(...) Descubre entonces que sólo Cristo la hace feliz. Y decide seguirle radicalmente. Pero la llamada de Dios no coincide con los planes de su familia. Clara es la primogénita, y por eso, quieren casarla con un joven de la nobleza, rico y con un gran porvenir material.
Pero ella, desprecia estos planes, y así una y otra vez, rechaza las propuestas familiares, despreciando todos los honores y riquezas materiales para encontrar la profunda felicidad.


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