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24 marzo 2013

Una crónica fotográfica de algunas cofradías del Domingo de Ramos Malacitano 2013.

Hermandad de la Polliníca






Hermandad de la Humildad



Hermandad del Dulce Nombre.






Hermandad del Huerto

Hermandad de la Salud.









Hermandad del Prendimiento.





Domingo de Ramos.


Según San Lucas 22, 14-23,56.
Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos, y les dijo: He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer hasta que se cumpla en el Reino de Dios. Y tomando una copa, dio gracias y dijo: Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid hasta que venga el Reino de Dios.
Y tomando pan, dio gracias; lo partió y se lo dio diciendo: Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía. Después de cenar, hizo lo mismo con la copa diciendo: Esta copa es la Nueva Alianza sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros. Pero mirad: la mano del que me entrega está con la mía en la mesa. Porque el Hijo del Hombre se va según lo establecido; pero ¡ay de ése que lo entrega!.
Ellos empezaron a preguntarse unos a otros quién de ellos podía ser el que iba a hacer eso. Los discípulos se pusieron a disputar sobre quién de ellos debía ser tenido como el primero. Jesús les dijo: Los reyes de los gentiles los dominan y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Vosotros no hagáis así, sino que el primero entre vosotros pórtese como el menor, y el que gobierne, como el que sirve. Porque, ¿quién es más, el que está en la mesa o el que sirve?, ¿verdad que el que está en la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve. Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas, y yo os transmito el Reino como me lo transmitió mi Padre a mí: comeréis y beberéis a mi mesa en mi Reino, y os sentaréis en tronos para regir a las doce tribus de Israel.
Y añadió: Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para cribaros como trigo. Pero yo he pedido por ti para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos. Él le contestó: «Señor, contigo estoy dispuesto a ir incluso a, la cárcel y a la muerte». Jesús le replicó: Te digo, Pedro, que no cantará hoy el gallo antes que tres veces hayas negado conocerme.
Y dijo a todos: Cuando os envié sin bolsa ni alforja, ni sandalias, ¿os faltó algo?. Contestaron: Nada. Él añadió: «Pero ahora, el que tenga bolsa que la coja, y lo mismo la alforja; y el que no tiene espada que venda su manto y compre una. Porque os aseguro que tiene que cumplirse en mí lo que está escrito: ‘Fue contado con los malhechores’. Lo que se refiere a mí toca a su fin». Ellos dijeron: Señor, aquí hay dos espadas». Él les contestó: Basta.
Y salió Jesús como de costumbre al monte de los Olivos, y lo siguieron los discípulos. Al llegar al sitio, les dijo: Orad, para no caer en la tentación. Él se arrancó de ellos, alejándose como a un tiro de piedra y arrodillado, oraba diciendo: Padre, si quieres, aparta de mí ese cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo que lo animaba. En medio de su angustia oraba con más insistencia. Y le bajaba el sudor a goterones, como de sangre, hasta el suelo. Y, levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos por la pena, y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para no caer en la tentación.
Todavía estaba hablando, cuando aparece gente: y los guiaba el llamado Judas, uno de los Doce. Y se acercó a besar a Jesús. Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?. Al darse cuenta los que estaban con él de lo que iba a pasar, dijeron: Señor, ¿herimos con la espada?». Y uno de ellos hirió al criado del Sumo Sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Jesús intervino diciendo: Dejadlo, basta. Y, tocándole la oreja, lo curó. Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los oficiales del templo, y a los ancianos que habían venido contra Él: ¿Habéis salido con espadas y palos a la caza de un bandido? A diario estaba en el templo con vosotros, y no me echasteis mano. Pero ésta es vuestra hora: la del poder de las tinieblas.
Ellos lo prendieron, se lo llevaron y lo hicieron entrar en casa del sumo sacerdote. Pedro lo seguía desde lejos. Ellos encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor y Pedro se sentó entre ellos. Al verlo una criada sentado junto a la lumbre, se le quedó mirando y le dijo: También éste estaba con Él. Pero él lo negó diciendo: No lo conozco, mujer». Poco después lo vio otro y le dijo: «Tú también eres uno de ellos. Pedro replicó: Hombre, no lo soy. Pasada cosa de una hora, otro insistía: Sin duda, también éste estaba con Él, porque es galileo. Pedro contestó: «Hombre, no sé de qué hablas». Y estaba todavía hablando cuando cantó un gallo. El Señor, volviéndose, le echó una mirada a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra que el Señor le había dicho: Antes de que cante hoy el gallo, me negarás tres veces. Y, saliendo afuera, lloró amargamente.
Y los hombres que sujetaban a Jesús se burlaban de Él dándole golpes. Y, tapándole la cara, le preguntaban: Haz de profeta: ¿quién te ha pegado?. Y proferían contra Él otros muchos insultos.
Cuando se hizo de día, se reunió el senado del pueblo, o sea, sumos sacerdotes y letrados, y, haciéndole comparecer ante su Sanedrín, le dijeron: Si tú eres el Mesías, dínoslo. Él les contestó: Si os lo digo, no lo vais a creer; y si os pregunto no me vais a responder. Desde ahora el Hijo del Hombre estará sentado a la derecha de Dios todopoderoso. Dijeron todos: Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?» Él les contestó: Vosotros lo decís, yo lo soy. Ellos dijeron:¿Qué necesidad tenemos ya de testimonios? Nosotros mismos lo hemos oído de su boca.
El senado del pueblo o sea, sumos sacerdotes y letrados, se levantaron y llevaron a Jesús a presencia de Pilato. Y se pusieron a acusarlo diciendo: Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que Él es el Mesías rey. Pilato preguntó a Jesús: ¿Eres tú el rey de los judíos?». Él le contestó: Tú lo dices». Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la turba: No encuentro ninguna culpa en este hombre». Ellos insistían con más fuerza diciendo: Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí. Pilato, al oírlo, preguntó si era galileo; y al enterarse que era de la jurisdicción de Herodes se lo remitió. Herodes estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días.
Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento; pues hacía bastante tiempo que quería verlo, porque oía hablar de Él y esperaba verlo hacer algún milagro. Le hizo un interrogatorio bastante largo; pero Él no le contestó ni palabra. Estaban allí los sumos sacerdotes y los letrados acusándolo con ahínco. Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de Él; y, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilato, porque antes se llevaban muy mal.
Pilato, convocando a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, les dijo: Me habéis traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; y resulta que yo le he interrogado delante de vosotros, y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas que le imputáis; ni Herodes tampoco, porque nos lo ha remitido: ya veis que nada digno de muerte se le ha probado. Así que le daré un escarmiento y lo soltare. Por la fiesta tenía que soltarles a uno. Ellos vociferaron en masa diciendo: ¡Fuera ése! Suéltanos a Barrabás. A éste lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio. Pilato volvió a dirigirles la palabra con intención de soltar a Jesús. Pero ellos seguían gritando: ¡Crucifícalo, crucifícalo!. Él les dijo por tercera vez: Pues, ¿qué mal ha hecho éste? No he encontrado en Él. ningún delito que merezca la muerte. Así es que le daré un escarmiento y lo soltaré. Ellos se le echaban encima pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo el griterío. Pilato decidió que se cumpliera su petición: soltó al que le pedían (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su arbitrio.
Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, qué volvía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevase detrás de Jesús. Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se daban golpes y lanzaban lamentos por Él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que llegará el día en que dirán: ‘Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado’. Entonces empezarán a decirles a los montes: ‘Desplomaos sobre nosotros’, y a las colinas: ‘Sepultadnos’; porque si así tratan al leño verde, ¿qué pasará con el seco?.
Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con Él. Y cuando llegaron al lugar llamado "La Calavera", lo crucificaron allí, a Él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Jesús decía: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte. El pueblo estaba mirando. Las autoridades le hacían muecas diciendo: A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si Él es el Mesías de Dios, el Elegido. Se burlaban de Él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo. Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: Éste es el rey de los judíos.
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros. Pero el otro le increpaba: ¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada. Y decía: Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino». Jesús le respondió: Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.
Era ya eso de mediodía y vinieron las tinieblas sobre toda la región, hasta la media tarde; porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo: Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu. Y dicho esto, expiró.
El centurión, al ver lo que pasaba, daba gloria a Dios diciendo: Realmente, este hombre era justo. Toda la muchedumbre que había acudido a este espectáculo, habiendo visto lo que ocurría, se volvían dándose golpes de pecho. Todos sus conocidos se mantenían a distancia, y lo mismo las mujeres que lo habían seguido desde Galilea y que estaban mirando.
Un hombre llamado José, que era senador, hombre bueno y honrado (que no había votado a favor de la decisión y del crimen de ellos), que era natural de Arimatea y que aguardaba el Reino de Dios, acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y, bajándolo, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde no habían puesto a nadie todavía. Era el día de la Preparación y rayaba el sábado. Las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea fueron detrás a examinar el sepulcro y cómo colocaban su cuerpo. A la vuelta prepararon aromas y ungüentos. Y el sábado guardaron reposo, conforme al mandamiento.


Reflexión.

Hoy, la Misa comienza con la bendición de las palmas y la procesión de ingreso en el templo. Así, el Domingo de Ramos rememora la entrada "triunfal" de Cristo-Rey en la Ciudad Santa, pocos días antes de su Pasión. Es su última y definitiva subida a Jerusalén: este ascenso terminará en la Cruz. Pocos días antes, el Maestro resucitó a Lázaro y en la ciudad había una gran expectación.
Jesús se nos presenta en su condición de Rey. Esta vez sí que Él permite que las gentes le aclamen como Rey. El Viernes Santo confirmará su condición real ante Poncio Pilatos, máxima autoridad civil del lugar. Pero su reinado no es mundano. Así se lo hizo saber al gobernador, y así nos lo enseña hoy.
Él es Rey de los pobres: llega montado sobre un borrico, tal como había anunciado el profeta Zacarías. No llega en una suntuosa carroza real, ni a caballo, como los grandes del mundo, sino en un asno prestado. Y es que Dios siempre actuó con suavidad: cuando llegó al mundo (un establo, un pesebre, unos pañales); cuando se "marchó" del mundo (un asno, una cruz, un sepulcro). Todo con suma delicadeza, como para no asustarnos ni incomodar nuestra libertad.
Con este Rey se anunciará la paz a las naciones y serán rotos los arcos de guerra. Cristo convertirá la cruz en "arco roto": la Cruz ya no servirá como instrumento de tortura, burla y ejecución, sino como trono desde el cual reinar dando la vida por los demás.
Vivamos estos días con humildad y oración...Y sepamos penetrarnos en los misterios fundamentales de nuestra Fe.

22 marzo 2013

Para que os ayude en este viernes de Dolores, os dejo un Vía Crucis.


- PRIMERA ESTACIÓN: Jesús es condenado a muerte
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.

"Pilato mandó sacar a Jesús y dijo a los judíos: 'Aquí tenéis a vuestro rey'. Pero ellos le gritaban: '¡Fuera, fuera, crucifícalo!' Pilato le dice: '¿Pero cómo he de crucificar a vuestro rey?' respondieron los príncipes de los sacerdotes: 'Nosotros no tenemos más rey que el César'. Entonces se los entregó para que fuera crucificado" (Jn 19, 14-16)
Considera alma mía, cómo en la casa de Pilatos fue cruelmente azotado el redentor del mundo, coronado de espinas y sentenciado a muerte. Señor, que el recordar la condena injusta que tu sufriste, nos cuidemos de no condenar a los demás.


Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

- SEGUNDA ESTACIÓN: Jesús con la cruz a cuestas
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
"Los judíos tomaron a Jesús y cargándole la cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario" (Jn 19,17).
Considera alma mía, cómo a nuestro amado Jesús le pusieron en sus lastimados hombros el gran peso de la cruz. Señor, concédenos, para hacernos dignos de ti, el saber aceptar nuestra cruz con amor.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria. .

- TERCERA ESTACIÓN: Jesús cae por primera vez
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
"Han ofrecido mi espalda a los que me golpeaban, y mis mejillas a los que me arrancaban la barba; no aparté la cara ni de los ultrajes ni de las salivas que me echaban" (Is 50,6)
Considera alma mía, como caminando el Señor con la cruz a cuestas, herido y desangrado, cayó en tierra debajo de la Santa Cruz. Señor, el que camina, alguna vez cae. Que sepamos levantarnos y ayudemos a los demás a seguir caminando.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


- CUARTA ESTACIÓN: Jesús encuentra a su Santa Madre
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
"Una espada atravesará tu corazón" (Lc 2,35)
Considera alma mía, cómo el Señor con la Santa Cruz a cuestas encontró a su Santísima Madre triste y afligida. Señor, por el dolor que sufrió la Santísima Virgen María, te pedimos que bendigas a todas las madres que en este mundo sufren de alguna manera o por causa nuestra.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


- QUINTA ESTACIÓN: El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
"Cuando llevaban a Jesús al Calvario, detuvieron a un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo cargaron con la cruz, para llevarla detrás de Jesús" (Lc 23,26)
Considera alma mía, cómo los judíos contrataron a Simón Cirineo para que ayudara a llevar la cruz a nuestro Redentor, no movidos por la piedad, sino temiendo que se les muriese en el camino por el grande peso de la cruz. Señor, que sepamos dar un poco de nuestro tiempo y de nuestro amor a aquellos que lo necesitan.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


- SEXTA ESTACIÓN: La Verónica limpia el rostro de Jesús
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
"Muchos se horrorizaban al verlo, tan desfigurado estaba su semblante que no tenía ya aspecto de hombre" (Is. 52, 14)
Considera alma mía, como la Verónica, viendo a Su Majestad fatigado, y su rostro oscurecido con el sudor, polvo, salivas y bofetadas, se llegó con toda reverencia a limpiárselo con un lienzo, en el cual quedó impreso el rostro divino del Salvador. Señor, ayúdanos a ser también como la Verónica, cristianos valerosos, para consolar a los que lloran y sufren por el camino.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

- SÉPTIMA ESTACIÓN: Jesús cae por segunda vez
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
"Eran nuestros sufrimientos los que llevaba, nuestros dolores los que pesaban… Ha sido traspasado por nuestros pecados, desecho por nuestras iniquidades…" (Is 53, 4-5)
Considera alma mía, cómo cayó el Señor por segunda vez en la puerta judiciaria. Señor, que no nos desalentemos frene a los fracasos o debilidades, sino que sepamos levantarnos y sigamos caminando.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


- OCTAVA ESTACIÓN: Jesús consuela a las piadosas mujeres
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
"Seguían a Jesús una gran multitud del pueblo y de mujeres, que se golpeaban el pecho y lloraban por él, pero Jesús volviéndose a ellas, les dijo: 'Hijas de Jerusalén, no lloren por mí; lloren más bien por ustedes y por sus hijos'" (Lc 23, 27-28)
Considera alma mía, cómo unas piadosas mujeres, viendo que llevaban a crucificar al Señor lloraron amargamente por verle tan injuriado. Señor, nos pides que lloremos por nosotros mismos por seguir en este mundo, pero ¿quién no se ha de compadecer de ti la mirarte así, Señor?.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria. .


- NOVENA ESTACIÓN: Jesús cae por tercera vez
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
"Venid a mí todos los que estén cansados y oprimidos y yo los aliviaré. Carguen mi yugo sobre ustedes, y aprendan de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso para sus almas" (Mt 11, 28-29)
Considera alma mía, cómo cayó el Señor por tercera vez en tierra, hasta llegar con su santa boca al suelo; y queriéndose levantar, no pudo, antes volvió a caer de nuevo. Señor, que no seamos causa de tropiezo para los demás, sino una mano amigo que alivie y levante.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


- DÉCIMA ESTACIÓN: Jesús es despojado de sus vestiduras
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
"Llegados al lugar llamado Gólgota le dieron a beber a Jesús vino mezclado con hiel, pero él, habiéndolo gustado, no quiso beber. Los que lo crucificaron se repartieron sus vestidos a suerte" (Mt. 27,33)
Considera alma mía, cómo habiendo llegado el Señor al Monte Calvario, los soldados sin piedad ninguna le despojaron de sus vestiduras. Señor, cuando el dolor nos toque y despoje de nuestro egoísmo y orgullo, que sepamos llenarnos de ti.


Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


- DÉCIMA PRIMERA ESTACIÓN: Jesús es clavado en la Cruz 
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
"Cuando llegaron al lugar llamado Calvario, crucificaron allí a Jesús y a los dos malhechores, uno a la derecha y el otro a la izquierda" (Lc 23,34)
Considera alma mía, cómo fue clavado el Señor en el cruz; y oyendo su Santísima Madre el primer golpe de martillo, quedó transida de dolor. Señor, que tengamos el valor y la voluntad de perdonar a todos los que nos ofenden.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


- DÉCIMA SEGUNDA ESTACIÓN: Jesús muere en la Cruz
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
"Hacia la hora sexta, las tinieblas cubrieron la tierra hasta la hora nona. El sol se eclipsó y el velo del Templo se rasgó en medio. Y Jesús, con fuerte voz dijo: 'Padre en tus manos encomiendo mi espíritu'. Y al decir esto, expiró" (Lc 23, 44-46)
Considera alma mía, cómo crucificado ya el Señor, y cruelmente atormentado, exhaló por tu amor el último suspiro. Señor, ayúdanos a comprender que morir no es quedarnos muertos, sino nacer a una nueva vida.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


- DÉCIMA TERCERA ESTACIÓN: Jesús en los brazos de María Santísima
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
"Un hombre llamado José, el cual era del Consejo, hombre bueno y justo, de Arimatea, cuidad judía, quien esperaba también el reino de Dios, que no había estado de acuerdo en la resolución de ellos, en sus actos, fue a ver a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Después lo bajó y lo amortajó en una sábana" (Lc 23, 50-53)
Contempla alma mía, cómo José y Nicodemo bajaron de la cruz el santo Cuerpo y le pusieron en los brazos de la Santísima Virgen. Señor, que el dolor por quienes amamos nos lleve a comprender tu pasión y tu sufrimiento por nosotros.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.


- DÉCIMA CUARTA ESTACIÓN: Jesús es puesto en el sepulcro
Señor, pequé, ten misericordia de mí. Te adoramos Cristo y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador. Amén.
"José tomó el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, y lo depositó en su propio sepulcro nuevo, que había hecho cavar en la roca, hizo rodar una piedra grande a la puerta del sepulcro y se retiró". (Mt 27, 59-60)
Contempla alma mía, cómo la Virgen María, Señora nuestra, acompañó a colocar el Cuerpo de su querido Hijo en el Santo Sepulcro. Señor, que no tengamos miedo de morir, porque la muerte es un paso a la vida que eres tú.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.

- DÉCIMA QUINTA ESTACIÓN: LA RESURRECCION.
Cristo resucitado de los muertos ya no muere. En la mañana de Pascua, la tristeza se ha tornado en alegría: para la Madre, para los discípulos, para todos los creyentes.
"Si padecemos con Cristo, seremos glorificados con El"

Padre Nuestro, Ave María y Gloria.



- Oración final:
Señor Jesús, hemos llegado al final de este camino doloroso que tú recorriste. Ahora levantamos nuestra vista y te vemos suspendido en la cruz, con las manos y los pies traspasados por los clavos y con la cabeza coronada de espinas. Sabemos Señor Jesús, que tu sufrimiento es el fruto de tu infinito amor por nosotros. Tú agonizas y mueres por nosotros. Haz que también nosotros te amemos mucho, para que vivamos fielmente a tu pasión y muerte y jamás nos separemos de ti por el pecado.
Te lo pedimos por los dolores de tu madre la Virgen María. Amén.

21 marzo 2013

El Papa Francisco celebrará los oficios del Jueves Santo en un centro penitenciario de menores.


El papa Francisco celebrará una misa el próximo 28 de marzo, Jueves Santo, en un centro penal de menores de la localidad romana de Casal del Marmo, informó en un comunicado la oficina de prensa del Vaticano.
El papa argentino sorprende así con esta nueva decisión, ya que hasta ahora el Jueves Santo sólo se celebraba la Misa Crismal en la basílica de San Pedro. La misa en el Instituto Penal de Casal del Marmo, donde se encuentran recluidos menores de ambos sexos se celebrará a las 17.30 hora local (16.30 GMT). La sala de prensa del Vaticano explica que cuando Francisco era arzobispo de Buenos Aires solía celebrar esta misa del Jueves Santo en una cárcel, un hospital o un casa de acogida para pobres o personas marginadas. Con la celebración de esta misa, "el papa Francisco continúa esta tradición, que debe estar caracterizada por un contexto de sencillez", añadió el Vaticano.

19 marzo 2013

Homilía del Papa Francisco en su inicio del pontificado: «Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio»



HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO
Plaza de San Pedro
Martes 19 de marzo de 2013Solemnidad de San José
Queridos hermanos y hermanas
Doy gracias al Señor por poder celebrar esta Santa Misa de comienzo del ministerio petrino en la solemnidad de san José, esposo de la Virgen María y patrono de la Iglesia universal: es una coincidencia muy rica de significado, y es también el onomástico de mi venerado Predecesor: le estamos cercanos con la oración, llena de afecto y gratitud.
Saludo con afecto a los hermanos Cardenales y Obispos, a los presbíteros, diáconos, religiosos y religiosas y a todos los fieles laicos. Agradezco por su presencia a los representantes de las otras Iglesias y Comunidades eclesiales, así como a los representantes de la comunidad judía y otras comunidades religiosas. Dirijo un cordial saludo a los Jefes de Estado y de Gobierno, a las delegaciones oficiales de tantos países del mundo y al Cuerpo Diplomático.
Hemos escuchado en el Evangelio que «José hizo lo que el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer» (Mt 1,24). En estas palabras se encierra ya la la misión que Dios confía a José, la de ser custos, custodio. Custodio ¿de quién? De María y Jesús; pero es una custodia que se alarga luego a la Iglesia, como ha señalado el beato Juan Pablo II: «Al igual que cuidó amorosamente a María y se dedicó con gozoso empeño a la educación de Jesucristo, también custodia y protege su cuerpo místico, la Iglesia, de la que la Virgen Santa es figura y modelo» (Exhort. ap. Redemptoris Custos, 1).
¿Cómo ejerce José esta custodia? Con discreción, con humildad, en silencio, pero con una presencia constante y una fidelidad y total, aun cuando no comprende. Desde su matrimonio con María hasta el episodio de Jesús en el Templo de Jerusalén a los doce años, acompaña en todo momento con esmero y amor. Está junto a María, su esposa, tanto en los momentos serenos de la vida como los difíciles, en el viaje a Belén para el censo y en las horas temblorosas y gozosas del parto; en el momento dramático de la huida a Egipto y en la afanosa búsqueda de su hijo en el Templo; y después en la vida cotidiana en la casa de Nazaret, en el taller donde enseñó el oficio a Jesús
¿Cómo vive José su vocación como custodio de María, de Jesús, de la Iglesia? Con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio; y eso es lo que Dios le pidió a David, como hemos escuchado en la primera Lectura: Dios no quiere una casa construida por el hombre, sino la fidelidad a su palabra, a su designio; y es Dios mismo quien construye la casa, pero de piedras vivas marcadas por su Espíritu. Y José es «custodio» porque sabe escuchar a Dios, se deja guiar por su voluntad, y precisamente por eso es más sensible aún a las personas que se le han confiado, sabe cómo leer con realismo los acontecimientos, está atento a lo que le rodea, y sabe tomar las decisiones más sensatas. En él, queridos amigos, vemos cómo se responde a la llamada de Dios, con disponibilidad, con prontitud; pero vemos también cuál es el centro de la vocación cristiana: Cristo. Guardemos a Cristo en nuestra vida, para guardar a los demás, salvaguardar la creación.
Pero la vocación de custodiar no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos. Es custodiar a la gente, el preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón. Es preocuparse uno del otro en la familia: los cónyuges se guardan recíprocamente y luego, como padres, cuidan de los hijos, y con el tiempo, también los hijos se convertirán en cuidadores de sus padres. Es vivir con sinceridad las amistades, que son un recíproco protegerse en la confianza, en el respeto y en el bien. En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre, y es una responsabilidad que nos afecta a todos. Sed custodios de los dones de Dios.
Y cuando el hombre falla en esta responsabilidad, cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido. Por desgracia, en todas las épocas de la historia existen «Herodes» que traman planes de muerte, destruyen y desfiguran el rostro del hombre y de la mujer.
Quisiera pedir, por favor, a todos los que ocupan puestos de responsabilidad en el ámbito económico, político o social, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad: seamos «custodios» de la creación, del designio de Dios inscrito en la naturaleza, guardianes del otro, del medio ambiente; no dejemos que los signos de destrucción y de muerte acompañen el camino de este mundo nuestro. Pero, para «custodiar», también tenemos que cuidar de nosotros mismos. Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura.
Y aquí añado entonces una ulterior anotación: el preocuparse, el custodiar, requiere bondad, pide ser vivido con ternura. En los Evangelios, san José aparece como un hombre fuerte y valiente, trabajador, pero en su alma se percibe una gran ternura, que no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor. No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura.
Hoy, junto a la fiesta de San José, celebramos el inicio del ministerio del nuevo Obispo de Roma, Sucesor de Pedro, que comporta también un poder. Ciertamente, Jesucristo ha dado un poder a Pedro, pero ¿de qué poder se trata? A las tres preguntas de Jesús a Pedro sobre el amor, sigue la triple invitación: Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas. Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio, y que también el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio que tiene su culmen luminoso en la cruz; debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe, de san José y, como él, abrir los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios y acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente los más pobres, los más débiles, los más pequeños; eso que Mateo describe en el juicio final sobre la caridad: al hambriento, al sediento, al forastero, al desnudo, al enfermo, al encarcelado (cf. Mt 25,31-46). Sólo el que sirve con amor sabe custodiar.
En la segunda Lectura, san Pablo habla de Abraham, que «apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza» (Rm 4,18). Apoyado en la esperanza, contra toda esperanza. También hoy, ante tantos cúmulos de cielo gris, hemos de ver la luz de la esperanza y dar nosotros mismos esperanza. Custodiar la creación, cada hombre y cada mujer, con una mirada de ternura y de amor; es abrir un resquicio de luz en medio de tantas nubes; es llevar el calor de la esperanza. Y, para el creyente, para nosotros los cristianos, como Abraham, como san José, la esperanza que llevamos tiene el horizonte de Dios, que se nos ha abierto en Cristo, está fundada sobre la roca que es Dios.
Custodiar a Jesús con María, custodiar toda la creación, custodiar a todos, especialmente a los más pobres, custodiarnos a nosotros mismos; he aquí un servicio que el Obispo de Roma está llamado a desempeñar, pero al que todos estamos llamados, para hacer brillar la estrella de la esperanza: protejamos con amor lo que Dios nos ha dado.
Imploro la intercesión de la Virgen María, de san José, de los Apóstoles san Pedro y san Pablo, de san Francisco, para que el Espíritu Santo acompañe mi ministerio, y a todos vosotros os digo: Orad por mí. Amen.

Hoy 19 de marzo, FESTIVIDAD DE SAN JOSÉ.


Según San Juan 1,16.18-21.24.

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús, llamado Cristo. La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.
Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados. Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado.


Reflexión.

Hoy, celebra la Iglesia la solemnidad de San José, el esposo de María. Es como un paréntesis alegre dentro de la austeridad de la Cuaresma. Pero la alegría de esta fiesta no es un obstáculo para continuar avanzando en el camino de conversión, propio del tiempo cuaresmal. Dios tiene sobre cada uno de nosotros un plan de amor, ya que Dios es amor.
No le debió ser fácil a San José ver que María «antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Se había propuesto deshacer el acuerdo matrimonial, pero en secreto. Y a la vez, «cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños, revelándole que él tenía que ser el padre legal del Niño, lo aceptó inmediatamente y tomó consigo a su mujer.
La Cuaresma es una buena ocasión para descubrir qué espera Dios de nosotros, y reforzar nuestro deseo de llevarlo a la práctica. Pidamos al buen Dios por intercesión del Esposo de María, como diremos en la colecta de la misa, que avancemos en nuestro camino de conversión imitando a San José en la aceptación de la voluntad de Dios y en el ejercicio de la caridad con el prójimo.

17 marzo 2013

Hoy domingo V de cuaresma, primer Ángelus del Papa Francisco I.


Hermanos y hermanas, ¡Buenos días!

Después de la primera reunión el miércoles pasado, hoy voy de nuevo sobre mis saludos a todos! Y estoy feliz de hacerlo en domingo, el día del Señor! Esto es hermoso es importante para nosotros los cristianos se reúnen el domingo, decir hola, habla como ahora aquí, en la plaza. Un lugar que, gracias a los medios de comunicación, el tamaño de todo el mundo.

En este quinto domingo de Cuaresma, el Evangelio nos presenta la historia de la mujer adúltera (cf. Jn 8:1-11), Jesús salva de la muerte. Afecta a la actitud de Jesús: no escuchamos palabras de desprecio, no escuchamos palabras de condenación, sino sólo palabras de amor, de misericordia, invitando a la conversión. "Ni yo te condeno: vete, y de ahora en adelante no peques más" (v. 11). Eh, hermanos y hermanas, el rostro de Dios es un padre misericordioso, que siempre tiene paciencia. ¿Ha pensado en la paciencia de Dios, la paciencia que tiene con cada uno de nosotros? Esa es su misericordia. Siempre ten paciencia, paciencia con nosotros, nos comprende, nos espera, no se cansa de perdonar si volvemos a Él con un corazón contrito. "Grande es la misericordia del Señor", dice el salmo.

En estos días, he podido leer un libro de un cardenal - Cardenal Kasper, teólogo en la pierna, un buen teólogo - compasión. Y lo hice tan bien, ese libro, pero no esperes que haga publicidad para los libros de mi cardenal! No es así! Pero yo era tan bueno, tan bueno ... El cardenal Kasper dijo que la misericordia de escuchar esta palabra todo cambia. Y 'lo mejor que podemos sentir: cambiar el mundo. Un poco de misericordia hace el mundo más cálido y más justo. Tenemos que entender esta misericordia de Dios, Padre misericordioso, que tiene tanta paciencia ... recuerda el profeta Isaías, que dice que aunque nuestros pecados eran de color rojo escarlata, el amor de Dios les hará blancos como la nieve. Es bonito, el de la misericordia!Recuerde, sólo el obispo, en 1992, llegó a Buenos Aires Nuestra Señora de Fátima y ha hecho una gran misa para los enfermos. Me fui a confesar a esa masa. Y casi al final de la misa me levanté porque tenía que administrar una confirmación. Es vino a mí una vieja, humilde, muy humilde octogenario. Me miró y me dijo: "Abuela - porque lo decimos a las personas mayores: Abuela - ella quiere confesar?". "Sí", dijo. "Pero si no ha pecado ...". Y ella dijo: "Todos tenemos pecados ...". "Pero tal vez el Señor no los perdonará ...". "El Señor perdona todo", le dije, claro. "¿Pero cómo usted sabe, usted, señora?". "Si el Señor no perdona todo, el mundo no existiría." Sentí ganas de preguntarle: "Dígame, señora, ella estudió en la Gregoriana?", Porque esa es la sabiduría que da el Espíritu Santo: sabiduría interior a la misericordia de Dios, no debemos olvidar esta palabra: Dios nunca cansado de perdonar, nunca! "Oh, Padre, ¿cuál es el problema?". Bueno, el problema es que nos cansamos, no nos quieren, nos cansamos de pedir perdón. Nunca se cansa de perdonar, pero a veces se cansan de pedir perdón. Nunca nos cansamos, nunca nos cansamos! Él es un Padre amoroso que perdona siempre, que el corazón de misericordia para todos nosotros. Y aprendemos a ser misericordioso con todos. Invoquemos la intercesión de la Virgen que estaba en los brazos de la misericordia de Dios hecho hombre.

[La oración del ' Angelus ]

Dirijo un cordial saludo a todos los peregrinos. Gracias por vuestra acogida y por sus oraciones. Ruega por mí, te lo ruego. Renuevo mi abrazo a los fieles de Roma y extiendo a todos ustedes, y les extiendo a todos ustedes que han venido de varias partes de Italia y del mundo, así como aquellos que se unen a nosotros a través de los medios de comunicación.Elegí el nombre del santo patrono de Italia, San Francisco de Asís, y esto refuerza mi conexión espiritual con esta tierra, donde - como ustedes saben - es el origen de mi familia.Pero Jesús nos ha llamado a ser parte de una nueva familia: su iglesia, en la familia de Dios, para andar juntos por el camino del Evangelio. Que el Señor los bendiga, la Virgen te proteja.No te olvides de esto: el Señor no se cansa de perdonar! Somos nosotros los que se cansan de pedir perdón.

Buen domingo y un buen almuerzo!

Evangelio. V Domingo de Cuaresma.


Según San Juan 8, 1-11.
En aquel tiempo, Jesús se fue al monte de los Olivos. Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a Él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles. Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?. Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra.
Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra. E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?. Ella respondió: Nadie, Señor. Jesús le dijo: Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más.


Reflexión.

La sigilosa y graciosa huida de los acusadores, nos recuerda que quien juzga es sólo Dios y que todos nosotros somos pecadores. En nuestra vida diaria, con ocasión del trabajo, en las relaciones familiares o de amistad, hacemos juicios de valor. Más de alguna vez, nuestros juicios son erróneos y quitan la buena fama de los demás. Se trata de una verdadera falta de justicia que nos obliga a reparar, tarea no siempre fácil. Al contemplar a Jesús en medio de esa “jauría” de acusadores, entendemos muy bien lo que señaló santo Tomás de Aquino: «La justicia y la misericordia están tan unidas que la una sostiene a la otra. La justicia sin misericordia es crueldad; y la misericordia sin justicia es ruina, destrucción».
Hemos de llenarnos de alegría al saber, con certeza, que Dios nos perdona todo, absolutamente todo, en el sacramento de la confesión. En estos días de Cuaresma tenemos la oportunidad magnífica de acudir a quien es rico en misericordia en el sacramento de la reconciliación.

Un propósito: Cada vez que juzguemos a una persona, que resuene en nuestro corazón y mente, las palabras de Jesús: Yo tampoco te condeno.

16 marzo 2013

Historia del monje...


"¿Qué aprendes en tu vida de silencio?". Preguntó el caminante a un monje.

El monje, que en aquel momento estaba sacando agua de un pozo, le respondió: "Mira al fondo del pozo. ¿Qué ves?". El caminante obedeció la propuesta del solitario, y se asomó curioso al brocal del pozo. Después de observar bien respondió: "Sólo veo un poco de agua revuelta".
"Detente un instante en tu camino, hermano, -le dijo el monje- contempla silencioso y sereno el cielo y las montañas que rodean nuestro monasterio, y espera... ".
Tanto el monje como el caminante se entretuvieron contemplando en silencio durante un tiempo, que no se hizo largo, la belleza deslumbrante del entorno. "Hermano... vuelve ahora a mirar el pozo y dime: Qué ves?". "Ahora veo mi rostro reflejado en el espejo que me ofrece la serenidad del agua", contestó el caminante.
"Esto es, hermano, lo que yo aprendo en mi vida de silencio. Comencé reconociendo mi rostro reflejado en las aguas remansadas del pozo cada vez que me acercaba para llenar mi cántaro de agua. Después, poco a poco, fui descubriendo lo que hay más abajo de la superficie, hasta llegaba a entrever las pequeñas hierbas que crecen junto a las paredes excavadas al construir el pozo.
Y en los días en los que la orientación de la luz del sol me lo permitía, y el agua estaba especialmente cristalina, llegué a ver las piedras del fondo y hasta los restos de un cántaro roto y olvidado que había caído hace años y quedó allí.”
“Me preguntabas qué aprendía en el silencio. Esta es mi respuesta: quiero descubrir la profundidad de mi alma, el rincón más hondo de mi corazón, y de mi propia vida.
Vine al monasterio buscando a Dios, porque sabía que Él me envolvía con su presencia. Y cada vez voy comprobando con más claridad que Dios también está en lo más profundo del pozo, como alma que da sentido y color, luz y vida a todo aquel que se asoma al interior del propio pozo con el deseo de buscarlo".

14 marzo 2013

El Papa Francisco I, pide a los argentinos no viajar a Roma y donarlo a los pobres


El papa Francisco pidió hoy a los argentinos a través del nuncio apostólico, monseñor Emil Paul Tscherrig, que en lugar de ir a Roma para el inicio de su pontificado, el próximo martes 19 de marzo, donen el dinero que esos gastos acarrearían a algún gesto de caridad hacia los más necesitados. El texto enviado por el representante papal a todos los obispos dice: ¨Excelencia: Tengo el honor y gusto de dirigirme a Usted para informarle que el Santo Padre Francisco me ha pedido que transmita a todos los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y a todo el pueblo de Dios, el tranquilo agradecimiento por sus oraciones y las expresiones de cariño, afecto y de caridad que ha recibido. “Al mismo tiempo desearía que en lugar de ir a Roma para el inicio de su pontificado el próximo 19 de marzo, continúen con esa cercanía espiritual tan apreciada, acompañando con algún gesto de caridad hacia los más necesitados¨. En tanto, en el arzobispado de Buenos Aires confirmaron a AICA que el vicario general de Buenos Aires, a cargo del gobierno pastoral de la arquidiócesis, monseñor Joaquín Sucunza, mantuvo hoy una comunicación telefónica con el papa Francisco.

Primera homilía del Papa Francisco I, en la Santa Misa por la Iglesia con los cardenales en la Capilla Sixtina


En estas tres Lecturas veo algo en común: el movimiento. En la Primera Lectura el movimiento es el camino; en la segunda Lectura, el movimiento está en la edificación de la Iglesia; en la tercera, en el Evangelio, el movimiento está en la confesión. Caminar, edificar, confesar.

Caminar. Casa de Jacob: “Vengan, caminemos en la luz del Señor”. Esta es la primera cosa que Dios dijo a Abraham : “Camina en mi presencia y sé irreprensible”. Caminar: nuestra vida es un camino. Cuando nos detenemos, la cosa no funciona. Caminar siempre, en presencia al Señor, a la luz del Señor, tratando de vivir con aquel carácter irreprensible que Dios pide a Abraham, en su promesa.

Edificar. Edificar la Iglesia, se habla de piedras: las piedras tienen consistencia; las piedras vivas, piedras ungidas por el Espíritu Santo. Edificar la Iglesia, la esposa de Cristo, sobre aquella piedra angular que el mismo Señor, y con otro movimiento de nuestra vida, edificar.

Tercero, confesar. Podemos caminar todo lo que queramos, podemos edificar tantas cosas, pero si no confesamos a Jesucristo, la cosa no funciona. Nos convertiríamos en una ONG (Organización No Gubernamental) de piedad, pero no en la Iglesia, esposa del Señor. Cuando no caminamos, nos detenemos. Cuando no se construye sobre la piedra ¿qué cosa sucede? Pasa aquello que sucede a los niños en la playa cuando construyen castillos de arena, todo se desmorona, no tiene consistencia. Cuando no se confesa a Jesucristo, me viene la frase de León Bloy “Quien no reza al Señor, reza al diablo”. Cuando no se confiesa a Jesucristo, se confiesa la mundanidad del diablo, la mundanidad del demonio.

Caminar, edificar-construir, confesar. Pero la cosa no es así de fácil, porque en el caminar, en el construir, en el confesar a veces hay sacudidas, hay movimiento que no es justamente del camino: es movimiento que nos echa para atrás.

Este Evangelio continua con una situación especial. El mismo Pedro que ha confesado a Jesucristo, le dice: “Tú eres Cristo, el Hijo del Dios vivo. Yo te sigo, pero no hablemos de Cruz. Esto no cuenta”. “Te sigo con otras posibilidades, sin la Cruz”. Cuando caminamos sin la Cruz, cuando edificamos sin la Cruz y cuando confesamos un Cristo sin Cruz, no somos Discípulos del Señor: somos mundanos, somos obispos, sacerdotes, cardenales, papas, pero no discípulos del Señor.

Quisiera que todos, luego de estos días de gracia, tengamos el coraje – precisamente el coraje – de caminar en presencia del Señor, con la Cruz del Señor; de edificar la Iglesia sobre la sangre del Señor, que ha sido derramada sobre la Cruz; y de confesar la única gloria, Cristo Crucificado. Y así la Iglesia irá adelante.

Deseo que el Espíritu Santo, la oración de la Virgen, nuestra Madre, conceda a todos nosotros esta gracia: caminar, edificar, confesar Jesucristo. Así sea.

13 marzo 2013

Elección del nuevo Papa: FRANCISCO I.






















Le damos GRACIAS A DIOS por el nuevo Papa.
Que el Espíritu Santo le ayude a ser FIEL en la nueva tarea que se le encomienda, y CON LA AYUDA DE TODOS NOSOTROS sea más cercana la Iglesia.

12 marzo 2013

Hoy martes, empezaba pasada las 17:30 el Cónclave para la elección del nuevo Papa.


Los cardenales rezan antes de comenzar la procesión que los guiará hacia la Capilla Sixtina.

Los cardenales empiezan la procesión con el canto de las letanías.

Los cardenales entran y se van poniendo en el lugar que les corresponden en la Capilla Sixtina.


Cada cardenal, uno por uno, proclama el juramento de silencio.

Y una vez que han hecho el juramento y han cantado el "Veni Creator", cierran las puertas de la Capilla Sixtina.


11 marzo 2013

Una historia que nos enseña a seguir el plan de Dios por sobre todas las cosas


Cuando yo era pequeño, mi mamá solía coser mucho. Yo me sentaba cerca de ella y le preguntaba que estaba haciendo. Ella me respondía que estaba bordando.
Observaba el trabajo de mi mamá desde una posición más baja que donde estaba sentada ella, así que siempre me quejaba diciéndole que desde mi punto de vista lo que estaba haciendo me parecía muy confuso.
Ella me sonría, miraba hacia abajo y gentilmente me decía: "Hijo, ve afuera a jugar un rato y cuando haya terminado mi bordado te pondré sobre mi regazo y te dejaré verlo desde mi posición".
Me preguntaba por que usaba algunos hilos de colores oscuros y por qué me parecían tan desordenados desde donde yo estaba. Unos minutos más tarde escuchaba la voz de mi mamá diciéndome: "Hijo, ven y siéntate en mi regazo."
Yo lo hacía de inmediato y me sorprendía y emocionaba al ver la hermosa flor o el bello atardecer en el bordado. No podía creerlo; desde abajo se veía tan confuso.
Entonces mi mamá me decía: "Hijo mío, desde abajo se veía confuso y desordenado, pero no te dabas cuenta de que había un plan arriba. Había un diseño, sólo lo estaba siguiendo. Ahora míralo desde mi posición y sabrás lo que estaba haciendo."

Muchas veces a lo largo de los años he mirado al cielo y he dicho: "Padre, ¿qué estas haciendo? Él responde: "Estoy bordando tu vida". Entonces yo le replico: "Pero se ve tan confuso, es un desorden. Los hilos parecen tan oscuros, ¿porqué no son más brillantes?". Y Dios parece decirme: "Mi niño, ocúpate de tu trabajo... que yo estoy haciendo el mío. Un día te traeré al cielo y te pondré sobre mi regazo y verás el plan desde mi posición. Entonces entenderás..."

El alpinista. Una historia sobre la confianza en Dios.


Cuentan que un alpinista se preparó durante varios años para conquistar el Aconcagua. Su desesperación por proeza era tal que, conociendo todos los riesgos, inició su travesía sin compañeros, en busca de la gloria sólo para él.
Empezó a subir y el día fue avanzando, se fue haciendo tarde y más tarde, y no se preparó para acampar, sino que decidió seguir subiendo para llegar a la cima ese mismo día. Pronto oscureció. La noche cayó con gran pesadez en la altura de la montaña y ya no se podía ver absolutamente nada.
Todo era negro, cero visibilidad, no había luna y las estrellas estaban cubiertas por las nubes. Subiendo por un acantilado, a unos cien metros de la cima, se resbaló y se desplomó por los aires.
Caía a una velocidad vertiginosa, sólo podía ver veloces manchas más oscuras que pasaban en la misma oscuridad y tenía la terrible sensación de ser succionado por la gravedad. Seguía cayendo...y en esos angustiantes momentos, pasaron por su mente todos los gratos y no tan gratos momentos de su vida, pensaba que iba a morir, pero de repente sintió un tirón muy fuerte que casi lo parte en dos...
Como todo alpinista experimentado, había clavado estacas de seguridad con candados a una larguísima soga que lo amarraba de la cintura.

En esos momentos de quietud, suspendido por los aires sin ver absolutamente nada en medio de la terrible oscuridad, no le quedo más que gritar: "¡Ayúdame Dios mío, ayúdame Dios mío!".
De repente una voz grave y profunda de los cielos le contestó:

¿Qué quieres que haga?

Él respondió: "Sálvame, Dios mío".

Dios le preguntó: "¿Realmente crees que yo te puedo salvar?"

"Por supuesto, Dios mío", respondió.

"Entonces, corta la cuerda que te sostiene", dijo Dios.

Siguió un momento de silencio y quietud. El hombre se aferró más a la cuerda y se puso a pensar sobre la propuesta de Dios...

Al día siguiente, el equipo de rescate que llegó en su búsqueda, lo encontró muerto, congelado, agarrado con fuerza, con las dos manos a la cuerda, colgado a sólo DOS METROS DEL SUELO...

El alpinista no fue capaz de cortar la cuerda y simplemente, confiar en Dios.

La Santa Sede publica los horarios de las votaciones durante el Cónclave. La fumatas se harán visible en dos ocasiones. A última hora de la mañana: 12:00. Y a última hora de la tarde: 19:00.


El P. Lombardi aseguró que se decidió por mayoría que el traslado de los Cardenales a la residencia de Santa Marta, en la que se hospedarán mientras dure el Cónclave,“tendrá lugar el martes por la mañana, a partir de las 7” de la mañana, hora de Roma.
Ese mismo día se abrirá el Cónclave, con la celebración de la Misa “Pro eligendo Romano Pontifice”, que se realizará a las 10.00 (hora de Roma), en la Plaza de San Pedro, presidida por el Decano del Colegio Cardenalicio, Angelo Sodano.

El martes, dijo el P. Lombardi, los Cardenales se desplazarán a las 15.45 p.m. desde la Casa Santa Marta a la Capilla Paolina, para luego, a las 4:30 p.m., dirigirse a la Capilla Sixtina. A las 16.45 los Cardenales pronunciarán el juramento solemne de secreto, tras el cual se pronunciará el “extra omnes” (“fuera todos”) y se cerrará la Capilla Sixtina, quedando solamente los Cardenales electores al interior.
Los Purpurados escucharán la meditación del Cardenal Prosper Grech, tras lo cual procederán a la primera meditación. A las 19.00 los Cardenales rezarán las vísperas y a las 19.30 regresarán a la Casa de Santa Marta.

Del mismo modo, el padre Lombardi señaló que a partir del miércoles 13 de marzo, los Purpurados se trasladarán de la Casa de Santa Marta a la Capilla Paolina a las 7.45, donde a las 8:15 celebrarán Misa.
Los Cardenales ingresarán a la Capilla Sixtina a las 9.30, donde rezarán la Hora Media, antes de proceder a la votación. Entre las 12 y 12.30, retornarán a la Casa de Santa Marta, para regresar a la Capilla Sixtina tras el almuerzo, a las 16.00 p.m. En la Capilla Sixtina rezarán brevemente, para reanudar la votación a las 7:00 p.m., indicó.
El P. Federico Lombardi también explicó a la prensa que “las fumatas”, se producen con la quema de las papeletas de la votación final de la mañana o de la tarde. Esto será, indicó, alrededor de las 12 m. en el primer caso y de las 7:00 p.m. en el segundo. “Si la elección se produjese en una votación intermedia, la ‘fumata’ saldría a mitad de la mañana o de la tarde”, dijo.

El Director de la Sala de Prensa señaló además que, si no se llegase a elegir al Papa durante los primeros cuatro días de votación, en el quinto se producirá una pausa de oración y libre coloquio de los Cardenales.
Los escrutinios se reanudarán en los mismos horarios durante los dos días siguientes, intercalando siempre una pausa para la oración, hasta llegar al undécimo día y el 34 escrutinio. En ese caso se aplica el nuevo art. 75 de la Constitución Apostólica“Universi Dominici Gregis”, modificado por Benedicto XVI con el reciente “Motu Proprio”, que establece que “también en estas votaciones para la validez de la elección se requiere la mayoría cualificada de al menos dos tercios de los sufragios de los Cardenales presentes y votantes”.

“En estas votaciones, los dos nombres que tienen voz pasiva carecen de voz activa”, lo que significa que los dos candidatos con el mayor número de votos tienen que ser votados, pero no pueden votar. El P. Lombardi indicó que los otros temas tratados esta mañana por los Cardenales “han sido las expectativas sobre el nuevo Papa, las actividades de la Santa Sede, sus dicasterios y la mejora de la Curia”.

“También se ha hablado de la situación de la Iglesia en las grandes áreas del mundo. En total las intervenciones hasta ahora han sido 133 y, teniendo en cuenta que el lunes habrá también congregación general, probablemente lleguen a 150”, indicó.

10 marzo 2013

Evangelio. IV Domingo de Cuaresma. Domingo: Laetare (Alegraos)


Según San Lucas 15, 1-3. 11-32

En aquel tiempo, viendo que todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este acoge a los pecadores y come con ellos. Entonces les dijo esta parábola. Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: ‘Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde’. Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’. Y, levantándose, partió hacia su padre.
Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: ‘Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo’. Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado’. Y comenzaron la fiesta.
Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. El le dijo: ‘Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano’. Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: ‘Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!’ Pero él le dijo: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado’.


Reflexión.

El Padre de la parábola que se conmueve viendo que vuelve aquel hijo perdido por el pecado, es un icono del Padre del Cielo reflejado en el rostro de Cristo: Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente.
Jesús nos da a entender claramente que todo hombre, incluso el más pecador, es para Dios una realidad muy importante que no quiere perder de ninguna manera; y que Él siempre está dispuesto a concedernos con gozo inefable su perdón (hasta el punto de no ahorrar la vida de su Hijo).
Este domingo tiene un matiz de serena alegría y, por eso, es designado como el domingo “alegraos”, palabra presente en la antífona de entrada de la Misa de hoy: Festejad a Jerusalén, gozad con ella todos los que la amáis, alegraos de su alegría. Dios se ha compadecido del hombre perdido y extraviado, y le ha manifestado en Jesucristo muerto y resucitado.