los conflictos, ofrecen al mundo un
signo de reconciliación. Los cristianos que se niegan a entrar en una lógica de
privilegios y de estatus, que se niegan a devaluar a los otros y a sus comunidades,
dan testimonio de la paz del reino de Dios en el que el Cordero conduce
a los santos a los manantiales de aguas vivas. Esta es la paz que necesita el
mundo, la que trae sanación y consuelo a los afligidos por la violencia.

- Oración

Dios de todo consuelo y esperanza,
tu resurrección venció la violencia de la cruz.
Que como pueblo tuyo
podamos ser un signo visible
de que la violencia de este mundo será vencida.
Esto pedimos en el nombre del Señor resucitado.

Amén.


La diestra de Dios está señalando en nuestra tierra, señalando el camino que debemos recorrer;
tan oscuro es el camino. y tan fácilmente nos perdemos, pero somos conducidos por la diestra de Dios.

Evangelio. Domingo III del Tiempo Ordinario.


Según San Marcos 1, 14 - 20.

Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: 


«El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva». 

Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: 


«Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres». 

Al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras Él.