
La vocación verdadera es un don y una gracia que Dios pone en el alma de la persona, para que busque a Dios. No hay que tener miedo a las dificultades.
Es un deseo de dejar el mundo y unirse con Dios. Es tener tocado al corazón como una aguja de reloj que no para... Es sacar el corazón de sí mismo y ponerlo completamente en ÉL. Tener deseos de imitar a los ángeles.
Es un abrir los ojos para conocer los peligros presentes, teniendo el ardiente deseo de que Dios nos libra de ellos.
Es un deseo de Dios y aborrecimiento del pecado.
San Juan Bautista de la Concepción. Reformador de la Orden.
(Traducción de sus escritos. VII 182 ab)
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